Sólo esperaba el momento para irse de aquella casa. Ahora mismo, no deseaba más que salir de ahí y volver a su vida cotidiana, incluso con todo su tiempo justo estaba bien.

Los días en aquella casa eran lentos, un poco enfermos y quizá hasta cansadores sin haber hecho nada. Su única distracción y razón para estar allí era su hermano, la única persona con su misma sangre que quería realmente (Además de Eider, claro).

La mujer en aquella camilla, Amelia, su madre, se negó completamente a pasar sus últimos días en el hospital, como había solicitado una de sus enfermeras quien le dijo que quizá así su vida se prolongaría un poco más. Era ya la quinta vez que rechazaba la idea de pudrirse y morirse en un hospital.

Aquella tarde, con la excusa de tener que ir a comprar algunas cosas, Bill salió a solas, dejando a la niña a cargo de su tío con el cual se llevaba de maravilla. La verdad, iba a tomar aire un rato, estar en esa casa lo llenaba de cargas negativas, lo que lo ponía de mal humor y hasta depresivo, recordándole los antiguos días de su juventud.

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— ¿Podrías llevarle esto, Eider? — El turquesa extendió una tabletita de pastillas y un vaso de agua — Sólo se lo dejas en la mesita de noche y regresas acá, ¿Ya?

La niña asintió y tomó ambas cosas con cuidado, como si fueran un tesoro preciado.

Con tanto quehacer en la casa y las enfermeras en hora de colación, a Will le tocaba ni más ni menos que cocinar el almuerzo, el aseo y cuidar de la mascota, lo que le dejaba poco tiempo para otros grandes detalles como el cuidado de su madre. Miró la puerta en el refrigerador, en ella yacía un papel con una alimentación estricta que debía seguir Amelia, no porque aquello la preservaría de su señora muerte, sino porque simplemente su sistema no podía recibir comidas pesadas que pudieran causarle más daño del que estaba recibiendo al recibir sus últimos días. Lo mismo va con las pastillas, aquella sustancia pequeña sólo hacía calmar sus dolores.

Eider subió con cuidado las escaleras, caminó por el pasillo del segundo piso y abrió con sumo cuidado la puerta al final del este. Primero asomó la cabeza y vio a la mujer distraída mirando por la ventana, seguido, entró a paso dudoso, por alguna razón se sentía tímida con la con ella. Dejó con cuidado el vaso y la tableta de pastillas en la mesita como le dijo Will, lo que provocó un crujido que hizo voltear la vista a la mujer y caer recién en cuenta de la presencia de la niña en la habitación.

—Ah, uhm… El tío Will dijo que debía tomar su pastilla — Intentó sonreír casual, pero no le resultó mucho ya que al parecer Amelia notó su timidez y ladeó la cabeza con curiosidad.

—Eider, ¿No?

—Sip…

—Bonito nombre… ¿Por qué te nombraron así?

La niña sonrió con más confianza, su padre le había contado aquella historia y hasta a ella le causaba gracia.

—Papá quería ponerme "Linda", pero me dijo que se arrepintió porque podía salir fea — Rió y sin disimular, Amelia también sonrió ante la estupidez de su hijo — Y me puso Eider… creo que significaba algo así como bella o hermosa… es, ehm, irlandés o esco-escociéso, escocies…

—Escocés.

— ¡Sí, eso! — Rió mostrando los dientes. — Pero al final me dijo que se arrepentía de no haberme puesto Linda… ¡Pero yo creo que Eider me viene bien!

—Sí, te viene de maravilla, niña — Tomó el vaso de agua con sus huesudas manos y bebió un poco antes de tomar la pastilla.

La menor la miró unos segundos cautelosa antes de tirar la pregunta.

— ¿Papá y usted no se llevan bien? — Jugó con sus manos tras su espalda ocultando su nerviosismo.

La mujer dejó el vaso de vuelta a donde la menor lo había dejado y la miró. Una mirada, que más que fría era perdida, mirándola fijo se perdió en sus facciones asociándola con sus hijos y esposo. Le hizo un gesto para que se acercara, a lo que la niña no discutió y obedeció en silencio.

