Capítulo 11
Ryoma manejó colina abajo, siguiendo una ruta que se le hacía tan familiar que creía haberla recorrido antes, incluso más de una vez. El clima estaba raro, el sol que antes los iluminaba con tanta intensidad y los quemaba a ratos, ahora parecía haberse escondido tras las enormes nubes de color gris que comenzaban a invadir el cielo cada vez más. "¿Tienes frío?" le preguntó el ambarino y ella asintió, viendo como él prendía la calefacción. No había salido preparada para ese clima, ya que creía ingenuamente que seguiría haciendo calor, pero nunca se sabía lo que pasaba en Kagoshima, teniendo en cuenta que tendía a cambiar el clima de esa manera sin siquiera poder advertirlo. No podía distinguir donde estaban, ya que el vidrio de la ventana estaba tan empañado que le costaba trabajo ver el paisaje que había a su alrededor. Sin embargo, cuando el auto giró en una curva y se detuvo luego de unos cuantos minutos frente a una pequeña casa flanqueada de grandes árboles, no fue necesario preguntarle dónde se encontraban, porque lo sabía muy bien, era su ex casa.
Luego de que Ryoma le entregara una chaqueta que tenía en el auto, caminaron hacia la casa pequeña que se encontraba frente a ellos. Sakuno la contempló un momento nostálgica, si bien no estaba en buenas condiciones, teniendo en cuenta que ya nadie vivía ahí, aún así, sentía que todo permanecía en su lugar como si no hubieran pasado tantos años desde su partida.
Recordaba una vez haber regresado, cuando se encontraba en Preparatoria, en ese entonces esa casa estaba siendo arrendada por otras personas que le ofrecían a su abuela una gran suma de dinero por su venta, ya que estaban interesados en la casa y querían hacer sus vidas ahí. No obstante, pese a la oferta que le habían hecho, Sumire había decidido rechazarlos, ya que consideraba que su casa valía mucho más que eso, por lo que los arrendatarios decidieron marcharse y la casa quedó deshabitada. Siempre se había preguntado por qué su abuela había hecho eso, pero con el paso del tiempo entendió que no era por el dinero la razón por la que no había querido venderla, sino por el aprecio que le tenía y los recuerdos que aún tenían en esa casa. Por esa razón, decidió quedarse con la casa, aun si ellas no estaban ahí, no quería deshacerse de ella. Tiempo más tarde se había enterado que su abuela regresaba en ciertas temporadas, pero jamás se lo había comentado porque no quería que volviera con ella, sabiendo que si lo hacía, Sakuno iría en búsqueda del ambarino y eso significaría que Sumire volvería a tener un encuentro con el hombre que no quería volver a ver.
Como no tenían llaves en su poder, Ryoma la condujo al jardín trasero, teniendo en cuenta que se podía entrar en él sin problemas, ya que no tenía protecciones. Sí no fuera su ex casa, pensaría que estaba invadiendo propiedad privada y eso los metería en problemas, pero como no era el caso, la tenía sin cuidado. Sakuno estaba sorprendida de lo bien que se manejaba su compañero en su casa, aparentando incluso conocer ese lugar más que ella misma, ya que conocía muy bien los alrededores y sabía a dónde ir exactamente, se preguntaba por qué.
Una vez que se encontraron en el jardín, Sakuno se detuvo frente a los columpios impactada, aún seguían ahí intactos sin ningún deterioro físico aparente. "No puedo creerlo, están como nuevos" susurró la castaña, corriendo a comprobar si todavía podían sostener su peso y estaba en lo correcto, ya que incluso podía columpiarse sin problemas. Sonrió, pensando en los grandes recuerdos que tenía en ese lugar, cuando Ryoma iba a visitarla y competían sobre quien llegaba más lejos, así como también recordaba cuando jugaba con sus muñecas en el jardín, mientras él lo hacía con sus grandes soldados. Si bien gran parte de su infancia la había vivido en la casa del ambarino, porque era donde siempre se reunían a jugar, aún así, también había ocasiones en que Nanjiro y Ryoma las visitaban de improvisto y su abuela horneaba un pastel. Ryoma no tenía columpios en su casa, por lo que se emocionaba mucho cuando iba a la suya.
— ¿En qué piensas? —Le dijo Ryoma, sentándose junto a ella. —En el pasado. —Se burló.
—Sí, es inevitable.
—Tienes razón, yo también estaba pensando en eso. —Repuso.
— ¿Recuerdas cuando competíamos quien llegaba más lejos? —Rió.
—Como olvidarlo, yo siempre era el vencedor.
—No es así, también te vencí una vez. —Bufó.
—Eso fue porque me dejé vencer. –Se burló.
