N/A: Hola, gracias a el sutil acoso de Thestral212, he vuelto. Acabo de terminar el capitulo y lo voy a publicar como un regalo de navidad adelantado, espero les guste.

Lili: Gracias por leer, ten por seguro que la voy a terminar aunque me tarde mucho.

Luna del desierto: Shimako y Noriko tienen esa relacion casi mitica con una quimica impresionante que no podia dejar por fuera ya que es parte de la magia de Marimite, nunca fui fan de Shimako pero Noriko es lo maximo y gracias a ella, su amada me cae mejor. Con respecto a Yumi, habra un poco mas de descripcion del maltrato que sufrio pero tratare de manejarlo de una manera sutil para que no hiera sensibilidades. Gracias por leer.

Que lo disfruten!


11.- Granizo


Después de pasar una tarde agradable en la que Sachiko pudo relajarse y descansar un poco, las familias Ogasawara y Satou-Mizuno decidieron organizar una salida un poco mas de adultos por lo que optaron por dejar a sus gemelos en casa de sus abuelos.

Ogasawara Sayako y Touro estaban extasiados de pasar el resto de ese día y el siguiente con sus nietos, misma sensación que compartía Mizuno Miyoko, madre de Youko ya que la mamá de Sei se encontraba de viaje fuera del país. Adicionalmente, las rosas blancas decidieron contactar a sus esquivas contrapartes, las rosas amarillas.

Excusándose momentáneamente, Shimako optó por pasar a ver como estaba todo por su café antes de ir a casa a arreglarse para la cena que habían planeado su onee-sama y esposa. Al entrar, una sonriente Hibiki la recibió.

– Buenas tardes Shimako-sama en su oficina le dejé los currículos de los candidatos a chef pasteleros, por cierto, hubo una nueva candidata que se presentó hace como diez minutos – comentó la encargada del café.

– ¿Oh? Entonces creo que ya es hora de decidir quiénes vendrán para ser entrevistados el próximo lunes – agregó Shimako con una sonrisa antes de dirigirse a su oficina en la parte de atrás del café.

Al revisar la experiencia de los candidatos que ya Hibiki había seleccionado, los ojos de Shimako se quedaron fijos en un nombre en particular.

Nijou Noriko.

Lo que le causó mas curiosidad era la ausencia de fotografía en el currículo, algo inusual en estos tiempos, pero compensado con la amplia experiencia y referencias de la chef por lo que, luego de hacer un par de llamadas para comprobarlas, colocó el currículo junto con los otros candidatos que ya habían sido preseleccionados a ser entrevistados personalmente en un par de días.

Luego de hacer una lista con los nombres y números telefónicos de los potenciales chefs a obtener el empleo para que Hibiki se comunicara con ellos antes de cerrar, Shimako se recostó en su silla, miró por la ventana de su oficina y no pudo evitar sonreír al ver caer rosáceos pétalos de un cerezo cercano.

– Ojalá María-sama me conceda mi deseo de ver a esa hermosa desconocida de nuevo – susurró para sí con un sonrojo en las mejillas – mientras tanto mejor pensar en realidades inmediatas – al posar su mirada sobre el escritorio, sus grisáceos ojos aterrizaron en el currículo que reposaba encima de todos los demás – Nijou Noriko, esperemos que seas tan buena como tus impresionantes referencias – sin más, la dueña del café se puso de pie, tomó la nota con la información de los chefs para luego salir al mostrador, darle instrucciones a Hibiki y entregarle la misma para que la encargada se comunicara con los candidatos seleccionados por Shimako.

– Hibiki, aún pueden disfrutar de los cerezos así que cierren después que terminen la limpieza y de contactar a los chefs, además tómense el día de mañana libre, nos vemos el lunes temprano, yo voy a cenar con mi onee-sama y el resto del yamayurikai – anunció la dueña del café con una sonrisa antes de retirarse y dirigirse a su casa a arreglarse.


