No me explicaré, porque hay cosas que sencillamente son injustificables. Simplemente diré al respecto que he emprendido un viaje que va más allá del ámbito de espacio y tiempo. Mi vida se ha reajustado, y ahora he regresado siendo alguien que aunque en esencia sea la misma, y en el fondo es profundamente diferente.

No les pediré ni paciencia, ni fe, ni confianza, porque esas cosas sencillamente no se solicitan, se ganan. Y yo, actuando de forma constante y poniendo mi mejor empeño en llevar a buen término lo que he empezado, recuperaré esa fe de cada una de las personas que le han dado la oportunidad a este fic como historia, y a mí como escritora. Nunca me he planteado renunciar, y dejar esta historia como un asunto pendiente flotando en el aire.

Con cariño, les dedico este capítulo a todos los lectores:

Jo

Capítulo 11

Un baile para recordar

Parte II

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Me muevo al ritmo de una melodía que no soy capaz de escuchar, me siento consumida por el peso de esa mirada dura, y sin embargo al reparar en su odiosa compañera de baile, algo dentro de mí anula el efecto hipnótico de su mirada, y me permite pensar con claridad, puedo mirar las cosas con cierta perspectiva, haciéndome caer en cuenta de que a pesar de que nos dejamos consumir por la llama de la pasión, ciertamente entre nosotros no existe otra relación que la de tipo profesional… mi subconsciente me mira con la ceja levantada, al tiempo que chasquea la lengua en una expresión reprobatoria, antes de susurrar la palabra "sumisa", y yo siento como si me faltara el aire, como si no fuera capaz de procesar todo lo que Christian me soltó de un golpe y sin anestesia apenas hace unas horas. En ese instante, al verlo con la mano puesta sobre la espalda de Elena, mientras ambos siguen el compás de aquella melodía ahora inexistente para mí, fue como un jalón que me hizo bajar de las nubes, me hizo pisar tierra y darme cuenta de que para él, nada soy, que solo represento una más, y eso me dolió.

Despego mis ojos del gris helado de los de Christian, pues es casi doloroso mirarlo, mi mente da vueltas tratando de encontrarle sentido a las cosas, me siento un poco mareada ante el peso de mis pensamientos, por eso decido vaciar mi mente y poner toda mi atención en John, quien esta noche ha venido a rescatarme, y ha permitido que me sintiera parte de aquella fiesta, le sonrío con sinceridad y calidez a mi amigo, en un gesto de profundo agradecimiento. Las suaves notas de aquel vals marcan el ritmo de nuestros movimientos, y poco a poco en mi pecho se va instaurando una sensación cálida, de confort y seguridad por no tener que pasar toda la fiesta aburrida en una silla abrumada por mis pensamientos y dudas.

-No esperaba verte aquí- suelta de repente

-Yo tampoco- añado inmediatamente -He venido con Kate y Elliot

-Ah- añade distraídamente

Un nuevo silencio se instaura entre nosotros, mientras que continuamos dando vueltas por la pista, he perdido de vista a Christian, y eso me genera cierta ansiedad… ¿A dónde habrá ido?, ¿Estará con la bruja de Elena?

-Tenía tiempo sin verte Ana- su voz me saca de mi ensimismamiento

-Eso es porque tú tenías tiempo sin asistir a las reuniones- digo mirándolo con una ceja levantada- A Daniel lo vi la semana pasada

-Tienes razón- dijo divertido- el trabajo me ha tenido muy agobiado, llevar una editorial no es sencillo

-Me imagino- digo lanzando un suspiro

-La semana pasada estuve en Berna, Estocolmo y Paris

-No puedes quejarte entonces- digo sonriendo- has estado pasándola en grande

-¿Bromeas?- dice componiendo una mueca- ha sido horrible, ni siquiera he tenido tiempo de respirar

-Pero viajaste a otros países- digo mirándolo sorprendida- no seas dramático…yo estaría más que feliz de poder ir a otro lugar

-No cuenta si te lo pasas todo el día en una sala de juntas- dice guiñándome un ojo- da lo mismo el lugar en donde estés si no tienes el tiempo suficiente para darte una vuelta

-Tienes un punto- concedo

-¿Entonces tu nunca has salido del país?

