¡Hola, lectoras! Creo que estoy publicando un poco tarde, pero sigue siendo fin de semana, he cumplido :) Muchas gracias por todos sus comentarios, no tienen ni idea de cuanto me alegran ;) Bueno, creo que es momento de un poco de angst, espero que lo disfruten :D
P.D. ¿Cómo la han pasado con todo este Finchel y Monchele? Jeje :P
P.D. 2 ¿Cómo es que he puesto tantas caritas distintas en un solo mensaje? Jajaja
¡Muy bien, las dejaré leer!
Ya habían pasado dos horas, y Rachel no podía sentir ni un uno por ciento de comodidad mientras Quinn, Finn, y ella escogían la decoración de las mesas para la recepción del gran día.
Como mejor amiga y dama de honor, Rachel aceptó acompañarlos sin hacer tanto drama por su parte, lo cual incluso le sorprendió a Quinn, pero desde que había dejado de hablarle a Finn, decidió que su relación con él no tenía que cambiar a como se suponía debía de ser una vez que había llegado de Nueva York, y Quinn lo había presentado como su prometido.
Y si nunca se había atrevido a hacerlo anteriormente, era muy difícil decirle que no a Quinn a esas alturas. Por eso ahí estaba otra vez, haciendo un mal tercio.
La rubia se paseó por todo salón que mostraba diferentes ejemplos de mesas arregladas para elegir una con el encargado de la decoración, mientras tanto, Finn y Rachel se perdieron observando otros modelos por su cuenta, hasta encontrarse inevitablemente en el camino.
Hubo un silencio incómodo, y ambos se quedaron ahí, paralizados, sin saber que decir.
Finn trató de articular palabra, pero la expresión de Rachel no lo dejó continuar. Se veía…diferente.
-No he visto nada…interesante-comentó Finn, bajando la vista.
-Yo tampoco-agregó Rachel, cortante-De cualquier manera, al final Quinn será quien decidirá.
Finn asintió, de pronto observándola calculadoramente.
-Estás últimas semanas…han sido extrañas-confesó el muchacho-Ya me había acostumbrado a hablar nuevamente contigo…
Rachel se encogió de hombros.
-Ya hemos pasado por esto-recordó-Y tarde o temprano, te será indiferente si hablamos o no. Puedes seguir adelante, sé que lo puedes hacer.
Con un poco de frustración, Rachel miró intencionadamente a la dirección de Quinn, y poco a poco, Finn logró captar el mensaje.
Aún así, no quería darse por vencido, pero la frialdad de Rachel le daba muy pocas posibilidades.
-Y entonces… ¿planeas ignorarme para siempre?-inquirió, entornando los ojos, y sonando más hostil de lo que pretendía.-Rachel… ¡estoy desesperado! ¡Ya no sé que hacer!
La sequedad le dio paso a la confusión, y Rachel sintió como si le hubieran dado una bofetada en la cara.
No quería tratar a Finn así, pero al parecer, era la única manera de que él se olvidara de lo que había sucedido con ella, por mucho que le doliera.
Para eso, Quinn había decidido volver con ellos, sonriendo de oreja a oreja pues el último ejemplar que había visto era justamente con el que había soñado, pero al percatarse del asfixiante ambiente, supuso que tendría que intervenir.
-Disculpen, pero… ¿qué sucede aquí?
Rachel escuchó la voz de Quinn, y rápidamente se irguió, pues aunque sabía que no se iba a librar de dar explicaciones, era necesario que estuviera visiblemente tranquila.
Finn no logró que la frustración se esfumara, pero al menos Quinn no sospechó al respecto.
Y por un nanosegundo, las miradas de ambos se encontraron.
-Finn y yo solo estábamos…discutiendo la decoración-mintió la morena.
Quinn estudió a cada uno por un momento, y después soltó una risita.
-Bueno, eso no será un problema. Creo que he encontrado el tema perfecto para la recepción-solucionó.
La tarde siguiente, Rachel salió del teatro con el deseo de poder llegar a su casa y relajarse.