—No lo creo, te veías sorprendido cuando lo logré. —Gruñó. —Incluso si lo hiciéramos ahora, podría ganarte fácilmente, estuve practicando por muchos años.
—No lo creo. Yo también entrené con el tiempo, así que es probable que te gane otra vez.
—Bueno, si estás tan seguro de eso ¿Porqué no lo comprobamos?
—Ya no somos unos niños. Sería absurdo competir como antes, quizás sólo conseguiríamos que los columpios se desarmaran.
—No lo creo, se ven muy firmes. Pero bueno, si tienes tanto miedo de competir, entonces no hay nada que hacer.
—No estoy diciendo que tengo miedo de competir.
—Eso pareciera. —Se burló.
—No lo estoy y te lo probaré. —Detuvo el columpio para ponerse en posición.
— ¿Estás diciendo que aceptarás el reto? ¿No que ya no éramos niños? —Enarcó una ceja.
—Lo haré para demostrarte que estás equivocada.
—Está bien.
Luego de que ambos se pusieran en sus posiciones y se concentraran en el objetivo, aguardaron en silencio el sonido de la alarma del ambarino para iniciar la gran competencia, ya que si lo hacían por sí mismos, sólo conseguirían ponerse ansiosos.
—He esperado por ésta competencia muchos años. Al fin te voy a vencer, Ryoma-kun. —Habló la castaña de pie con el columpio en su espalda.
—Suerte con ello, Ryuzaki.
Cuando la alarma sonó, ambos saltaron en sus columpios y se dieron impulso para dar lo mejor de ellos en esa carrera. Si bien Ryoma era igual de ágil que en el pasado, Sakuno ya no se quedaba atrás, porque no mentía cuando le había mencionado que había estado practicando todos esos años, no de adulta por supuesto, pero sí de pequeña, ya que siempre lo hacía con la esperanza de que algún día se volvieran a encontrar y entonces podrían tener otra competencia. Sin embargo, con el pasar de los años creía imposible que eso fuera a ocurrir, teniendo en cuenta que no tenían como volver a hacerlo. Quien pensaría que se encontrarían en el trabajo, rodando una película juntos y huyendo de la fama por un malentendido.
Ryoma podía sentir la adrenalina correr por sus venas, hace mucho tiempo que no experimentaba una sensación así y tenía que admitir que la extrañaba. Si bien ya no eran unos niños, aún así, cuando competía contra ella sentía que volvían a serlo aunque sea por unos míseros minutos, deseando ganar de la misma forma que quería hacerlo en el pasado. Salvo que ésta vez no daría su brazo a torcer sólo porque se trataba de ella, ya que si Ryuzaki quería competir en serio, debía dar lo mejor de sí en esos momentos, aunque eso significara volar por los cielos. "Me pregunto cuánto resistirá el columpio" pensó el ambarino, advirtiendo que iban tan rápido que el fierro oxidado que los sostenía comenzaba a sonar en la medida que avanzaban, esperaba que lo suficiente para llegar lo más lejos posible.
Luego de dar las tres últimas vueltas, ambos se miraron sabiendo lo que se aproximaba, el gran salto que anunciaría quien era el ganador y el perdedor. "¿Estás lista? Ryuzaki" Le preguntó Ryoma, viendo como ella asentía. "3…2…1" inició el conteo Ryoma y en cuanto llegó al último dígito ambos saltaron del columpio con todas sus fuerzas. Cuando eran pequeños y daban esos saltos, no tenían grandes heridas, teniendo en cuenta que caían sobre el pasto, pero ahora que eran adultos, el resultado no era el mismo. Ambos se quejaron de dolor por el gran salto que habían dado, ya que no sólo habían chocado contra sí mismos al hacerlo, sino también habían caído de frente, dándose un gran golpe en las rodillas. Pero aún así, había una gran diferencia en comparación con las otras veces y era que ésta vez…Sakuno había llegado unos metros más lejos que él.
—No puedo creerlo…al fin lo logré —Anunció la castaña. — ¡Te he vencido, Ryoma-kun!— Gritó emocionada, acostándose sobre la hierba verde, estaba tan feliz que no le importaba que le dolía todo, ya que finalmente lo había hecho.
—Fue sólo suerte. —Suspiró Ryoma gateando hacia ella, no podía levantarse y necesitaba descansar, por lo que se acostó a su lado.
—Te vencí y lo sabes. —Sonrió victoriosa. —Sólo que no quieres admitirlo.
—No es así. —Bufó.
—En eso no eres como antes. —Rió. —Cuando éramos pequeños si te alegrabas por mi cuando ganaba.
—No sé si te has dado cuenta, pero ya no somos los mismos de antes.
