¡Muy buenas tardes señoritas hermosas! *-* Ojalá que hayan tenido una linda semana y que su fin de semana sea muy bueno. Sí, sé que ahora la actualización demora más, pero son los gajes de andar ocupada y demás, pero igualmente espero que sus lindos corazoncitos sepan perdonarme y tenerme paciencia. Ahora pasando a tema, espero disfruten del capítulo de esta semana y visualicen la guerra de rubios que se avecina (?). Jajaja ok no tanto así, pero, ¿qué es la vida sin un poco de drama y complicaciones amorosas?

Gracias por agregar esta historia a favoritos :D

Force-antirubios.- Antes que nada, tu nickname me mató de la risa XD De verdad que me sacó una buena sonrisa en el momento en que lo leí. Te ganaste mi respeto con ello (?). Yo no es que odie a Kise, pero siento un enorme gusto maltratándole donde sea que salga muahahaha y bueno, quería meterle algo de drama a esto. Aunque me hace muy feliz que Kai te simpatice *3*9. Espero seguir leyéndote por aquí pequeña y muchas gracias por tu comentario.

¡Ahora sí, disfruten la lectura y no se olviden de expresarme sus quejas o formaciones de grupos hater anti Kotoko! XD

Capítulo 11

Él no te merece

El desayuno había terminado hace menos de media hora y todos estaban alistándose para salir. Después de todo, la propuesta de Akashi todavía estaba de pie y nadie quería objetarle nada. Aunque también estaba el hecho de que cierta persona no quería que le diera ni el más pequeño rayo de sol a causa de la cruda que se cargaba.

Aún con las quejas de ese chico, partieron. Sin embargo, se les hizo algo extraño que Aomine mantuviera cierta distancia del blondo. Fue entonces cuando las conclusiones empezaron a saltar precipitadamente.

—Así que cruzaste esa línea entre la amistad y la infidelidad, Kise-kun –no era de extrañarse que la primera puñetada llegara por parte de Kuroko.

—Debo admitir que estoy algo decepcionado con tu comportamiento, Ryouta. Creía que habías dejado ese amor platónico en secundaria –suspiró tendidamente, mirándole detenidamente.

—Mine-chin ya tiene dueño, Kise-chin~

—Y antes de que culpes al alcohol, está claro que tu inconsciente te ha delatado, Kise –habló el de gafas. Había sido obligado a acompañarles mediante sutiles amenazas hechas por Akashi.

—Pobre Kasamatsu… Debió de haberte golpeado más para que fueras un poco más fiel –comentaba Kagami con esa sonrisa burlona de oreja a oreja.

—¡Yo no he sido infiel ni nada por el estilo! ¡Todo es culpa del alcohol, el a-l-c-o-h-o-l! –objetó antes de que sus amigos continuaran haciendo más y más conjeturas sobre sus bajos instintos.

—Todos aquí sabemos que te gustó durante toda la secundaria y que claramente no sólo admirabas su estilo de basquetbol –relataba Tetsu con su mirada puesta al frente; el moreno ya les llevaba bastante delantera por lo que no podía escucharles.

—Y que nunca le dijiste nada porque eres idiota y no te diste cuenta de que tenían los mismos gustos –Kagami, compartiendo su opinión con todos.

—Y ahora que te has enterado, ya tiene a alguien más. Curiosamente rubio, pero aparentemente mejor que tú en muchos aspectos –añadió con saña, Shintarou.

—La vida está llena de crueles ironías, Ryouta.

—Lo peor del caso es que Mine-chin te está evitando~.

—Y que si Kasamatsu-kun se entera terminará contigo y nunca en la vida te volverá a dirigir la palabra. Puede que en futuros partidos estampé la pelota contra tu cara.

—Kurokocchi, eso es lo que tú haces en los partidos.

—Mis manos se resbalan en ocasiones cuando mandó alguno de mis pases –se excusó, mintiendo magistralmente.

—¡Mientes Kurokocchi!

—Sólo ve y discúlpate por lo que hiciste –la propuesta de Midorima era la más acertada, pero Kise ya no tenía ese mismo valor que el alcohol le ofertó anoche.

