CAPÍTULO 11

El golpe no llegó jamás, pero Harry vio la expresión enfadada de Malfoy y sabía que no podía culparlo porque lo había engañado desde el principio, cuando le convenció que se uniera a Voldemort.

—Bonita forma de engañarme, Potter, ¿qué se supone que voy a hacer yo cuando tú ya estás dentro? —preguntó el rubio, estaba conteniéndose de abalanzarse sobre Potter porque su estilo no era muy callejero.

Vio que Harry sonreía de lado, como si estuviera burlándose de él.

—Malfoy, es sencillo, simplemente necesitaba más gente dentro del grupo de Voldemort. —dijo. —Además, tu única misión será ayudarme a mí. No creo que eso te perjudique en algo.

Malfoy gruñó.

—¿Se supone que vas a derrocarlo desde el interior de su grupo? No seas tan iluso, Potter, nadie más va a ayudarte... además del profesor Snape.

—Tú estás haciendo tu parte. —dijo Harry, sus ojos verdes enfocando el rostro del Slytherin, quien estaba rojo de ira. —Todos en verdad están haciéndolo.

Draco rió, en burla.

—¿Quieres ser un héroe? A mí no me importa, las pérdidas de la guerra son algo que no se puede evitar, pero creo que aún hay algo de rescatable en tu cerebro. —escupió con enfado sus últimas palabras y dio una vuelta alrededor del Gryffindor.

—Dímelo entonces, Malfoy. —propuso el Gryffindor, sus ojos brillando con furia, si el rubio no entendía el por qué estaba arriesgándose tanto con eso él no iba a explicarle con peras y manzanas, Draco no era estúpido así que debía saber por qué hacía lo que hacía. —Yo ya estoy cansado que el mundo entero me diga qué es lo que debo hacer, y cuando finalmente hago algo, vienes tú y me dices que estoy mal.

Debía estar bromeando al tomar esa postura, pensó el rubio, pero al ver que estaba siendo muy serio respecto a eso y que siendo ambos Death Eaters, por culpa del estúpido cerebro de Potter, no podían tomar eso a la ligera.

—No voy a darte una solución mágica, porque no soy tu niñera, así que no intentes convencerme con ese discurso de héroe desentendido... me importa un comino si los demás te consideran poco apto para tu misión. —gruñó y dio un paso en dirección a Harry. —Por lo pronto puedo decirte que quien te haya dicho que sirves para idear un plan es un completo estúpido, así que agradécele por mi parte el hecho que estoy echando a perder mi vida por culpa de su incompetencia.

—Al menos dame el crédito que merezco... —dijo Harry. —Logre que fueras uno muy allegado a Voldemort, eres el único que sabe quien soy.

—¡Un imbécil! Eso es lo que eres, así que perdona mi falta de entusiasmo, pero no quiero seguir con esta función. Para mí se acabó tu teatro, Potter.

—No vas a abandonar esto, Malfoy, porque van a matarte, y tú no quieres morir... ¿o vas a demostrarle al mundo que eres aquel hurón cobarde y asustadizo? —su pregunta enfado a Draco.

Esta vez el golpe estuvo muy cerca de llegar, pero el rubio controló su ira, era capaz de hacer eso porque estaba muy bien educado y no era una bestia irracional como una vez retrató a Harry con Blaise.

Lanzó un resoplido, pero miró a Potter.

—Supón que me convences... ¿qué quieres que haga? ¿Lamerle las suelas a Voldemort? ¿Como los demás o tengo que ganármelo de otra forma? —ironizó retorcidamente. —Porque me han dicho que soy un excelente amante, podría probarlo con él, le preguntaríamos los resultados del experimento a él.

Harry no se contuvo al oír aquel desagradable comentario y al simple pensamiento de Voldemort tocando al rubio y dio un empujón al cuerpo frágil del más pequeño, quien retrocedió tres pasos y sonrió.

Potter era tan idealista a pesar de haber ideado un posible buen plan.