Después de dejar a los gemelos en casa de sus abuelos, Sachiko se encaminó hacia el apartamento de Yumi. La presidenta siempre había sido temida por todos obteniendo una reputación de aguerrida y perseverante en cualquiera que sea el proyecto a conquistar.

Pero esta vez, la poderosa dueña del conglomerado Ogasawara, dudaba. El simple hecho de tomar la mano de Yumi la tenía titubeante al no saber como la teacher iba a reaccionar a ese gesto un poco más íntimo.

Yumi se encontraba en exactamente la misma posición. Se sentía más cercana con la presidenta, pero, a su vez, aun estaban presentes sus temores. Todo se esfumó en el momento que se armó de valor y acercó su mano a la de Sachiko cuando está cambiaba la canción que sonaba en la radio del auto.

– Y…yo me en…encargo de la música – tartamudeó ligeramente la teacher con el rostro encendido.

– Oh…e…está bi…bien, Yumi – Sachiko bajó la mano y la posó, momentáneamente, en la palanca de cambios y soltó un pequeño suspiro cuando los dedos de Yumi rozaron los de ella por un instante.

– Dis…disculpa Sachiko – agregó rápidamente la teacher mientras su rostro se enrojecía más. La presidenta respiró profundo y tomó la mano de Yumi suavemente.

– No hay nada que disculpar, Yumi – los dedos de Sachiko delinearon suavemente el contorno de la mano de la teacher y se miraron por largo rato hasta que la bocina del auto que estaba detrás alertó el cambio del semáforo a verde y la presidenta aceleró, pero, esta vez, sin soltar la mano de Yumi y sonrojarse inmensamente.


Youko fue la encargada de llamar a las rosas amarillas mientras su esposa usaba su fama e influencias para conseguir reservar una mesa en un exclusivo restaurante de la ciudad. Ambas tuvieron éxito en su misión por lo que ahora la rubia se comunicaba con su petite soeur, mientras la rosa roja hacia lo mismo con la presidenta.

Todas quedaron en verse en el lugar a las nueve de la noche por lo que, siendo las cinco y media, tenían suficiente tiempo para estar listas y llegar a tiempo. Al menos eso creía Yumi hasta que entró a su apartamento, no obstante, no contaba con Sachiko y lo convincente de sus labios.

En el momento que la puerta se cerró detrás de ellas, Sachiko dio un paso adelante con un sonrojo mientras Yumi se sintió más segura de sí y no se alejó, sino que se acercó un poco más y acaricio el rostro de la presidenta con dedos ligeramente temblorosos.

Incluso, no se movió ni un milímetro cuando Sachiko la abrazó suavemente y hasta cerró los ojos cuando la misma acercó su rostro al de la teacher y la besó ligeramente en los labios. Cada vez que se besaban, Fukuzawa Yumi se sentía completa. En su emotiva opinión, la parte faltante del rompecabezas de su vida, corazón y alma se encontraban en Sachiko.

Después de besarse sutilmente, la teacher dio un paso atrás y extendió su mano para tomar la de una ligeramente decepcionada presidenta. Atravesaron parte del apartamento para sentarse en el borde de la cama.

– Sachiko, voy a ducharme y a arreglarme rápido – comentó la teacher con una sonrisa.

– Pero Yumi, es temprano aun – replicó la presidenta – además la distancia al restaurante que mi onee-sama eligió en no tan larga – Sachiko no pudo evitar un bostezo y sus mejillas se enrojecieron al sentirse expuesta.

La presidenta no entendía el por qué se abría tanto con Yumi, pero ese hecho no la incomodaba, sino que la hacía sentir más cercana a la teacher y, por tanto, más humana. Sonrientes ojos cafés se posaron en avergonzados añil y la castaña se acercó lentamente hasta sentarse en la cama nuevamente. Tomó la mano de Sachiko, se levantó y la condujo hasta el borde lateral de la cama para luego sentarse en ella.

– Yo también estoy algo cansada así que tomemos una siesta, onee-sama – susurró la teacher después de tratar, sin éxito, de ocultar un bostezo para luego moverse al centro de la cama a la espera de la reacción de Sachiko.

