Disclaimer: Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.
Advertencias:
Lenguaje Soez. Lemon. Mucho, bastante, excesivo fluff.
Soundtrack Recomendado:
Fire In The Water.- Feist.
My Love.- Sia
#PrayForSurveyCorps
Luego de haber dormido durante horas, Eren y yo cenamos en compañía de su madre, de Carla, quién no paró de contarnos fabulosas historias de cuándo ella vivió en Grecia.—Era hermoso. Maravilloso, despertar y cada mañana oler el mar, escucharlo, verlo delante de mí tan azul...—Sonrió.—Un día, espero que para eso no falte mucho, quiero que Eren te lleve ahí. Es un lugar especial.—Me miró con sus grandes ojos dorados.—Para alguien especial.
Eren enrojeció, sonrió y me tomó la mano emocionado, cómo un adorable niño pequeño, guarro y de casi dos metros.—Cuándo sean las vacaciones de Verano…
-Yo opinaría que fuese antes, querido.—Le guiñó el ojo.—Durante el Verano está lleno a reventar. Aunque, pueden quedarse dónde mi madre. De todas maneras ella se la vive en el muelle.—Alzó las cejas.—Podréis visitar también nuestra playa secreta…
A Eren le brillaron los ojos al escuchar eso.—Esa es una idea jodidamente genial.—Me miró.—¡Será fantástico! ¡Ahí no habrá turistas molestos por todos lados!
Reí.—¿Playa secreta?
-Es un pequeño lugar que se encuentra entre los muros de un acantilado. Arena blanca, agua turquesa y privacidad.—Rodó los ojos.—La gente no lo frecuenta porque piensa que la roca se deslava, pero son estupideces. Ahí solíamos ir Eren y yo cuándo era un niño. Le decía que era nuestra pequeña playa secreta…
Me sentí especial por tener el privilegio de escuchar todo eso. Por escuchar a Eren y a Carla hablar de un lugar tan intimo delante mío. Por ser invitado a un lugar que sonaba al paraíso...—No dudaré en ir.—Sonreí.—Sólo he ido una ocasión al mar, sería genial regresar.
-Y más sí este mar es un mar greco.—Confió Carla.—Ahí hasta el agua e besa…
-Mamá, eso sonó bastante mal.
Carla bufó.—Me lo dice el que habla de pollas, pollas y pollas casi todo el tiempo.—Sonrió maliciosa.—Sobre todo de la bonita polla de…
-¡Calla!—Eren enrojeció hasta la médula.—Rayos, terminé. Vámonos Levi, vayamos a…
-¡Aún es demasiado pequeño, mocoso!
-¡Oh, cierra la boca!
Me guió presuroso escaleras arriba. Se había puesto nervioso y agitado y sonrojado y sonreí de ternura al verlo.—¿Mi polla te parece bonita?
Enrojeció aún más.—To-todo en ti me parece precioso.
-¿Incluso mi polla?—Reí.
-Sobre todo tu polla.
Lo tomé por la nuca, haciendo que se agachara hasta mi altura (joder, el desgraciado era un animalote) para besarlo tiernamente—A mí también me gusta todo de ti. Sobre todo tu bonita polla…
Él se estremeció, me rodeó con sus brazos y me apegó al muro.—A veces pienso que lo haces sólo para enloquecerme…
-¿Qué?
-Hablar así.—Dijo, con los ojos oscurecidos, deseosos.—Tengo que hacer un enorme esfuerzo para contenerme…
Recorrí con mi lengua su mentón, delineando ese marcado hueso con lascivia.—¿Y quién te dijo que quería que te contuvieras?
Eren casi ruge. Me besa con demanda, me roba el aliento y me deja jadeante entre sus brazos.—I-Iré a…
-Sí, con… con mamá—Decimos agitados. Me suelta, pero cuándo estoy a punto de bajar las escaleras, rumbo a la cocina para ayudar a Carla a limpiar, Eren me llama.—Cuándo regreses…
-No tardaré mucho.—Prometo, ansioso.
-No lo hagas...
Bajo las escaleras con un calor increíble, imposible arremolinándose en mi pecho, y las mejillas me arden cuándo Carla Yaeger me sonríe, maliciosa.
-Tiene pinta de ser una noche agitada.—Susurra, burlona.—Gracias al cielo que Hannes tiene servicio hoy, así no protestará mucho.
Enrojezco aún más.
-Yo..
-Eres bueno para Eren, Levi.—Dice ella con una suave sonrisa. Su expresión se ha hecho gentil y me mira, agradecida.—Antes de ti… antes de ti era un chico perdido. Y ahora.—Ríe, feliz.—Ahora se preocupa por llegar temprano a clases, por hacer las tareas y por sacar buenas notas. No sale a fiestas de las que no sè si volverá en una pieza y ya no participa en esas malditas carreras clandestinas…
-¿Cómo?—Me estremecí de miedo al escucharla. ¿Carreras clandestinas? ¿Eren?
-Fueron años difíciles los que siguieron a lo de Grisha. Eren… Eren cometió muchísimos errores, entre ellos, participar en esas malditas carreras...
-¿Los demás…?
-Oh no, no todos no. Son chicos buenos con malos pasados, aferrados a ser felices. Tori se ha encargado de mostrarle el camino a Ymir, Bertholdt a Marco, Hitch a Marlo y tú...—Me acarició una mejilla, agradecida.—Tú trajiste a mi niño de vuelta. Y te lo agradezco cómo no tienes idea…
-Yo...—Me estremecí, más luego esa calidez que sólo Eren es capaz de provocar en mí, llenó mi pecho.—Yo lo amo.
Carla me sonríe con una dicha indescriptible. Su sonrisa es igual a la de Eren, sincera, luminosa, única y hermosa.—Eren es afortunado.
Niego con la cabeza.—No. Yo lo soy.
Mad First Love.
Capítulo XI
"Preludio"
No resultó nada complicado convencer a Papá Uri de que me dejase quedar con Eren luego de lo de Kuschel, así que cuándo colgó, me despedí de Carla y subí casi a volandas rumbo a la habitación de mi novio.
Cuándo cerré la puerta, y me recargué en ella, supe que fue adecuado hacerlo, pues casi me voy de espaldas al verlo.
Joder, estaba tan bello.
Estaba completamente desnudo, con su mano derecha acariciando su sexo y me miraba con esos ojos llameantes que tanto me desarmaban. Sentí mi rostro arder, mi boca llenarse de saliva y mis rodillas temblar. ¿Lo haríamos? ¿De verdad, finalmente lo...?
No lo sabía. No sabía nada en esos instantes, sólo lo mucho que quería que siguiese brindándome ese espectáculo. Una maldita oda a la sexualidad sin ninguna duda, pues su rostro, hermosos hasta lo imposible se crispó cuándo el orgasmo le dejó en el borde. Sujetándose la base de su polla, Eren lo retuvo y me sonrió.—¿Asustado, Ackerman?(1)
Jadeé.—Ya quisieras, Yaeger.
