LOVERS WHO UNCOVER
En un tiempo
"Me he vuelto más cruel desde que te conocí
Me he vuelto más rudo, este mundo me está matando
Y escondemos nuestras mentiras en apretones de manos y sonrisas
E intentamos recordar nuestras excusas
Le decimos mentiras a nuestros padres, nos escondemos en sus habitaciones
Enterramos nuestros secretos en el jardín
Por supuesto nunca pudimos hacer que este amor durara
Dije, que por supuesto nunca pudimos hacer que este amor durara
El único amor que conocemos es el que nos tenemos a nosotros mismos"
Bloc Party – Two more years
Un camino recto de asfalto con un paisaje monótono y rural flanqueándolo, era eso lo que Lovino y Antonio veían mientras iban por la carretera a su siguiente destino.
Lovino que iba en el asiento del copiloto había bajado la ventanilla para recargar su mejilla en ella mientras sacaba su mano y hacía ondas en el aire, subía y bajaba su mano como si estuviera dibujando olas invisibles, entrecerrando sus ojos al sentir el fuerte viendo golpearle la cara por la velocidad a la que iban.
En la radio sonaba una melodía de rock que era lo único que lograba llenar el silencio, Antonio tenía su mirada al frente pero de vez en cuando sus ojos se desviaban por momentos hacía Lovino y lo veía bajo el efecto relajante de lo último que se metieron en el cuerpo, no recordaba bien que había sido, solo sabía que fueron un montón de pastillas de diferentes colores. El italiano se mantenía entretenido jugando con el aire y su mano, moviendo de vez en cuando sus dedos también.
Muchos podrían decir que Lovino se veía solo como un tipo relajado disfrutando un viaje en auto pero a Antonio le parecía que el muchacho estaba cada vez más ausente; habían comenzado su viaje desde hacía casi tres meses, habían parado en muchas diferentes ciudades y algunos cuantos pueblos un poco aislados (aunque no lo suficiente como para no poder encontrar quien les vendiera drogas) habían conocido montones de gente en cada estadía, desde un turco traficante de drogas, un rumano carismático que conseguía substancias que ni siquiera sabías que existían, hasta un suizo con una colección de armas que te hacían dudar por un segundo si solo vendía drogas o hacía negocios con las fuerzas armadas.
Habían visto muchísimos paisajes, varios amaneceres, ocasos y dormido en tantos moteles baratos que ya habían olvidado como se sentía un colchón decente, también habían aprendido a robar mejor, a pasar de los humildes transeúntes a los pequeños negocios que dejaban mejores ganancias, habían conocido nuevas sensaciones con drogas, nuevas maneras de consumirlas y sentían que habían pasado años enteros desde que hubieran decidido dejar su lugar natal.
Pero así como habían pasado aventuras divertidas era como si estas tuvieran un precio y les estuvieran pasando factura… o al menos Antonio lo veía así. Como ya había dicho antes, el español sentía que Lovino estaba cada vez más ausente, más ajeno y ensimismado en sus pensamientos y cuando no estaba así tenía un pésimo humor, al estar sobrio se volvía más huraño de lo que acostumbraba, todo le molestaba y reñía por cualquier cosa, solo estando bajo el efecto de algo se volvía dócil e incluso buscaba a Antonio a quien de vez en cuando alejaba sin mucho tacto.
Antonio le pasó una mano por el cabello al italiano en una tierna caricia, bajó hasta su rostro y también acaricio con ternura su mejilla mientras que el moreno disfrutaba de la sensación cálida de su tacto, el español se sonrió al ver el gesto tranquilo de Lovino y retomó su atención al camino.
Por otro lado Lovino también notaba cambios en Antonio, cambios que lo irritaban y era tal vez por eso que también últimamente al estar en sus cinco sentidos, se desquitaba con el ojiverde.
Podía darse cuenta (y era tal vez eso lo más doloroso) la manera en que la sonrisa del español perdía brillo, ya no era aquella chispeante mueca con la que lo conoció, ese gesto genuino que solo mostraba al estar con él… esa sonrisa se volvía débil y patética, una sombra tan solo de lo que fue en algún tiempo… Antonio perdía vivacidad, se volvía cada vez más taciturno a veces podría decir que melancólico y por ende sus ojos verdes, esos que tanto amaba, esos que fueron la razón de haber compartido sus secretos con él… también eran víctimas de aquellos cambios y Lovino tenía miedo, tenía miedo de que aquellos ojos verdes se apagaran por completo y no poder verlos otra vez.
