Capítulo 11: "Registro civil".


Horas después escuchó pasos a lo largo del pasillo. Se levantó del catre y se sentó; tras la reja pudo verlo mejor gracias a la luz del sol que se filtraba por las ventanas. Seguía vestido con el traje gris que tan bien le sentaba.

—¿Cómo te llamas?

—R-Rivaille… ¿tú? —Temió preguntarlo.

Se acercó a los barrotes y trató de sacar la cabeza, sin conseguirlo, por supuesto, pero quería verlo bien de cerca. El oficial sonrió al ver la expresión del muchacho, pues aunque en una primera impresión le resultó muy inexpresivo, en ese momento parecía estar a punto de largarse a llorar. Tal vez por eso el cambio fue muy notorio.

—¿Te recuerdo a alguien?

Rivaille asintió, no tenía voz para hablar.

—Alguien que fue… importante para mí.

—¿Murió?

—Sí.

El oficial carraspeó, tratando de concentrarse en lo importante.

—Podrás salir luego de terminar con la declaración.

—¿Me dejarán salir? —Volvió en sí, parpadeando con estupefacción—. Mierda y yo pensando en cómo escapar.

El policía empezó a reír con ganas ante tanta franqueza.

—Oye… estás frente a un oficial de Inteligencia, no deberías decir eso. Aunque te creo capaz, te vi en acción y pudimos comprobarlo en los videos: Nunca antes había visto a alguien moverse así, con tanta agilidad.

—Increíble —terció Rivaille con una minúscula sonrisa sardónica.

—¿Qué?

—Nada, que así conocí a Irvin. ¿Cómo te llamas? —Le preguntó de nuevo.

—Lo siento, no me presenté —reconoció con algo de pundonor. Una parte de él también se sentía extraño ante ese hombre, quizás por la manera en la que lo miraba, con anhelo y tristeza—, soy el oficial Smith.

—No jodas —dijo con sus ojos pequeños bien abiertos, y el susodicho se enserió arqueando las cejas—, no me digas, ¿y te llamas Irvin por casualidad?

—No, Frank… Frank Smith.

—Ah, demasiadas coincidencias. —Lo miró con recelo, por un instante pensó que podía tratarse de su Irvin, quien si bien no le jugaría una broma así, al menos podría llegar a tener sus motivos para ocultar su identidad. Le miró el brazo, pensando en que si fuera un titán no resultaría extraño que lo conservara y eso a su vez explicaría su presencia—. ¿De veras no eres Irvin? —suplicó. Quería tanto que lo fuera.

—No, lo siento. —Le había dado pena destrozarle la ilusión—. ¿Tienes hambre?

—Sí.

—Bien, te llevaré a mi oficina. No tiene sentido tener tras las rejas a quien frustró el robo. Eres un héroe —finalizó con simulada emoción.

Cuando otro oficial abrió la celda, Smith estiró un brazo señalando el largo pasillo. Rivaille salió del calabozo y caminó con cierta confianza a un lado del sujeto, miró hacia atrás, para comprobar que su carcelero ni siquiera lo miraba.

—No estarás pensando en escapar, ¿cierto? —Había adivinado en su lenguaje corporal dichas intenciones—. No hará falta. Solo responde unas preguntas y podrás irte. No se te acusa de nada.

Abrió la puerta de una oficina y lo invitó a pasar, recién entonces Rivaille se percató que afuera ya era de día. La luz entraba con fuerza por la ventana.

—¡Mierda, ¿qué horas es?!

—Ocho y media, ya traerán el desayuno —comentó cerrando la puerta—, pedí para los dos.

—¡Eren! —Giró con desesperación. Cielo Santo, le había dicho "enseguida vuelvo" el día anterior— ¿Podemos dejarlo para otro momento? —Supuso que no tenía sentido preguntarlo. Se percató en la mirada, ahora adusta del hombre, que primero debía cumplir con su deber ciudadano.

—Toma asiento.

Eso hizo y casi en el acto un oficial uniformado les trajo una bandeja con unas tazas hechas de un material que a Rivaille le pareció de lo más extraño. Tomó el contenido con vacilación, pero comió la masa llamada medialuna con más libertad y genuina hambre.

—¿Te llevaron la cena ayer?

—No. —Se limpió la boca con el trozo de papel que había allí y miró a la copia de Irvin, una parte de él todavía deseaba que fuera su Irvin—. Dime la verdad, eres tú, pero no puedes decírmelo.

Smith estalló en carcajadas de nuevo.

