Los personajes no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación de la novela Amor en público de Penny Jordan.


Amor en público

Penny Jordan

Capítulo 9

Con tristeza, Sakura bajó la cabeza mientras salían de la iglesia renacentista donde, como ellos, se habían casado tantos antepasados de Sasuke.

Era consciente de que el día que debía haber sido el más importante de su vida se había convertido en una especie de burla. Había decidido no llevar un vestido blanco y se había decantado por un color crema cálido y rico.

-He pensado que habría muchos comentarios si venía vestida de rojo -le dijo a Sasuke con ligereza cuando salieron del templo.

Para alivio suyo, su familia había entendido y apoyado su decisión de pagarse ella misma el vestido, aunque a Sasuke no le había agradado.

-¿Qué problema hay? ¿Es que tienes miedo de que no esté a la altura? -le había preguntado muy enfadada-. No pienso permitir que me compres el vestido de novia.

-Hemos llegado a un acuerdo -le recordó él-. Y como parte de ese acuerdo, quiero pagar todo lo que necesites para representar tu nuevo papel.

-No me importa lo que digas. Tú no me vas a comprar el vestido.

Y aquella había sido solo una de las discusiones que habían tenido durante los días anteriores a la boda. Una de las peores, que ella había perdido, había sido acerca de las alianzas y el anillo de compro miso.

Sasuke había insistido en que llevara un enorme diamante que pertenecía a su familia y que tradicionalmente llevaban todas las novias de los Uchiha, pero a Sakura le horrorizaba la idea de llevar algo tan valioso.

-Mi familia está convencida de que lo llevarás -le dijo.

Y tenía razón. La primera cosa que hicieron sus tías cuando se la presentaron, fue observar si lo llevaba en el dedo o no. En contra de lo esperado, Sakura y las tres ancianas se gustaron. Eran anticuadas en las formas, pero estaba claro que, bajo la apariencia de seriedad y bravuconería, eran tres mujeres asustadas del mundo moderno. Ninguna de las tres había tenido hijos, y Sasuke era muy especial para ellas.

Le contaron muchas cosas de la niñez y de la adolescencia de su prometido, y también le hablaron de la valentía con la que había ocupado el lugar de su padre. También le dijeron que era muy importante que Sasuke tuviera descendencia para asegurar la continuidad de la familia.

Mientras las escuchaba, a Sakura se le encogía el corazón. No cabía duda de que Sasuke tendría hijos, pero ella no sería su madre.

Los invitados se apretaban a su alrededor para felicitarlos, y buscó con la mirada a su hermana, que se había hecho cargo de Imaku.

Karin llevaba la cola del vestido. Se acercó y le dijo al oído:

-No digas nada, pero creo que papá está intentando convencer a la pobre Tayuyá para tener un niño. Francamente, creía que tenía más sentido común -y sacudió la cabeza burlonamente. Pero Sakura se dio cuenta de que la muchacha en realidad no sentía lo que decía en absoluto, y se le alegró el corazón.

Sonriéndole, Karin le susurró:

-Gracias por no decir nada de lo que... bueno, ya sabes.

La noche anterior a la boda, Sasuke le había regalado a Karin una preciosa pulsera con un Ferrari en miniatura colgado.

Las palabras que acababan de pronunciar en la iglesia todavía le resonaban en los oídos a Sakura, que estaba sentada al lado de Sasuke en la mesa nupcial. Había quinientos invitados, a pesar de que Sakura se había negado cuando Sasuke había hablado de sus planes con ella.

-Es lo que se espera. Si no lo hiciéramos, daría lugar a comentarios y cotilleos, y no quiero darle a Shion ninguna facilidad para ganamos la partida.

Sin embargo, Sakura pensaba que era más sensato celebrar una boda discreta, teniendo en cuenta que su matrimonio tenía el final predestinado.

La comida había terminado, e Imaku estaba durmiendo plácidamente en su carrito. Ya era demasiado tarde como para pensar que había cometido un pecado contra la santidad del matrimonio y del amor. Era la mujer de Sasuke.

