Sentimos mucho la demora! Sé que querrán matarnos y que nos critique el tiempo que he tardado (porque Eli ya lo tenía listo)

Saludos y no olviden dejar comentarios!

Una vez más

Cuando él se resigno a perderla, ella aparece nuevamente en su vida.

En ese silencioso estado en el que se encontraba, Sesshomaru recordó aquella noche donde vio a Kagome por última vez antes de su largo viaje. La había invitado con una absurda excusa, esa noche intentaría persuadirla de no casarse, estaba decidido a declararse; se había arreglado y había colocado su reloj favorito regalo de su abuelo. Se perfumo y espero pacientemente durante veinte minutos en el restaurante más lujoso de la ciudad. Y habría esperado una eternidad si tan solo hubiese tenido una pequeña chance. Al entrar, había sentido la mirada de todas las mujeres posadas en él, pero Sesshomaru con su elegancia ignoro a todas y se concentro en que le diría para conquistarla. Pidió el mejor vodka que había y un poco de caviar, costumbre extranjera.

Sesshomaru recordó exactamente el momento en que la vio entrando al restaurante con un precioso vestido verde y un chal sobre sus hombros, aquella vez igual que tantas otras, su corazón se detuvo un momento al verla con aquella sonrisa que parecía petrificar el tiempo; pero todo se quebró… de su mano venia Inuyasha.

Kagome había agradecido por la invitación a cenar. Inuyasha había dicho que no había sido necesaria una cena privada para celebrar su compromiso. Y él, El fingió como había aprendido, sonrió de lado, y se retiro mintiendo que esa reservación era para los recién comprometidos. Y sin despedirse de nadie se había ido de la ciudad.

Si, el destino era un cruel y perverso ser encaprichado con hacerle la vida cruel. Entonces, una suave brisa trajo hacia sí, el inconfundible aroma de Kagome.

Sesshomaru cerró con fuerza los ojos y disfruto el sentirla. La necesitaba tanto. Había pensado en llamarla y contarle lo que había sucedido a su padre, decirle que había sufrido un infarto por su causa solo la preocuparía y aun peor, preguntaría el motivo del pleito. No. ella tenía sus propios problemas, su trabajo y a su odiosa hermana, la cual parecía encaprichada en visitarla diario. Él sabía la verdad, Kikyo era de esas mujeres que no tenía límites y sus celos eran los que llevaban las riendas de su vida.

Sabía que había sido atrevido de su parte, pero el mentirle a Kagome y decirle que su ropa interior era sexy había funcionado; pues gracias a eso ella siempre ponía llave a su cuarto, y Kikyo no podría volver a tener acceso a el.

—Izayoi cuanto lo siento.

Sesshomaru abrió los ojos con rapidez y giro su cabeza hacia donde se encontraba Izayoi, y ahí la vio… de pie, frente a su madre, sujetándole las manos. Por un momento había creído que era una alucinación, pero la mano de su hermano descansando en su espalda femenina rompió el momento; Inuyasha parecía tocarla como si aun le perteneciera.

Tenía que reconocer que observar esa escena dolía. Los recuerdos de ellos juntos golpearon su mente y sintió enojo de que Inuyasha se atreviera a tocarla con esa libertad, Sesshomaru sabía que su hermano nunca la había merecido.

Por supuesto Kikyo sintió lo mismo, pues al verse ignorada había huido del lugar sin decir palabra.

— Kagome, cariño. — Susurro Izayoi mientras se ponía en pie y la abrazaba con fuerza, alejando a Inuyasha con toda intención.

Inuyasha borro su sonrisa del rostro.

— ¿Cómo se encuentra Toga?

— Está en mejor condición. — Las lágrimas luchaban por ser expulsadas, pero Izayoi se contuvo. –Está descansando, no quería que se angustiara si me viera llorar.

— Todo saldrá bien, es un hombre joven y fuerte. –Menciono Kagome.

— Lo se…— estuvo a punto de decir algo mas pero la doctora la llamo.

— Señora Taisho, su esposo pregunta por usted.

Izayoi asintió y no dudo en salir corriendo tras su esposo; y ahí, en ese solitario pasillo dejo a los tres.

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Kagome sintió como la habitación se volvía fría. Sabía que Sesshomaru la miraba pero ella no podía verlo a los ojos, ¿Por qué sentía que estaba traicionándolo? , se regaño mentalmente, el solo era el cuñado de su hermana, y el invitado de su madre, además de ser el encargado de molestarla incluso cuando no estaba presente. Apretó con fuerza su bolso e intento girar para preguntarle a Kikyo por su sobrino. Fue allí cuando noto que la mano de Inuyasha se encontraba cómodamente en su cintura, ella no lo había notado, se sentía tan normal que olvido por un segundo que todo había cambiado.

