La fresca brisa de las praderas golpea mi cuerpo, obligándome a temblar del frió.
De forma natural mi mente fue regresando del mundo de los sueños. Zumbidos. Flores, levitar, correr... dolor. Mi rostro se distorsiona por las memorias que me llegaron apenas a unos segundos de despertarme.
En mis oídos se escucha un fino zumbido sin fin. Un dolor se hizo presente desde mi cabeza, ¿El cerebro? Obligándome ha sujetarme la cabeza usando las patas, apretando fuertemente.
"Ah. Ahh". Gritos trataron de salir de mi seca garganta. Una acción imposible de realizar. Mi cola se agitaba de forma desesperada, golpeando ya sea el aire, el suelo o a mi.
Sentía como si mi cerebro se comprime e hincha a la vez, repitiendo ese proceso por cada un segundo. Un líquido frio comenzó a fluir desde mis oídos, empapando mis patas que estaba en mi cabeza.
"¡A-ah".
El dolor se intensifica por cada segundo. Deseo gritar, pero no puedo. Quiero que el dolor acabe, pero desconozco el cómo solucionarlo.
Trato de aguantar. Aprieto con fuerza los dientes, al punto de casi romperlos, y mantengo los ojos cerrados. Ignorar. Ignorar. Pasar por alto este dolo, no lo...soporto.
"Aaaaaaahh!". De una buena vez, grito con fuerza al cielo. Sin contenerme en expresar lo que ciento. Sé que un grito sale de mi garganta, pero este era apenas audible. Tan débil como si se tratara de un susurro, y no de un grito.
Así, gritando al cielo... pierdo la conciencia.
"Bueno. Esta vez no les ha ido tan mal en la prueba, los felicito". El profe de matemática nos contaba estando en la parte de delante del salón, junto su escritorio y el pisaron. Sostiene varias hojas en sus manos, cambiando la mirada entre ella y nosotros a cada rato. "Procederé a entregar las pruebas, por favor, compórtense".
El profesor se posiciona en la primera mesa de la fila en la esquina derecha, y prosigue a entregar la prueba a los alumnos sentados en ella. Luego sigue con la de atrás, y así seguirá hasta entregarlas todas.
Miraba con nervios al profesor mientras entregaba las pruebas, alterándome cada vez más mientras se acercaba. Conteniendo el impulsos de morderme las uñas. Por unos pocos minutos que parecen una eternidad espero a su llegada, a la entrega de mi prueba.
Estudie cuanto pude. Respondí todo... taaaan mal no pudo a verme ido. ¿O sí? Empiezo a dudar de las respuestas que di. Tuve toda una semana para dudar o verificar si estaba bien, pero justo ahora se me ocurre pensar en la prueba.
"No ha estado mal".
¿He? El profesor se coló en frente de mi, sin que yo me percatara, y puso la prueba sobre la mesa, donde yo pudiera verla. Rápidamente agarro la hoja y la calificación; esquina derecha superior e izquierda, el medio, abajo... ¿¡Atrás!? Apurado doy vuelta la hoja, en la parte trasera, en una esquina, destacando con un color rojo brillante, la nota.
Suelto toda la tensión de mi cuerpo, y dejo ir un largo suspiro de alivio. Aprobé... Menos mal.
"Dante. Sé que eres más capaz que esto, siempre es lo mismo contigo en las pruebas. ¿Te pones nervioso?". El profe le habla tranquilamente a Dante, mi compañero de banco y amigo desde ya hace años, mientras le entrega la prueba y sigue entregando pruebas a los compañeros faltantes, sin esperar una respuesta de parte de Dante.
A la ida del profesor desvió la mirada a mi prueba, y la cambio para ver la de Dante. Fijándome hasta el mínimo detalle, reviso la forma en que resolvió los problemas y compruebo si están bien o mal. Dante, ignorando la nota de la prueba, prosigue a guardar la hoja en un lugar a lazar de su carpeta. Negándome a seguir viendo... pero, logre ver lo suficiente.
Aprieto los dientes del enojo.
Otro siete. Una nota muy natural para él, la cual no le cuadra nada. Siete en mate, siete física, siete en biología... siete en todas la materias teóricas, siendo lo mismo en todos los años. Se puede llegar a creer que es del tipo de persona que está bien en todas y que no sobresale o es malo en ninguna. Yo pensé eso por un largo tiempo, todos hemos caído y caeremos en esta farsa suya, pero él esconde a todos su verdadero talento.