En el salón de baile estaban empezando a tocar. Sakura frunció el ceño cuando se dio cuenta de que los invitados volvían las miradas hacia ellos.

-Sakura... -dijo Sasuke, levantándose de la silla.

¿Qué se suponía que tenía que hacer? Confundida, miró a su hermana que, riéndose, le dijo con suavidad:

-Todo el mundo está esperando a que empecéis el baile. Es la tradición que la novia y el novio bailen el primer vals, ¿no te acuerdas?

Por supuesto... Ruborizada, Sakura se puso de pie y notó la mano cálida y fuerte de su flamante marido sobre el brazo. Sin embargo, él notó que sus dedos estaban helados y la miró fijamente.

Tenía los ojos llenos de lágrimas, pero sabía que no debía derramarlas. Eran lágrimas por aquel día, que debería haberlo significado todo para ella y que nunca podría recuperar.

Ya estaban en el salón y Sasuke la acercó hacia él, tanto que pudo sentir los latidos de su corazón, fuertes y peligrosos, contra su propio cuerpo. Sakura dio un traspié cuando él la apretó contra sí. Instintivamente, miró hacia arriba y vio su barbilla y la curva perfecta de su labio inferior. Cada vez estaba más temblorosa y él la agarraba cada vez con más fuerza. Olía a colonia fresca y su esencia masculina era tan sensual, que Sakura deseaba con todas sus fuerzas perderse en él y fijar para siempre en su mente cada pequeño recuerdo de aquel momento.

Las primeras notas del vals le llenaron los oídos y sintió que el calor del cuerpo de Sasuke la envolvía. Era como si estuvieran en un lugar privado al que nadie más pudiera acceder.

Volvió a tropezarse y Sasuke dijo:

-Estás cansada -su tono de voz hizo que pareciera una acusación.

-No -respondió ella.

El momento íntimo del baile, la boda, la celebración, todo ello le creó un nudo en la garganta. De repente, cesó la música y la devolvió a una realidad que ella no deseaba. En sus brazos había podido imaginar que... Hizo un intento de separarse de él, pero Sasuke la sostuvo.

-Los invitados están esperando -le dijo.

-Esperando ¿qué?

-Esto -respondió, y la atrajo hacia sí, agarrándole con suavidad la nuca con una mano y con la otra inclinándole delicadamente la cara para conseguir el ángulo perfecto.

El beso fue lento y tierno. Saboreó su boca en un acto íntimo que sin embargo estaba destinado al público. Aquello era una tortura, porque en realidad Sakura sabía que aquel beso no significaba nada.

Cuando, por fin, se terminó, los invitados aplaudieron, riendo de alegría. Ella contuvo las lágrimas.

Otras parejas se les unieron en la pista de baile, y al cabo de unos instantes, Sakura le tiró a Sasuke de la manga:

-Quiero ir a ver qué tal está Imaku.

-Tu hermana está con ella.

-Es responsabilidad mía. Es por lo que te has casado conmigo, después de todo.

-Y por lo que tú te has casado conmigo -concluyó él.

-Debes de estar un poco disgustada por no tener luna de miel.

Sakura negó con la cabeza mientras escuchaba a su hermana. Eran las dos de la mañana y la fiesta había terminado.

-No, no lo estoy.

Habían llegado a las escaleras y Sakura tomó el camino de la habitación de Imaku.

-¿Qué haces? -le preguntó Tayuyá, riéndose-. Tu nueva habitación está por allí.

-Sí, es verdad. Pero Imaku...

-Shizune y yo hemos cambiado todas sus cosas a tu habitación. Sasuke nos explicó que todavía no habíais tenido tiempo de redecorar las habitaciones que vais a usar, y que queréis hacerlo juntos. Supongo que a Imaku no le importará dormir en el vestidor durante una temporada, siempre que esté cerca de vosotros.