—Bonito rostro. Pero esos ojos cafés no los sacaste de tu papá, supongo que son de tu madre, ¿No?

Acarició su rostro con aire amable. Pero aquello lo había dicho a propósito, sin embargo, su sorpresa llegó cuando notó que su comentario prácticamente había resbalado en la niña, ella sólo ensanchó su sonrisa y con pureza natural contestó.

—No conocí a mamá, pero creo que sí, saqué sus ojos. — Amelia retiró su mano — Se llamaba Kelly.

Intentando descaradamente herir a la niña, ella misma se llevó la sorpresa. Y logró llevarse su atención. Una charla cayó en medio de la conversación, a la mujer agonizante le llamó y hasta le agradó que Eider pudiera seguir el hilo de una conversación sin monosílabos o no comprender el tema en cuestión. Dentro de ella algo tembló, dentro de aquel imperturbable pecho los recuerdos del mayor de sus hijos se vieron reencarnados en la pequeña sentada a su lado.

Pero ya era demasiado tarde. Demasiado tarde para que un milagro pudiera caer en aquella maltrecha y dañada relación.

—Cuando Bill era pequeño, una vez también se cayó de un árbol… — La conversación había llegado anécdotas que le habían sucedido a Eider, una en particular en la cual se trepó a un árbol para sacar ciruelas, con esta historia, Amelia recordó nítidamente algo parecido sucedido años atrás — Pero todo fue porque en la copa del árbol había un pequeño nido de aves y el maldadoso quería sacar los pajaritos y cuidarlos para luego hacerlos sus "súbditos" para crear un Raromagedón y poner el mundo a sus pies… — Sonrió con burla, demasiado igual a Bill — Realmente tenía muuuucha imaginación ese niño… — Pero aunque esa sonrisa se asemejaba en demasía a Bill, a Eider le llamó la atención algo más.

— ¿Usted conoció a papá de pequeño? — Entonces ella cayó en cuenta.

La niña no sabía ni quién era ella realmente, aunque claro, tampoco esperaba que Bill le contara, después de todo, se llevaban bastante mal (por no decir odiarse). Por su mente pasó la idea de ignorar la pregunta, como había hecho anteriormente cuando le preguntó si su papá y ella no se llevaban bien, pero sintió que no quería dejar a la pequeña en la nada y que nunca supiera que en verdad era su nieta.

Así que sonrió lo más real que pudo. Una sonrisa que hace tiempo no lograba hacer.

—Bill es mi hijo, niña.

Eider no cambió su expresión tranquila, pero a leguas se notaba que su pequeña cabecita trataba de ordenar la información de a poco.

— ¿Entonces el tío Will también es su hijo? — Ladeó la cabeza.

—Así es.

—Entonces usted es mi… ¿tía? — Entrecerró los ojos, pero antes de que Amelia pudiera corregirle, ella misma se dio cuenta — No, es mi abuela.

Amelia sólo asintió.

Y la sonrisa que creció en el pecoso rostro de Eider la derritió por completo.

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Amelia fue encontrada muerta la mañana del décimo día que Bill había llegado. Su cuerpo agonizante no había pasado la noche y finalmente se fue en el sueño eterno.

Eider pasó al lado de Amelia las últimas tardes de su vida, conversando cosas triviales, detalles, mirando fotografías o leyéndole algún que otro libro y de paso con el cual también practicaba su lectura.

El funeral estuvo atestado de gente. Amigos, conocidos y familiares que nunca habían visto ni conocido los hermanos Cipher, otros antiguos compañeros de trabajo y amigos del difunto Philler, su padre. Ninguno lloró, ni Will, ni Eider, ni mucho menos Bill. Will lo tenía asumido, se había preparado mentalmente hace tiempo para aquel momento, y a pesar de andar algo perdido o un poco ido, no lloró. Bill, bueno, Bill es Bill, el que su madre haya muerto sólo fue un acontecimiento en su vida, ni más ni menos, no encontró razón para llorar y tampoco quería una razón para ello porque simplemente no lo haría. Eider se entristeció un poco, pero al ser pequeña y no comprender demasiado el mundo adulto ni la muerte, tampoco lo hizo.

