Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de musegirl, sólo nos adjudicamos la traducción.
Quarterback Rush
By: musegirl
Traducción: Rosie
Beta: Flor Carrizo
Capítulo 11
El siguiente lunes Edward y yo nos encontramos para almorzar. Todavía estaba en la cola esperando por mi comida mientras Edward buscaba una mesa. El día estaba hermoso, así que las mesas de afuera eran bien escasas. Una vez tuve mi comida me encaminé hacia las puertas para buscarlo. Sus brillantes mechones de cabello bronce lo hacían fácil de reconocer y caminé hacia la mesa sonriendo. Había un chico sentando dándome la espalda, hablando con Edward cuando llegué.
Edward me miró y sonrió antes de contestarle al chico. Me acerqué y giré para ver quién estaba sentado con Edward. Mi sonrisa desapareció y tuve que abstenerme de gruñir abiertamente.
El chico notó mi presencia y miró a Edward, ofreciéndole una sonrisa tranquilizadora.
—Lo siento, sólo será un momento. —Se volvió hacia mí, arqueando una ceja—. Señorita Swan —dijo mi estúpido y jodido profesor de Retórica condescendientemente—, ¿puedo ayudarla?
—Sí —dije dejando caer mi bolsa, cruzando mis brazos sobre mi pecho—. Puedes quitarte de mi puesto.
Edward miraba alternamente entre él y yo con su ceño fruncido y con confusión escrita en todo su rostro.
—¿Disculpa?
—Me escuchaste. Quítate de mi puesto —gruñí. Inhalé tratando de controlar mi temperamento, pero era imposible—. Voy a almorzar con mi novio y estás en mi puesto —gruñí entre dientes.
—¿Tu... tu novio? —tartamudeó, fuera de guardia.
—Sí, mi novio. Imagine eso, la chica de la hermandad está saliendo con el jugar de fútbol. Qué apropiado —me mofé.
—Bella —me advirtió Edward suavemente.
—Oh, lo siento… —Fingí una risa, haciendo mi mejor expresión de estúpida—. ¿No se conocen? George, este es Edward. ¡Él es mi novio y quarterback del equipo de fútbol! —Fingí una risita de nuevo lanzando mi cabello sobre mi hombro. Edward se limitó a mirarme fijamente como si me hubieran salido dos cabezas. Dejé mi actuación, enojada de nuevo—. Edward, este es George. Él es mi profesor de Retórica de la guerra.
El rostro de Edward inmediatamente se volvió frío y monstruoso, sus penetrantes ojos verdes se fijaron en George.
—Un placer conocerte —dijo en voz más alta—, si nos disculpa, me gustaría almorzar con mi novia. Creo que hemos terminado aquí.
George simplemente nos miró asombrando a ambos, abriendo y cerrando su boca como un pez.
—Uh… mmm… y… yo… un placer conocerte —balbuceó y prácticamente huyó.
Me lancé sobre la silla vacía y comencé a sacar mi comida de la bolsa. La mano de Edward apareció cubriendo la mía, deteniéndola por un momento.
—Bella, amor, ¿estás bien? —preguntó.
—Sí, estoy bien, Edward. Es que en verdad él no me agrada. Es un cabrón. ¿Qué estaba haciendo aquí de todas formas? Por favor, no me digas que ustedes dos son amigos o algo por el estilo. —Lo miré con una expresión de horror.
—¡No! No, él simplemente comenzó una conversación, sucede muchas veces. —Se encogió de hombros—. No sabía quién era y parecía un chico lo suficientemente amable. Lo siento, amor.
—No te disculpes, no sabías. No es como si no pudieras ser amigo de él si quisieras… Sólo no esperes que yo sea amiga de él. —Le sonreí, riendo de la forma en que había corrido a mi profesor. Estaba segura de que pagaría por eso en clase, pero sabía que mi trabajo me aseguraría una A como nota. Menos de eso y él tendría un gran problema en sus manos.
No pude haber estado más equivocada acerca de la reacción de mi profesor por como lo había tratado. En vez de ser un completo cabrón, se comportó como un completo adulador. Estaría sorprendida si no dejaba la clase con un chupón en mi trasero. Me alcahueteó y preguntó mi opinión sobre todo, siempre diciéndome cuán perspicaz era y cuán excelentes eran las respuestas que daba. Eventualmente, me realizó otra estúpida pregunta y exploté.
