Hola chicas! Primeramente muchas gracias por sus comentarios, me gusta leerlos todos y cada uno y espero que les guste mucho esta historia. Necesito hacerles aclaraciones importantes: habrá pocos capítulos que sean vistos desde las perspectivas de Draco, pero espero hacerlo más seguido para que también noten como se siente el ahora que todo esto está pasando, y seguir tratando de actualizar pronto. Espero les guste este largo e interesante capítulo, besos!


Hermione sintió todo su cuerpo pesar y su corazón latir fuertemente contra su pecho. Sus oídos zumbaban y dejó de escuchar. La mano de Draco Malfoy en su hombro derecho era la única sensación terrenal que estaba sintiendo en esos momentos.

''La chica solo hablará con Granger" la voz le sonaba horriblemente familiar en la cabeza.

¿Qué estaba pasando ahora?

—Granger—la voz de la profesora McGonagall indicaba que ella estaba igual de sorprendida—Tendrás que acompañarme.

Los estudiantes ya habían comenzado a vaciar el Gran Comedor, ajenos a aquella situación; aunque entre Filch y la directora logró distinguir cómo sus amigos le dirigían una mirada preocupada antes de salir por la puerta.

Todos la estaban mirando fijamente.

Hermione no pudo hacer más que tragar gordo y asentir.

—Iremos con ella— dijo entonces Annie, cruzada de brazos—No sabemos qué pueda pasar.

La directora dio un asentimiento.

—Iremos todos— luego se giró con el velador—Filch, dígales a la profesora McLarren y a Flitwick que hemos encontrado a la señorita Heyer. Entiendo que está en la enfermería ¿cierto?

—Sí... Pero esta encerrada, directora.

Los ojos de la mujer se abrieron impresionada.

—¿Encerrada?

—No para de gritar. Creen que a lo mejor se volvió... Loca— dijo, tragando gordo, como si estuviera recitando una película de horror.

Hermione volteo instintivamente a ver a Draco, quien mantenía la mirada firme y seria y su postura bien recta. Se sentía confundida y algo nerviosa y solamente quería echarse a los brazos de ese idiota. ¿Ya había perdido la cabeza acaso?

—Entonces vayamos— dijo la directora, carraspeando— Malfoy, Avery, vengan conmigo al frente— les dijo en un manotazo.

Daniel y Draco se miraron apenas y el rubio quitó su agarre de la castaña para irse a un lado de McGonagall, seguidos por las dos chicas.

Hermione alzó la cabeza. No era momento de asustarse ahora, no sabía por qué la chica quería verla en específico a ella, pero lo averiguaría y lo haría bien.

En ese momento, vio tras el rabillo de su ojo a Annie arrugar la nariz.

—Malfoy te protege bastante— dijo la chica, sin ocultar tampoco su tono de picardía—Estoy comenzando a creer que algo más esta pasando.

Hermione negó con la cabeza, aunque pudo darle a su compañera una sonrisa.

—Así es él.

—Hmm yo no veo que sea así con ninguna chica...— dijo casi bajito mientras le guiñaba un ojo.

Hermione negó con la cabeza con una sonrisa algo apenada y siguió su camino junto con Annie, sin decir nada. Se dedicó a ver y analizar el paso de Malfoy, tan elegante y recto; con el fin de dejar de hacerse suposiciones en la cabeza.

Cuando llegaron a la enfermería, la señora Pomfrey y su nefasta enfermera ayudante los esperaban en las puertas.

—No se ve para nada herida— dijo entonces la señora Pomfrey, angustiada— Pero si está algo alterada, así que tengan mucho cuidado.

Señaló el cuarto de la enfermería en donde la mantenían y Hermione sintió que iba a vomitar.

La directora se giró para verla.

—No te preocupes, Granger. Confiamos en ti, averigua dónde estuvo, con quien, lo que puedas, ¿está bien?

Hermione asintió.

—Si no quieres entrar, no tienes que hacerlo— dijo entonces la profunda voz de Malfoy, que estaba recargado en una pared, mirándola de brazos cruzados.

—Lo haré— dijo y se giró hacia Margaret, la ayudante—¿Está desarmada?

La chica asintió.

—Entonces tampoco necesito esto—dijo, extendiendole su varita a la señora Pomfrey—Puede sentirse amenazada si entro así.

—Será mejor que la lleves, Hermione— le dijo entonces Daniel, que estaba justo a su lado—Por cualquier situación.

La castaña asintio levemente y se guardó la varita en la falda.

Hermione miró atrás un momento para ver a Draco, que permanecía en la misma posición. Nuevamente, la expresión del rubio era indiferente, pero sus ojos disimulaban cosas que Hermione pudo identificar como miedo, preocupación, intriga...

Hermione decidió dejar para otro momento sus pensamientos analíticos sobre su compañero de torre y decidió ajustarse la corbata para sentirse más segura y comenzó a caminar hasta el cuarto.

Dio otro vistazo hacia las múltiples personas que la miraban fijamente y con preocupación, pero también con ánimos, tomó aire y giró la perilla.

Cuando entro y cerró la puerta detrás de ella, lo primero que pudo sentir fue frío, pues al cuarto no le daba nunca la luz solar, Hermione casi juró que sintió una corriente de aire, pero lo que sentía se volvió muy superfluo cuando levantó la vista y la vio.

Marietta Heyer era una de las alumnas más brillantes de Hogwarts, era una Ravenclaw pura, excelente para los deportes, de cabellos largos y rubios y ojos verdes profundos; como cursaba el sexto curso, Hermione la había visto poco, pero ahora que la miraba, la muchacha parecía haber salido de una historia de terror: estaba sucia y permanecía firmemente sentada en la pequeña camilla que ahí había, con un temblor en los labios apenas perceptible. Sus ojos escrutaban a la castaña sin ninguna aparente emoción.

—Heyer— dijo Hermione, firme—Me dijeron que querías verme.

La chica levantó la barbilla, pero no dijo nada.

Hermione se cruzó de brazos después de esperar unos segundos una oración.

—Escucha, si no estás lista, lo entiendo, pero sería bueno que no nos hicieras perder mucho tiempo.

