Todo lo que aquí verás no es mio es de Melissa Marr y Stephenie Meyer, los personajes de Stephenie Meyer y la historia de Melissa Marr, yo solo me adjudico la adaptación.

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Capítulo 10: ¿Me Permitirías?

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Cuando llegó el fin de semana, Rosalie estaba más agotada de lo normal. Había hecho horas extra para pagar la cesta de la compra y que le quedase para el resto del tatuaje. Había escondido aquella grotesca propina, pues no estaba nada segura de si debía quedársela.

Si en verdad era tal cosa, tendría una buena cantidad para buscarse un lugar más adelante, bastante para empezar por sí sola y comprarse algo de mobiliario básico. «Y por esa misma razón no es una propina. Tanto dinero no llega gratis», se había dicho. De momento, continuaría haciendo lo mismo que antes: ganarse su propio dinero, cubrir sus propios gastos. «Lo que significa quedarme sin blanca.» Rosalie sabía que Sam le dejaría pagar a plazos, pero eso supondría admitir que necesitaba crédito, y ese plan tampoco le apetecía.

«Aun así, mejor estar cansada que vendida.»

Pero estar cansada implicaba perder el control sobre sus palabras. Se le había escapado el veneno después de clase, mientras ella e Isabella esperaban a que Ángela terminase su reunión con un orientador. Por lo visto, un orientador privado no era suficiente intervención; la madre de Ángela también había informado al colegio, y la hermana Isabel había abordado a la muchacha al finalizar la última hora.

Isabella miraba calle arriba. Tenía los brazos cruzados, y una de sus manos reposaba sobre el grueso brazalete de oro que llevaba puesto.

Rosalie lo había visto cuando se cambiaban en Educación Física. Ahora estaba oculto bajo la manga de la camisa de Isabella. « ¿Qué estará haciendo para conseguir todas esas chucherías?», se preguntó. Rosalie no creía que Isabella fuese lo bastante boba para estar vendiéndose por dinero, pero últimamente parecía como si la riqueza de Edward estuviese en sus manos.

Sin detenerse a pensarlo, Rosalie dijo:

-¿Estás esperando al suplente o al titular?- Isabella la miró desconcertada.

-¿Qué?

-¿Le toca a Jacob llevarte a casa o a Edward?

-Las cosas no son así -respondió Isabella. Durante un breve momento, dio la impresión de que el aire que la rodeaba resplandecía, como si se elevara calor del suelo.

Rosalie se frotó los ojos y se acercó más a su amiga.

-Casi prefiero pensar que las cosas sean así a que estés dejando que Edward te utilice porque tiene dinero. -Le apretó el antebrazo del brazalete-. La gente tiene ojos. La gente habla. Ya sé que no le gustó mucho a Jacob, pero es un buen tío. No lo jodas por culpa del rubito y su pasta, ¿De acuerdo?

-Joder, Rose, ¿Por qué todo ha de estar relacionado con el sexo? Sólo porque tú lo repartas tan alegremente... -Isabella se mordió el labio- Lo siento. No pretendía decirte algo así.

-¿Así cómo?

Rosalie e Isabella eran amigas prácticamente desde el momento que se habían conocido, pero eso no significaba que Rosalie se lo contara todo, ya no. Antes eran íntimas, pero ahora Rosalie necesitaba parapetos. No sabía cómo empezar la conversación que necesitaba mantener desde hacía meses. «Hola, Bella. ¿Tienes las fotocopias de Literatura? Por cierto, me han violado, y tengo unas pesadillas horrorosas.» Estaba manteniendo el tipo, planeaba mudarse, iniciar una nueva vida desde cero... Y cuando se imaginaba hablando de aquello, de la violación, sentía que algo la desgarraba. Le dolía el pecho. Se le encogía el estómago. Le ardían los ojos. «No. No estoy lista para hablar.»

-Lo siento -repitió Isabella, agarrando el brazo de Rosalie con una mano que estaba muy caliente.

-No hay problema. -Rosalie forzó una sonrisa y deseó que sus sentimientos se evaporasen. La insensibilidad se le antojaba cada vez más atrayente-. Lo único que digo es que tienes algo bueno con Jacob. No permitas que Edward lo estropee.

-Jacob comprende por qué paso tiempo con Edward.- Isabella se mordió el labio de nuevo y miró hacia la calle-. Pero no tiene nada que ver con lo que supones. Edward es un amigo, un amigo importante. Eso es todo.

Rosalie asintió, y odió que no pudieran hablar realmente de sus vidas, odió que incluso sus amistades más íntimas estuviesen llenas de medias verdades. « ¿Me miraría con lástima?», pensó. La idea de ver lástima en los ojos de Isabella era espantosa. «Sobreviví. Y sigo sobreviviendo.» De modo que continuó allí, esperando con Isabella, y buscó un tema en el que las dos pudiesen ser sinceras:

-¿Te lo he contado? Al final he decidido hacerme un tatuaje. Ya tengo el contorno. Una sesión más, mañana, y estará acabado.

