Meterse en un túnel, desarmado, a oscuras y tratando de seguir a un tomberi sin candil no era tarea fácil, descubrió Squall después de su enésimo tropezón. Estaba haciendo ruido suficiente como para que el bicho se diera por enterado de su presencia, pero por lo visto al tomberi no le inquietaba demasiado tenerlo tras de sí y continuaba su camino con su parsimonia habitual. El leve resplandor azulado que emitía el sable pistola era la única referencia que tenía Squall, y el comandante le seguía tercamente, trazando en su mente mil y un siniestros planes de venganza.

-Hay bastante humedad aquí dentro, ¿verdad? –se lanzó a comentar.

Al fin y al cabo, no había nadie que pudiera luego ir por ahí contando que Squall, el rey del no-me-dirijas-la-palabra, estaba tratando de entablar conversación con una inteligencia inferior.

-¿Los tomberi tenéis nombres?

-…

-Seifer podría ponerte uno en menos tiempo del que necesitas para llegar donde quiera que vayas…

-…

-De hecho, Seifer podría AL FIN graduarse como SeeD en menos tiempo del que necesitas para llegar.

-…

-Podría incluso, jubilarse como SeeD, si entiendes lo que quiero decir.

-…

-Estoy intentando ser irónico.

En ese momento el tomberi se detuvo y realizó un giro de 90º antes de continuar su camino.

-Al fin una novedad… espera, espera, por ahí sólo hay pared. ¿No me digas que los tomberi desalumbratis pueden atravesar la piedra sólida? –en esa isla llena de monstruos únicos a la que en su mente ya llamaba "el Paraíso de ADMU", ya casi nada podía sorprenderle.

El brillo del sable pistola iluminó una serie de pequeños bultitos mal amontonados contra la pared. El comandante de los SeeD se acercó hasta donde se lo aconsejó la prudencia y estiró el cuello tratando de ver lo que era. Después de unos segundos de revolver entre esas cosas, y tras una breve manipulación, una tenue llama sumó su luz a la del arma de Squall y el tomberi retomó su camino inicial con un candil encendido en su mano libre. Squall se acercó antes de que el tomberi se alejara demasiado y con la luz añadida vio que lo que había contra la pared era lo que se podría denominar el equipo básico del buen tomberi: montones de velas, candiles, pedernales y túnicas sucias.

-Menudo desorden tenéis aquí. En el Lagunamov hay taquillas, ¿sabes?

El tomberi se detuvo y se giró para mirarle.

-Sabía que te iba a interesar. Hala, sigue, ya irás a pisparlas luego. No tengo todo el día.

Y quizás no fuera todo el día, pero aproximadamente 3 horas después Squall tenía la impresión de llevar media vida ya dentro del túnel siguiéndole.

-Esto es una pesadilla… -se lamentó cuando el Bom número 14 hizo su aparición ante ambos e ignorando al tomberi se lanzó directamente sobre él. Squall lo esquivó con facilidad, pues el Bom era más grande de lo habitual y sus movimientos eran muy lentos, y aprovechó el momento en que el monstruo pasaba junto a él para darle un golpe. Decidiendo ser original en esta ocasión le dio un coscorrón con la palma abierta, una vulgar "colleja". Sabía por las trece veces anteriores que no importaba con qué fuerza le diera, que bastaba con tocarle para que estallara dejando tras de sí, y sobre Squall, un montón de babas, limos y porquería variada, aunque eso resultaba más aceptable que tenerlo detrás dándole golpes y rebotando sobre él como un balón hinchado que tuviera además la habilidad de quemarle las puntas del pelo. El bom número 14 no fue una excepción y estalló pringando a Squall de arriba abajo.

-¡Y quisiera yo saber –exclamó furibundo el comandante- ¿cómo demonios lo hacen los civiles y los espeleólogos y todos los idiotas que se meten en túneles y cuevas de todo el mundo y sólo les ataca algún murciélago despistado?!

Al oír sus gritos el tomberi se giró a mirarle con curiosidad.

-¡Yo no llevo armas! ¡Y tú, tú -el dedo de Squall temblaba de rabia contenida al señalar al tomberi-… tú llevas un maldito sable pistola! ¡¿Cómo saben que el SeeD soy yo?! –un pensamiento repentino cruzó su mente- ¿Será por el carnet? –rebuscando frenéticamente entre sus bolsillos sacó su tarjeta identificativa y la fulminó con la mirada- ¡Ajá, aquí lo pone claramente! ¡SeeD, comandante SeeD para más inri! –viendo que el tomberi reanudaba la marcha Squall lo siguió tratando sin demasiado éxito de hacer pedazos su carnet.

-¿Por qué demonios plastificarán estas cosas? –refunfuñaba, haciendo toda la fuerza posible y consiguiendo sólo arrugar y deformar la tarjeta. En su obnubilación no se dio cuenta de que la claridad aumentaba paulatinamente y de que el aire se hacía más fresco y móvil por momentos.

-Esto no es plástico, esto es kevlar del bueno. ¿Quién se encarga de esto? ¿Tenemos un departamento de hacer tarjetas en el Jardín? Con el recorte de presupuesto que les espera ya se pueden traer los bolígrafos de casa…

-¿Recortes? –la voz de Selphie sacó a Squall de su espiral de odio hacia el objeto que tenía entre las manos y sólo entonces se dio cuenta de que había salido del túnel y de que se encontraba rodeado por sus compañeros- ¿Otra vez quieres privar de fondos a la Comisión de Fiestas? –le reprochó la joven.

-¡Squall! –exclamó Rinoa- ¿Cómo te las has arreglado para ensuciarte tanto?

-Apestas, macho, ¿lo sabías?

-Llevamos horas esperándote, Squall, ¿se puede saber qué estabas haciendo ahí dentro?

-Oooh, ¿Squallito se perdió en el túnel?

Irvine puso la puntilla, mientras Squall todavía guiñaba los ojos como si estuviera bajo los efectos de un hechizo de Confusión.

-El tomberi sale limpito… ¿qué haces tú todo pringao de esperma de bicho?

Los SeeD se movieron a una alejándose de Squall con distintas expresiones de disgusto. Quistis se acercó a Rinoa y le pasó un brazo consolador sobre los hombros cuando la joven rompió a llorar. Incluso llegó al extremo de quitarse las gafas para que Squall no se perdiera detalle de su mirada irritada. Las expresiones del resto no eran mucho mejores.

El tomberi seguía su lento recorrido y la mirada de Squall se enfocó en él con la potencia de dos volcanes grandes en plena debacle piroclástica. Una cosa estaba clara: No existe enemigo pequeño.