—En realidad no sé y no me importa que Reagan fuera la primera persona en usar el término laser públicamente en relación con la guerra. El hombre también dio Ketchup contado como un vegetal en las escuelas —dije, rodando mis ojos. Que me diga cuan perspicaz era eso.
—Bueno, eso está bien. Has respondido bastantes preguntas hoy, así que no hay problema. —Sonrió. Las expresiones de los rostros de mis compañeros de clases eran de incredulidad.
—¡Oh, por el amor de todos los conejos y gatos, deja de besar mi trasero sólo porque sabes quién es mi novio! No es como si te vas a beneficiar de eso —resoplé.
—¿Quién es tu novio? —preguntó una chica.
—Edward Cullen —respondió otro chico, sonriendo presumido. Un bajo retumbar corrió a través de la clase.
Giré mi cabeza hacia él.
—¿Cómo lo sabes?
—Tu rostro estaba en todas las pantallas del juego el sábado. Él te besó en frente de todo el mundo —resopló.
—Voy a patear su trasero —gruñí.
—Lindo chupón, por cierto. —Señaló hacia mi cuello.
Me sonrojé furiosamente y alcé mi mano cubriendo la marca. Lo miré por un momento y luego reí.
—Gracias, disfruté mientras me lo hacían. —Eso hizo que el bajo murmulló se convirtiera en fuertes carcajadas y risas.
Mi profesor intentó calmar la clase pero para ese entonces era demasiado tarde. La clase terminó más temprano y le dediqué una mirada a George, esperando que entendiera no hacer aquella mierda la próxima vez.
Salí y encontré a Edward recostado contra la pared, esperando por mí. Como siempre su sonrisa era deslumbrante. De hecho, me tomó un momento darme cuenta de que Emmett estaba al lado de él. La sonrisa que Emmett me dedicó no me afectó tanto, pero aun así disfruté los hoyuelos.
Me volví hacia Edward fulminándolo con la mirada.
—Estás en problemas.
—¿Qué hice? —preguntó sorprendido, la sonrisa de Emmett creció.
Entrecerré mis ojos en su dirección.
—Gracias a tu pequeño beso el sábado en el juego mi rostro estaba en todas las pantallas. Ya no soy anónima.
—Amor, eso no fue mi culpa, fue tuya por ser tan hermosa… —dijo dulcemente.
—No creas que me puedes hablar lindo para escaparte de esta —afirmé, dándole un manotazo.
—¡Hey, hey! Cuidado con el atleta herido —chilló. Vi miradas de preocupación en los rostros de mis compañeros de clases quienes estaban chismoseando descaradamente.
—¡No digas mierdas como esa! La gente en verdad te creerá, tú y yo sabemos que estás bien —le advertí.
Me sonrió lascivamente.
—Por supuesto, cariño —dijo guiñando. Sentí el calor subir a mis mejillas mientras imágenes de la noche pasada aparecían en mi cabeza. Edward definitivamente no había tenido ningún efecto negativo por su contusión cerebral. Luché contra un temblor y desvié la atención que de repente estaba recibiendo de los metiches.
—Emmett, ¿qué más?
—Nada, B. Asegurándome de que irás a la práctica de esta noche —respondió.
Suspiré.
—Sí, estaré allí. Como si las otras chicas me permitieran lo contrario.
—Espera, ¿qué? —dijo Edward de repente—. No me quitarás mi tiempo con mi chica —le dijo a Emmett.
Emmett sonrió presumido.
—Qué mal, Cullen. B es toda mía esta noche.
Edward gruñó y me alcé para darle un beso en la mejilla.
—Sólo un par de horas para la Semana Griega. Regresaré después.
—Será mejor que sólo sea para la Semana Griega —murmuró, todavía fulminando con la mirada a Emmett, colocando su brazo alrededor de mí posesivamente.
El evento de la Semana Griega en el cual estaba participando era el juego de fútbol de chicas. Emmett insistió. Trató de arrastrar a Alice y Rose también, pero Alice se negó y Rose estaba entusiasmada hasta que se enteró de que era fútbol de bandera* y no fútbol de contacto. Después de eso, no pudo ser persuadida.