—¿Qué?

—No seas asqueroso, Malfoy. No vas a meterte con Voldemort; te necesito en las filas de Death Eaters. —comunicó y vio que el rubio asentía, prestando un poco de atención, era lo mínimo que podía hacer.

—¿En qué podría afectarte...?

—Simplemente cállate y óyeme: Tengo misión en una semana, así que lo más probable es que a ti también te encarguen una...

Draco interrumpió.

—¿Misión? ¿Acaso sales a matar? —un asentimiento de Potter fue su respuesta. —¿Y por qué los demás siempre te vemos en el colegio?

—¿Mira quién es más denso? Usa tu inteligencia.

Draco rió de lado, suponía que algo así estaba involucrado porque era la única respuesta coherente, pero jamás imaginó posible que sí fuera eso lo que estaba ayudando al inútil de Potter.

—Así que un giratiempo...

Harry asintió.

—Es la única forma de estar en dos lugares a la vez, así no despierto sospechas por faltar al Colegio... —dijo, pensando en lo que una vez Lupin le había dicho en la casa de los gritos, cuando se enteró de la inocencia de Sirius Black.

Remus se sentía culpable por fallarle a la confianza de Albus Dumbledore.

Por muy extraño que pareciese, Harry no experimentaba ningún sentimiento de culpabilidad al verse a sí mismo infiltrándose en el grupo de allegados a Voldemort, es más, disfrutaba ser capaz de burlar a aquel ser.

Su padre y los amigos de éste burlaron a Dumbledore al convertirse en animagus bajo su nariz, pero él estaba trascendiendo, como le dijo al rubio, porque además de hacer todo en secreto y con ayuda de un profesor, estaba jugando con fuego y estaba engañando al asesino de sus padres.

Iba a hacerlo por James y Lily Potter.

—Cuando me den mis misiones, ¿qué voy a hacer yo? —preguntó Malfoy, sonando muy curioso, como un niño que quiere saber algo. —Voy a huir de aquí a escondidas o algo similar.

Harry negó.

—Tendrás acceso a mi capa de invisibilidad, al giratiempos y a mi mapa del merodeador. —explicó.

Draco elevó elegantemente una ceja.

—¿Tu mapa qué?

Harry rió en voz baja.

Explicarle a Malfoy algunas cosas iba a ser muy complicado, por eso mismo no estaba tomándose muy en serio esa conversación que había pasado desde el reclamo del rubio a un intercambio de palabras excesivamente amable, especialmente tratándose de un Gryffindor y un Slytherin... más siendo Harry y Draco.

Pero una tregua era una tregua.

Para el rubio no era sencillo estar soportando el ser mandado, mucho menos si quien iba a mandar y a controlar sus movimientos iba a ser el nuevo favorito de Voldemort: la súper estrella Harry Potter; pero prefería eso a estar siendo el esclavo de la serpiente ésa.

Su orgullo era fuerte y nada flexible, así que, sabiendo que Potter era muy similar, estaba consciente que iban a ser la posible causa número uno de la tercera guerra mundial, así que estaba comportándose lo más amablemente posible, que era casi nada.

No odiaba a Potter, le desagradaba y no iba a negarlo, se divertía de lo lindo jugándole bromas pesadas y haciéndolo sentirse miserable, especialmente cuando le recordó a su padrino... Confiaba en que nunca iba a gustarle como persona.

Potter era tonto, confiado y muy iluso... él era más astuto, liberal y realista... ¿Por qué creer que una mente tan anormal como la del Gryffindor iba a llegar a él?

—Mi mapa del merodeador, Malfoy. —explicó Harry con suavidad, sacándolo de su túnica y mostrándoselo al rubio.

Draco mostró una sonrisa de complacencia.

Potter estaba mostrándole secretos que a nadie más le dijo, que quizá sus amigos conocían pero definitivamente nadie aparte de los otros dos bobos estaba enterado de aquello.

No conocía a alguien más dentro de todo el colegio que tuviera la confianza plena del Gryffindor... ahora ni siquiera el director.