Inuyasha sonreía, resaltando sus preciosos ojos dorados; ella lo miro, recordando como tontamente había creído que lo besaría toda la vida… pero eso ya era algo tonto. , sus labios y su boca El le pertenecía a Kikyo.

— ¿Dónde está Kikyo?— Pregunto alejándose de él.

— Debe estar en casa, hablando por teléfono como todos los días. O buscando una escusa patética para hacerme el día imposible. — susurro Inuyasha molesto.

—No, ella estaba aquí cuando llegamos. Estoy segura de eso

—Se fue en cuanto llegaron. — respondió Sesshomaru. Kagome lo miro por primera vez en el día, noto como fruncía su ceño y se sintió tentada a pasar su dedo para suavizarlo. Los últimos días había notado que hacia eso cuando algo le desagradaba y la presencia de su hermano le irritaba, eso era evidente —Deberías ir a buscarla Inuyasha, no es bueno que tú esposa embarazada esta sola.

—Y tú deberías cerrar la boca si no quieres…

—Ya basta. — Dijo Kagome. —Su padre no está bien e Izayoi necesita más que nunca que sus hijos estén tranquilos. — Hizo una pausa, la cual utilizo para no dejar de mirar al hombre que se encontraba lejos de ella. —Sesshomaru tiene razón Inuyasha, deberías buscar a Kikyo.

Inuyasha dudo, no quería dejarla sola con su hermano, pero finalmente asintió furioso. — Tienes razón, volveré en un momento. —dijo. Antes de subir al elevador noto que Kagome ni siquiera lo miraba.

Kagome sintió como cada parte de su cuerpo se relajaba al ver que el peligro pasaba. En cuanto quedaron solos se acerco hasta Sesshomaru. Él la miraba sin decir nada. Kagome solo pudo quedarse a un metro de distancia y no supo porque no podía despegar sus ojos de él; noto que su nariz había sangrado y su labio superior tenía un pequeño corte. Él lamio sus labios al ver que ella miraba su boca, y Kagome se sonrojo e hizo algo atrevido, tomo su mano y la apretó para que supera que estaba ahí para apoyarlo.

— Ven. — Dijo con suavidad. Él no opuso resistencia. Kagome sonrió. –Siéntate. – el obedeció.

— ¿Qué quieres hacerme?— Sesshomaru soltó una pregunta con doble sentido.

Kagome tardo en captar el mensaje y solo se sonrojo, con eso se dio cuenta que últimamente se sonrojaba demasiado al estar junto a él. – Solo curare tus heridas. — de su bolso saco un pequeño botiquín. –Tus rasguños podrían infectarse, y además… será divertido aplicar alcohol en tu herida.

Sesshomaru esbozo una media sonrisa. —De acuerdo— dijo él, mientras levantaba su rostro para que ella pudiera hacer lo que deseara.

Kagome se acomodo entre sus piernas y comenzó su trabajo con cuidado. Fue consciente que Sesshomaru mantenía su mirada fija en ella, y fue consciente que si Inuyasha e Izayoi regresaban podrían verlos, pero no supo como alejarse.

—SSS— Se quejo El en el primer toque.

—Lo siento. — Dijo ella

— Solo bromeaba. — Respondió hipnotizándola con sus poderosos ojos dorados.

Kagome detuvo el algodón que se dirigía nuevamente a sus labios.

Sesshomaru sonreía de forma sexy, mientras esperaba el siguiente movimiento de la joven, y decidió seguir sus instintos masculinos… acaricio apenas con un roce las piernas femeninas con sus pulgares.

Kagome no lo detuvo, solo lo miro con timidez. Su corazón latía con fuerza y su respiración se hizo profunda al sentir la ligera caricia. "¡Dios! ¡Estoy coqueteando!" pensó ella y se sintió asustada y a la vez emocionada al disfrutarlo. Puso su atención en aquellos labios carnosos y recordó el beso de aquella noche, aquel beso que tanto se había negado a recordar.

Él volvió a acariciarla, lentamente pues no quería asustarla, deseaba apoyar sus manos en su cintura, pero temía que ella se alejara de él.

Ella sentía como su piel ardía por donde él había tocado y se pregunto: ¿Cómo sería sentirlo sobre su piel? Por primera vez se arrepintió de llevar puesto pantalones. La sangre subió a su rostro y sintió humedad en sus piernas. Jamás en la vida había tenido pensamientos como los que habían invadido su mente en ese momento, era el momento más erótico que había vivido, y su cuerpo y su mente solo exigieron mas contacto.

Sin que nadie pudiera detenerla, acaricio suavemente el rostro de Sesshomaru y lo beso.

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— Izayoi.

Al abrir los ojos, su esposa fue lo primero en que pensó.

— Ella se encuentra afuera señor Taisho, iré por ella.

