Dizzy Up the Girl

Track XI
Mareo

"Nunca he estado tan inseguro de lo he querido." Tino había sido informado por Lukas sobre lo que había pasado y por qué lo había despedido. Ahora era jueves, el día libre de Tino, y había venido a hablar con su amigo noruego al trabajo de éste. Era bastante fácil su primer día "real" trabajando, y no les importaba tener al finés por ahí.

Kiet estaba sentado con ambos durante su tiempo libre, y frunció el ceño cuando el finés habló. "Uhm…" llenó su vaso de gaseosa nerviosamente. Sabía de dónde había venido, sí, pero había tomado una decisión. "Tino, sé de dónde has venido. Pero lo que quería no era lo que necesitaba o lo mejor para mí."

Lukas asintió, inseguro de qué decir. Nunca había estado en esta posición. Sabía lo que necesitaba- un trabajo, dinero, comida y ropa. El romance era un accesorio. Él no lo necesitaba como Tino. Estaba contento.

Pero la palabra clave era "estaba." Él estaba contento antes que esa inusual danesa entrara en su vida. Lukas tenía ahora una difícil decisión que tomar… en realidad, dos decisiones. La primera, si él la quería, y la segunda, si ella lo quería.

Él no estaba seguro por qué, pero quería darse una oportunidad con ella. Ella era diferente a las chicas con las que salía. Ellas eran calladas, pero poco profundas. Ellas eran, para ser franco, grandes perras (como la novia de Tino, la cual Mathilde estaba convencida de que era el diablo) que se preocupaban de las cosas más ridículas- él no era una de ellas. Ninguna de ellas le hubiera conseguido un trabajo, o le hubiera hecho un pastel o cosas de ese tipo. Mathilde era diferente- a pesar de su personalidad infantil a veces, ella era genuinamente la persona más dulce de todas.

Él admiraba eso.

De cualquier forma, incluso si él estaba interesado, pareciera que en la mente de Mathilde ya no había espacio para el romance. Eso lo llevaba a la segunda causa: Mathilde probablemente dijera que no.

"…y es por eso que tienes que escoger lo que es mejor para ti." Lukas eventualmente dejó que su mente regresara a la conversación en proceso- y la admiración por el novio de su hermano estaba creciendo un poco. Nadie, ni siquiera él, había puesto a Tino en su lugar cuando se trataba de mujeres. Kiet, a pesar de ser homosexual, lo había hecho exitosamente.

Asintiendo, el finlandés suspiró dramáticamnete. "¡Pero me gusta Anya! Es solo… Birgitta…" empezó a divagar. "Creo que solo la admiro."

"¿Te gusta Anya?" Lukas hubiese jurado que antes le había dicho que estaba locamente enamorado de su escalofriante novia rusa. Tino se encogió de hombres y desvió la mirada. "Estoy sorprendido. Usualmente estás enamoradísimo y planeando un matrimonio a este punto."

Tino lo miró feo, pero no dijo nada más, porque Mathilde Densen, la danesa de grandes ojos celestes, se acercó a ellos, a con una gran sonrisa en su rostro. Kiet le mandó una mirada a Lukas, quien instantáneamente se sonrojó, y él sonrió. "¿Ella es Mathilde?"

"¡Y tú debes ser el novio de su hermano!" Mathilde se acercó, obviamente con buen humor, y sacudió su mano con la del tailandés casi violentamente. "¡Lukas me habló mucho de ti! No todo lo que me dijo es bueno, pero tú sabes…" Lukas palideció, pero Kiet solo se encogió de hombros, ofreciendo una sonrisa de disculpa al noruego.

"Viejas noticias." Mathilde asintió y tomó asiento en la mesa redonda. Tino y ella intercambiaron miradas, obviamente no estaba seguro de qué pensaba ella de él, pero Lukas había aprendido a distinguir los brillos de su mirada… y esta era el mismo que tenía cuando hablaba de su madre.

Era desconfianza. Él se congeló y tosió. Mathilde se giró hacia Kiet, sonriéndole, "Entonces, uhm, ¿Lukas dijo que vas a rehabilitación?"

"Sí," él sonrió y se encogió de hombros, Lukas empezó a notar las peculiaridades que salían de él al no estar consumiendo esas sustancias. "Uhm…"

"¿Puedo hacerte un pastel?" ella preguntó, de forma casual, como si lo hiciera todos los días (considerando el hecho de que fue una panadera, lo hacía). "Es que extraño mucho mi antiguo trabajo, y…" Ella frunció el ceño. "Y realmente quiero hacer un pastel."

