¡Hola! Les agradezco sus comentarios y el que sigan mi historia, sé que casi las mal acostumbré a actualizar seguido y fui mala al dejarlas sin continuación, hago todo lo posible para subir los capítulos lo antes posible, créanme ;-;
¡Nos leemos! ^^
~ Cindy Elric ~
Capítulo 11
Sesshoumaru: Nuevo Brillo
Han pasado tres días, tres días de que el juego reinició por mi culpa, tres días desde que esa ruidosa humana nos acompaña en nuestro viaje, en que el molesto de Jaken no ha dejado de quejarse o de que esa niña este sonriendo con más insistencia que antes.
–Sesshoumaru, ¿no vas a comer?
–Señorita Kagome, el señor Sesshoumaru nunca come con nosotros.
–¡El señor no comería con una humana!
–No diga eso señor Jaken…
–Déjalo Rin, si dice eso entonces no querrá comer con nosotras tampoco.
–Eso… sí, sí quiero comer…
–Muy bien.
Los tres comen sentados en el pasto, yo estoy alejado unos metros, observándolos en silencio, esa humana ha aprendido a tratar al inútil de mi sirviente, lo hace acceder a cosas que él juraba nunca haría, mientras que la niña está molestamente feliz, se la pasaba hablando con la mujer y hasta parece estar aprendiendo su insolencia ya que en ocasiones me habla con excesiva confianza. Frunzo el ceño ante aquello, no sé en qué estaba pensado cuando propuse esto, no estaba en mis cabales…
–Sesshoumaru… –te acercas a mí.
–¿Qué?
–Hoy… ¿podrías acompañarme a un lugar? –Bajas la vista, sin dejarme mostrarte mis fríos ojos.
–No tengo porque –te hago un desprecio, no me prestaré a tus caprichos.
–Tómalo como uno de nuestros encuentros, dijiste que me darías libertad para hacer lo que fuera para lograr mi objetivo –ahora sí fijas tus ojos en mí, estás decidida y si me niego seguirás molestándome hasta hacerme aceptar.
–¿Dónde?
–Antes de que anochezca saldremos, para cenar con Rin y Jaken antes de irnos –me sonríe y luego vuelve junto a la niña.
Tardo tres segundos en darme cuenta de algo, maldita, ¿es que acaso también aprendiste a tratarme a mí?
–Tonterías… –hago un nuevo desprecio a la nada, esto es absurdo.
…
–Rin, nosotros volveremos en unos momentos, ¿de acuerdo?
–¿A dónde van señorita Kagome?
–Voy a buscar unas cosas que necesito.
–¿Van a demorar mucho?
–No, así que no te preocupes… Jaken cuídala por favor.
–¡No tengo porque…! –Miro enfadado a mi sirviente a lo que este se asusta–. Como usted ordene señor…
–Sesshoumaru sí que tiene entrenado a Jaken.
–Siempre es lo mismo.
–Bueno, ¡nos vemos más tarde!
–¡Adiós señorita Kagome! ¡Señor Sesshoumaru!
Nos alejamos lentamente, miras de soslayo a los que dejamos atrás y luego sonríes.
–Espero que no tengan problemas.
¿Desde cuándo te preocupan tanto? Bueno, no importa… seguimos caminando, no sé a donde te diriges, sólo te sigo, dijiste que este era un nuevo encuentro, ¿qué te propones? No vayas a hacer algo de lo que puedas arrepentirte.
–Dime Sesshoumaru… ¿puedes sentir la presencia de Inuyasha? –Miras hacia otro lado al preguntarme eso mientras que yo no puedo evitar mi sorpresa, desde que me acompañaste no volviste a nombrarlo, ¿piensas volver con él?
–Sí.
–¿Podrías guiarme a él?
¿Qué es lo que te propones? No te entiendo.
–¿Por qué?
–Por favor… –me sonríes, tranquila, sin confusión, ahora yo soy el inquieto de los dos y eso no me gusta, el no entender la situación me molesta.
–Como quieras –corrijo mis pasos, dirigiéndome hacia donde siento su desagradable presencia, puedo sentirlo y junto a él está esa sacerdotisa. Te miro de soslayo, la situación que nos espera será verdaderamente incómoda, ¿cómo fue que caí en ella?
Caminamos en silencio, no me miras y yo no me muestro interesado en ello, no, no tengo porque, seguimos caminando casi dos horas y entonces es que los siento cerca, están a unos pasos, ellos dos junto a los demás de su grupo.
–Fuiste remplazada –sonrío fríamente mientras no detengo mi camino.
–Lo sé.
–Por todo tu grupo –agrego intentando herirte aún más.
–No, sólo por él… –miras hacia el frente y frunces el ceño al notar estar cerca, tus ojos tiemblan, dudas unos segundos pero sin detenerte, yo lo hago por ti, te regalo cinco segundos para que lo pienses, no me interesa ser parte de aquello.
–¿Por qué te detienes?
–¿Por qué tú no lo haces?
–Tengo algo que hacer…
–¿Quién te obliga?
–Yo misma… –me miras y sonríes mostrándome cuan nerviosa estás, tus rodillas tiemblan, tu alma lo hace, lo sé, pero hay algo en tus ojos que me hace dudar, siguen apagados como cuando te encontré hace días aunque esconden algo en su interior, algo que no alcanzo a descifrar.
Seguimos nuestro camino, llegamos hasta el campamento del híbrido quien se tensa en el momento que nos ve, un pequeño zorro corre a tus brazos y tú lo recibes, lo acaricias y él llora ruidosamente, que molesto…
–Te extrañé mucho Kagome…
–Yo también Shippou, a todos –miras a la exterminadora y al monje quienes te sonríen y se acercan a ti, yo me alejo unos pasos, no quiero ser parte de esto.