Se llegó a la conclusión que la casa no sería vendida, ni arrendada, ni nada por el estilo, se quedaría tal como estaba pero sin habitantes en ella. Habría una copia de llaves de todo para Bill y Will si se decidían volver. Ambos se dirigieron a hacer las maletas, mientras, Eider caminó por los pasillos en silencio, directo al cuarto de su abuela, o "Ame" como le dijo cariñosamente sus pocos y últimos días. La cama estaba hecha y en el aire aún quedaba el olor a perfume de la mujer mezclado a medicamento. Se acercó a la silla en la que solía sentarse a su lado para conversar y quedó ahí mirando sus pies meciéndose, pero algo más llamó su atención; la punta de una caja se asomaba bajo la cama. Se agachó y la arrastró para sacarla. Un poco dudosa en si debía o no hacer aquello, la abrió despacio.

Un álbum de fotos que jamás había visto junto a la mujer más muchas fotos más sueltas en su interior y unos sobres sellados color amarillo suave. Cuatro cartas. Una decía su nombre.

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Bill hacía los bolsos, algo más relajado tras todos los asuntos "terminados" en aquel lugar. Al fin podría regresar a su ansiada rutina y claro, volver a ver a Dipper, con el cual se había estado mensajeando tras haberse ido.

Iba a guardar unas cosas que no cayeron en su bolso a la mochila de Eider, justo cuando la niña abre la puerta y entra corriendo al cuarto y le arrebata la mochila de las manos.

—¡Hey!, iba a guardar unas cosas ahí.

— ¡Necesito privacidad! — Gritó antes de volver a salir corriendo del cuarto en dirección a quién sabe dónde.

El rubio entrecerró los ojos incrédulo, ¿Privacidad? ¡Apenas tenía 6 años! Pero no dijo más y se resignó a guardar lo que quedaba a fuerza y presión en el bolso.

En la estación de buses, ambos rubios, se despidieron de Will, el cual por poco y amenaza a Bill con obligarlo a mantener contacto con él y no dejarlo en el olvido. Intercambiaron números y se abrazaron.

Finalmente, cada uno se fue en su dirección.


No sabía qué mierda había tomado ni que basura había fumado, lo único que sabía, era que se llamaba… Un momento, ¿Cómo se llamaba?... ¡Ah, Claro! Wilpper… No, ¡Dipper! Sí, sí…

—Dipper Pines, linda — Tomó el cabello de la chica que sonrió sonrojada.

Porque sí, mientras uno estaba en un funeral, otro se la pasaba de verga en un fiestón. Como si fuera poco, no sabía dónde carajo había dejado su móvil, aunque en verdad, poco y nada le interesaba en ese momento.

Aproximadamente el reloj apuntaba las 1:30 Am… o eso creyó el castaño, porque realmente eran pasadas ya las 3 Am.

Cuando la chica, que no era sorpresa que ni su nombre supiera, se le tiró a besarlo, Dipper y su bipolaridad de borracho la apartó con asco.

—Perra — y se retiró, dejando perpleja a la joven, porque que él mismo se le había acercado con claras intenciones en doble sentido.

Se sintió aburrido de repente, así que como pudo se abrió paso al jardín, el cual estaba vacío, para poder fumar tranquilo sin quemar por error a alguien más (como ya incontables veces le había pasado). De un momento a otro extrañó a Bill, y su cabeza se sumió en todo lo que había hecho aquella semana, todo aquello que podía contar como "engaño e infidelidad" pero, su vano consuelo era que no eran nada, ¿cierto?... ¿Cierto? Y así fue como se sentó en el césped más que nada enojado con él mismo y calando cigarro tras cigarro con el ceño fruncido.