—De que Tatsuhisa te golpee, no pasa Kise –por alguna razón Taiga quería que ese escenario se presentara.

—Kagami-kun, no deberías desearle esa clase de cosas a Kise-kun. Ya suficiente tiene por haber sido rechazado por Aomine-kun y saber que pudo haber tenido una oportunidad con él pero la perdió por faltarle agallas.

—Oe, lo que dijiste fue mucho más severo que lo que mencioné yo…-a veces, sólo a veces, Kagami temía por la malicia intrínseca que su chico poseía.

Y mientras ellos continuaban en su tendida charla, el moreno estaba atento a todo su entorno. Eso le ayudaba a no pensar en lo que había ocurrido hace unas horas atrás y en la abrupta declaración hecha por Kise. ¿Y es que cómo pretendía que ahora la mirara como antes si recordaba esas palabras y ese beso? Sencillamente le era imposible por el momento.

Además, había una extraña sensación en su pecho molestándole cada que se descuidaba y conmemoraba el acontecimiento ligado al modelo. Era como si fuera una mezcla de remordimiento y arrepentimiento. Como si tuviera que disculparse con alguien y no necesariamente sabía por qué.

Maldito Kise, ¿por qué tenías que decir algo como eso? Ya suficiente polémica causaste con ese estúpido beso…Tsk… Si el idiota de Tatsuhisa se entera, estaré en…-sus pasos se detuvieron de golpe, logrando que se percatara de lo que estaba meditando. Otra vez estaba con esas ideas absurdas e innecesarias-. Lo que haga o deje de hacer no tiene por qué competirle a ese ególatra. Así que tampoco esto.

Habían llegado a la zona departamental donde vivía cierto rubio fastidioso. Sin embargo, no tuvieron la necesidad de llegar hasta el piso del aludido, ya que éste se encontraba abandonado el edificio. Y por las vestimentas que llevaba, estaba fijo que iría a ejercitarse un poco.

—Bueno, ya lo vieron, larguémonos de aquí –demandaba el moreno a todos por igual.

—Un momento, Daiki. Ya que hemos venido desde tan lejos, quizás deberíamos observarlo un poco.

—Tenemos que asegurarnos de que sea un buen hombre para ti, Mine-chin~

—Espiar a las personas está mal –al fin Midorima estaba de acuerdo con Aomine.

—Es casi cinco años mayor que Aomine-kun. Así que seguramente posee muchos secretos sospechosos y tal vez…hasta tenga una doble vida.

—Tetsu, ¿qué te hice? No me culpes porque Kagami no te divirtió lo suficiente anoche.

—¡No me metas en tu bola, Ahomine!

—Además, ¿para qué quieres observarlo, eh Akashi?

—Mine-chin, no seas celoso~. Aka-chin solamente quiere evaluar si él es lo mejor para ti.

—¡Pues que se encargue de evaluar a sus parejas, no a la mía! –vociferó.

—¿Se han dado cuenta? –preguntó Kuroko para todos.

—¿Que Tatsuhisa ya nos dejó muy atrás? –decía el pelirrojo.

—¿Que se nos han acabado las galletas con chispas de chocolate y debemos comprar más para seguir con la sesión de espionaje? –siseaba el comelón Atsushi.

—¿Que no es ni la mitad de apuesto que yo? –comentario que no podía venir de nadie más que no fuera Ryouta.

—No. Eso no.

—¿Entonces? –curioseaba Seijuurou.

—Que Aomine-kun ha dicho que Tatsuhisa-kun es su pareja. Y eso no lo había admitido hasta ahora –le sonrió tenuemente a su amigo-. Aomine-kun, felicidades.

—Tu comentario me hace querer golpearte.

—Y yo que creía que solamente eran amigos con derechos –espetaba Taiga burlesco. Aomine por su lado lo golpeó directo en las costillas.

—Ahora que ya hemos dejado las cosas claras, sigamos a Kai –indicó el líder innato de Akashi.

—¡¿Qué?!¡No hemos dejado nada claro! ¡Y él no es mi pareja ni nada por el estilo!