La chica soltó una risita.

—¿Tiempo? ¿Ustedes qué saben de eso?

Hermione alzó una ceja.

—¿qué fue lo que te pasó allá afuera?

Marietta la miró profundamente.

—No lo recuerdo.

—¿Por qué querías verme en especial a mí?

—Dicen muchas cosas de ti ¿sabes?— dijo la chica, ignorando la pregunta—Que eres la mujer más inteligente del mundo, que no hay hechizo que no puedas hacer, que eres una heroína...

—¿Tú punto?

La Ravenclaw la miró como si fuera una desconocida.

—Yo no creo nada de eso— dijo, más bajito— Tú estuviste en ese bosque ese día— le dijo, señalándola con el dedo—Pero nadie te hizo daño... No como se lo hicieron a Creevey no como...— se interrumpió, como si le doliera— Como me lo hicieron a mí.

—¿De quienes estás hablando, Marietta? ¿Quiénes no me hicieron daño?— Hermione comenzaba a sentirse confundida y muy mareada y para ocultarlo, se enderezó y hablo más firmemente.

—El ángel, Granger ¿no lo entiendes?— la chica comenzaba a actuar como una loca, moviendo su mirada de lugar a lugar—No es cierto lo que dicen de él— soltó una risa que sonó siniestra—No apunta a las estaciones. ¿Cómo pudiste ser tan idiota?

—¿A que apunta?

—¿Crees que lo recuerdo?— Marietta la miró acusadoramente—Sólo sé que todo esto es tu culpa, todo...— dijo, con fiereza—Ella me lo dijo.

—¿Quién es ella?— Hermione comenzaba a sonar más confundida y desesperada, así que apoyó las manos en la mesa que estaba en medio de ambas muchachas—Si no tratas de recordar o si no me dices qué pasa no puedo ayudarte.

—¡Nadie puede ayudarme ahora!— dijo, en un grito gutural que hizo que Hermione se fuera para atrás—Tengo la marca.

En ese momento, la muchacha se levantó la manga de la camiseta y ahí se mostró algo que a Hermione le pareció más que un tatuaje, como una cicatriz: era un rombo con un círculo que tenía dos rayas horizontales en el medio, como si estuviese rodando; la chica la tenía en la muñeca y parecía que la había obtenido de manera dolorosa.

—¿Qué sientes ahora mismo?— Hermione levantó sus ojos de la marca, impresionada. Recordando como el preguntarle su sentir a Dennis la hizo obtener respuestas.

Marietta parpadeó.

—Eso no importa, Granger— dijo, perpleja, con una cara de loca que seguramente ella no estaba fingiendo en lo absoluto—¿Tu crees que resolverás esto a tiempo? Déjame decirte algo— la chica se puso de pie, agarrándose fuertemente de la cama para estabilizarse. Le sonrió con cinismo— Ya se te acabó.

Hermione supo lo que iba a hacer a tiempo y apenas le alcanzaron los segundos para sacar su varita.

—¡Protego!— gritó y la chica salió disparada hacia atrás justo antes de lanzarse sobre la castaña, sin embargo, Hermione no hizo el encantamiento tan potente para no lastimarla y esto hizo que la rubia apenas y saliera lejos de ella; más rápido que cualquier persona que Hermione hubiera visto se volvió a abalanzar sobre ella y la empujo contra la pared contraria, haciendo que Hermione apenas tuviera el tiempo para amortiguar el golpe, y en dos segundos, Marietta puso sus manos en el cuello de Hermione y comenzó a quitarle el aire mientras la varita de la Gryffindor salía disparada hacia el piso.

—Esto es solo el principio, Granger— le dijo, inclinándose hacia su oído— Habrán más y más, tú solamente fuiste un error.

Hermione luchaba contra las manos, pensando muy rápido como zafarse.

—El castillo está infestado, y tarde o temprano, tú también tendrás la marca.

Justo cuando Hermione sentía que sus fuerzas se terminaban, la puerta se abrió de golpe. La castaña vio una figura rubia y alta entrar a toda velocidad y en menos de lo que pudo esperar, ya estaban arrancándole a Marietta de encima, deteniéndola mientras esta se intentaba zafar desesperada.

Hermione se llevó las manos al cuello. Draco se puso frente a ella y le agarro la cara, en su rostro la castaña pudo notar brotes de ira y de alivio.

—Granger ¿estás bien?— pero el sonido de su voz le sonaba lejano a Hermione, pues sus oídos zumbaban—Granger, ¿me escuchas?

Pero la castaña no le estaba prestando atención, se zafó de su agarre y lo empujo para pasar y ponerse frente a Heyer, que se removía en los brazos de Filch y de la señora Pomfrey y se inclinó hasta ella.

—¿Dónde?— pregunto, con la voz ronca, pues su garganta estaba herida. Aunque apenas pudo decir eso, Marietta entendió perfectamente y esta vez sus ojos se suavizaron considerablemente, aunque seguía luchando por zafarse.

—En el ángel— dijo la chica, abriendo sus ojos grandes—Está infestado, él es el que elige.

En ese momento, tanto Filch como la doctora la sacaron a rastras del cuarto y posteriormente de la enfermería.

Draco tomó a Hermione y la sacó del cuarto de un tirón. Afuera estaban todos con expresiones consternadas.

Los gritos de Marietta se fueron perdiendo conforme la fueron arrastrando hasta la puerta y la profesora McGonagall se fue detrás de ella para averiguarlo.

Hermione comenzó a respirar fuertemente mientras todo el barullo estaba pasando.

—¿Granger?— ahora la voz de Draco Malfoy era más suave y no tenía ira contenida además de que la castaña ya la escuchaba sin zumbidos de por medio. La miraba desde su considerable altura como si quisiera sacarle un secreto. Aunque siempre la miraba así, ahora había más ternura en esta.

