Nota: Los personajes que salen en esta historia no son míos, si no de sus respectivos dueños, yo solo los tomo prestados para hacer esta historia sin fines de lucro, solo por diversión.

Capítulo dedicado a Azumi Lowe.


1973.

Por: xKamiixChanx.


31 de diciembre del 1973.

—Contreras lo último que supimos de Millardo es que vino a Chile, pero no sabemos dónde está. En estos momentos investigamos su paradero.

—Muy bien, pero y de Relena y Yui has sabido algo —preguntó Contreras—. No, lo hemos buscado y hasta el momento no los encontramos, pero hemos encontrado a muchos de partido que no se habían localizado. En estos momentos lo estamos interrogando para ver si saben algo.

—Sobre los otros qué sabe. —Miliardo tarde en responder—. Están en centros distintos. Siguen siendo interrogados, pero no estamos seguros si sobrevivirán.

—Han resultado más resistentes, cómo es posible que todavía no hayan dicho algo.

"Porque son leales y no tienen nada que perder". Era verdad, en el caso de Duo no conoció a sus padres, se crió en un orfanato mientras que Hilde no sabía de su madre y nadie había averiguado quién era ni dónde se encontraba.

Las únicas personas a las que podían proteger eran a sus amigos y no los iban a delatar.

—Bueno si no hablan mueren y sabes qué hacer con los cuerpos. —Tirarlos a una fosa común en el cementerio general. Tirarlos a un volcán. Tirarlos al mar.

Muchas posibilidades para hacerlos desaparecer, que no puedan ser encontrado de ninguna manera. Tenía que hacer lo posible para evitar que ese fuera el destino de los amigos de Relena.

—Ahora retírate tengo cosas qué hacer y tú también. Todavía no sabes lo suficiente de Miliardo.

Cuando Miliardo se fue de la oficina Contreras llamó a otras personas que trabajaban allí.

Resopló, estaba cansado de todo lo que pasaba, nadie sabía nada de ese mocoso.

Cómo era posible que Zech no haya encontrado nada ni de Miliardo ni de los otros dos niños, empezaba a desconfiar de él. No entendía esa extraña preocupación por los que estaban encerrados.

Estaba esperando a que llegaran las personas que llamó para conversar y ver qué habían averiguado, sabía que dentro de todo esto existían infiltrados como ellos tenían los suyos en el Comité, por lo mismo sospechaba de todos sus hombres sobre todo de Zech, él nunca lo convención y ahora tenía sospechas que era un infiltrado del Comité, pero no estaba seguro, todavía no tenía las pruebas suficientes.

—Ya estamos aquí —dos personas entraron—. Bien ¿qué averiguaron?

Eran dos personas que estaban trabajando como infiltrados en el Comité, estuvieron durante todo ese mes investigando y averiguando sobre las personas que trabajaban allí. En un principio todos estuvieron reacios a acercárseles, pero ellos de a poco se fueron ganando la confianza de las personas que trabajaban allí.

En esos momentos sentían que podían aportar algo al país.

—¿Qué han recolectado? —preguntó a penas los vio—. En el comité está Miliardo.

Bien justo lo que necesitaba saber. Zech estaba mintiendo con lo que había averiguado o no había averiguado, lo que iba a tener que saber ahora era por qué estuvo mintiendo.

No quería hacer eso, pero no le quedaba otra alternativa. Iba a tener que mandar a otras personas para espiar a Zech cada pensaba que era un infiltrado

—Sobre Relena y Heero ¿tienen algo —esperó una respuesta—. Sabemos que hay una Relena trabajando nunca la hemos podido ver, ya que tiene un horario especial. No sé por qué, pero recibe un trato especial y puede irse cuando ella estime conveniente sabemos que está embarazada. Ahora trataremos de investigar más. Sobre Heero nada, nadie sabe y tampoco han denunciado su desaparición.

—Bien… ahora tengo otro problema, estoy sospechando de Zech así que uno de ustedes seguirá en el Comité mientras que el otro tendrá que seguir a Zech, me está ocultando algo y debo saber qué es. —los dos asintieron—. Muy bien ¿alguna orden más?

—Deben acercarse más a Relena para ver si es la que estamos buscando.

—Otra cosa más… —preguntaron—, sí deben acercarse más a las personas y a Miliardo.

—Se me olvidaba señor… según lo que supe una de las madres de los que detuvimos fue para allá buscando información —le pareción interesante— Bien averigüen quien la atendió. —Después de esos los dos se fueron para cumplir las misiones que les habían encomendado dejando a Contreras solo y pensando en lo que debía hacer de ahora en adelante.