En pocos segundos, la presidenta se recostó al lado de Yumi y procedió a abrazarla hasta que la catana posó su cabeza en el hombro de Sachiko. Luego de unos delicados besos, no pasaron muchos minutos para que ambas se quedaran dormidas con una sonrisa en los labios.


– Espero que no estés planeando algo que haga molestar a Sachiko, Sei – comentó Youko antes de entornar los ojos al ver una traviesa sonrisa dibujada en el rostro de su esposa.

– ¿Por qué habría de hacer algo? Si tu hermanita por fin está mostrando agallas – la rubia escritora soltó una carcajada y su esposa no pudo evitar sonreír ligeramente – lo cual me parece excelente porque ya creía que iba a morir virgen, la pobre no sabe lo que se ha perdido toda su vida, no hay nada como los pecados de la carne – las carcajadas aumentaron cuando la abogada le lanzó una almohada, la cual Sei logro esquivar fácilmente.

– ¿Qué tal si mejor haces algo productivo y nos preparas un baño? – el tono sugestivo de Youko hizo que Sei se sonriera de manera pícara y, sin perder ni un solo segundo, se dirigió apresuradamente al baño a hacer lo que su esposa le había encomendado.

Me encanta cuando Youko es traviesa y eso solo pasa cuando su hermanita está bien.

Gracias Sachiko.


Alrededor de las ocho y media de la noche, las antiguas miembros del Yamayurikai empezaron a llegar al exclusivo restaurante donde Sei había hecho las reservaciones. Las primeras en llegar fueron Sachiko y Yumi seguidas, casi inmediatamente, por Sei y Youko.

Sabiendo de antemano lo elegantemente tarde que las rosas amarillas tienden a llegar, las dos parejas decidieron esperarlas en su mesa. Al momento de ser dirigidas a la misma se llevaron una sorpresa al ver a Shimako tomando una copa de vino tinto de la manera más elegante, como toda una señorita egresada de Lillian.

– Veo que te nos adelantaste, Shimako – comentó con picardía su rubia onee-sama antes de sentarse a su lado, robarle la copa de la mano y tomar un sorbo de su bebida – oh, buena elección, que orgullosa me siento de mi petite soeur a diferencia de otras estiradas que conozco – a lo que la dueña del café sonrió, Sachiko entorno los ojos y Yumi sonrió ligeramente.

– Onee-sama, ni siquiera hemos ordenado y ya estás buscando problemas – Shimako regañó a su hermana mayor con tono divertido, ciertamente ella disfrutaba las bromas de Sei pero algo le decía que quizás no era el mejor momento para provocar a Sachiko.

Luego de que todas se saludaran y tomaran asiento, entablaron una conversación agradable en la que Yumi contaba cómo conoció a Shimako y la presidenta prestaba atención a cada mínimo detalle mientras el matrimonio Satou-Mizuno intercambiaban miradas divertidas en ver a una Sachiko que no se veía tan absorta en un tema a discutir que difiriera tanto de los negocios que tanto le encantaban.

– Definitivamente perdimos a tu hermanita, Youko – susurró la rubia escritora con un dejo de picardía – no tiene ojos para más nadie que no sea Yumi-chan –

– Es cierto, pero me parece justo que Sachiko pueda experimentar lo que es ser feliz con alguien que se nota que siente lo mismo que ella – la abogada agregó en un tono bajo para que solo su esposa la oyera, a lo que esta asintió afirmativamente.

– Les auguro un porvenir prometedor – comentó Sei para luego tomar un sorbo de su vino – siempre y cuando tu hermanita no meta la pata y, créeme Youko que ella a veces tratando de no hacerlo la mete aún más –

– Te puedo asegurar que no lo hará – aclaró la abogada mientras colocaba su copa en la mesa – sin saberlo, Sachiko ha cambiado notablemente y eso es gracias a Yumi-chan –

– A pesar de tantos años ya veo que no dejan de conspirar juntas, definitivamente hay cosas que nunca cambian – una voz con un dejo de indiferencia manifestó y la mesa quedó en silencio hasta que Sei levantó la vista y soltó una carcajada.