Hermione quiso decirle que todo estaba bien, pero sintió el cuerpo pesado y todo comenzó a palpitar en su pecho; así que simplemente se lanzó a los brazos del rubio, rebotando en su pecho y quedándose ahí mientras lloraba. Hermione se odiaba por ser tan llorona. Lloraba por todo pero no podía evitarlo. Ron solía desesperarse mucho cada que lo hacía, por eso cuidaba sus reacciones, pero ahora había sido diferente, una chica la había intentado ahorcar. Una chica estaba enferma, algo pasaba con su mente... Algo mucho peor de lo que ella creía estaba pasando en el bosque y en el castillo y ni siquiera sabía cómo empezar a buscar.

El rubio se tardó un momento en asimilar que Hermione lo abrazaba, pero a los segundos, la castaña lo sintió subir sus brazos, poner uno tras sus hombros y otro en el pelo y Hermione solamente quiso llorar más.

—¡Qué barbaridad!— decía Flitwick, de un lado para el otro— ¡Esto es inconcebible! ¡Increíble!

—Pero ¿qué fue lo que pasó?— se escucho la voz de Avery.

Margaret, la ayudante de la señora Pomfrey carraspeó.

—La señorita Pomfrey dice que probablemente es una demencia temporal por el trauma... Creo que ahora lo siguiente es llamar a su familia para decirles que la han encontrado y llevarla a San Mungo...

—¿Cómo pudo pasarle eso?

Se siguieron escuchando algunas discusiones entre los presentes mientras Hermione cerraba los ojos y se apretaba con Malfoy.

El rubio la sostenía con fuerza.

Annie se iba a acercar a Hermione cuando sintió como Malfoy negaba con su cabeza.

—Mañana— le dijo, se escuchaba firme y serio, incluso hasta algo enojado— Ahora está demasiado inquieta, además ya la viste— dijo, haciendo alusión a Heyer—Está loca. Probablemente dijo un montón de basura sin sentido.

—Oh, claro, claro, entiendo— dijo Annie— Lo mejor será que nos marchemos y...

—¡Pero Granger nos tiene que decir que le dijo!— dijo el profesor Flitwick. Hermione quería salir corriendo y gritar, pero como no podía, se apretó más a Malfoy.

— Flitwick— le dijo duramente Draco—¿quiere ponerse a charlar sobre qué dijo una demente en la noche? Hay maneras más tranquilas de hablarlo ¿no? Otra que no implique acosar a una chica que acaba de ser golpeada.

Flitwick cerró la boca. Hermione agradecía profundamente lo que estaba haciendo Draco, ni siquiera sabía cómo defenderse sola en ese momento, se sentía inservible.

El rubio se separó de ella y la castaña casi quiso gritarle que se quedara abrazándola para siempre, pero ante los ojos duros de Malfoy, no pudo abrir la boca.

—Necesito saber que no estás herida— le dijo y Hermione asintió mientras el rubio tomaba su cara y la alzaba para ver mejor su cuello, que tenía grandes marcas ahí donde Marietta la había agarrado—¿Te duele algo?— le dijo después de analizarla, con los ojos ardiendo y muy serio.

—No— contesto la chica, aclarándose la garganta—Creo que estoy bien.

—¿Lograste descubrir algo?— le preguntó y justo cuando Hermione le iba a decir que eso creía, él negó con la cabeza rápidamente—No, no olvídalo, no me digas aquí. Quiero que digas que no pudiste descubrir nada ¿entendido?

Hermione asintió. Sabía que eso era lo mejor, de otra manera, la iban a acosar hasta llegar a una respuesta o no la dejarían envolverse en ese misterio y después de esta noche, la castaña no podía arriesgarse a eso.

—¿Vas a venir?

Draco le quitó la corbata del cuello a la chica para que se sintiera más cómoda. Pero seguía serio, impenetrable.

—No— le dijo—Te alcanzaré. ¿Puedes llegar por ti misma?

Hermione tomó su corbata de la mano del rubio.

—Solamente fui atacada por una loca. No es cosa grande.

Hermione casi vio que los ojos de Draco rieron.

—Vete ya entonces.

Hermione asintió y se fue en directo a la puerta, donde la esperaba Annie, quien le dio una manta y la puso en sus hombros, ya que el frío se había puesto peor, y le puso la mano en la espalda, sin decir nada. Hermione volteo atrás una vez más y vio a Avery y a Malfoy hablando con Flitwick, McLarren y Margaret, luego, las puertas de la enfermería se cerraron tras de ella.

Annie la acompaño en silencio hasta su torre y se despidió diciendo que esperaba que descansara, a lo que Hermione agradeció.

Se metió en su habitación y se puso la pijama, mirándose en el espejo las marcas horribles de su cuello y sintiendo su cabeza palpitar terriblemente.

Hermione sabía dos cosas: la numero uno era que ahora podía confirmar que el ángel apuntaba a algo más y que a lo que sea que apuntaba estaba cazando chicos de Hogwarts ¿para qué? Aún no lo sabia en concreto, y la numero dos: una marca estaba involucrada. La tendría que investigar y sobretodo, ir de nuevo al Ángel. Sabía que después de lo que había sucedido, ir era peligroso, pero tenía que ingeniárselas.

Miles de preguntas murieron en su mente: ¿a qué se refería con que el castillo estaba infectado? ¿Por qué Marietta si tenía la marca y ella no? ¿Dennis la tendría también?

Hermione se echó agua a la cara y se acostó, dejando la puerta de su habitación entre abierta para escuchar cuando llegara Malfoy. Ni siquiera sabía por qué lo esperaba, pero sí sabía que si él estaba cerca se sentía más segura.

Cerró los ojos y trató de relajarse.

No durmió en toda la noche y Draco Malfoy no llegó jamás a dormir.

...

Hermione falto al desayuno y a sus primeras clases, por motivo de la chica y de las inscripciones para el torneo, se dejó salir a los alumnos más temprano ese día. La castaña se levanto para ir a comer algo, aún con el cuerpo doliéndole y los ojos ardiendo por no haberlos podido cerrar y también inquieta porque Draco no había llegado a dormir. No era que a ella le importara... Pero si se preocupaba... Solo un poco.

Hermione al despertar creyó que quizá si había llegado y de casualidad no lo había escuchado llegar, pero al abrir su habitación la encontró exactamente igual, y así confirmó que jamás se apareció en toda la noche.