Durante la mañana, Quinn la llamó mínimo diez veces mientras ella continuaba con sus lecciones, pues se enteró que la banda que quería que tocara en el evento no iba a estar disponible en la fecha de la boda.
Por alguna extraña razón, se imaginó que su amiga Rachel, que había vivido en Nueva York los últimos ocho años, conocería a otra banda de Ohio disponible.
Rachel no pudo darle sugerencias, pero como siempre, aceptó a ayudarla a encontrar lo que quería.
Finalmente, los jóvenes se retiraron, los otros profesores, directores y encargados siguieron con sus asuntos, y lo primero que la chica pensó al dirigirse a su auto fue llamar a su padre para preguntarle si se le ofrecía algo a Hiram, pues últimamente se veía más demacrado, aunque no lo quisiera admitir.
Rachel quiso que el tiempo se detuviera, pues mientras éste seguía su curso, su padre seguía debilitándose inevitablemente.
Y luego estaba Quinn, que seguía completando todo lo necesario para realizar una de las mejores bodas de Lima, con Finn, el amor imposible de Rachel.
Era demasiado.
Por suerte, Rachel no había pensado tanto en él a como se había acostumbrado. En el teatro, ya estaban comenzando a ensayar My Fair Lady, que con suerte debutaría al final del verano. Y aunque nunca se había visto como mentora, más bien como la estrella, Rachel decidió entregarse completamente al proyecto aconsejando a los jóvenes actores, lo cual desde luego, comenzaba a generarle estrés.
Al abrir la puerta de su vehículo, tomó su teléfono para llamar a Leroy, pero otra llamada interrumpió su propósito.
Y no pudo ignorarla, más que nada, debido al tiempo.
-¿Hola?
-Hola, Rachel-Finn Hudson se escuchó aliviado cuando la saludó.
-¡FINN!
-No pretendo molestarte, es solo que…me preguntó si Quinn no te acorraló para pedirte detalles de lo que sucedió ayer.
-¿Por qué habría de hacerlo?-se extrañó Rachel, subiendo a su auto.
-Yo solo…bueno, estaba algo alterado, y no fue fácil disimular. Me preguntó a mí pero le dije que todo estaba bien. Supuse que también había hecho lo mismo contigo.
-En realidad…no.
-Oh…-Finn vaciló, pues sabía que no tenía sentido continuar con la llamada, pero por algún motivo, él necesitaba escuchar la voz de Rachel…
-Entonces…hasta luego…
-Rachel, espera-pidió Finn-Escucha, sé que seguirás ignorándome, y de alguna manera, terminamos con lo que teníamos, pero…no puedo renunciar a ser tu amigo. Tampoco puedo renunciar a lo que siento por ti aunque no trataré de hablar de eso porque, precisamente, no quiero darte más motivos para que me evites. Solo…dame otra oportunidad.
Una lágrima resbaló por la mejilla de Rachel mientras escuchaba a Finn. Su suave voz resultaba dolorosamente tierna y honesta.
-No quiero que estés enojada conmigo…
-Lo siento, Finn, pero después de la reunión de Kurt…Quinn…verte con ella, saber lo que hemos hecho sin su conocimiento…es demasiado.
-Sé que las cosas no han salido realmente como quisiéramos que fueran, pero tú y yo sentimos lo mismo y…
-Es duro verte con ella-admitió Rachel-Y aunque probablemente tengas razón…sé que nunca debimos decir nada…nunca debimos besarnos.
-Fue inevitable-suspiró Finn.
Rachel cerró los ojos por un momento, y luchó contra las lágrimas, que parecían seguir cayendo.
-Tengo que colgar, Finn-musitó secamente, y acto seguido terminó la llamada.
No soportaría escuchar a Finn tan decepcionado una vez más.
Después de la cena, Rachel fue a lavarse los dientes y a prepararse para dormir.
Puso a cargar su teléfono, y cuando terminó de hacerse una trenza con su largo cabello, el móvil comenzó a sonar.
Quinn.
-¿Qué sucede?-preguntó, sin intentar sonar entusiasta.
-¿Cuándo fue la última vez que…ya sabes?