Toga asistió sintiéndose confundido. Recordaba vagamente lo que había pasado con sus hijos, y trato de saber en qué momento había parado en el hospital. La cabeza le daba vueltas y sentía molestia en el pecho y en su brazo.

Izayoi entro y Toga no pudo evitar sonreír. En sus sueños la había extrañado.

— Cariño ¿cómo te sientes?— dijo Izayoi, sonriendo.

Toga conocía demasiado bien a su esposa, había memorizado cada gesto suyo, pero este era nuevo, ella jamás lo había mirado con preocupación y eso le dolía. Ver a la mujer que amaba asustada por él era algo que no podía volver a repetirse.

—Estoy bien amor, no te preocupes. Dime como están los muchachos.

—Están bien, Inuyasha está con su esposa y Sesshomaru espera afuera con Kagome.

Toga alzo su ceja en gesto de pregunta.

— Yo no la llame cariño, aunque quería hacerlo. Pero Inuyasha se apareció con ella.

— ¿Inuyasha vino con Kagome?— Casi rugió con molestia, toda esta situación estaba alterando sus nervios, y el electrocardiógrafo con sus molestos bip comenzó a acelerarse.

—Toga, cariño tranquilízate, solo se encontraron en el camino, el está con su esposa, la llamo pues quería que ella estuviera aquí. — mintió Izayoi, pues no quería preocuparlo. –Tú solo relájate ¿de acuerdo?

— Bien, llama a Sesshomaru, necesito hablar con él.

— Por supuesto, pero antes necesito que me prometas que no vas a alterarte, tus hijos están arrepentidos.

— Estoy bien— toga suspiro— lo siento no quise asustarte. — Tomo su mano y la beso con ternura, ella sonrió y beso su frente— ve, llámalo.

Izayoi se giró y camino hacia la puerta, le diría a Sesshomaru que no alterara a su padre. Luego se alejaría con Inuyasha y le preguntaría el porqué Kagome estaba con él, y en cuanto Inuyasha comenzara a protestar sobre que él no tenía porque darle explicaciones ella tiraría de su oreja con fuerza y luego…

Y luego.

Izayoi se quedó quieta, no sabía si salir por completo de la habitación o volver a entrar. De todas las cosas que pudo haber visto, jamás pensó que vería a su hijo mayor besándose con Kagome.

Se veían naturales, como si esta no fuera la primera vez.

Kagome se veía nerviosa, Izayoi se percató enseguida de su estado cuando al apartarse la muchacha comenzó a guardar sus pertenencias mientras temblaba.

Pero no fue Kagome quien le sorprendía… si no Sesshomaru. El mayor de sus hijos continuo con sus ojos cerrados unos segundos más, como si aun disfrutara del beso y luego los abrió solo para mirar como la joven trataba de relajarse.

¡Estaba enamorado! Izayoi quiso golpearse en ese momento. ¿Qué clase de madre era? ¿Como no lo había notado? Se reprocho una y otra vez, fue allí cuando comprendió todo. Cuando Sesshomaru se había ido era porque estaba dolido, él siempre había sido maduro y serio. Dios era el único testigo de las cosas que había vivido al lado de aquella mujer llamada Irasue; y el mismo dios había sido quien lo había puesto en sus brazos donde ella le había dado todo su amor, pero Sesshomaru jamás pudo salir del mundo de piedra que Irasue había formado a su alrededor.

Verlo allí, tan sonriente, parecía vulnerable y humano. Más aun cuando al ponerse en pie, tímidamente tomo la mano de ella y juntos se alejaron.

Entonces, pensó en Inuyasha. Amaba a sus dos hijos y les deseaba la mayor felicidad. Desgraciadamente, Inuyasha había decidido su destino junto a esa mujer; pero Sesshomaru aferraba al suyo con fuerza de la mano.

— ¿Que sucede Izayoi?—Pregunto Toga al ver que su esposa seguía de pie en la puerta. Ella cerro con mucho sigilo, y con una enorme sonrisa de felicidad volvió al lado de su esposo.

—Nada cariño, es solo que… Sesshomaru acaba de irse.

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¿Acaso eso nunca acabaría?

Kikyo quiso soltarse a llorar al ver sus planes arruinados, ver a su esposo con su hermana la había enfurecido.

Ella solo pudo caminar lo más rápido que podía hacia el ascensor y luego camino por el largo pasillo hasta salir de allí, una vez se pregunto donde iría, dos veces miro hacia atrás para ver si Inuyasha la seguía, tres veces se dijo que él no lo haría. ¿Por qué habría de hacerlo? Su perfecta hermana ya estaba ocupando el lugar que le pertenecía a ella, era en momentos como estos donde su odio era igual al amor que tenia por ella.