Para la mayoría de los eventos de la Semana Griega, era cada equipo de hermandad y fraternidad unos contra otros, así que le tuve que decir a Emmett que me explicara cómo funcionaba.
—De acuerdo, si cada hermandad tiene que jugar la una con la otra significaría algún tipo de torneo con bastantes juegos, para finalmente tener un ganador del Powder Puff*. Así que, todos los equipos son puestos en uno de dos grupos, ocho equipos de hermandad/fraternidad para cada lado con unos cuantos miembros de cada uno participando. Cinco puntos se otorgan a todas las fraternidades/hermandades del equipo ganador y un punto adicional se le da al equipo cuyo jugador gane el premio al Jugador más valioso. ¿Entiendes?
Asentí.
—Creo que sí. Pero y si las chicas son las que están jugando fútbol, ¿qué hacen los chicos?
Emmett sonrió de oreja a oreja.
—Somos las porristas.
Prorrumpí en carcajadas, no podía esperar para ver a Emmett en una falda sacudiendo pompones.
Luego de un par de horas de práctica sudorosa y cansada estaba recogiendo mis cosas cuando Emmett se acercó a mí.
—Oye, B, ¿podemos hablar un momento?
Alcé mi mirada ante el sombrío tono de su voz y vi la seriedad de su rostro.
—Claro, ¿sucede algo?
Lo pensó por un momento.
—Bueno, no sé. Esperaba que pudieras ayudarme con eso. ¿Has notado a Edward actuando diferente últimamente?
Mis cejas se juntaron en confusión.
—En realidad no. ¿Diferente cómo? ¿Qué has notado?
—Ha perdido interés, supongo, en cuanto se refiere al fútbol. No estoy seguro de que esa sea la manera correcta de decirlo, porque todavía, obviamente, está jugando para el equipo. Pero ya no está interesado en reunirse con representantes de la NFL. Es extraño. Cuando hablamos sobre ello en las prácticas él simplemente cambia el tema o se aleja. Es decir, el scout de los Bears vendrá al juego que será dentro de dos semanas y Edward no se quiere reunir con él. Este verano no paraba de hablar de eso y ahora… —Dejó de hablar, encogiéndose de hombros—. Me preguntaba si te ha dicho algo.
Tragué, pensando sobre nuestra conversación el día anterior luego de haber hecho el amor por primera vez.
—Así que, ¿Edward quería volverse un profesional como lo había hablado y planeado y ahora de repente ya no quiere?
—Sí —asintió él—. Es decir, E, Jazz y yo sólo hablábamos de los equipos que queríamos, quiénes eran los mejores representantes y cuál de nosotros ganaría el Super Bowl primero. Ahora no habla de eso, así de sencillo.
—Él, ah, en realidad no me ha dicho mucho —mentí, sin querer decirle a Emmett algo que Edward aún no le haya querido decir—. Pero por lo general no hablamos sobre fútbol. —Fue mi turno para encogerme de hombros—. Veré si puedo hacer que hable al respecto, ¿vale? O al menos que hable con ustedes si no quiere hacerlo conmigo.
Emmett asintió y nos separamos, había planeado pasarme por mi casa para bañarme antes de ir a donde Edward, pero tomé un bus directo hasta allá. No estaba completamente segura de lo que sucedía, pero sabía que Edward no había sido enteramente sincero conmigo. Mi estómago se retorció cuando me senté en el bus, esperando ansiosa por mi parada.
¿Había cambiado de parecer? ¿Qué lo haría hacer eso? ¿Era debido a mí? No podía ser. Sólo habíamos estado juntos por cinco semanas, ¿cómo pude haber influenciado en algo tan grande en su vida? Y, de todas formas, ¿qué habría hecho para hacerlo pensar que necesitaba cambiar todo su plan de vida?
Para el momento en que el bus llegó a mi parada estaba moviendo mi pierna incesantemente y mordiendo mis uñas. Salí del bus y caminé la calle hasta su apartamento. Coloqué el código de acceso que Edward me había dado e, impacientemente, esperé que el ascensor llegara a su piso. Toqué su puerta y jugué con mis manos escuchando sus pasos acercarse.