Lo primero sería seguir insistiendo sobre Miliardo después tendría que ir a la Discotheque para preguntar a Duo, pero no estaba seguro si conseguiría algo.

En todo este tiempo que había estado haciendo lo posible para poder obtener información del trenzado, pero nada. Lo único que había conseguido era silencio, le costaba entender como alguien podía ser tan fiel a sus amigos.

Si fuera él hace bastante tiempo habría dado información y así no tendrían que seguir torturándolo.

La otra niña iba por el mismo camino que el trenzado.

Seguía sin decir nada a pesar de que desde que la habían vuelto a encerrar no había sido sometida a interrogatorios -por petición de Zech-, pensaba que dentro de poco volverían a torturarla.

Debían hacerlo, era la única manera en la que podía averiguar más de los otros que buscaban, pensaba que ella podría dar en algún momento información porque estaba más dañada y era mucho más frágil.

Era consciente que si sabían cómo mover los hilos y la información que ellos manejaban ella hablaría, solo debía mencionar algunos nombres y ella sería útil.

Sintió que el teléfono sonaba, contestó.

—Señor… Maxwell no habla, está muy débil y sigue sin mencionar palabra alguna ya no sabemos qué hacer —sonrió malvadamente, estaba en el punto perfecto, por lo visto él tendría que ir e interrogar a Mawell.

Estaba en la línea de la vida y muerte, muchos de los presos llegaban a ese punto y aprovechaban para obtener más información nadie se iba a enterar se ellos hablaban o no.

Ellos podrían morir tranquilamente, ya que nadie se enteraría de su traición.

Se levantó y fue hacer una visita a todos los centros de detención debía tomar esa oportunidad.

Según lo que sabía había varias personas que estaban en ese punto así ahí tendría la posibilidad de obtener más información de las personas que todavía no encontraban.

Cuando salió de su oficina se encontró con Zech. Lo miró por unos instantes, el rubio todavía no se daba cuenta de su presencia y pensó que no sería una mala idea seguirlo hasta lo que más podía. Después de todo los detenidos no iban a desaparecer sin que él lo ordenara, el interrogatorio podría esperar unos momentos más.

—¡Zech! A dónde vas… —preguntó—. Oh.. Voy a casa, mi mujer me espera. ¿Tú?

—A dar una vuelta si quieres te acompaño —Zech lo miró con desconfianza. Se quedó pensando por un momento qué decirlo, no estaba seguro qué hacer, era muy arriesgado decirle que sí.

Era peligroso, arriesgaría su familia, a Relena quién en ese momento estaba en la casa. No sabía qué decirle.

—No gracias, entiendo que estés muy ocupado —le dijo solemnemente — ¿Por qué? —Contreras sonrió, era obvio que le ocultaba algo.

Las otras personas no tienen ningún problema en llevarlo a su casa de hecho se sentían hasta orgullosos y halagados porque quisiera ir a su casa, pero con Zech no era así.

Nunca le había contado algo sobre su familia, recién ahora caía en cuenta que tenía una esposa, porque antes nunca había hablado sobre ella.

—No me gusta mezclar mi vida laboral con mi vida privada —Miliardo dijo eso y se fue rápidamente, no quería seguir esa conversación.

Esperaba que Contreras no siguiera más con aquello no quería que los militares se enteraran de su hermana. Pronto tendría que dejar de trabajar allí, ahora empezaba a tomar más conciencia de lo peligroso que era estar allí, debía irse de allí.


Ya había perdido la noción del tiempo. No sabía cuánto tiempo estaba allí.

Todo eso era un verdadero infierno, ya no sentía su cuerpo lo único que sabía es que no iba a soportar tanto, otra tortura más y podría llegar ahí.

Le dolía todo el cuerpo sentía un ardor por las heridas que todavía no habían logrado sanar del todo.

Su espalda y su ano le dolía, jamás había imaginado que fueran a utilizar a un perro como método de tortura, todavía podía recordar como es que el perro le mordía por todo el cuerpo causándole graves heridas.

Lo más doloroso fue sentir como el perro iba mordiéndole su parte íntima, el dolor que sintió y la vergüenza fue demasiado. Desde ese momento no quería ser torturado, porque los interrogatorios habían sido con ese perro.