No supe cómo fui llevado al lecho, sólo supe que estaba en él, y me aferraba nerviosamente a las sábanas luego e haber quedado a horcajadas sobre Eren y su maldito y condenado y sensual cuerpo desnudo. Estaba ya en bóxer y con un suave movimiento de cadera, pude notar la dureza de su sexo frotarse contra el mío. Gemí, rodeé su rostro con mis manos y comencé a moverme. Eren gruñía, maldecía y sujetaba mi cadera, y sabía que aquello quizás era muy aprisionado, pero joder, ¿han sentido su cuerpo arder? Es imposible resistirse. Es imposible no querer más, no desear sentir ese placer de nuevo, y ahí estaba yo, montándome a mi novio cómo si no hubiese mañana.
Tenía miedo, obviamente. Estaba que me cagaba del miedo, pero también estaba que me moría del deseo, y de eso a seguir temiendo, mil veces prefería lo que fuese que Eren tenía que ofrecerme. El placer era absoluto, embargador, y con rudeza moví mis caderas sobre su sexo, desesperado por culminar, desesperado por correrme, anhelante de seguir sintiendo más.
-Así, así, oh, Eren así...—Sabía lo mucho que le ponía que hablase durante el sexo, y sin poder evitarlo lo hice, rogándole por más suplicándole por más, mientras los dos nos movíamos desesperados sobre la cama.
Correrme así de fruncido contra él, fue la gloria. Su abdomen marcado, sus brazos gruesos rodeándome, su polla liberada contra mí…
Cuándo cayó sobre mí, no pude evitar sentir de nuevo miedo. Inseguridad. El recuerdo de Petra sin embargo, se había desvanecido gracias a todo lo que Eren prodigaba en mi cuerpo. Me recostó con cuidado sobre las sábanas y me miró, agotado, feliz y revuelto, casi tanto cómo yo.—Hoy…
Sabía lo que diría. La expectativa me hizo sonreír.—Sí, hoy. Hazlo.
-Quiero que estés seguro. Que lo desees tanto cómo yo.—Me besó con ternura.—Quiero acariciar cada parte de tu cuerpo, sostener tu corazón y desaparecer todos tus miedos.—Le abracé.—Hazlo. Hazlo, hazlo, Eren.—Sus ojos se encontraron con los míos. Ojos verdes, relucientes, con un brillo aún inocente resplandeciendo. Tan hermoso, tan perfecto… Tan Eren. Sonreí, rodeé sus caderas con mis piernas y solté un suspiro.—Hazlo. Estoy seguro, también te deseo. También yo te quiero. Te deseo dentro de mí esta noche. Quiero sentirte más cerca que nunca, joder, fóllame…
Él gruñó.—No.—Dijo, besándome el rostro.—Ésta noche te haré el amor, Levi.
Fue cómo un rugido, un poderoso acto de posesión aquella frase, y eso me hizo estremecer. Sí, estaba seguro. No podía adivinar qué sucedería luego del amanecer, sólo lo mucho que atesoraría ese momento. Reí, medio avergonzado. Estaba comportándome cómo una virgen adolescente. Reí más cuándo me di cuenta de que eso era, precisamente.
Sólo que un poco más guarro y menos idiota.
Eren besó, succionó y excitó cada parte de mí, con dedicación y devoción. Me recorrió con delicadeza, me hizo gemir con insistencia, me sostuvo contra su cuerpo y vagó por el mío con curiosidad. Estaba avergonzado, sin embargo, sentirme tan abierto, tan a su merced fue algo embriagador. Me gustaba esa sensación, me enloquecía, me hacía hinchar de deseo y rogar por más, aferrado a las sábanas blancas de su cama.
-E-Eren.—Gimoteé yo, apunto ya de alcanzar de nuevo el orgasmo.—¡E-Eren, mgh! ¡P-Para, me… me…!—Me vine con un agudo grito, quedándome a ciegas dentro de mi propio cuerpo, mientras Eren se bebía todo lo que yo había expulsado casi con gula. Debía de ser pecado hacer eso, debía ser todo él un pecado, pues estaba fuera de la comprensión todo eso que con sólo mirarlo, provocaba dentro de mí.
Cuándo su cuerpo, fibroso, perfecto, sudado y moreno se colocó entre mis piernas, suspiré. Acaricié su rostro con ternura y besé con dulzura cada parte de su cuerpo que logré alcanzar desde su posición.—Mi amor.—Lo dije casi con desespero.—Mi amor, mi amor, mi amor…
Eren me sonrió y con suavidad recorrió mi pecho con su lengua, descendiendo de nuevo, haciéndome temblar.—Voy a abrirte.—Dijo con voz ronca, alzando una mano para solicitar con muda suplica que lo hiciera yo mismo. Introdujo sus dedos en mi boca y jugueteé con mi lengua en torno a ellos, haciéndole gruñir de pura expectación. Eren rugió cómo un león cuándo comencé a succionarlos y me empujó con suavidad de vuelta al lecho, haciendo que sus dedos se hicieran lugar en mi interior cómo aquella primera noche del Año Nuevo.
La sorpresa fue sustituida por un placer indescriptible al encontrar él ese punto sensible en mi interior, del que abusó sin misericordia.—A-Ahí, oh, así, ahí, E-Eren.. ¡Ngh! ¡Ahí!
No se detuvo hasta hacerme llegar al borde, para volver a ascender hasta mi rostro y besarme con soltura. Su lengua, su saliva, su aliento, todo estaba encima de mí. Todo estaba cubriéndome, llenándome.
-Mírame.—Dijo Eren. Y lo miré. Lo sentí, grueso, duro, ardiente. Sollocé de dolor cuándo la cabeza de su sexo se abrió paso y me aferré a sus hombros. No quise cerrar los ojos, luché para no tener que hacerlo. Lo quería mirar, mirar a todas ahorras. Lo quería mirar mientras dormía, cada vez que me sonreía. Lo quería mirar mientras se enterraba muy hondo en mi interior. Lo quería, joder que lo quería...—¡AH!
Un ligero movimiento con su pelvis me hizo casi gritar. Mordí mis labios y luché por aferrarme a su cuerpo. Era grande. Me estaba desgarrando y sin embargo, el adictivo dolor que me infligía sólo me hacía abrazarme más a ese único camino que frente a mí se formaba. Lo quería. Quería que lo hiciera, quería que tomase todo de mí. Destrúyelo todo, ármalo de nuevo, ámame, quise decir yo, sin aliento, con los ojos llenos de lágrimas, mientras Eren se metía hasta mí alma misma y me hacía ver lo que sus hermosos ojos verdes decían sin palabras audibles. Le sonreí, dolorido, cuándo su pelvis chocó contra mi culo. Estaba dentro.