La sonrisa de Edward desapareció cuando notó mi expresión.
—¿Bella? ¿Qué sucede, amor?
Me jaló hacia adentro, colocándonos en el sofá, tomando mis manos entre las suyas. Me miró, esperando que hablara.
Antes de hacerlo, me incliné para besarlo, sólo en caso de que las cosas terminaran muy, muy mal, era mi última oportunidad. Intenté memorizar la suavidad de sus labios y su sabor, la sensación de su lengua mientras se movía con la mía. Me aparté y apoyé mi frente contra la de él.
—Te amo —susurré.
Los brazos de Edward se envolvieron mi alrededor y me jaló hacia su regazo. Alzó mi rostro para que lo mirase.
—Me estás asustando, cariño. ¿Qué sucede?
Respiré profundo, intentando descifrar una manera para comenzar la conversación.
—¿En serio nunca te viste jugando fútbol profesionalmente?
La expresión del rostro de Edward se volvió cautelosa y sus brazos se tensaron imperceptiblemente mi alrededor.
—Supongo que nunca no es exactamente certero. Pero eso no cambia el hecho de que no lo haré.
—Pienso que te viste a ti mismo jugar fútbol más de lo que admites.
—¿Qué te hace decir eso? —preguntó nerviosamente.
—Porque Emmett me preguntó si algo sucedió para hacerte cambiar de parecer. No parabas de hablar de eso antes de que el año escolar comenzara y ahora no hablas nada en lo absoluto. Está preocupado por ti. —Hice lo mejor que pude para mantener mi voz suave y gentil, no quería darle cualquiera razón para que se cerrara conmigo.
Suspiró enojado.
—Emmett debería aprender a mantener su boca cerrada y preocuparse por sus propios asuntos. —Alzó una mano para pasar sus dedos por su cabello agitadamente antes de regresarla a mi cintura—. De acuerdo, sí pensé sobre jugar fútbol profesionalmente. Pero antes de alguna vez hacerlo, de verdad siempre pensé que iría a la escuela de medicina y me convertiría en un doctor. Sólo me desconcentré por un momento.
—¿Cuándo comenzaste a pensar en jugar profesionalmente? ¿Cuánto tiempo es un momento?
Se quedó pensativo por un momento, luego sus ojos se conectaron con los míos de nuevo.
—Supongo que comencé a pensarlo, en realidad a soñar despierto, cuando estaba en la secundaria y empecé a ser reclutado para jugar fútbol en la universidad. Pero en realidad, nunca sabes cuán bueno eres hasta que realmente juegas a un nivel superior. Así que si incluso era lo suficientemente bueno para la universidad, eso no significaba que era lo suficientemente bueno para jugar profesionalmente.
»No fue hasta el último año que me di cuenta que podría jugar fútbol profesional. No creía en nada de lo que los demás me decían, hasta que Major me sentó y me habló al respecto. Dijo que tenía potencial para ser realmente genial si aplicaba por mí mismo.
—¿Major? —pregunté, un poco confundida.
Edward rió suavemente.
—El quarterback principal del año pasado. Se graduó y ahora trabaja como entrenador asistente del equipo.
—Oh —dije, sonrojándome—. ¿Entonces por qué cambiaste de parecer? Por lo que dijo Emmett, y lo que tú estás diciéndome, suena como si volverte jugador profesional era algo que en realidad querías hacer.
Se encogió de hombros.
—Te conocí —dijo simplemente.
Pestañeé.
—¿Cómo el conocerme se compara al ir a la escuela de medicina en vez de jugar fútbol profesionalmente? ¿Qué tengo que ver con todo eso?
—Tienes todo que ver con respecto a lo que haga en mi vida. Sería perfectamente feliz siendo un doctor y odias el fútbol, así que la decisión fue sencilla. Iré a la escuela de medicina en vez de a la NFL.
—¡No odio el fútbol! —exclamé. Arqueó sus cejas en mi dirección—. Está bien, a lo mejor no era la más fanática cuando te conocí, pero ahora no me importa. Puede que no entienda mucho lo que sucede y que no me interese seguir a equipos diferentes o lo que sea, pero me encanta verte jugar. Eres tan feliz en el campo y es hermoso verte mover allí. Sin mencionar que tu culo luce fantástico en esos pantalones. —Le sonreí y me sonrió de vuelta.