—Te juro que no soy ese tal Irvin del que hablas. —Le mostró su credencial como si eso pudiera convencer a Rivaille, un insulso trozo de ¿papel? Ni sabía lo qué era eso.

—Tienes las mismas muecas —le señaló la cara con escepticismo—, cuando te ríes, se te forman los hoyuelos, pero el izquierdo es más pronunciado…

—¿Quién era? Digo, ese hombre… ¿tu hermano?

—No —perdió la mirada, meditando al respecto—, solo un… amigo.

—Oh —murmuró arrastrando la vocal, de la misma manera en la que solía hacerlo Irvin.

—Hasta hablas igual que él, mierda…

Trató de no insistir con ello, sabía que la posibilidad de que Irvin estuviera vivo era nula, a excepción de que le hubiera pasado algo similar. Si Connie había sobrevivido de alguna manera, fuera escapando en medio de la batalla o consiguiendo ayuda, no perdía las esperanzas.

—Dime tu nombre completo.

—Rivaille —respondió tomando un sorbo de café para pasar la medialuna. El hombre tecleó en una "cosa" muy similar a la que usaba el anciano de la biblioteca.

—¿Apellido?

—No tengo.

—¿En serio? —Arqueó las cejas, incrédulo— ¿De dónde vienes?

—Pues… del interior, del pueblo… del Amazonas.

—Muy chistoso, vienes de muchos lugares al mismo tiempo —la carcajada se le escapó, pero notó en la mirada del muchacho menudo que no le mentía—, dame tu dedo.

Sacó un aparato alargado y conectado por un cable. Rivaille cedió la mano con honda desconfianza. Cuando el dedo entró en él dio un respingo en la silla tratando de quitar el brazo.

—¿Qué mierda?

—Tranquilo, no hace daño. ¿Nunca te tomaron los datos de esta forma? —Eso era extraño, no existía nadie que fuera desconocedor de un identificador, eran tan comunes.

—Te digo que vengo del interior.

—Te creo —aseguró cuando en la pantalla no surgió ningún dato. Giró el plasma señalándolo—. No figuras en la base de datos. Eso es… francamente atípico. Supongo que tampoco tendrás credencial.

—¿Qué es eso? ¿Algún tipo de documento actual?

—Sí —asintió dándose cuenta que ese sujeto no tenía ninguna necesidad de mentirle al respecto—, no tienes apellido, ni cédula o credencial. Tampoco figuras en la base de datos. Incluso cuando alguien ha perdido su documentación figura, por lo menos tiene partida de nacimiento… —caviló con cierta incredulidad—; ¿viviste toda tu vida en la selva?

—Algo así… sí.

—Bien, eso lo explicaría, sin embargo no conozco la razón por la que hablas tan bien nuestro idioma…

—Vine en un barco hace un par de días. No conozco nada de la ciudad, todo es extraño… es como un sueño. Lo que a la gente le parece común o normal, para mí es de otra… época —guardó silencio poco a poco, mirando a través de la ventana—. Hablé demasiado, ¿no?

Smith torció una sonrisa de lástima. Le daba pena ver a un cachorro tan perdido en la inmensa ciudad.

—Fue admirable lo que hiciste ayer.

—¿Qué, eso del ladrón? —Volvió a mirarlo con apatía.

—Vimos por las cámaras cómo te movías por los techos y la ciudad. Si te soy sincero nunca vi a nadie tan ágil —reiteró, siendo particularmente insistente en ese tema.

—Lo sé. —No hubo jactancia en sus palabras, estaba acostumbrado a ello, a que incluso Irvin lo resaltara.

—Ibas a quedarte con esa bolsa, ¿verdad? —Lo miró con una sonrisa cómplice—. No te preocupes, fui discreto al respecto, además no se te puede acusar por algo que no llegaste a hacer.

—Solo vi la oportunidad, no tuve ninguna intención de ayudarlos.

Smith volvió a mirar la pantalla para rellenar algunos datos. Le gustaba que el hombre fuera tan honesto.

—¿Tienes dirección del lugar donde estás viviendo actualmente?

—No —negó incluso con la cabeza—, de hecho no tengo ningún lugar, alquilé una habitación de un hotel por esta noche, pero…

—Entiendo, ¿y dónde vas a ir?

Rivaille alzó los hombros. A Smith le tomó unos segundos tomar la decisión.

—¿Qué?

—Nada, pensaba —reveló el hombre a medias—, supongo que si llegaste hace un par de días estarás buscando empleo.