"…¿Si quieres?" Kiet sonrió y miró a Lukas, quien se encogió de hombros. "Estoy seguro de que a Lukas le encantaría tenerte en la cena de hoy…"

"¿Lo harías, Lu?" Mathilde se giró hacia él y él no puedo evitar esbozar una sonrisa, a falta de palabras solo pudo asentir. Ella rió y se paró de un salto. "Comenzaré ahora ¡Los veo a ambos más tarde!" Se giró para ver a Tino, Examinándolo una última vez antes de ofrecerle un frío, "Adiós."

Tino frunció el ceño mientras ella se iba alejando, Sus ojos pegados a su espalda mientras hablaba fuerte, "Bien, ¿No es ella una caja de sonrisas?"

Lukas frunció el ceño cuando la vio vacilar al caminar. "Tino, cállate," siseó. "No la conoces." Ella comenzó a caminar más rápido hasta que estuvo fuera de su vista. Lukas miró feo y con el ceño fruncido a su mejor amigo, quien le devolvió la mirada. Kiet incómodamente se sentó y miró.

"Era muy simpática," dijo él, honestamente.

"Ella no confía en ti," Lukas dijo, ignorando al asiático, a lo que se colocaba de pie. "Y puedo ver por qué- Yo tampoco confiaría en ti con su hermanastra, especialmente cuando tienes una novia."

"¿Sabes qué?" Tino agarró sus cosas y se dio la vuelta. "¡Vete a la mierda, Lukas! ¡Sé lo que estoy haciendo!"

"Eso espero," Lukas gruñó, caminando en la dirección puesta. "Por tu bien." Los dos nórdicos se fueron, dejando a Kiet en silencio. Negó con su cabeza, terminando su café, y se paró, caminando derecho, tratando de evadir a los enojados rubios.


"¿A qué te refieres con que tienes planes?" Birgitta estaba en shock. En realidad, estaba en un falso coma. Mathilde nunca tenía planes. Gracias a eso, ella siempre había estado libre y usualmente Birgitta tenía una niñera lista. Peter era propenso a desquiciar a sus niñeras y por ningún motivo iba a llamar a su ex. "¡Mathilde! ¡Tengo una cena muy importante con mi nuevo jefe!"

"Lo sé, pero…" suspiró la danesa. Birgitta inmediatamente se sintió culpable. Ni siquiera debería ponerle presión extra a Mathilde por esto. "Puedo tomar-."

"No, no lo hagas, lo siento," dijo la sueca. "Solo tengo que encontrar una niñera ahora." Mathilde resopló, sabiendo que ninguna de las niñeras antiguas regresaría porque Peter Kirkland era el terror andante con la gente nueva. Una de las niñeras fue empujada porque se burló de sus cejas, la otra se fue porque no jugaba con él.

"¿A quién vas a encontrar?" Mathilde preguntó, inmediatamente arrepintiéndose de su decisión cuando miró por encima del hombro de su hermanastra para ver a quién estaba llamando. "¡Oh, no! ¡Birgitta!"

"¿Hola, Tino? ¿No estás…" ella asintió y sonrió. "¡No lo estás! Uhm… bien… ¿Recuerdas lo que me dijiste el sábado? ¡Sí ,eso! ¿Tu oferta sigue en pie?" Su expresión se iluminó, se relajó y se vio muy diferente a sus expresiones normales. El corazón de Mathilde empezó a doler. Esa era la forma en que Birgitta se veía 12 años atrás, cuando ella y Arthur eran una pareja feliz.

No le gustaba. "Necesito una niñera para mi hijo y… ¿Lo harás? ¡Dios mío, muchas gracias!" Después de escucharla darle su dirección y escribir en un papel cosas que necesitaba hacer, cerró su teléfono y Mathilde la fulminó con la mirada. "¿Qué?"

"Él no me gusta."

"Lo sé," Birgitta rodó los ojos, ignorando el gruñido desagradable de la danesa. "¿Puedes finfir por solo cinco minutos? Tan pronto como nos vayamos puedes odiarlo de nuevo."

"Tienes esa mirada."

"¿Qué mirada?" sacando una cartera del closet, Birgitta se giró hacia la otra mujer.

