―¡Y se acabó!
Lizzy suspiró y sonrió, aliviada. Necesitaba descansar.
―Una temporada increíble, chicos ―dijo la directora―. Os doy mi más sincera enhorabuena y nos vemos en unos meses para rodar la siguiente temporada, ¿de acuerdo?
Todos aplaudieron y Lizzy suspiró antes de dejarse caer sobre el sofá del decorado. Se echó hacia atrás y cerró los ojos. Estaba agotada, pero, al menos, solo había vomitado cuatro veces aquel día…
―¿Cómo estás?
Abrió los ojos y sonrió a la directora.
―Bien, un poco cansada.
―Es normal. ―Se sentó a su lado y sonrió―. Yo estaba igual que tú cuando tuve a mi niña. El embarazo de mi niño fue mi tranquilo, pero el de la peque…
―Yo aún no sé qué serán ―contestó.
Aunque todavía no había anunciado el embarazo de forma oficial, ya se le notaban los más de tres meses y se lo había contado a la directora de la serie para poder cuadrar las fechas en caso de ser necesario y, especialmente, para que no se le notara en pantalla. De hecho, aquel día había tenido que llevar un bolso enorme durante casi toda la grabación.
―Serán maravillosos, eso está claro ―contestó―. ¿Dónde vas a estar a partir de ahora? ¿Te quedas en Los Ángeles o te vas a San Francisco? Lo digo para enviarte los guiones cuando los tengamos.
―Pues ahora me voy a San Francisco ―respondió, sonriendo―. Voy a ver al papá de los bebés para que se quede tranquilo. Mira que hablamos a diario por Skype, pero hasta que no me vea en persona y compruebe que todo va bien, no descansará. Y ya aprovecharé para ver a mis amigos. El grupo sigue entero allí.
―Pues pasadlo muy bien y ya vamos hablando. ―Se puso de pie y le guiñó el ojo―. Vamos a darle un giro a tu personaje.
―No la dejéis embarazada, por favor ―pidió, riendo―. Ya tiene bastante con ese anillo que le acaban de dar. Por cierto, ¿voy a aceptar? ¿Me casaré en la siguiente temporada? Nunca me he llegado a vestir de novia.
―Ya veremos.
La mujer se despidió con un gesto y Lizzy, finalmente, se puso de pie y se dirigió al camerino para cambiarse y recoger sus cosas. Sacó su móvil del bolso y sonrió al ver los mensajes de James preguntándole cuándo llegaba. Comprobó la hora y marcó su número mientras comenzaba a ponerse su ropa.
―¿Tanto me echas de menos? ―Le preguntó, nada más escuchar que estaba al otro lado de la línea.
―Un montón ―contestó él―. ¿A qué hora sale tu vuelo?
―A las cinco. Me voy directa al aeropuerto, tengo aquí mis cosas.
―Vale, iré a recogerte.
―No hace falta, James.
―Insisto. Siempre me ha gustado llevarte y traerte del aeropuerto, ¿no? ―Sonrió―. Además, demasiado te gastas ya en billetes de avión. Deberías aprender a conducir.
―Sé conducir, pero paso de ir a San Francisco en coche. Además, tendría que parar cada media hora para vomitar.
―¿Las nauseas siguen igual?
―Más o menos. Parece que un poco mejor, pero no me fío… A ver qué nos dice la doctora.
―¿Estás nerviosa?
―Un poco, ¿y tú?
―Me muero por verlos en la ecografía.
―Seguro que pides fotos y las pones en tu cartera.
―Y en mi despacho. ―James sonrió―. Nos vemos en un rato, ¿vale? Y, por cierto, esta noche cenamos con mis padres.
―Genial… ―Lizzy suspiró. Ginny no se había tomado aquello precisamente bien y se ponía bastante borde cada vez que se veían―. Oye, te dejo. Luego nos vemos.
―Hasta luego, Lizz.
Colgó el teléfono y se miró en el espejo. Se puso de perfil y, lentamente, se acarició la barriga. Crecían muy rápido. Y por fin iban a verlos. Cuando fue a la primera consulta y les confirmaron que venían mellizos apenas habían podido ver nada (la imagen no era apenas nítida, solo se veían dos especies de puntos extraños) así que aquella sería realmente la primera vez que se enfrentaría realmente a aquello. Todavía le costaba creérselo, lo sentía como algo ajeno. ¿Y si no sentía nada en la ecografía? ¿Y si todos se emocionaban y ella no? Recordaba perfectamente a Rose y Alice enseñándole las ecografías de las niñas mientras ella fingía que aquello le interesaba y que, realmente, veía algo en esas manchas.