Estaba dentro de mí. Tan profundo, tan fundido, tan unido…
Eren estaba en mi interior, llenándome, embargándome. El conocimiento de eso me hizo estremecer. Se robó mi aliento con un beso apasionado, antes de removerse sobre mi cuerpo, aferrar mi mano y embestir.—Mgh...—Gimoteé.—D-Duele, Eren… ¡ngh!
Eren gruñó, se quedó quieto y me miró. Sonrió.
-Me detendré.—Susurró roncamente.—Me detendré...
-U-Un momento...—Pedí ahogadamente.—S-Sólo un mome- ¡mgh!
Fue un ligero roce, pero su polla provocó un punzante dolor en mi interior que me hizo estremecer. Recorrí sus costados gentilmente con mis manos, abrazándome a su calor, enfocándome en sentir la cercanía de su ser...—L-Levi...
Su voz ronca, gutural pronunciando mi nombre me hizo temblar de deseo.—Mu-Muévete… Hazlo, hazlo ahora… Tómame…
Y Eren lo hizo.
Sus embestidas eran lentas, pero no menos profundas. El sexo de mi novio hacía estragos, dolor y un innombrable placer me hacía enterrar los dedos en la cama, aferrar desesperado las sábanas. Dolía y a la vez se sentía tan bien que creía yo, que era un simple sueño.
Pero no. El sudor de Eren, su cuerpo rozando mis muslos, su verga enterrada en mi cuerpo, sus labios bebiéndose mi aliento. Moví mis caderas, desesperado, anhelando sentir más.—¡AH! ¡a-ahí, así!
Se sentía bien. Húmedo, duro, caliente. Pegajoso, enrojeciendo mi cuerpo, doblando mi ser para recibirlo, gimiendo su nombre, anhelando por más...
-Joder, Levi… ¿te gusta? ¿se siente bien, mi amor? ¿te gusta esto?—Una brusca embestida me hizo sollozar de placer. Oh sí, ahí, ahí Eren, por favor…
-¡Mgh! E-Eren, no p-puedo…
-Mi amor...—Dijo él, subiendo sus manos a través de mi cuerpo, rodeando mi polla, masturbándola con devoción.—Mi amor, mi amor, mi amor… ¡ah!
Eren me estaba partiendo a la mitad. Me dolía pero a la vez me hacía ansiar por más. Saboreé su sudor, lamí su esencia y me fundí con él, pidiéndole, suplicándole por más. No había pudor, temor ni prejuicio. No había nada más que puro, carnal y ardiente amor. Deseo, añoranza, anhelo…
Sólo eso. Sólo mi cuerpo recibiéndolo, sólo mi voz suplicando, sólo estaba yo, doblegándome al amor que tanto alteraba mi cordura y afinaba mis sentidos.
Su corazón, latiendo contra su pecho, su sabor inundando mi boca, su verga, haciendo estragos en mi cordura… todo él, todo Eren enloqueciéndome, matándome, haciéndome revivir sólo para asesinarme de nuevo a besos y a palabras tiernas susurradas con una voz ronca y animal.
Y de pronto…
De pronto el borde me alcanzó. Grité.—¡N-no pu-puedo m-más…! ¡AH! ¡E-Eren, yo…!
Lo hice.
Alcancé el orgasmo, muriéndome entre sus brazos amorosos, entre los estragos de su cuerpo, entre sus labios anhelantes.
Morí y volví a nacer sólo para recibirlo en mi interior, feroz, salvaje, imparable. Ardiente, desbordante. Lo sentí salir de mi cuerpo y bajar sinuoso por mis muslos.
Jadeé. Luché por obtener oxígeno. Lo miré.
Y cuándo lo miré, supe que era bueno. Que aquello que habíamos hecho estaba bien. Estaba correcto, porqué se sentía bien y porqué yo sentía, sabía a plenitud que era lo correcto. Mi Eren, pensé, maravillado de tenerlo aún en mi interior, tan perfectamente acoplado cómo si hubiésemos sido creados sólo para unirnos de esa manera. Mi Eren, mi Eren…
-Mi amor.—Suspiré con los labios fruncidos contra su mentón.
Eren sonrío. Me besó. Me abrazó.—Te amo—Dijo él.—Te amo. Por primera… no puedo decirte que te amo cómo nunca he amado a nadie, pues nunca antes lo había hecho. Te amo cómo sè que se ama a algo indispensable. Te amo cómo amo los amaneceres y los atardeceres. Cómo amo el olor salado del mar y el susurro de las olas. Te amo cómo amo tu voz, cómo adoro tus sonrisas, cómo me fascinan tus bonitos ojitos azules. Te amo cómo sólo puedo amar a mi precioso, a mi precioso Riv…
Le sonrío.
No digo las palabras. Pero Eren es un chico mestizo bastante avispado.
Sabe lo que grita mi cuerpo sin tener que pronunciar vocablo alguno. Sabe lo que anhela mi mente, lo que adora mi corazón.
Lo sabe.
Y sabe que todo lo que soy ahora es irremediablemente suyo.
Mientras lo abrazo, frunciéndolo contra mí, arrullándome con su calor pienso, que finalmente estoy a merced de alguien. Que alguien tiene en sus manos la llave para hacerme sentir dichoso, o muy por el contrario, destruirme, desolarme cómo nunca nadie lo habría de hacer.
Y sin embargo pensé, que sí ese era el precio por permitirme sentirme así de pleno, así de completo, así de feliz, era un precio que pagaría las veces que fuesen necesarias.
Era tan joven en aquel entonces.
Y estaba tan enamorado...
(…)
No quise dormir luego de que mi precioso chico cayese en brazos de Morfeo, pues deseaba verle dormir todo lo que restaba de la noche. Estaba inmensa, irrevocable, absoluta y embriagadoramente feliz. Sentía mi corazón latir emocionado, una sonrisa insistente que nunca abandonó mis labios y sobre todo, el sobrecogedor sentimiento que mi pecho experimentó luego de que yo fuese capaz de decirle lo mucho que lo amaba.
Me grabé su rostro dormido a fuego en mi memoria y tatué la sensación de su calor fruncido al mío en mi piel para nunca tener que vivir sin el precioso recuerdo de aquella primera noche. Nuestra primera noche…
¡Joder, estoy tan feliz!
Antes del amanecer, Levi despertó y me miró con sus grandes y luminosos ojos azules. Me sonrió instintivamente.—Hola.—Saludó, acariciando mi mejilla.
-Hola, mi amor…
Nos sonreímos cómo idiotas.
-¡Eren, iré a dónde Nara! ¡Procurad cerrad la puerta luego de salir!
Ambos nos miramos, emocionados.—¡Sí mamá!
-¡Y no dejes a Levi tan…!—Cerró la puerta y cerré los ojos, avergonzadísimo. Malvada mujer.
Levi rió.—Tu madre sí que es perceptiva.—Rodé los ojos.—Y que lo digas. Me ha atormentado eso durante más de diecisiete años.