-¿QUÉ?
Quinn soltó un largo suspiro.
-¿Cuándo fue la última vez que hiciste cosas con alguien?
-¡QUINN!-la reprendió Rachel.
-De acuerdo-se exasperó su amiga-¿Cuándo…fue la última vez que saliste con alguien?
Rachel repasó su vida amorosa mentalmente, ignorando con éxito a Finn, y resopló al recordar lo patética que ésta había sido.
-Hace año y medio, supongo-respondió-No terminó muy bien. Espera, ¿por qué vuelves a preguntarme esto de nuevo?
-¿No es obvio?-se burló Quinn-¡Voy a conseguirte una cita! ¡Una cita a ciegas!
Rachel comenzó a maldecir en sus pensamientos.
-Quinn, no es necesario…
-Por favor, te vas a divertir-le aseguró-Nunca quedaste en nada con Puckerman, y es cierto, fue una mala elección para ti, pero creo que esta vez habrá algo mejor.
-¡Pero a mí me encanta ser soltera!-mintió.
Del otro lado de la línea, Quinn alzó una ceja.
-No sé por qué-prosiguió-pero siempre pensé que tú te casarías antes que yo…
-Oh, bueno, no necesitamos comenzar con eso…
-Hablo en serio, Rachel-insistió la rubia-Eso que me dijiste la otra noche, cuando fuimos a cenar…tengo que ser honesta, el hecho de que te pongas a bailar sola en tu habitación canciones de los ochentas no es normal. Estoy preocupada.
Rachel puso los ojos en blanco.
-Bueno, tú eres mi mejor amiga, se supone que deberíamos salir juntas, ir a los clubs…
-Pues sí, y siento mucho no poder estar contigo las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, pero comprenderás, tengo que convivir con mi prometido. Con él pasaré el resto de mi vida, y es mejor comenzar a acostumbrarme, ¿no te parece?
Rachel apretó sus manos con fuerza, tratando de ignorar sin éxito el malestar que le producía aquel recordatorio.
Finalmente, decidió seguirle la corriente a Quinn, y se dispuso a dar por terminada la conversación de la única manera en la que complacería a su amiga.
-Muy bien, estoy dentro de tu plan-aceptó-¿Cuándo sería la cita?
Rachel llegó atemorizada al café en el que la estaban esperando Quinn, Finn, y su dichosa cita.
La pareja de futuros esposos no tendría que estar necesariamente ahí, pero Quinn no quería perderse las reacciones de su amiga y la cita. Finn simplemente estaba acompañándola, como no dejaba de hacerlo últimamente.
La morena no logró ocultar su nerviosismo del todo, y eso era inevitable. Odiaba que Quinn siempre le eligiera chicos por sorpresa, pero nunca parecía poder zafarse, así que ya no tenía caso protestar.
Con suerte, aquel ya no sería otro intento fallido.
Se arregló por última vez el cabello, enroscando las puntas de éste con sus dedos, respiró profundamente, y se acercó a los chicos.
Sam también estaba ahí, lo cual le pareció extraño. Su cita…bueno, se suponía que no lo conocía, pero al menos imaginó que otro hombre estaría acompañándolos…y con esas piezas el rompecabezas se formó.
¿Cómo era posible que Quinn le estuviera haciendo eso de nuevo?
No le quedó más que resignarse, y fingir una sonrisa, como ya estaba acostumbrada. Después de todo, Sam también se veía incómodo.
-¡Dios mío, te ves increíble!-exclamó Quinn, recibiendo a su amiga, y abrazándola.
Finn fijó su mirada en ella y dado que no parecía tener la intención de apartarla pronto, Rachel saludó a Sam.
Quinn puso los ojos en blanco cuando la morena ignoró a su prometido.
-Bueno…
-Oh, claro, les explico-comenzó Quinn-Los dos están solos, pero siempre se han llevado bien, así que he decidido ofrecerles algo de mi generosidad arreglándoles esta cita. Estoy segura de que todo irá de maravilla.
Sam se encogió de hombros, resignándose, y Rachel prefirió mirar al piso.