"La que tenías con Arthur." Mathilde la miró tensarse y contener las lágrimas. "Birgie, estoy preocupada por ti…"

"Mathilde," El tono de Birgitta era serio- dándole una pista de lo que venía. "Me dijiste que cuando murieras no querías tener arrepentimientos o sentirte como si no hubieras hecho lo que habías querido." Asintiendo, Mathilde se cruzó de brazos y Birgitta suspiró. "Quiero lo mismo- no quiero tener arrepentimientos. No quiero arrepentirme de haber amado a Arthur- porque no lo hago. Tuve el mejor hijo de todos a cambio. No quiero arrepentirme de enamorarme. Es lo mejor del mundo."

"…" La danesa se quedó extrañamente callada. Birgitta frunció el ceño, pero sabía lo que faltaba por decir.

"Mathilde, nunca pienses que el amor no vale la pena. Porque cuando mueras, tendrás mi amor, el amor de Peter, el amor de mi madre, todo el amor de tus amigos… y el amor de algún chico. Y créeme: Valdrá la pena. Porque no te arrepientes de haberte enamorado- solo deseas que te hubiese funcionado"

"Eres una pésima maestra," Mathilde rió, secándose los ojos. "¡Hacer a tus estudiantes llorar!" Ambas empezaron a reír cuando Peter entró al cuarto. Estaba a punto de preguntar que pasaba, pero un fuerte toquido le hizo correr a la puerta. La abrió de un tirón, solo para ver al fines que su madre había llamado, parado en el pórtico.

"¿Quién mierda eres tú?"

"¡Peter Kirkland!" gritó su madre, lo sacó de un tiró del frente de la puerta dejando entrar a Tino quien se estaba riendo. "Él es Tino. Él te va a cuidar mientras yo y Mathilde salimos."

"…¿Por qué no llamaste a la abuelita Alva?" Peter preguntó, mirando como la Mirada de su madre cambiaba de desaprobación a una asesina total. Mathilde se colocó de pie mientras Tino y Birgitta conversaban, manos en sus caderas, y su pie golpeando el piso.

"Vámonos," ella finalmente gruñó, y Birgitta se giró hacia ella, mandándole una mirada de advertencia, antes de tomar su cartera y despedirse de Peter y Tino "¡Llámenme si necesitan algo!" gritó antes de que Mathilde empujara la puerta y la estampara en sus caras.

Después de unos momentos de silencio incómodo, Peter se giró al finés y le preguntó, "¿Quieres jugar CoD?"


"¿Por qué mierda estás tan nervioso?" Los ojos de Emil se entrecerraron con confusión y algo más al ver a Lukas ir y venir de la sala de estar. Para la vuelta treinta y algo (si, Emil había estado contando), Emil se hartó y a sus nervios no le ayudaban ver a su hermano actuar con pánico por nada (De verdad, ¡Su secreto estaba en juego! ¿Por qué Lukas tenía que adelantarse a los hechos?).

"Es sobre…"

"¿La chica que invitaste?" Emil estaba un tanto sorprendido de que su hermano haya invitado a alguien a la casa; especialmente por lo que dijo cuando estaba ebrio hace más o menos una semana atrás. "Está bien. Ella obviamente no puede odiarte- ella pasa bastante tiempo contigo de hecho."

"Emil," Lukas recordó entonces algo que Kiet le había dicho. No lo has entendido por completo. ¿A qué se refería con eso? "Necesito preguntarte algo…" Los ojos de Emil estaban puestos en el piso en este punto de la conversación, su corazón latía acelerado.

"He notado- y Kiet también- que no has estado realmente… comiendo." Los ojos de Emil se entrecerraron en odio "Mira, solo estoy preguntando si algo-."

"Entonces ¿Cuánto de te dijo él?" Lukas pudo sentir de que había hecho que esta cena fuera más incómoda de lo que iba a ser. "¡Bien, juega a lo tonto! Lukas- Soy un puto bulimico!" La puerta se abrió y Kiet entró justo cuando las palabras habían sido dichas.

"¿Tu eres qué?" Lukas parpadeó, sus mandíbula completamente caída. Kiet conocía esa frase "Si las miradas pudieran matar…" aplicada a él en este momento. "Emil… ¿Por qué no me dijiste? ¿Desde cuando?" Emil parpadeó, inseguro de qué decir. No, su hermano no conocía la historia completa, Kiet, obviamente no había dicho demasiado.

