Con toda la fuerza de voluntad que pudo reunir, se alejo del moreno para no herirlo. La situación era peligrosa, ella estaba herida y necesitaba sangre, y Shouji estaba herido y su sangre no dejaba de perfumar el ambiente a su alrededor, atrayéndola, tentándola a algo que podría terminar en una tragedia. Necesitaba sangre, pero antes que volver a herirlo, prefería su misma... muerte. Se alejó de un salto hacia la puerta de metal e intentó abrirla, pero esta parecía tan pesada y lo único que conseguía era que diera un pequeño chirrido.
-La cerraron por fuera- comentó Shouji, moviendo sus manos y moviendo las cadenas que lo mantenían apresado. Natsumi observo los grilletes y luego la mesa –"Tenía que haber algo que pudiera hacer para soltarlo"- Caminó a grades zancadas hasta la mesa y los estantes y reviso su contenido, pero nada de lo que había ahí le ayudaba. Se giró bruscamente y sintió el dolor en su cuello que fue disminuyendo lentamente. Se estaba recuperando pero iba a necesitar sangre una vez que saliera de ese lugar, y obviamente iba a ir por la que inicialmente le pertenecía. –Sentí el olor a quemado, a humo- le comentó el moreno, para captar su atención. Natsumi asintió; sabía lo que pasaba afuera, el fuego consumiría toda la casona y con ella a los que estaban adentro, lo mejor sería quedarse en ese lugar que si bien estaba repulsivo, sus muros rocosos y la puerta de metal los protegería de las llamas. Giró su vista sobre la herida del moreno y caminó hacía él mientras rompía una manga de su blusa.
-Lo mejor será que nos quedemos en este lugar; es el más seguro ¿Puedes aguantar con esta herida?- comenzó a vendar la herida, pero el olor hizo retroceder un par de veces.
-Por supuesto. Si tu puedes aguantar sin morderme, de seguro esto no será un problema- sonrió tiernamente, lo que ha Natsumi le sacó una mirada reprobatoria, pero de alguna manera la calmó. Delineó una sonrisa, la que lentamente se transformo en una risa a carcajadas.
-¿Cómo puedes hablar de esa manera?- preguntó entre carcajadas. -¿No te das cuenta de la situación en la que estamos?-
-Sí, lo sé; por lo mismo te lo digo, la herida no es profunda, he tenido peores- Natsumi se sentó a su lado y se quedo mirándolo, ya más tranquila.
-De seguro, cuando Michael y los otros vean que el fuego ha disminuido vendrán por nosotros; ahí podre llevarte a un hospital-
-La última vez que estuvimos en un hospital, me abandonaste: ¿Harás lo mismo esta vez?-
-No- apoyó las palmas de sus manos en el piso, sobre un objeto largo y delgado. Lo afirmó en sus manos y lo observo; era su broche, cubierto por la sangre del moreno.
-Eso serviría- comentó Shouji, al ver la parte delgada del broche, que fácilmente cabria dentro del orificio de los grilletes. Natsumi asintió.
IN THE DARK
Capitulo 11
Esperando en las sombras
-"Toda mi vida, toda mi vida he esperado por este momento, por el momento de verte sonreír a su lado, el momento en que me muestres una sonrisa sincera desde el fondo de tu corazón y me digas tus verdaderos sentimientos, Natsumi"- el chico rubio se detuvo frente a la casa en llamas, frente a lo que quedaba, mientras que los bomberos intentaban apaciguar el fuego.
-¡Michael!- Kinoshita se acercó a él, con su mirada fija en la casa. –Estaba adentro-
-¿Natsumi?- preguntó sorprendido.
-Sí, estaba ahí, dentro de la casa… y… Shouji estaba con ella-
-Vi a Sho alejarse de aquí, no creo que vaya muy lejos- comentó el rubio, pero ni siquiera aparto la vista de las llamas -No sé qué es lo que planea ese maldito, pero lo matare. Lo juro- observo a los bomberos que se movían ágilmente intentando calmar el fuego.