-Jajajajajaja mi único viaje fue en unas vacaciones cuando visité el Gran Cañón con Ray y mi madre

-Eso es terrible- dice arrugando la frente, en un gesto extremadamente dramático

-¡Ey!- digo dándole un golpecito en el pecho- no me molestes… algún día le daré la vuelta al mundo como Phileas Fogg

-¿Quién?- dice mirándome extrañado

-¿Nunca te leíste "La vuelta al mundo en 80 días?- le pregunto horrorizada- ¡Es un clásico!

-Ehmmmm no

-Pues para manejar una casa editorial lees muy poco John- digo divertida

-Sólo leo cosas divertidas- dice encogiéndose de hombros- y el término "clásico", para mí, implica que es un libro muy aburrido

-¡Claro que no!- digo horrorizada- es muy interesante

-Lo que digas- añade escéptico- Además, yo pensaba que tú sólo leías cosas inglesas… y si mal no recuerdo Verne fue francés

-Yo leo de todo John, el hecho que sienta debilidad por la literatura inglesa, no implica que no me he dado la oportunidad de beber de otras aguas

El no me responde nada, y me da una vuelta para culminar la pieza. Después hace una reverencia, como solía hacerse antiguamente en los bailes.

-Madame- dice en tono solemne, y yo suelto una sonora carcajada

-¿John qué diablos se supone que haces?

-Estoy interpretando mi papel de Darcy, mi querida Elizabeth- dice en tono jocoso

-¡Deja de burlarte de mí!- añado escandalizada, mientras salimos de la pista de baile, con varias miradas puestas sobre nosotros.

-Ven, busquemos algo de beber- dice sonriendo

-¡Tonto!- añado sacándole la lengua

Había algo en John que me hacía sentir calidez y seguridad, era una especie de sensación fraternal la que llenaba mi pecho cuando estaba con él, y eso me agradaba. Era una sensación de protección y confianza la que el generaba.

-¡John!- se escucha una voz femenina

Ambos volteamos, y caminando en nuestra dirección viene una pelirroja voluptuosa, realmente hermosa

-Mónica- saluda él con una sonrisa- has tardado

Ella se acerca y posa sus labios sobre los de John

-Me he perdido en el camino- dice ella poniendo los ojos en blanco

-Eso te pasa por no aceptar que te pasara buscando- dice el con acidez- Por cierto, te presento a una amiga, ella es Anastasia- dice señalándome- Anastasia, ella es mi novia, Mónica

-Un placer- decimos casi al unísono, estrechando nuestras manos

Ella me mira de arriba abajo evaluándome… una mujer celosa, casi suelto una carcajada al comprenderlo, y me pregunto cómo alguien tan deslumbrante como ella puede tan siquiera considerarme una amenaza.

-¿De dónde se conocen?- pregunta con una sonrisa que pretende ser cálida

-Trabajo en Seattle Independent Publishing- respondo con voz serena- una vez tuvimos que reunirnos a discutir sobre la publicación de un libro- agrego con una sonrisa

-Ah también estás en el campo editorial-añade

-Mónica es una excelente editora- aclara John pasándole un brazo por encima del hombro a la chica

-¿Trabajan juntos?- pregunto con curiosidad

-No, yo trabajo para la revista GQ- dice con una sonrisa de suficiencia- he entrevistado a un montón de gente famosa

-Debe ser genial- digo más por ser amable que por otra cosa, pues para mí sería tremendamente aburrido dedicarme a escribir tonterías sobre farándula.