Alcé mi mano, posicionándola en su mejilla.
—Sé honesto, ¿serías más feliz jugando fútbol profesionalmente o siendo doctor? ¿Cuál de los dos realmente quieres más?
Edward giró su rostro para besar mi mano.
—Quiero jugar fútbol —murmuró contra mi palma. Apartó su rostro de mi mano—, pero no si significa no tenerte.
—No veo como son mutuamente exclusivos —dije suavemente—. ¿Pensarías que soy otra chica caza fortunas y hambrienta de fama en busca de un novio atleta para usarlo si te dijera que quiero que juegues profesionalmente?
El miedo que sentía se concentró en mi estómago mientras me miraba sin ninguna expresión. Mi mayor temor era que el pensara que sólo quería usarlo para mi propio beneficio. No me importaba que hiciera con su vida siempre y cuando fuese lo que deseaba hacer.
—Jamás podría pensar eso de ti, Bella. Eres demasiado dulce, gentil y generosa para siquiera contemplarte siendo tan malvada. Eres demasiado transparente con tus sentimientos para lograrlo, si es que acaso lo intentases. Yo sólo no quiere que termines conmigo porque no quieres lidiar con el estilo de vida que viene con jugar en la NFL.
Enrollé mis brazos alrededor de su cuello, presionando mi rostro en el hueco de su cuello y hombro.
—Edward, soy tuya tanto como me quieras. No podría terminar contigo si mi vida dependiera de eso. Quiero estar contigo, sin importar lo que eso conlleve.
Colocó sus brazos alrededor de mí completamente, apretando mi cuerpo con el suyo.
—Te amo, Bella —susurró.
Sus dedos se enterraron en mi cabello, gentilmente jalando hasta que mi cabeza se alzó hasta la de él. Me besó ferozmente, reclamando mis labios como si estuviera reclamando mi alma. Respondí con la misma intensidad a su pasión, queriendo atarme a mí misma a él por siempre.
Cuando nos separamos ambos estábamos jadeando y me removí incómoda en su regazo. Deslicé mis manos bajo su camisa, deslizando las yemas de mis dedos sobre los músculos duros y definidos escondidos debajo de ella.
—Además… —Sonreí malvadamente—. Si dejas de jugar fútbol, puede que pierdas toda esta definición de los músculos. Y eso sería terrible. —Me reí y empecé a levantarme, jalando de su mano para llevarlo a la habitación.
Él sonrió, pero ligeramente me jaló hacia él
—Fue en serio lo que dije en ese entonces acerca de querer ser un doctor. Quiero que sepas que no te mentí intencionalmente. Pero ahora, tengo que decirte algo que nadie más sabe sobre mí para recompensártelo.
—Sé que fue en serio cuando lo dijiste. —Sonreí suavemente—. Sin embargo, si en realidad quieres, siempre puede ir a la escuela de medicina luego de que te retires del fútbol. O con la cantidad de dinero que estoy segura harás, comprar tu propio hospital. Ahora dime rápido, así podemos terminar lo que comenzamos con ese beso.
Él se rió y me abrazó. Susurró en mi oreja:
—Jugaré fútbol profesional.
Rodé mis ojos.
—Eso no es algo que nadie más sepa, Edward. De hecho, creo que soy la última persona en saberlo.
—De acuerdo, sabelotodo. ¿Qué tal esto? —Me sonrió presumido —: Me voy a casar contigo un día.
Mis ojos se abrieron como platos.
—Edward…
—Espera, Bella. No me importa que sólo nos hayamos conocido por cinco semanas. El tiempo no tiene nada que ver con esto. Sé que te amaré y querré por siempre. —Se inclinó y presionó sus labios contra los míos por un momento—. Me casaré contigo un día, Isabella Marie Swan. Nada cambiará eso.
—¿No puedo opinar al respecto? —lo provoqué gentilmente, sonriendo, así sabría que no era en serio.
—Te preguntaré cuando el momento sea el adecuado. —Se rió quedamente—. ¿Dirás sí? —Esa vez estaba serio, quería saber cómo estaba manejando todo esto.