Kagura lo había dicho, una y otra vez le repitió lo tonto que era su plan, pero en el corazón no se manda.

Como una ilusa esperaba un momento perfecto, pero por más que lo deseara el destino parecía mover todas sus piezas en contra. El bebe había sido un precioso regalo, aunque para ser sincera no estaba en sus planes, pero por un obsequio obtenido miles de piedras habían sido puestas en su camino.

Lo único que ella quería era que Inuyasha la amara como la primera vez que estuvieron juntos, que volviera a estar en sus brazos y se diera cuenta que eran el uno para el otro. En su mente había creado un mundo perfecto, en su mente todo sería perfecto, en su mente no existía Kagome.

Solo esperaba que un milagro ocurriera

— ¿Por qué has venido si te dije que esperaras en casa?

Kikyo cerró sus ojos y dio gracias a Dios, él había ido por ella. Ella giro hasta estar de frente, y una vez más suspiro internamente por lo mucho que lo amaba.

— Creí que tal vez querrías que te hiciera compañía— dijo en un susurro

— No, estoy bien—respondió y dio un paso hacia atrás

¿Acaso creía que ella se iría y Kagome se quedaría allí con él?

— De acuerdo, me iré— dijo y sonrió dulcemente— le diré a Kagome que me acompañe.

— Deja a kag en paz quieres.

— Si ella se queda yo me quedare Inuyasha

— ¡No! ¡Tú debes ir a casa y descansar! no olvides que estas embarazada

— ¡Y tú no olvides que yo soy tu esposa!

La gente los miraba. Él cerró sus ojos con fuerza, luego miro al cielo y murmuro algo que a ella le dolió en el alma. — Lamentablemente.

No dijeron mas, él sabía que era inútil discutir allí, hablarían de cómo serian las cosas a partir de ahora en cuanto llegaran a su hogar; Ahora, Kagome estaba esperándolo arriba y Sesshomaru estaba con ella, no podía perder ni un solo segundo discutiendo con Kikyo. Giro nuevamente y camino hacia el ascensor sin mirar hacia atrás, pues sabía que la madre de su hijo lo seguiría.

Para Kikyo el silencio fue una agonía, luchaba contra el nudo de angustia que crecía en su garganta.

Mientras el movía su pie con impaciencia por llegar.

Las puertas se abrieron, y el camino a paso rápido sin siquiera esperarla, Kikyo trago con fuerza y salió decidida a decirle a su hermana que no era correcto quedarse allí, la gente hablaría mal de ella, una excusa patética, pero necesitaba ganar por una vez.

Solo que no fue necesario, ni ella, ni Sesshomaru estaban allí.

Inuyasha, sin embargo, tardo varios segundos en darse cuenta de que ambos se habían ido, en comprender que ella había elegido irse con su hermano en lugar de esperarlo a él.

Un milagro, el que ella había estado esperando. Kikyo sonrió y tomo la mano de su esposo.

Inuyasha solo sintió como su corazón se aplastaba, pero aun así el no pensaba renunciar a ella. Se lo había prometido a sí mismo y cumpliría esa promesa.

Kikyo sintió por décima vez en el día que su celular vibraba, no necesitaba mirar la pantalla para saber quien llamaba, su sonrisa triunfadora se borro lentamente, siendo sustituida por una corriente de nervios.

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Ella era una mujer adulta, que no necesitaba de esas cosas, había estado sin un hombre durante años, pero debía reconocer que el pasar tanto tiempo con Sara la había llevado a querer saber que se sentía sentirse querida por uno.

Fue por eso que Naomi acepto una cena con un hombre trece años más joven.

—No creo que deba ir, Sara

— ¿De qué hablas? – Dijo ella sin dejar de mirar con ojo crítico como lucia su precioso vestido negro en Naomi. —Da una vuelta.

—El es demasiado Joven para mí— hablo mientras giraba lentamente para que Sara le diera su opinión— Hasta podría ser mi hijo.

—Pero no lo es cariño y ya deja de bajar tanto ese vestido que terminaras por romperlo y es mi favorito.

—Es que es demasiado corto.

—No es corto, es solo que tu estas acostumbrada a vestir como una anciana.

—No creo que a mis hijas les guste que salga en una cita.

—Tus hijas ya están casadas. — Dijo Sara distraída, pero luego al ver el rostro de angustia de su amiga comprendió su error. – lo siento cariño, pero Kagome es joven y conocerá a alguien muy pronto, solo dale tiempo, todo ha sido muy reciente, pero no debes preocuparte por ella.

—Lo sé, me gustaría que todo fuera diferente.

—Y lo será, ahora concéntrate en mantener una sonrisa en tu rostro y disfrutar de esta hermosa oportunidad.

Ambas sonrieron y media hora después Naomi salía con nerviosismo hacia su cita

Con Onigumo…