¿Qué pasaba? ¿A dónde se estaba yendo todo aquello de lo que ambos se habían enamorado? ¿De verdad el amor tenía una fecha de expiración? No… el amor se mantiene intacto… son las personas las que cambian.
Y así, en ese mismo silencio siguieron por la carretera solo escuchando el rasgueo lento de las cuerdas de la guitarra que salía de la radio, haciendo ondas en el aire con la mano fuera de la ventanilla, mirando al frente esperando que todo aquello que les pasaba por la mente solo fueran cavilaciones efímeras de un viaje en carretera.
Unas horas antes del anochecer hicieron parada en otro motel de mala muerte en dónde parecía solo haber otro par de personas hospedadas aparte de ellos, seguramente algún par de parejitas infieles en una escapada fugaz. Bajaron del auto y ambos se estiraron para desentumir su cuerpo por las largas horas que pasaron sentados, Lovino se adelantó para pedir la habitación mientras que Antonio sacaba una inseparable maleta que siempre llevaban con ellos pues en ella llevaban el dinero y claro, las drogas así que era como un tipo de apéndice que llevaban siempre que no estaban en el auto.
Lovino salió de la recepción haciendo girar la llave del cuarto en su dedo índice, le indicó con un gesto de la cabeza al español que lo siguiera y este así lo hizo, notando en seguida el ceño fruncido del italiano, señal de que estaba sobrio y se le había acabado el efecto a las pastillas. Fueron directo al cuarto y se encerraron en ella, Antonio dio una vuelta por el lugar notando que a diferencia de la fachada, el interior era algo muy parecido a un lugar "reconfortante".
-Mira Lovi, esta vez hasta tenemos una bañera- dijo de buen humor el ojiverde que aún cargaba la pequeña maleta escuchando solo un gruñido malhumorado por parte del otro muchacho que lo ignoraba sacándose la sudadera y acercándose a él.
-Dame eso- le ordenó a Antonio estirando su mano para alcanzar la maleta que el otro llevaba colgada al hombro pero el español decidió jugarle una pequeña broma alzando la bolsa sabiendo que al ser más alto, Lovino no la podría alcanzar.
-Hey, no comas ansias Lovi, también tenemos una enorme cama, deberíamos probarla- decía en tonito juguetón retrocediendo y parándose de puntillas para que Lovino no lo pudiera alcanzar.
-Me importa un carajo la cama, dame eso- le espetó Lovino casi peleando por tomar la bolsa, acercándose cada vez más a Antonio que iba retrocediendo mientras reía divertido por la vana lucha de Lovino.
-No te daré nada hasta que me hagas caso a mi primero- le dijo el español irritando cada vez más a Lovino que por su desesperación terminó empujándolo con mucha fuerza casi haciéndolo caer, pero antes de importarle el tropiezo que casi tira a Antonio, le arrebató la maleta con violencia.
-Deja de joderme ¿quieres?- le regañó Lovino en un tono casi gutural yendo hasta la cama para sentarse en ella y sacar algunas cosas.
Antonio se quedó un poco descolocado aunque no era la primera vez que Lovino tomaba esa actitud con él… por desgracia ya estaba bastante acostumbrado.
Vio al italiano preparar la dosis del día (o de esas horas), usando como apoyo un pedazo de espejo repartía el polvo blanco entre varias líneas con ayuda de una navaja y después las inhalaba ansioso mientras Antonio esta vez con desgana y tristeza se acercaba hasta él y también se subía a la cama intentando abrazarlo por detrás pasándole sus manos por los hombros rodeando su cuello sin embargo apenas hacía contacto era fríamente rechazado por Lovino que se removía en su abrazo hasta liberarse de él.
-No empieces de empalagoso- le regañaba siguiendo con su tarea de meterse más cocaína en el cuerpo.
-¿Si espero a que eso te haga efecto me dejarás abrazarte?- preguntó entonces en un raro tono monótono Antonio lo que hizo voltear a Lovino de nuevo con el entrecejo fruncido.
