Disclaimer: Sí, veo a Jacob. Sí, sueño con Edward. Sí, río con Emmett. Sí, estoy loca. ¡Caray Alice! Te he dicho que sí a cada cosa... –y Alice habla–... ¡Oh claro que no! Los personajes de Twilight no me pertenecen, son todo de S. M.


Capítulo X: Encuentros furtivos II.

"Prefiero no perder nada, pero, si no me das a elegir prefiero perder bastante que perderlo todo."


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Querida… hoja–de– papel–mal doblada–en la–que–me–entretengo–mientras–Coleman–habla–en–el–desayuno.

¿Nombre largo? No lo creo, empieza a darte cuenta de mi desesperación y tu nombre no será tan largo, así que no te quejes jodida–hoja–de–papel.

Bueno, quiero empezar por decirte que nunca he tenido un diario. Bueno, sí, una vez. Cuando tenía catorce y mis pensamientos hacia mi mejor amigo empezaron a resultar tan vergonzosos que ni mi madre, Rose o Alice podrían saberlo. Justo ahora estoy riendo al recordarlo…

¿Sabes hoja–de–papel–que–después–tiraré? No estás siendo tan mala confidente, de hecho, creo que eres mejor que el viejo diario que llegó a las manos de Edward y provocó el más increíble sonrojo a mis catorce años.

Tengo que apremiarte por eso, y sobre todo porque ahora Coleman se ha cansado con seguir con la farsa de que hablamos y por primera vez intenta mantener una conversación con Daniel –quien me mira como si estuviera desquiciada– después de no haber contestado los seis '¿Bella?' de George.

Y bueno, yendo a lo no tan importante, ya sabes, eso que no involucra la mierda de vivir diecisiete años feliz, uno confundida y siete engañada… creo que Alice y Rosalie traman algo, así es. Las he visto murmurando cosas, además que fue Alice la más enojada al saber que suspendería mi boda, y ni siquiera ha venido a verme, aunque ahora que lo recuerdo tampoco la he visto con la familia. ¿Le habrá pasado algo?

¿Sabes patética–hoja–de–papel–que–tiene–el–logo–de–la–hotelería–Coleman? Ya no te soporto, si así es, tu logo, tu color frío me está hartando. ¿Cómo no lo vi antes? Cómo no vi que estaba siendo utilizada, pero es que John parecía quererme tanto…

Hoja–de–papel–en–la–que–no–debí–de–haber–escrito creo que estoy pensando y recordando demasiado. Anoche… anoche cuando empecé a soñar termine de recordar la memoria de la primera vez que Edward me tocó mi nana, la primera vez que él me hizo sentir tan bien… y eso no fue precisamente con la nana. Creo que estoy volviéndome loca, después de despertar ruborizada porque estoy segura que en la noche no dije algo más que '¡Edward!' me di cuenta que estoy volviendo a caer en la depresión de que nunca jamás tendré lo que tuve con él.

¿Por qué Edward y yo no pudimos quedarnos imperturbables en nuestros diecisiete? Luego de mi sueño subido de nivel, soñé con Edward de nuevo, ahora él estaba como el del presente y yo tenía el mismo vestido que compre para mi boda con John, y la iglesia y los votos… y él… y luego un lindo niño de ojitos verdes que me miraba con cariño y curiosidad desde mi regazo y un 'ya llegué cariño' que me mantuvo despierta desde las cinco hasta ahora. No quiero volver a soñar de nuevo, tengo mucho miedo de no querer despertar.

Hoja–de–papel–sustituta–de–diario creo que Daniel quiere arrancarte justo ahora de mis manos. Y en caso de que lo haga y lea todo esto…

DANIEL, NO ESTOY LOCA, SOLO… CONFUNDIDA, NO PRESTES ATENCION A NADA Y DEJA DE SER TAN CHISMOSO YA TE DIJE QUE JAVIER, EL MEXICANO ME DIJO QUE NO LE GUSTABA ESO.

Oh, Coleman se despide, disculpa y levanta en tono dolido. ¿Qué sorpresa, uh? El lastimado, bueno creo que mi supuesto desayuno ha acabado.

Hoja–de–papel–de–múltiples–nombres se despide,

Bella.

Levanté la vista para encontrarme con Daniel molesto tomando su café y mirándome reprobatoriamente.

– ¿Ya terminaste de comportarte como una niña pequeña? –Preguntó sin dejar de quitar la incómoda mirada.