Lo miré fijamente y mi voz fue fuerte y segura cuando respondí, ni siquiera un poco de temor recorriéndome.
—Sí, me casaré contigo... algún día —agregué al final, sonriendo.
Me besó de nuevo, esa vez sin deteniéndose cuando se volvió apasionado. Las ropas fueron quitadas y de repente me encontré a horcadas en el regazo de Edward en el sofá. Alzó mis caderas y desesperadamente me deslizó sobre su polla. Gemí audiblemente ante la sensación, mis brazos enrollándose alrededor de su cuello. Comencé a mover mis caderas, deslizándose hacia arriba y abajo en su dura polla, gimiendo de placer mientras me llenaba profundamente. Sus manos sostenían fuertemente mi cintura, ayudándome a guiarme. Mordí mi labio y Edward gruñó, inclinándose para besarme a lo largo de mi cuello y el punto detrás de mi oreja que tanto amaba que besara. Jadeé con fervor, cabalgándolo más rápido mientras el conocido placer se construía rápidamente.
Edward empujó sus caderas en sintonía conmigo, sus manos clavándose en la piel de mis muslos. Lancé mi cabeza hacia atrás, lloriqueando cuando tocó el punto dentro de mí que garantizaba mi derrumbe. Envolvió sus brazos alrededor de mí, uniendo nuestros cuerpos, mordiendo mi oreja.
—¡Joder, cariño! Te sientes tan jodidamente bien. Déjate ir por mí, amor. Puedo sentir que estás tan cerca —gruñó Edward en mi oreja y me derrumbé en sus brazos, diciendo su nombre una y otra vez. Sucumbió a su propio éxtasis después de mí. Colapsamos el uno sobre el otro en el sofá por un momento, recuperándonos. Luego de unos minutos, Edward se puso de pie, cargándome y llevándonos hacia su baño por una rápida ducha y luego hacia su cama para el segundo asalto.
El siguiente sábado fue el Powder Puff Game, como también otros eventos para el cierre de la semana griega. Ese fin de semana había sido elegido porque era una semana libre o, como Edward había explicado riendo, una semana libre para el equipo de fútbol.
Estaba emocionado de poder unírsenos para los eventos de ese día, pero sin saber qué conllevaba. A propósito había escondido información acerca de qué estaría haciendo con la esperanza de que no estuviera presente para presenciar mi humillación. Emmett, sin embargo, le dijo a Edward que no podía perderse los eventos de ese día.
El día estaba soleado y cálido, perfecto para desparramarse en los bancos de uno de los campos internos todo el día. Me senté un asiento más abajo que Edward, situado cómodamente entre sus rodillas y mi cabeza descansando en su abdomen. Él estaba, como frecuentemente solía estar, pasando sus dedos distraídamente por mi cabello mientras estábamos sentados allí. El evento de la mañana era deletrear cada letra del abecedario griego usando los cuerpos de los miembros de la hermandad. Cada hermandad había estado trabajando en coreografiar maneras para doblarse, inclinarse y entrelazar cuerpos para cada una de las letras. Tradicionalmente, las chicas participando en el evento eran las nuevas integrantes de las clases siendo inducidas ese otoño.
Como Alice estaba a cargo de enseñar e inducir a los últimos integrantes de las clases, también había estado a cargo de dirigirlas en el evento. Me reí mientras ella ladraba órdenes y criticaba durante una de las últimas prácticas antes de que nuestras chicas salieran al campo.
Miré maravilla y con gran diversión como las chicas se movían y fluían en perfecta armonía juntas, formando cada letra de una manera única y creativa. Era lo mejor que había visto hasta el momento, lo cual no me sorprendía puesto que Alice era la encargada.
Una vez el evento terminó las chicas regresaron a nuestra sección. Los jueces, quienes eran los consejeros, escribieron sus resultados y los dieron para que los anunciaran. Gritamos fuertemente y Alice sonrió con aire de suficiencia cuando nuestro nombre fue llamado como ganador del primer puesto.
Luego del almuerzo, hubo una erupción de pistas y eventos en el campo, donde las fraternidades participaron y, cuando todo estuvo listo, estábamos empatadas en primer lugar. Noté a Tanya de pie con las otras chicas en la hermandad empatadas con nosotras. Miró hacia nosotros y me miró aún sentada cómodamente contra Edward. Me gruñó y se volteó, sacudiendo su estúpido cabello rubio rojizo sobre su hombro.