—Lo sé, pero es inevitable no pensar en eso. —Sonrió nostálgica. —Por cierto, Ryoma-kun ¿Cómo empezaste a entrar al mundo de la actuación?
— ¿A qué viene eso?
—Sólo pregunto por curiosidad. Sé que no podemos volver al pasado, pero al menos me gustaría saber cómo te empezaste a interesar en eso, teniendo en cuenta que trabajamos en lo mismo.
—Está bien. —Suspiró. —Creo que mi interés por la actuación tiene que ver con nosotros de alguna manera.
— ¿Eh? ¿Por qué? —Preguntó sorprendida.
— ¿Recuerdas cuando actuábamos en el fuerte? Tú siempre hacías la princesa y yo era el caballero.
—Oh es verdad, lo había olvidado. —Sonrió. —Me encantaba ese papel.
—Lo recuerdo.
—Incluso interpretamos otros papeles después. Recuerdo que teníamos un libro de cuentos con diálogos. —Susurró pensativa. —Pero no sé donde estará, porque cuando me cambié de casa a Tokio, me percaté que no estaba en mi mochila y pensé que quizás lo había olvidado en Kagoshima.
—Y estabas en lo correcto. —Se levantó del césped para estirar las piernas, comenzaba a sentir comezón.
— ¿Eh? ¿Tú lo tienes? —Se levantó para estar a su altura.
—Lo encontré cuando te marchaste, no lo tengo en mi poder ahora, pero está en un lugar seguro.
— ¿Acaso podría estar en…?
—En tu casa de muñecas, sí.
—Pero es imposible que esa casa siga en pie, han pasado muchos años.
—Pensaba lo mismo hace un tiempo, pero todo sigue incólume. —Se encogió de hombros. —Si quieres lo puedes ver por ti misma.
Caminaron en medio de la neblina, hacía tanto frío que comenzaban a sentir sus cabellos húmedos producto del rocío que caía sobre ellos. Sakuno se sentía nostálgica al caminar por ese jardín, ahora que había crecido le parecía que todo se había encogido o quizás siempre había sido de ese modo, pero su pequeña figura le hacía ver todo más grande. Luego de cruzar dos majestuosos árboles de cerezo, se encontraron con una pequeña casa de madera que había sido construida por su abuela. "Sigue igual" Comentó el ambarino, viendo como ella asentía a sus palabras. Tenía razón después de todo, las ventanas permanecían cerradas de la misma manera que las había dejado, incluso la decoración que le habían hecho también, sin embargo las paredes estaban un poco deterioradas por las tormentas que habían tenido que vivir. Y si lo pensaba bien, a diferencia del fuerte que había en la casa de los Echizen que podían entrar gateando, en ese caso lo veía imposible, porque no alcanzaban los dos, ya que el espacio era muy limitado. Por lo que el ambarino le propuso que entrara a verla sola, siendo consciente de todo el tiempo que había pasado lejos de su casa y lo mucho que deseaba explorar su interior, teniendo en cuenta que aún habían objetos preciados en ella.
Cuando la castaña logró entrar a duras penas a la pequeña habitación, intentó abrir las ventanas desde el interior para permitir que entrara algo de luz a ese tenebroso lugar, teniendo en cuenta que producto del paso de los años se encontraba rodeado de telarañas y las paredes olían a humedad. Su casa no era tan grande como era el fuerte, por lo que muchas de sus pertenencias se encontraban a la vista de todos, entre ellas estaba su juego de tazas, sus crayones favoritos, sus muñecas y su libro de cuentos. Incluso vio marcas que habían en la pared de las estaturas de ambos, cuando competían de quien era más alto y Sakuno siempre quedaba atrás.
Se aproximó a una de sus muñecas y la limpió, ya que su rostro estaba tan sucio que parecía como si alguien la hubiera untado en barro, por lo que incluso su kimono que llevaba estaba estropeado, pero eso no importaba, porque seguía siendo la misma muñeca de su infancia, la de ojos claros y amplia sonrisa. Luego de limpiar su rostro y arreglar su vestido, la dejó sentada en el comedor que tenía, tomando té con la otra muñeca que la esperaba. "Así está mejor" Pensó nostálgica, recordando las grandes aventuras que había tenido con ellas y lo feliz que había sido durante su infancia. Sus manos ahora se acercaron al libro de cuentos que descansaba sobre la mesa, precisamente aquel que había olvidado en Kagoshima cuando se había mudado a Tokio, el libro que había querido rescatar cuando su abuela le había dicho que se marchaban de ahí, pero no había podido hacerlo, porque todo había ocurrido tan abruptamente que no había tenido tiempo de hacerlo. Y cuando había regresado, no se le había ocurrido entrar en su casa de muñecas a verificar si estaba ahí, porque creía que lo había perdido para siempre.
