John quiso avisar a Sherlock. Pero cualquier llamada inoportuna podría echar por tierra todo el plan. Así que, volvió a mirar a su alrededor. La trastienda no era más que un pequeño patio con cajas y un par de cubos de basura, con algunos graffitis y un muro que cubría la zona, con un espacio para que entrase un vehículo y realizase las entregas. Sherlock, por su parte, se adentró en la tienda con paso rápido y elegante.
Señor, estamos a punto de cerrar.- protestó Christopher, que parecía no haber cambiado de actividad en todo el día.
Pero tú no desatenderías a un cliente, ¿no?- replicó Sherlock acercándose al mostrador. Christopher observó al detective, sin tener muy claro a quién tenía delante. Sólo sabía que aquel hombre parecía llenar la habitación él solo, valiéndose sólo de su abrigo, su presencia y sus ojos azules.
¿Qué se le ofrece? - accedió el muchacho finalmente. A fin de cuentas, un cliente era un cliente.
Quiero saber dónde está tu padre. Lleva dos días sin venir y tengo asuntos que tratar con él.
¿Por qué quiere hablar con él?- preguntó Christopher, empezando a desconfiar.
Verás, sólo soy un aficionado a la fotografía y estaba planteándome abrir un negocio. Parece que a vosotros os va bien, y quería saber si podría abrir una franquicia de esta tienda.- explicó él con una cortés sonrisa. Christopher le miró con más atención, mientras Sherlock parecía haber congelado la sonrisa en su rostro.
Mi padre nunca me habló de eso.
Teniendo en cuenta que vuestra relación es más o menos nula, no me extraña.- replicó empezando a ponerse serio.
¿Quién demonios es usted...?- Christopher frunció el ceño y se enfrentó a los inquisitivos ojos del detective, que parecía disfrutar al saber que tenía al muchacho acorralado.
Tras asegurarse de que estaba solo, volvió a acercarse a las cajas, poniéndose unos guantes negros, y extrajo uno de los objetivos. No tenía ni idea de fotografía, pero aquel objeto era demasiado pesado para lo que debería pesar. Por curiosidad, sacó un segundo objetivo del mismo tamaño y características, y comprobó, con sorpresa, que ese segundo era más ligero. John frunció el ceño y echó la caja al suelo, arrodillándose ante ella. Con cuidado, empezó a sacarlos todos de su sitio. Los más grandes, de focal más larga, debían ser más ligeros, pero de los diez que pudo contar, tan sólo cuatro tenían un peso normal. Lo mismo pasaba con algunos objetivos fijos y dos o tres de focal corta, que eran pequeños pero muy anchos. Confuso, John alzó uno de los más grandes y lo agitó suavemente junto a su oído. Era pesado y no parecía tener nada suelto. Después, cogió uno de los que pesaban menos, y volvió a repetir la operación, pero tampoco parecía que hubiera nada anormal. Sin dudar ni un instante, empezó a separarlos en dos montones; a su izquierda estaban los más pesados y a la derecha los más ligeros.
Sherlock Holmes, detective consultor.
¿Y qué hace aquí?
Imagínatelo.
Aquí no hay nada que pueda interesarle.- Christopher se dio media vuelta para dar la conversación por terminada e ir a cerrar la tienda.
Yo no diría tanto.- al oírle, el joven se paró en seco y se giró hacia él.- Curioso... así que estás implicado.
¿En qué? ¿De qué está hablando?
En el secuestro.
¿Qué secuestro?
No me digas que no lo sabes. Este lugar pertenece a tu padre, pero lleva dos días fuera y no has ido a denunciar. Has permitido que busque en las grabaciones de seguridad, y ¿adivinas qué? Vengo con los deberes hechos.- Sherlock sonrió triunfal, con la mirada clavada en el joven, como si pudiera mantenerle inmóvil. Y de momento, funcionaba.- Hace dos días, a esta hora exactamente, tu padre aparecía en las cámaras de seguridad. Pero vinieron dos personas que se lo llevaron. Si a ti no te importa, si no has hecho nada, es más que probable que tú tengas algo que ver, ¡así que empieza a hablar, o puedo hacer que te detengan por cómplice de asesinato!
¡¿Asesinato?! ¡¿De qué habla?!
Sé que tienes algo que ver en todo esto... - siseó.
¡Yo no he hecho nada! - estalló Christian.- ¡Si se lo han llevado, es sin duda porque él hizo lo que no debía! ¡Tiene exactamente lo que se merece!
¡Demuéstramelo!- gritó Sherlock.- ¡Pruébamelo ahora mismo!
Fuera, los guantes de John se humedecieron. Otra vez se había puesto a llover. Con un suspiro, el médico decidió concentrarse en lo que estaba haciendo, pero al ir a coger uno de los objetivos del montón de la derecha, se le resbaló y cayó al suelo estrepitosamente, acompañado de un sonido de cristales rotos. John se llevó las manos a la cabeza y se apresuró a cubrirlo con su cuerpo para que el agua no pudiera llevarse ninguna pieza. Cuando levantó una parte del mismo, comprobó con resignación que, efectivamente, estaba roto. Las lentes y tornillos que el objetivo albergaba en su interior se habían partido, y salían por la parte frontal del mismo, que se había hecho añicos. John emitió un leve quejido de protesta, pero ya nada se podía hacer. Con cuidado, devolvió todos los objetivos del montón de la derecha a la caja y cogió uno del montón de la izquierda. Tras mirarlo durante un largo rato, lo dejó caer al suelo cerrando los ojos. El sonido que hizo el objetivo al caer fue diferente al del otro, y aquello hizo que John se estremeciera ligeramente, como si quisiera saborear un cierto éxito sin atreverse del todo. Más le valía encontrar algo bueno, o si no, ser lo bastante creativo para explicar semejante destrozo ante Sherlock y el dueño de la tienda o su hijo. A fin de cuentas, eran la parte más cara de la cámara, y él no podría pagar eso ni en siete vidas.
Con el corazón en un puño, abrió los ojos y levantó el segundo objetivo, iluminando el suelo con la linterna. Pero ese objetivo tenía algo más entre los trozos de cristal. Había un polvillo blanco mezclado con los restos. Extrañado, se apresuró a mirar el interior. El objetivo casi se le cayó de las manos de nuevo. Dentro, entre las lentes, había bolsitas de plástico que contenían el mismo polvo blanco. Cuidando de que no se mojaran, John trató de identificar el contenido por el olfato. Y no tardó en descubrirlo. Rápidamente, echó mano de su móvil para fotografiarlo y enviarle la evidencia a Sherlock por mensaje.