-¿A qué viene ese comentario?- preguntó el italiano molesto
-A que parece que solo me quieres cuando estás drogado- contestó sin más Antonio, su voz aun sonaba inexpresiva y sus ojos compartían aquel vacío al tiempo que veía a Lovino desviar la cara dejando el espejo y la navaja en la cama levantándose y alejándose de él para encerrarse en el baño.
-No sé de qué me estás hablando- solo contestó el muchacho antes de cerrar la puerta tras de sí con un portazo.
Antonio se dejó caer en la cama boca abajo mirando la puerta cerrada esperando ver a Lovino salir y disculparse pero en su lugar solo escuchó el correr del agua de la bañera, el ojiverde cerró sus ojos y se abrazó a la almohada.
-Nunca me lo has dicho…- comenzó a decir Antonio en su parcial soledad –Nunca me has dicho que me quieres- terminó de decir buscando torpemente con el tanteo de su mano el espejo en donde aún quedaba algo de aquel venenoso polvo blanco.
Y las horas empezaron a pasar como cualquier otro día de sus nuevas vidas, bajo el efecto de la droga, Antonio cambiaba perezosamente los canales de la televisión sin detenerse a ver absolutamente nada, solo haciéndolo por hacerlo, escuchando las palabras cortadas y las imágenes parpadeantes, el baño seguía cerrado y solo porque volteó a ver el reloj colgado en la pared reparó en el hecho de que Lovino ya llevaba más de una hora ahí.
-Lovi ¿Qué tanto haces en el baño?- preguntó alzando la voz pero no obtuvo respuesta
-¿Lovino?- llamó de nuevo esperando escuchar algo sin embargo no hubo respuesta asustando un poco al español a quien por instantes le vino a la mente Feliks y el día que se enteraron de su muerte así que saltó de la cama y fue a tocar la puerta pero esta estaba cerrada con pestillo.
Lovino escuchaba claramente los llamados de Antonio y como este intentaba abrir la puerta pero sinceramente no se sentía con ánimos de abrir; estaba en la bañera sumergido bajo el agua preguntándose cuanto más podría aguantar la respiración. Veía las burbujas subir hasta la superficie junto con la imagen del mohoso techo distorsionado gracias al agua… finalmente abrió la boca y aun sumergido cerró los ojos y soltó un grito que se vio representado en muchísimas burbujas de aire que salían disparadas hacía arriba.
Mientras gritaba tenía la sensación de que con ello estaba sacando a los demonios de su interior y los estaba ahogando esperanzado de que estos desaparecieran pues todavía no se iban por completo… seguían dentro de él y solo algunos habían perecido gracias a las drogas, otros tantos por la compañía de Antonio y unos más se habían convertido en hermosos colores a los que tenía que forzar para poder verlos de nuevo. Cada vez era más difícil y cada vez necesitaba aumentar la dosis un poco para poder verlos y sentirse a salvo en aquel caleidoscopio, en su barrera de brillantes y hermosos tonos de luz.
-¡Lovino!- gritó por fin Antonio cuando pudo hacer ceder la puerta, el mencionado sacó por fin su cabeza del agua y vio al español pálido del miedo corriendo hasta la bañera, arrodillándose a un lado de ella y atrapando a Lovino en un abrazo posesivo sin importarle mojarse.
-Dios… estás bien ¿Por qué no me contestabas?- le preguntó sin dejar de abrazarlo, pasando sus manos por el cabello húmedo del otro.
-No te escuchaba- mintió Lovino sintiendo el temblor en el cuerpo de Antonio que se separó un poco de él solo para verlo mejor y reafirmar que estaba bien.
-No me des esos sustos por favor pensé que…-
-¿Qué?- preguntó Lovino cuando el español se quedó en silencio sin completar la frase -¿Qué me estaba suicidando o que tuve una sobredosis?- completó Lovino estremeciendo a Antonio quien volvió a engancharse a él.
-Que te alejabas de mi- le corrigió el ojiverde besándole el cuello, su oreja y su mejillas húmedas.
-Aquí estoy- solo contestó Lovino sin corresponder el abrazo solo sintiendo a ropa cálida de Antonio que asentía con la cabeza y después le daba un corto beso en los labios sintiendo su boca fría.
-Sal de ahí, el agua ya está fría- le indicó tomando la toalla que estaba colgada a un lado y tomando la mano del moreno ayudándole a levantarse, incluso lo ayudó a secarse como si fuera un chiquillo.