—¿Edward? —pregunté y volteó su cabeza para mirarme—. ¿Está Tanya en una hermandad?
—Oh, mierda. ¿Está aquí? —dijo, mirando alrededor.
Asentí en su dirección.
—Así que, ¿es un hábito tuyo salir con chicas de la hermandad?
—Chistosa, Bella. No era como si supiera que estabas en una hermandad cuando te conocí. Además, ¿no son todas las chicas de la hermandad fáciles? —bromeó.
Golpeé su pierna y él se inclinó, besando mi coronilla. Emmett me hizo una seña, moviendo su mano en mi dirección.
—Esa es mi señal. Es hora de entrar al octavo anillo del infierno.
—¡No puedo esperar para ver qué harás! —dijo Edward detrás de mí, nalgueándome mientras me alejaba. Le sonreí sobre mi hombro.
Caminé lentamente hacia el campo y agarré el suéter de Edward que había robado y le había dado a Emmett para que lo escondiera para el juego. Me lo puse sobre mi camisa y sonreí. Era enorme, pero olía a él y podría mostrar su número.
Me uní a las demás chicas reunidas en el campo, saludando a otras chicas de las cuales me había hecho amiga durante las prácticas. Noté a varias chicas usando las camisas de Texas o el suéter de damas como el que yo tenía. Parecía que yo era la única usando una verdadera camisa de fútbol y me gané un par de miradas.
Miré hacia los bancos y observé a Edward sonriéndome sexualmente, flaqueado por Alice y Rose. El juego fue llamado a comenzar y los gritos de los espectadores llenaron el aire. Escuché la voz de Edward más alta que la de los demás.
Nos movimos hacia los banquillos mientras las porristas salían, los chicos salieron en enfermizos uniformes de animadoras, agitando brillantes pompones. Casi me caí riéndome cuando vi a Emmett con sombra azul y un fuerte labial rojo junto con una peluca rubia.
Los chicos abrieron el juego con una rutina para cada lado para ser juzgados por el evento. Era comiquísimo ver a esos gigantescos hombres haciendo porras y gritando con voces chillonas. Mi parte favorita fue Emmett intentado hacer una patada alta al final de la rutina. Lanzó su pierna tan alta que su otra pierna salió volando de debajo de él haciendo que cayera fuerte sobre su trasero.
El juego fue llamado al orden y comenzamos a jugar. Técnicamente, yo era el quarterback, pero en vez de lanzarla, por lo general tendía la pelota o, cansada de correr, hacía las jugadas yo misma. Las pocas veces en la cual sí la lancé, eran distancias cortas con una chica disponible y libre para completar la captura. A pesar de eso, el juego fue divertido, todos disfrutamos de una sana competencia entre los equipos. Sin embargo, Tanya era una historia completamente diferente.
Parecía que tenía un problema conmigo, maniobrando para terminar donde yo estaba para cada jugada. Siempre agarraba mi bandera, arrastrando sus dedos en mis brazos ocasionalmente. Intenté no darle importancia, empujándola e ignorando sus burlas. Edward continuó animando fuertemente y yo intenté concentrarme en su voz, sonriéndole de vez en cuando.
Hacia el final de los últimos minutos del juego, el puntaje estaba empatado y Tanya parecía tirárseme encima con mayor fervor. Acababa de pasar la pelota y estaba corriendo para ayudar a bloquear un camino para que mi compañera corriera cuando su pie apareció delante de mí. Me tropecé y caí fuerte contra el suelo. Mi cabeza salió disparada hacia atrás dolorosamente cuando Tanya cogió mi cola de caballo con sus talones, jalando cabello mientras caía.
—Tan patosa, Bella. Deberías ser más cuidadosa —se burló con obvio desdén.
Balbuceé bajo aliento, levantándome y sobando mi cabeza cautelosamente. Hicimos la formación para la siguiente jugada y delicadamente me moví hacia adelante con la pelota. Sabía que se suponía no debíamos hacer contactos la una con la otra, sólo ir por las banderas para indicar que alguien estaba fuera de juego, pero eso no iba a suceder esa vez.
