「Capítulo 11」
– Overdose –
En una habitación de medianas proporciones, la música retumbaba entre las cuatro paredes. Los murmullos de los presentes eran sólo percibidos en las cortas pausas entre pista y pista. Sin embargo, las miradas que acechaban al moreno no se podían ocultar si quiera apagando las luces del lugar.
– ¡Hey, Sasuke! Quiero presentarte a mi mejor amiga, quien por supuesto ya tiene novio, ¿verdad, Ino? –, la mujer de cabellera rosada alzaba la voz por sobre su tono para presentar de manera adecuada a la nombrada. Al mismo tiempo, su rubia compañera sólo observaba cada detalle del mismo joven frente suyo.
– ¿Y Hinata? –, al término de sus palabras, el mayor llevó el envase de lata hacia sus labios y bebió la cerveza que momentos antes había destapado. Extrañada, y sin tener una idea concreta de qué contestar, la peli-rosa prosiguió.
– Bueno, a ella ya la conoces –, con su mano derecha realizó un ademán para acompañar su risa de incomodidad –. Además, ella no puede ver a otro hombre que no sea Naruto –, de repente, soltó el brazo de su compañera para alzar los propios y colocarlos sobre los hombros de su mayor –. ¡Tengo una idea! ¿Podrías ayudarme para que ellos dos terminen juntos? ¡Estoy segura que harían una linda pareja! –, como acto reflejó, alejó las manos ajenas de su persona, dejando a ambas chicas perplejas por su acto.
Días antes había leído los mensajes que la peli-rosa mandaba cada día, sin falta, pero, aunque pusieran a su mejor amigo como excusa para que él asistiera, no tenía planeado hacerlo. Las reuniones de ese tipo le parecían innecesarias y molestas. Sin embargo, cuando la oji-perla expresó sus deseos por no verlo en la fiesta para el rubio, la curiosidad dominó en él.
Algunos minutos pasaron, los suficientes para que el moreno se decidiera por abandonar el lugar, su paciencia se había agotado. Bebió el último trago de su cerveza y dejó caer el envase en el cesto de la basura. Caminó hacia la puerta, evitando encarar a la molesta peli-rosa o al ruidoso de su amigo. Sin dar un vistazo de vuelta, tomó la perilla y la giró, abriendo la puerta de par en par, encontrándose con la figura que había esperado ver.
– Por fin llegaste – Musitó para detener el andar de la menor. Sin darse cuenta, en su rostro se formó una media sonrisa; por insólito que pareciera, ansiaba ver la reacción de la morena ante su presencia en la reunión. Pero, cuando vio en el rostro de su adversa una sonrisa que no había expresado antes, la propia se borró y, al sentir el ligero roce de sus cuerpos al pasar la morena de largo frente su persona, la intriga llegó a él.
¿Tan importante era para ella aquél favor?
Vacilando por algunos momentos, el moreno permaneció en la reunión. Pero, a pesar de seguir a la morena con discreción, ella se rehusaba a estar en el mismo lugar que él. ¿Qué tan inmadura podría ser? Rindiéndose, caminó hacia donde se encontraba el rubio, arrebatándole la cerveza en mano que recién había destapado.
– Esa era mi cerveza, imbécil –, sin ánimos, tomó otro envase de la nevera portátil. Mientras ambos bebían el contenido en silencio, el moreno fijó su mirada en la menor. Debía encontrar la manera de acercarse a ella sin que lo evitara, como había hecho desde su llegada. Sin embargo, un chico de cabellera castaña se adelantó a sus pasos, recibiendo un sorpresivo abrazo de la menor –. ¿Sabes? Pensaba declararme hoy a Sakura, pero… A pesar de que hizo esta fiesta por mi cumpleaños, al único que ella quería ver es a ti –, el rubio dirigió la mirada a su adverso, extrañándose por el comportamiento del mismo.
– A mí me gustan las chicas de cabello largo –, con el envase de cerveza golpeó el pecho del menor, soltándolo.
– ¡O-Oye, ten más cuidado! – Antes de que se derramara más cerveza, el rubio recogió el envase para colocarlo en el cesto mientras, con varias servilletas, intentaba limpiar el contenido derramado. Pero, cuando alzo la mirada, había perdido de vista al moreno.
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Sin pensar dos veces, rodeó a la menor entre sus brazos. A pesar de ya saber la razón de su petición, quería escucharlo de los labios de su adversa; aquellas pequeñas y delgadas comisuras que temblaban al intentar pronunciar palabra; aquellas que comenzaban a robar la atención de sus profundos ojos azabache; aquellas que incitaban al moreno a silenciarlas. Y, al cerrar los ojos, dejó de escuchar la poca coherencia en el hablar ajeno, sintiendo sólo su agitada respiración chocar contra la comisura mayor de los labios propios. A cada segundo podía degustar a la perfección los labios de la menor; una nueva sensación que recorría por cada una de sus terminaciones nerviosas, algo que no podría describir. Poco le importaba si aquél hombre castaño era pareja de quien mantenía entre sus brazos, pues el placer de sentir el húmedo roce entre ambos le hacía perder la noción de su rededor.
Cuando su aliento se agotó, y el separarse era la única opción, el moreno regresó en sí. ¿Quién era esta chica? ¿Y por qué lograba alterarlo de esta manera?
– ¿Q-Qué fue eso? –, el tembloroso timbre de la oji-perla era apenas perceptible entre la música que llenaba el lugar.
– ¿Qué? ¿Acaso eres tonta?
– ¡N-No es eso! Quiero decir… Tu aliento tiene alcohol en él, quizá estás borracho –, la música de fondo se detuvo, dejando que la voz de la morena se escuchara con más claridad.
– No es el caso. Soporto el alcohol, y sólo tomé un envase y medio –, en todo momento mantenía fija su mirada azabache en los ojos perlados de la menor. Le gustaba ver la forma en que se cristalizaban cuando se avergonzaba. Del mismo modo, sus temblorosos y delicados labios se volvieron de su agrado. O, quizá, podría atreverse a decir que todo en ella comenzaba a crear ciertas y nuevas emociones en él –. Hinata, ¿qué es lo que realmente quieres? –, sorprendida, bajó la mirada hacia el suelo, como si esperara encontrar la respuesta en aquél lugar.
– Yo… No estoy segura… – Al cerrar los ojos, decepcionada de sí misma, sintió como la mano adversa sostenía con gentileza su barbilla, levantando así su rostro. Al abrirlos nuevamente, se encontró con un inexplicable brillo en los ojos azabache. Aquél destelló superaba al que había descubierto en la mirada del rubio cuando la peli-rosa se encontraba frente a él. La tensión muscular en su estómago se presentaba como un singular revoloteo de mariposas y, aquellas emociones que creía olvidadas, se hacían nuevamente presentes, alterando cada uno de sus signos vitales.
– Por el contrario de ti, yo sí estoy seguro de algo –, una pequeña pausa aumentó la ansiedad y tensión en la morena. Mientras, el moreno observaba cada uno de sus gestos –. Quiero que seas mi novia.