Sakura tragó saliva con nerviosismo al escuchar lo que su hermana le estaba diciendo. No se había planteado dónde iba a dormir después de casarse con Sasuke, y simplemente había pensado que continuaría durmiendo en la misma habitación con Imaku. Evidentemente, se había equivocado.

Estaban al lado de la puerta de la habitación de Sasuke, y de repente se abrió y apareció él.

-Aquí está tu esposa -le dijo Tayuyá burlonamente-. ¿Qué tal está Imaku? Shizune y yo vinimos a verla hace menos de una hora.

-Está muy bien. Completamente dormida -respondió, y le indicó a Sakura con un gesto amable que pasara-. Hasta mañana.

-Hasta mañana -se despidió su cuñada.

Sakura no había estado en su habitación, y miró a su alrededor con nerviosismo. Como todas las demás habitaciones del palacio era muy grande y estaba amueblada con antigüedades.

-No quiero dormir aquí -le dijo con voz ronca, sintiendo pánico.

-Pues debes hacerlo. Ahora somos marido y mujer, y todo el mundo espera que durmamos en la misma habitación.

-Pero habías dicho que era un matrimonio de conveniencia.

-Y lo es, pero no puedes dormir en otro sitio esta noche. ¿No te das cuenta? Aquí no tienes que representar el papel de virgen asustada, Sakura. Estás fuera del escenario. Yo dormiré en el vestidor con Imaku, allí hay una cama. Mañana, después de que nuestros invitados se hayan ido, podremos hablar del futuro con más calma.

Sakura estaba demasiado triste como para discutir con él a causa de su altanería.

-El baño está ahí -le informó él, señalando una puerta- Shizune y tu hermana y han traído algunas de tus cosas, creo... -añadió mientras entraba en el vestidor y cerraba la puerta tras él.

Algunas de sus cosas... Pero ¿cuáles? Tenía la costumbre de dormir desnuda, y más en aquella casa donde podía sentir el magnífico tacto de las sábanas de algodón, que olían a hierbas frescas. Sin embargo, dormir desnuda en la habitación de Sasuke, sabiendo que él estaba tan cerca, no le habría permitido relajarse ni un instante.

¿Le habría llevado su hermana una bata, o habría pensado que aquella noche no necesitaría llevar nada?

Sasuke miró por la ventana del vestidor, intentan do apaciguar sus sentimientos y enfrentarse a una verdad que ya no podía negar.

Desde el momento en que Sakura había entrado en su vida, sus creencias se habían derrumbado y había descubierto que muchas de las cosas que creía que eran parte esencial e invariable de su personalidad podían modificarse. Había intentado convencerse por lodos los medios de que no importaban las diferentes visiones sobre el sexo que ellos dos tenían, porque Sakura era capaz de darle todo su amor a Imaku y eso era lo que realmente importaba.

También había tratado de negar el deseo abrumador que sentía por ella, y convencerse de que era ella la que lo había incitado. Pero su conciencia no se lo había permitido.

Entonces había intentado separar a Sakura en dos personas diferentes: una que amaba a Imaku incondicionalmente, y otra a la que no le había importado acostarse con un hombre casado. La primera le había llenado con la emoción más pura que hubiera podido sentir, y respecto a la segunda... Sasuke cerró los ojos y apretó la mandíbula.

No tenía sentido seguir mintiéndose. Lo que le producía pensar en aquella Sakura no era desaprobación, sino celos. Podía ser cierto que hubiera promovido su matrimonio para proteger a la niña, pero aquel día, al lado suyo en la iglesia, supo que se estaba casando con ella por amor.

No tenía ningún derecho a juzgarla. Eran sus celos y unos principios del pasado lo que había que cuestionar, y no a Sakura. Aquella noche, bailando con ella, sosteniéndola en sus brazos, aspirando su perfume, había sentido ansia por ella. Pero de ninguna forma el sexo por sí mismo habría conseguido saciar el hambre que tenía de ella.