Se apegó a mí, frunciendo su desnudo y precioso cuerpo contra el mío y me miró, batiendo inconscientemente esas pestañas que me enloquecían de una manera casi pecaminosa. Joder, mi pequeño amigo de veintitrés centímetros estaba comenzando...—Eren.—Me llamó, muy serio...
-¿Sí?
Parpadeó, mientras un adorable sonrojo subía a sus mejillas. Oh, Afrodita amada...—¿Po-podemos…?
Eso fue todo, escucharlo tartamudear, verlo así de nervioso, sentir su cuerpo comenzar a arder… No lo dejé terminar. Me metí entre sus piernas y luego de besarlo hasta quitarle todo el aliento, lo tuve con las piernas sobre mis hombros, gritando, gimiendo de placer mientras lo arremetía con dedicación. Su precioso rostro sonrojado, empapado en sudor, esa expresión suya, su cuerpo blanco ahora enrojecido…
-Joder...—Gruñí yo cuándo él se estrechó aún más de lo mucho que ya era y succionó mi verga con inmisericordia. Rugí, embestí y al final estuvimos ambos igual que ayer, agotados, sudorosos, sonrojados y absolutamente felices.
-Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, mientras la violencia se practica a plena luz del día.—Recitó Levi con el periódico en sus manos, mientras ambos desayunábamos en la barra de la cocina. Había convencido a mi precioso novio de que sólo se pusiese una de mis camisas, una celeste que le llegaba hasta medio muslo y que me provocó una indiscreta erección cuándo se la vi puesta, para que bajásemos a desayunar, antes de regresar a la cama.
-Eso lo dijo un tío que quería convencer a una tía de dejarse joder.—Él rió.—Lo dijo John Lennon.
-Bueno, lo dijo John Lennon para poderse tirar a una tía.—Rodó los ojos.—Suena bonito. Tiene un gran significado, nosotros también llegamos a escondernos…
Lo beso de inmediato.—Pero ya no más, ¿recuerdas? Joderé a quién se atreva a decir algo en contra.
Levi me sonrió.—Te quiero mucho.—Dijo de la nada.—Muchísimo…
Por unos momentos, temí. Una extraña sensación me hizo doblarme sobre él y colocar mi mentón en su hombro. Él rió, y me sujetó con gentileza, apegándome a su sedoso calor.—Eren...
-¿Sí?
-Yo...—Se escuchaba temeroso. Le envolví con mis brazos, le apegué contra mí. Le hice sentir que nada me haría soltarlo, nunca.—No quiero que esto acabe nunca, ¿sabes?
-Yo tampoco.—Respondí yo.—Nunca. Quiero… tengo…
-¿También la sientes, no?
-¿El qué?
-Esa horrible sensación de que todo esto...—Me acarició el antebrazo con dulzura.—De que todo desaparecerá, ¿cierto?
Lo estreché contra mí.
Sí. Desde luego de haber terminado con nuestro segundo asalto, lo comencé a sentir. Un horrible, un asqueroso temor que me hizo preguntarme que sería de mí si todo esto algún día acaba.—Nada me apartará de ti.—Le dije en un suave susurro. Él aferró mi cabeza contra su cuello y asintió.
-Eso me calma...—Sonrió. Me sonrió.—Eso me calma. Gracias.
-No tengas miedo. No debes tener miedo, nunca.—Dije, girándolo, mirándolo con fiereza.—Yo estaré ahí para ti, siempre. Termine o no lo nuestro.—Esas palabras nos hicieron temblar a ambos.—Nunca dejaré que nadie te lastime. Estaré ahí siempre, para sostenerte, para amarte. Lo... lo prometo.
Él me miró con dolor antes de sonreírme. De sonreírme de verdad. Estaba radiante ahí, rodeándome con sus piernas desnudas, recién levantado, precioso, único. Lo amaba con desesperación, y saber, conocer el hecho de que él tenía miedo...
Lo levanté, alzándolo entre mis brazos. Se sobresaltó.—¡Eren, bájame! ¡Te saldrá una hernia!
Reí, le di una poderosa palmada en su perfecto y jodidamente sensual trasero antes de encaminarme de nuevo a mi habitación.
-Una que valdrá la pena si es que logramos vencer a la cabecera de la cama.—Él rió, se calmo, y tan prono la puerta se cerró detrás de nosotros, se enredó contra mí, y me ayudó a formar de nuevo ese pequeño paraíso que era capaz de surgir en medio de nuestros cuerpos, gritando a todo pulmón el nombre del contrario.
(...)
Despertamos de nuevo a media tarde, con el sol entrando a raudales por la ventana e iluminando grácilmente la habitación. Me desperecé y lo volví a abrazar con fuerzas, ya que estando en Enero aún hacía muchísimo frío y su calor era indispensable para mí a esas alturas. Me sonrió, amodorrado.—Hola, dormilón.—Saludó con dulzura.
Recargué mi cabeza e su pecho, y disfruté de esa preciosa sensación de ser abrazado por él, nuevamente.—No quiero salir de la cama. Nunca.
-Oh, he creado a un monstruo.—Ambos reímos.—Yo tampoco. Quiero quedarme aquí, abrazarte, dormir, besarte y follarte para siempre.
-¿Para siempre, siempre?
-Para siempre, siempre.—Nos sonreímos. Era imposible no hacerlo. Eren se veía más hermoso que nunca, con sus enormes ojos verdes brillando cómo esmeraldas y su rostro en una perpetua sonrisa que quitaba el aliento. Me acurruqué contra él y sonrió.
-¿Estás bien? ¿Te duele algo?
-Me duele la cadera.—Susurré.—Pero me siento más feliz que nunca.
Él sonrió.—Consecuencia express de una buena follada.—Rodé los ojos.—Pues tendrás que cargarme.
-Lo haré.—Respondió de inmediato, sujetándome de la cintura para hacerme quedar sobre su pelvis desnuda. Ambos suspiramos. Nos miramos, sonriéndonos con ganas.—¿Una vez más o estás muy cansado?
Ladeé la cabeza.—Estoy muy cansado.—Respondí, recostándome sobre él.—Lo siento.
¿Ahora te disculpas por no follar, gordo? Bajo, Levi. Has caído muy bajo…
-No importa. Quédate así y lo compensarás con creces.
Sólo me moví para enredar sus piernas con las mías y lograrme recostar sobre su pecho desnudo, moreno y cómodo. No quería dormir, no tenía sueño, sólo me apetecía permanecer así durante mucho tiempo. Lo hice, acariciándole la piel de su musculoso pecho, recorriendo sus costas con gentileza, susurrándole tonterías para escucharlo reír.
Joder, estoy tan enamorado...
Antes del atardecer, habíamos hablado ya hasta del clima y nos quedamos en silencio un largo, largo rato.—¿Sonaría muy descabellado que te pidiese que te casaras conmigo?
Reí.—Un poco, sí.