"Desde preparatoria." Lukas literalmente se pegó en la cara con la palma de su mano, inseguro de qué decir. Mientras esperaba por la respuesta de su hermano, Emil dirigió su furia hacia su novio. "¿Por qué mierda le dijiste?"

"Lo dije implícitamente. No iba a quedarme esperando," Kiet frunció el ceño, tomando las muñecas del islandés que iba tras él "Y no iba a vivir con el miedo de que mientras yo estoy en rehabilitación tú te vas a morir de hambre. No soy esa clase de novio."

"¿Podemos por favor hablar de esto más tarde?" Lukas mordió sus uñas, "Miren, les dejaré discutir de esto después de la cena. Me llevaré a Mathilde al cementerio después , después hablaré con ustedes, ¿Bien, Emil?" He frowned, and shook his head. "¿Cómo no me di cuenta?"

"Te has tomado toda esta mierda muy fácilmente," Emil observó. Kiet sonrió y colocó sus brazos alrededor de la cintura de su novio. "Especialmente esto."

"Estoy furioso," Lukas dijo, planamente. "Te haré tomar ayuda. Pero ahora mismo… queremos tener una agradable noche como una…" Quería decir "disfuncional" pero eso no saldría bien "Un grupo normal de personas siendo… como una familia."

"Estás tratando de impresionar a Mathilde," Kiet sonrió, mirando al auto detenerse y a Mathilde salir de él. Lukas se sonrojó y Emil levantó una ceja. El noruego apartó al tailandés y dejó a la danesa entrar. Mientras caminaban, Emil quitó los brazos del asiático de él, se dio la vuelta y le mandó una mirada fulminante

"Sigo estando muy enojado."

"Estás bien," Kiet rodó los ojos. "Va a terminar siendo asombroso" Entonces todos entraron a la cocina y se prepararon para la (callada) cena.


Tan pronto como Mathilde y Lukas se fueron, Kiet y Emil se fueron al cuarto de Emil, una película en la televisión cubría el silencio. "Emil, ¿Sabes que solo le di una pista, verdad?" Emil asintió, sus ojos pegados a la pantalla a lo que la terrorífica marioneta montaba la bicicleta. "Lo hice porque te amo y-."

"Ya entendí." Emil frunció el ceño, sentándose. "Y yo no le iba a decir tan pronto. Lo entiendo. Pero…" suspiró, tratando de pensar en qué decir. "Es…es difícil" Kiet suspiró y se sentó, apoyándose en el respaldo de la cama. "Mira, Kiet, es algo que da miedo- tú te vas a ir y yo tender que explicarle mi triste historia a un tipo que probablemente en secreto es un pedófilo."

"Emil," el asiático chasqueó su lengua con molestia. "Uno, un día tú serás considerado como ese tipo que vas a ver, y dos," levantó dos dedos, "No estaré lejos. El centro de rehabilitación está bastante cerca de la preparatoria ¿Sabes?."

"Sí, pero voy a estar ocupado y ellos no permiten-."

"No te preocupes," acercándose, él susurró suavemente, "Estarás bien." Quitándole los lentes a Kiet, Emil los colocó a un lado y rió al ver a su novio entrecerrar los ojos. El islandés se acercó y besó al asiático, Quien se incline apoyándose en el respaldo de la cama. "Te lo prometo, Emil, sera lo mejor."

"Te amo," la palabras aún se sentían extrañas al decirlas- a pesar de que las había dicho muchas veces antes- pero Emil realmente las decía de corazón. Esta vez casi pudo sentir la emoción al decirlas. Kiet sonrió y suspiró, recostándose.

"También te amo." Y Kiet se sentía de la misma manera. Poniendo al más joven sobre él, Kiet capturó los labios del islandés en un beso. Emil lo devolvió, y cuando se separaron, solo se miraron.

Quizás esto funcionaría. Quizás todo estaría bien.


Birgitta sonrió a lo que entraba al departamento. Quizás había tomado demasiado vino, pero no le importaba. Entró al brillante apartamento para encontrar a Tino y Peter recostados en el suelo de la sala de estar, Peter tenía una manta y una almohada, mientras que el finés estaba hecho un ovillo. Ella rió, tomando a su hijo y llevándolo a su cuarto, donde lo recostó.

