Capitulo X: Fatalidad

Veo la luz de mi casa encendida, raramente todas las luces que siempre lucen apagadas ahora no lo están, conforme me acerco puedo ver todo, afuera hay dos patrullas, una ambulancia…

Corro deprisa hacia mi casa, mi corazón se acelera con cada metro que avanzo, tengo un mal presentimiento, me detengo en seco frente al umbral de la casa y entro, temo lo peor... Charlie, Sue, Seth..., la misma Leah ahora me preocupan. Temo por ellos. Cruzo y entro a mi casa, los miro... Sue y mis hermanastros llorando sentados en el sillón. El estomago se me revuelve. No quiero pensarlo. ¿Papá? ¿Donde esta Charlie?
— ¡¿Qué sucede aquí?!—pregunto nerviosa.
Me siento a punto de desfallecer, la cabeza me da vueltas, necesito a mi padre. ¿Donde esta? Sue se levanta y me mira, trata de tranquilizarse pero no puede evitarlo y rompe en llanto derrumbándose frente a mí. Leah se levanta y me abraza. Nunca lo había hecho. Algo malo debe de estar sucediendo como para que Leah tenga esos gestos conmigo.

— ¿Leah?—pregunto temerosa.
— Papá murió, Bella. Lo siento tanto—dice en un susurro.
Mi mundo se desmorona. Siento como sí todo lo que hacia un momento hubiera sido felicidad ahora se cayera y se volviera tristeza. Papá... Por favor, por favor que mis oídos me hayan traicionado. Lo que escuche decir de Leah no puede ser real. No.
— ¡¿Qué?! ¡No!—grito
—Señorita Swan, tranquilícese. —Un hombre fornido me sujeta.
Lucho con todas mis fuerzas para soltarme de aquel hombre. Mi papá, mi Charlie no puede estar muerto... ¡no! Él, él tiene que seguir vivo.
— Debe de ser una confusión—digo desesperada.
Todos me miran, sé que no fue un error, están en lo cierto. Todos lloran, mi padre, el esta muerto... Aquel hombre tan amoroso, tan lleno de vida.
Salgo corriendo de la casa, las lágrimas desbordan por fin libremente por mis mejillas, Stefan. Lo necesito. Necesito a Stefan, él es lo único que me queda.
— ¡Stefan! ¡Abre!—grito desesperadamente.

Me doblo sosteniendo mis piernas y llorando con todas mis fuerzas. Escucho abrir la puerta y sin pensarlo me abalanzo sobre él, lo abrazo con todas mis fuerzas, siento sus brazos rodearme. Su perfume me hace sentirme segura de nuevo, pero sigo sufriendo.
— Qué te sucede, Bella—pregunta angustiado.
— ¡Charlie!—grito
Stefan presiona mi rostro contra su pecho.
— Esta muerto, Stefan... Esta...
—Tranquilízate, mi Bella.
Se separa de mí y toma mi rostro entre sus manos. Sus ojos están angustiados, preocupados por mi. Mis lágrimas cesan, pero comienzo a tener ese hipo que te da después de llorar tanto, de ese que te impide hablar. El que te indica que nada va bien. Vuelvo a abrazar a Stefan. Lo necesito cerca de mí.
—Stefan, despiértame, te lo pido, no quiero seguir soñando esto—suplico.

— Amor, estas despierta... Tenemos que regresar a tu casa.
— No Stefan, no quiero. No quiero verlo... No así... Te lo pido.
— Bella, tienes que. Vamos.
Me dejo llevar pos Stefan, ambos caminamos por las calles hasta llegar de nuevo a mi casa, a donde temí llegar, el sentimiento de DejaVu me invade, no quiero volver a ver esa imagen, no quiero. Quiero que todo se vaya. Pero sé que es imposible. Stefan me mira a los ojos diciéndome que todo va a estar bien, sé que no es así. Ambos cruzamos el umbral y no puedo evitar sentirme desesperadamente triste, con ganas de gritarle a todo el mundo, pero no es lo correcto.
— ¿Que sucedió?—pregunta Stefan con voz tranquila.
— Un accidente de trabajo, Charlie se encontraba junto con unos compañeros cubriendo un asalto y uno de los vándalos le disparo directo al pecho. Lo siento, no pudimos hacer nada para salvarlo.

— Lo entiendo. ¿Donde esta, su...?
— Arriba, en la habitación de huéspedes.
Abrazo con fuerza a Stefan, ocultando mi rostro en su cálido pecho. El me rodea con sus brazos.
— ¿Quieres subir?—pregunta
Niego con la cabeza. No quiero verlo, temo derrumbarme y no soportarlo.

Nos sentamos en uno de los sillones de la sala.

—Le he avisado a Reneé, pero no hay vuelos disponibles por mal tiempo hasta la próxima semana—me dice—. Amor, siento mucho que tu estés pasando por un dolor como éste, pero quiero que sepas que siempre vas a contar conmigo. Siempre, nunca lo olvides.

— Gracias.

Por ahora no habrá nada que pueda curar éste dolor que siento tan profundo en el centro de mi pecho, ni el amor de Stefan, pero por lo menos puede calmarme un poco, por lo menos siento que no estoy completamente sola. No con él, me siento un poco segura. Pero no feliz, ni mucho menos tranquila.

Stefan me acuna en sus brazos intentando arrullarme, pronto el sueño me invade, los ojos me pesan y caigo rendida.

Abro los ojos con pesadez, la primera vista es de mi habitación, normal como siempre, pero Leah no esta en su cama como de costumbre, por el contrario, la cama esta tendida. Por un momento pienso que todo fue un sueño, que todo esta normal como siempre. Solo estoy yo en mi cama, con mi pijama de siempre.
—Todo ha sido un sueño—digo llena de alivio.
Miro mi reloj y veo la hora: 9:32 am. Me levanto de un salto de la cama y salgo de mi habitación. Frente a mi están dos puertas, una es la de Sue y Charlie y otra la de huéspedes. Abro la última con lentitud y finalmente la empujo. Caigo en cuenta. Nada fue un sueño. Todo es real.

Hay una espesa figura tendida sobre la cama de huéspedes, cubierta con una sabana blanca. Camino hasta ahí, me detengo a un lado de la cama y con lentitud retiro la sabana.
Me dejo caer de rodillas frente a la figura inerte de mi padre, mi llanto se vuelve mas fuerte que nunca, ¡no puede ser!
— ¡Papá!—digo gimiendo— ¡NO!
Oigo pasos atrás de mi, algo me toma por la cintura y me hace levantarme, lejos de la cama, me giro y abrazo con fuerza a quien quiera que sea.
— Tranquilízate, Bella—me pide Stefan acariciando mi cabello.
No digo nada.
Permanezco callada, llorando. Mi padre ahí... ¡lo vi! Tendido en la cama, pálido e inerte. No es posible, no lo creo, esa persona que reía con cada tontería mía, con quien yo desayunaba a diario, a quien esperaba todas las noches para cenar con el, ahora esta ahí, como un muñeco, inmóvil.

— Sáquenla de la habitación—ordena Sue.

Stefan me carga como cargan a las novias y da media vuelta, me aferro a su cuello ocultando mi rostro en su pecho, ¡no concibo ver así a mi padre!

— Bella, mírame… escúchame—corrige—. Todo va a estar bien, nunca te voy a dejar sola. Te lo prometo.

No digo nada, ni siquiera me inmuto. No puedo hablar, temo que si digo palabra alguna todo se me vaya en llantos.

Espero que les haya gustado este capitulo tan triste. Un beso y espero vuestros reviews.