¿Dónde rayos durmió entonces?

Hermione supuso que si lo vería le preguntaría. Casualmente, claro.

Se puso algo cómodo y se dispuso a bajar al Gran Comedor; justo cuando abrió la puerta de su torre para bajar, tras la puerta se encontró con Ginny Weasley, que la miraba enfadada y con los brazos cruzados.

Hermione pego un susto.

—¿Ginny?— parpadeo de la impresión. No esperaba encontrarla ahí, o bueno, no esperaba encontrarla en todo el día.

—¡Vaya! ¡Recuerdas mi nombre!— dijo, sarcásticamente para después apoyar su peso en una pierna y alzar una de sus pelirrojas cejas — ¿Dónde rayos te has metido? ¡Me debes muchas explicaciones Hermione Granger y créeme que si no las tengo en este momento voy a sentarme en ti hasta que me las digas!

Hermione trago gordo y luego suspiro, masajeandose el Puente de su nariz y cerrando los ojos un momento.

—Tienes razón— le dijo— Vamos abajo, te explicaré todo.

—Principalmente dónde has estado estos días— le dijo gruñendo mientras se quitaba de en medio para dejar salir a Hermione.

Hermione cerró la puerta y comenzó a caminar a un lado de su amiga.

—Sé que he actuado raro y también te he mantenido muchos secretos, Ginny...

La pelirroja asintió efusiva.

—¡Bastante! ¡Estaba preocupada por ti!

Hermione asintió y comenzó a contarle a su mejor amiga acerca de Dennis, de cómo lo encontraron, de lo que dijo sobre el ángel, sobre las trampas del bosque y el enigma de por qué están ahí, de por qué esa noche que desapareció estaba ahí, de sus intentos fallidos por descubrir que estaba pasando o recordar que había sucedido aquella noche, le contó también sobre la desaparición de Heyer y su repentina locura, de cómo la noche anterior había intentado ahorcarla e incluso, Hermione se sintió abierta de decirle lo que le había dicho, sobre la marca y lo del castillo infestado, sobre cómo la acusó de lo que pasaba, etcétera. Básicamente, le menciono todo lo que pudo, excepto claro, sus besos y encuentros con Draco Malfoy. Hasta hace poco, Ginny la conocía como la novia de su hermano, no sabía cómo se tomaría eso, así que decidió que quizá no era el momento. Además, era un secreto entre ella y Draco. ¿O no? La pelirroja la escuchaba atentamente y perpleja, abriendo los ojos grandes cada que la castaña decía algún dato relevante. Cuando terminó, Ginny se giró hacia ella.

—Te has metido en lío grande, chica.

Hermione frunció el entrecejo divertidamente.

—Gracias por el apoyo

La pelirroja no pareció captar el comentario de Hermione, y de repente se paró en el medio del pasillo y cuando la castaña se dio cuenta que la pelirroja no caminaba a su lado, también se detuvo y se giró para mirarla, confundida.

Ginny se cruzó de brazos

—Tienes que contarle a Harry sobre esto.

—Seguramente cuando lo vea, ahora tiene cosas más importantes por las cuales preocuparse.

Ginny la miró sorprendida.

—¿Acaso hay algo más importante que esto? Además, a Harry y a mi hermano les gustarían saber qué fue lo que pasó esa noche. ¿Has contestado siquiera las cartas de Harry?

La castaña soltó un suspiro. Harry le había estado mandando alguna que otra carta para preguntarle, pero ella no había contestado, no por falta de tiempo sino porque realmente no tenía nada que decirle, nada importante. Quería que Harry gozará de esa paz que nunca había podido gozar desde que había nacido, implicarlo en otro loco misterio, por mucho que fueran mejores amigos, no sería lo ideal.

—Lo haré en cuanto pueda Ginevra— al mencionar el nombre completo de la pelirroja esta entendió el mensaje y guardó silencio, Hermione vio conforme caminaba que Ginny quiso decir otra cosa, pero no alcanzó a hacerlo, pues un figura menuda apareció por el pasillo que casi doblaban y casi se estrelló contra ellas.

Pansy Parkinson.

La chica las miro a ambas con disgusto, pero sobretodo a Hermione. La pelinegra iba acompañada de varias de sus amigas Slytherin y se cruzó de brazos.

—Granger y Weasley— dijo, como si le diera asco—¿Causando revuelo como siempre?

Las amigas de Pansy sonrieron burlonas. Ginny contuvo la ira y se agarró fuertemente del brazo de Hermione para controlarse.

—Vaya, Parkinson, me doy cuenta que sigues siendo igual de burda con tus bromas. ¿No te cansas?— dijo Hermione, entrecerrando los ojos.

Pansy la miró con cara de pocos amigos. Sus ojos verdes se entrecerraron. En otro tiempo, cuando Hermione no era tan bonita y tenía todo su pelo esponjado y desacomodado, odiaba lo hermosa que Pansy era, pero ahora simplemente se le figuraba mortífera.

—¿Qué tal dormiste, Granger, extrañaste a Draco?

Las amigas soltaron una risita y Hermione casi quiso vomitar, ¿cómo sabía ella eso? Se obligó a levantar la barbilla.

—¿Por qué debería? No soy como tú, yo no voy a arrastrarme como lagartija cuando un hombre no me hace caso.

Ginny soltó una carcajada que le dio seguridad a Hermione y Pansy mostró más enfado en sus ojos.

—Para tu información, Draco pasó toda la noche conmigo— soltó una sonrisa aún en su expresión enfadada—Creo que no se llevan tan bien como creías ¿o sí?

—Andate por donde viniste— Ginny se soltó del brazo de su amiga y dio un paso al frente, quedándose más cerca de la cara de Pansy, aunque Ginny era poco más alta, quedaron frente a frente—Serpiente— soltó y Pansy le sopló para que se fuera para atrás y Ginny se hizo para atrás, asqueada y enfadada.