-Pero yo quiero que te cases conmigo.—Su tono era el de un niño caprichoso y chiflado. Lo estreché contra mí y el suspiró de placer.—Oh, bueno, esta es una muy buena compensación también.
Rodé los ojos.—Eres un mimado.
-Lo soy. Mira en dónde me encuentro justo ahora. De seguro ni Harry se sintió así la primera vez que folló con Draco…
Bufé.—Harry se quedó con Ginny.
-¿Y por eso se supone que no tuvo sus quereres con el rubio en la Sala de los Menesteres?—Le di un suave mordisco en un costado.—Harry se quedó con Ginny. Punto. Además, ellos se odiaban.
-Pura tensión acumulada, mi amor.—Me guiñó un ojo.—No me puedes decir que fue normal lo del sexto libro, ¿o sí?(2)
-Simplemente quería asegurarse de que Draco no hiciese nada malo.
-¡Patrañas, Levi! ¡Se lo quería follar, ya te lo digo yo!
Estallamos en carcajadas simultáneamente. Una de las mejores cosas de Eren era que podíamos hablar de todo cuánto cruzase por nuestra cabeza. De su obsesión por Harry Potter, de mi apego a la limpieza, de chismes y de planes a futuro.
Sobre todo de esos últimos.
Antes de las seis de la tarde de aquel precioso día, habíamos decidido ya hasta cómo se llamarían nuestras mascotas. Era divertido, sin embargo esa punzante sensación de pérdida no me dejó ni a sol ni a sombra y eso… eso me asustó.
Lo abracé durante otro largo rato hasta que mi teléfono comenzó a sonar. Rodé los ojos.
-Debo ir a casa.
Se levantó de inmediato.—Te acompañaré.
Sabía porqué lo decía y le sonreí en agradecimiento. Luego de arreglarnos un poco, y encaminarnos hasta la entrada, él me dio un largo, tendido y muy dulce beso.—Gracias.—Dijo, felizmente.
Me sentí algo aturdido por la belleza de esa sonrisa, más logré responderle.—Gracias a ti.
Afuera todo era más hermoso.
El sol dorado del atardecer, las luces parpadeantes de la ciudad y el susurro del helado viento en mis oídos. Todo.
Condujo hasta la puerta de mi hogar y me ayudó a bajar, rodeándome con su poderoso brazo, besándome la frente y luego, besándome los labios. Me sonrió.—Te veré mañana, ¿de acuerdo?
Asentí.
Antes de irse, logré reunir el valor suficiente y hacerlo.
Grité.
—¡Te quiero!
Y eso bastó para que saltase de la motocicleta, para correr, abrazarme con fuerzas y besarme hasta dejarme sin aliento.—¡Eh, te castraré ahora mismo, Yaeger!
Ambos reímos por la amenaza de Mikasa, y luego de otro breve beso, nos despedimos. Verlo marcharse provocó en mi pecho esa insoportable sensación de pérdida una vez más, subí las escaleras y estaba a punto de comenzar a comerme la cabeza con eso cuándo vi la puerta de mi alcoba abierta…
Mikasa ya estaba esperándome en mi habitación.
Oh, Jesús, no…
-No diré nada.
-Oh, yo solo estaba aquí para recibirte, frère(3)—Rodé los ojos.
- Salope nosy(4)—Ella rió.—Lo soy. Anda, comienza a hablar.
-¿Y sobre qué, exactamente quieres que te hable?
-¿Ya no eres virgen, cierto?
-¡Eres una metida insoportable!
-¿Eso significa que no?
Enrojecí de vergüenza y molestia.—¡No, Mikasa, ya no soy virgen! ¿Eso quieres escuchar? Me la metieron ayer y hoy varias veces, ¿estás satisfecha?
Sonreía alegremente.—Oh, no tienes ni idea.—Luego suspiró.—Aunque debo decir que tendré que matar a Eren por robarte la inocencia. Lo juro.
-Estúpida.—Se dejó caer en mi pulcra cama con, debo decir, muy poca elegancia.
Muggle.
-¿Fueron varias veces? ¿Y no te dolió?
-¿Te dolió a ti cuándo te la dejaron ir toda?
-Un montón.—Sonreí, sarcástico.—Imagínate a mí.
-¿Y si la tiene grande?
-¿Y a ti qué te importa eso?
-Es que… caminas un poco raro, ¿sabes?
Escandalizado le lancé una almohada.—Cierra la boca. Ya. Ahora.
-Anda, no seas tan pesado. Cuéntame.—Le saqué el dedo.—Bien, me lo merezco, pero cuéntame.
-¿Y exactamente, qué es lo que quieres que te diga?
-Pues… ¿dolió?
-Un montón.
-¿La tiene grande?
-Colosal.
-¿Te gustó?
-Muchísimo.
-¿Lo hicieron más de una vez?
-Casi cuatro veces.
-¿Te dio de a cuatro?
-¡Joder, no!
-¿Lo amas?
Le quedé callado por un momento.
Luego le respondí.
-Lo amo.
Ella suspiró.—Bien, supongo que si fue con amor y todo es, está bien. Sólo… usa condón ¿quieres?
Enrojecí.—Oh, Levi, ya estás suficientemente grandecito cómo para saber que tienes qué usar condón.
-Está bien, lo siento, lo olvidé.
-Si me entero que la próxima vez que follas no usas condón te arrojaré una bolsa a la cara en medio de la cena. Lo juro.—Me estremecí. Estaba tan mal de la cabeza que sí la creía capaz.
-Está bien, solo… deja de decir condón. Ya.
-¿Condón?
-¡Ya!
-Oh, vamos, te la metieron varias veces y te molesta que diga condón, ¿de verdad?
-¡Cierra la boca!
-Pero condón, Levi, condón, es importante, condón, que uses, condón, condón, para que, condón, lleves una vida, condón, sexual, condón, sana, condón y plena. Condón.
Le arrojé con rabia todas las almohadas en mi poder, y varia que eran muchas.—Le voy a decir a Papá Uri que no me dejas de molestar. Que acabo de perder la virginidad y que no me dejas en paz.
Ambos nos miramos antes de estallar en carcajadas.—Eres un idiota, hermanito. Pero si eres un idiota feliz, entonces estoy feliz.—Me besó mi gordita mejilla.
-Vaya, gracias.
De pronto su mirada se afiló.—Está de más decirte que si te hace llorar, si por alguna razón estimula tus glándulas lagrimales, iré y le cortaré esa cosa que le cuelga entre las piernas, ¿cierto?
-Entendido.—Me sonríe.—¿Qué tal te fue a ti con Reiner?
-Aprendió lo que tenía que aprender.
-Espero, por mi sanidad mental que estés hablando del algebra.
-¿De qué otra cosa estaría hablando? Levi, me ofendes.
Charlamos de tonterías otro rato más, hasta que, en determinado momento aferró mi mano. Supe qué seguiría a continuación.—Voy a matarla. Si se atreve a volver, voy a matarla…
-Está bien. Eren...—Suspiré.—Eren me ayudó mucho.