Isabella pareció entre aliviada y decepcionada.

-¿Qué has elegido?- preguntó.

Rosalie se lo explicó. Era fácil de recordar: podía ver aquellos ojos mirándola fijamente, representárselos sin esfuerzo. Cuanto más pensaba en su tatuaje, menos tensa se sentía.

Cuando Jacob se aproximó por la calle para reunirse con Isabella, con el aspecto de un anuncio andante sobre lo sexys que podían ser los piercings faciales, las dos amigas estaban enzarzadas en una inofensiva charla sobre tatuajes.

Jacob le pasó un brazo a Isabella por los hombros y le dedicó una mirada inquisitiva a Rosalie. Alzó una ceja adornada con un piercing y preguntó:

-¿Te has hecho un tatuaje? Déjanos verlo.

-Aún no está terminado. -Apenas pudo reprimir el estremecimiento de placer al pensar en tenerlo completo, pero la idea de mostrárselo a alguien le resultó, para su asombro, poco atractiva. -Se los enseñaré dentro de unos días.

-Sam debe de estar contento. Piel virgen, ¿No?- Jacob sonrió distraídamente y echó a andar, moviéndose con aquellos pasos de largas zancadas tan naturales en él.

-Pues sí -contestó Rosalie-. La semana pasada me hizo el contorno.

Apretó el paso para alcanzarlos, ya que Isabella había echado a caminar al mismo ritmo que él, con un aspecto igual de absorto.

Ambos tenían tal sincronía porque encajaban auténticamente. «Así es como se supone que ha de ser: relajado, bueno», pensó Rosalie; quería creer que algún día la vida también sería así para ella.

Isabella sujetaba la mano de Jacob y los guiaba entre los peatones.

Mientras caminaban, Jacob habló sobre los tatuajes de algunos amigos, sobre los locales de Pittsburgh, donde a veces Sam actuaba como artista invitado. Fue una de las conversaciones más agradables que Rosalie había mantenido jamás con él. Hasta hacía muy poco, Jacob solía mostrarse seco con ella. Rosalie nunca había preguntado por qué, aunque sospechaba que tendría algo que ver con Royce. Jacob no era muy tolerante con los traficantes.

«Culpable por asociación.» En realidad no podía culpar a Jacob: Isabella era demasiado delicada para ser expuesta a los colegas de Royce. Si Jacob pensaba que su chica corría peligro por ser amiga de Rosalie, tenía razones para ello. Rosalie alejó esos pensamientos y disfrutó de las bromas con la pareja.

Sólo habían recorrido dos manzanas cuando Edward y Emmett salieron de un portal. Rosalie se preguntó cómo habrían sabido que Isabella pasaba en ese momento, pero el incómodo silencio que siguió a la aparición de Edward le dejó claro que era mejor no preguntar.

Jacob se puso tenso cuando Edward alargó una mano hacia Isabella y dijo:

-Tenemos que irnos. Ahora.

Emmett permaneció a un lado, observando la calle. Aparte de un cortante «Hola» a Jacob, Edward se comportaba como si él e Isabella fueran las únicas personas allí. No miró a nadie ni a nada que no fuera Isabella, y la miraba prácticamente como Jacob: como si ella fuera la persona más increíble del mundo.

-¿Isabella? -Edward hizo un gesto absurdamente elegante con la mano, como si le indicara que echase a andar delante de él.

La muchacha no contestó ni se movió. Entonces Jacob le dio un breve beso y dijo:

-Ve con él. Te veré esta noche.

-Pero Emmett... -Isabella miró ceñuda a Emmett y Rosalie.

-Hay un recién llegado a la ciudad -prosiguió Edward-. Tenemos que encontrarlo. -Se apartó el pelo de la cara; la elegancia se había marchado tan rápidamente como había llegado-. Deberíamos habernos ido hace horas, pero tú tenías clases.

Isabella se mordió el labio y miró a todos los presentes.

-Pero Emmett...- repitió -Rosalie y... No puedo dejarlos aquí, Edward. No es justo.

Edward se giró hacia Jacob.

-Tú puedes quedarte con Emmett y Rosalie, ¿Verdad? -le preguntó.

-Eso pensaba hacer. Lo tengo todo controlado, Bella. Tú vete con Rayito de sol... -hizo una pausa y le dedicó a Edward una sonrisa amistosa que no parecía concordar con la situación. -Te veré esta noche, Bella. No hay problema- le colocó un mechón de cabello detrás de la oreja y dejó allí la mano, apoyando la palma sobre la mejilla y tocándole la oreja con los dedos -Estaré bien. Rosalie también. Anda, ve.