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La resaca del día siguiente no fue tan fuerte como creyó que sería al acostarse. Se removió despacio y con pereza buscó su móvil bajo su almohada (donde solía dejarlo), pero no lo encontró. Pasó las manos bajo las sábanas por si acaso, y hasta revisó la ropa y su chaqueta, pero nada. Y quedó con tragedia, porque si ya le había pasado una vez que una chica le robó el dinero, no sería sorpresa que le robaran nuevamente el móvil esta vez. Se sentó en la cama y apoyando el codo en su pierna se tapó la boca pensando. Pensando… pensando… ¡Joder! Era poco y nada de lo que se acordaba de anoche. Lo más nítido era cuando se enojó solo en el patio (cosa que por cierto se avergonzó) "Patéticoooo" le gritó su subconsciente, y cuando tomó el taxi de vuelta casa, nada más.

Ahora no tenía cómo comunicarse con Bill. No podía hablar con sus padres ni tampoco quería explicarles que su móvil se perdió en medio de una fiesta en la que estaba ebrio, decirles que lo asaltaron tampoco sonaba bien, podría causarle un ataque de pánico conociendo a su mamá. Contarle a Mabel eso tampoco era buena idea, la chica no era tonta y sabría de inmediato que mentía.

"Idiota sin salvación" Volvió a gritarle su mente.


Esa misma mañana Wirt había despertado sin ningún atisbo de resaca, porque realmente beber no era lo suyo. Miró su mesita de noche, encima yacía el móvil que la noche pasada había encontrado tirado en una de las mesas del pub en donde se había ido a divertir. El tema del aparato se le olvidó en cuanto salió del cuarto directo a darse una ducha.

Wirt era un chico de 24 años, la mayoría del tiempo tranquilo y sociable, solía llevarse bien con la mayoría. Una persona normal que no resaltaba mucho entre la mayoría. Titulado de la Profesión de Derecho, ahora ejercía como abogado, lo que le sustentaba de maravilla la vida que llevaba. Sin hijos, soltero, vivía solo. Su familia vivía un poco alejado de la ciudad pero mantenía buena relación y contacto con ellos.

Alguien usual.

Tan usual que no podía ser verdad.

Aquella tarde, en la oficina en la que trabajaba, recordó de pronto que tenía en su poder el móvil de alguien más. El chico no era una persona interesada en lo material, por lo que de inmediato lo sacó de su maletín, donde lo había guardado antes de salir.

Que no fuera una persona codiciosa no significaba que no fuera una persona curiosa, por lo que en primer lugar abrió la galería de imágenes. En la carpeta principal había varias imágenes de un chico castaño que claramente él no conocía y supuso de inmediato que era el dueño del móvil. También aparecía una niña idéntica a él en otras, además de fotos en las que se veían varios chicos de fiesta. Nada fuera de lo normal, pero en especial, una fotografía le llamó la atención, se trataba del mismo chico castaño con otro rubio; ambos sonreían en lo que parecía ser la sala de una casa, atrás de ellos se veía una niña pequeña tapando su boca con cara claramente de "1313". La cara del rubio, sobretodo, se llevó toda su atención, un bonito rostro sería decir poco.

Registró la lista de contactos, dentro de las más usuales aparecía la misma cara el rubio con el nombre de "CabecitaRubia:'3". Guiado por sus instintos, ignoró por completo los demás y llamó.

Un pitido, seguido de otro, otro, y al cuarto pitido, una voz jamás antes escuchada por el chico habló.

¿Aló? ¿Dipper? — Sin razón alguna se sintió un poco nervioso. Tomó un papel y comenzó a juguetear con él con su mano libre.

—Ah, no… Hola, soy Wirt, encontré este móvil por casualidad en el pub, anoche y quería, uhm, devolverlo…

Con razón no contestaba… Me llamo Bill, conozco al dueño, puedo recibirlo por él si quieres.

—¡Sí! — Su voz salió con bastante emoción, lo que lo avergonzó un poco — Digo, sí, me parece.

¿Eres de por acá?

—Sí.

Entonces en la plazoleta frente a la pastelería del centro, ¿Te acomoda a las 4?

—Sí…

Está bien, adiós. — Y cortó.

Se sintió idiota por contestar "Sí" "Sí" a casi todo. Pero quedó clavado con el celular en el oído, sin palabra en la boca y un tardío "Nos vemos" para cuando ya había colgado.