-Sí, Papá Uri nos lo contó a Kaney y a mí. Es un buen chico. Algo imbécil, pero es un buen chico.
Sonreí por instinto.
-Ella intentará volver.—Dije yo.—Lo sè. No se rendirá.
-No me importa. Ella ya no es mi madre. Que se acerque, que lo haga. Que se atreva a intentar lastimarte a ti o a Kaney, que lo haga, para que vea de qué es capaz la hija de Uri Reiss.
Sonreí.—Papá Uri estuvo fantástico. Ni siquiera la dejó hablar.
-Es demasiado educado con ella. Yo la hubiese golpeado, o hubiese mandado a los hombres de Kaney a sacarla a rastras.
-A eso se le llama elegancia, Mikasa. Comportarse a la altura.
-Sí, su Alteza, lo sè. Pero Papá Uri no tiene porqué soportar su rostro en ésta casa, dónde él nos ayudó a salir adelante. Dónde nos quitó el miedo a quedarnos solos, dónde ha hecho feliz a nuestro padre durante tantos años.
No respondí.
Me sumí en recuerdos.
Papá Uri. Mikasa tenía razón. Él nos había ayudado a seguir delante. Durante las noches, a veces Mikasa y yo llorábamos. Él nos iba a buscar, alarmado. Luego nos consolaba y nos llevaba una taza de leche caliente para volver a conciliar el sueño.
Papá Uri nos hizo saber que fuésemos a dónde fuésemos, solos nunca estaríamos, porqué...—Estaré ahí para ustedes, mis niños. Siempre.—Estaba hincado frente a nosotros, sonriéndonos, devolviéndonos la sonrisa, haciéndonos ver que había camino aún después del abandono de mamá...
-Tienes razón.—Dije finalmente.—La próxima vez que regrese, porqué lo hará, la recibiremos cómo sólo los hijos de Uri Reiss pueden hacerlo.
(...)
Acababa de volver de la casa de Levi, cuándo mi móvil sonó.
Era Marco.
Cuándo me dijo lo que tenía qué decirme, me congelé.
De pronto, toda esa felicidad que Levi causó y dejó en mí, se puso helada. Me estremecí.—¿Les dijiste que no, cierto?
-Marlo aceptó. Necesita el dinero para Hitch. Y para sus terapias, así que aceptó.
Me estremecí.
-Prometimos no volver a eso nunca más, Marco.—Respondí, subiendo a mi habitación. Me recosté en mi cama y el aroma de mi novio me llenó por completo. Me sentí reconfortado con eso ante todo lo que Marco me estaba soltando.—¿Quieres que corra?
-¿Levi lo sabe?
-No.—Dije de inmediato.—No le dije nunca.
-¿Tú quieres correr?
La velocidad. La adrenalina. El triunfo.
La sonrisa plácida y dulce de mi Riv, mientras me envolvía entre sus brazos.
-No. Ya no.
-Sólo quería preguntarte. Yo sí correré.
-¿Y para qué, Marco? Tienes a Bertholdt.
Él suspiró.—Lo sè. Pero Bert estudia toda la noche y trabaja cómo esclavo durante el día. No soporto ver el cansancio en sus ojos, Eren, entiéndeme.
-Será peligroso. Hemos perdido práctica, hace mucho que tú no compites.
-Saldré bien librada de ésta.—Escucho su suspiro.—Necesito el dinero. Sólo será una vez y ya. Si gano… podré ayudar a Bert.
-Piénsalo bien, Marco. Y espera a ver lo que dirá Ymir de esto.
-No es mi madre.
-No, pero es tu prima y se preocupa por ti desde siempre. Sería muy mierda de tu parte que se lo ocultaras.—él bufa.—Lo sè, Eren, lo sè. Pero es algo que debo hacer.
-No, no es algo que debes hacer. Es algo que tú quieres hacer. Es innecesario, estoy seguro de que si Bertholdt se entera, o si Ymir lo hace, te matarán ellos mismos antes de permitir que te subas a una motocicleta para volver a correrla en una carrera.
-No pediré su permiso. Sólo su apoyo. Eres mi amigo, Eren, ¿tú… tú me apoyas en esto?
Marco. El noble, el siempre sonriente Marco. Mi amigo, mi hermano, mi adelphos(5) No podía aprobar esta locura. No luego de haber perdido a un amigo en medio de toda esa mierda. Pero tampoco podía darle la espalda a Marco.
-Te apoyo. Pero eso no significa que esté de acuerdo con tu idea de mierda. No te olvides, joder, no te atrevas a olvidarte de Mylius.—Él ahogó una exclamación.
-No puedo creer que estés…
-Lo estoy haciendo. Te estoy recordando al amigo que murió con el cráneo destrozado luego de una carrera de motocicletas. Mylius murió y ni aún así logras entender que esa mierda es peligrosa.
-Tú también corriste, no sè porqué ahora…
-Porqué tengo a Levi, Marco. Y tú a Bertholdt. Me tengo que ir. Piensa bien en la decisión que vas a tomar. Nos puedes hundir a todos nosotros con ella.—Corte la llamada y me quedé inmóvil, mirando al techo.
Jamás creí que alguno de mis amigos, de mis hermanos volvería a siquiera considerar volver a correr en una carrera luego de la muerte, de la horrible muerte de Mylius. Era el mejor de todos, de todos nosotros y jamás había perdido una carrera. Poco después de llegar a Alemania, aún siendo unos mocosos medio idiotas, comenzamos a ganar dinero con las apuestas de las carreras. Era peligroso de cojones, pero era un éxtasis sentirte el rey del mundo luego de haber ganado una.
Mylius ganó todas. O casi todas.
En nuestra última carrera, Mylius daría el recorrido final, sin embargo, un embestida de un rival lo hizo perder el control y estrellarse.
No usábamos casco nunca.
Jamás olvidaré la imagen del cuerpo de Mylius luego del accidente. De cómo fue que quedó un cabrón tan guapo cómo él luego de haberse estrellado. Su novia, Nifa, se suicidó meses después de su fallecimiento.
Era algo que ninguno de nosotros gustaba de recordar. Era algo que decidimos enterrar, junto con esas mierdas de carreras y seguir adelante.
Pero eso nos había alcanzado y se había aprovechado ya de la necesidad de Marco y de Marlo.
Aferrándome al precioso recuerdo de Levi, sonriéndome amodorrado en mi cama, decidí olvidarme de las carreras y las muertes un rato, y dormir, para intentar soñar con el chico pelinegro al que prometí jamás fallarle.
Es que soy Eren Yaeger. Puedo permitirme prometer ese tipo de cosas.
Pueden comenzar a alabarme de nuevo, muggles.
(...)
La bofetada que Ymir le propinó a Marco fue brutal.
Tan imperiosa, tan inmisericorde, tan despiadada que el cuerpo de mi amigo fue a dar contra el muro más cercano. Bertholdt continuaba sin habla, mientras Tori se deshacía en sollozos en los brazos de una apesarada Sasha.