¿Cómo no lo vi venir?, se preguntó.
En Lima apenas y había hombres solteros que valieran la pena, pero Quinn, seguramente para ahorrarse la búsqueda, solo recurriría a los que ya conocía.
Aunque Rachel tuvo que admitir que sería mejor si su amiga le consiguiera una cita que no fuera parte de su grupo de amigos, al menos.
Primero Puckerman, luego Sam. ¿Quién iba a ser el siguiente? ¿Artie?
-Muy bien, entonces…los dejamos-dijo Quinn, tomando a su prometido de la mano-Vámonos, Finn.
-En realidad, no tienen por qué irse, chicos-comentó Sam, despreocupado-Podemos divertirnos los cuatro, ya saben, todos somos amigos.
Rachel asintió.
-Sam, sabes que me pareces atractivo, pero hasta ahí. Quinn, agradezco que te hayas tomado el tiempo de planear esto pero…no funcionará.
-Será mejor que nos quedemos-dijo Finn, que más que estar de acuerdo con Rachel y Sam, no soportaba el tener que irse mientras ellos dos probablemente tenían una cita.
Los celos comenzaron a manifestarse…
-¡NO!-exclamó Quinn-Esta es una cita entre ellos dos… ¿por qué la arruinaríamos quedándonos? Chicos, les estoy haciendo un favor, no pierdan esta oportunidad.
-Yo…no sé-balbuceó Rachel.
Sam suspiró.
-De acuerdo, váyanse si quieren-dijo.
Rachel se sobresaltó al escucharlo, y entonces la risa de Quinn la dejó paralizada.
Su amiga, en cambio, se despidió, y sin soltar la mano de Finn, se alejó, dejándolos solos, efectivamente.
Finn no pudo dejar de mirar a Rachel en ningún momento.
Y durante la cita, ni Sam ni Rachel encontraron un tema interesante para compartir…
-Y… ¿Cómo vas en el teatro?-preguntó Sam.
-Bien, estamos comenzando los ensayos para la obra que presentaremos al final del taller.
-Oh…genial.
Aquello fue prácticamente en lo que se basó su conversación. No hubo más.
Definitivamente, había sido una mala idea seguir con el juego de Quinn, pero a la vez, era difícil oponerse.
Al día siguiente, Rachel salió a dar un paseo con su psicólogo y amigo, Kurt.
Ambos hablaron de la cita con Sam, que desde luego, podía ser considerada cualquier cosa, menos una cita.
Rachel nunca pensó que iba llegar a vivir una experiencia tan bochornosa.
-Pobre Sam-mencionó Rachel-Realmente quería seguir conversando, pero honestamente, ninguno de los dos sabía que decir.
-Eso demuestra lo poco que te conoce tu mejor amiga…
-Sé que Quinn no ha elegido muy bien a mis supuestos pretendientes, pero tengo que apreciar sus esfuerzos, después de todo, solo quiere que sea feliz.
-O que no te quedes solterona…
Rachel lo fulminó con la mirada, completamente ofendida.
Para eso, su teléfono le indicó que tenía una llamada, y era justamente de Quinn, como siempre.
Ignoró a Kurt, que comenzó a hacer caras, y contestó de inmediato.
-Dime.
-¿Cómo estuvo la cita?-inquirió.- ¿Quedaron en algo más? ¿Te llevó a tu casa después? ¿De qué hablaron?
-Tranquilízate-pidió Rachel.
Realmente odiaba mentir, pero si Quinn se encontraba entusiasmada, y con eso la dejaría en paz, ¿por qué no arriesgarse de nuevo?
-¿Y bien?
-Fue…perfecta-abrió los ojos como platos, sin poder creerse ella misma-En serio, estuvo fantástica. Sam se portó de maravilla.
-¡Genial!-se alegró Quinn.
Oh, felicidad. Bien, misión cumplida, pensó Rachel.
-Por cierto, quiero advertirte que tengo el altavoz, y Finn también está escuchando-mencionó la rubia- Solo por si quieres contarme más detalles, y no necesitas que mi prometido se entere.