Volvió a acariciarse la barriga y sonrió lentamente. Iría bien. Y, si no se emocionaba, ¿qué más daba? No todo el mundo reacciona igual ante esas situaciones y ella ya había asumido hacía mucho que el suyo no iba a ser un embarazo precisamente convencional.
―Entonces, ¿cuándo dices que es normal que empiecen a hablar?
―Pues depende del bebé, pero, Scorpius, Lyra todavía es muy pequeña. ―Albus sonrió y miró a su amigo, sin dejar de empujar el carrito en el que dormía Grace―. Suelen tardar un tiempo.
―¿Cuándo habló Charlie? ¿Y cuándo empezó a andar? ―Insistió el rubio, que no apartaba la mirada del camino. No quería chocarse con algo o dejar caer a Lyra accidentalmente.
―Todavía os queda para eso. Lyra tiene 3 meses.
―Lo sé, pero me gusta tenerlo todo bajo control.
―Venga ya, pero si eres un crack. ―El pelinegro rió―. Tío, controlas más del tema que Rose y yo juntos.
―Nunca está de más estar bien informado. Además, a Rose ya solo le queda mes y medio de baja y quiero tenerlo todo listo para que, cuando vuelva al trabajo, no tenga que preocuparse por nada.
―¡Papi, ia! ―Charlie llegó corriendo hasta ellos y le dio a su padre una piedra redonda―. ¡Es onita!
―Claro, cariño ―contestó él―. Es preciosa. ¿Quieres que se la llevemos a mamá?
―¡Sí! ―Exclamó la niña, sonriendo―. ¡Egao a mami!
―Pues yo la guardo aquí en el carrito. ―Abrió el bolso y lo echó dentro―. ¿Quieres sentarte ya?
―Sí, aada.
―Claro, ¡es que has andado mucho tú solita! ―Se detuvo y la cogió en brazos―. Vamos a ponerte en tu sillita.
Con cuidado, la sentó en la silla y le ajustó el cinturón. Charlie se incorporó un poco para mirar a Grace, que estaba dormida, y se llevó una mano a la boca.
―¡Oia! Shhh.
―No te preocupes, no vamos a despertarla ―contestó Scorpius.
―¿Y Ia?
―Lyra también, es que es una dormilona.
―¿Qué te parece si volvemos ya a casa? ―Le preguntó Albus a su hija entonces―. Seguro que mamá ha hecho algo rico para comer.
―¡Sí!
―Pues ya la has oído. ―El hombre volvió a empujar el carrito y se giró para mirar a su amigo―. Al final todo es acostumbrarse. Cuando nació Grace yo creí que tendríamos que hacer malabares, pero todo va genial. Bueno, Alice está un poco cansada, pero es normal. Ella es la que pasa más horas con ellas y eso se va acumulando.
―Claro, es lógico. Es que las dos son pequeñas, aunque yo creo que es lo mejor: así de mayores serán más amigas, ¿no?
―Eso esperamos. ―Bajó el tono de voz―. La verdad es que estoy pensando proponerle a Alice tener otro. Queríamos cuatro hijos y yo creo que cuanto antes los tengamos…
―¿Cuatro? ¡Qué locura! ―Scorpius negó con la cabeza―. Y todos tan seguidos… No sé, ¿no? Es un poco complicado.
―Bueno, pero ahora nos apañamos bien y quizás… Aunque tengo que hablarlo con Alice. ―Suspiró―. Es que últimamente no está… muy receptiva. En ningún sentido.
―Hombre, normal. Las niñas tienen que ser agotadoras.
―Oye, ¿puedo hacerte una pregunta indiscreta?
―Claro.
―¿Rose y tú os habéis vuelto a acostar desde que Lyra nació? ―Le preguntó, haciéndole enarcar una ceja.
―Claro. A ver, no con mucha frecuencia, pero alguna que otra vez, sí ―Se encogió de hombros―. ¿Por qué?
―Por nada, por nada ―se apresuró a contestar. Tampoco era necesario que Scorpius tuviera todo el tiempo que llevaban Alice y él sin hacer nada. Aunque, definitivamente, debería hablar eso con ella. ¿Y si algo iba mal y él no se había dado ni cuenta? Siempre había pensado que era por el cansancio, pero, ¿y si había algo más?