—Y me lo muestras… ¿por qué?

—Los vas a necesitar y me veré en la necesidad de prestártelo, pero no te confíes demasiado, Malfoy; sólo te los facilitaré en los momentos en que tengas misiones que cumplir. —aclaró, diciéndole que no iba a dejarlo mucho tiempo con éstos porque el rubio era de cuidado.

Todo el mundo haría lo mismo de estar en esa situación.

—¿Qué pasará si me niego a regresártelo? —interrogó el Slytherin.

Estaban estableciendo un patrón de conducta y una forma de ayuda para que los encuentros con Voldemort y las misiones no interfiriesen con las obligaciones del colegio, y ninguno de los dos podía ser descuidado.

—Barreré el suelo contigo, otra vez.

La risa irónica del rubio no le molestó, ¿por qué iba a hacerlo? Generalmente eso era lo que ocurría en sus encuentros.

—Si crees en tus sueños, éstos pueden llegar a realizarse. —se burló el rubio.

Harry contraatacó muy sabiamente.

—¿No crees que quien debería tomar ese consejo es alguien más? Por ejemplo, tú. —dijo. —Mira, Malfoy, yo no vine a discutir ni a pelear, así que toma esto en serio... lo que quieras saber, pregúntalo... Mañana nos veremos después de la clase de pociones. Intenta quedarte más tiempo. Distraeré a Ron y a Hermione.

—Sigo sorprendido que no estés con ellos. Digo, llegando no fuiste a buscarlos. —aclaró.

Harry miró su reloj.

—Aún tengo cinco minutos.

—Nos vemos mañana, Potter. —dijo y salió del sótano de Honeydukes, delante de Harry, sin importarle mucho cubrirse con la capa de invisibilidad de éste.

Por su parte, Harry salió un poco después oculto bajo la tela suave y de textura casi líquida de la prenda... hasta que estuvo cerca de la enfermería y viéndose aislado de curiosos procedió a quitársela.

Cuando entró, justo a tiempo, vio a sus amigos dormitando a su lado y sin hacer mucho ruido se sentó en la cama, levantando así a Hermione, quien era la que estaba más cerca de él.

—¡Harry! ¡Despertaste!

Él la miró, sonriente... se había quitado la túnica negra, quedándose con la blanca que llevaba bajo el uniforme de Death Eater.

—Sí, ya estoy mucho mejor.

La chica sonrió, contenta de ver mucho mejor a su amigo, y sin pensarlo mucho se lanzó sobre él, dándole un afectuoso y muy cálido abrazo.

Ella estimaba mucho a Harry, no imaginaba un mundo sin éste, porque iba a ser completamente parcial, ya que todos siempre ayudaban simplemente a un bando... y Harry sabía que para un mundo justo y equitativo lo que había que eliminar, más que a la gente (aunque lo hacía, sin que su amiga supiera, claro) era la creencia estúpida que el mundo estaba hecho sólo para un grupo de personas.

Porque no era así.


Zabini miró a Draco, quien estaba aún sorprendido por la noticia; no que fuera a correrla por el mundo mágico como medio de venganza por haber sido rechazado por el cabeza hueca líder de los sangre sucia en su primer viaje a Hogwarts por tren... ya había superado eso y no confiaba ciegamente en Potter, ni porque estaba arriesgándose junto con él.

—¿Qué tal tu primer encuentro con el Dark Lord? —quiso saber el castaño, viendo de reojo a Pansy que buscaba alguna excusa para acercarse a ellos, pero viéndose impedida porque Zabini les pidió a Crabbe y a Goyle que no la dejaran entrar, quería hablar con Draco, de Potter.

El rubio enarcó una ceja, estaba un poco cansado y sí, molesto con Potter por todo el teatro digno de premio que le jugó; si Zabini le echaba basura al imbécil, él iba a contribuir con ésta.

Pero estaba tan agotado.