-Michael…- Kinoshita lo detuvo antes de que él fuera por el pequeño traidor Tokaurin –Otra cosa más-
-¿Otra? ¿Qué paso?-
-No solo Natsumi estaba adentro, más de la mitad del clan que nos apoyaba… incluida Tryce-
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Sentía las horas pasar lentamente; Shouji respiraba (lo que era un gran alivio) pero temía por esa herida y por su comportamiento si las cosas llegaban a empeorar. Él estaba tranquilo, en silencio y con los ojos cerrados, mientras que ella descansaba en su pecho con su broche en la mano. Los grilletes ya no aprisionaban las muñecas del moreno, porque el mismo broche que él le había regalado una vez, hace cerca de doscientos años, ahora había ayudado para liberarlo. Shouji se movió y la tela blanca, de la venda improvisada, se mancho con sangre.
-No debes- murmuró ella.
-Lo sé- la interrumpió él. –Sabes… ahora que me doy cuenta- le tomó la mano -Nunca te he dicho lo feliz que fui a tu lado-
-No me gusta como suenas, pareces que te estás… despidiendo- comenzó ella, pero él sonrió y apretó la mano de la chica.
-Te amo, Natsumi- acarició su mano.
-Yo igual te amo, Shouji- le respondió y se acomodó sobre su pecho, mientras lo abrazaba y cerraba los ojos.
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De una sola patada hizo que la puerta metálica (que protegía la entrada del sótano) cayera al piso, lo que dejo al descubierto a la pareja que se hallaba abrazada en uno de los rincones. Con un solo movimiento llegó hasta los dos chicos y tocó el cuello del hombre para sentir su pulso.
-¿Cómo esta?- le preguntó la mujer que lo seguía de cerca.
-Está bien- respondió la mujer que se hallaba recostada sobre el moreno. Natsumi abrió los ojos y observo a Michael que estaba frente a ella –Está vivo, pero débil. No he podido moverlo por temor a que su herida empeore- Natsumi se levanto y con la ayuda de Kinoshita pusieron a Shouji en la espalda del rubio. ¿Puedes llevarlo a un centro hospitalario?-
-No te preocupes; yo me encargo de él-dijo el rubio, con voz acelerada para posteriormente desaparecer de la vista de las dos mujeres. Natsumi afirmó con fuerza el broche que mantenía en su mano y giró a mirar a la mujer.
-Es hora de que nosotras también nos movamos- le dijo a Kinoshita.
-Sí- las dos subieron la escalera hasta llegar a lo que sería la cocina, pero Natsumi se quedo atónita en ese lugar. Ya no había cocina, ni siquiera había casa, todo lo que quedaban eran escombros de lo que una vez había sido la casa que Shouji le regalo. –Lo lamento-
-No. está bien-intentó que su voz no se quebrara, despues de tantos años esa casa había sido su refugio, su caja de recuerdos con su gran amor y ahora solo era un montón de cenizas que se mezclaban con los cuerpos apenas legibles de sus subordinados.
Hombres con trajes rojos se movían de un lado a otro con mangueras, intentando apagar lo que quedaba de las llamas.
-Señorita…- un bombero se acercó a ella y la tomó del brazo, para luego taparla con una manta. –Venga por aquí, la ambulancia la llevara a un hospital-
-No se preocupe, estoy bien- le dijo Natsumi.
-Quizás… necesites alimentarte, Natsumi- susurró Kinoshita a lo que él joven no alcanzo a escuchar.
-Puede que tengas razón- aceptó la ayuda del simpático y atractivo hombre; él era alto, rubio, de ojos almendras, perfecto para su desayuno. Sonrió y lo tomó de la mano, mientras lo miraba fijamente a los ojos, lo que le ocasionó una cierto nerviosismo al bombero. –Puedo saber ¿Cuál es su nombre?-
-Sí, claro, soy Kaede… ¿Por qué lo pregunta?-
-Porque me gusta recordar… a los hombres como usted- cortó el espacio que los separaba y se apoderó de su boca, mientras los ojos comenzaban a brillar con un tono carmesí. El rubio no pudo evitar el contacto visual y lentamente sintió que las fuerzas se desvanecían y su cuerpo quedaba a merced de esa mujer.
