Continuación del capítulo anterior...

- Adelante - fue la voz de Candy autorizando el ingreso a su recámara.

- Buenos días - saludó con voz monótona una elegante y guapa mujer de mirada dura y desconfiada.

- Señora Sara - saludó Dorothy inclinando su cabeza levemente.

- Buenos días señora Sara - saludó también Candy con la cortesía que la maestra de etiqueta, en casa de Eleonor, le había enseñado.

- Tu debes de ser Candice White Baker - dijo la dama mirándola de pies a cabeza y ligeramente aliviada al ver que no guardaba ni un mínimo parecido con su esposo.

- Así es señora, mis padres me enviaron para pasar unas vacaciones en su casa - dijo usando el tono más delicado que le fue posible motivada por el temor de ser echada a patadas.

- Sé bien porqué estás aquí... bueno Candice te doy la bienvenida, Dorothy creo que hace mucho debiste salir de la habitación - recriminó haciendo que la nombrada de un respingo y pidiendo disculpas saliera presurosa.

- Su residencia es preciosa señora Sara - mencionó Candy el halago tratando de evitar la mirada inquisitiva de su interlocutora.

- Así es Candice, toda esta exquisita decoración es producto de mi buen gusto, yo, como supongo te has dado cuenta, soy Sara Leagan, la señora de la casa y he venido hasta aquí, porque es mi obligación darte la bienvenida y advertirte que para mi la educación y las buenas costumbres son algo con lo que no hay negociación, exijo que todos los integrantes de la familia tengan un comportamiento intachable, pues es nuestro deber hacer honor al prestigio de nuestro apellido. - habló duramente y mirándola con disgusto imaginando la posibilidad de que Candy hubiese heredado todo el físico de su madre.

- Haré lo mejor que pueda señora Sara - prometió la niña pensando en los días negros que se le avecinaban.

- Nuestra familia es aristocrática Candice y es una de las familias más importantes de América así que somos frecuentemente invitados a fiestas, cenas y diversas reuniones a las cuales asistirás con nosotros, así que te pido estés a la altura.

- ¿Deberé asistir aunque me sienta indispuesta? - preguntó recordando las veces en las que elegantemente Eleonor había rechazado ir a algunas reuniones alegando "estar indispuesta".

- De sentirse indispuesta querías excusada, pero imagino que no vivirás indispuesta todo el tiempo - dijo enarcando una ceja.

- Tiene razón señora Sara, eh... puede llamarme Candy si gusta - ofreció la niña puesto que le incomodaba ser llamada "Candice" y es que generalmente se le llamaba así solamente cuando la iban a regañar.

- Bien Candy, y dime, ¿mi esposo te mostró la residencia?

- No señora Sara.

- Le diré a Dorothy que lo haga, ¿Conociste a mis hijos?

- Si - contestó cohibida.

- Aún así te los presentaré formalmente durante el almuerzo, por ahora no tengo nada más que decirte, así que me retiro y te dejo descansar, por cierto los alimentos se sirven a la hora exacta, la puntualidad es importante. - dijo y dando media vuelta se marchó rumbo al estudio.

- Por fin se fue... ¡Vaya que es muy dura! - murmuró la rubia aproximándose al gran ventanal - "mi príncipe está tan cerca... te buscaré y te encontraré mi querido ángel" pensó sin poder evitar sonreír.

Colegio San Pablo

- ¿Así que tu eres el bastardo de los Grandchester? - preguntaba un muchacho de ojos grises con desprecio.

- No sabía que los asnos hablaban - contestó el niño enojado y tratando de alejarse del otro.

- ¿No sabes quién soy bastardito? - preguntó deteniéndolo de un brazo - yo soy James Güerlinton, hijo legítimo del duque Gerald Güerlinton, mi madre es la condesa Emilia Frankfurth... ¿La tuya que cosa es? - terminó haciendo la pregunta con mordacidad.

- Mi madre es una hermosa mujer y tu no debes de hablar de ella con tu sucia boca - le dijo enfadado sosteniéndole la mirada.