Fruncí el ceño arrugando m nariz y hurgando mi plato lleno para pedir a un mesero que se lo lleve.

–No me estoy comportando como una niña pequeña –dije bajito–, él tiene la culpa y que se joda.

–Y llegados a este punto la mujer madura ha hablado –ironizó–, ¿tan al fondo ha metido su maldición?

Lo miré confundida.

– ¿Su maldición?

Daniel asintió bebiendo un poco más de su café.

–El horrible cromosoma Y, eso que todos los hombres tienen y… ¡rayos! Es una verdadera maldición, la leyenda cuenta que hacen cosas como… –agregó en un tono más siniestro–, dejar plantadas a sus mujeres ¿te imaginas? Oh, pero hay cosas peores, como dormirse después del clímax… ¡protégenos de eso, gran señor del sexo bueno! Ó también engañarlas, hacerla de machos y todas esas cosas que tienen a las pobres como a ti.

Reí un poco, agradeciendo el gesto a Daniel. Entonces dejó su café a un lado y tomó mi mano con confidencia.

– ¿Me vas a decir que te pasa ahora, cariño?

Miré sus ojos directamente, intentado no caer en el llanto y negué levemente con la cabeza.

–No puedo –murmuré sintiendo que se enojaría, al contrario asintió comprensivo–.

–Edward salió a ayer del hotel con maletas, yo mismo he escuchado la información de las muy despechadas primas de John a quien él rechazó sin más –me informó volviendo a tomar su café en lo que yo bajaba mi jugo.

–John ha estado buscándote todo el día ayer, casi llorando tu nombre con cada persona y por último cuando anoche le azotaste la puerta en la cara se quedó afuera esperando que abrieras y se ha mudado a la habitación contigua a la tuya.

Asentí sin entender porque me decía todo esto, continuó.

–Edward ha llamado cinco veces a recepción para preguntar si se encuentra el señor Coleman y su prometida, contesté una vez y me preguntó si te encontrabas bien, si John no te había gritado o hecho algo peor –Daniel arrugó el ceño y me miró confundido–.

–John justo ahora en el desayuno parecía un hombre que ha perdido mucho…

–Daniel, no intentes decirme que John es la victima porque…

–Y –me interrumpió sin dejar el tono informativo–, Edward se escuchaba como un hombre que lo ha perdido todo…

Di él último sorbo a mi jugo y esperé que terminara. Él era así, y era mejor no interrumpirlo hasta que me diera su conclusión. Espere y esta nunca llegó. Nos miramos y nada, Daniel quería que yo sacara mi propia conclusión. Maldito Daniel, ya lo había hecho antes y en todas yo no había podido ser muy buena, la primera, cuando recién nos conocimos y no quería ir a conocer la familia Coleman, la segunda cuando John me propuso matrimonio y la tercera, hecha hace dos minutos.

–Edward siempre ha sido fatalista –murmuré–, John está dolido por mi coraje –concluí rápidamente.

Rodó los ojos y llamó al mesero para que lo tomara a cuenta de John en lo que nos levantábamos y salíamos al lobby del hotel.

–Yo no digo nada que no esté dado por sentado pero si pudiera apostar por algo es que –tomó aire y me miro a los ojos cuando lo dijo–, ambos hombres te quieren y tú sólo tienes que decidir entre quien.

Rayos, Daniel estaba tan confundido. Si tan solo el supiera que ese no era el caso. De verdad quería decirle toda la verdad, él podría ayudarme a cargar con todo. Pero no, esto era algo con lo cual lucharía sola, después de todo yo sola tenía toda la culpa. Asentí como si lo que dijera mi amigo fuera cierto, si yo estuviera en su lugar creería lo mismo.

–Oh y Bella –murmuró cuando ya me despedía y agregó en tono pícaro–. El ardiente hombre de voz aterciopelada que llamo esta mañana y… "que no sé quien es" –dijo con comillas al aire y divertido– te espera a las nueve, hurry up my girl!

Carajo, carajo, ¡carajo!

No conocía la ciudad de ninguna manera, tomar un taxi desde el hotel era demasiado arriesgado. Así que camine fuera por mi cuenta hasta llegar a una tienda, sabía que Felix venía detrás de mí así que con la mayor astucia posible tomé un taxi desde ahí hacia un reconocido antro–gay de la ciudad. Tomé por asumido que después de explicarle a uno de los grandes hombres en la entrada, que era acosada por el enorme gorila que suponía esconderse en los arbustos, no lo dejaría entrar tan fácil.