Entonces decidió salir de su casa de muñecas, teniendo en cuenta que ese objeto que tenía en sus manos no era sólo suyo, sino también del ambarino, por lo que merecía reencontrarse con él de la misma manera que ella lo haría. Cuando salió de ese lugar, Ryoma la esperaba somnoliento, si bien no había estado mucho tiempo en ese lugar, aún así, él sentía que había sido una eternidad.
—Al fin sales. —Se burló Ryoma. —Creí que pasarías la noche ahí.
—Ya no puedo hacer eso. —Terció el gesto. —Y sobre el libro, tenías razón…ahí estaba.
—A pesar de que lo vi en esa oportunidad que…vine a verte, aún así, no estaba seguro si realmente seguía ahí.
—Es verdad…ha pasado mucho tiempo de eso.
—Sí.
—Ahora podemos verlo juntos. —Sonrió.
Se sentaron en una banca cercana, aunque el frío seguía rondando en sus cabezas, aún así sentían que ya no era tan insoportable como en primera instancia. Sakuno leyó el título "Cuentos de niños" y lo limpió para que vieran la portada, ya que al igual que todos los objetos que estaban en esa casa, estaba lleno de polvo y telarañas en su interior, por lo que el ambarino le propuso que él lo sacudiría, sabiendo lo delicada que era para limpiar las cosas tardaría una eternidad en hacerlo. Sin embargo, en cuanto lo hizo un sobre escapó de sus manos que tenía un destinatario en la parte superior de la hoja, pero no se lograba distinguir que decía. Sakuno extrañada lo atrapó en el aire, no sabía de dónde había salido, no recordaba haberlo escrito ni tampoco se le hacía familiar el diseño, por lo que se aproximó a leer el destinatario sin pensarlo, pero entonces antes de lograr hacerlo, Ryoma se lo quitó de las manos.
— ¿Eh? ¿Por qué hiciste eso? —Preguntó sorprendida, viendo como dejaba el libro en la banca para cuidar la carta.
—Porque eso no te pertenece. —Bufó, se veía avergonzado.
—Si me pertenece, salía mi nombre en el destinatario. —Repuso. —Pero no sé de dónde habrá salido, nunca antes había visto esa carta. —Habló pensativa. — ¿Tú no encontraste esa carta la última vez que viste el libro?
—No.
— ¿O quizás…es tuya? —Se sonrojó.
—No es así, jamás te mandaría una carta. No te creas tan importante.
—No me estoy creyendo importante. —Gruñó. —Bueno, si no es tuya y me pertenece, entonces deberías entregármela. —Se acercó a él para quitársela, pero Ryoma fue más veloz y se guardó la carta en el bolsillo.
—No lo haré. —La miró desafiante.
—Ahora mismo estás actuando como un niño. —Se burló.
—Problema mío si lo hago.
—No entiendo porque no quieres que vea la carta…Actúas como si realmente fueras el autor de ella. —Se acercó a él y lo vio retroceder un paso. — ¿Es así?
—No. En fin ¿no querías ver el cuento?
—Sí, pero…también quiero ver esa carta.
—No se puede tener todo en la vida. —Se burló. —Así que bueno, volvamos a lo que estábamos.
—Está bien. —Suspiró, no entendía porque actuaba tan extraño.
Ambos regresaron a su lugar, Sakuno no podía concentrarse en el libro de cuentos, pensando en lo que decía esa carta, no quería ser engreída como era el ambarino, pero si él realmente había sido el último en tomar esa libro ¿cómo era posible que no se percatara de la existencia de esa carta? ¿O realmente era el autor y no quería decirlo? No podía saberlo. "Recuerdas ¿ésta historia?" le preguntó el ambarino, deteniéndose en una historia en particular que siempre actuaban, la historia de la princesa en aprietos y el caballero que iba a rescatarla. Si lo pensaba bien, su perspectiva había cambiado mucho desde que era pequeña a la actualidad, porque cuando interpretaban esos papeles a Sakuno le gustaba ser esa chica que esperaba que el príncipe solucionara todos sus problemas y siempre inconscientemente esperaba que él llegara a rescatarla, en cambio ahora había desistido de ese ideal y creía que no dependía de un chico para poder ser feliz, porque era capaz de hacer las cosas por sí misma. "Podríamos interpretar ésta historia" Le dijo la castaña, señalando una historia de guerreros que Ryoma amaba hacer cuando pequeño. El ambarino dudó un minuto de su propuesta, porque no quería caer en sus juegos otra vez de revivir el pasado, pero en cuanto recordó lo de la carta, tuvo que asentir a sus palabras, porque esperaba que de esa manera olvidaría la carta.