A Rachel casi le dio un paro al escuchar aquello.
Y se sintió mal.
¿Qué pensaría Finn de ella?
Es cierto que alguna vez había querido darle celos, pero no quería hacerlo parte de su red de mentiras.
-Estoy…estoy muy ocupada ahora mismo, Quinn, te llamo después.
Y sin darle la oportunidad a su amiga de que dijera algo a cambio, Rachel le colgó.
Después de la llamada, Kurt la miró con seriedad, y los dos se detuvieron en la entrada del Lima Bean.
-Aquí fue donde tuve mi primer beso serio con Finn-comentó Rachel, con tristeza.
Kurt negó con la cabeza, sin dejar de observar con decepción a su amiga.
-Tienes que hacer algo respecto a todo esto, Rachel Berry-la reprimió.
-Lo sé-suspiró la chica-No entiendo en qué momento todo se volvió tan complicado.
-Finn te quiere-dijo Kurt.
-Por favor, no me recuerdes eso.
-Sinceramente, esta clandestinidad me preocupa-continuó-Tú eres una buena chica, y una buena amiga, Rachel. Y aunque a veces la odie, tengo que reconocer que Quinn ha sido muy protectora contigo, no cabe duda de que tú si le has sido de mucha ayuda. Han tenido una relación estable desde que eran pequeñas, y ahora que ha llegado Finn Hudson a sus vidas… ¿realmente tirarás todos los buenos momentos con tu mejor amiga a la basura?
-Si hay alguien que no quisiera que todo esto estuviera sucediendo…esa soy yo-afirmó Rachel-Por eso mismo decidí ya no acercarme a Finn, y aunque me duele hacerle esto…no cambiaré de opinión. No intentaré recuperarlo y mucho menos pretendo separarlo de Quinn.
Kurt repasó cada una de las palabras de Rachel lentamente, y antes de abrir la puerta para entrar al café, encontró una posible solución a todo aquel desastre.
-Entonces…lo mejor es dar vuelta a la página, seguir adelante-sugirió.-Lo tienes que olvidar.
Rachel asintió, perdida en sus pensamientos, pues ella también estaba tratando de comprender lo que le acababa de decir a su amigo.
Olvidarlo parecía ser la única salida, pero al asentir solo volvía a fingir, y lo sabía muy bien.
Si renunciaba a Finn, ya no lastimaría a Quinn, probablemente ya no lo lastimaría a él…Sin embargo, lastimaría a su desolado corazón, y eso podría complicar el intento de enterrar sus sentimientos.
Carole entró a la habitación de Finn para mostrarle el vestido que había adquirido para la boda.
Apenas llegó, lo depositó en la cama, en donde su hijo se encontraba recostado, y tuvo la intención de enseñárselo, pero el triste semblante del muchacho la detuvo, y la dejó desconcertada.
Algo andaba mal, conocía a su hijo…
¿Había discutido de nuevo con Quinn? ¿Qué había sucedido?
Su instinto de madre la hizo acercarse y acariciar el rostro del que siempre sería su pequeño.
-¿Qué pasa, cariño?-preguntó, consternada, y tratando de leer aquella expresión ausente.- ¿Se encuentra bien Quinn?
-Sí, es solo que…creo que estoy enamorado de alguien más.
A Carole la tomó desprevenida aquella respuesta, ya que siempre pensó que Quinn y su hijo eran el par perfecto, y el hecho de que él se encontrara aparentemente sufriendo por el amor de alguien más que no fuera su prometida, no le gustó en lo más mínimo. Pero Finn era su hijo, y como madre, trató indudablemente de entenderlo.
-Y…-Carole tragó saliva-¿Se puede saber quien es esa alguien?
Finn encaró a su madre, y sin cambiar su expresión, decidió ser honesto.
-Es Rachel Berry-confesó-Ella…es una buena amiga de Quinn, es su mejor amiga, en realidad.
Definitivamente, aquella confesión no había tranquilizado ni un poco a Carole, y como se lo había propuesto, quiso comprender a Finn, pero no le cabía en la cabeza como aquello estaba sucediendo. Su hijo amaba a Quinn…o eso parecía.