"¿Mamá?" él murmuró, medio dormido tratando de pronunciar bien. Dejó sus ojos a medio abrir y trataba de mantenerlos abiertos.

"Shh, estoy en casa. Vuelve a la cama." Ella besó su mejilla y él se acurrucó en su lado de la cama.

"Tino me cayó bien," él bostezó, cerrando los ojos. "¿Puede volver?" Ella asintió y él tarareó antes de darse vuelta para dormir, roncando levemente. Birgitta no pudo luchar contra una sonrisa que aparecía en su rostro y se dirigió a la puerta, caminando de vuelta a la sala de estar, agachándose al lado del finés para despertarlo.

"¡Nunca me dejas dormir mamá!" lloriqueó el hombre, haciéndola reír. "¿Por favor?" se dio la vuelta, y ella aclaró su garganta, sacudiéndolo una vez más; esto hizo que el fines se sentara y se frotara los ojoa, solo para ver a la sueca hincada a su lado con una sonrisa divertida en los labios.

"Buenos días, cariño."

Él se sonrojó and y se colocó de pie para ayudarla después de que había recuperado el equilibrio. "Lo siento, hicimos de todo."

"No le gustaron ninguna de las niñeras que le contraté." Se dirigió a la cocina y comenzó a preparar un café para ella y para él. Él sonrió y asintió. "Estoy sorprendida de que se llevaran tan bien. Normalmente le cuesta creer en otros hombres…"

"¿Por su padre?" él preguntó y Birgitta asintió. "Bueno, realmente no tuve mucha infancia. Siempre tuve que protegerme a mi misma. Mi padre nunca estaba y mi mama era una sobreprotectora- tratando de asegurarse que yo supiera cómo hacer cosas y todo. Por lo que uso el tiempo de niñera- lo que hice mucho con mis primos- para liberar a mi niño interior."

"Parece ser que ambos crecimos muy rápido." Su fruncido se acentuó. "Tenía quince. Quince. No estaba lista. Seré una niñita de papá, pero yo…"

"Hablemos de algo agradable," Tino sugirió. "¿Cómo fue tu cena?" Y esto, que él pensó sería agradable de hablar la hizo llorar. "¡Oh! Wow, uhm…"

"Soy una puta."

"No, no…" Le dio un abrazo a la chica. Acariciando su cabello. "No lo eres. Birgitta…"

"¡Lo hice con mi jefe!" ella frunció el ceño. "¡Y él está enamorado de otra persona! ¡Matemos dos pájaros de un tiro y digamos que soy una puta y una rompe hogares!"

Tino continuó abrazándola y calando su llanto. "Birgitta, no lo eres. Tu eres la más asombrosa, inteligente, bonita…" él frunció el ceño y ella se apartó. "Mira, no eres una puta. Las putas no podrían hacer lo que tú haces."

"Bueno, en realidad…"

"Solo toma el maldito cumplido." Ambos sonrieron y rieron.

"Gracias," Birgitta murmuró. "Deberías irte ¿No quieres que tu novia se preocupe, verdad?" Tino casi había olvidado que tenía que salir con su novia después de esto- mierda, olvidó que tenía novia. "Muchas gracias. Te debo mucho…"

"No te preocupes por ello," Hizo un gesto con la mano y negó con la cabeza cuando ella trató de darle dinero. "Por favor ¿Me harías un favor?"

"¡Por supuesto!" Birgitta le miró caminar hasta la puerta del frente.

Tino sonrió. "Nunca pienses que mi oferta para ti ya no sigue en pie, nunca." Se puso sus zapatos y sonrió, despidiéndose son al amino mientras abría y cerraba la puerta suavemente. Birgitta suspiró dramáticamente, pero cubrió su boca y mentalmente se abofeteó.

"Estúpida," siseó.

Bueno, quizás no era un puta, pero seguía teniendo el lugar de rompe hogares.


"…Hvis jeg skulle leve en anden dag, jeg beder Herren om at lede min vej." Lukas se sentó al lado de la tumba de su padre mientras escuchaba la voz tras él, prácticamente gritando la plegaria con furia. Él mordió su labio, sacando su iPod, esperando a que los pasos se aproximaran.