—Pues…

—¿O pensabas dedicarte a robar? —Lo miró de la misma manera recriminatoria como solía hacerlo Irvin cuando hacía algo indebido.

—¿Qué propones? —Le clavó los ojos, escrupulosos.

—¿Eres bueno en algo además de frustrar robos?

"Matando titanes" pensó, pero sabía que eso podía no ser una profesión en la actualidad.

—Supongo que… —su mirada se desvió un ínfimo segundo a la mesa— ¿limpiando?

—Genial, necesitamos personal de limpieza. ¿Te parece bien?

—¿Me estás ofreciendo empleo? —alzó una ceja, descreído.

—Necesitas una cédula de identidad —asintió—, ¿cuál es tu fecha de nacimiento?

—Mierda, haces preguntas muy complicadas —dijo con energía y el hombre volvió a reír.

—¿En qué año naciste?

—Es difícil precisarlo… digamos que tengo unos veintiocho o veintinueve años.

—Recién nombras a un tal Eren, supongo que él tampoco tendrá cédula.

—Pero él sí tiene apellido —comentó con ligera emoción—, Jaeger.

—Tendrán que ir los dos a un registro civil para que les hagan una foto, pero yo me encargaré de llenar los datos desde aquí para agilizar todo. Bien, necesito fecha de los dos.

—No sé, hombre… ya te dije, preguntas cosas complicadas —se quejó—. Eren tendrá unos quince o dieciséis años, quizás ya diecisiete, pero se comporta como un chico de doce por momentos.

—Bien —reiteró, perturbando al hombre sentado frente a él pues Irvin también tenía la costumbre de decir "bien" cuando trabajaba con seriedad en los mapas o en alguna estrategia—, ¿fecha de cumpleaños?, estamos en el 2114…

—Yo nací el 25 de diciembre.

—¿Y el chico?

—Pues… era en mayo, no me acuerdo el día —Trató de hacer memoria—. No, el treinta de marzo.

—¿Estás seguro? Puedo dejarlo en blanco y que después él mismo lo llene.

—Mejor, aunque estoy seguro —asintió llevándose una mano a la frente—, no podría olvidarme de la fecha… tuve la borrachera más vergonzosa de mi vida.

Episodio del que todos fueron ajenos a excepción de Irvin, quien lo había encontrado durmiendo entre los caballos sobre un gran charco de agua y desnudo porque, según en palabras propias, tenía mucho calor.

Smith guardó silencio mientras hacía los cálculos. Oficialmente Rivaille tenía veintinueve años y el chiquillo que lo acompañaba tan solo dieciséis.

—Podrías haberme quitado un año —se quejó.

—Es una buena edad, el hombre comienza con una etapa de plenitud.

—Idioteces —masculló—, ¿puedo irme ya?

—¿Tan desesperado estás por verlo? —terció con cuidado, no con el suficiente—. ¿Temes que se escape?

—Es que lo dejé solo, debe estar preocupado pensando que estoy muerto o preso.

—¿Qué es tuyo? ¿Familia o… amante?

Rivaille ya no se espantó por ese último mote, solo lo había hecho ante la mujer regordeta porque Eren estaba presente.

—Él es… —Meditó la respuesta, ¿qué podía decir? No eran amigos precisamente, pero tampoco familia, ni mucho menos superior y subordinado en el presente— No sé qué mierda somos. No me gustan las etiquetas.

—Pero por lo que veo es alguien importante para ti.

—Estamos juntos desde hace mucho tiempo.

—Bueno, él tiene dieciséis años así que mucho tiempo le queda grande.

—Desde que nació; ya no jodas, si terminaste quiero irme. —Se puso de pie.

—¿Vendrás mañana a trabajar?

—¿Mañana empiezo?

Smith asintió; antes de que el muchacho se fuera le miró las pintas, la ropa parecía estar gastada y percudida, aunque lucía limpio. Suponía que no tenía en absoluto nada para cambiarse si ni siquiera tenía un lugar donde vivir. No tenía ninguna obligación de ayudarlo, pero no quería ver tanto talento desperdiciarse en una ciudad especialista en arruinar a las mejores personas.

—¿Tienes un lugar donde vivir?

—No, ya te dije…

—Ven después del mediodía, te dejaré una llave en recepción con una dirección. Yo no estaré.

—¿Me estás dando una casa? —Alzó las cejas, muy escéptico. Sabía que nadie daba una mano sin esperar algo a cambio, pero que existían personas así a las cuales él en un pasado había juzgado de imbéciles. Al menos hasta que conoció a Eren.