Le pasaba la toalla por el cabello, la cara y el cuerpo buscando cualquier pretexto para tocarlo y asegurarse de que Lovino seguía ahí frente a él; era como una especie de paranoia… desde que Lovino comenzó a mostrarse tan ausente y frío a Antonio le atacaba una sensación de abandono, le daba la impresión de que Lovino poco a poco se alejaba de él y no podía hacer nada para atraparlo o mantenerlo a su lado, pero cuando volvía en sí, se daba cuenta de que el italiano estaba ahí a su lado era en esos momentos cuando más se aferraba al chico, cuando más miedo sentía de que la siguiente vez que abriera lo ojos tal vez no lo vería ya.
Terminó de secarlo por completo y finalmente lo envolvió en la toalla y soltó una risita cuando le dio la impresión de que Lovino parecía una oruga; el italiano alzó la vista al escuchar la risa discreta de Antonio y vio apenas un destello esmeralda en sus ojos, sin pensarlo dos veces se enganchó al cuello del español para besarlo con desespero.
Ligeramente descolocado por esta acción, Antonio tardó un momento en reaccionar pero después correspondió el gesto, solo sintió la toalla caer y en su lugar usó sus brazos para cubrir a Lovino que apenas lo dejaba respirar en medio de sus besos. No tardaron mucho en terminar en la cama haciendo lo que mejor sabían hacer después de drogarse, claro.
Las sensaciones que en algún momento fueron placenteras ahora se sentían como dejos de nostalgia, el tomarse de las manos mientras ambos estaban extasiados ya no era un gesto de romance como en otros tiempos, era más bien aferrarse a la fuerza al otro para que no se fuera, tocarse la piel y cada uno de sus rincones ya no era la emocionante aventura de descubrir un cuerpo ajeno, ahora era como repasar viejas heridas, historias de tristezas marcadas en la piel, develar secretos obscuros en las coyunturas de sus brazos, en sus tabiques nasales, en sus lenguas envenenadas; aquello ya no era una comunión de dos entes y dos corazones… ya no era nada de eso… lo que antes era un ritual de juramentos de amor, ahora era solo la remembranza de promesas que los obligaban estar juntos, era ese forzado intento de jamás separarse… esa acción desesperada de no quedarse solos.
Mientras Lovino estaba sobre Antonio atrapando su cintura con sus piernas y mientras Antonio dirigía la cadera de Lovino y veía los ojos perdidos de este que echaba la cabeza hacía atrás de vez en cuando, a veces la mecía al tiempo que suspiraba y aceleraba el ritmo de sus movimientos, se hacía el flequillo hacía atrás y dejaba ver mejor aquel par de iris que perdían cierto brillo a pesar de morderse el labio inferior con tanta fuerza, o de que todo su cuerpo se estuviera estremeciendo, su mirada casi no reflejaba otra cosa más que una ausencia atemorizante, Lovino parecía estar en otro mundo alejándose a pasos agigantados de Antonio, encaminándose a ese otro universo tan lejos del español.
Anotnio entonces se incorporó en un reflejo provocado por el miedo como horas atrás y se abrazó a Lovino sin detenerse o salir de él en un intento de retenerlo a su lado un poco más. Apretó su cuerpo sin importarle el gemido doloroso que el italiano soltó pero aquel sentimiento indescriptiblemente grande de miedo lo obligaba a ello, a intentar acaparar por completo al muchacho y no dejarlo escapar jamás de su abrazo a pesar de que el chico daba la impresión de convertirse en niebla y huir de él en cualquier momento.
Y aun cuando cayeron rendidos ante el cansancio, sudorosos y pegajosos, Antonio no se soltó de Lovino, a pesar de las protestas y las quejas de este lo abrazó hasta que la fatiga le dominó por completo y se quedó dormido con el menudo cuerpo del italiano en sus brazos, su nariz estaba casi pegada a la nuca del menor así que a veces entre sueños aspiraba ávidamente el aroma de su piel, olor a avellana… era tal vez lo único de Lovino que no había cambiado.