-Lo es- dice sonriendo-¿Bailamos?- pregunta Mónica dirigiéndose a John con una sonrisa en sus labios, y sé que aunque se haya mostrado amable, está marcando su territorio, así que decido hacerme a un lado- no es en él en quien estoy interesada querida- digo para mis adentros

-Iré a ayudar a Mía- digo con la excusa de salir de ahí

-¿Mía la hermana menor de Elliot?- pregunta John extrañado

-Si nos hemos hecho amigas- digo sonriéndole- Vayan ya a la pista, está por empezar una nueva canción- digo haciendo un gesto con mi mano y alejándome de ahí

OoOoO

Octavio Paz, dice que en su ensayo El Laberinto de la Soledad, que sentirse solo no es sentirse inferior, si no distinto… yo no podría estar más de acuerdo con él, yo en nada me parecía a aquello que me rodeaba, mi imagen no se reflejaba en el espejo de aquel contexto. El sentimiento de inadecuación es algo difícil de superar, y es este el que muchas veces acarrea una profunda sensación de inferioridad, estoy rodeada de gente en un lugar que me es tan extraño… camino de forma errática, sintiendo que en ningún lugar encajo. No deseo sentarme nuevamente en aquella esquina con la mirada puesta en las yemas de mis dedos, tratando desesperadamente de desaparecer. Suspiro al ver a Kate y a Elliot sentados con las manos entrelazadas, se ven tan felices… yo desearía estar así con Christian.

Siempre he cuestionado las relaciones de pareja, con los desastrosos ejemplos de mi madre, mi fe en el amor ha sufrido golpes mortales, soy una escéptica, y sin embargo lo que me sucede con Christian pone en tela de juicio muchas de mis teorías sobre el amor y su inexistencia…

¿Amor?- mi subconsciente me mira con el ceño fruncido, y yo sacudo enérgicamente la cabeza, tratando de expulsar de mi mente la terrible estupidez que acabo de pensar…

Es cierto que hasta ahora nunca había sentido tanta atracción por alguien, que cada vez que pienso en él una fuerte corriente eléctrica recorre mi cuerpo, que al recordar lo que pasó entre nosotros esa misma tarde, siento como la respiración se me agita, en mi pecho el aire se hace insuficiente…

¿Pero amor?... ¿Por qué habría dicho esa estupidez?

No es amor, porque el amor es… ¿Qué es el amor?

No sé definirlo, pero me parece que debe abarcar mucho más que el ámbito físico… y yo no sabía nada de él…

Doy un respingo al sentir un dedo deslizarse por mi nuca, los vellos de mis brazos se erizan y no tengo que voltear para darme cuenta de quién se trata, solo él tiene ese efecto en mí. Yo siempre había desestimado esos "chispazos y corrientazos" descritos en las novelas y películas rosas, siempre los consideré un mito… hasta ahora, pues lo estoy viviendo en carne propia… pues ese hombre con un pequeño roce es capaz de elevarme a la luna

-Luces perdida- susurra en mi oído

-Tal vez lo esté- digo sin pensar, volteándome para encararlo

-Entonces tal vez necesites un guía- dijo ofreciéndome su brazo- puedo hacerte un recorrido para que te familiarices con el lugar

Sin poderme resistir, enlacé mi brazo en el de él, llenándome nuevamente de confusas sensaciones ante su contacto, acompañadas por pequeños recuerdos de lo ocurrido aquella tarde.

-¿Cómo te sientes?- inquiere de repente

Lo miro con el ceño fruncido ¿Qué clase de pregunta era esa?

-¿A qué viene eso?- suelto sin pensar

-Hace unas horas dejaste de ser virgen- dice encogiéndose de hombros- pensé que eso podría tener alguna repercusión en ti

-Extrañamente no

-¿Y físicamente? ¿Tienes dolor?