Hermione puso más atrás a su amiga y se cruzó de brazos, ignorando que sentía en su pecho una sensación extraña. ¿Realmente Draco había pasado toda la noche con ella? Dudaba que hubieran estado tomando té y galletas y platicando de libros, más bien se los imaginaba de otras formas... Hermione estaba asqueada y aunque no quería aceptarlo, dolida.

—Escucha Parkinson, si quieres ser una zorra, con quien lo seas no es mi problema— la castaña solía ser muy respetuosa, pero la Slytherin ya había agotado su paciencia—Total, la que se queda como mosca muerta eres tú.

Pansy avanzó, encabritada.

—No creas que porque ahora tengas tanta popularidad era alguien, Granger— le dijo Pansy, altanera—Y aunque Draco pueda ser amable contigo, estoy segura que él sabe bien a donde pertenece— le dijo, dando una sonrisa maligna mientras se daba la media vuelta y se marchaba con sus amigas.

Hermione ardía en llamas.

—Dime una sola razón para no matar a ese bicho apestoso ahora mismo— le masculló a Ginny, mirando por donde la pelinegra se había ido.

La pelirroja se inclinó, también viendo a la dirección de la chica.

—En Azkaban no hay libros.

—Gracias.

...

Después de comer algo con Ginny y Luna y también poner al tanto de la situación a su amiga de Ravenclaw, Hermione se fue a hacer los deberes que no había podido hacer por faltar ese día. Y además, necesitaba estar sola, pues se sentía dolida. Sabía que no tenía ningún derecho, además ¿cuántas veces no había visto a lo largo de su vida ver a Draco Malfoy y a Pansy Parkinson escabullirse por los pasillos? Pansy tenía mucho más historial, además, Draco era un mujeriego, Hermione sabía que no era a la única que besaba y se suponía que debía de darle igual, quería que le diera igual, pero simplemente, no odia, una parte de ella se sentía traicionada. Y odiaba sentirse así.

En medio de la biblioteca, después de haber terminado toda su tarea, se puso a pensar en Marietta, quien ahora mismo debería estar en camino a San Mungo. ¿Qué carajos le había sucedido? Había intentado estar atenta por si veía a Dennis, pero aunque lo encontrará, sabía que el chico estaba aún más perdido que ella y lo mejor sería implicarlo lo menos posible. Ya había sufrido mucho ese chiquillo. ¿Por qué le habían hecho la marca y por qué decía que tarde o temprano Hermione la tendría?

Todo le daba vueltas y concentrarse le resultaba casi imposible.

Marietta había dicho que el Ángel no apuntaba a ninguna parte y cuando Hermione preguntó a donde debía de ir, la chica le dio a entender que si quería averiguar más, debía volver al Ángel y que quien quiera que fuera al Ángel, sería escogido o tenía algo que ver con todo.

En ese momento, Hermione sintió un deslumbramiento: el mapa del Merodeador.

Cuando Harry y Ron se habían marchado, la chica había convencido a Harry de ponerlo seguro en la Sala de Menesteres, pues en las manos equivocadas resultaba peligroso, pero ella había sido quien lo había escondido, y sabía dónde estaba.

Iría a buscarlo, así, podría saber si alguien más estaba en el ángel.

Se apresuró a guardar sus cosas y subió a dejar la mochila a su torre para después salir disparada hacia la parte en donde estaba la sala.

Sumida en sus pensamientos y caminando a la velocidad más rápida que se podía, no se dio cuenta que había dejado de mirar alrededor y de un momento a otro, al doblar un pasillo unas manos atraparon su cintura y la detuvieron. Debido a que iba caminando muy rápido la chica se desestabilizó, pero las firmes manos en su cintura impidieron que cayera.

—¿A dónde vas tan apresurada?— Draco Malfoy alzó una ceja mientras retiraba las manos de la cintura de la castaña, quien se acomodó el suéter en cuanto la soltó,Malfoy enfadada.

El rubio estaba despeinado, no tenía el puesto el suéter, pero su camisa estaba abotonada y arremangada y su corbata todavía bien puesta. Hermione se mordió el labio.

—Yo... Eh...— La castaña se atragantó.

Draco se cruzó de brazos.

—Tú nunca tartamudeas, Granger— la voz de Malfoy era burlona. Hermione ya no abría nunca en que versión lo encontraría: burlón, frío, seco, tierno, mortífero...—¿Qué escondes?

El chico se metió las manos en los bolsillos del pantalón y alzó el mentón, retador, haciendo que Hermione lo viera más de abajo y ella también alzó el mentón, igual de retadora.

—¿Y a ti qué te importa?

Draco soltó una risa sin ganas y se pasó una mano por el pelo.

—¿A dónde vas?— dijo, más seriamente—No te lo preguntaré de nuevo Granger, si tu cerebro no puede procesar una simple pregunta, me temo que no nos iremos de aquí jamás.

Hermione rodó los ojos.

—Voy a la Sala de Menesteres.

Draco alzó una ceja.

—¿A la Sala de Menesteres?

—¿Estás sordo?

—¿Se puede saber a qué?— Draco ignoró el tono sarcástico de la castaña.

—Voy por el mapa del Merodeador, creo que puede mostrarme al Ángel y así saber quién va— la castaña soltó un suspiro—Marietta dijo que ahí debía de buscar y que hay más implicados en esto así que...

Draco asintió y señaló el pasillo con la cabeza.

—Vamos entonces.

—¿No tienes otra cosa más que hacer que fastidiarme?— masculló la chica, comenzando a caminar mientras el rubio caminaba a un lado de ella.

—Hoy andas más agresiva que de costumbre, Granger— le dijo, despreocupado.

Arg, lo detestaba.

—Me pones de mal humor— "cuando te vas con Pansy a besuquearla por las noches" pensó.

—¿Segura? Ayer que me te echaste en mis brazos no decías lo mismo— el rubio alzó una ceja—Creo que alguien debería tratar de matarte más seguido, capaz de que así te resistes menos.

La castaña rodó los ojos y camino más rápido.

—Eres un cretino.

Draco soltó una risa y Hermione le ignoro y siguió caminando.