¿Por qué esa Rachel Berry, si era gran amiga de la prometida de Finn, se había metido entre ellos?
-Rachel y yo nos conocimos cuando yo me fui a Nueva York, y desde ese entonces, comencé a sentir algo por ella, pero después de tantos contratiempos, no nos quedó más que dejar las cosas como estaban. Fuimos muy buenos amigos, y…ahora ha regresado a mi vida, justamente cuando estoy comprometido con Quinn…no sé que hacer mamá. Creo que ni ella ni yo esperábamos estar en esta situación.
Finn nunca le mentiría, y el rostro de Carole se suavizó cuando entendió que Rachel no había interferido a propósito en la relación de su hijo. Eso no significaba que la completa idea no le disgustara, tampoco.
-No sé que hacer…-repitió Finn, las silenciosas lágrimas cayéndole por las mejillas.
Sin dudarlo, Carole lo abrazó, y sintió aún más el sufrimiento del muchacho mientras éste se aferraba a ella.
-Entiendo que te sientas confundido, hijo-comentó, sin dejar de abrazarlo-El amor es muy obstinado una vez que se presenta…pero no puedes dejar a Quinn. Tienes que recordar que te has comprometido con ella por el resto de tu vida. Todos los días va con entusiasmo a continuar con los preparativos para la boda. No puedes romper sus ilusiones diciéndole que no quieres casarte de pronto…
Carole tal vez tenía razón, aunque los motivos que le había dado no le parecían muy sensatos, tenía que admitirlo. Más bien sonaban materiales, sin importancia.
Él le acababa de confesar que estaba enamorado de Rachel, y eso, a su parecer, era todavía más relevante.
Pero de nueva cuenta…tal su madre tenía razón.
Ya se había comprometido con Quinn, y aunque rompiera esa promesa, nunca podría estar con Rachel si ésta no era capaz de arriesgarse, pues lo que menos quería era lastimar a su amiga.
Ambas tenían una amistad admirable que no podía ser destrozada por él.
Aunque tampoco podía dejar de pensar en Rachel. Sabía que ella había decidido terminar con su idilio, pero… ¿dónde quedaba el amor? ¿Las esperanzas? ¿Realmente se olvidarían de los buenos momentos? ¿De la felicidad? ¿Incluso de aquel verano en Manhattan?
Finn ya no podía imaginarse como sería su vida sin Rachel, lo cual era difícil de concebir ya que ciertamente había vivido sin ella durante los últimos siete años.
Pero ahora que sabía que los sentimientos no habían muerto, las cosas cambiaban.
Era una lástima no poder hacer nada al respecto.
Y aunque nunca se lo imaginó, ahí, en los brazos de su madre, se dio por vencido.
Ya no podía seguir insistiendo cuando era claro que Rachel no era para él. Y el destino, aunque en algún momento, lo engañó haciéndole creer que la había devuelto a su vida para una segunda oportunidad, le confirmó, más bien, el hecho de que nunca podría estar con ella. Y aquel ya era el final.
Tenía que aceptarlo…
Por eso, cuando Carole deshizo el abrazo, y limpió las lágrimas presentes en el rostro de su hijo, el muchacho tuvo un solo pensamiento en su cabeza.
Adiós, Rachel…
Bueno, ese final fue un poco triste, ¿no les parece? A estas alturas...¿habrá algo más que hacer? ¿Realmente se darán por vencidos nuestros queridos Finchel?
Yo sé que quieren a Finn y Rachel juntos-me incluyo-pero si todo saliera bien, ya sería el final de la historia xD Tengamos-me incluyo de nuevo-un poco de paciencia, puede que no estén juntos inmediatamente, pero habrá mucho drama, relevancia, y otras sorpresas más mientras eso sucede ;) Realmente aprecio y les agradezco que tomen algo de su tiempo para pasarse por aquí, espero que también dejen sus comentarios compartiendo su opinión, es importante saberla:)
¡Gracias por leer! ¡Hasta el próximo capítulo!