-Christian estoy bien- le respondo con una sonrisa… ¿Se preocupa por mí?... algo cercano a la calidez se apoderó de mi pecho

-¿Quieres bailar?- pregunta de repente, y yo sonrío sin poder contenerme… ¡Claro que quiero!

No puedo ni siquiera emitir mi respuesta, pues la voz de la bruja de Elena, nos interrumpe:

-Christian querido, necesito que vengas un minuto conmigo- dice acercándose a nosotros y colocando la mano en su hombro

Mi alma ruega porque Christian se niegue y se quede a bailar conmigo

-Discúlpanos un segundo Anastasia- dice taladrándome con la mirada y separando su brazo del mío.

Los veo alejarse, ella le comenta algo que lo hace sonreír….y yo siento en mi pecho que algo se parte al verlos partir juntos, él se ve tan relajado con ella. ¿Será que entre ellos pasa algo?

Y al pensar en eso me lleno de ansiedad, hoy me dejé arrastrar por mis instintos, y ahora la incertidumbre me está matando, no sé si lo que pasó esta tarde fue algo de una sola vez, o si él la buscaría nuevamente… Le había entregado mi virginidad, y no me arrepentía de ello… el deseo me estaba consumiendo. Me repetía una y otra vez que yo era una persona madura que podía manejar una relación ocasional, y aún así el verlo aquella noche con Elena me partía el alma.

-¿Ocurre algo?- siento como John posa su mano en mi hombro

- No pertenezco a este lugar- suspiro con tristeza

El pasa su brazo sobre mi hombro y me atrae hacia él

-Ven, vayamos por una copa de ponche, eso alivia las penas

Yo simplemente me dejé arrastrar… necesitaba apagar mi mente

-¡Si vamos!- dije quizás demasiado entusiasta, por lo que John me miró con el ceño fruncido

Caminamos hacia los jardines, donde los invitados se refugiaban de todo el bullicio y entusiasmo del interior. Ahí se encontraban varias personas solas, o acompañadas, con la mirada perdida o riendo sin sonreír, con un cigarrillo entre las manos, un trago, o cualquier otra cosa destinada a ayudarlos a entender ¿qué están haciendo en ese lugar? ¿Qué celebran?

-Parece que no soy la única que se siente marginada en esta fiesta- digo sin pensar

-Es probable- dice John recostándose de la baranda de la terraza y encendiendo un cigarrillo- Sinceramente pienso que nadie disfruta realmente una fiesta, son actos sociales cargados de hipocresía

-Ciertamente…- digo- ¿Y qué pasó con Mónica?

-Se encontró con su jefe, y me pidió que diera "una vuelta por ahí" mientras- dijo en forma neutra, en un tono que pretendía ser indiferente, pero sus ojos delataban la contrariedad que embargaba a John

-Ahhhh- dije sin saber que más podría agregar al respecto

-¿Y tú?

-¿Yo qué?- pregunto sin entender a lo que se refiere

-Estás triste- suelta mirándome a los ojos- ¿Quién te tiene así?- añade con una sonrisita de suficiencia

-Alguien- suspiro

-El amor es una mierda- escupe

- ¿Cómo sabes que la amas?

La pregunta lo agarró desprevenido, porque se volteó hacia mí mirándome con los ojos muy abiertos. Luego se llevó los dedos a la barbilla como si meditara una respuesta

-No tengo manera de contestar a eso- dijo encogiéndose de hombros- supongo que el amor no se define, se siente

-Que complicado- suspiro

-¿Estas enamorada?

-No puedo saberlo, aunque espero que no, eso sería terrible

-¿Por qué terrible?- pregunta intrigado

-Porque sé que me enamoraría sola, él nunca llegará a amarme

-Eso es un problema- dice tomando mi mano y acariciándola suavemente- si sabes que eso es así ¿Por qué estás con él?