Lovino mientras tanto intentaba conciliar el sueño, sentía en su espalda el subir y el bajar pasivo del pecho de Antonio, su respiración cálida en su cuello y sus manos posesivas en su cintura sin intenciones de dejarlo ir. Paseaba su mirada por la pared de aquel cuarto, veía la luz todavía prendida del baño y escuchaba el tic tac rítmico del reloj, si aguzaba el oído escuchaba a la pareja que tenían por vecinos, los cuales se afanaban en subir el volumen de la televisión para sofocar otro tipo de sonidos; casi podía escuchar con precisión el infomercial que estaban transmitiendo a esa hora de la madrugada.
Era imposible… definitivamente no podía quedarse dormido. Rodó en la cama encarando a Antonio que a diferencia de él estaba sumido en un sueño profundo, solo le faltaba babear para hacer de aquella imagen la típica escena cómica de un tipo durmiendo como piedra por lo tanto suponiendo que Antonio no despertaría fácilmente se desprendió de su abrazo ágilmente y salió de la cama, sin embargo apenas el español dejó de percibir su calor y sintió el colchón moverse abrió los ojos de inmediato viendo a Lovino empezando a vestirse.
-¿Qué haces?- preguntó el ojiverde abriendo un ojo con esfuerzo.
-Nada- contestó el italiano terminando de abrochar su pantalón y buscando aquella maletita en donde guardaban todo lo referente a su vicio, fue entonces que Antonio también se levantó presuroso de la cama y le arrebató la bolsa antes de que Lovino pudiera empezar a buscar siquiera.
-Es plena madrugada ¿No puedes esperar al menos a que amanezca?- le regañó Antonio.
-Claro, me encantaría esperar a la mañana si pudiera, dame eso- le espetó el italiano acercándose al español que como cuando recién llegaron le impidió tomar la bolsa.
-¡No empieces con tus juegos, dame la bolsa!- discutió Lovino acercándose al ojiverde pero este retrocedió.
-No necesitas esto para dormir, yo puedo ayudarte a hacerlo- dijo entonces el español irritando aún más a Lovino que gruñó ante esto.
-No te necesito para eso, dame la bolsa ya- respondió con frialdad Lovino acentuando la arruga entre sus cejas.
-Ya veo… ¿Entonces para qué me necesitas? ¿Me necesitas para acostarme contigo o para ayudarte cada vez que salimos a robar, o para no sentirte tan patético cuando te drogas porque yo soy igual de patético que tú? ¿Me necesitas para todo eso menos para poder dormir al menos una noche entera?- preguntó el español viendo al otro rodar los ojos con fastidio.
-No empieces con tus niñerías Antonio, no tengo humor para eso ahora mismo- respondió Lovino intentando una vez más arrebatar la bolsa de manos de Antonio que al ser más fuerte no se lo permitió.
-Es que nunca estás de humor, siempre tienes que tener algo en el maldito cuerpo para estar de humor ¡Siempre necesitas meterte alguna porquería para parecer que estás vivo!- exclamó Antonio haciendo enojar ahora si al otro muchacho.
-Oh por Dios señor moralidad, ¿Tengo que recordarte que tú también te la pasas inhalando cocaína como si se te fuera la vida en ello? Porque a veces te parece muy conveniente olvidarlo para venir a reclamarme cosas que tú también haces y con todo el gusto del mundo. No me vengas con discursitos de esos por favor que sabes tan bien como yo que somos la misma porquería de persona, estamos igual de podridos- le siseó Lovino señalándose a sí mismo y a Antonio respectivamente.
-No Lovino, no somos iguales porque yo no necesito estar drogado para saber que te quiero- respondió Antonio y un tono doloroso se dejó entrever en sus palabras. Lovino dio un largo resoplido antes esto.
-¿A qué vienen esas cursiladas ahora mismo? Siempre todo lo resumes a si te quiero o no y esas tonterías que nunca sé que carajos tienen que ver con lo que estamos discutiendo. Ahora, si ya terminaste de darme tus sermones y tus declaraciones de amor, dame ya la maldita bolsa- le ordenó el italiano enojándose cada vez más.
-Tienen todo que ver porque últimamente ya ni siquiera tengo idea de porque estamos juntos, yo sé que te quiero y que eres todo para mí y no necesito tener una aguja clavada en el brazo para saberlo, lo he sabido desde el primer día que te vi… en cambio tú… no tengo idea de que quieres de mi ni lo que buscas ni mucho menos a quien quieres… ¿A quién amas realmente Lovino? A la droga, a mi… o solo te conformas contigo mismo ¡Dímelo! Dime para dejar esta farsa de una vez por todas y dejar de engañarme a mí mismo pensando que ya no me quieres… o no se… que me quisiste al menos una vez- dijo Antonio en un último tono de súplica.