—Puedo ayudar en esto, así que no voy a arrepentirme, Blaise. Aunque el idiota de Potter esté allí para preguntarme exactamente lo mismo que tú. —dijo tras un prolongado bostezo.

La temperatura ambiente era muy fría, así que el Slytherin decidió sentarse cerca del fuego, frotando sus manos.

Añoraba el calor hogareño, y si bien en casa no abundaba el ambiente amoroso y cándido de varias familias, sí existía honestidad cruda e interés entre los miembros de la familia, así como la preocupación e incluso los sacrificios.

Draco sacrificó su libertad por ayudar a Potter.

Y su cordura al seguir estando con él.

—¿Menciono algo sobre los Slytherin?

Draco rememoró y vio que mucho tiempo se fue hablando de Potter y el hecho que ahora trabajarían juntos para derrotar a los aurores del ministerio, y que, siendo hijo de un Death Eater ejemplar (dijo que Lucius siempre obedecía) esperaba lo mismo de él, y que no ocurriera ningún problema con Potter, que ahora estaba del lado ganador.

Realmente no hubo mucha plática referente a los posibles nuevos sirvientes del Dark Lord, ya que éste parecía fascinado con el hecho de contar con Harry entre sus filas de Death Eaters.

—Sólo dijo que cuide de ellos, serán el futuro de nuestra nueva era.

La mentira era muy buena, porque Blaise asintió.

Draco sabía perfectamente bien que el castaño no era partidario de Voldemort, por motivos muy similares a los suyos, pero si él apoyaba al imbécil, Zabini quizá optara por lo mismo.

—Bueno, siempre y cuando no cuente conmigo. —dijo, mirando de reojo al rubio, quien asintió.

Él no forzaba a nadie a seguir los mismos pasos que él, aunque en este momento se sentía como un imbécil, habiendo sido engañado por el estúpido de Potter.

—¿Estás bien? Te ves un poco… no sé, diferente.

Estaba enojado, pensó Draco, dándose cuenta que con alguien que lo conocía tan bien como Zabini iba a percatarse de ello al instante.

Aún así, cómo dejó que el inepto de Potter estuviera un paso delante de él, y él que tenía la absurda idea que las cosas iban a manejarse a su manera, ahora se enteraba que Potter era la mascota favorita de la serpiente mayor.

Imbéciles, los dos.

—Sólo estoy un poco cansado. —aclaró con voz suave, sintiendo furia en su interior, pero controlándola. No iba a explotar y a gritar que Potter estaba logrando lo imposible... no iba a darle tanto crédito. Él la llamaba suerte de principiantes. —Porque entrevistarse con el Dark Lord no es algo muy sencillo.

¡Vaya que no era fácil!

Tener que soportar esa mirada roja sobre ti y la voz como un siseo y molesta no era algo que él considerase entretenido.

—No te ves cansado. —apuntó el castaño, sus ojos vagaron por toda la anatomía de Malfoy, deteniéndose en su rostro, aquella expresión denotaba serio enojo, así que no iba a presionar mucho, pero simplemente quería una respuesta un poco más honesta.

Draco lanzó un resoplido de enfado.

—No estoy de humor, Zabini.

—Eso es lo que quería oír, que estás de mal humor y que no tienes ganas de nada más que ir a tu cama. ¿Por qué tanto misterio? —preguntó suavemente, viendo que Draco le lanzaba una mirada más de enojo.

Cómo iba a decirle a Blaise que en verdad no estaba de humor ni para él, porque en su interior seguía preguntándose cómo fue tan estúpido para aceptar entrar al plan de Potter y llevarse la grata sorpresa que el muy imbécil ya formaba parte de los Death Eaters y peor aún, que mataba gente por el bienestar del mundo.

Eso no sonaba muy Potter.

No que realmente le importaba la salud mental del joven, de quien dudaba que en algún momento hubiese estado bien mentalmente hablando.