Lily inclinó lentamente la probeta. Tenía que añadir apenas unos mililitros a aquella solución y no podía liarla.
―¡Lily, tengo una buena noticia!
Sobresaltada por el grito de su tutora, estuvo a punto de tirar todo el contenido. Se giró hacia ella, soltó la probeta y se quitó las gafas.
―Joder, qué susto me has dado. ―Bufó―. Casi hago explotar el laboratorio.
―Qué va, tú siempre lo tienes todo bajo control. ―La mujer le quitó importancia con un gesto―. Además, esto es importante. ¡Ha llegado una carta de la fundación McFee para ti!
―¿Qué? ―La miró con los ojos muy abiertos―. ¿Crees que…?
―No sé por qué te escribirían si no.
La pelirroja gritó, cogió la carta y la abrió rápidamente. La leyó y volvió a gritar.
―¡Ay, Dios, me la han dado! ¡Me la han dado! ―Empezó a saltar―. Me han dado la beca. Tengo que ir a la gala de entrega de premios de la semana que viene. Me mandan diez invitaciones.
―Para que puedas invitar a toda tu familia. ―Sonrió―. Enhorabuena, Lily. Te lo mereces. ¿Por qué no vas a restregarle la carta al doctor Cooper? Yo lo hago cada vez que me aprueban algo.
―Voy corriendo. ―Se mordió el labio y sonrió―. ¡Qué pasada! No creía que fueran a dármela.
―Tus investigaciones van muy bien y pronto vas a defender la tesis. Esto es lo más lógico.
―¿Tú vendrás también?
―Sí. La universidad me ha pedido que sea una de las representantes.
―Pues entonces nos veremos allí. ¡Qué emoción! Tengo que… tengo que…
―¿Ir a casa a celebrarlo con tu marido? ―Le preguntó, sonriendo―. Es casi la hora de cenar. Deberíais salir por ahí y pasarlo bien esta noche. Te lo mereces.
―Bueno, antes tengo que hacer otra llamada. ―Suspiró. Aquello era lo lógico: salir a cenar y celebrar aquello con Leo pero, aunque su relación parecía que mejoraba gracias a la terapia, todavía no estaban bien. Discutían muchísimo cada vez que iban a ver al terapeuta, pero habían empezado a sacarlo todo. Al parecer llevaban acumulando problemas desde la universidad.
―Yo recojo esto. No te preocupes. ―La mujer sonrió―. Hoy es tu día.
Alice estaba metida en la bañera, con los ojos cerrados y una pequeña sonrisa dibujada en los labios. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan relajada.
―Alice…
Escuchó cómo se abría la puerta del baño y su marido entraba, pero decidió ignorarlo. No quería que Albus la sacara de su pequeña burbuja de felicidad, no quería que aquello se acabara.
―Alice… ―Insistió él.
Se sentó en el borde de la bañera y metió la mano en el agua para acariciar su pierna.
―¿Qué quieres? ―Preguntó por fin, abriendo los ojos―. ¿Qué les ha pasado ya a las niñas?
―Nada. No les ha pasado nada. ―Albus sonrió y subió un poco hacia el muslo―. Las he dejado en casa de mis padres. Hace mucho que no pasamos la tarde solos…
―Al…
―¿Qué? ―Sonrió y empezó a acariciarla―. Tú solo relájate, ¿vale?
―No me apetece ―murmuró la castaña. Se mordió el labio y negó con la cabeza―. Hoy no.
―Pero si estamos solos… ―Insistió, aunque detuvo el movimiento―. No hay niñas que nos molesten. Solo tú y yo. Como en los viejos tiempos…
―Estoy cansada. ―Le apartó la mano y se sentó, abrazándose las piernas―. Prefiero aprovechar para dormir y descansar.
―Pero hace mucho que no… ―Albus suspiró―. Oye, Alice, ¿te encuentras bien?
―¿A qué te refieres?
―A que te noto distinta. Distante.
―Estoy bien. Solo un poco cansada. Pero bien ―mintió―. No tienes de qué preocuparte.
―No sé…
―En serio, Albus. Todo va bien. ―Se obligó a sonreír―. A veces siento que voy a estallar, pero es normal.
―Cariño, si estás muy estresada, podemos contratar a alguien para que venga a ayudarte ―sugirió, acariciándole lentamente el pelo―. No tienes por qué tirar de todo.