Tras algunos pequeños inconvenientes, lograron alcanzar al rubio y seguirle el paso de cerca. Por lo que no extrañaba que terminaran corriendo detrás suyo, guardando una distancia que les permitiera seguirle y no ser vistos; al fin de cuentas un poco de ejercicio cardiovascular no iba a matarlos.

—Tiene buena condición –comentaba Akashi, con la atención puesta en el blondo. Se había detenido en un parque y ahora saciaba su sed con el bebedero.

—Y cuesta creer lo popular que es… Tres chicas le pidieron salir con él de camino aquí –mencionó un Kise un tanto opacado por la frescura de cierto chico.

—Bueno, eso es normal. Todas en la escuela están detrás de él –agregó tras un largo bostezo el moreno.

—Es bueno saber que tienes tanta autoconfianza en tu persona, Aomine-kun.

—¿Por qué sonó eso como un insulto?

—Porque lo fue –le informaba Kagami.

—Miren, va a comprarse una crepa…Yo también quiero, Mine-chin, cómprame una~.

—¡Comprátela tú! –lo que le faltaba, que ese gigantón estuviera de pediche.

Todo parecía ir normal. Kai comía su apetecible crepa de relleno de fresa y crema batida mientras descansaba en una banca desocupada e ignoraba el cuchicheo de las adolescentes que habían decidido que era buena elección el hacerle un poco de compañía y desviar sus pulcras miradas de vez en cuando en su indiscutible buena anatomía.

—Es muy raro recibir una llamada tuya, Hadrien. Considerando que nos separa una diferencia horaria…-por lo visto Kai había decidido responder a su móvil y todos se mantenían callados para escuchar atentamente-. ¿No pudiste resistirte? Eres un caso perdido. Lo mejor sería que te mudaras a Japón si no puedes estar tranquilo…-expresó con comicidad-. Claro, puedes quedarte conmigo, no hay problema con ello.

—Ha invitado a alguien...a quedarse con él así como así…-mencionaba Kagami lo suficientemente fuerte como para que le escuchara el moreno.

—Por el nombre dicho, claramente hacía alusión a un chico –Akashi, el siempre conocedor de todo lo habido y por haber.

—¿Crees que esté engañando a Mine-chin? Tal vez tenga uno por día –si Daiki no golpeaba a esa jacaranda viviente era porque estaba lejos de su alcance. Si será mete aire.

—Tal vez solamente estamos haciendo conjeturas apresuradas –al fin Kuroko decía algo de buenos amigos-. Posiblemente Aomine-kun no llegue ni a ser eso para Tatsuhisa-kun.

—Bien podría ser sólo una mera diversión. Ya saben, una manera de matar el tiempo –el día en que Midorima empezó a ser social fue el momento en que decidió unirse al bullying colectivo hacia Aomine.

—No creo que alguien así te convenga, Aominecchi~ -siseó vagamente, para que prácticamente nadie le escuchara. Lástima que tenían buen oído.

—Él puede invitar a quien se le dé la gana a su departamento. No tenemos una relación ni nada por el estilo, así que cada quien puede andar con quien se le plazca –el dedo meñique se incrustó en su oído, con la única función de minimizar la comezón que sentía-. ¿Qué? –se sentía extraño siendo mirado de esa manera; es como si les hubiera dado el peor insulto de sus vidas.

—¿De verdad no te molestaría que llegaras a su departamento mientras él tiene a otro chico allí dentro, Aomine-kun?

—Es como si…vivieran algo así como una relación libre…

—Kise, eso es justamente lo que quise dar a entender…-¿es que todos eran unos moralistas con las relaciones que le miraban como una oveja descarriada y sin futuro? Sólo se veían para hacer una cosa y después cada quien volvía a su vida.

—Eso hace que este chico sea aún más peligroso…-Akashi masajeó su mentón, cavilando quién sabe qué cosas que la mayoría no desearía conocer nunca. Después de todo, llevaba consigo sus preciadas tijeras.