No tardaron mucho en aprender sus líneas, porque en cuanto las leyeron recordaron las miles de veces que lo habían recitado y las frases volvieron a su mente como si fuera acto de magia. Entonces dejaron sus respectivas identidades para concentrarse en los personajes que les habían sido asignados para esa ocasión y los hicieron parte de ellos. Sakuno había reencarnado en la valiente Akiko que podía valerse por sí misma y Ryoma sentía la fortaleza de Kenta que era capaz de vencer a cualquiera. Pero entonces cuando sus cuerpos se encontraron lo suficientemente cerca, Sakuno recuperó su identidad original y aprovechó la oportunidad para quitarle la carta al ambarino. Esperaba huir en ese momento, pero el chico de cabello negro fue más veloz y la tomó de la cintura para atraerla hacia él.
—Suéltame. —Se quejó la castaña.
—No lo haré hasta que me lo entregues.
—No lo haré.
—Entonces no te soltaré.
Ryuzaki intentó liberarse de sus brazos, haciendo calculados movimientos, esperando que él se rindiera y la soltara, pero no fue el caso, porque solo consiguió que se aferrara más a ella. "Ríndete" le había dicho una vez más, pero la castaña se negaba a hacerlo. De este modo, estaban tan ensimismados en sus propias victorias que no advirtieron el desnivel que se avecinaba y tropezaron con él, provocando que no sólo la castaña perdiera el equilibrio, sino también ocasionando que su acompañante cayera sobre ella de tal manera que sus labios chocaron en medio de la caída.
"¿Estás bien?" Le preguntó Ryoma, tratando de romper el hielo luego de unos minutos, estaba tan adolorido que le costaba levantarse, pese a sus grandes deseos de ocultarse en momentos así. Si bien no era la primera vez que se besaban, teniendo en cuenta que lo habían hecho cientos de veces en el rodaje de la película, aún así no podía evitar sentirse extraño ante esas circunstancias. Su corazón latía frenéticamente y su mente estaba tan bloqueada que se sentía incapaz de mantener la cordura unos minutos más, sabiendo que estaba comenzando a experimentar nuevamente esos sentimientos que creía tener controlados y sabía que en cualquier momento iba a estallar.
Ella sólo asintió a su pregunta sin decir una palabra, no podía dejar de pensar en lo que había sucedido, aunque estaba acostumbrada a besarlo como Sakura (en su papel), como Sakuno no podía tolerarlo, ni mucho menos los sentimientos que empezaban a surgir en torno a él, no sabía de dónde venían, pero ahí estaban…invadiendo su corazón que latía tan fuerte que sentía que en cualquier momento lo iba a perder. Sus pensamientos fueron interrumpidos por una mano cálida que recorrió su rostro en esos momentos, alejando los mechones que irrumpían en él y regresándolos a su lugar, dado que producto de la caída que habían tenido, estaba completamente despeinada y parecía no darse cuenta.
Si el ambarino lo pensaba, ya tenía lo que quería, Sakuno en su descuido había dejado caer la carta por la que tanto luchaban, por lo que podría fácilmente tomarla y olvidarse de ese asunto, pero no podía, se sentía tan hechizado por su aroma que le resultaba complejo alejarse por sí mismo de ella. Pero sabía muy bien que si no lo hacía, el autocontrol que estaba llevando llegaría a su límite. Así que decidió apartarse de ella, estaba comenzando a lloviznar y si seguían ahí pescarían un resfriado. Mientras Ryoma caminaba a la banca a recoger el libro que habían olvidado, Sakuno aprovechó la oportunidad de rescatar la carta que permanecía olvidada en el suelo para guardarla en uno de sus bolsillos, no la perdería de nuevo.
Cuando llegaron al auto, la lluvia ya se apoderaba de las ventanas y los truenos gruñían a su alrededor. Pero eso no lograba asustarlos, estaban tan concentrados en sus propios pensamientos que se sentían incapaces de prestar atención a algo más. "Fue sólo un accidente, nada más" pensó la castaña, tratando de tranquilizar su corazón frenético que no podía entender que el momento ya había pasado. Pero no era sólo el accidente del beso que lo tenía así, sino también era el chico que permanecía a su lado en esos instantes, sin duda él era el causante de gran parte de sus taquicardias sin sentido y no entendía el motivo. Le costaba creer que ese mismo chico que hace unos meses odiaba con todo su ser, ahora estuviera generando cortocircuito en su interior y estuviera provocando dichas reacciones. Suspiró, debía controlar sus emociones o saldría lastimada otra vez.