Sentía que quería morir, que cada vez las ganas de vivir se iban yendo de su cuerpo, ya ni la esperanza de volver a ver a Hilde o Heero le servían para seguir sobreviviendo en ese sombrío lugar. Solo pedía que Hilde no tuviera que vivir todo ese infierno en el que se encontraba.

Sabía lo frágil que era su novia y que no soportaría mucho tiempo allí, era lo único que le importaba era que no fuera llevada a ese lugar, porque era como estar en el infierno.

Sintió pasos acercarse, suspiró y apretó los dientes. No quería más estaba cansado, no quería volver a sentir electricidad en su cuerpo, en sus genitales. No quería que ese perro lo mordiera, definitivamente no quería sentirse denigrado.

Solo esperaba que su silencio valiera la pena.

—Bien… estás listo para hablar —lo tomaban del brazo y se cae, no era capaz de mantenerse de pie, los que lo llevaban no hicieron anda. Solo lo arrastraron.

Se quiso quejar por todo el dolor que sentía, pero no, durante todo el tiempo que había estado encerrado jamás había mostrado algún símbolo de debilidad.

—Hoy habrá otra persona que te interrogue, espero que te muestres más cooperativo.

—N-no —cayó al suelo, todo su cuerpo dolió. No esperó una reacción así.

Al poco rato siente que lo empiezan a patear en el estomago, las piernas, los genitales, la cabeza. Tose y bota sangre, cada vez está más débil.

—P-para… —intenta suspirar aliviado cuando dejan de pegarle, pero no dura mucho porque siente otra patada, pero esta vez logra tirarlo más lejos.

Se da cuenta que así será como lo llevarán hasta la sala de interrogatorios.

Quiere huir de allí, pero le faltan fuerzas, quiere salir de allí, no quiere que volver a la parrilla, no quiere más sufrimiento.

Sentía que de a poco iba perdiendo el conocimiento, su vista se tornó borrosa y todo se volvió negro.

El encargado de llevarlo a la sala se asustó al ver como el trenado no se movía. No supo qué hacer. Se estaba imaginando lo peor.

Lo primero que hizo fue tomarlo en sus brazos y lo llevó a la sala de interrogatorios; ahí tendría que esperar hasta que llegara Contreras y los encargados del interrogatorio.

Lo más seguro es que allí ellos podrían hacer algo y revivirlo, solo esperaba que pudieran hacerlo. No sabía qué hacer, él debía llevarlo allí vivo y consciente no medio moribundo e inconsciente, solo espera que pudieran hacer algo.

Sintió pasos y cuando vio quienes se acercaban sudó frío era Contreras y los encargados de la tortura.

—Señor… tenemos un problema con Maxwell —se puso pálido, la cara de Contreras se desencajó y temía que tuviera represalias contra él. Lo conocía.

Sabía que cuando las cosas no resultaban como quería se desquitaba con la primera persona que viera o al responsable, en este caso era él y no podía hacer nada para evitarlo, después de todo en ningún momento le dijeron que él debía torturar.

Lo que pasó fue producto del estrés que estaba sintiendo debido a que Maxwell no había dicho nada y por como estaba no lo diría tampoco.


Vio que abría los ojos y se sintió aliviado. Por fin podía respirar tranquilo, ya se encargaría del hombre que debía traer a Maxwell, ahora debía encargarse del interrogatorio, no tenía mucho tiempo.

Cuando lo estaban reviviendo le habían aclarado que no iba a soportar muchas torturas, probablemente si decidía tenerlo en la parrilla sería su final. Que bueno que le informaron ahora sabría qué hacer y qué decir para que el trenzado pudiera hablar.

Duo se sentía atontado, no entendía muy bien lo que le pasó, pero el dolor que sintió antes de perder el conocimiento estaba volviendo con mayor fuerza. Se angustió sabía que le quedaba poco.

Había recuperado la conciencia minutos antes, pero no se había atrevido abrir los ojos. Alcanzó a escuchar un poco, no iba aguantar mucho, si lo volvían a poner en la parrilla no iba a sobrevivir, se desoló.

Un sentimiento de soledad y tristeza lo embargó. Le costó entender que moriría de un momento a otro. No sabía qué le iban hacer. No estaba preparado para lo que venía, no quería que lo volvieran a torturar.

Se sentía mal, devastado, quería volver a ver a sus amigos. Quería estar con ellos, volver a las conversaciones con Víctor, seguir intentando que Heero sociabilizara con los del partido. Quería volver a estar con Hilde, pasar toda su vida con ella, que ambos pudiera sobrevivir a ese infierno y ver como ambos salían de esa dictadura y todo volvía a ser como antes.