"Ey". Con la mirada baja le hablo a Dante, y comienzo a echarle mi bronca. "¿Por qué siempre un siete?".
Termina de guardar la hoja, se voltea con sorpresa y me mira confundido. "¿Cómo qué porque? Por qué no doy para más es simple eso". Echa su excusa, mientras ríe débilmente. Evitando el contacto visual mirando a los lados.
"Mentiroso". Rápidamente rechazo su respuesta. Te he conocido por años. "¿Cómo le haces para responder mal lo que tú mismo me enseñaste?". Recuerdo, en la hora anterior de la prueba, yo te pregunte como resolver tal problema. Gracias a tu consejo pude resolverlo en la prueba y, quien sabe, tal vez hasta gracias a eso logre aprobar. Entonces ¿Cómo es que los hiciste mal?
Dante mueve un poco su mirada en mi dirección, pareciendo un poco sorprendido. "¿Oh? Y yo creía a ver quitado la hoja antes de que lo notaras. Eres más perspicaz de que esperaba, si te lo propones vez con mucho detalle ¿No?".
"No trates el desviar el tema. Dime, ¿Acaso crees que me creeré eso? Mentiroso. Muestra tu verdadera cara"... Lo dije finalmente... cierto malestar es liberado de mi mente al revelar uno de mis más profundos pensamientos, ojala nunca los hubiera liberado, debí conformarme con la duda.
"Oye". Por primera vez, Dante se mueve para verme de frente, directamente a los ojos. Notándose una gran seriedad y furia en sus rostro, tan intensa es su mirada que deseo dejar de mirarlo, pero no me era posible. "Podre ser un mentiroso...".
Un miedo surge en mis pensamientos, presintiendo algo terrible. Córtala. No quise decir eso, por favor, no te enojes conmigo.
"Pero no tanto como tu...".
Cállate. No-no toque ese tema. Quiero decirlo, pedirle que se calle... pero mis labios empezaron a temblar.
"Que se miente a si mismo".
Cállate.
"¿Qué te propones lograr renunciando a tus sueños?". ¿¡Como sabes eso!?
."Si serás tarado"
Los latidos de mi corazón se agitan. Agacho la mirada rompiendo contacto visual.
¡Aaaaaahhh!
¡Cuidado! ¡Corre!
¡Aléjate!
Desde lo profundo de mi mente unos gritos de dolor resuenan, provocandome un fuerte dolor de cabeza. Varios ruidos de explosiones y choques le siguen a los gritos.
El día que trato de olvidar. El evento que me llevo a ser quien soy.
¡Mamiii! ¡Paamii!
Mis gritos infantiles resuenan por sobre todo el desorden que se lleva a acabo en mi cabeza. No debo recordar...
Lágrimas empiezan a fluir de mi ojos. De prisa me llevo una mano al pecho, apretando con fuerza el lugar donde está mi corazón.
"Si-si..." Reúno fuerzas para hablar, y temblando voy levantando la mirada. "Sabes tanto crees saber de mi... de-deberías saber...". Al levantar hasta cierto nivel la mira, vuelvo a ser contacto visual con Dante, el cual retrocede al ver mis lágrimas. "¡Que ese es un tema sensible! ¡Imbécil!".
Los truenos retumban a los lejos, agitando mis oídos y provocando temblores en la tierra. En mi pelaje, siento la humedad de los alrededores y la ferocidad del viento. Este habiente... me inquietad.
Como si un despertar normal se tratase, abro los ojos y volteo a ver el cielo. Sencillamente noto la fealdad del cielo, mejor dicho, oscuras y gruesas nubes negras lo cubrían, extendiéndose hasta donde alcanzo a ver. Los rayos del sol, o el celeste del cielo, es imposible de ver por las espesas nubes. En esta pradera carente de luz natural o artificial, esta supuesta tarde es tan oscura como la noche... una fría y solitaria noche.
Cada pocos segundos una corriente de luz eléctrica recorría por la nubes, iluminando el marchito campo de flores en el cual me encuentro.
Teniendo la boca media abierta, y los ojos entrecerrados, observo con atención el acto de la naturaleza desarrollarse en frente de mi.
...
Maldita tormenta.
...
"¡Aquí esta!". Una gruesa voz grita desde uno de mis lados, lo ignoro completamente y sigo mirando el cielo.
"Prosigan con cuidado, no sabemos de qué es capaz. ¡Rodéenlo! No lo dejen escapar, nuestra misión es atraparlo con vida".