Cuando Jacob retrocedió, Edward le hizo un gesto afirmativo con la cabeza y tomó la mano de Isabella. Fuera lo que fuese lo que aquellos tres se traían entre manos, era mucho más raro de lo que Rosalie deseaba saber, y la concentración con que Emmett contemplaba la calle estaba empezando a cabrearla; ni siquiera había dado muestras de advertir su presencia. Los momentos de amistad despreocupada con Isabella y Jacob no significaban que quisiera verse en medio de aquella extraña historia.

-Yo me marcho, Bella-anunció -Ya nos veremos en el inst...

Isabella le puso la mano sobre la muñeca.

-¿Podrías quedarte con Jacob? Por favor.

-¿Por qué?- Miró al uno y al otro varias veces -Jacob es un poquito mayor para necesitar niñera.

Pero Emmett se volvió hacia ella, y el movimiento atrajo la atención de la muchacha hacia la cicatriz. Se quedó inmóvil, atrapada entre el deseo de mirarla y apartar la vista.

-Seguro que podrías quedarte un rato con nosotros -dijo Emmett.

Rosalie miró significativamente a Isabella; su amiga le había lanzado numerosos mensajes de «mantente alejada», pero lo único que hizo en esta ocasión fue volverse hacia Edward, que sonrió en señal de aprobación. «Quizá Isabella quería alejarme de Emmett a causa de Edward», pensó Rosalie, y se estremeció con un temor repentino.

Edward podía ser amigo de Isabella, pero había algo en él que la intranquilizaba, y aún más ese día.

-Por favor, Rose, ¿Podrías? Como un favor -pidió Isabella.

«Está aterrorizada.»

-Claro- contestó mientras la asaltaba un mareo, como si tiraran de algo en el centro de su ser. La sensación era tan fuerte que fue incapaz de moverse, y pensó que vomitaría si lo intentaba. Repasó todo lo que había bebido, comido o incluso se había llevado a los labios. «Nada fuera de lo normal.» Permaneció inmóvil, concentrada en respirar hasta que sintió que aquella sensación remitía.

Los demás tampoco se habían movido. No parecían haber notado nada.

-Estaremos bien- dijo Jacob -Vete, Bella.

Entonces Isabella y Edward se metieron en un largo Thunderbird plateado que había junto a la acera y se marcharon, dejando a Rosalie allí con Emmett y Jacob. Ella se apoyó contra la pared, sin mirarlos, tan sólo esperando... algo.

Rosalie desplazó el peso de un pie al otro, observando a un grupo de patinadores al fondo de la calle. Estaban aprovechando el lado con menos tráfico de la calzada para deslizarse arriba y abajo; no es que no tuvieran otros sitios adonde ir, sino que les gustaba estar allí.

Resultaba muy atrayente aquella sensación de paz. En ocasiones Rosalie sentía que era eso lo que ella buscaba; en el salón de Sam, en las fiestas de sus amigos... Sólo necesitaba el momento justo para atraparla.

Jacob echó a andar y Emmett se separó de la pared, mirando a Rosalie con expresión ávida. Había algo diferente, desatado. Se le acercó lentamente, y Rosalie estuvo segura de que su cautela era para evitar que ella echase a correr.

-¿Emmett?- Jacob se había detenido -¿Al Nido del Cuervo?

-Yo preferiría ir al club- Emmett ni siquiera se giró hacia él, sino que se quedó mirando a Rosalie pensativamente, como evaluándola. Y a ella eso le gustó mucho.

-La verdad es que tengo que irme –afirmó Rosalie, y no esperó una respuesta; simplemente dio media vuelta y se alejó.

Pero Emmett estaba delante de ella antes de que hubiese dado más de una docena de pasos.

-Por favor -rogó-. En serio, me encantaría que vinieses con nosotros.

-¿Por qué? -inquirió ella.

-Me gusta estar cerca de ti.

Rosalie sintió una oleada de la seguridad que la embargaba de vez en cuando desde que empezara con el tatuaje.

-¿Me acompañas? -insistió él.

Ella no quería marcharse. Estaba cansada de huir cada vez que sentía miedo. Esa chica asustadiza no se parecía a la persona que era antes; eso no era lo que quería ser. Se desprendió del temor, pero no pudo responder.

Emmett atrajo su mirada bajando la cabeza hacia ella.

Pero no la besó; sólo se acercó lo bastante como para hacerlo y preguntó:

-¿Permitirás que te tome entre mis brazos... para bailar, Rosalie?

Ella se estremeció; la seguridad se mezcló con una ráfaga de anhelo por la paz que casi podía saborear, la paz que repentinamente supo que sentiría si caía en brazos de Emmett. Asintió.

-De acuerdo.

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Este es uno de mis capítulos, se ve tan tierno Emmett ¿Ustedes que creen?

¿Con quien debería quedarse Rosalie con Emmett o Paul? y ¿Con quien cree que se quedará ella?

Déjenme un pequeño review para saber sus opiniones por favor.