Lovino se masajeó la frente un momento antes de dirigir la misma mirada furiosa al ojiverde.
-Me estoy cansando de todas las estupideces que estás diciendo y la verdad es que sigo sin entender a dónde quieres llegar, estás enojado por no sé qué mierda razón y me estás colmando la paciencia así que antes de que te rompa la cara dame esa bolsa y déjame en paz- Lovino dijo reprimiéndose de empezar a gritar más fuerte.
Una sonrisa irónica y forzada se dibujó en el rostro de Antonio, miró la bolsa un momento y luego a Lovino que estiraba su mano esperando a que se le entregara.
-Si no entiendes de lo que estoy hablando entonces vamos a probarlo, vamos a ver de verdad a quien o que quieres- dicho esto abrió la maleta y tiró todo su contenido entre las que aparte de las drogas se veían otros objetos de valor y dinero que sin miramientos comenzó a pisotear. Rompió y desparramó todas las bolsas con píldoras y polvos blancos de heroína, cocaína, metanfetamina, y más substancias.
-¡¿Qué haces imbécil?!- rugió Lovino empujando con tanta a fuerza a Antonio que esta vez sí lo hizo caer de espaldas mientras que el italiano se arrodillaba en el piso para intentar rescatar algo.
-¡Deja eso!- esta vez fue Antonio quien gritó abalanzándose a Lovino embistiéndolo y sometiéndolo contra el piso.
-¡¿Por qué las buscas a ellas?! ¡¿Por qué no me eliges a mí?!- gritó Antonio poniendo demasiada fuerza en las muñecas de Lovino marcando sus dedos en la piel del chico que intentaba escapar.
-¡Quítate, déjame!- chillaba Lovino retorciéndose frenéticamente sin dirigirle una sola mirada a Antonio viendo la droga desparramada en el suelo y que seguía regándose por el piso gracias al forcejeo entre los dos.
-Lovino… mírame a mi… ¿Por qué soy siempre yo el que debe de buscarte a ti? ¿Por qué siempre tengo que estar en segundo lugar a pesar de todo lo que he hecho?… ¡A pesar de que me convertí en esto para ti!- exclamaba Antonio aun sometiendo al italiano que gruñía y chillaba bajo su cuerpo.
-¡Suéltame, suéltame!- solo le decía Lovino quien no alcanzó a asentir las gotitas tibias que caían sobre su cara, las gotas saladas que salían de los ojos de Antonio e iban a dar sobre las mejillas del otro castaño que estaba más preocupado por soltarse de su agarre.
-Terminemos con esto Lovino… salgamos de esto juntos…- rogaba Antonio aflojando su agarre, momento que Lovino aprovechó para liberarse, quitó al español de encima suyo empujándolo violentamente y gateó hasta donde estaban ya solo restos de droga intentando desesperadamente juntarlos y recuperarlos.
-¡Lovino escúchame!- le pidió Antonio acercándose también dispuesto a abrazarlo.
-¿Y tú crees que puedes salvarme?- preguntó entonces el de ojos marrones arrastrando las palabras con sus manos llenas de todo tipo de droga.
-Claro que si, yo puedo hacer lo que sea por ti- dijo Antonio al tiempo que una luz de esperanza se posaba en sus ojos verdes.
-¡Mentiroso!- le gritó Lovino arrojándole la droga y de paso abofeteándolo en la cara para desahogar su frustración mientras se levantaba con esfuerzos.
-¡Solo dices mentiras, no puedes hacerlo!- le espetó Lovino a todo pulmón.
-Si pue…-
-¡¿Entonces porque no me has salvado?!- gritó Lovino interrumpiéndole -¡¿Por qué sigo ahogándome?!-
El italiano gritaba llevándose las manos a la cabeza y jalando algunos de sus cabellos, al mismo tiempo en sus ojos se alcanzaba a ver la frustración mezclada con el dolor e intentaba retener las lágrimas a como dé lugar.
El muchacho tomó su sudadera y se la puso rápidamente antes de salir de ahí azotando la puerta y con respiraciones pesadas que parecían jadeos.