Cuando llegaron a la pared donde estaba la sala de Menesteres, Hermione cerró los ojos y la pidió, como si pidiera un deseo, abriendo su corazón para que la Sala supiera que venía con buenas intenciones y la Sala apareció frente a ella.

Draco murmuró algo que la castaña no logro percibir y ambos se metieron ahí a donde todas las cosas estaban amontonadas.

Hermione se giró a Draco mientras caminaba y hacia memoria de donde había escondido el mapa.

—¿Cómo lograbas pasar?— dijo, y ante la mirada interrogante de Malfoy la chica añadió— Me refiero, a cuando venias por el armario evanescente, tus intenciones no eran buenas. ¿Cómo lograbas entrar?

—No todo el castillo es puro— le dijo, mirando a su alrededor también despreocupadamente—Basta un buen hechizo para engañar.

—Eres experto en eso— masculló la chica, rebuscando entre unas cosas, sabiendo que el mapa estaba por ahí metido.

Draco fingió no escuchar a la chica y se sentó en un largo y cómodo sillón que estaba a un lado de donde la chica ponía sus cosas y se cruzó de brazos. Hermione fingió que no veía que la analizaba de cabo a rabo.

—¿Dónde estuviste toda la tarde?

Hermione odiaba que fuera así de controlador. ¿Qué le importaba?

—Con Avery— mintió. Sabía que, por alguna razón, Draco odiaba que mencionara a Daniel, así que si con eso podía callarse, le diría eso.

—No es verdad.

—¿Cómo sabes?— pregunto, rodando los ojos, siguiendo con su búsqueda entre las cosas.

El rubio pareció pensársela, pero finalmente lo dijo.

—Porque te he tenido vigilada.

Hermione dejó de buscar y se cruzó de brazos, indignada.

—¿Con qué derecho?

Draco seguía con su expresión despreocupada. Se quitó una pelusa de su camiseta y luego la miró.

—Casi has muerto varias veces— le dijo—Y yo siempre tengo que salvarte, siento la responsabilidad de no dejarte hacer una estupidez.

—Puedo cuidarme sola— le dijo, girándose para seguir buscando.

—¿Ah en serio?— el tono era sarcástico, por prima vez demostró una emoción—Pues no parece.

—Déjame morir entonces y listo.

—Extrañaría que lavaras mis sábanas y tus largas piernas— dijo, encogiéndose de hombros—De cualquier forma, salgo perdiendo.

Hermione resopló. Si Draco desapareciera extrañaría todo de él, aunque odiara aceptarlo. Y el solamente ¿dos cosas?

—Me estás cansando, Malfoy.

Draco se inclinó y se apoyó en sus rodillas.

—¿Qué quieres Granger?

Hermione dio con el mapa y triunfante, lo puso en una mesita; después volvió a mirar a Malfoy y el enojo volvió.

—Quiero que dejes de ser así de insoportable.

—¿Tú te crees muy afable?

—¿Por qué simplemente no me dejas, Malfoy? ¿Qué pasó con tu "si no te metes conmigo yo no me meto contigo" a principio del año?

Draco se recargó en sus rodillas y se puso de pie.

—¿A dónde quieres llegar Granger?

—¡Déjame tranquila!

—¿Eso quieres?

Hermione apretó la boca.

—¿Sabes algo? Cada vez que veo algo bueno en ti, haces una tontería, me decepcionas, vuelves a ser el mismo imbeciles que abandonó este colegio y que lo traicionó—Hermione hablaba con velocidad.

Draco puso un gesto confundido. Nunca antes la castaña lo había visto confundido. El parecía estar seguro de todo, y eso era lo que más odiaba ella en él, tan astuto, tan despreocupado, tan frío...

—¿Qué quieres lograr, Granger? — lo dijo, siseante, casi amenazador.

—¡Se que pasaste toda la noche con Parkinson!— soltó de pronto, exasperada, ahí sola con él en la Sala de Menesteres su voz hizo un eco—Y me da igual lo que hiciste en la cama con ella o no, francamente— dio un manotazo al aire—Pero no seré usada por ti, Draco Malfoy, a mí no puedes manipular.

Draco la miró fijamente, Hermione no pudo leer ni su expresión ni sus ojos.

—¿Pansy te dijo que nos habíamos acostado?

Hermione apretó los labios.

—Lo insinúo— dijo y rodó los ojos—Pero ¿qué importa? Ella es tu chica ideal ¿o no?

Esta vez realmente parecía que a Draco lo había agarrado en curva, porque ahora parecía casi hasta perplejo, no con una expresión inocente, o culpable o ninguna en absoluto, pero sin duda, perplejo.

—Granger, no sé que carajos esté pasando por tu mente ahora mismo— Draco se llevó una mano a la boca— Pero Pansy y yo no nos acostamos. Iba ya de vuelta a la torre cuando me llamó porque estaba enferma y teniendo una noche mala. La acompañe en la enfermería.

Hermione trago gordo. Eso no cambiaba nada.

—Me da lo mismo.

—Puta madre— soltó el rubio, en un suspiro, casi exasperado. Hermione nunca lo había escuchado decir una grosería, pues era demasiado propio— ¿Esto qué te afecta? ¿Te sientes usada?

—Creo que cualquier persona llega a sentirse usada por ti alguna vez— dijo, dolida.

Los ojos grises del muchacho se encendieron.

—¿Crees que me estás doliendo?

Hermione soltó un gritillo, harta. Se quitó el suéter y lo dejo junto al mapa y después, ya no le importó mucho lo que hacía.

Agarro al rubio y lo besó. El chico tardo unos segundos en reaccionar, pero después la atrajo más de su cintura y le siguió a su beso.

Hermione comenzó a pegarse más a él y a besarlo como si estuviera sedienta. Odiaba que le gustara tanto estar así con él, de verdad lo odiaba. Odiaba que esto solamente fuera como Draco había dicho "para reducir sus peleas".

El muchacho la cargó haciendo que Hermione soltara un gritillo de sorpresa y la llevó hasta el sillón en donde momentos antes estaban sentados.

El olor y sabor del rubio le supieron conocidos a la chica cuando éste la recostó en el sillón y comenzó a quitarse la corbata.