En la habitación, Sakura frunció el ceño. Se había quitado el velo y deshecho el peinado justo al terminar la fiesta, pero todavía llevaba el vestido, y se daba cuenta de que, sin la ayuda de Sasuke, no podría quitárselo. No podía desabrochar ella sola tal cantidad de botones diminutos. Y tampoco podía dormir de aquella manera, porque sería muy extraño que apareciera al día siguiente con su vestido de novia todavía puesto.

Se acercó a la puerta del vestidor y llamó suavemente.

-Sasuke -dijo en voz baja.

Sasuke dejó de desabrocharse la camisa y abrió la puerta. Sakura sintió que el corazón le saltaba en el pecho cuando lo vio. Tenía una expresión que ella no supo interpretar.

-Siento molestarte -dijo temblorosa, y se interrumpió. ¿Sonaría su voz tan nerviosa para Sasuke como para ella?

Se llevó la mano a la garganta. Había algo en la forma en que Sasuke la miraba...

Bajó los ojos para escapar de su campo de visión y se dio cuenta de que, bajo la camisa desabotonada, se veía su torso musculoso y cubierto de suave vello masculino.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo y sus propias emociones la abrumaron. La locura de su deseo y el amor casi la mareaban. Tragó saliva... y no porque se sintiera nerviosa. No, lo que sentía era...

Se le había quedado la garganta seca y se le había olvidado el cansancio. Desesperadamente, intentó recordar la razón por la que había llamado a su puerta.

-Necesito que me ayudes a quitarme el vestido -se las arregló para susurrar-. No puedo desabotonarlo -y para mostrárselo se dio la vuelta.

-Sí, ya sé a qué te refieres.

Ella nunca había oído hablar a Sasuke de una forma tan suave.

-No puedo dormir con él -¿por qué no hacía nada? Notaba el calor de su respiración en la piel de la nuca. Casi sentía dolor físico por acercarse más a él, volverse y pedirle que la tratase como a una mujer y no como a una empleada. -No puedo pedírselo a otra persona -la voz se guía temblándole y tenía la cara roja de humillación al saber que estaba muy cerca de quedar en ridículo.

Sasuke no sentía nada por ella, y lo sabía.

-El vestido te hace la cintura diminuta -le dijo él mientras la rodeaba con sus manos. Su voz sonaba más profunda, diferente, y Sakura no pudo evitar tartamudear al responder:

-Es el corsé.

-¿Corsé? -preguntó él divertido-. Creía que eso era cosa de la época victoriana -comentó mientras desabrochaba los innumerables botones. Sakura se puso rígida y apretó los dientes para intentar disimular la reacción involuntaria de su cuerpo al contacto de sus manos.

Había un espejo de pie justo enfrente de ellos y Sakura veía el reflejo de Sasuke detrás de ella. De repente, se quedó sin respiración y no fue por la imagen del espejo, sino porque se dio cuenta de que bajo el vestido no llevaba nada excepto un par de braguitas de seda, y cuando Sasuke terminase su trabajo el traje no tendría ninguna sujeción y caería inevitable mente al suelo.

Empezó a agitarse de pánico, e intentó apartarse de él.

-Espera -le dijo Sasuke sin dejarla marcharse-. Todavía no los he desabrochado todos.

Todos no, posiblemente, pero sí los suficientes para que el vestido se deslizase con el sonido de la seda crujiendo hasta llegar al suelo sin que Sakura pudiera hacer nada por agarrarlo.

Se quedó helada, no podía moverse. Sus miradas se encontraron en el espejo. Parecía como si Sasuke se hubiera convertido en piedra, inmóvil. Su respiración sonaba profunda y emitió un sonido ronco que hizo que a Sakura se le pusiera la carne de gallina.

Los pezones se le endurecieron como si hubieran notado el calor de la respiración de Sasuke sobre ellos, e instintivamente intentó disimular el efecto que él le producía. Alzó las manos rápidamente para cubrirse.