En un día no muy diferente a este, yo morí. Aquella mañana yo grite y llore como no había echo en años. Una experiencia que ha quedad gravada en mi cuerpo y alma. Ese día, mi único deseo fue encontrarme con la muerte, y librarme de esa pesadilla.
Los he evitado, estos recuerdos... y aquellos, ¿Por qué me tuvo que pasar eso? Carezco de la fuerza para recibir el dolor de frente, y la voluntad para poder vivir con el. Lo olvido, lo ignoro. Así de simple, me libero de todo aquello que sea una molestia. Todo aquello que juegue con mi mente y corazón...
Unas de las primeras gotas de la lluvia impactan contra mi frente, en medio de mis ojos. Segundo tras segundos, más gotas le van siguiendo a esa.
...
Pero, por mucho que me esfuerce en olvidar, no quiere decir que lo he superado. Y, cada tanto; estos recuerdos, este trauma, salen a la luz. Reclamando su lugar por sobre todos mis pensamientos. Dominando mi mente, jugando con mi corazón y queriendo quebrar mi alma. Lo olvido, lo ignoro... y jamás lo supero.
Esta tormenta es la causa por la cual vuelvo a recordar.
"¡Jefe! El objetivo parece estar en un especie de trance ¿Cómo proseguimos?".
La gotas de lluvia se van haciendo más grandes y pesada, a la vez que caen con más fuerza y en una mayor cantidad. Las flores se ven aplastadas por la fuerza de la gotas.
"¡No bajen la guardia! ¡Yo me encargare de ponerle en collar! ¡Cubrirme!".
""¡Si, Jefe!"".
Tan lamentable.
[Procesando...]
Mientras mantengo mi mirada fija y, a la vez, vacía en el cielo voy sintiendo como unos extraños pensamiento se va haciendo cargo de mi mente. Voy perdiendo la conciencia, encontrando complicado el mover incluso el más pequeño musculo.
Todos merecen morir.
[...]
Pesadas pisadas se escuchan desde un costado, acercándose lentamente a mi localización, Sigo manteniendo mi mirada fija en el cielo, sin desear perderme ni un segundo de este espectáculo... ojala nadie se atreva a molestarme, un pedido que no llego a ser escuchado.
Mi vista al cielo se ve obstruida por un hombre que se encuentra de pie en silencio cerca de mi. El hombre usa algún tipo de armadura de cuero para proteger su cuerpo y en la cabeza un oscuro casto de metal, el cual cubre solo la parte superior de su cabeza, dejando expuesto su rostro. Debido a la poca iluminación no logro ver claramente su rostro.
¡Sal del enfrente!
En sus grandes y aguantadas manos noto que sostiene un collar de acero. Con habilidad le quita fácilmente el seguro al collar y lo abre. Lentamente, en silencio y con cuidado lo va acercando a mi cuello con intención de ponérmelo.
[Sea cumplido el requisito]
El tiempo trascurre en cámara lenta, observo tranquilo mientras el hombre trata de ponerme el collar. Simplemente lo miro, sin hacer un movimiento o sonido. Manteniendo una expresión neutra, demostrando poco interés en sus intenciones.
[Desde ahora estarás bajo el efecto de la maldición:...]
Justo cuando esta por ponerme el collar, una sensación escalofriante me invadió. He, instantáneamente, pierdo la conciencia.
[Alter ego de la tormenta asesina]
[Efectos:]
[El Alter ego que descansa dentro de ti se levanta y tomara control de tu cuerpo. En lo que dura la tormenta, matarás a todo ser vivo que se cruce en tu camino]
[Durante este modo la obtención de Exp es imposible]
[La fuerza, defensa, poder magicos y el Lv de habilidades se triplica]
Una fuerza misteriosas despierta en mi interior con la intención de controlar mi cuerpo.
PDV tercera persona
Estando en el exterior en medio de una feroz tormenta, en un pequeño y marchito campo de flores se encuentran más de diez mercenarios armados y una pequeña criatura rosa.
Nueve de los diez mercenarios formaron un pequeño círculo alrededor de la criatura, cada uno sujetando con fuerza sus armas; tres armados con espadas, tres armados con lanzas y los últimos tres con arcos. El noveno mercenario, su jefe, se encuentra acercándose esa criatura.
La criatura, un tipo de monstruo nunca visto por los mercenarios, ha permanecido inmóvil desde que llegaron. dándoles algunas dudas de que incluso este vivo.
