Penúltimo capitulo!

Antes que nada, una disculpa por la tardanza. Sigo entre exámenes, y no tengo tanto tiempo como el que me gustaría, pero bueno. Gracias a los que me siguen aun.

Txira (gracias por el review!)

Julie (Mujer… me estas sonrojando demasiado con tus halagos. No los merezco. De hecho si quisiera escribir más a menudo, mis actividades escolares lo impiden. No me lo creo que hayas leído de nuevo ese fanfic Hiddlesworth que hice, al parecer les gustó a varios. Tratare de hacer más de ellos, prometido)

LadyMischievous07 (jajajaja Halric de aquí a que me de la neurosis de la edad adulta o tenga demencia. Mientras tanto seguirá abundando el slash de mi parte)

Ana (gracias! me alegra que te haya gustado)

Sin más, les dejo leer.

NOTAS: es un crossover entre "Blanca Nieves y el Cazador" y The Hollow Crown

DISCLAIMER: los personajes de Eric y Hal no me pertenecen, solo lo hago por diversión

ADVERTENCIAS: rated M, slash, yaoi, etc.


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UN SOLLOZO, UN BESO, UNA CONDENA

XI. RESURRECCIÓN

A un mes después de recibir la misteriosa carta, Hal seguía ferviente en su investigación respecto al Resucitado. Para esto había recopilado los nombres de sus víctimas, la hora del crimen, el lugar del ataque y escasos testimonios, pero nada. El famoso bandido no dejaba una condenada huella de su paradero, y a lo único que podía aferrarse Hal, en ese momento, era al escrito que guardaba bajo llave en un baúl de madera.

El día estaba teniendo un curso normal, y a decir verdad, Hal estaba impacientándose. Ese mes se le había alargado condenadamente. Lo único que ocupaba atención en su mente, era la promesa escrita en ese mugroso trozo de papel. Ahí podía contemplar a qué atenerse, a qué grado de confianza podía deber en esa carta.

Aunque al comenzar a caer el sol, el curso de todo le dio la vuelta.

Cursando una tarde de té normal, junto con su nana, Hal permanecía sentado en su balcón, conversando de cosas intrascendentales que tenían que ver con las acciones del castillo contra el criminal que le interesaba. Lo mismo de siempre, que si atacó al banquero, que si se ha perdido pistas en rastrearlo, que toda la guardia empezaba a temerle. Nada que no supiera ya.

—Es famoso entre la gente del populacho. Lo consideran un héroe —comentaba Sally, limpiando la mesita, en tanto Hal se disponía a tomar un baño.

No pudo cumplir tal propósito, puesto que oyó un alboroto fuera de la casa. Unos ruidos de espadas chocando, gritos de auxilio y guardias marchando.

De inmediato, todo el personal dentro de la mansión se movilizó. Hal bajó las escaleras, dando instrucciones y tentado a asomarse por la ventana para saber qué demonios ocurría. No estaba asustado, pero si confundido. No era común que esa zona fuera usada como territorio de guerra, y por lo que oía, era una revuelta fuerte.

Hal estaba a punto de abrir el picaporte, cuando una de las escoltas impactó contra la ventana, haciéndola añicos. El príncipe se acercó al cadáver, observando el cuello a medio degollar. Esa herida no era la que deja una espada, de corte fino y recto, esa era grotesca con bordes irregulares. El asesino usaba otra cosa.

—¡AVISEN AL REY! ¡ESTÁ AQUÍ! ¡ESTÁ AQ. . .! —

El lord oyó el clamo de un espadachín. ¿Quién había llegado? ¿Quién era tan temido, como para que fuera notificado al rey?

Hal abrió ambos parpados, sintiendo el corazón dolerle. Sus ojos aqua tomaron brillo, aun en ese alboroto. ¿Sería posible?

—Príncipe Hal, no salga —advirtió la nana, escondida bajo una mesa

El monarca ignoró por supuesto, llevado por un magnetismo desconocido a la zona de peligro. Al abrir la puerta de caoba, Hal notó una autentica masacre, la descripción hacia honor al montón de cuerpos de los guardias esparcidos por todo el prado. No había un solo soldado en pie. Arriba, en las torres de vigilancia, los arqueros habían sido atravesados por sus propias flechas. Era un lago de sangre.

Hal no sintió pánico, siendo guiado por sus pies a la puerta que separaba la barda del mundo exterior. El aire estaba pesado, y los albores del atardecer empezaban a acariciar la piel del monarca, quien estaba a unos centímetros de abrir la puerta, pero el sonido de una rama crujir lo paralizo.

Casi en cámara lenta, los ojos aqua del lord vislumbraron una figura de un hombre a sus espaldas, comenzando por unas botas desgastadas, pantalones rasgados con un cinturón del cual colgaban todo tipo de armas pequeñas, un portentoso torax, una capa negra que cubría el rostro del desconocido. Éste bajó su capucha, revelando su identidad.