Hermione también se quitó la suya y de un segundo a otro, Draco le desabrocho los botones de su camisa y puso las piernas de la castaña alrededor de él.

Lo que más odiaba de eso, era lo bien que se sentía. Se sentía en casa.

Realmente en casa.

Draco se quitó también la camisa y Hermione subió sus manos y las entrelazo por detrás de su cuello mientras el chico exploraba con su mano su estómago, llegaba hasta su sostén, se deslizaba por su espalda...

Hermione se fue sentando, y Draco desabrocho su falda, le acarició los muslos y fue subiendo...

Hasta que Hermione, sonrojada y agitada se quitó de él.

Draco la miró. El estaba sentado y ella hincada, por lo que ella quedaba más alto que el en ese momento. Draco volvió a soltar una risa, también el estaba agitado.

—Me estás matando, Granger.

Hermione estaba totalmente en ropa interior y Draco no tenía camisa, por lo que la chica pudo observar múltiples cicatrices. Hermione sabía que por el sectumsempra que alguna vez Harry le dio, le habían quedado cicatrices pero nunca se las había imaginado.

—Si quieres divertirte con esto— Hermione se acercó a sus labios, hablando pegada a ellos—Entonces yo también puedo hacerlo ¿no?

La castaña se puso de pie y fue a recoger su camiseta. El rubio se paró también, la agarro por la cintura desnuda y la pego a él, piel contra piel.

—¿A dónde irás?

—¿Importa?

La chica se separó de él y se apresuró a abotonarse la camiseta y luego la falda mientras Draco la analizaba con la mirada cruzado de brazos sin ponerse la camisa.

—Granger...

—Tu lo dijiste,quizá no somos esa clase de personas que son amigos... Quizá esto solamente es... Una necesidad.

Hermione seguía vistiéndose rápidamente y Draco apretó la mandíbula.

—Carajo, mujer.

La chica termino de ajustarse la corbata y tomó su suéter y el mapa de la mesa y se dispuso a salir.

—Nos vemos—dijo—En los armarios, sobre todo.

Hermione salió por la puerta a paso apresurado y Draco se quedó ahí, enojado.

Deseaba tanto a Granger, deseaba cada centímetro suyo, pero ahora no solamente quería acostarse con ella, ya quería hasta cuidarla, quería que se muriera por él... Quería todo de ella.

Le pego una buena patada a unas cosas que estaban ahí e iracundo, se puso la camiseta y al salir, tomó otra dirección.

...

Hermione seguía con la cara caliente, pero no le importaba. Si Draco jugaba con ella, ¿por qué ella no podría jugar? Estaba cansada de ser siempre la que se jodia en esas cosas, así que a lo mejor, así podría olvidarse del mundo un rato...

Hermione tomó el mapa y lo miró.

En el ángel había alguien.

La castaña se detuvo bajo la luz del sol para ver mejor quien estaba caminando alrededor de la estatua y su alma casi se cayó al piso.

La etiqueta de los pasos rezaba: Marietta Heyer.

¿Qué carajos hacia ella ahí? ¡Debería de estar en San Mungo!

Hermione guardó el mapa y salió corriendo en dirección al Ángel, lo más rápido que pudo y empujando a la gente que se interponía en su camino, rezando en su cabeza por alcanzarla; con su sangre bombeando a todo lo que daba contra su pecho y todas sus arterias.

Cuando hubo por fin llegado al Ángel, el ruido en su cabeza se silencio.

La estatua del Ángel estaba igual que siempre: sonriente, imperturbable y a su alrededor, nadie. Solamente ella.

Hermione vio la casa de Hagrid al fondo echando humo y agitada, alzó el mapa de nuevo para verlo y el nombre de Marietta había desaparecido.

Se había esfumado. Total y completamente.

Hermione echó otra ojeada al mapa y no había nada, solo su etiqueta.

La castaña analizó la zona y comenzó a sentirse algo asustada, la última vez que había estado ahí había casi desaparecido y no quería repetir esa terrible experiencia.

Justo cuando se iba a marchar sus ojos percibieron algo en la mano cerrada del Ángel: un pergamino hecho bola que había sido colocado ahí.

La castaña se acercó a paso certero y arranco el papel de la mano.

Al abrirlo, el papel rezaba la bibliografia de un libro y al final "sección prohibida".

Hermione arrugo el entrecejo, quizá por eso no había podido encontrar nada. Porque no había buscado bien.

¿Quién había puesto ese papel ahí? La caligrafía parecía más bien la de un hombre, no podría ser el de Marietta...

De todos modos, tenía una pista más, y no podía desaprovecharla, entre más rápido lo hiciéra, más pronto descubriría por qué carajos todo ese desastre estaba pasando. Pero para entrar necesitaba la ayuda de Ginny y de Luna.

Hermione corrió de vuelta al castillo, más rápido de lo planeado (nunca había hecho tanto ejercicio en su vida) y llego hasta donde sabía que encontraría a sus amigas: en la Sala Común. Ginny estaba sentada junto a Luna, que a veces se pasaba a la sala Común de Gryffindor para ver a la pelirroja y en cuanto las chicas vieron a la castaña, se enderezaron.

Ginny frunció el ceño.

—¿Hermione? ¿Qué pasa?

Hermione se sentó rápidamente frente a ellas y extendió el pergamino.

—Me he encontrado esto en el Ángel, la tenía en la mano.

—¿En la mano? ¿Eso qué tan extraño es?— pregunto Luna, leyendo el papel junto con Ginny.

—Bastante— asintió Hermione y luego se pasó una mano por la coleta que se hizo de camino allá—Necesito ir, pero necesito que me cubran.

—Dalo por hecho— dijo Luna, bajando el pergamino.

—¿Cuándo?— dijo Ginny asintiendo, hablando por lo bajo para que nadie de la sala la escuchara.

—Hoy mismo— dijo Hermione, asintiendo—Esta noche.

—¿¡Está noche?!— Ginny abrió grandes los ojos—¿Estás segura?

Hermione asintió.

—Tiene que ser ya, entre más información consiga, y más rápido, mejor.