Pero asombrosamente, él reaccionó antes y fueron sus manos las que cubrieron su desnudez, tomándole los pechos y tapando su descarada excitación.

-¡Sakura, Sakura! -su voz llena de hambre hizo que un escalofrío de deseo le recorriera la espalda. Él inclinó la cabeza y le besó el cuello—. ¿Sabes lo que me estás haciendo? ¿Tienes idea de la tentación que eres para mí? ¿Lo sabes? -le susurró-. Demasiado tentadora. ¿Sabes hasta qué punto me haces desearte?

Sakura sabía con mayor certeza lo que él le estaba haciendo a ella, y hasta qué punto ella se sentía tentada y atormentada por el deseo.

Él le hizo darse la vuelta y la apretó contra su torso para sentir sus pechos desnudos en su piel, y deslizó las manos por los costados de su cuerpo hasta que llegó a las nalgas y las tomó con ambas manos.

Ella notó su excitación, y saber que él la deseaba tanto hizo que se excitara casi hasta perder el control. No escuchó la débil vocecita que sonaba en su cabeza, recordándole que él no la quería, y que el deseo evidente que sentía no era más que una reacción masculina ante su desnudez.

No quería escuchar la verdad.

Sin saber lo que hacía, dejó escapar su nombre en un susurro, una invitación que alcanzó los sentidos de Sasuke y lo recorrió como una corriente eléctrica.

Notaba cómo su cuerpo suave vibraba bajo sus caricias, y le besó los párpados y las mejillas con ternura, lentamente, intentando contenerse, con los labios temblorosos. Cuando la besó detrás de la oreja, ella emitió un débil sonido de placer.

Estaba irresistiblemente receptiva y le hacía sentir que no tenía ningún poder para escaparse de él. Era como un afrodisíaco potente y peligroso. Por un instante, se recordó a sí mismo que él era un hombre honorable y que aquel matrimonio era solo de conveniencia, pero no le sirvió de nada: sus sentimientos por Sakura superaban su capacidad de control.

-¿Me deseas? -le preguntó, decidido a dejarle a ella tomar la decisión.

Sakura se puso tensa. Allí estaba la oportunidad perfecta para detener todo aquello. Podía dar un paso que cambiaría su vida, pero ¿no lo había hecho ya su amor por Sasuke? ¿No se arrepentiría durante toda su vida si no tomaba lo que él le estaba ofreciendo?

Respiró profundamente y asintió con la cabeza, y por si acaso él no lo había entendido bien, dijo en un susurro:

-Sí, te deseo.

Le tomó la cara entre las manos y la besó despacio, saboreando cada centímetro de su boca, y le acarició el cuerpo.

-¿No vas a desnudarme?

¿Desnudarlo? Sakura sintió pánico. Se le había olvidado que Sasuke pensaba que ella tenía experiencia en todo aquello, y que era una seductora de hombres casados.

La falta de respuesta de Sakura hizo que Sasuke frunciera el ceño. ¿Habría cambiado de opinión? Intentó mirarla a los ojos, pero ella había bajado los párpados.

-Creo que sería más rápido si lo hicieras tú mismo.

Sakura no sabía cómo se las había arreglado para susurrar aquellas suaves palabras. Se sentía como si estuviera medio inconsciente.

¡Más rápido! Sasuke estaba demasiado centrado en sus propias emociones como para darse cuenta de la incomodidad de Sakura. Simplemente, la tomó en brazos y la llevó hasta la cama, dejándola allí despacio e inclinándose sobre ella hasta que la cálida piel de su torso sintió la de sus pechos suaves.

-Tienes razón -le dijo-. No necesitamos perder el tiempo en preliminares cuando los dos queremos lo mismo.

La estaba besando con tanta pasión que la asombró y la excitó. Le dibujó la forma del labio inferior con la lengua, mientras con el dedo pulgar estimulaba el pezón.