De regreso a la residencia, Ryoma un atajo para evitar encontrarse con un embotellamiento de regreso, teniendo en cuenta que a esas horas era cuando más se concentraba gente en las calles, por lo que era difícil desplazarse por ellas. Luego de unos minutos en la carretera, el auto se detuvo en la acera cercana a la casa del ambarino, si bien podrían haber advertido que llovería producto de las condiciones climáticas que habían vivido en la mañana, aún así, no se les había ocurrido llevar un paraguas en caso de emergencia, por cual se vieron en la obligación de correr a la casa, ya que sólo de ese modo podrían evitar empaparse por completo. "¿Tienes la llaves?" Le gritó la castaña una vez que se encontraron en el umbral de la puerta. "¡Sí!" Le gritó, debido a la lluvia le costaba trabajo oírla. Cuando la puerta se abrió, ambos entraron a zancadas a su interior, estaban tan empapados por la lluvia que sentían más frio de lo común. Ryoma se aproximó a la estufa más cercana y la encendió, mientras tanto Sakuno se encargaría de encender las luces de la habitación, no obstante ninguna de ellas parecía reaccionar a sus estímulos y sólo algunas de ellas luchaban por mantenerse encendidas, pero parecía que en cualquier momento se iban a apagar.
—Hay bajo voltaje, debe ser por la lluvia. —Suspiró el ambarino y encendió unas velas para iluminar el cuarto.
— ¿Te ha pasado antes?
—Sí, es muy común. Más en esta época.
—Ya veo.
—Con esto estaremos bien. —Anunció, dejando dos velas en el comedor. — ¿Tienes hambre?
—Un poco. Pero… podría hacer una sopa de miso.
—Yo puedo hacerlo, tú deberías ir a darte una ducha, estás empapada.
— ¿Eh? ¿Seguro? —Preguntó dudosa.
—Sí, descuida puedo hacerlo. —Caminó hacia la cocina. —Hay toallas en el baño.
—Está bien, gracias.
Una vez que se dirigió a su habitación para buscar su ropa de recambio, se quitó la chaqueta que le había prestado el ambarino para dejarla sobre una silla, estaba tan empapada que parecía pesar 3 kilos más de lo común. "Oh es verdad, la carta" pensó asustada y se atrevió a explorar en su bolsillo, rogando que no se hubiera hecho daño con el agua. Cuando su mano se encontró con ella, se alivió al darse cuenta que no se había arruinado, aun podía ser leída fácilmente. "Para Sakuno Ryuzaki" decía en el sobre, pero no decía quien la enviaba. Suspiró, aunque la carcomía la curiosidad, necesitaba darse una ducha antes de hacerlo. Así que sin pensarlo, decidió asegurar la puerta para que no entrara a quitársela y decidió entrar al baño.
Luego de bañarse y vestirse, se puso su mejor chaleco y caminó hacia su recamara para leer la carta, sabía que no podía tardar demasiado en ella, porque si lo hacía el ambarino lo notaría, así que sin dudarlo más se atrevió a abrirla.
"Querida Sakuno-chan,
Si estás leyendo esta carta, es porque ya regresaste a tu casa o tu abuela te ha llevado el libro de cuentos que habías olvidado en tu casa de muñecas. Pero bueno…te escribo esta carta para saber ¿cómo estás? ¿Es bonito donde estás viviendo ahora? Nunca he ido a Tokio, pero mi madre dice que es una ciudad muy grande y con grandes edificios. Imagino que debes estar viviendo muchas aventuras allá y de seguro tienes grandes amigos.
Sobre eso último quería saber ¿hay alguna razón por la que te marchaste hace tantos meses sin decirme nada? ¿Hice algo mal? He pensado mucho en eso, quizás fui muy malo en la carrera de columpios o te cansaste de que siempre quería interpretar los mismos personajes, pero sea cual sea el motivo, me quería disculpar por eso.
Espero que algún día puedas regresar a Kagoshima y volvamos a jugar como lo hacíamos antes, ya que nada es lo mismo sin ti. Aunque mi padre dice que podré superar esto algún día y conoceré otras personas, siento que está equivocado, porque nadie es como tú. Mi madre opina lo mismo, dice que eres irreemplazable y que no debería hacerle caso. Incluso dice que quizás en el futuro nos volveremos a encontrar y nos casaremos como las historias que interpretábamos. No sé bien que significa eso, pero me parece buena idea si de esa manera permaneceremos juntos por siempre.
Espero que cuando puedas leer esta carta, me respondas.
