10. Inevitable

Bella casi no fue consiente de lo que sucedía mientras Edward la llevaba consigo de vuelta a su hogar. No hacía mas que pensar en lo que perdería. Nada mas que buscar una alternativa, una salida… una solución. Algo que no la destruyera completamente.

- Di algo… -suplicó él una vez que estuvieron dentro de la casa-. Cualquier cosa, pero solo… di algo –rogó de nuevo al ver los esos grandes ojos perdidos sin mirar a nada ni a nadie.

Pero ella lo notaba. Sentía su mirada preocupada fija en su rostro, esperando una respuesta, así que todo lo que hizo fue cerrar los ojos e intentar mantener las horribles imágenes de la separación lejos de su cabeza.

¿Cómo era posible que pudiera quererlo de esa forma? ¿Qué sintiera que se derrumbaría en pedazos en el mismo momento en el que lo abandonara?

Sintió los cálidos brazos del humano que amaba rodeándola, y solo pudo abrazarlo en respuesta. Solo fue capaz de enterrar su rostro en su pecho, percibiendo su aroma de nuevo. Una idea se formaba en su cabeza… un pensamiento trágico, pero hermoso en cierto modo: Esta sería la última vez que lo vería… pero al menos estaban juntos entonces. Al menos en ese pequeño momento, en ese oasis de perfección en lo que aseguraba ser una eternidad de tormento, al menos entonces… esos brazos la rodeaban, y el sonido de su corazón la acompañaba, diciéndole que todo estaría bien, recordándole por qué debía dejarlo.

- Yo… -murmuró él luego de llenar sus pulmones con el aroma del cabello de Bella. Pero luego se quedó callado, dudando. No podía decírselo, ¿cierto? No podía decirle que daría la vida por ella… que viviría y moriría por ella si era necesario, si tan sólo se lo pidiera. No podía decirle cuánto la amaba, y que por primera vez en su vida, no le importaba no entender lo que sucedía, que no le importaba lo que pasara siempre y cuando continuaran juntos. No podía… así que decidió morderse la lengua y tragarse las palabras, dejando de respirar por a penas unos segundos, para evitar ese perfume que tanto poder tenía sobre él.

- ¿Sí? –lo instó ella, buscando cualquier cosa para distraer su mente de lo que la acosaba.

- Hice algo para ti –susurró en lugar de lo que ansiaba gritar, logrando hacer que la concentración de Bella cambiara. Se alejó un poco para mirarlo, dejando de lado el agujero que se había formado en su pecho con la idea de dejarlo.

- ¿Qué es? –preguntó curiosa.

- Ven… -deslizó sus dedos por su espalda, luego su cintura y finalmente los entrelazó con los de ella y la besó en los labios antes de guiarla hasta la sala de estar a paso lento.

La dirigió hasta el piano, y en cuanto ella se hubo sentado, él tomó su lugar a su lado, ambos de frente a las teclas. Ella lo miró extrañada. ¿Por qué no sabía que él tocaba? Parecía un dato tan importante a la vez que trivial… un dato que debería haber sabido, y que sin embargo ignoraba.

Las manos de Edward se posaron en las teclas mientras aún la miraba. La observó por un momento, intentando memorizar su rostro, cada una de sus facciones. Algo tan perfecto –se dijo- no podría durar para siempre.

Al fin volteó hacia el piano y la melodía comenzó, llenando el ambiente con notas dulces, delicadas… lentas y apacibles. Bella jadeó cubriéndose la boca con los dedos y por un momento deseó saber lo que cada nota significaba. Pensó en la melodía como un idioma, uno que no llegaba a comprender completamente.

La tonada revoloteó en un fragmento más desesperado, parecía simple a la vez que complejo e intrincado. Dulce a la vez que triste. Constante a la vez que volátil y etéreo.

Cerró los ojos sin querer hacerlo, solo para dejar que la melodía la envolviera completamente… y no fue consiente de que él la miraba, de que él absorbía cada detalle de sus expresiones, cada movimiento de sus ojos detrás de sus párpados.