—Hasta cuándo piensan permanecer escondidos, ¿eh? –todos palidecieron y se quedaron en un mutismo absoluto; incluso abandonaron su patético escondite entre los arbustos. Bueno, no es como si se requiriera ser muy observador para notarlos, más con los tonos tan llamativos de cabello que poseían-. ¿Tan preocupado estás de que mire a alguien más que has decidido espiarme junto con tus amiguitos de secundaria?

—¡Claro que no, idiota! –gritó a voces. Ya quisiera el rubio tener tanta suerte.

—¿Entonces? –se cruzó de brazos, examinando a cada uno de ellos-. ¿Quieres que nos divertimos entre todos? –estaba claro que solamente soltaba esa clase de cosas para hacer que se saliera de sus casillas y ponerlo en ridículo frente a todos.

—Akashi Seijjurou –lo que faltaba, que comenzaran a presentar. Aomine quería que ese día terminara a la mayor prontitud posible.

—Tus amigos parecen personas agradables, Aomine –susurró el blondo al moreno. Ni supo en qué momento se trasladó hasta donde yacía.

—Deja de decir esas gilipolleces, idiota –demandó con hostilidad el peli azul-. Al menos ya están en paz –y por ello se refería a que se habían dispersado y alejado de su persona mientras compraban algo de comer en los puestos cercanos.

—Por cierto, ¿vendrás mañana? –sus celestes ojos estaban enfocados en Kagami y Murasakibara; se encontraban peleando por una crepa.

—¿No va a venir alguien a visitarte?

—Pero qué buen oído tienen todos ustedes –fingió asombro ante sus palabras-. Sí, ¿y eso qué?

—¡¿Qué tan malditamente descarado puedes ser?! –le miró fijamente y él permanecía estoico, sin reaccionar-. Yo no voy a estar allí mientras haces quién sabe qué cosas con ese idiota –era su última decisión. Maldito arranque de impulsividad el que le vino de repente.

—¿Esos son…celos? –se aventuró a concluir. Daiki por su lado le ofertó una buena panorámica de su dedo medio-. Es hasta cierto punto enternecedor, Aomine –al carajo la bonita sonrisa que tenía, que le tocara las narices lo irritaba demasiado.

—Por supuesto que no. Puedes irte y acostarte con todos los tíos que se te plazcan.

—Gracias por el permiso –las pupilas de Aomine se dilataron ante semejante desplante de cinismo. ¿Cómo que le daba las gracias?¿Por qué le molestaba esa actitud después de que fue él mismo quien sugirió la idea?-. Tú no lo tienes, así que abstente de ello –eso segundo indudablemente le dejó una cara total de póker.

—¡¿AH?!

—¿Quieres uno? –ofrecía casual un cigarrillo mentolado al peli azul.

—¡No fumo, deja de ofrecerme eso! –un buen día de éstos ese hombre destruiría sus nervios. Y cada vez estaba más próximo ese fatal suceso.

—¿Qué pasa ahora?¿Ya te perdiste?¿Qué tan descuidado se puede ser en esta vida? –nuevamente estaba más que entretenido con el celular; alguien parecía ser muy insistente-. ¿Ahora mismo? Tengo cosas que…-calló, suspiró con resignación y colgó-. Malditos críos ricachones.

—Hmm…Que te diviertas –se burló a sus anchas. Aunque una parte de él no le hacía puñetera gracia que el rubio fuera a buscar a quién sabe qué tío; pero su orgullo le podían más y hundiría ese sentimiento hasta lo más hondo de su ser.

—Podría acostumbrarme a tu faceta de celos, Aomine –decía cómicamente; el moreno le gruñó y cogió un camino diferente. Había decidido sabiamente largarse, aprovechando que todos estaban distraídos.

—¿Aominecchi…? –a Kise se le había perdido cierto moreno, por lo que lo buscaba cerca de donde Tatsuhisa estaba, sintiendo su miradilla encima-. ¿Sabes para dónde se fue Aominecchi?

—En realidad no –estaba claro que no mentía, pero había algo que le daba cierto repelús en su manera de dirigirse a Daiki; posiblemente esa absurda terminación al final de su apellido.

Y yo que quería hablar con él y arreglar este malentendido…-suspiró con desgano. Incluso su dorada mirada había perdido tenuemente su brillo-. Gracias –fue lo último que salió de sus labios tras regresar con sus amigos.