Connie permanecía helado, con los grandes ojos color del caramelo llenos de lágrimas y el rostro pálido en una profunda expresión de dolor. Más allá, Armin y Annie permanecían callados. Ella se veía igual de pérdida que yo, así que opté por sólo sujetarle el antebrazo a Eren y apegarlo contra mí, mientras le susurraba que debía mantener la calma.
Estaba tenso, pero tenía entre sus dedos una de mis manos y a pesar de lo furioso que se sentía, sabía que jamás me lastimaría. Por ello no me aparté, al igual que Tori fue apartada de Ymir por Hannah. Porqué sabía que Eren nunca osaría herirme. Y porqué me negaba a dejar que la ira lo cegara de nuevo
-Eres un maldito imbécil. ¡Un estúpido imbécil! ¡Un mierda!—Otra bofetada. Otro sollozo de Tori. Otro estremecimiento de Franz. Otro lamento de Thomas.—¿Quieres volver a las carreras, eh mierda? ¿Quieres volverte a sentir vivo estando cerca de la muerte, eh, mierdita? ¿Es lo que quieres?—Otra bofetada.—¡Antes te mataré yo! ¿Escuchaste? ¡Antes te mataré yo misma, imbécil! ¡Antes de permitir que te hagas mierda debajo de una motocicleta!
-No puedes evitarlo…
Ymir se quedó sin habla unos instantes, antes de soltarse a reír a carcajadas.—¿Qué no puedo evitarlo, dices? ¿Es que eres imbécil? Me conoces bien, Marco. Sabes de lo que soy capaz Si mi adorado primito quiere matarse en una carrera, ¿porqué dejarlo hacerlo solito, ah? Te mataré yo mismo antes de permitir que vuelvas a eso…
De pronto comprendí. Recordé a Carla y lo que dijo sobre las carreras. Tori llegó para Ymir, Bert para Marco y yo para Eren...
Las carreras…
Me estremecí de miedo.—No.—Dije de pronto, interrumpiendo la avalancha de insultos de la morena. Miré a Eren con fiereza.—Tú no. Ni se te ocurra…
Me sonrió, envolviéndome en un abrazo. Besándome la frente, sosteniéndome contra él.—Nunca lo haría. Te tengo a ti, ¿recuerdas?
Bert cerró los ojos, dolorido.—Marco, no…
-¿No ves que con esto podemos...? Podemos mantenernos un tiempo sin que tengas que trabajar. Podemos…
-A mí me gusta trabajar.—Interrumpió Bertholdt.—Me gusta, quiero que ambos construyamos…
-¡Estás que te caes de cansancio todo el tiempo! Con el dinero...
-No.—Cortó Fubar.—No, Marco, no. No lo hagas. Estamos bien, ¿recuerdas? Viviremos en ese apartamento de la gran avenida, podremos…
-No.—Marco frunció el ceño.—Estudiando y trabajando en una heladería no podrás… yo no podré darte lo que mereces…
-Marco, podemos hablarlo en un lugar más privado, cariño. No hay nada que yo quiera si no estás tú en la ecuación.—Le sonrió tiernamente.—¿Recuerdas? Es para siempre...
Por un momento pensé que Marco entendería a razones, sin embargo se echo para atrás casi al instante.—Lo haré, quieras o no. Es por el bien de ambos, es para…
-¡No, Marco! ¡Entiéndelo! Podremos salir adelante, que corras no es necesario, nosotros…
-No, Bertholdt.—Lo observó con dolor.—No. Tomé mi decisión.
Se dio la media vuelta. Ymir fue alcanzada por Connie y Armin. Annie estaba perpleja, aún sin entender del todo, y yo… yo sólo pude aferrarme a Eren.
-¡Marco! ¡Marco, regresa!
Antes de que arrancase, la voz de Bertholdt lo detuvo.—¡Si te vas...! ¡Si lo haces...! Lo...—Sus ojos escurrieron de gruesos lagrimones.—Lo nuestro se acabó...
Todos nos quedamos congelados. Tori sollozó de nuevo. Yo me enterré en el pecho de Eren, quién miraba decepcionado, furioso y defraudado a Marco.
Bertholdt se echo para atrás de inmediato.—Ma-Marco, yo…
-Adiós, Bertholdt.
Y así cómo así, se marchó.
Bertholdt gimió, devastado. Ymir gritó furiosa y Tori se echo a llorar sin consuelo.
Sasha había ido dónde Annie, y le hablaba de algo que hacía a la rubia perder cada vez más el color. Armin estaba con Hannah, Franz y Thomas tratando de consolar a Tori.
-Vámonos, Levi.—Dijo Eren.
Obedecí. Por alguna razón, al escuchar la desesperación de su voz me hizo sentirme exasperado por sacarlo de ahí. Por hacer que se despejara, aunque fuese un poco.
En nuestra cafetería especial, él me lo contó todo.
Lo de su inducción a las carreras, lo de su reputación, lo de la fama, lo de la expulsión de antiguos institutos y al final, lo de la muerte de Mylius Zeramuski.—Era un cabrón muy guapo, casi tanto cómo yo, alegre y siempre risueño. Un buen amigo, con una novia que lo amaba. Quería un anillo de compromiso para Nifa, para su chica y no podía permitirse trabajar, pues estaba seguro de que con la reputación que se cargaba no sería nada fácil..—Sonrió con dolor.—Me dijo que con esa última carrera, se retiraría. Que a pesar de lo difícil que fuese, encontraría un empleo para poder mantener a Nifa. Pero el dinero de esa carrera sería para pagar el anillo que quería para ella. Para su chica.
No hablé. Quería dejar que lo sacara todo.
-El día de la carrera fuimos a la joyería, escogimos todos juntos, Ymir, Marco, Marlo, Mylius y yo el anillo y firmamos un recibo de pago a plazos. Lo llevaba en el bolsillo cuándo se despidió de nosotros para colocarse en la línea de salida. Nos sonrió, nos dijo que esa sería la última, que luego iríamos a beber y a planear el futuro...—Sus ojos, sus hermosos ojos verdes se llenaron de lágrimas.—Nifa estaba hablándonos de lo bien que le había ido en la Selectividad Universitaria, de lo emocionada que estaba porqué Mylius había dicho que tenía algo importante qué darle, cuándo el estruendo nos heló la sangre a todos...
Eren jadeó. Le sujeté la mano de inmediato.—Aquí estoy…
Sonrió, destrozado, asintió y continuó..—Cuándo nos acercamos, todos estaban vueltos locos. Un colega de nosotros corrió hacía dónde estábamos y nos gritó "¡Mylius, Eren! ¡Era Mylius, era Mylius!" Me lancé a empujones y cuándo llegamos a él...—Sollozó. Mi titán, mi fiero novio sollozó y me sentí romper. Sin embargo era un Ackerman y era mi novio quien sufría. Debía mantenerme firme para sostenerlo así cómo él hizo conmigo—Nunca usábamos casco. La rueda había destrozado su cabeza. Jamás… Jamás podré olvidar el grito de Nifa a verlo. El sonido de su llanto, de sus llamados desesperados...—Jadeó de nuevo.—Nifa se suicidó dos meses después. Cuándo eso sucedió, decidimos enterrarlo todo, dejarlo atrás...