De todas formas, algo bueno iba a salir de todo eso, así tuviera que partirse el cráneo pensando en la posibilidad de obtener algo que más que beneficiar al mundo y simplemente a los Malfoy, le beneficiase a él...

Era bueno siendo egoísta, por qué no serlo esta vez, cuando Potter le arrastró irresponsablemente con la idea en mente que ambos podrían ser un buen equipo desbancando Death Eaters.

Estúpido Potter.

Ladeó la cabeza, viendo como el castaño seguía esperando una coherente respuesta que aliviara su curiosidad.

Lástima por Zabini que no estaba de humor de lidiar con cuestiones infantiles y cero interesantes.

—Bien, ahora que lo oíste, podrías simplemente dejar de insistir... No estoy de humor, ni siquiera para ti.

No dijo más y con el susurro de su túnica siguiéndole, se marchó, dejando a un confundido Blaise Zabini que se preguntaba si era lógico o no encontrar que Draco ya estaba actuando muy diferente, muy misterioso, del modo en que todos quienes trabajaban para el Dark Lord lo hacían...

Sí, Draco era especial.

...de seguro ya le guardaba algún importante secreto a Voldemort.


Un día más, el mismo dolor de cabeza, ganas de largarse de Hogwarts y vivir su vida lejos de los alumnos egocéntricos y cabezas-duras a quienes les enseñaba. Un día más que soportar el constante parloteo matutino de los demás, viendo sonrisas, imágenes que, fuera, en el mundo real, ya no se repetían con la misma frecuencia que dentro del colegio.

Porque si bien adentro estaban muy bien informados de todo lo que ocurría afuera, del mismo modo todos se separaban cuando era hora de vivir... todo el mundo quería ser feliz por su propia cuenta, sin tener que preocuparse por nadie más.

Snape pensaba que alguien que le odiaba mucho había lanzado una maldición a su vida para no tener ningún tipo de emoción jamás, al menos que perteneciera al récord de Potter, quien se las ingeniaba para contagiarle el mal humor aunque no estuviera siquiera a la vista.

Vio la expresión fastidiada de su ahijado a la distancia, su mirada llena de un odio contenido que no sabía a quién dirigir, al menos no mientras Potter estaba ausente, así que, por muy hastiado que estuviera de la misma plática insesante de Draco odiando a Potter, se acercó al rubio.

—¿Sucede algo malo? —quiso saber, sonando muy interesado, aunque por su mente pasaban miles de pensamientos muchísimo más coherentes que estar escuchando quejas siempre repetitivas sobre el rubio.

Pero le sorprendió la respuesta de Draco.

—Usted nos engañó a todos, profesor Snape. —los ojos grisáceos brillaron, sabía muy bien a que se refería.

¿Por qué no confió en él? Era su ahijado y podría saber qué cruzaba por la mente desequilibrada del Gryffindor.

—Yo no traicioné a nadie. —espetó el profesor, llamando la atención de algunos alumnos de Slytherin que alzaron la mirada, prestándole atención.

—Hablaremos después, profesor... está llamando mucho la atención... y no quiero arruinarle su plan.

Se puso en pie y se marchó, topándose en la entrada con Harry Potter, quien le miró fijamente.

—Malfoy. —le saludó, y siguió de largo.

El rubio simplemente le miró... odiaba a Harry... por ser tan estúpido.


—Bella, querida... quiero que hagas algo por mí.

La mujer le miró obedientemente, esperando la petición de su señor, sabiendo que iba a ser una muy buena misión porque ya llevaba mucho tiempo sin ejecutar alguna, y estaba esperando ansiosa algo bueno.

Sus ojos negros brillaron de ansiedad.

—Lo que usted ordene, señor. —dijo.

—Sólo quiero que le hagas llegar a Draco su primera misión... a través de su padre. Podrías hacer eso? —quiso saber.

—Si es lo que usted quiere, señor. No dude que lo haré.

Tras esas obedientes y sumisas palabras, dio media vuelta y se marchó... Su sobrino iba a matar a alguien, y ella iba a decírselo a Lucius.