Esa vez, me incliné hacia adelante, mis ojos fijos en Tanya. Fingí tropezarme cuando estaba lo suficientemente cerca y choqué contra ella, haciéndola caer sobre su espalda en el barro. Logré mantenerme de pie y le sonreí.
—¡Ups! ¡Soy tan patosa! ¡Lo siento! —Me reí mientras me alejaba para acomodarme para la siguiente jugada.
El puntaje todavía seguía empatado, diez a diez y quedaba sólo un minuto para jugar. Nos alineamos y la pelota salió volando, vi a todo el equipo contrario viniendo hacia mí y retrocedí un poco. No habría nada de pases o corredera esa vez. Miré por el campo y observé a una compañera por la línea de gol, totalmente sola, sin nadie ni siquiera mirando en su dirección.
Respiré profundo y lancé mi brazo hacia atrás lanzando la pelota con toda la fuerza que podía e intentando recordar todo lo que Emmett me había enseñado. Vi la pelota formar un arco en el aire y cerré mis ojos incapaz de mirar si tocaría la marca señalada o no. Hubo un momento de completo silencio y abrí un ojo. Cayó justo en sus brazos y ella corrió los pocos metros hacia el gol. Pestañeé, incapaz de creer que en realidad había hecho un lanzamiento perfecto y que habíamos anotado. Habíamos ganado el juego.
—¡Sí! ¡Esa es mi novia! —La voz entusiasta de Edward se escuchó y los aplausos estallaron alrededor. Me encontré envuelta en una masa de chicas gritando y saltando de alegría. Fuertes brazos se envolvieron a mi alrededor cuando Edward me tacleó, lanzándome al suelo pero volteándose al último instante así él caía debajo y yo estaba encima de él. Sonrió y me besó audiblemente, los silbidos llenaron el aire alrededor de nosotros.
Finalmente nos separamos, aún sonriéndonos mutuamente.
—Mi brillante novia y pateadora de traseros —murmuró orgullosamente—. Ese fue un hermoso lanzamiento, cariño. ¡Estoy tan orgulloso de ti! Eso fue, posiblemente, la cosa más sexi que he visto en mi vista.
Me reí y me levanté, tendiéndole mi mano para ayudarlo a levantarse. Con la victoria del juego y yo siendo premiada como la jugadora más valiosa, hizo que los puntos de mi hermandad subieran y ganaran la semana griega. Edward pasó el resto del fin de semana haciendo grandes esfuerzos para mostrarme cuan orgulloso estaba de mí por la manera en cómo había jugado el juego y para asegurarse de que celebráramos como era debido el haber ganado la semana griega.
N/A: El Powder Puff Game, en Estados Unidos o Canadá son juegos de fútbol de banderas o fútbol de contacto entre chicas de primer y último año, o entre equipos rivales de diferentes escuelas. El fondo que se recoge de las entradas del juego por lo general se da a la caridad, a la clase de último año o se utiliza para el baile de promoción. Los juegos son una tradición anual en muchas escuelas y universidades.
N/T: Fútbol de bandera: es una modalidad de fútbol americano, que se juega sin placajes. En vez de tirar al suelo al jugador contrario para detener una jugada, el equipo defensor debe retirar uno de los dos banderines (ya que simula a una tacleada) o pañuelos que cuelgan a los lados de la cintura, pueden ir ya sea con un cinturón o dentro del short.
Nota traductoras:
Ya vamos con el capítulo 11 de esta historia y hemos pasado la mitad de ella, a veces cuesta creer que ya avanzamos tanto, ¿no?
¿Qué les ha parecido el capítulo? ¿Esa charla tan sincera entre ellos? ¿Y la semana griega?, ha estado divertida, ¿verdad? Esperamos que nos cuenten sus opiniones, siempre es divertido leerlas. Y, además, saben que dejando un RR recibirán un pequeño adelanto del próximo capítulo ;) Les recuerdo a las chicas que no tienen cuenta que dejen su mail para que les podamos mandar el adelanto. Recuerden separarlo en partes para que la página no lo borre.
Muchas gracias a todas por seguir la historia, por sus alertas, favoritos y RR, es genial saber que les gusta la historia.
¡Hasta el próximo capítulo!