De pronto, Bella comprendió que esa era exactamente su relación. Esa tonada la describía a la perfección. A todo. La forma en la que lo deseaba, la forma en la que se sentía deshecha por dentro por desear tanto su sangre, la forma en la que tendría que dejarlo.

Hizo una mueca con la boca y sintió la mano de Edward, su cálido contacto en su mejilla. Solo entonces fue consiente de que la música se había detenido. Solo entonces fue capaz de abrir los ojos y encontrarse con su mirada.

- Dime que es lo que sucede… –le pidió en un susurro, con el ceño fruncido y miedo presente en sus ojos. Necesitaba respuestas sobre lo que había sucedido, pero mucho mas que eso… necesitaba saber el por qué. Porqué parecía tan triste, por qué no podía acertar con lo que le sucedía. Un escalofrío le corrió por la columna vertebral cuando una idea se cruzó por su mente, un futuro que se presentaba frío y sombrío, pero lo obligó a retroceder para continuar mirándola a los ojos.

- Es hermosa… -logró murmurar ella, aún con un nudo en la garganta. Algo hacía que ardiera por dentro, pero ya no se trataba solo de la sed. Se trataba de esa certeza. Esa amenaza en el futuro, que no hacía más que acercarse más y más a cada segundo. El dolor pareció disiparse un poco cuando él sonrió.

- La escribí para ti –explicó con algo menos de pesadez. Y luego la besó despacio, memorizando la forma en que movía su dulce boca al compás de la suya. Al alejarse, no pudo contener las palabras que le quemaban los labios, las que Bella tanto temía. Las que rogaba por retener-. Te amo –soltó en un hilo de voz.

Los ojos de Bella se cerraron con más fuerza al sentir como esas dos palabras abrían aun más el hoyo en su interior, una herida profunda, que la desgarraba por dentro.

- Quiero que tengas esto –agregó de repente, tomando algo de su bolsillo. Le mostró su anillo de graduación, sosteniéndolo solo con dos dedos-. Es una promesa –susurró aún mas bajo. Bella lo miró, sin lograr creer lo que veía. Parecía su sueño, su más preciado y anhelado sueño vuelto realidad… pero no lo era. No era más que una sucia jugarreta del destino, que solo le mostraba lo que no podía tener.

- ¿Una promesa de qué? –preguntó intentando ocultar la forma en la que su voz amenazaba con quebrarse.

- De que te amaré por siempre –respondió él acunando su rostro con su mano libre. Luego depositó el anillo en su mano y la cerró para que lo conservara.

Bella sintió el vacío alzarse y devorarla, como si de un monstruo se tratara. Y es que eso no era posible. Era lo que más deseaba, y sin embargo, sabía que no podía ser. Él no podía amarla. No siendo lo que era. No después de lo que había sucedido.

Pero de todos modos lo besó. Lo besó con todas sus ganas, con todo su empeño… dejando todo lo que tenía, con él. Todo lo que podía ofrecerle: ese momento, ese beso y su corazón.

Tomó su rostro con ambas manos y evitó así, que las palabras que tanto deseaba decir se le escaparan. Evitó decirle que lo amaba, que no podía sobrevivir sin él. Que todo lo que había querido desde la primera vez que lo había visto, había sido transformarlo. Mantenerlo junto a ella por el resto de la eternidad… convertirlo en lo que ella era. En un asesino. Uno despiadado, hambriento y sádico. Justo como ella lo era. Justo como siempre lo sería.

Lo besó para acallar la voz en su interior que insistía en gritar que lo transformara. Que lo hiciera suyo, que lo tuviera hasta el fin de los tiempos.

Supo que de haber sido humana, ya no podría haber retenido las lágrimas, que ya hubiera sollozado en sus labios, rogándole que la aceptara, rogándole que le jurara que era cierto su amor.

Edward notó algo diferente en ese beso, pero no lo mencionó. Solo disfrutó que lo besara, y luego, sin decir una palabra, la levantó en brazos y la llevó a la cama. Aún sentía algo extraño en la forma en que lo tocaba, y no pudo evitar alarmarse. Cada caricia, cada roce, cada beso le sabía amargo… le sabía a adiós.