Ryoma Echizen"
Sakuno sintió deseos de reír en esos momentos, ya entendía porque el ambarino no había querido que leyera esa carta, más teniendo en cuenta que quería casarse con ella sin saber lo que realmente significaba eso. Pero al mismo tiempo, se sintió triste con sus palabras, teniendo en cuenta que el mismo Ryoma se había sentido culpable por su partida, creyendo incluso que él era el responsable de ello y no tenía idea en esos instantes que los causantes de todos eran su abuela y su padre. Sentía deseos incluso de consolar a ese pequeño Ryoma del pasado y decirle que no era así, que no era su culpa y que ella también lo extrañaba.
Caminó al comedor sintiéndose atraída por el delicioso aroma que se desprendía de la cocina, Ryoma ya había servido los dos platos de sopa y ahora aguardaba en el sillón viendo unos mensajes de su celular. Su cabello lucía aún húmedo, pero su ropa no era la misma con la que había llegado, así que infería que ya se había cambiado. Esperaba que fuera así, considerando que había olvidado avisarle que podía ocupar el agua.
—Al fin, creí que te habías quedado dormida.
—No, estaba haciendo algunas cosas.
—Infiero que esas cosas tienen que ver con leer la carta ¿no? —Terció el gesto.
— ¡¿Eh?! ¿Lo sabías?
—Supuse que harías eso. —Suspiró.
— ¿Y-Y no te importa?
—Quería evitarlo a toda costa, pero si lo seguía haciendo, sólo conseguiría que viviéramos más accidentes como el de hoy.
— ¿T-Te refieres a lo del beso? —Se sonrojó y lo vio asentir.
—Aunque si todos los accidentes fueran así, no me molestaría seguir haciéndolo. —Se burló.
—No te atrevas. —Gruñó.
—No lo haré. —Se encogió de hombros y le dio la espalda para caminar hacia la mesa. —Pero si lo piensas eso no fue un beso.
— ¿Eh? ¿Cómo que no?
—Sólo fue un choque de labios.
—P-Pero aún así…—Bufó avergonzada.
—Lo sé, fue incomodo.
Ambos se sentaron en la mesa para disfrutar de la sopa de miso que el ambarino había preparado, Sakuno estaba sorprendida de lo delicioso que estaba, incluso parecía haberle echado un ingrediente especial, porque sentía que no lo preparaba de la misma forma que ella, se preguntaba que era.
—Está delicioso. —Sonrió. —Debo reconocer que tienes talento.
—Soy una caja de sorpresas. —Se burló.
—Así veo. También eres muy bueno escribiendo cartas.
—No es así, nunca he escrito cartas.
— ¿Y qué hay de esa que encontré? —Enarcó una ceja.
—Esa es la excepción. —Suspiró. —Pero era un niño, no sabía lo que decía.
—Quizás tengas razón, pero fueron lindas tus palabras.
—Ya ni recuerdo que decía esa carta, la dejé ahí hace mucho tiempo. Incluso me había olvidado de su existencia.
—Si quieres puedes verla. —La cogió de su bolsillo y se la entrego.
—Lo haré más tarde. —Repuso desviando su mirada y la guardó en su bolsillo.
—Está bien. —Tomó un poco más de sopa. —Por cierto, Ryoma-kun.
— ¿Qué?
—No me terminaste de contar la historia sobre cómo entraste en el mundo de la actuación.
—Ah es verdad, lo había olvidado. —Carraspeó. —Cuando estaba en secundaria me forzaron a participar en una obra de teatro.
— ¿Qué papel interpretaste?
—No recuerdo el nombre de la obra. —Mintió. —Pero fui el protagonista.
—Oh precisamente el protagonista.
—Sí.
— ¿Y cómo te fue?
—La obra fue un éxito. Actúe tan bien que después de la función me contactó un director de cine, preguntándome si me interesaba el mundo del espectáculo. Al principio no me interesaba hacerlo, pero después de pensarlo mejor, me di cuenta que la actuación era lo mío, por lo que decidí aceptar su trato. Entonces empecé a participar en comerciales haciendo personajes secundarios y cuando después me volví protagonista.
—Con eso no fue necesario que entraras a la Universidad, si ya tenías tu carrera formada.
—Claro, aprendí actuación con grandes actores y fui mejorando en mi propia carrera.
—Ahora entiendo porque te burlabas de mí. —Susurró. —Porque tú no necesitaste grandes estudies para ser quien eres y yo en cambio, venía saliendo de la Universidad y no era tan buena como tú.
—No es así, tenemos talentos distintos. Quizás hay cosas que sólo vas a aprender en la práctica, pero también hay otros conceptos que jamás los podrás entender si no obtienes los conocimientos para llevarlo a cabo.
— ¿Qué quieres decir?
— Qué nadie es mejor que nadie.
—Creí que pensabas que no era buena. Como lo decías todo el tiempo.