—No, te la alquilaré —aclaró—, era de mi hermana, está prácticamente vacía y casi no hay nada. De hecho necesita algo de mantención porque es una casa un poco vieja.

—Perfecto.

—Solo tengo una condición.

Rivaille suspiró y soltó el picaporte cerrando la puerta para encarar al sujeto sin rodeos.

—¿Vas a pedirme algo medio pervertido?

—No —volvió a reír—, tan solo que antes de venir a buscar las llaves tengan la cédula de identidad los dos. Entiéndeme: no te conozco, y esa cédula sería lo único que me daría cierta seguridad.

En otras palabras podría llegar a rastrearlo y a encontrarlo. Una vez que estuvieran en la base de datos, no sería posible salir del Viejo Mundo sin que la policía estuviera al tanto de todos sus movimientos.

Cuando Rivaille salió de la jefatura no tardó en volver a la misma. ¿En dónde demonios estaba y cómo hacía para llegar al centro de la ciudad? Smith le pidió a un patrullero que estaba por salir a hacer la ronda diaria que lo dejara allí. Estaban algo lejos de la plaza principal.

—¿Cómo era que te llamabas? —preguntó Rivaille a través de la ventanilla.

—Frank.

—Gracias por todo, Frank.

El coche arrancó y sumido en un silencio introspectivo, Rivaille analizó todo lo ocurrido mientras observaba al chofer conducir ese carro de metal. Encendió una radio que le llevó a hacerse hacia atrás cuando una música ruidosa empezó a sonar.

—¿Te gusta Rage Against the Machine?

Rivaille no supo qué responder, giró la cabeza para mirar por la ventanilla. El hombre de tez muy morena no volvió a hablarle hasta que llegaron a una plaza. Allí estaban esos chicos de la edad de Eren con peinados extravagantes.

Las cuadras hasta el hotel las hizo corriendo, pero cuando llegó e intentó subir las escaleras la mujer regordeta lo frenó.

—¡Espera, espera, espera! ¿Adónde vas? El chico ya entregó la llave, si quieres una habitación, primero paga.

—¿Adónde se fue? —Bajó el único peldaño que había subido y encaró a la mujer— ¿Dijo algo?

—No, solo dejó la llave sobre el mostrador y se fue. —Le dedicó una mirada de desprecio—. Debería darte vergüenza, arruinar así la vida de un jovencito, agradece que no te hiciera la denuncia, ¡pervertido! —le alcanzó a gritar, pero Rivaille no estaba para perder el tiempo.

Corrió las cuadras que había hecho para llegar de vuelta a la plaza y atravesarla. En las escaleras de la biblioteca no había nadie, así que volvió sobre sus pasos para ir hasta la cafetería. Vio a Rose atendiendo una mesa, esperó a que se desocupara y por la ventana abierta le habló.

—Ey…

—¡Sargento! ¿Cómo anda? —lo saludó con alegría.

—¿Viste a Eren, el chico que estaba conmigo ayer?

—No, no pasó por aquí —vio la expresión del hombre, se lo notaba afligido y por eso trató de ayudarlo—, pero si lo veo, ¿quieres que le diga algo?

—No, está bien. Él sabe dónde puede encontrarme.

Antes de volver a la biblioteca recorrió el puente, pero Chelo no estaba allí como para preguntarle por Eren. La amarga sensación de haberlo perdido de vista era inquietante, nunca antes le había pesado de esa manera la soledad. Se daba cuenta de lo muy mal acostumbrado que estaba a la idea de tener a Eren siempre a su lado.

¿Dónde estaba? ¿Cómo buscarlo en una ciudad tan inmensa?


Oh, sí… es muy sospechoso cómo se le solucionaron todos los dramas a Rivaille en un mero capítulo (yo también quiero un Frank Smith en mi vida XD). Le comentaba a Genesis Walker en su fic "Selva de concreto" (inspirado en este fic) que la razón de hace Resurrección partió, en realidad, porque quería jugar con los elementos modernos y hacer un Eren/Levi, el tema es que los Universos Alternos no me gustan mucho (porque si entro a leer un fic de SNK, espero encontrar todo lo que hace a SNK). Así que se podría decir que fue la única manera que encontré para hacer un AU sin hacer un AU XD No obstante la historia va más allá de mi vil propósito, porque cuando me senté a escribirlo tenía muy en claro el final que quería. Es todo, muchas gracias por leer :=) Si me falta responder comentarios, ahora me pongo con ello, pero quería actualizar antes de que se corte la luz porque la tormenta amenaza con barrer titanes.