Así transcurrió el día entero. Entre caricias y besos, amor y dolor. Despedida por parte de Bella, que no se atrevió a decir la verdad, miedo por parte de Edward, que la sabía de todos modos. Algo andaba mal, podía sentirlo. Incluso aunque ella no lo dijera, algo había cambiado.

Por más que deseó mantenerse despierto, su cuerpo se rindió cerca de la medianoche. Bella lo observó por un largo rato, deseando con todas sus fuerzas ser capaz de llorar. De dejar salir el dolor de alguna manera. No podía contenerlo todo dentro. No podía seguir ocultando lo mucho que lo amaba, ni lo mucho que le dolían las consecuencias que eso llevaba consigo.

Se levantó sin hacer el menor ruido y se acercó al escritorio a paso sigiloso. Tomó una pluma y un trozo de papel y suspiró cerrando los ojos antes de comenzar a escribir.

"Sé que te preguntarás por qué. Sé que no lo entenderás, y que no lograrás ver esto de la misma forma en que yo lo hago. Que no serás capaz de ver todo lo que se supone para ti el que yo esté contigo. El que yo quiera quedarme contigo.

Todo lo que puedo hacer, es suplicar por tu perdón y rogar que me comprendas. No soy quien tu crees, Edward. No soy lo que crees que soy. Desearía poder decirte más, pero también creo que no sería justo para ti. No puedo pedirte que vivas con mis tormentos, ni que cargues con mis penas. Créeme cuando te digo que no deseé que esto sucediera. Que no quise que fueras diferente"

Se detuvo un segundo y lo observó antes de volverse de nuevo. Sopesó la idea de decírselo todo, de explicarle lo mucho que lo amaba, y el por qué de su marcha. Explicarle lo que era, y lo que pasaría si continuaba con él… pero luego él suspiró en su sueño, tan tranquilo como alguien puede estar solo en la inconciencia, y todas sus dudas se disiparon.

"Esta es la decisión más difícil que he tenido que tomar, pero créeme que es lo mejor. Nada es lo que parece, Edward. Tarde o temprano te lastimaría y ya no puedo permitirme eso"

Se detuvo en seco al darse cuenta que había estado a punto de escribir "te amo demasiado" y se devanó los sesos buscando algo más que agregar. Decidió atenerse lo más posible a la verdad, por mas que no pudiera decírsela por completo.

"No quiero hacerte daño. Mereces tener una vida. Una que habías planificado mucho antes de que yo apareciera, una que seguirá mucho después de que yo me haya marchado. Y no puedo ser parte de ella. No es correcto. Nuestros mundos son diferentes… desearía explicarte por qué".

Pensó en agregar "pensaré en ti por siempre", pero de nuevo detuvo la pluma antes de poder confesar su amor. Si lo hacía, él jamás podría avanzar. Jamás la olvidaría. En lugar de eso, continuó:

"Por favor, no me busques. Por tu propio bien y por el mío".

Se limpió el rostro en un gesto automático, sintiéndose idiota al notarlo seco una vez más. ¿Por qué no podía apartar las ansias por llorar? ¿Por qué el adiós debía dolerle tanto? ¿Por qué todo lo que podía pensar era en lo mucho que lamentaría esa decisión? Por fin, concluyó simplemente diciendo lo que sentía:

"Lo lamento… Bella"

Dobló la carta en cuatro y la dejó en el escritorio con cuidado. Se acercó a él y lo observó por un segundo. Su pulso temblaba casi tanto como su corazón cuando se inclinó para besarlo suavemente en los labios.

- Te amo… -susurró tan despacio como pudo, dejando con esas palabras la confesión que él jamás escucharía, la declaración que tanto deseaba decirle en voz alta, la realidad que por siempre la atormentaría.

Se incorporó al escuchar un ruido fuera, en el bosque y volteó sin mirar atrás. Ahí dejaba todo lo que alguna vez había amado… con él dejaba su corazón.