—Bien… vamos a seguir entonces con el interrogatorio. Dónde está Relena, sé que estuvo contigo —cerró los ojos evitó gritar cuando le inyectaron corriente a su cuerpo.

Todo su cuerpo se estremeció y heridas que estaban sanando volvieron abrirse. Sentía como la sangra salía a través de ellas.

Conteras se enojó al ver que no diría nada. dio orden que lo torturaran hasta que ya no pudiera más—. Mátenlo —Duo sintió un golpe en su cabeza y después descargas eléctricas por todo el cuerpo. Era su fin.

"Te amo Hilde". Al menos podía morir en paz y tranquilo al saber que no había delatado a ninguno de sus amigos ni personas del partido.

Al menos tenía la esperanza de que Relena seguía libre y eso era suficiente sus esfuerzos habían valido la pena y que tanto sus padres como Víctor donde quiera que estén se sentiría orgullosos por haber hecho todo lo que estuvo en sus manos para cumplir la promesa de protegerla.

"Heero… dónde quiera que estés protege a Relena y a Hilde…".

—Y bien algo que tengas que decir en tus últimos momentos —Duo abrió los ojos -cosa que le costó una inmensidad-, pero no dijo nada. No se sentía capaz de hablar, no tenía la fuerza para decir algo. Negó con la cabeza.

Un nuevo golpe, una nueva descarga eléctrica. Lo sacan de allí y lo tiran al suelo.

Lo arrastran hacia un lugar, no puede distinguir bien a donde, pero no hace nada, ya no tiene fuerzas para poner resistencia.

Ya no quiere nada más, le duele todo el cuerpo varias heridas abiertas y por los golpes tenía otras nuevas lo que hizo que fuera perdiendo sangre, se estaba sintiendo débil.

Lo tiraron a un lugar donde había tierra. Estaba a punto de caer inconsciente.

"Que esto acabe por favor". Sentía gritos por todos lados, intentaba abrir los ojos y lo poco que veía lo dejaba mudo, personas que estaba igual o en peores condiciones.

Cerró los ojos respiró hondo. Se escucharon varios disparo.

Todo llegó a su fin.


Estaba en el suelo recostada intentando descansar o esperando que el dolor se disipara un poco. Ya regresó al mismo lugar que antes. Lo reconoció por las baldosas blancas y negras que vio al ingresar otra vez.

No entendía nada, hace tanto tiempo que había perdido la noción del tiempo por lo que no sabía a ciencia cierta cuanto había transcurrido, pero era lo suficiente para que tuviera múltiples heridas que todavía no era curadas.

No sabía cuanto tiempo estaba allí acostada en el suelo intentando descansar esperando que todo su cuerpo no tuviera dolor. Sentía un hormigueo en las extremidades casi no lograba sentir su cuerpo. Intentaba moverse, pero no podía, cada vez iba teniendo menos ganas de vivir.

No tenía noticias de sus amigos, no sabía si Duo estaba vivo o muero, se sentía perdida.

Quería desaparecer.

—Hey… —escuchó que alguien le hablaba, pero no tenía fuerzas para mostrar indicios de que había oído— ¿cuál es tu nombre?

—H-Hilde… —no sabía cómo respondió, se sentía tan cansada. Era consciente que todas las personas que entraban allí eran invisibilizados, se olvidaban de sus nombres y los llamaban por números, pero entre los prisioneros siempre se decían su nombre.

Entre ellos lo más importante era la sinceridad y hacer todo lo posible para recordar que eran humanos que a pesar de todas las atrocidades que vivían no olvidan su nombre.

Hilde quería poder entablar una conversación coherente con al persona que intentaba hablarle, pero no podía.

No tenía fuerzas para nada, no tenía ganas de vivir, pero decir su nombre hacía que reuniera fuerzas, que entendiera que todavía estaba viva, seguía allí a pesar de las múltiples heridas que tenía por su cuerpo.

—Conoces a Heero Yui… —preguntó el extraño—. S-sí, pero no sé dónde está.

—Si es que sabes algo deberías decirlo. Hay veces que estos hijos de puta de perdonan la vida si dices algo, te pueden llegar a sacar de aquí. Liberarte.

—T-tú… has dado información de personas… —susurró despacio —. No pero tú te estás desvaneciendo lentamente… deberías hacerlo.

—Nunca lo haré prefiero morir antes de decir algo sobre mis amigos —fue todo lo que dijo. Ninguno de los volvió hablar. Hilde no sabía quién era ni por qué le habló a lo mejor la conocía y ello por no ver no lo podía reconocer, pero no estaba segura.