¿Qué era esa sensación de interés? ¿Y por qué lo ponía tan nervioso alguien que sólo había visto por fotos y ni conocía?

—Bill...


Se encontraba de vuelta en el trabajo, algo soñoliento por la poca clientela y el calor que comenzaba a atontar. Mabel a su lado estaba echada desparramada completamente sobre la caja registradora. La campanita que avisaba la entrada de un nuevo comprador había sonado alertando al par de chicos, uno recomponiéndose y suspirando y otra llegando a saltar del susto haciendo que varios pitidos salieran al presionar los números por error de la caja que hacía de almohada.

—Son veinte con quinientos, veint… — La baba se le caía por un costado y Bill tuvo que hacerle una seña divertido para que se limpiara.

— ¡Bill! — Exclamó Dipper al verlo de vuelta. Se acercó al mostrador y el rubio le sonrió percatándose de que era nada más ni nada menos que el castaño. De un momento a otro, su sueño y cansancio se había esfumado, y no quedaba más que su alegría notable al volver a ver al castaño frente a sí.

Mabel lo miró con los ojos entrecerrados y al notar que era su hermano, simplemente se dejó caer nuevamente sobre la caja cayendo nuevamente en los brazos de Morfeo.

— ¿Cómo te fue? Todo estuvo muy aburrido sin ti — Hizo un puchero.

Que gran mentira, Dipper.

—Bien… — Respondió simplemente con alegría. Y cuando parecía que el castaño diría algo, le arrebató la palabra — ¿Y tu móvil? No me respondes las llamadas.

—Ah… Eso… — Mantuvo su sonrisa mientras rápidamente pensaba una buena excusa — Se me cayó al agua y murió todo.

—Ah, ¿Sí?... — Sonrió y asintió — Que mal… — Sonrió y asintió de vuelta, pero eso no duró mucho y frunció el ceño con un puchero — Mentiroso, se te perdió en un pub y lo encontró un tal Wirt. Vendrá a entregármelo en un par de minutos. Al parecer no todo estuvo muy aburrido sin mí.

La cara de Dipper no tuvo precio. Su mandíbula se desencajó completamente y miró de reojo a su hermana que seguía durmiendo. Miró de nuevo a Bill que mantenía la misma expresión y sonrió nervioso sin saber muy bien qué decir.

—P-Pero de todos modos estuvo aburrida… Digo, la noche en el… Pub — Se sonrojó notoriamente al ser descubierto en su propia mentira.

Bill, por su parte, comenzaba a dudar del angelical lobo vestido de oveja que parecía ser el niño. Sentía que hasta él mismo había caído en él sabiendo lo que realmente era. Una leve punzada en su pecho le advertía algo, pero aun así hizo caso omiso a ello.

Y lo ignoró.

Oh… Y cuánto le costaría haber ignorado aquello.


Me reporto, yo estoy bien, mi familia está bien, gracias por todo (?) Okno XDD Sí, luego de mucho tiempo he aparecido. No tengo excusa, simplemente me dio el colapso mental para escribir y sha está. Más encima se vino Navidad Y Año Nuevo (Ojalá que la hayan pasado bien por cierto -inserte corazón-) y pues, me perdieron (?) uvu Disculpeeeeen -inserte muchos, muchos corazones a mis laifus-

¡Buenoo! El capítulo explica y avanza más que nada en el término del problema de Bill con Amelia (Aunque... ¿Ahí termina todo?...) y que nuestro castaño se las pasó de verga en ese fiestón donde pierde su celular ¡Y sí! ¡Entra en escena Wirt encontrándolo! Quizá me odien por meterlo en todo esto... y más porque al parecer ¿Estará en medio de Bill y Dipper? (?) Pero eso lo veremos en el próximo capítulo mis laifus zjkdcskdkd tendré muuucho más tiempo ahora para escribir porque estoy de vacaciones y el chico con el que andaba me botó (el muy puto :c) pero ya estoy bien, soy demasiada carne para tan poco hueso (?) XDDDDDD

Gracias por leer amores!