Hal contuvo la respiración con premura, con un remolino en su estómago que subió a su garganta hasta culminar en dos silenciosas lagrimas que resbalaron insípidas por sus mejillas. Tenía los labios entreabiertos y la opresión en su pecho impedía que respirara con naturalidad. Podía vislumbrarlo en medio de los halos taciturnos, reconociendo en seguida esas facciones duras y severas.

El hombre movió con pereza sus piernas para caminar hacia Hal, quien con impaciencia también tomó marcha para acortar la distancia.

Cuando estuvieron a unos metros para poder apreciarse mejor, el monarca sintió una fogata terriblemente gratificante en su pecho, conocida. Hace tiempo que no experimentaba una sensación igual, porque creyó que ese sentimiento de llamas ardiendo dentro suyo no volvería a presentarse en toda su vida. Sin embargo, las remembraba ahora.

Sus lágrimas no se esmeraban por esconderse, seguían recorriendo las mejillas de Hal, más no le importaba que aquel hombre lo viera. Ya lo había visto así antes. Solo le importaba saber el motivo de su visita, y otras cosas más; ojalá que valiera la pena que estuviera llorando, porque algo mayor que su fuerza de voluntad estuvo manteniéndolo vivo todo ese tiempo y era hora de descubrirlo.

Sin embargo, seguía dando miedo verlo ahí, a solo unos metros, sin poder hablar ni pensar en hacerlo; tal vez sus preguntas y el constante tormento empujaron a Hal hasta él. . . Hasta Eric.

"Has vuelto"

El cazador se veía diferente, un poco más alto y musculado. Con varias cicatrices en su rostro, una muy marcada que le atravesaba el ojo derecho, hecha por el rey Henry IV meses atrás; pero no suficientes como para deformar su masculinidad; y finalmente cuando Hal se posicionó frente suyo, y lo miró a los ojos. . .

—Hola, Hallie —saludó el cazador con naturalidad, apenas simulando una sonrisa

"Volviste. . ."

El primer reflejo que tuvo Hal al oirlo de nuevo fue abofetearlo con fuerza, casi logrando que perdiera el equilibrio.

—¡IDIOTA! ¡¿POR QUÉ TE TARDASTE TANTO EN VENIR?! ¡ME ESTABA VOLVIENDO LOCO! —gritó el príncipe

Eric se incorporó, suspirando profundo al escuchar la réplica no tan cordial, acomodándose un poco la mandíbula.

—Ya, ¿quieres calm. . .?

—¡¿SABES TODO LO QUE PASÉ?! ¡¿TIENES UNA IDEA DEL MALDITO INFIERNO QUE HE VIVIDO POR CASI UN AÑO?!

—Lo sé

—¡NO LO SABES, BASTARDO! —Hal lo abofeteó de nuevo, en la otra mejilla —¡FUE HORRIBLE! ¡CADA NOCHE ME ACOSTABA, ESPERANDO QUE A LA MAÑANA SIGUIENTE ME DIJERAN QUE TODO ESTO FUE UNA PESADILLA!

Mientras Eric escuchaba al príncipe, intentaba explicarle la situación: "Si entiendo, pero. . ."; "lo sé, por eso he venido a. . . ", sin terminar una sola frase porque Hal ya lo interrumpía con una nueva externalización.

—¡ESTUVE AL BORDE DEL COLAPSO Y NI SIQUIERA TE IMPORTA! —volvió a chillar el príncipe.

Eric observó sus lágrimas, reflejando todo ese dolor y angustia del que hablaba, de ese tiempo de penumbra que atravesaron ambos cuando él había sido sentenciado a la horca. Por poco se queda sin nada, sin verlo de nuevo y mostrarle todo lo que no pudo al ser arrestado. Ahora que lo daban por muerto (por segunda vez) estaba libre de quedarse con Hal y ser su eterna sombra.

Buscando un modo de confortarlo –y parar su llanto si era posible – Eric lo tomó de una muñeca y lo envolvió en un abrazo a pesar de que el lord se resistió.

—¡NO, SUELTAME! ¡¿POR QUÉ REGRESASTE?! ¡¿POR QUÉ?!

Eric mantuvo ese abrazo firme hasta que Hal dejó de pelear, acallando el llanto con tintes de berrinche que hacía. Oyó con atención, mucha, lo que Hal tuviera que decir o gritar. . . Bueno, en realidad su paciencia no era la óptima como para escuchar absolutamente todo, además, no correría el riesgo que lo arrestaran por segunda vez.

—¡¿QUÉ DEMONIOS PRETENDES?! ¡NO SABÍA QUÉ HACER! ¡ME DEJASTE SUFRIENDO EN ESTA MALDITA CAMPIÑA! ¡QUERÍA MORIR!

El cazador presionó la espalda del monarca, y lo tomó del cuello para encararlo. Estaba enfadado por todo el martirio al que su lord debió verse sometido debido a la injusticia del rey. Lo notaba en sus ojos, al verlo, tan perdidos y confundidos, como llenos de tristeza callada por meses. Y esa impotencia de no poder retroceder al pasado para confortarlo y susurrarle en fragmentos que aguardara por él, solo hasta que volviera a hallar el sendero, solo un poco más hasta estirar su mano y tomar la suya sin el muro de la distancia, incrementaba su ira y trastornaba su tranquilidad. El barco que decidió zarpar junto al príncipe estuvo por partir y dejarlo a él en medio del mar, ahogándose en la incertidumbre de no verlo nunca, no besarlo otra vez.