– Y después de tanto tiempo uno esperaría que Deko-chin hubiese aprendido a ser puntual, pero ¿qué se le puede hacer? Hay gente que nunca cambia – espetó la rubia antes de soltar una carcajada.

– Eriko, qué bueno verte – saludó Youko a la rosa amarilla de su generación – lo mismo va para ustedes, Rei-san y Yoshino-san –

– Youko-sama, Sei-sama, Shimako, Sachiko – la rubia saludó de manera respetuosa – un placer verlas de nuevo –.

– Youko-sama, Sachiko-sama, Shimako-chan – saludó la castaña que ahora, en vez de usar dos trenzas optó por una sola – Sei-san – agregó antes de chocar los cinco con la escritora a lo que tanto la abogada como la presidenta entornaron los ojos ya que ese no era un comportamiento digno de una egresada del prestigioso colegio Lillian.

– Veo que tenemos a una nueva integrante en el grupo y nadie ha tenido la gentileza de presentarla – disertó Eriko en voz alta y Sachiko frunció el ceño ligeramente.

– Eriko-sama, Yoshino-san, Rei ella es Fukuzawa Yumi la tutora de inglés de mis hijos y los de mi onee-sama – la presidenta presentó a la teacher con las mejillas teñidas de rosado y la mayor de las rosas amarillas sonrió con picardía – Un placer Yumi-san, nosotras tres fuimos parte del yamayurikai en nuestro tiempo en Lillian, específicamente de las rosas foetidas – Eriko sonrió cálidamente al ver a Yumi saludarla con una inclinación respetuosa – la pequeña que es incorregible y apegada a la gigantea se llama Shimazu Yoshino – a lo que la anteriormente mencionada resopló y miro hacia otro lado mientras se sentaba al lado de Shimako.

– Esta gigantona de aquí es mi petite soeur, Hasekura Rei-chan – que luego de hacer una reverencia se sentó al lado de Yoshino con un ligero sonrojo adornando sus mejillas – y yo soy Torii Eriko y por lo que veo Sachiko te tiene un afecto muy especial ya que ella no es amable con…– luego de una pausa dramática y un suspiro por parte de la presidenta, la ex rosa amarilla continuó –…nadie –.

– Eriko, mi petite soeur ha cambiado así que no la juzgues por favor – Youko afirmó para evitar que su hermanita se alterara.

– Quizás Fukuzawa-san represente algo más en la vida de Sachiko, Youko – agregó la rosa amarilla con malicia y Sei se echo a reír al ver que no le tomó mucho tiempo a Eriko para darse cuenta de la cercanía entre la presidenta y la teacher.

– De hecho, Eriko-sama – replicó Yumi con una sonrisa mientras extraía de debajo de su camisa el rosario que le había dado Sachiko y todas las rosas, exceptuando Youko quedaron sorprendidas – Sachiko es mi onee-sama –.

Antes de que la presidenta tuviese que explicar sus acciones, el jefe de meseros se acercó a pedir su orden de bebidas y la presidenta no pudo respirar más aliviada.

– Calma, ella solo tiene curiosidad Sachiko – Yumi le susurró al oído después de ordenar – todavía tenemos mucho que resolver así que no te estreses – la teacher acarició la mano de la presidenta que reposaba en su pierna y Sachiko se relajó notablemente reflejado en la sonrisa que iba invadiendo su rostro.

– ¿Ves? Totalmente sometida – Sei le comentó a su esposa que simplemente asintió con una sonrisa en el rostro.

– No deberías hablar tan alto Sei, considerando que estas en la misma condición de Sachiko– agregó la abogada con un dejo de malicia mientras la rubia se sonrojó.

Ahora la conversación giró en torno a Yumi. Tanto Eriko como Yoshino se mostraron sumamente interesadas en la profesora que asistió a Lillian por un periodo tan corto que no la llegaron a conocer y que ahora era 'petite soeur' de Sachiko. Rei, por su parte, simplemente optó por escuchar.

