XI.

-Feliz cumpleaños Scorpius, ¿qué tienes planeado para estas vacaciones? – le preguntó Rose mientras se sentaba junto a él en la biblioteca.
-Shh. Sabes que los cumpleaños me parecen una chorrada.
-¿Y qué? Esa es tu opinión, no la mía.
-Albus me ha invitado a su casa para pasar las vacaciones, pero no sé qué hacer.
-¿Qué tiene de malo? – le preguntó Rose abriendo su libro de Pociones.
-Todo. Lily allí, tan cerca todo el tiempo; Albus y James rondando por ahí; sus padres presentes…

Rose soltó una carcajada silenciosa y sacudió la cabeza.

-Scorpius, relájate. Has disimulado durante… ¿cuánto? ¡Medio año! Podrás seguir haciéndolo.
-No lo entiendes, Rosie. La besé.
-¿Qué?

Scorpius se acaloró solo de pensarlo. Alzó la mirada y la vio junto con Mary tapándose la boca para aguantar la risa. Seguramente habrían contado algo divertido. Cómo le gustaba verla reír…

-El día de lo de la torre. No pude aguantarme – dijo Scorpius avergonzado.
-Se supone que ibas a ir poco a poco – le dijo Rose acusándole con la mirada.
-Ya tengo bastante, no empieces tú también Rose.

Mientras tanto, en la mesa de las chicas…

-Ha sido muy gracioso, no te lo puedo negar. – dijo Mary, recuperándose de la risa.
-La verdad es que sí.
-Te veo un poco más animada últimamente, ¿qué ocurre?
-La verdad es que nada. – respondió Lily. – Quizá se deba a que Scorpius no me ha molestado desde el día de la prueba.
-Ya… Cómo si eso a ti te gustara. ¿Te acuerdas de qué día es hoy?
-Veintidós de marzo, ¿por qué?
-Es el cumpleaños de Malfoy, Lily.

Lily frunció el ceño. Era cierto, ¿cómo se le podía haber olvidado si siempre marcaba ese día con un corazón en su calendario? Vale, puede que esto último no lo tendría que haber confesado.

-No me acordaba – murmuró. – Bueno, creo que voy a coger unos cuantos libros para llevármelos a casa estas vacaciones y adelantar un poco de deberes.
-Estás como una cabra.

Lily se levantó de la mesa y, después de diez minutos, se dirigió hacia la salida de la biblioteca con unos cinco libros enormes sobre los brazos. Scorpius se despidió rápidamente de Rose y la siguió. Se acercó a ella cuando vio que a la chica estaban a punto de caérsele todos los libros al suelo.

-Déjame ayudarte – le dijo, cogiendo los libros y cargándolos él mismo.
-Ya decía yo que era raro que aún no hubieras aparecido.
-¿Me echabas de menos? – le preguntó con una sonrisa de oreja a oreja. Lily lo miró y sacudió la cabeza.
-¿Tienes algo que decirme? – preguntó Lily, deteniéndose frente al retrato de la Dama Gorda.
-¿Yo? ¿A ti? – preguntó Scorpius desconcertado. Lily asintió con la cabeza. – ¿Aparte de que estás preciosa y de que…?
-¿Acaso no es hoy tu cumpleaños? – lo interrumpió.
-¡Ah! Eso…
-¿No vas a celebrarlo? – le preguntó Lily.
-Nunca celebro mi cumpleaños. Aunque si quieres ofrecerme algún regalo interesante siempre me lo puedo replantear…

Lily puso los ojos en blanco, pero después sonrió.

-¿Qué tipo de regalo te gustaría? – preguntó.
-No sé. Cualquiera que me des siempre y cuando venga de ti – le respondió él.

Lily miró hacia todas las direcciones posibles mordiéndose el labio y, finalmente, se volvió hacia Scorpius de nuevo. Se acercó a él y tomó aire lentamente.

-Debo estar loca – murmuró la chica.
-¿Qué?
-Feliz cumpleaños.

Lily se puso de puntillas y rozó los labios del chico con suavidad. Pero, como era normal, Scorpius respondió con brusquedad y descontrol. Lily le concedió un minuto para que tomara el control y se quedara satisfecho, hasta que tuvo que pararlo cuando la Dama Gorda les gritó que se fueran a un motel.

-No te pases – murmuró la chica con una mueca divertida.
-Perdona. No puedo remediarlo. Si me besas así no siendo nada, ¿cómo serás cuando estemos juntos oficialmente? – preguntó el chico exaltado. Miró a Lily y se dio cuenta de que estaba poniendo los ojos en blanco. – Porque esta vez has sido tú, Lils. Has sido tú quien me ha besado.
-Solo lo he hecho como regalo de cumpleaños. No te hagas ilusiones.
-Ha sido el mejor regalo de cumpleaños que me han dado – le dijo él con una sonrisa satisfecha. – Muchas chicas me han besado pillándome desprevenido durante todo el día, pero sin duda el tuyo ha sido el mejor.

Lily apretó la mandíbula y rechinó los dientes. Le quitó a Scorpius los libros de las manos y, sin dirigirle ni una mirada, entró a la sala común.

-La has cagado chico – le dijo la Dama Gorda a Scorpius.