"Jeg hader dig…" Oyó a Mathilde sisear, escupiendo en la lápida mientras se sentaba junto a él, hundiendo su cara en sus rodillas. Lukas la miró llorar un poco, sus sangre hervía. "L-Lukas…"

"Shh," él gentilmente puso uno de los audífonos en su oído izquierdo, y el otro en su derecho. Se acostó en el suelo y ella le imitó. Ella frunció el ceño, abrazándose a él causando que Lukas se sonrojara. "Mathilde, ¿Cómo te sientes con respecto al amor?"

Una pausa incómoda se produjo entre ellos. "Bien," she shifted, leaning her head into his chest. "No lo sé." El sonido de un violín empezó a sonar a través de los audífonos y Mathilde preguntó, "¿Eres tú?"

"Sí," él sonrió. "Mi papá me enseñó cómo tocar." Lukas la abrazó, sus manos tras la espalda de ella. "Sabes, la semana pasada le pedí a Dios que mandara algo que me cambiara la vida."

Mathilde asintió, sus ojos casi cerrados.

"Y al día siguiente, te conocí." Lukas se sentó, arrastrando a la danesa con él. Lloriqueando, Mathilde lo miró feo, sus ojos celestas estaban pegados a los cobaltos de él. "Gracias. Realmente me ayudaste."

"¿Con qué?" ella rodó los ojos, pero igual sonrió, sonrojándose.

"Eres como…" Lukas frunció el ceño. "Mira, nunca me he enamorado. Nunca quise enamorarme. Yo era el tipo de chico que no quería ir a las bienvenidas o a los bailes porque no quería tener pareja. Todos los días alguna chica me preguntaba si quería salir con ella y yo le decía que no porque realmente no quería salir con nadie."

"Y cuando salía con alguien, lo hacía con esas chicas superficiales. Calladas, pero superficiales. Después te conocí a ti- la ruidosa Mathilde Densen- la chica que usualmente esquivo, pero ahora… eres… no lo sé. Quiero darle una oportunidad a salir con alguien. Contigo."

Su corazón se detuvo y parpadeó, se acercó y presionó su frente con la de ella, sus ojos se estaban aguando. "Yo también quiero." Lukas inhaló y cerró los ojos, inclinando su cabeza. Mathilde sonrió y se sonrojó, acercándose más. "¿Lukas?" ella preguntó, a centímetros de sus labios.

"¿Sí?" él murmuró, abriendo la mitad de sus ojos.

"Tengo que decirte…" ella acarició su mejilla con la palma de su mano y se acercaron, de a poco acortando la distancia que los separaba. Lukas sintió algo nuevo. Sintió que había encontrado algo. Ella parecía calzar con él. Dos mitades que se convertían en un todo. Tan cliché como sonaba, así era.

De cualquier forma, los pensamientos de Mathilde parecían regresar a otro tema. Sería importante más adelante- considerando el hecho de que no podría ocultarlo para siempre. Cuando se separaron despacio, su mirada estaba en el piso. Ella abrió la boca para decir algo.

Pero no pudo. En vez de eso, se colocó en su regazo y se acurrucó en él, tratando de encontrar la manera de decirle gentilmente. "¿Qué necesitabas decirme?"

Pero, ¿Cómo le dices a alguien gentilmente que te estás muriendo?

"Lukas… creo que debes saber…" ella frunció el ceño, jugando con el cable de los audífonos, tratando de normalizar su respiración. "El día en que nos conocimos… cuando me desmayé. Todos los Dolores y esfuerzos… y la tos… y la razón de que no juego hockey o que ya no trabajo…"

La danesa empezó a llorar. Lukas se acercó y limpió las lágrimas de su rostro. Mathilde lloriqueó.

"Lukas, tengo cáncer a los pulmones."

Una bomba. El mayor golpe hasta ahora.

El noruego la tomó y la empujó al suelo, besando sus labios con fuerza. "No-No me importa." Él frunció el ceño y apoyó su cabeza en su pecho. "Yo- Yo no puedo… yo no… ¿Qué digo?" Ella se encogió de hombros. "Mathilde, yo… yo prometo que te ayudaré a mejorarte."

Ella sonrió y lo abrazó fuerte, sus ojos brillaban tanto como las estrellas. Lukas le devolvió el abrazo y se quedaron allí, tratando de saber qué hacer después.

Pero ahora mismo no importaba. A Lukas no le importaba que fuera corto- por ahora, estaba contento. Era la primera vez que podía decir eso en un tiempo.

Y por ahora, estaba bien.

"Todo lo que eres cae del cielo como una estrella.
Todo lo que eres, todo lo que quieras."