El resto de la cena pasó en armonía, todas compartieron historias de su tiempo en Lillian y Yumi no pudo sentirse más a gusto; quizás era por todo el vino que había ingerido, pero jamás en su vida, Fukuzawa Yumi se había sentido parte de algo o cómoda compartiendo con alguien y el hecho que las miembros del yamayurikai la hayan aceptado como parte de su exclusivo grupo la hacía sentir feliz.

Sachiko no dejaba de observarla y se sentía dichosa de ver a Yumi tan cómoda a pesar de estar rodeada de gente que acababa de conocer. No pudiendo soportar la 'distancia' que la separaba de Yumi, que era de treinta centímetros a lo mucho, la presidenta se sintió lo suficientemente valiente para abrazar a Yumi por la cintura y atraerla más hacia ella.

Quizás era gracias al efecto de las numerosas copas de vino que se había tomado o, simplemente, porque era lo que su corazón deseaba y que, gracias al efecto etílico del coraje líquido, Ogasawara Sachiko fue capaz de hacer lo inesperado y rozó sus labios con la comisura de los de la teacher que no pudo estar más sorprendida al igual que el resto de la mesa.

Sei, que convenientemente había ocupado la silla de Youko mientras ella y Eriko se habían retirado momentáneamente al baño, no pudo resistir susurrarle algo al oído a Yumi a lo cual ella se sonrojo intensamente.

– Bueno al menos ya sabemos las intenciones de Sachiko – Eriko comentó divertida.

– ¿A qué se refiere, Eriko-sama? – la presidenta preguntó con inocencia y hasta Yumi se rio de lo despistada que Sachiko podría ser cuando ingería bebidas alcohólicas.

– Creo Eriko-sama se refiere…– Yumi se acercó a la presidenta y le susurró en un tono un poco alto como para que el resto del yamayurikai escuchara –…al beso que me diste en la mitad de los labios, Sachiko – solo unos segundos fueron suficientes para que la presidenta se diera cuenta y sus azules ojos se abrieran inmensamente mientras la mesa explotó en risas.

– Gracias Yumi, has hecho mi día, que digo mi día, mi vida mil veces mejor – Sei no podía dejar de reír – ver a la ¡Oh, gloriosa y omnipotente! presidenta del color de un tomate, no tiene precio – las risas de la rubia se intensificaron al ver lo avergonzada que Sachiko estaba por su público desliz.

El ambiente se sentía más relajado hasta que se acercó el mesero para recibir sus órdenes de postres. Debido a la fecha, la temática estaba inspirada en los cerezos, por lo que era el ingrediente predominante en la selección del menú.

Después de tomar el pedido, el mesero se retiro a la cocina y en unos minutos estaba de vuelta con los postres hermosamente decorados para la ocasión.

Apenas saboreó el primer bocado, Shimako fue transportada a aquella tarde cuando los cerezos caían por doquier y tuvo un encuentro de ensueño con unos ojos de ébano que se tatuaron en su alma. El sonrojo no se hizo esperar y la dueña del café degustó su postre en el más absoluto silencio y sumergida en el torbellino que era su mente en el momento.

Toda la mesa se sumió en un etéreo sopor. Las rosas deleitaron sus respectivos manjares como si fuese la más sagrada de las ambrosías traída directamente del Olimpo para deleitar sus paladares. Tan amante de los dulces como era, Satou Sei fue la primera en terminar.

– No sé ustedes, pero a mí me encantaría la receta de estos postres, están divinos – comentó la rubia mientras le daba el ultimo trozo de su postre a Youko, un privilegio que la abogada adoraba. Rápidamente, Rei le hizo señas al mesero para que se acercara, pero fue Shimako la que habló.

– Nos encantaría felicitar al chef que preparó estos deliciosos postres ¿podría llamarlo, por favor? – preguntó Shimako con una sonrisa, el mesero asintió y después de hacer una respetuosa reverencia se retiró.

No pasaron ni dos minutos para que los ojos grises de la mas joven de las rosas blancas de abrieran en absoluta sorpresa.