Solía rehuir de los aeropuertos por razones tan obvias como el respirar. Había demasiada gente yendo y viniendo, cargados de maletas y con una subida de estrés descomunal. Y bueno, él había sido interrumpido a medio sábado; pero no podía simplemente deslindarse de una petición como la de él.

Eran los gajes de la amistad.

Así que sin mayor objeción aguardó en la puerta correspondiente a los vuelos de París-Tokio. Y entre el montón de gente que pronto fue atravesando la puerta, pudo vislumbrarlo sin dificultad alguna; en parte porque casi rozaba el metro noventa.

—…Hadrien –saludaba con cierto ánimo, Tatsuhisa.

Su cabello color vino no parecía estar lo suficientemente domesticado, por lo que las curvadas puntas apuntaban en direcciones como su derecha o izquierda, dándole una consistencia y atractivo peculiar. A la vez toda su frente se hallaba cubierta por un flequillo cruzado, enmarcando sus rasgados ojos. Mientras que sus patillas le llegaban hasta donde terminaba su cuello.

Un chaleco negro y de cuero sobre una playera blanca en conjunto con aquellos pantalones vaqueros lila, recreaban su vestimenta. A su vez un par de muñequeras negras y un cinturón rojo eran sus únicos accesorios.

—Desde el verano que no nos veíamos, ¿cierto?

—Sí, ya tiene un buen rato… Y por lo visto planeas quedarte una temporada por acá, ¿cierto? –lo decía tras contemplar ese par de maletas a los lados del joven.

—Amo el verano –estipuló risueñamente Hadrien.

—Tú no viniste a vivir el verano como el resto –convino, fríamente-. No permitiré que te quedes a solas con ella –sentenció.

—Yo no estoy planeando nada extraño, Kai. Soy un buen chico y solamente quiero pasar tiempo de calidad con mi novia, ¿hay algo malo con ello? –a cualquiera podía embaucar con esa miradita llena de ternura e inocencia, pero no a él.

—Tu definición para ello difiere de la de cualquier otro novio –objetó, entrecerrando sus ojos.

—Vamos, jamás haría nada malo para lastimarla, y lo sabes –aseguró ya con cierta seriedad-. Andando, quiero conocer a ese chico del que tanto me ha hablado Axelle.

—Debí suponer que te contaría sobre eso –suspiró, arrepintiéndose de haberle contado algo como eso a la blonda-. Ya vayámonos de aquí de una buena vez por todas.

Había transcurrido más de media hora desde que instintivamente había llegado hasta esa zona. ¿Cómo demonios sus pasos le condujeron justo allí cuando su ruta mental era una totalmente diferente en cuando abandonó su casa?¿Tan arraigada tenía aquella costumbre que su inconsciente había optado traicionarle para que pudiera obtener ese mundano placer como cada fin de semana?¿O es que existía otro motivo para ello?

Sacudió las ideas de su cabeza y prosiguió con su camino. O eso es lo que pretendía en cuanto sus celestes ojos se encontraron con esos rubíes. Por lo visto eso de que las coincidencias existen, no era un simple mito.

—Aomine, ¿verdad? –sí, frente a él estaba esa rubia, cargando una bolsa de papel con varios víveres.

—La hermana de Tatsuhisa, ¿no? –ella se limitó a asentir.

—¿Has venido a visitarlo? –enmarcó una de sus cejas, mirándole con enorme descaro. Ella parecía saber de antemano la respuesta y el moreno empezó a creer que ese par eran más parecidos de lo que hubiera querido.

—No en realidad –estuvo a punto de darse la vuelta y marcharse, pero allí estaba su peor pesadilla hecha realidad. ¿Cómo demonios llegó hasta allí?

—Hermano –le saludó con una enorme sonrisa-. ¿Pensaste que me había ido a otro lado en vez de hacer las compras?

—Efectivamente –sentenció-. Veo que se han encontrado casualmente –mencionó con inocencia, tomando las cosas de la chica entre brazos-. Y ya que estamos aquí, ¿por qué no desayunamos todos?