Ginny y Luna asintieron.

—Nos vemos a las diez en punto en el pasillo contiguo a la biblioteca— dijo Luna—¿Deberíamos llevar algo?

—Sus varitas— dijo, levantándose y guardándose el pergamino en la falda—Solamente eso.

—De acuerdo— dijo Ginny—Ah y Hermione— le llamo, justo cuando la castaña se estaba preparándose para marcharse—Traes la corbata mal puesta...

Hermione se sonrojó y se la acomodo rápidamente, por lo que Ginny la miró con sospecha.

—Nos vemos ahí— dijo y antes de que pudieran decirle algo más, salió por la puerta.

...

A las nueve y media, Hermione salió de la torre para no toparse con Malfoy volviendo. No quería confrontarlo de nuevo y admitir que realmente se había sentido celosa. Se puso algo cómodo y salió hasta el lugar donde se encontraría a sus dos mejores amigas.

Cuando dieron las diez, las chicas aparecieron por diferentes caminos vestidas de negro y con lentes algo oscuros y muy anchos, como ojos de mosca.

Hermione alzó una ceja

—¿y esa ropa y esos lentes?

Ginny señaló a Luna.

—Dice Luna que asustan a los narggles— susurro Ginny en la oscuridad, señalando a su amiga rubia—Además, siempre quise ser espía. ¿Recuerdas los libros mugres que le prestaste a mi padre aquella Navidad? Son extraordinarios. Es mi oportunidad de brillar.

Hermione dio un suspiro.

—¿Creen que podemos dejar las gafas de narggles un momento y concentrarnos en entrar a la biblioteca?

—El toque de queda ya se dio— dijo Luna tranquilamente, son quitarse las gafas— ¿cómo entraremos?

Hermione alzó unas llaves.

—Ser Premio Anual tiene sus ventajas. McGonagall me dio una copia para que pudiera checarla cuando me tocaran las guardias por acá.

—Excelente— dijo Ginny, asintiendo–¿Filch no estará por aquí?

—Espero que para cuando esté aquí ya estemos lo suficientemente lejos— dijo Hermione—Andando.

Hermione y las dos chicas se apresuraron a ir en directo hacia la biblioteca, donde la castaña abrió con cuidado la puerta, poniéndole un hechizo para que no rechinara.

Luna y Ginny entraron tras de ella, Ginny haciendo un movimiento de "espía" bien entrenado y Luna viendo a todos lados con sus gafas.

—¡Wow! ¡Cuántos narggles hay aquí!— dijo.

Hermione se preguntó si había hecho bien en traer a esas dos locas con ellas en su aventura.

—vigilen la puerta, iré a la sección prohibida.

Hermione odiaba romper la confianza de McGonagall de esa manera,muero era un mal necesario, de otra manera, no tendría recursos para dar con el problema, y realmente estaba harta de estar en callejones sin salidas.

La castaña entro silenciosamente a la sección y se metió en donde se supone estaría el libro que buscaba.

Su nombre rezaba "El Presagio Exacto" y era de múltiples autores. Hermione lo tomo y alumbró con su varita hacia el libro, escuchando como Ginny y Luna se callaban entre ellas.

Al principio, estaba el símbolo que Hermione vio en la muñeca de Marietta, con mucha exactitud, pero no decía que significaba.

Después el libro comenzaba narrando una serie de relatos, ahí se mencionaba que el ángel sonriente fue construido por un antiguo director de Hogwarts del siglo XV, quien, devastado por la pérdida de su hija, mandó construir una estatua y la hechizó para que le pudiera mostrar la ubicación de una poderosa banshee, quien al parecer había sido responsable de la muerte de la niña. Pero como el ángel desarrollo su propio sentido, tenía que descifrar cierto código para que pudieran llegar hasta esa mujer. Cuando murió el director la búsqueda de la Banshee se abandonó, y el secreto permaneció,muero dicen que aún hoy, sigue señalando a la bruja más poderosa, que se mueve conforme a las estaciones.

El libro también decía que se tenía que pagar un precio si intentabas llegar hasta la banshee y que el ángel permanecería quiero hasta que alguien más quisiera buscarla.

Lo demás no importaba bastante.

Si el ángel apuntaba a una poderosa bruja cuyo augurio anunciaba la muerte, ¿por qué ahora alguien quisiera encontrarla? ¿Por qué querrían a una criatura así?

Las banshees eran muy poco contadas, Lockhart solía presumir en sus liar que una vez logró vencer a una, pero dicen que nadie las ha visto o en todo caso, vivido para contarlo.

Hermione cerró el libro y lo volvió a guardar.

Dejaron todo como lo encontraron y salió de la biblioteca, agradeciéndole a sus amigas el apoyo y más confundida que nunca.

Cada chica se fue a su torre común a eso de las 1:00 de la mdrugada, pues Hermione había tardado en encontrar y leer el libro más aparte tardaron unos minutos en encontrar a Luna, que estaba cazando narggles por quién sabe dónde.

Hermione las despidió prometiendo que les contaría al día siguiente y se fue a su torre, pensando.

Si el ángel apuntaba a una banshee..

Alguien había intentado descifrarlo..

Alguien se había intentado meter al castillo para ver la estatua y por eso habían puesto trampas...

Alguien está usando a los estudiantes, pero ¿quién? Y esa marca ¿qué significa? ¿Por qué a ella no le pasó nada cuando desapareció y Marietta cayó en la locura? ¿Por qué la había visto en el ángel hace rato?

Cuando llegó a la torre, con cuidado, se quitó los zapatos para no hacer ruido, pero en cuanto hubo cerrado la puerta y cruzado el umbral, una luz se prendió.

Draco Malfoy estaba vestido todavía y permanecía recargado en el sillón con los brazos cruzados.

Hermione trago gordo, no pensó que la descubriera llegando así de tarde.

El rostro del rubio estaba cargado de ira.

—Te lo voy a repetir solo una vez y quiero una respuesta, Granger— su voz era baja, amenazante e iracunda, Hermione supo que estaba jodida—¿Dónde carajos estabas?

Rayos.

Continuará ...