A estas alturas no se sentía segura de nada y tampoco podía confiar en las personas, tenía sus sospechas si la persona que le habló era un detenido a alguien que se había infiltrado en el centro haciéndose pasar por detenido para así obtener información que en las torturas no se obtenían.

Por esa razón no dijo mucho y simplemente lo que ya todos sabían, le llamó la atención que preguntara si conocía a Heero, pero para no levantar sospechas no preguntó por él. No quería tener más problemas, por un momento quería dejar de sentir dolor, estar en paz. Retroceder el tiempo.

—134564 —Hilde frunció el ceño. Sintió como la tomaban bruscamente del brazo y la levantaban, apretó los dientes e hizo grandes esfuerzos para no demostrar dolor. Le costaba tanto poder mantenerse de pie. Le dolía tanto su cuerpo.

—Espero que esta vez te muestres mucho más cooperativa —sintió que le quitaban la venda de los ojos. Una luz la encandila, se sintió morir una vez más.

Otra vez iba a empezar una nueva sesión de tortura.


Relena se encontraba feliz y ansiosa, por fin era el último día del años, de ese año que había excelente con su familia unida, con cartas para comunicarse con su hermano y terminaba con sus padres muertos, sus amigos desaparecidos, viviendo con Millardo y Noin, embarazada y sin tener noticias del padre de su bebé.

Quería irse de allí sabía que en unos días o semanas se iban a ir de Chile, la situación estaba siendo cada vez más complicada y tensa. Según lo que su hermano le contó ya estaban gestionando todo para volver a Cuba, era uno de los pocos países donde se sentía segura y llegaría conociendo a personas, no sería tan duro el cambio.

No era lo que quería. Ella a principio de año no pensó que su vida sería como es ahora, pero no tenía otra opción Miliardo se lo dijo en todos los tonos posibles, era la única posibilidad que tenía para intentar recuperar su vida o al menos para que su bebe no le faltara nada.

Salió de su casa. Debía ir al Comité aunque trabajaría media jornada, ya que era el último día del año y todos se merecían un pequeño descanso a pesar de que la Junta no lo hiciera y siguieran persiguiendo, deteniendo y desapareciendo a personas.

Iba a tratar de que esas horas fueran provechosas y que lograra archivar y clasificar la mayoría de los casos para tener todo listo. Sabía que su trabajo era importante que de ella y del Comité dependían muchas personas, familias que no iban a poder celebrar el año nuevo sino que lo pasarán preguntando cómo estarían sus familiares y dónde.

Empezó a caminar y nuevamente tuvo la sensación que venía teniendo desde navidad. Alguien la seguía, no sabía quién y siempre rezaba -a pesar de la ideología de sus padres era creyente-, para que no fuera alguien que trabajaba en la Junta.

Llegó a la construcción donde estaba el Comité y antes de entrar dio vuelta para saber quién era y lo vio. Alguien estaba en la vereda de al frente con lentes oscuros mirándola fijamente. Su corazón latió rápido no sabía quién era, intentó acercarse pero no pudo estaba inmovilizada el hombre le dedicó una leve sonrisa y se va.

Entra a su oficina, se sienta e intenta tranquilizarse. No puede trabajar si está con tanta adrenalina.

—Relena… dejaron esto para ti —le avisan compareñas— ¿sí? Gracias, sabes quién fue.

—No… cuando llegamos ya estaba en consejería.

Abre el paquete que le dieron sus compañeras y ve que tiene adentro una pequeña cadena de plata con un dije en forma de llave. Lo guarda de inmediato en un cajo de su escritorio. A su mente viene el hombre que la observó.

Por un momento sintió miedo.

—Relena pasa algo… —le preguntó Miliardo que recién llegaba y la notaba extraña—. No nada Miliardo, no te preocupes estaba pensando en los casos que debía clasificar.

—Ya… acuérdate que me debes pasar los casos pendientes. Pronto vendrá Noin para buscar los casos que solicitaron recursos de amparo.

—Está bien…

Vio como su hermano se encerraba en la oficina, estaba extraño, preocupado como si algo lo estuviera incomodando pero sabía que no podría preguntarle, debía preocuparse de los casos que tenía pendientes y también de los que pidió Noin.

Después en casa le preguntaría.

Noin llamó, estaba en una comisaría revisando que todas las personas que fueron detenidas y tenían recursos de amparos no fueran trasladados y poder liberarlos.

