Capítulo 11. Ni contigo ni sin ti

Harry recuperaba el aliento, era el tercer día consecutivo de su celo. Un calor que lo devoraba por dentro que solo se calmaba cuando Severus lo cubría y llenaba su interior con su semen. Pero a diferencia de la vez anterior no lo consumió hasta robarle el entendimiento, no sabía si tendría que ver con el hecho de no haberlo estado evitando. Si fue por entregarse desde antes libremente con plena consciencia o es que solo ocurría algo así en el primer celo.

El primer día lo tenía borroso, solo recordaba como era empujado una y otra vez, la voz de Severus llamándolo, y su interior siendo satisfecho continuamente. Su garganta dolía, imaginaba que por los continuos jadeos que era incapaz de controlar.

El segundo día todo fue algo más claro, la necesidad ardía pero su mente estaba más clara.

En su tercer día podía decir que a pesar del cansancio las sensaciones era plenas, su cuerpo y su mente estaban reconectados completamente.

Le gustaba la sensación que ahora experimentaba, entre sus brazos, no dejaba de abrazarlo en ningún momento, y era el lugar a donde quería pertenecer. El sudor los recorría y ya notaba como su semen resbalaba entre sus piernas. No podía evitar excitarse de nuevo al notarlo, era como una chispa en unas ascuas que estaban por extinguirse.

Severus lo cargó en sus brazos, notaba como el mismo hombre estaba cansado. Pero lo anteponía a sus propias necesidades de descanso.

Los dirigió a ambos al baño de su habitación, un buen baño fue algo que Harry deseaba antes de haberlo pensado.

—Gracias—dijo sobre su cuello, los ojos de alabastro lo miraron con adoración, una mirada a la que Harry se había hecho adicto, tanto como a sus besos y atenciones, una mirada que decía tanto sobre el hombre que lo estaba ayudando.

Se sentía completo cuando él lo miraba así, como a un compañero, como a una pareja.

La bañera se llenó de cálida agua jabonosa que se llevaría cualquier rastro de sudor y suciedad.

Lo dejó sobre las aguas llenas de espuma, lo que le dio a Harry el espectáculo de ver su cuerpo.

No se cansaba, si alguien le hubiera preguntado hacía meses si podría encontrar placer en contemplar un cuerpo masculino se hubiera reído, pero Severus era un hombre atractivo, su pecho recubierto de un suave vello oscuro que iba serpenteando hasta cubrir su entrepierna le hizo gemir de nuevo con una necesidad que ya conocía a la perfección. Ver como el grueso pene de Severus se llenaba hasta erguirlo delante de sus ojos hizo que su ano expulsara nuevamente su lubricante natural.

Extendió una de sus manos acariciándolo provocando un gemido a Severus, le gustaba tocarlo, notar que era algo recíproco lo que ambos sentían cuando estaban juntos. La necesidad de Harry por Severus era cada vez mayor, y se incorporó levemente en la bañera hasta llevarse a los labios la carne ardiente del pelinegro.

Notó como sus cabellos eran acariciados, y tragó todo lo que pudo haciendo que los dedos que lo acariciaban antes se convirtieran en garras ahora. Si le gustaba que Severus lo acariciara y mimara, amaba cuando daba rienda a sus propios instintos. Harry se sentía un amante inexperto por lo que cuando conseguía que el otro se doblara de placer sentía su pecho llenarse de orgullo.

Los sonidos obscenos de su succión le calentaban, pero sintió como era separado de su premio. Los ojos oscuros de Severus le devoraban y pasó su pene por los hinchados labios de Harry. Suaves lametones fueron repartidos por su cabeza pulsante.

—Ven—pidió Harry y Severus obedeció dócilmente metiéndose en las cálidas aguas.

Harry se encaramó a él en cuanto posó su cuerpo en la porcelana. No necesitaba preparación, siempre dispuesto se empaló de una sola vez haciéndolos gemir a los dos. Marcó el ritmo de la penetración meciéndose sobre su cuerpo, el agua los acariciaba desbordándose. Nada importaba, solo ellos dos. Las manos sobre sus nalgas abriéndolas completamente haciéndolo todo más profundo.

Harry se dejó ir en la nube de placer que encontraba cuando sus cuerpos se entregaban.

o0o

Severus estaba sentado en uno de los sillones leyendo unos documentos que le habían hecho llegar esa misma mañana. Nuevamente había perdido la noción del tiempo, tres días donde solo habían sido él y Harry, pero de un modo podría decir que distinto a la última vez.

Si bien la cópula había sido continua y extenuante, había algo diferente en ella, una especie de reconocimiento más allá. No solo era el omega del muchacho entregándose.