―Puedo hacerlo, Albus. No necesito contratar a nadie ―contestó rápidamente―. Además, dejé el colegio para poder encargarme de las niñas y, así, ahorrar dinero, ¿no?
―Sí, pero no tienes que sobrecargarte. Si estás…
―¿Crees que no puedo cuidar de mis propias hijas? ―Lo interrumpió―. ¡Puedo hacerlo, Albus! No sé por quién me has tomado. ¿Es que le ha faltado algo alguna vez a alguna de ellas?
―No, cariño, no es eso. Solo digo que…
―Puedo con esto. Soy una buena madre.
―¿Quién iba a dudar eso? ―Le acarició la mejilla y sonrió―.Eres la mejor madre del mundo, pero es normal cansarse a veces.
―Ya te he dicho que estoy bien. ―Se puso de pie en la bañera y extendió la mano―. ¿Crees que por no querer acostarme contigo todo va mal? ¿En serio, Albus? No sabía que seguías siendo tan superficial.
―No, bueno, a ver. No me parece muy normal que llevemos…
―El tiempo que sea ―lo cortó ella―. ¿Te crees que teniendo dos niñas pequeñas lo que más me apetece es acostarme contigo?
―No, pero después de que Charlie naciera…
―Nos acostamos. Obviamente. Si no, Grace no estaría aquí. ―Negó con la cabeza―. ¿Me pasas la toalla, por favor?
―Claro. ―Se la dio y se levantó del borde de la bañera―. ¿Pero estás segura de que estás bien?
―Ya te he dicho que sí. No seas pesado. ―Salió de la bañera y se lió en la toalla, temblando un poco de frío y rabia.
―Solo me preocupo por ti. Si pasa algo o necesitas ayuda…
―Todo va bien.
El teléfono comenzó a sonar y ella, aliviada, sonrió. Estaba harta de mentir. Odiaba tener secretos con Albus, pero no quería que supiera nada. Y encima ahora tendría que disimular todavía más porque, al parecer, su marido empezaba a sospechar. Y no podía permitirse aquello. Salió corriendo del baño y estuvo a punto de derrapar al llegar al salón. Se acercó al mueble y descolgó rápidamente el fijo, sin mirar si quiera quién llamaba. Fuera quien fuera, debería darle las gracias.
―¿Sí?
―Alice, ¡no te puedes creer lo que me acaba de pasar! ―Gritó Lily al otro lado de la línea, emocionada.
―Soy toda oídos.
―Me han dado una beca súper importante. ¡Me acaba de llegar la carta!
―¡Enhorabuena! ―Sonrió, casi olvidándose del incidente que acababa de tener con Albus―. Me alegro muchísimo por ti, Lils.
―Y es no es todo: me han invitado a la entrega de premios y tengo entradas para todos. ¡La semana que viene nos vamos de gala!
―Bueno, no sé si podré…
―¿De verdad no vas a venir a ver cómo tu mejor amiga es premiada por la comunidad científica? ―Lily hizo un puchero que Alice casi pudo imaginar―. Lo pasaremos bien. Diles a tus padres que vengan y se queden con ellas o pídeselo a mis tíos. Seguro que no les importa.
Alice se mordió el labio. La verdad era que aquello le apetecía mucho y hacía demasiado tiempo que no salía con Lily y los demás sin las niñas. Además, así le demostraría a Albus que todo iba bien. Podría matar dos pájaros de un tiro. Sabía que le costaría separarse de ellas, pero estaba dispuesta a irse sin sus pequeñas un rato por Lily.
―Está bien ―contestó finalmente―. Ya veremos qué hacer con ellas. Pero cuenta con nosotros.
Hola :)
Por favor, tomémonos un minuto para visualizar a Albus y Scorpius paseando con las niñas por el parque y muramos de amor *-* Ay, Scorpius está siempre en todo y parece que, por fin, Albus se está ando cuenta de que algo va mal (aunque Alice no puede soportar la idea de que alguien se dé cuenta de lo que le pasa, ay...)
Y, bueno, creo que os habréis dado cuenta de que hemos dado un pequeño salto temporal de unos dos meses (habrá algunos saltos a lo largo de la historia, no quiero que se alargue demasiado) así que a Lizzy ya se le va notando (y a James cada vez se le cae más la baba, ay).
¡Y a Lily le han dado un premio! Estoy muy orgullosa de ella y de cómo consiguió hacer la carrera y empezar a investigar sobre lo que le gusta 3
Nos leemos prontito y, como siempre, muchas gracias.
Un beso,
María :)