Bajo el feroz ruido de la tormenta el jefe se había acercado con cautela a la criatura, teniendo total precaución incluso al más mínimo movimiento de su parte. En cualquier situación de peligro, el jefe confiaba en que sus lacayos le salvarían…
Negándose a ser influencia por el miedo a los misteriosos poderes de esta criatura se va ubicando lo suficientemente cerca de ella. Sus pesadas botas provocan ruido al chapotear en los pequeños charcos que se formaron bajo sus pies. Por cada paso aprieta el collar que tiene en sus manos, como si su salvación se encontrara de si logro o no ponérselo… sus instintos se lo decían, es peligroso.
Estando ya bastante cerca, conteniendo el aliento, hizo contacto visual con la criatura, la cual no hacía más que mirar al tormentoso cielo. El jefe, al ver su rostro, se alarma, pero logro contener perfectamente el impulso de ponerse a la defensiva.
Como había ensayado en viaje hasta aquí, con un buen control de sus dedos desenrosca la tuerca y quita el tornillo. Una vez sacada la rosca y el tornillo los mantiene en la palma de su mano. Siendo quitado el seguro del collar, prosigue a abrirlo.
Prosigue a ubicar el cuello de la criatura. Al verlo desvía de forma leve la mirada al collar en sus manos, dudando un poco respecto al tamaño de este.
Conteniendo el aliento. Asegura un agarre firme en el collar debido a que el viento amenaza con arrebatárselo de las manos, lentamente va acercando el collar al cuello de la criatura.
Justo cuando estuvo a punto de ponerle el collar, todo el cuerpo de la criatura vibra de una forma sutil. El jefe se detiene en seco, sin atreverse a quitarle los ojos encima. Fue capaz de notar como la test de los ojos de la criatura se fueron perdiendo color, pasando de un brillante celestes a un vació gris. Los pequeños labios de la criatura se curvan en una siniestra sonrisa.
"Te matare".
Esas pocas palabras , pero llenas de maldad, fueron dichas por la criatura en un tono sombrío. A pesar del rugido del viento y el retumbar de los truenos su débil voz fue escuchada con total claridad.
Tomado totalmente por sorpresa, el jefe de los mercenarios suelta el collar y prosigue a agarrar la daga que se encuentra en su cinturón, al hacerlo le quita los ojos a la criatura. Su misión era atraparlo con vida, pero si resulta ser más peligroso de que creían se les fue dada la orden de matarlo.
Su mano busca apresura la daga, pero no es capaz de encontrarla.
"¿Qué tanto buscas?".
Levantando un poco la vista, ve a la criatura flotando en frente de su cara, mientras a esta le rodea un aura de color rosa que representa más hostilidad de lo se daría a comprender. El jefe trago saliva y aprieta los puños con fuerza. A la pérdida de su arma se prepara para una lucha a mano desnuda.
"¡Ataquen!". Rápidamente le grita a sus lacayos la orden, y lanza un golpe con todas sus fuerzas a la criatura que se encuentra delante. No logro acertar, golpeando simplemente el aire y algunas gotas de la lluvia.
"Eres lento". La sombría voz se escucha desde su espalda. La criatura no solo esquivo su ataque sino que también logro colarse detrás de él.
Alarmador el jefe da un pequeño salto hacia adelante mientras da media vuelta en el aire. Al aterrizar rápidamente se coloca en posición de ataque, mirando de frente a su enemigo. La criatura sonreía de forma maliciosa mientras agitaba, en un tipo de saludo, una de sus patas delanteras.
Antes de que incluso el jefe logro analizar a que viene ese repentino gente... desde atrás, su propia daga le atraviesa limpiamente la garganta. La sangre de la hoja es limpiada por la lluvia, dando a parecer no estuvo manchada en primer lugar.
En busca de aire el jefe convulsiona por unos segundos y expulsa sangre desde la boca. El jefe se derrumba rendido en el suelo, muerto.
"Muy simple".
Desde la espalda de la criatura tres flechas van disparada a su cuerpo, con intención de matarlo. Las flechas fueron disparadas por los tres arqueros.
"Veamos que logran hacer". Dice la criatura manteniendo la tranquilidad. Sin voltearse, usa su cola para destruir las flechas.
"¡Aaah!". Un espadachín, sosteniendo la espada en alto, grita en su derecha. Con ferocidad balancea su espada.
Moviéndose levemente a la derecha, la criatura esquiva su ataque. "Lento". La criatura se burla. "¿Uh?". Se confunde por una flecha que pasa frente sus ojos.