- Tienes razón pequeño... las prostitutas suelen ser hermosas... pero eso no les quita lo rameras - escupió burlón mientras se reía al ver que el más chico apretando los puños contenía las ganas de llorar.

- ¡Pide perdón! ¡Tienes que retractarte! - chilló Terrence.

- ¿Qué me harás si no lo hago? si eres hombre ven... vamos, hazme retractar, dame tu mejor golpe - dijo Güerlinton acercándose a Grandchester sonriendo malvadamente.

- ¡Eres un idiota! - insultó empujándolo con toda la fuerza que pudo.

- ¡Qué valiente y atrevido! pusiste tus sucias manos sobre de mi fina ropa, eso desde ya es un hecho admirable... sobre todo porque si yo quisiera podría partirte las piernas - le habló tomándolo del cabello como si de un muñeco se tratase - de echo bastardito es lo que planeo hacer - terminó de decir arrojando al niño al suelo.

- Me pienso defender - musitó en un susurro el de ojos azules y fue así como se arrojó sobre su oponente dispuesto a defenderse; sin embargo aunque su gesto fue intrépido, no fue suficiente para frenar a James que solo dejó de golpear a Terrence cuando escuchó los pasos de alguien acercarse.

- ¡Dios mío! - gritó una religiosa que palideciendo se acercaba a toda prisa dispuesta a socorrer al muchacho que yacía tendido sobre el césped.

Al día siguiente el duque visitaba a su hijo que acostado en cama se recuperaba de una costilla y un labio roto, además de los sendos moretones que adornaban su infantil anatomía.

- ¿Quién lo hizo Terrence? - inquirió el hombre sin siquiera saludar al niño o preguntarle como estaba.

- No importa - contestó prometiéndose a si mismo que tomaría venganza.

- ¡Dímelo ya! - exigió el caballero.

- No lo haré - dijo observando con terror como su padre se sacaba el cinto.

- Entonces me temo que tendré que castigarte por desobediente Terrence - amenazó acercándose a su hijo queriendo tan sólo infundirle miedo, pues jamás habría pensado hacerle daño viéndolo en la situación en la que se encontraba.

- Pues golpéeme si lo desea, o mejor máteme ¡No quiero vivir siendo un bastardo! - exclamó fuera de si.

- Escúchame bien Terrence, bastardo o no, tú eres mi único hijo y tenerte fue lo mejor que he hecho en esta vida. - habló el hombre volviendo a colocarse el cinto y descolocando al chiquillo pues esas palabras habían sido lo más cerca a una confesión de cariño que había recibido en mucho tiempo.

- Fue Güerlinton, James Güerlinton, me llamó bastardo y dijo que mi madre era una ramera - confesó el niño de forma átona y en voz baja.

- Me encargaré.

- Quiero vengarme - confesó el chiquillo con firmeza.

- ¿A golpes? - preguntó el mayor.

- Si.

- Olvídalo, un Grandchester no se ensucia así las manos - dijo el duque marchándose dispuesto a conversar largamente con la madre superiora, de su cuenta corría que James Güerlinton no permaneciera ni un solo día más en aquel colegio.

-Fin del capítulo -


Buenas noches chicas, espero que les haya gustado el capítulo anterior y la continuación del mismo que les he traído hoy, la elaboración de ambos ha sido bastante cuidadosa; sin embargo si hubiese algún error les pido desde ya disculpas.
Respondiendo a sus amables comentarios... sí, nuestra querida Candy sufrirá, pero no exactamente igual al anime, pues como ya vieron en el capítulo los hermanos Leagan no lograron mojarla a ella y tuvieron una reprimenda debido a su "bromita", así que no estará tan desprotegida en la mansión; sin embargo igual es necesario, para fortalecer el personaje, que atraviese dificultades.
Por otro lado Terry, creo que debió de vivir cosas muy duras para llegar a convertirse en el rebelde que conocemos, y pues plasmaré situaciones que creo pudieron haber pasado.

Espero me sigan acompañando y me regalen sus comentarios, ya que son ellos los que me motivan a continuar escribiendo.
Muchos cariños y abrazos.