—Relena… llegaré al Comité en 30 minutos, necesito que tengas listo los informes con los nuevos recursos de amparo por favor.

—Sí no te preocupes, cuando llegues tendrás los informes —le dice—, gracias nos vemos. —Cortan la comunicación y Relena va al sector donde están todos los recursos de amparo y busca los del último mes que eran los que faltaban para que fueran activos.

Sabía que era importante, así que a penas los tuvo fue donde los encargados de sacar fotocopias, para tener copias de los informes. Siempre tenían cuatro una se quedaba en los archivos otro que los tenían las secretarias otro Miliardo y por último Noin quien se encargaba de que fueran efectivos.

—Pablo… podrías sacarle cuatro fotocopias a estos informes.

—Señorita Relena ¿cómo está? De inmediato lo hago.

—Bien gracias… vuelvo en diez minutos más, espero las tengas.

—Si claro… no se preocupe —Relena le da una sonrisa leve y vuelve a su escritorio, debía seguir archivando casos y recibiendo nuevo.

Miliardo le pidió informes y estaba atrasada— Miliardo toma aquí están los informes.

—Gracias Relena…


Cuando salió de la oficina a las cuatro de la tarde se sentía exhausta. Pensar que debía llegar al departamento y preparar todo para la cena que tendría con su hermano y cuñada la agotaba, pero de los tres era la única que trabajaba con horario de oficina y podía irse a la hora que finalizaba su jornada laboral. Por eso se encargaría de la cena.

Iba caminando cuando alguien la toma del brazo y se la lleva a un callejón.

Intenta gritar, pero le tapan la boca mientras van a un lugar que no puede distinguir. Trata de negarse, pero no puede, la persona que la está agarrando es más fuerte por lo que solo se deja guiar esperando que no le vaya a pasar nada ni a ella ni a su bebé.

La empujan contra la pared, trata de gritar, pero no la escuchan. El hombre le tiene tapada la boca, grita, pero nadie la escuchará.

—Relena… cálmate soy yo —todo su mundo se detiene al escuchar esa voz.

Abre los ojos y lo ve. Está ahí delante suyo impidiéndole hablar. Mirándola con eso ojos que extraño tanto, que durante mucho tiempo fueron fríos, pero que ahora era cálida y dedica a ella.

Siente como los ojos se le llenan de lágrimas al verlo ahí.

—Heero… —es todo lo que logra decir ya que es silencia por los labios de su compañero que la besa apasionadamente.

Abre su boca dejando pasar su lengua para que se junten e inicien una batalla donde el único propósito que tiene es reencontrarse después de tanto tiempo sin juntarse.

—Estás vivo… te extrañé tanto —las lágrimas inundaban sus ojos cosa que no le permitía verlo con claridad. Heero le tomó la cara entre sus mano secó sus mejillas con un delicadeza extraña en él logran que Relena se tranquilizara y pudiera verlo mejor.

Lo besó otra vez, necesitaba sentirlo estar con él otra vez. No podía creer que después de meses volvía a verlo. Durante un tiempo pensó lo peor que él había conformado la enorme lista de detenidos desaparecidos, pero no, estaba vivo y con ella. Por fin se volvían a reencontrar, volvían a estar juntos y ella quería estar para siempre con él que los dos vieran juntos crecer al hijo que estaban esperando.

—Te amo… —fue lo que le dijo a Heero cuando sus labios se separaron.

—Yo también… pero ahora podemos estar juntos.

—¿Dónde estuviste todo este tiempo?

—Vagando… ocultándome y buscando donde estaban Duo y Hilde.

—Ellos están en un centro… —lo abrazó sintiendo su calidez otra vez, cuantas veces soñó volver a estar en sus brazos, esa sensación de seguridad que le daba Heero.

Continuará..


N/A: Hola! Primero que todo perdón por demorarme tanto, no he tenido mucho tiempo para terminar la historia, a parte he tenido que rendir para la u, como para la práctica. Tuve que cortar el capítulo o si no me demoraría más en actualizar espero les guste!

Sí, maté a Duo u.u

Ahora los reviews.

Azumi Lowe: Hola! Espero que te haya gusta el capítulo. Perdón por tardar tanto, he tenido un año movido, pero siempre he intentado escribir un poquito de esta historia. De verdad me hace feliz que te guste y que encuentres que te sirva para aprender, es lo que más lindo que me han dicho de una historia gracias! 3

Nos vemos en otra ocasión..

Saludos!