Cierro los ojos y maldigo para mis adentros. Joder, acabo de hacer justo lo que no quería que pasase jamás. Acabo de hacer que Zelda se encierre en el cuarto de baño muy enfadada, todo por no ser más delicado a la hora de hablar. Pero lo cierto es que si se hubiera quedado, no habría sido capaz de controlar el enorme impulso de hacérselo ahí mismo, eso seguro. ¿Cómo se pone a recoger parte de mi esperma, a probarlo y para colmo a pasarse la lengua por los labios sin querer que yo me vuelva loco viéndola? Vuelvo a abrir los ojos y reparo en que estoy desnudo, así que tiro rápidamente de mis pantalones hacia arriba, como si alguien fuera a irrumpir de nuevo en la habitación (debe ser la costumbre). Me molestan un poco, pues la erección no ha desaparecido todavía del todo, aunque mi corazón ha vuelto a su sitio y ya no parece querer salirse de mi pecho. Me levanto de la cama arrugando todas las sábanas, y avanzo con paso decido hacia la puerta del cuarto de baño, dispuesto a disculparme.
Respiro profundamente un par de veces antes de llamar tímidamente a la puerta. No obtengo respuesta, y empiezo a asustarme, ¿y si está tan enfadada que no quiere verme?, o peor, ¿y si no nos besamos nunca más?. Entonces justo cuando levanto la mano para llamar una segunda segunda vez, la puerta se abre, y los ojos azules de Zelda me fulminan. -¿Y bien?- Pregunta, y yo me relajo un poco porque su tono de voz no muestra enfado real. Como mucho está molesta. -Zelda lo siento, siento habértelo dicho de esa forma, pero esque de verdad, si te quedabas yo...- Sigue en ropa interior, y mis ojos se deslizan constantemente hasta su escote sin que pueda hacer nada para evitarlo. -Mis ojos están aquí, ¿sabes?.- Se los señala, y ahora su voz sí tiene un deje irritado, dios lo estoy empeorando todo... -Me refiero a que no me podría haber controlado cuando has hecho eso, cuando has probado mi... Y-ya sabes.- Su mirada se vuelve dulce de pronto, y se echa a reír mientras los colores suben rápidamente a mis mejillas.
Me agarra las manos y da un paso hacia atrás para dejarme entrar en la estancia. La observo durante unos instantes. El suelo es de mármol blanco y la pared es de estuco, color turquesa pálido. Azulejos azules y blancos conforman una cenefa que recorre el cuarto por el centro de las paredes. Por un gran ventanal se cuela el sol del mediodía.
-¿Así que era solo eso?- Vuelve a reír y me besa en los labios con dulzura-... Bueno, pues en ese caso siento haberte hecho sentir... Incómodo.- Sus manos pasan de agarrar las mías a deslizarse dibujando suaves círculos en mi espalda con la punta de los dedos, y cierro los ojos para disfrutar de esta caricia, al tiempo que todo el vello de mi cuerpo se pone de punta. -Yo siento... Siento haber terminado encima de ti, yo no quería de verdad es solo qu...- Choca sus labios contra los míos, y yo rodeo su cintura con mis brazos, alzándola y dejándola elevada un poco sobre el suelo. Sus manos juegan ahora con el pelo de mi nuca y muerde suavemente mis labios, arrancándome un pequeño gemido.
-Eso da igual ahora, ¿vale?.- Asiento con la cabeza, en situaciones así no sería capaz de articular palabra coherente. Seguimos besándonos, y a medida que el cosquilleo en mi bajo vientre aumenta y va haciendo endurecer mi pene de nuevo, mis besos se transforman más intensos, busco su lengua y sus labios y bebo de ellos, los mordisqueo y juego con ellos. Zelda baja una de las manos que acariciaba mi pelo y recorre todo mi torso desnudo para agarrarse a la cinturilla de mi pantalón, dejando claro que me quiere tener más cerca. La aprieto aún más contra mi cuerpo y un jadeo se escapa de su garganta al rozarse con mi miembro, que de nuevo está totalmente duro, preparado para la acción. -¿Ya?- Me pregunta arqueando las cejas- ¿Tan rápido?- Le sonrío con esta sonrisa que es nueva en mí, le sonrío así porque la deseo más que a nada en este mundo. Dejo de besarla y la bajo al suelo.
-Pero hay un problema. Tú a mí me has visto desnudo, y yo aún no he tenido el mismo placer.- Inmediatamente, sus mejillas se tiñen de rojo, y me mira asustada. -Link, ¿Y si no te gusta mi cuerpo?- ¿Enserio me está preguntando esto? -¿Pero qué dices?- Miro hacia abajo, al gran bulto de mi pantalón, y ella me imita- ¿Tú has visto esto? ¿Cómo puedes pensar que no me gusta?- Ella ríe tímidamente y me da un golpecito en el pecho.- No seas tonto...-Yo también sonrío ahora, y ella se dirige hasta la enorme pila de mármol que hay en el centro de la estancia, y abre los grifos dejando que el sonido del agua cristalina cayendo inunde el cuarto de baño. Hecho esto, vuelve hacia mí de nuevo, y yo tengo que tragar saliva, la sensual forma en que mueve sus caderas al andar me deja la garganta seca. Llega y se para a escasos centímetros de mis labios: -Link yo no voy a desnudarme... Porque vas a hacerlo tú.- Dicho esto coloca mis manos en su cintura, y yo tengo que apoyarme en la pared para no marearme tras la placentera ola de calor que acaba de recorrer mi cuerpo.