Luego de ello entre para mezclarme entre el vacío lugar, todos empleados que se encargaban de terminar de limpiar para irse a descansar, de alguna manera, esto de esconderse se me daba mejor y llegue hasta la barra donde pedí un rápido trago ligero y la ayuda de un agotado barman sobre cómo llegar al lugar. Indicó rápidamente que no estaba muy lejos y en unos minutos más sin acabar mi tragó pude salir por la entrada trasera, de reojo vi a un enorme hombre entre la entrada y el escalofrío y la adrenalina hicieron que me escabullera de ahí más rápido de lo que planeaba.

Con demasiada suerte no había sido vista, finalmente tomé un taxi donde me había sido indicado y le di la dirección que no resultó ningún problema. En minutos más estuve enfrente de un bonito edificio crema. El lugar me recordaba un poco a mi viejo departamento a kilómetros de aquí, me pregunte dos cosas:

Si Edward creía necesario un departamento porque pensaba que me quedaría mucho más tiempo.

Ó si este chico de verdad le seguía gustando gastar dinero de la misma forma.

Un reluciente Volvo plateado me respondió y presioné sin piedad el botón número 7 que suponía su piso.

– ¿Bella?

Fruncí el ceño, que parte de encuentros secretos no entiende. Quiero decir, vamos, lo encerré en un armario ayer y vengo huyendo de un enorme gorila; debe entender. Recordé que también le había recordado a Daniel, Edward necesitaba entender la palabra secreto.

–Sí, ¿puedo pasar?

–Claro

El pitido de una puerta abriéndose me dejo entrar y las rejas de un viejo elevador me hicieron pasar a él, presioné de nuevo el botón número 7 esta vez para llegar a su piso. Lugar acogedor por lo menos, pasé a un pasillo estrecho y me encontré con una blanca puerta a medio cerrar. Entré sin más.

–Edward –dije apenas estuve adentro, sin preocuparme por velo primero deje mi bolsa en un silla–, tienes que entender la parte de encuentros secretos –empecé a quitarme la bufanda, chaqueta y lentes– tu y yo, sin que nadie más lo sepa, en–ti–en–de–lo.

Me giré hacia él esperando ver un rostro de disculpa cuando de la nada me quedé tal cual estatua sorprendida. Mis ojos debían de ser más grandes de un par de limones y mi boca abierta más mi nula respiración era un poema. Los pares de rostros me vieron de diferente manera, uno con la disculpa grabada –era eso lo que esperaba Cullen– y otro con una sonrisa divertida y los oscuros ojos divertidos.

–Cariño, eso no le gustará a nuestro anfitrión quita esa cara –su voz siempre una octava más grave hizo que el primer signo de vida apareciera en mí: un gruñido.

Jacob Black –sí, el mismo traidor– sentado en la mesa aceptando la blanca y pequeña tacita, que Edward le ofrecía molesto, con su gran manota. Idiota Black, más irreal; verlos juntos y sin pelear aunque Jacob no quería cooperar.

–Black, aparte de hablarme así porque tú y yo sabemos que solo lo haces cuando Edward está cerca –mi voz había vuelto y mi respiración irregular bastaba para preguntar lo último antes de que 'el–maldito–Black–aliado–de–Coleman' muriera–. ¿Qué haces aquí?

Sonrío de nuevo ladinamente y antes de beber un poco de la taza habló calmo hacia Edward–: ¿Podrías esto… Cullen, decirle a Bella que hago aquí?

Edward gruñó en protesta pero me miro calculadoramente y suspiró antes de responder.

–Bella, el abogado que Emmett me ha recomendado… ya sabes el que es tan i–dio–ta –separó por sílabas mirando con furia a Jacob antes de continuar–, ha sido Black.

Jacob se levantó de la mesa y caminó hasta mi viéndome con una clase de disculpa grabada en su rostro, incluso más honesta que lo que era su mueca burlona de hace segundos.

– ¿Me permites manejar tu divorcio?

Abrí los ojos desmesuradamente, ¿Cómo él sabía eso? Ahora Edward también lo sabía, eso explicado el departamento, cuánto tiempo quería quedarse y ahora Jacob también lo sabía.

Edward tenía esperanza y Jacob podía abrir la boca con Coleman, estaba real e irrevocablemente jodida.


Juro que mi tiempo se limita a nada! Las quiero solo por leer y también juro que entiendo si por enojo no dejan RR jaja... Gracias a las cuatro personitas del fic anterior! Domindo o Lunes prox cap... LO JURO!