—En ese tiempo, no te conocía bien. Además tenemos experiencias distintas, eso es todo. Por cierto ¿Qué hay de ti? ¿Cómo entraste en el mundo del espectáculo?
—En mi caso, me ofrecí voluntariamente a participar en un taller de teatro que había en la secundaria. Y ahí estuve hasta que terminé la Preparatoria. Pero no me cuestioné mucho que me quería dedicar a eso, sólo lo supe y lo lleve a cabo.
—Entonces fuiste segura de ti misma.
—Sí, pero también creo que se conecta con lo que vivimos en el pasado. —Sonrió. —Sí no hubiéramos hecho tantos papeles, creo que no habría sido capaz de decidirlo. —Susurró nostálgica. — ¿Te has preguntado qué hubiera pasado si jamás nos hubiéramos separado? ¿Seríamos los mismos ahora? ¿O seríamos otras completamente distintas?
—Quien sabe, quizás las cosas serían muy diferentes.
—O si me hubiera quedado en Kagoshima. —Sonrió nostálgica. —Hoy leyendo tu carta, me puse a pensar en eso…porque en ella me decías que te la respondiera si regresaba a casa. Y sabes, si lo hice en un momento.
— ¿Cuándo? ¿Ese mismo año?
—No, fue en secundaria…vine a buscar unas cosas con mi abuela. —Al verlo abrir sus ojos de sorpresa prosiguió. —Quería contactarte en esa ocasión, pero mi abuela me sorprendió y no pude hacerlo. Llegue a cuadras de tu casa, pero no logré llegar más lejos.
—Ahora que lo mencionas…precisamente en esa época me pareció ver a una chica de cabello castaño rondando por la mansión. Pero justo cuando iba a hablarle, ella desapareció.
—Oh quizás era yo.
—Es posible. Pero bueno, no podemos quedarnos en el pasado todo el tiempo. —Suspiró y comenzó a recoger los platos. —Creo que es hora de concentrarnos en el presente, tenemos que rodar una escena dentro de poco y no hemos ensayado.
—Tienes razón, pero tú fuiste de la idea de salir a pasear.
—Sí, porque pensé que era buena idea que nos distrajéramos. Pero ya es hora de volver al presente. —Anunció, comenzaba a sentirse demasiado a gusto con ella y no quería permanecer así.
—Sí, es verdad. —Susurró triste. —Lo siento, creo que me concentré demasiado en el pasado y olvidé la realidad. Pero hoy había sido tan divertido que creí que sentías igual que yo, pero veo que no es así. —Se levantó para caminar al pasillo. —Gracias por la comida, iré a dormir.
—Espera. —La tomó del brazo. —En ningún momento he dicho eso. Si me divertí hoy, es sólo que…
—No quieres quedarte en el pasado, lo entiendo. —Fingió una sonrisa. —Y tienes toda la razón, así que ahora me voy a concentrar en mis líneas para que ésta vez nos salga bien la escena y no tengamos que hacer tantas repeticiones. —Se zafó de sus brazos. —Tenemos que dar lo mejor de nosotros ¿no?
—Sí, es verdad.
—Bien, entonces me iré a dormir. Gracias por la salida de hoy, lo pasé bien. —Sonrió.
— ¿Incluyendo el beso? —Se burló. — ¿Quieres vivir ese tipo de accidentes otra vez?
—N-No me refería a eso. —Se sonrojó, lo estaba haciendo otra vez. —De todas maneras, no fue un beso. Sólo fue un choque de labios sin sentido.
— ¿sin sentido? —Enarcó una ceja— ¿Acaso quieres tener un beso con sentido? Porque si quieres puedo dártelo.
— ¡No metas palabras en mi boca que no he dicho! —Gruñó inflando los pómulos. —Lo que quiero decir es que no significó nada, eso es todo. Bien, es hora de irme.
—Pareciera que estás huyendo otra vez.
—No es así, no lo estoy haciendo. Sólo estoy cansada. —Le dio la espalda para caminar al pasillo. —Buenas noches.
Ryoma la miró sintiendo deseos de reírse, lo había hecho otra vez, pero ella nunca sabría que tras su humor pervertido estaban escondido sus verdaderos sentimientos por ella y esperaba que jamás se enterara de ello.
En cuanto llegó a su habitación, Sakuno dio un portazo, estaba tan avergonzada que sentía como sus mejillas ardían y su corazón latía a mil. De cierta manera, sentía ambivalencia por el ambarino, a veces era tan odioso que sentía deseos de golpearlo, pero en otros momentos era tan lindo que lograba robarle el corazón. Suspiró, estaba perdiendo la cabeza por él y no podía hacer nada para evitarlo.
Continuará….