Observo por última vez al hombre que descansaba sobre la camilla de la ambulancia y caminó hasta Kinoshita, pasando a través de la gente que se aglomeraba para ver lo que los bomberos hacían.
-¿Haz terminado?- preguntó Kaoruko acercándose a ella.
-Sí, lo único que me falta ahora es atrapar a ese pequeño traidor- se limpió la sangre que le quedaba en el labio y juntas comenzaron a alejarse de ese lugar.
-¿Piensas asesinarlo cuando lo encuentres?-
-Es lo mínimo que voy a hacerle- en su voz se alcanzo a distinguir el tono molesto.
-¿Estás segura?- preguntó Kinoshita al verla tan molesta.
-No. no le hare más daño, no a Sho. Pero eso va para los demás traidores. De todo lo que ha pasado, no puedo guardarle rencor a Sho, por eso le daré el privilegio de matarlo rápidamente-
-Si a eso se llama privilegio-
-Kaoruko ¿Cuántos de los nuestros murieron?-
-Realmente, no lo sé, pero la única que queda con vida es Yuka-
-¿Qué le sucedió a Tryce?-
-Aun no sabemos nada de ella, no estamos seguros si estaba o no en la casa- contesto la mujer. Natsumi se detuvo y la miró seriamente.
-¿Y Michael?-
-Michael, no la sintió dentro de la mansión, por lo que esperamos que Sho la haya llevado con él; si es así, Yuka se encargara de cuidarla-
-Esto realmente se ha salido de mis manos-
-¿Piensas pedir ayuda?-
-No. solucionaremos esto nosotros solos, no quiero involucrar a los demás grupos, pero si quiero alertarlos. Vamos a la casa de Shouji, hay algo ahí que necesito en este momento-.
Abrió los ojos y observo al rubio que se hallaba a su lado. Se levantó, pero la enfermera lo detuvo y le sonrió.
-No se mueva, no queremos que la herida se habrá-
-No puedo quedarme aquí-
-No te preocupes- le dijo el rubio, mientras le sonreía naturalmente. –Ya todos están bien-
-¿Y ella?-
-Ya debe estar como nueva. Tu sabes cómo somos nosotros- Michael giró su vista hacia la enfermera –señorita ¿Cuándo le darán el alta?-
-Aun tenemos que chequearlo. Creo que entre hoy y mañana- la mujer observo el expediente.
-Puedo irme, no hay problema con eso- comentó Shouji a su rubio compañero, pero él frunció el ceño y negó con la cabeza.
-No, no puedes. Lo único que haces es causarnos molestias. Enviare a Kinoshita a que te cuide de Sho, si es que se le ocurriera venir. ¡Maldición! No puedo ir por ella- su tono asustó a la enfermera que dio un pequeño salto y lo miro sin decir nada –Porque no puedo dejarte solo.
-Pu-puedo cuidarme en este momento, si me das un arma-
-¡Eres imbécil, se lo prometí a Natsumi, que nada malo te ocurriría! No puedo dejarte solo, no en un lugar como este-
-¿Y qué harás, Entonces?
-Tendré que quedarme aquí a cuidarte ¿Qué más puedo hacer?- se apoyó en el respaldo de la silla, cruzó los brazos y observo molesto todo lo que había en esa habitación.
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Las dos subieron la escalera hasta el último piso de la casa. Shouji nunca se había enterado, pero esa casa también guardaba secretos de ellos, de Shouji y Natsumi, de los que había sido. Llegó hasta el ático y sintió la cálida presencia del objeto que lentamente la llamaba. Delineó con sus dedos el objeto largo frente a ella y sonrió.
-Después de tantos años, nos volvemos a reunir Soubi-
-¿Natsumi?- Kinoshita la miró sorprendida y confundida -¿Esa espada…?-
-No te agrada…- dijo embelesada -su nombre es Soubi, significa belleza magnifica, y se lo coloco Shouji cuando la uso para matar al hombre que me convirtió en vampiro-
Continuara…
