Days Before you Came.

Disclaimer: No soy dueña de Harry Potter. Todos los derechos le pertenecen a JK Rowlling. Cada capítulo (y el nombre del mismo fan-fic) están inspirados en canciones del grupo Placebo; incluyo algunos fragmentos de éstas, y aclaro que obviamente, tampoco poseo los derechos.

Advertencias: Lenguaje fuerte; sexo EXPLÍCITO. Slash Severus/Lucius. Menores de edad y personas sensibles, favor de dejar este fan-fic.

Capítulo 11. My sweet prince.

never thought I'd get any higher
never thought you'd fuck with my brain
never thought all this could expire
never thought you'd go break the chain
me and you baby,
still flush all the pain away
so before I end my day, remember...
my sweet prince, you are the one

Hemos subido las escaleras, besándonos y acariciándonos ansiosamente. Conduzco a Severus hasta una habitación en penumbras y cierro la puerta tras de mí.

Beso su cuello y acaricio su espalda; su lengua se enreda con la mía y nuestras bocas unidas ahogan los quejidos de placer de ambos. Desabotono su túnica con lentitud, mientras deslizo mi lengua por su cuello; él se estremece y suspira al tiempo que sus manos inquietas recorren mi espalda. Descubro su pecho y lo recorro con mi lengua, entreteniéndome en sus pezones. Sujeta mi cabello suavemente y yo me inclino para despojarlo de su ropa interior. Coloco su miembro erecto en mi boca y el sujeta mi cabeza, guiándome. Después de varios minutos me separo y me incorporo para volver a besarlo en la boca, pero sus labios están húmedos y hay en ellos un gusto a sal... está llorando en silencio... ¿por qué llora...? Tal vez lo sabe... o quizás sólo lo intuye...

Me separo un momento y lo observo con detenimiento; él me mira con sus ojos humedecidos, pero no dice una sola palabra. En vez de eso, me besa con pasión, mordisqueando mis labios; yo emito un leve quejido de dolor, pero no lo rechazo; él me desviste ahora, pero lo hace con brusquedad. Mi túnica ya está desgarrada por el efecto de la maldición que me lanzó hace rato, así que no le cuesta demasiado trabajo arrancármela de un tirón. Caemos en la cama, besándonos casi con desesperación. Trato de ponerme encima de él, pero para mi sorpresa, él sujeta mis manos poniéndolas arriba de mi cabeza y me obliga a permanecer de espaldas. Rápidamente toma un cordón de los que sujetan las cortinas de la cama y me ata a la cabecera. Me asusta lo que está haciendo, pero antes de que yo pueda protestar, vuelve a besarme en la boca... no es tan alto como yo, pero es suficientemente fuerte... ya no es el niño que amé... pero sus caricias me resultan tan dulces y excitantes como en aquél entonces. Sus manos recorren mi cuerpo con lentitud; acaricia mis pezones, pellizcándolos suavemente, sin causarme daño. Una de sus piernas está enredada en una de las mías y siento su miembro erecto, rozar contra mi costado. Su mano sigue deslizándose con suavidad hasta que llega al lugar en donde la maldición me dio y dónde ahora hay una cicatriz en forma cruz. Me muerdo los labios al sentir el roce de sus dedos en ese lugar, pero el aparta su mano de inmediato y continua acariciando el resto de mi torso.

Casi quisiera rogarle para que se apresure a llegar hasta mi miembro, pero él continúa entreteniéndose con mis pezones. No puedo seguir conteniéndome y con tono suplicante murmuro: "Por favor... no te detengas más..." De inmediato una oleada de placer me obliga a emitir un quejido; gimo y me retuerzo tratando de librar mis manos, pero sólo consigo apretar más el nudo.

Él se detiene intempestivamente, pero yo continúo retorciéndome. Él me observa como hipnotizado y entonces me obliga a darme la vuelta; introduce un dedo humedecido y luego otro... lo que al principio es doloroso, paulatinamente se convierte en placer y sin poderme explicar el cómo, soy yo quien se mueve ahora, ocasionando que sus dedos se introduzcan aún más. Acaricia mis nalgas con ambas manos y lame mi nuca y mi oído. Yo intento girar la cabeza, pero entonces él me sujeta del cabello y murmura: "¿me deseas?" Yo respondo entre suspiros que sí y él dice: "entonces dímelo".

"Severus... te quiero dentro de mí..." Digo con dificultad... muerdo mis labios nuevamente, para no gritar... siento que me partiré en dos con cada uno de sus embates, pero el dolor va disminuyendo y el placer aumentando, y vuelvo a moverme como antes; ambos jadeamos y gemimos casi al unísono; una de sus manos me sujeta de un hombro mientras la otra sujeta mi miembro con fuerza. Un grito de placer incontenible se escapa finalmente de mi garganta y mi semen se esparce por las sábanas.

Él se separa entonces y me hace dar la vuelta de nuevo, para quedar boca arriba; yo difícilmente soy conciente ahora de lo que él hace, hasta que siento n líquido caliente que salpica mi cara y mi pecho...

Me desata por fin y mis manos están tan entumecidas que casi no las siento, pero no me importa... Tal vez no era esto lo que yo esperaba, pero ha sido mejor así... ahora que cree que me tiene, me será fácil volver a tenerlo comiendo de mi mano... nos besamos con dulzura y ambos yacemos en el lecho, cubiertos de sudor y olorosos a semen... estoy exhausto y algo adolorido, pero ha valido la pena... él ha vuelto a mí y ahora no habrá nadie que se interponga... no importa si sólo lo intuyes, o si de hecho lo sabes, Severus... qué más da lo que sepas, si ya no puedes hacer nada al respecto... efectivamente, el Señor Tenebroso me ordenó entregar a Evan a los aurores... pero lo hizo porque yo se lo aconsejé... fui yo quien sembró en él la idea de que pensaba traicionarnos... es increíblemente sencillo manipular a alguien tan paranoico como él... en fin, es cuestión de tiempo... él caerá tarde o temprano y con todo la información que poseo, me será fácil tomar su lugar; de momento sólo habrá que ser pacientes... no hay para qué apresurar las cosas; llegará el día en que tome lo que por derecho me corresponde.

Severus duerme ya y al verlo así, esbozo una gran sonrisa... en unos cuantos meses tendré al heredero que dará continuidad a mi linaje, él ha regresado a mi lado y no hay nada que empañe mi porvenir... puedo decir con toda seguridad, que mi felicidad es completa.

FIN