—Me niego rotundamente –Daiki refunfuñó, no iba a mover ni un solo pie de donde estaba.

Fue en ese momento en que aborreció el poder de convencimiento y amenaza de ese par de hermanos. Porque contra todo pronóstico y deseo, ya estaba cruzando el umbral, con el ceño fruncido y un humor de pocas pulgas.

Y como si eso no fuera suficiente, lo dejaron a solas con el desconocido, sentado en ese espacioso sillón. El chico miraba la televisión con bastante interés mientras andaba únicamente con pans. ¿A dónde se había ido la decencia, a dónde?

—¿Aomine Daiki, no es verdad? –esas doradas pupilas lo miraron con suma curiosidad. Incluso una sonrisa burlona se delineó en sus labios.

—¿Y tú? –cuestionó con un desinterés que sólo él era capaz de manifestar.

—Zabeck Hadrien, el novio de Axelle, encantado –extendió su mano hacia él, en son de paz. Parece que había logrado leer su lenguaje corporal.

—Gusto –su agarre fue flojo pero más relajado. Maldecía que sus palabras le hubieran quitado un peso de encima. ¿Pero qué rayos pasaba con él ahora?

—¿Quieren que les eche una mano? –se ofreció el peli vino, poniéndose de pie.

—No hay necesidad –estipularon a la par los rubios. Parecía que estaban muy entretenidos haciendo sus cosas como para querer que intervinieran.

—¿Te gusta molestarlo, no es así? –Axelle se limitaba a comer un biscocho de mantequilla mientras esperaba que el horno estuviera en su punto.

—No tengo la culpa de que sea tan temperamental –estipuló. Él por su lado estaba más que entretenido haciendo aquel omelet.

—¿Han estado saliendo desde hace varios meses, no?

—Sé a dónde quieres llegar, Axelle. Así que no tiene sentido que sigas preguntando.

—Solamente siento curiosidad sobre ustedes dos y lo sabes –infló sus mofletes por sentirse totalmente relegada-. Te conozco mejor que nadie, así que no puedes ocultarme nada –fueron sus últimas palabras tras abandonar la cocina; por lo visto había decidido ir a molestar a cierta pareja suya-. Se supone que esta diversión debió haber terminado hace más de un mes atrás… Sin embargo…

—Ya que Aomine está aquí, no creo que haya problema en que salgamos a pasear por los alrededores, ¿verdad? –Hadrien ya tenía a la chica sentada a un lado suyo, echándole el brazo alrededor, besando su mejilla ocasionalmente.

—Mm… Creo que sería lo más pertinente para los cuatro –la joven ya estaba de pie, mirando de reojo a su pareja-. Ponte una camisa y salgamos. Hay varios lugares que quiero que conozcas y hay poco tiempo, así que andando –estaba muy animada y eso claramente el peli vino lo entendía, así que antes de acceder a su petición habría de robarle un prolongado beso a su chica.

—Creo que el que tu hermano ande con Aomine, ha sido lo mejor que podría pasarnos~ -canturreó felizmente y se apresuró a ponerse listo para salir.

—¿Pensaste que mi hermano te engañaba con alguien más? –maldita mujer que podía leer la obviedad de sus pensamientos. Él sólo bufó.

—Él y yo no tenemos nada en realidad. Así que puede hacer lo que se le dé la gana, igual que yo.

—…Par de necios y cabezas duras…-susurró lo suficientemente alto como para que le escuchara-…Diviértanse~ -le quedaba más que claro. Esa mujer había sido cortada con la misma tijera que Kai; maldito parentesco.

—…Tsk… Se salió con las suyas –ese fue el comentario que emergió de Tatsuhisa en el momento en que le escuchó sentarse al comedor.

—Eres demasiado sobreprotector -por lo visto estaba demasiado embobado viendo la tele que no notó cuándo todo fue puesto sobre la mesa.

—No hice todo esto de gratis, así que mueve tu humanidad hasta aquí y come –demandó ya con un genio más recompuesto-. Y no soy sobreprotector, es sólo que Hadrien es bastante particular y no quiero que se meta con ella antes de tiempo.