Aprovechando su leve confusión, un lancero se adelanta y da un estoque desde su espalda. La cual la criatura esquiva por un pelo, pero sufre un profundo corte entre sus costillas.
"¡Maldito!". Grita enojado. Extiende su pata en un intento de alcanzar la cabeza del lancero, lo hubiera logrado si no fuera por una flecha le atraviesa el brazo.
"¡Aaaaaah". Grita de dolor mientras se lleva su brazo herido contra su cuerpo.
""¡Ahora!". Varios de los mercenarios gritan a la vez mientras seis de los nueve cargan contra la criatura, y los tres faltantes, los arqueros, mantienen la distancia. Los mercenarios cargaban desde todos los ángulos, impidiendo así el escape de la criatura. O eso creían, jamás esperaron que la criatura lo encararía de frente... y menos que esté dispuesto a acabar con todo inmediatamente.
Los ojos de las criatura comienzan a brillar y el aura a su alrededor se vuelve más opaca, provocando un pequeño resplandor a su alrededor.
Atlas(el prota) no había pensado mucho en la habilidad telequinesis, y por eso llego a creer que es capaz de controlar todo aquellos que está en su rango de visión. Por ejemplo, hay una caja y dentro de esa caja hay una pelota. Él cree que solo es capaz de mover la caja, la cual es capaz de ver, y no la pelota que se esconde dentro de ella.
Muy mal por él el creer eso. Solo es necesario ubicar la pelota dentro de la caja para poder moverla. Por tal razón, usando telequinesis… la criatura, la cual se hizo cargo de su cuerpo, si lo intenta puede aplastar el corazón de los mercenarios.
La criatura fija su atención a los cinco mercenarios que lo atacan de frente. "Mueran". Con simplemente queriendo hacerlo, usando telequinesis, aplasta el corazón de los cinco mercenarios. Los cinco cuerpos caen desplomados al suelo, muertos.
Sin tomarse un segundo de admirar su trabajo, se eleva varios metros, salvándose del ataque combinado de los cuatro mercenarios en su espalda.
Al voltearse la criatura sonríe maliciosamente al ver la expresión de los mercenarios restantes. Estando a varios metros del suelo ellos son incapaces de alcanzarlo con sus armas de cuerpo a cuerpo, y el único arquero del grupo se encuentra sacando la flecha de su aljaba.
Un lancero se alejaba en dirección contraria él, huyendo. Tal cobardía solo hace sentir más satisfecha a la criatura.
"Se acabó". Siendo más rápido de lo que el arquero disparaba su flecha, aplasta el corazón de tres mercenarios. Dejando con vida al lancero que huye.
"Tu serás el ultimo plato". Cuando dirige su mirada al último mercenario sobreviviente, el lancero que huyo, se sorprender al ver que ahora este se encuentra corriendo a su dirección sosteniendo su lanza en ambas manos, estando en una pose que muestras sus obvias intenciones de lanzarla.
"Tonto". Estando el lancero corriendo es medio complicado amputar a su corazón, así que en su lugar la criatura levita las armas de los mercenarios caídos y se las lanza.
Espadas, lanzas y flechas impactan contra el cuerpo del mercenario, cortando y atravesando varias partes de su cuerpo, pero a pesar de las heridas sigue cargando en su dirección sin aflojar su corrida.
El lancero, con lo última fuerza que le queda de vida, le arroja la lanza a la criatura. La punta de la lanza brilla de color blanco, dirigiéndose a una gran velocidad al cuerpo de la criatura.
La velocidad del lanzamiento era tal que no tenía tiempo de reaccionar y esquivarlo. En un intento desesperado, trata de detenerla con su telequinesis. Tan solo logro reducir apenas un poco su velocidad. La punta de la lanza impacta en su cuerpo…
"¡Nooooo…!" Grita la criatura al ser atravesada desde el abdomen por la lanza, dándole un terrible dolor.
Lentamente la criatura va perdiendo altura, cayendo en picada contra el suelo.
El lancero caminaba jadeando al lugar donde cayó. Pero se derrumba antes de llegar, a su cercana muerte, pronuncia sus últimas palabras. "Morimos todos… o no muere ninguno". El lancero muere.
Listo, ya está… no narro más algo tan largo en tercero persona (lo cumpliré?). Si ya soy malo con la primera persona con la tercera soy terrible, bue, o si no se quedaban sin saber que sucedía mientras el "alter ego" controlo su cuerpo. Así que bue… estoy cansado…
Chau y buena suerte.