Se quedó en silencio unos momentos.—A partir de eso, nos alejamos. Tori encontró a Ymir trabajando en una librería de segunda mano, Bertholdt a Marco en el instituto al que llegamos, al nuestro, Hitch se hizo amiga de Marlo y tú, tú me arrojaste una malteada de avena en la cabeza
Me sonrió y de inmediato lo besé.—Aquí estoy, Eren. Aquí estoy para ti.
Me miró durante largos instantes antes de volver a hablar.—Eres lo mejor que me ha dado la vida, ¿lo sabes? Eres lo que me hace querer ser mejor cada día.
Sonreí, acariciando su rostro, adorando su presencia, sujetándole con fuerzas su mano, poderosa y frágil, cómo casi todo él en esos instantes.—Tú eres quién me ha mostrado el lado bonito de ella. Bonito.
Ambos reímos.—Prométeme.—Supliqué.—Prométeme que jamás, que nunca, jamás intentarás volver a…
-Nunca.—Dijo él de inmediato. Se inclinó hacía mí, rodeándome el rostro, mirándome con intensidad.—Nunca. Prometí algo ayer, ¿recuerdas?
Acaricié la mano con la que enmarcaba mi cara. Le miré con toda la ternura que nacía en mi pecho cada vez que Eren me sostenía de aquella manera tan dulce, tan desesperada.—Sí, lo recuerdo.
-No dejaré que esto acabe nunca. Nunca. Es una promesa, Riv.
Y contemplándolo con devoción, me sentí desesperado por creerlo.
Así lo hice.
Quizás fue eso lo que más me lastimó, cuándo todo nuestro paraíso comenzó a desmoronarse a nuestro alrededor.
Pero incluso cuándo yo más lloraba, seguía negándome a olvidar esa promesa. Eren no rompería nunca una promesa. Eren no. Eren jamás.
Cuándo ambos nos besamos, ansiosos de sentirnos de nuevo, presentí que toda esa felicidad, que toda esa dicha, que toda esa maravillosa racha de alegría no era nada más que el precioso, frágil y parpadeante preludio que antecedía a una tormenta.
Me abracé a Eren con miedo, tratando de calmar mi corazón.
Funcionó.
Deseé de todo corazón que esa paz instantánea, fuese eterna.
Hermosas criaturas:
Enserio que no me canso de agradecerles su incondicional apoyo y sus preciosas palabras. Las adoro cómo no tienen idea y agradezco cada sonrisa que me sacan con sus hermosísimos reviews.
Espero que Mikasa les agrade. Ella es una chica dura, si, pero es una chica. Y no es un robot que solo acosa a sus hermanos por miedo a que sean lastimados. Quería hacerla algo mas humana, que bromease y disfrutase como cualquiera. Espero por igual que la primera vez de Eren y Levi haya quedado decente. No quise hacer algo muy cursi, ni tampoco muy hard. Es decir, ambos son unos chicos, no unas señoritas que exhuman flores ni arcoíris. Quise ponerlo algo brusco, pero a la vez dulce pues, vamos, es la primera vez de Levi. No va a ser una delicada princesa ni nada, pero tampoco es un desenfrenado Ackerman. Él es un chico primerizo, y quise retratar que dejando de lado el miedo y la inseguridad y el complejo, es tan apasionado cómo el mismo Eren.
Además, ¿quién de ustedes no se emocionaría si tuviesen a un dios medio griego entre sus brazos?
Espero que todo este fluff haya sido suficiente, y les aviso, ya se vienen los problemas. Serán muchos, y muy variados, pero si les sirve de algo, tendrá todo un final feliz.
Pero de algo debo advertirles y es que dos personajes que quizás ya comiencen a querer, van a fallecer. Eso hasta rimó.
Lo siento.
Las amo.
Unas cuántas aclaraciones:
(1)
"¿Asustado, Potter?
Ya quisieras, Malfoy."
¿A alguien le suena? Esos dos destilaban, a parte de glamour, litros y litros de tensión sexual no resuelta.
(2)
En el sexto libro, Harry acosa, no investiga, ni rastrea, ACOSA, a Draco.
Realmente preocupante para algunos, realmente de ensueño para otros. A mi no me joden, se dieron sus encontronazos en la Sala de los Menesteres. Y no fueron precisamente para golpearse.
(3)
Hermanito, en francés. Mikasa es una tierna.
(4)
Zorra entrometida, a palabras finas de Levi-Loves.
(5)
Adelphos
"Hermano" en griego.
Tabla de Agradecimiento para mis criaturas bellas:
NATMAN98. Pandirafa, (te tomaste el tiempo de escribirme dos reviews hermosos cómo las estrellas. ¡Gracias!) Lia Primrose (muchìsimas gracias por tus siempre bellísimos y largos reviews. Espero que sea de tu agrado la continuación. ¡Abrazos gigantes para ti!) Emil K. Naomi727. Deih. . Nanao Himura. rivaiFemTyarahAckerman. Izupp (mi adorable EruRi). ChibiGoreItaly. myfeamlady98. Fjulietta (gracias, de verdad gracias por darle una chance a mi fic)
Y finalmente, CharlyLand.
Temis de mi corazón, te adoro. Gracias por tu apoyo incondicional. Espero que te guste este capítulo. Gracias de verdad.
No acostumbro a dar spam, pero me gustaria que se pasaran a mi nueva historia. Es un Slave!ErenxRoman!Levi, la historia de unos cachondos amantes en la epoca de la Roma republicana.
Espero que les guste tambien. Y si les gusta el lemon, pues bueno, creo que les interesara ;)
Ustedes son únicas. Especiales. Las quiero cómo no tienen ni idea.
Gracias.
Adelanto:
"—¿Eren?—Estaba inerte, parado frente a mí. De pronto, lo helado de su cuerpo ardió, y su mirada, antes atónita, se encendió de furia. Cuándo le sujeté, recibí un violento empujón. Ni siquiera me inmuté ante el dolor. Mi desesperación estaba en lograr quitar a Eren, de encima de ese delgado hombre de anteojos.
—¡Eren, no! ¡Eren basta, detente! ¡Vas a matarlo!
Cuándo él me apartó de otro empujón, y caí de sentón supe que nuestro frágil, perfecto y feliz preludio había llegado a su fin. Los obstáculos habían llegado, y desesperado traté de buscar la mano de mi Eren, para así tener las fuerzas de superarlos.
No sería fácil."
Con eterno cariño,
Elisa.