Antonio se sobresaltó al escuchar el golpazo de la puerta al cerrarse; el ojiverde se quedó en el piso, de pronto el silencio envolvía todo… el sonido del tic tac del reloj comenzaba a hacerse paso, el televisor del cuarto vecino continuaba con su parloteo interminable junto con las voces de la pareja absorta en sus asuntos íntimos, y finalmente el español que sentía el ardor y el punzar doloroso de su mejilla gracias al golpe anterior.
Dejó perder sus ojos en un punto indefinido del piso hasta que cerró sus parpados con fuerza y otro par de lágrimas escurrieron por su cara.
-Lovi… estar contigo empieza a ser doloroso- murmuró limpiándose el rostro dejando su mano en el lugar golpeado aunque en ese momento lo que más dolía era otra cosa.
Lovino caminaba con pasos apresurados lejos del motel, su respiración agitada y dificultosa, una presión en su pecho no le dejaba aspirar y exhalar debidamente; se encogía de hombros y metía sus manos en lo más hondo de las bolsas de su sudadera buscando un poco de calor para sus manos, la palma de su mano también punzaba; el italiano alzaba la vista al cielo buscando las estrellas, mirando esos escasos puntitos luminosos en el cielo negro.
-¡Malditas!- les gritó en un absceso de rabia y su voz se le quebró al hacerlo, así que volvió a gritarles a las pobres estrellas.
-¡Malditas!- les insultó incluso doblando su cuerpo por la fuerza en su grito y se quedó encorvado un momento viendo las escasas tres gotas de agua salir de sus ojos… las lágrimas se forzaban a salir.
-Malditas ustedes… ¿Por qué pueden estar tan lejos y yo tengo que quedarme aquí abajo?- preguntó con la voz ronca rechinando los dientes -¿Por qué no puedo escapar?- preguntó de nuevo quedándose parado un momento.
Segundos después se pasó las mangas de la sudadera por los ojos y la nariz emprendiendo de nuevo el camino tratando de tragarse toda la rabia que sentía por los astros, por ese mito que decía que las personas al morir se convertían en estrellas… si eso pasaba entonces toda esa gente ya se había hecho parte del cielo, seguramente el mismo Feliks se burlaba de él ahora mismo.
Si Lovino pudiera convertirse en una estrella y escapar de todo eso, de todo aquello que no había cambiado en lo más mínimo a pesar de haber huido de la ciudad y de la gente… todo seguía exactamente igual y a veces parecía empeorar… ya no podía soportar más eso… pero tampoco quería morir aun.
Si alguien supiera al menos que tantas ganas tenia de sentirse vivo, que tan fervientemente deseaba vivir, eso era lo único que pedía pero entonces ¿Por qué seguía sintiéndose como un cadáver caminante? ¿Por qué todo seguía sofocándole? ¿Por qué solo podía encontrar vida en el brillo verde de un par de ojos y en los colores artificiales que se desvanecían con el solo ondear de su mano?
Que mierda injusta era ese mundo en general, los que querían vivir eran asesinados por sus demonios y los que tenían esa opción de gozar la vida en todo su esplendor, eran destruidos por sentir demasiado.
Lovino siguió caminando adentrándose cada vez más en la desolada ciudad, todo estaba casi desierto y solo los faroles de las acercas iluminaban de manera lúgubre las esquinas y algunos locales que habían sido cerrados apenas unos minutos antes. Solo el eco de las patrullas y algunos perros callejeros ladrando llenaban los callejones o eso hasta que escuchó el murmullo lejano de la música de un bar.
Guiado por la melodía que salía del lugar, se acercó, empujó la pesada puerta sin hacer caso del letrero neón y fue recibido de nuevo por una balada de rock que no conocía pero que tampoco le importó conocer. Paseó la mirada por el lugar y cayó en la cuenta de que no traía dinero así que mientras alguna de las meseras de imagen punk e intimidante se percataba de ello, optó por irse a sentar a la esquina más alejada, cerca de la mesa de billar y la rockolla.
Se sentó despreocupadamente y con la misma actitud casual tomó lo que quedaba de un cigarrillo abandonado en el cenicero, le dio las tres últimas fumadas antes de llegar a la colilla y lo aplastó de nuevo entre la montañita de ceniza que quedaba en el cenicero; después de eso solo se dedicó a mover ansiosamente su pie bajo la mesa buscando con la mirada alguien que pudiera al menos regalarle un toque de lo que fuera pues a juzgar por las caras de todos los presentes era obvio que traía algo que le pudiera servir.