Ella arqueó el cuerpo cuando la sensación llegó desde el centro de su pecho hasta la parte más sensible de su cuerpo. Incapaz de reprimirse, dejó escapar una suave súplica que intentó ahogar contra el hombro de Sasuke. Pero en vez de liberarla de aquel tormento, su reacción tuvo el efecto contrario: él continuó más intensamente.

La única forma en la que ella podía sofocar los sonidos de placer que se le escapaban sin remedio era apretar sus labios contra el hombro de Sasuke. Hundía las uñas en las sábanas de la cama.

La sensualidad de su respuesta le estaba haciendo enloquecer. Se quitó la ropa lodo lo rápidamente que pudo sin soltarla a ella, porque no era capaz. Su tacto, su esencia y el calor de su cuerpo eran como una droga adictiva.

La mano que él había trasladado desde su pecho hasta los pantalones, para quitárselos, dejó a la vista el pezón descaradamente erecto y tentador, desafiándolo a responder a su erótica invitación. Arrancándose la última prenda, lo cubrió con sus labios y lo lamió con la lengua antes de absorberlo con la boca y saborearlo dulcemente con toda la urgencia de su deseo.

Su mano viajó por todo su cuerpo y le separó las piernas en busca de su calor femenino. Sakura se estremeció casi convulsivamente. Creía que sabía lo suficiente sobre el sexo y que experimentar sus conocimientos teóricos no le depararía ninguna sorpresa, pero lo que le estaba pasando le demostró lo erróneo de sus suposiciones.

Sin saber cómo, había enterrado los dedos entre el pelo de Sasuke, y le sostenía la cabeza contra el pecho, mientras disfrutaba de todas aquellas increíbles sensaciones.

Notó que su sexo estaba caliente y húmedo, y también que estaba respondiendo a las caricias de Sasuke, abriéndose. Con sus dedos, él estaba despertando el centro de su sexo, y haciendo que latiera con fuerza.

-Sasuke, Sasuke.

Casi no se daba cuenta de que estaba pronuncian do su nombre, ni del efecto que aquello tenía en él, y continuó haciéndolo en una dulce letanía de placer.

Sasuke dudó. Notaba que ella estaba muy cerca del clímax, pero quería formar parte de él. Sin dejar de acariciarla, se puso encima de ella y besándola con pasión, empezó a penetrar en su cuerpo con suaves impulsos.

Bajo sus besos, Sakura abrió los ojos y sintió cómo su cuerpo se expandía para adaptarse a él. Era maravilloso sentir aquello, sentirlo a él.

Todo lo que estaba experimentando la sobrepasaba. Solo sabía que el agudo dolor que sentía era parte de todo el placer inconmensurable que vendría después, y que el goce de sentir que él la llenaba era demasiado grande como para preocuparse de ese dolor.

Sasuke notó que su cuerpo se tensaba y se quedaba rígido, y oyó el suave grito de Sakura, pero ya era demasiado tarde para detener lo que estaba ocurriendo. Si se retiraba ahora, solo conseguiría hacerle más daño. Intentó controlar el deseo, pero no pudo.

Sakura agarró con fuerza el brazo de Sasuke. Más allá del dolor, estaba sintiendo otras cosas, anticipando la existencia de un lugar más allá de todo lo que conocía, tan dulce que sus ojos se llenaron de lágrimas al pensar que no lo alcanzaría. Desesperadamente se apretó contra Sasuke, deseando con todas sus fuerzas que la llevara allí. Entonces, milagrosamente, él lo hizo, y las casi imperceptibles olas de placer empezaron a moverse dentro de ella hasta que se convirtieron en una oleada imparable, un océano de placer que ella pensó que no podría soportar.

Después de todo aquello, sentía cómo su cuerpo vibraba de felicidad. Miró a su marido, intentando no parpadear mientras él salía de su cuerpo. Estaba tan cansada, que casi no podía mantener los ojos abiertos.

Él la miró muy serio.


Trataré de subir los últimos y seguir con uno que ya tengo editado y subiré tal vez el lunes

Elaine Haruno de Uchiha