Pero ya no sería así.

Los ojos vidriosos de Hal danzaban en el rostro de Eric, sin creer lo que veía aun; aunque el cólera iba en aumento y solo trataba de canalizarlo al derramar lágrimas, tenía terror de perderlo. Por todos los cielos, cuanto extrañó a ese malnacido.

—¡ME HACÍAS FALTA! —gritó con rabia Hal, aferrándose a la capa del cazador —me hacías falta. . . —reiteró, imposibilitado a gritar más porque su garganta se cerraba

"Lo sé"

Y en serio lo sabía. Eric mejor que nadie conocía el trago amargo de lo que significa la pérdida de un ser querido, sobretodo si ves a esa persona morir antes tus ojos. Tomó el mentón del príncipe, frunciendo el ceño, conteniendo la respiración y soltando muy despacio el aire.

—Escúchame, ni yo mismo supe por qué había sobrevivido —explicó —vi el puente que conduce al otro camino, pero entendí que no era mi hora. Era muy pronto para dejarte solo con el cargo de conciencia

—¿Qué estás diciendo?

—Que soy un cabrón que buscó tu felicidad de la forma equivocada. Creí que al devolverte a tu familia estarías bien, pero fue un error enormemente estúpido

—Oh, lo fue —recriminó Hal con fastidio —fue más dañino que benéfico. Aunque haya sido un milagro que sigas viviendo, no cambia el hecho que me provocaste un sufrimiento terrible, el cual dudo que se borre

Eric negó con la cabeza, acercándose al rostro de Hal. —Mentira. . .

Sin aspavientos lo besó, con bastante impaciencia. El príncipe abrió ambos parpados, y en seguida los cerró, envolviendo el cuello de Eric con sus brazos mientras dejaba que sus labios probaran los ajenos. El montaraz no había perdido esa peculiar manera de besarlo y someterlo tan solo con un roce que lo dejaba sin aliento.

Se besaron entonces con ansia y energía explotando, libres de probarse de nuevo después de meses de escasez, de saciarse en la lengua del otro y repetirse entre ese contacto un implícito: "no te separes de mi". Jamás dejarían que volvieran a apartarlos, empezaban a comprenderlo con este encuentro, anhelado en los sueños de cada uno al dormir.

Con los brazos de Eric rodeando la cintura de Hal, y éste con lágrimas que rodaban en sus mejillas, el atardecer declinó su turno.


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El cuerpo de Eric había sido enterrado en un ataúd de madera roída. No se acostumbraba usar material de calidad para los bandidos del reino.

El cazador sintió que flotaba, en medio de una luz cegadora. Había perdido la consciencia unos segundos, pero comenzaba a despertar.

Al abrir sus ojos por completo, se percató que no estaba dentro de su ataúd, sino en un sitio lleno de luz. Había una persona arrodillada frente a él. Una mujer.

—. . . ¿Sara? ¿Eres tu?

La mujer asintió dándole una sonrisa cálida y llena de amor, ofreciéndole la mano para levantarse. Eric la tomó sin preguntar, mirando a su alrededor. Todo estaba en blanco, no veía nada tangible o limites en esa dimensión.

—He muerto, ¿cierto? —preguntó. Le parecía una dimensión irreal, la prueba era tener a su esposa a su lado.

Sara tomó su brazo, caminando juntos hacia ningún lugar en especial, sin responder.

—Te extrañé, ¿sabes?

Una vez más, la chica guardó silencio, continuando su caminata hasta llegar a lo que parecía, una pequeña lagunilla. A la orilla de ésta, Sara indicó con la mirada a Eric que se metiera al agua.

—¿Por qué?

Sara solo sonrió de lado, acariciando el pómulo del cazador, dándole un beso.

—Porque debes volver . . . —dijo al fin, empujando al hombre al fondo

"¿Qué? ¿Volver a dónde?" estaba a punto de interrogar Eric, cuando sintió un torbellino que lo arrastraba más abajo, hundiéndolo hasta un lugar negro, llevándose de última imagen el rostro de su esposa diciéndole adiós.

Al despertar, el aire escaseaba, y Eric se dio cuenta que tenía que luchar por su vida de nuevo. No estaba muy seguro de dónde sacó la fuerza para escarbar sin hundirse más. Incluso al salir a superficie continuaba aturdido, pero con la misma rabia que le dio fuerzas para no morir. Era coraje e ira juntos, mismos que lo volvieron más violento al observar el palacio de nuevo, y cuando los guardias se acercaron a inspeccionar la fosa donde fue enterrado, desató su venganza.


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Otro capitulo más y esto concluye. Una disculpa de nuevo por la tardanza. Espero no tardarme tanto en el próximo.

Gracias por leerlo!