Pasaron cerca de veinte minutos en los que no fue notado por ninguna mesera pero si por uno de los clientes el cual tambaleándose gracias a unos cuantos tragos que llevaba encima, se sentó a un lado de Lovino sin pedirle permiso sin embargo, el mismo italiano tampoco hizo gesto de que le desagradara, que en realidad si le molestaba pero el tipo podía al menos tener dinero suficiente para sobrellevar la noche.
-Hola, veo que estás solo así que… ¿Quieres un trago o algo?- preguntó con torpeza el hombre que tenía un aspecto descuidado.
Lovino hizo todo lo posible por disfrazar su cara de asco y solo asintió con la cabeza recordando por un fugaz momento la vez que conoció a Antonio… como este le invitó también un trago en un patético intento de sacarle su número telefónico o al menos su nombre.
El chico hizo un gesto con su mano y una mal encarada mesera tomó su orden, y en menos tiempo del esperado casi les azotó los tragos en la mesa, tal vez había tenido una mala noche.
Lovino tomó el vaso con whisky y le dio un largo trago para soportar lo que empezaba a ser una plática estúpida que llevaba las indispensables preguntas "¿De dónde eres? Es la primera vez que te veo por aquí" y "¿Qué edad tienes? Te vez muy joven para estar en un bar" esas preguntas de cajón que ni siquiera formulándolas a una chica podrías tener una respuesta satisfactoria, aun con ello el italiano se forzó a responderlas usando la menor cantidad de palabras posibles, si eran monosílabos mejor; solo quería sacarle el dinero a ese tipo y ya… al menos ya tenían un trago.
Un rato de charla inconstante y aburrida después, el tipo vació su cuarto vaso de Jack Daniels y recargó sus codos en la mesa acercándose un poco a Lovino quien no pudo evitar fruncir el ceño al percibir el penetrante olor a alcohol de su acompañante tan cerca de él.
-Oye chico… ¿Te parece si vamos a un lugar más tranquilo?- le dijo con una media sonrisa sardónica que dejaba ver sus dientes un poco torcidos.
Lovino le dirigió una mirada fría, notó las mejillas y los ojos enrojecidos del joven gracias a los tragos, la manera en que apenas y podía articular las palabras y supuso que no sería tan difícil sacar provecho de ese pobre diablo sin tener que esforzarse demasiado.
Antes de siquiera responder a la pregunta, el tipo tuvo el atrevimiento de pasar su mano por el cuello y la nuca de Lovino acariciando con sus dedos larguiruchos y huesudos la piel tibia del muchacho que hizo que se le erizara de manera desagradable los pelitos de la nuca e incluso enderezó su espalda hasta dejarla recta como un alfiler al percibir la mano desconocida sobre él acompañada de una discreta risa larga y lasciva.
Lovino podría jurar en ese momento que nunca sintió tal asco en toda su vida.
/
Loviiiii (inserten gritos desgarradores). Pues bueno, no toda la vida iba a ser miel sobre hojuelas ¿Verdad? Y menos cuando te la pasa metiéndote drogas como si fueran dulces.
La relación entre Lovi y Toño se va resquebrajando con el pasar del tiempo; sip, me tragué unos meses porque supuse sería mortalmente aburrido hacer capítulos solo de ellos robando y drogándose pues eso es básicamente lo que hacen, así que adelanté un poco para mostrar como el paso del tiempo y la adicción a las drogas han hecho mella en su relación al punto en que Toño ya no sabe a quién ama realmente Lovi y bueno… Lovi es un caso perdido.
Tras mi verborrea usual MIL MILLONES DE GRACIAS, gracias por hacerme saber que aún hay gente leyendo esto, de pronto los silenciosos dejaron de ser tan silenciosos y agradezco eso enormemente esperando que este capítulo haya llenado sus expectativas y bueno, solo gracias por leer y comentar y seguir conmigo en esta historia. Nos leemos la siguiente semana, preparen los pañuelos.
PD: Un saludo especial para Hikari-Chibi-Uchiha-Kirkland que no sé como pero hace malabares y milagros entre sus tareas y sus horarios para leer esta cosa y comentar, en serio mujercita mil gracias y mucha suerte en todo XD