–Señorita Kagome, que bueno verla.
–Kagome, nos tenías preocupados.
–Sango, Miroku, los extrañé mucho, discúlpenme pero no podía regresar…
–¡Ese estúpido de Inuyasha tiene la culpa! Y ahora está con esa mujer…
–Nosotros nos quedamos esperando que regresara, no sabíamos en donde se encontraba…
–Sí, su excelencia supuso que regresarías por tus cosas, sólo por eso nos quedamos… nosotros no tenemos nada que ver con ellos.
–Entiendo, no se preocupen –les sonríes–, no estoy enfadada ni nada, fue buena idea ya que en verdad he regresado por mis cosas, las necesito.
–¡Kagome, yo me iré contigo! ¡No pienso quedarme en este lugar ningún minuto más!
–Nosotros también Kagome, no queremos seguir aquí… –vuelves a sonreír, si crees que ellos nos acompañarán estás completamente equivocada.
–Hola Inuyasha…
Esas palabras llaman la atención de todos, haciendo silencio, obligándonos a casi desaparecer, clavas tu mirada en la de ese híbrido que no hace más que mirarme con furia retenida, eso me hace sonreír de lado.
–¿Qué haces aquí?
–Vine a buscar mis cosas… no quiero molestarte –miras de soslayo a la sacerdotisa a su lado pero no con odio, no, tus ojos siguen apagados pero no pareces molesta.
–Kagome, no esperaba verte con Sesshoumaru –agrega la mujer del traje ceremonial, frunzo el ceño ante sus palabras, no necesitan envolverme en sus asuntos.
–Después de todo corriste a sus brazos… y así decías amarme a mí…
Al final no fue una total pérdida de tiempo, puedo ver ira en los ojos de quien te acompañaban, una sonrisa en la sacerdotisa muerta mientras que los ojos de ese híbrido son manchados con dolor, no, no es nada aburrido de ver, me pregunto cómo reaccionarás tú… busco tus ojos y no doy crédito a lo que veo, siguen igual, no hay nada en ellos, ni dolor, ni furia, nada…
¿Cómo es posible?
–Lo hago… –pronuncias para sorpresa de todos–. Te amo.
–¡No digas tonterías! ¡Estás con él! –Siempre igual de emocional, por eso es un inútil.
–No son tonterías, no podría mentirte, no tendría porque…
–Dime, si dices amar a Inuyasha, ¿por qué estás con Sesshoumaru?
–Porque tenemos un asunto pendiente que deseo acabar.
–¡¿Es esa estúpida apuesta?! ¡Kikyo ya me contó todo! ¿Cómo fue que aceptaste algo tan bajo? –Maldición, ni siquiera a mí me gustan sus ojos al mirarte.
–¿Sabes Inuyasha? Yo también me hacía preguntas mientras estábamos juntos… –te acercas a algo extraño, es un objeto hecho de tela amarilla y empiezas a guardar cosas en su interior–. ¿Cómo puedo llamar tu atención? ¿Qué hay de malo en mí? ¿Qué es lo que Kikyo tiene y yo no? ¿Por qué siempre la prefieres a ella…? Pero ya ves, hay preguntas que nunca serán contestadas.
–Eso no es cierto, ¡Tú jugaste conmigo! Después de besarlo a él viniste a mí y me besaste, ¿qué pensabas obtener con eso?
–¿Y tú nunca lo has hecho? –Te levantas, ajustándote al hombro ese extraño objeto, fijando tu mirada en los del híbrido, esta es una conversación interesante, sí, ver el desconcierto de ese inútil es mejor que perder el tiempo–. Cuando te encontrabas con Kikyo creyendo que yo no sabía para luego regresar a mi lado sonriendo como siempre… ¿eso no es lo mismo?
Hubo un nuevo silencio, el que aprovechaste para volver a mi lado y dejar en el suelo lo que cargabas, mirando tranquila y con una leve sonrisa en tus labios.
–Sesshoumaru, ¿podrías ayudarme?
–Entonces esto será así… te quedarás con él… –ese comentario te hace voltear a verlo.
–Inuyasha, tú me alejaste de tu lado, recuerdo tus palabras, créeme… antes de dormir, al mirar el cielo, siempre está tu hiriente discurso en mi mente.
–Tú me engañaste…
–Y yo me arrepentí, te pedí que me perdonaras, lloré, supliqué… Inuyasha, dije todo lo que se me ocurrió para que me dieras una nueva oportunidad pero no quisiste, la elegiste a ella –miras a la sacerdotisa–. Estoy feliz por ti Kikyo, obtuviste lo que siempre deseaste, espero puedas cuidarlo mejor de lo que yo lo hice.
–No pierdas cuidado.
Sonríes por última vez, mirando al híbrido y a la mujer, notas que yo no tengo ningún interés en ayudarte con esa cosa así que vuelves a ajustártela al hombro.
–Vamos Sesshoumaru…
Caminaste tranquila y yo también lo hago notando a esas tres molestas presencias que nos siguen en silencio, estoy por hacértelo notar en un reclamo pero algo me detiene, tú me detuviste, tus ojos, esas lágrimas… no trates de ocultarlas, las vi manchar tus mejillas.
–Dirás que soy tonta al llorar otra vez… –me miras de soslayo y sonríes–. Te prometo que será la última vez.
Esos ojos ya no estaban apagados, no, puedo ver un brillo en su interior, bueno, no hay prisa, cuando lleguemos al campamento te dejaré ver mi molestia por la presencia de esos humanos y ese zorro.
Continuará…