– Ella es la chef pastelera encargada de los postres que degustaron el día de hoy, con su permiso – el mesero se retiró mientras la chef dio un paso adelante.

– Buenas noches, mi nombre es Nijou Noriko y me hace feliz que mis creaciones hayan sido de su…– los oscuros ojos de la chef se posaron en unos grisáceos que la habían tenido distraída desde que los vio por primera vez y las palabras la abandonaron y, su normalmente abundante léxico, se vio reducido a cenizas –…agrado –.

Las miradas de todas estaban centradas en Shimako y Noriko. Después de varios segundos en la que ninguna de las dos daba el primer paso, Sei soltó una suave carcajada divertida y el hechizo se esfumó y tanto la chef como la dueña del café miraron hacia direcciones opuestas con las mejillas teñidas de granate.

– O…key esto es nuevo – comentó la escritora mientras el resto de la mesa se movía de manera algo incomoda y trataban de mirar a cualquier lado menos a las dos sonrojadas mujeres – creo que hablo en nombre de todas cuando digo que nos fascinaron tus postres Noriko-chan – una rápida mirada a su petite soeur le dijo todo lo que quería saber – quizás a unas más que a otras – agregó con una sonrisa y el rostro de Shimako se encendió aún más y las risas de las demás no se hicieron esperar.

Mientras todo aquello pasaba, la teacher se acercó a Sachiko y le susurró al oído mientras se levantaba – Ya vengo –.

– ¿Para dónde vas Yumi? – la presidenta trató de levantarse, pero la castaña le colocó una mano en el brazo.

– Solo voy al baño, no te preocupes – la teacher sonrió y se dirigió a los sanitarios.


Después de un rápido cruce de miradas con su onee-sama, Shimako se levantó y siguió a Noriko a la cocina ya que la chef quería mostrarle la receta del dulce que la dueña del café había probado.

Luego de una rápida explicación y una segunda degustación por parte de Shimako, Noriko esbozó una radiante sonrisa – me alegra verla con un mejor semblante que el de esta mañana, ¿señorita…? –

– Toudo…– una tímida sonrisa se asomó en los labios de la dueña del café – Toudo Shimako – en el momento que sus manos entraron en contacto, el ambiente se llenó de electricidad, era innegable la peculiar química que existía entre ambas.

A partir de ese momento, el tiempo empezó a avanzar más lentamente. Tanto la chef como la dueña del café no querían que lo efímero del momento fuese olvidado, sino que, se les quedara grabado en el alma como uno de esos encuentros que cambian vidas.

Lamentablemente, el tiempo no se detiene y la vida sigue su curso y al ingresar nuevas órdenes, Noriko debía volver al trabajo por lo que Shimako se vio obligada a volver a su mesa.


Desde que la conocí, mi mundo ha cambiado drásticamente. Sachiko se ha convertido en una parte importante de mi vida y no puedo negar que la atracción que sentimos es territorio nuevo e inexplorado, pero a su lado siento que cualquier obstáculo, por pequeño que sea, podrá ser fácilmente superado siempre y cuando estemos juntas.

– Quien diría que me volvería cursi – susurró para sí la teacher mientras se lavaba las manos con una amplia sonrisa.

Luego de retocar su ligero maquillaje, tomó su cartera y volteó hacia la puerta para volver a la mesa, pero sus pies se volvieron de cemento y sus ojos castaños se abrieron inmensamente mientras su rostro se llenó de miedo.

– Definitivamente el mundo es extremadamente pequeño – dilucidó una voz de otros tiempos y que Yumi no había querido escuchar nunca más porque aún la perseguía en sus pesadillas – ¿o me equivoco mi pequeña gatita? –

– ¡Shi…Shizuma-sa…sama! – tartamudeó una completamente aterrorizada Yumi mientras apretaba su cartera entre sus manos hasta que sus nudillos se tornaron blancos y su rostro palideció.

Sachiko, ayúdame por favor…


N/A: ohhh un cliffhanger, tranquilas que la historia se pone interesante. Tratare de escribir rapido para que no se me angustien. Review?