O quizás solo estaba viendo lo que quería ver, casi sonrió para sí mismo. Alzó su mirada al chico que aún dormía en su cama. Le iba a extrañar, esa era la auténtica verdad.

Le gustaba demasiado tenerlo por allí, y para un ser solitario como él aquello era mucho decir. No quería esperar tres meses más para poder estar con él, le gustó tenerlo justo enfrente de donde él estaba ahora sentado concentrado en su tareas; le gustaba que oliera a su jabón; le gustaba cuando se abrazaba a él mientras dormía.

Y aún quería descubrir qué otras cosas más le gustaban, pero no tenía derecho.

A pesar de todo, él estaba en una posición de poder respecto al muchacho, era su profesor, era un adulto frente a un niño que comenzaba tan solo a vislumbrar lo que sería la vida adulta.

Era alguien que llegado el momento debería hacerse a un lado y dejarle vivir. Esa era la idea que agriaba el dulce sabor que seguía teniendo en sus labios.

Severus era un mago poderoso, sin duda, solo que pocas veces había hecho gala de ello. Su papel no era ese en aquella guerra, el doble juego, el hombre en la sombra. La máscara ante los demás de alguien sin brillo hasta el punto de que esa había sido la verdad.

¿Qué tenía para ofrecer al alguien que era lo más parecido al sol en el mundo mágico?

En el caso de que sobreviviera, de lo cual cada vez tenía más dudas, no sería más que un simple profesor de escuela, con un pasado más que turbio y mala reputación, veinte años mayor y con un carácter solitario.

No se menospreciaba, de esos hacía muchos años había prescindido, él sabía quién era y qué podía ofrecer. Y le pareció injusto para esa criatura que tenía todo por delante.

Eso no hacía que no lo quisiera reclamar para sí mismo, qué estúpido no querría hacerlo cuando ya lo había probado, qué persona no perdería la cabeza por él cuando su nombre en sus labios sonaba tan condenadamente bien.

El revuelo de tela le indicó que el bello durmiente estaba despertando, Severus recompuso su máscara. Esta vez lo vería marchar.

Lo vio incorporarse sobre la cama buscando sus gafas, su pelo revuelto y su piel llena de sus propias marcas le hacían verse demasiado apetecible.

No tardó más de unos segundos en localizarle, él también se mostró serio, había podido disfrutar de sus sonrisas esos días y le hubiera encantado ver una.

—Buenos días, Señor Potter—saludó.

El chico torció el gesto, Severus se sorprendió por ello, ¿le había molestado?

Verlo salir de la cama completamente desnudo sino fuera porque estaba completamente saciado hubiera despertado sus más bajos instintos. Pero le dio la oportunidad de apreciar lo hermoso que era sin más que la objetividad de sus ojos.

Se acercó hacia él, aún con ese gesto molesto.

Se atrevía a asegurar que el chico iba a reprenderle por algo, ¿quizás le había hecho daño durante esos días? Reconocía que no había podido medir sus fuerzas y podía ver marcas de sus propias manos en los muslos del moreno.

—No me llames así—dijo este.

—¿Cómo?—dijo sorprendido Severus.

—Señor Potter—dijo este completamente desnudo y con su ceño fruncido, Severus no era dado a apreciar las cosas tiernas de este mundo, pero sin duda en ese momento Harry lo era, algo demasiado tierno para su amargo paladar.—Solo Harry.

Severus lo tomó de la cintura y lo sentó en su regazo, lo que pareció complacer a Harry. No olvidaba como este buscaba esa postura cuando se alimentaban, y si no se equivocaba era la hora del desayuno.

—No volveré a hacerlo, Harry—el muchacho sonrió contento cuando Severus dijo su nombre. En este nuevo contexto era extraño, pero no por ello dejaba de gustarle.

Harry se arrebujó en su regazo y Severus lo cubrió con su propia bata.

Aquello no estaba bien, lo sabía, debería tratar que su relación no fuera más allá, pero todo hombre tiene un límite y él suyo estaba a punto de ceder.

Los sonrojados labios del chico buscaron los suyos, solo un roce, nada de tinte sexual y por ello tan peligroso.

—Quédate—dijo Severus.

Harry se separó escasamente para mirarle.

—No vuelvas a tu dormitorio—pidió perdiendo la cabeza. Los ojos verde esmeralda lo miraban fijamente, como queriendo comprobar que era cierto lo que le pedía.

—No lo haré, no me iré.

Completamente perdido, pensó Severus, pero solo lo apretó más contra sí llamando a la elfina que acudió la última vez para que le trajera el desayuno para dos.