—Es lo mismo, idiota –bueno, de recordar su actuación en la piscina todo cobraba sentido-. Aunque no lo culpo, tu hermana tiene lo suyo y cualquiera querría pasar a la siguiente base sin mucha demora –él no estaba diciéndolo de relajo ni para cabrearle a posta, lo decía en serio.

—Aléjate de MI hermana –espetó fríamente-. Ella no está a tu alcance y tiene novio, así que olvídalo.

—Ahora eres tú el que se muestra celoso –inquirió muy divertido, sonriendo con enorme satisfacción. Una parte de él se alegraba de haberle comentado algo como eso-. Aunque su nombre es extraño…

—Madre francesa, padre japonés –soltó sin más-. Aunque irónicamente fue mi padre el que eligió ese nombre para ella…Es la menor de los cuatro, así que te imaginas que es la consentida.

—¿Eso significa que vivían en el extranjero? –curioseaba al tiempo que comía. Como siempre, no tenía queja alguna con el sazón del blondo.

—Exacto –se cruzó de brazos cómodamente, con relajación-. Regresamos a Japón hace apenas dos años. Y como puedes ver, a cierto chico no le importa cruzar un par de continentes para venir a verla.

—Así de dinero habrá de tener.

—Sus padres son los más ricos de toda Europa –el moreno prácticamente se ahogó con semejante confesión-. Y tienes suerte que los otros dos no estén aquí o te hostigarían hasta el cansancio –sonrió casi fugazmente, como si la idea le sedujera con demasía.

—No gracias –prefería ahorrarse esa clase de situaciones indeseables.

—Tengo una pregunta –cesó de comer, dejando prácticamente de lado su plato a medio comer-. ¿Qué clase de relación tienes con ese chico llamado Kise Ryouta?

¿A qué venía un cuestionamiento como ése?¿Es que acaso el modelo se le había ocurrido ser más parlanchín de lo normal que soltó algo como eso de una manera tan deliberada? Y que Tatsuhisa le mirara tan expectante, no le ayudaba en lo más mínimo.

—Simples compañeros de equipo –cosa que no era mentira, pero al rubio no le terminaba de convencer.

—La ingenuidad es un atributo atractivo, ¿lo sabías? –calló, recogiendo su plato. Tenía en mente llevarlos hasta la cocina, pero algo le impedía continuar con ello-. ¿Sucede algo? –la pregunta no fue el problema, sino que sus labios rozaban con los suyos con una lentitud casi dolorosa.

—¿Qué fue lo que te dijo? –porque conocía a Ryouta y sabía que poco le importaba incordiar a alguien con sus comentarios. Era perverso aunque tuviera esa cara de ángel.

—Nada. Solamente preguntó hacia dónde te habías ido –Aomine recordó en esos momentos los numerosos mensajes que recibió en el transcurso de la mañana y podía hacerse una idea de lo que decían, pero no quiso molestarse en abrirlos-. ¿Es con quien te diviertes además de mí? –sonrió ladinamente.

—Soportarte a ti me es más que suficiente. No necesito a otro idiota oxigenado.

—…Pues parece que le gustas…-siseó, mordisqueando su cuello sin condolencia alguna y que Daiki gruñera de disgusto sólo le provocó una sonrisa aún más grande.

—Él no a mí –clarificó. Incluso osó en devolverle su amabilidad. Claro, no fue tan delicado como Kai, así que eso iba a dejar una dolorosa marca-. Estando borracho el muy idiota se me echó encima y me besó –relató sin desearlo en realidad, pero presentía que él se iba a enterar tarde o temprano, por lo que era mejor decirlo.

—Si no saben beber, no lo hagan, palma de críos idiotas –fue casi imperceptible, pero Aomine juraba que era molestia lo que emanaba de su timbre de voz. Y el estar consciente de ello le proporcionaba un innegable regocijo-. ¿Qué te da tanta gracia, idiota? –su hostil cuestionamiento únicamente recibió los labios de Daiki, queriendo pasar por los suyos y dominar su humedad interior.

—Hora de recuperar el tiempo perdido –le susurró al oído, hambriento de su ya usual juego de dominación y placer.