-Supongo que fue inevitable- digo cerrando los ojos con exasperación

-Ana tu mereces algo más que un hombre que juegue contigo

Y sus palabras quedaron flotando en mi mente, de un trago apuré el resto del ponche, y me despedí de John

-Gracias por tu compañía, me ha hecho mucho bien poder hablar contigo- digo colocando mi mano en su hombro

-¿Te vas?

Asiento levemente, conteniendo las lágrimas y la ola de confusos pensamientos que se arremolinan en mi mente

-Necesito estar sola

Camino hasta alejarme del bullicio, definitivamente en aquella fiesta no había lugar para mí, veo el reloj colgado en la pared que marca las 11:55 pm, faltan solo cinco minutos para que sea navidad… yo suspiro, tal parece que este año celebraré sola la navidad, aunque decir "celebrar" es incurrir en una mentira, no estoy de ánimos para alegrarme por nada. Con un profundo pesar me dirijo a mi cuarto.

OoOoO

Entro a mi habitación, y a lo lejos escucho los vítores y la algarabía. Yo estoy lejos de sentirme eufórica. Cierro la puerta, y a tientas busco el interruptor de la luz, y me llevo un tremendo susto cuando desde el sillón ubicado al lado de mi cama Christian me mira furioso.

-Feliz navidad Anastasia- sisea y en sus ojos resplandece todo el enojo que siente

-¿Qué haces aquí?- pregunto a la defensiva

El se levanta y se acerca hasta quedar a unos pasos de distancia, yo instintivamente retrocedo

-¿No soy bien recibido?- escupe con enojo- ¿O es que no era a mí a quien esperabas?

-No esperaba a nadie Christian- digo levantando la barbilla- de hecho pensaba que estarías muy ocupado con Elena

-Eso no viene al caso- dice desviando la mirada

-Entonces tu estúpida insinuación tampoco- añado enojada- además si mal no recuerdo, soy una persona libre, entre nosotros no hay nada, aún no he firmado nada que me comprometa

-¿Sales con él?- pregunta acercándose un poco más

-¿Sales con Elena?- le inquiero, no voy a ceder ni un poco

El me mira con furia, cada uno de los músculos de su rostro está contraído. Nuestras respiraciones están agitadas, puedo sentir como nuestros alientos se entremezclan. De repente el pone su mano en mi espalda y me acerca a él:

-Eres mía Anastasia- dice pasando una mano por mi rostro, y bajando lentamente por mi cuello hasta llegar al nacimiento de los senos- sólo mía

Yo jadeo de forma involuntaria y cierro los ojos entregándome a las sensaciones

-No quiero que nadie más te toque- añade- poniendo sus labios en mi cuello

-Eso es un poco injusto- digo con la voz quebrada- él es mi amigo

-Un amigo al que le gustas- dice con voz ronca

-Yo no le intereso, él tiene novia

-Aún así no lo quiero cerca de ti

-Tú no me ofreces nada Christian… ¿Con que derecho vienes a exigirme algo?- digo soltándome de su agarre- no es como si tuviéramos una relación

-Anastasia no puedo concebir que él esté cerca de ti

-Ni yo puedo digerir el hecho que estés cerca de Elena, pero no estoy en posición de impedírtelo- digo mirándolo a los ojos

Dicho esto abandono la habitación caminando con rapidez, temblando de rabia

-¡Ana ahí estás!- dice la voz alegre de Mía al encontrarme en el pasillo- ya iba a buscarte en tu cuarto

Tengo que hacer acopio de todas mis fuerzas para componer una expresión neutra en el rostro

-Si, ahí estaba- digo poniéndome un poco nerviosa al pensar que Mía pudo haberme encontrado discutiendo con su hermano

-¿Has visto a Christian?- pregunta en forma inocente, y yo siento mi rostro enrojecer- ya papá va a dar su acostumbrado discurso navideño para luego iniciar la cena

-No, no lo he visto en toda la noche- miento con descaro y mi subconsciente me dice que voy a arder en las llamas del infierno por hipócrita

-¡Qué lástima!- dice componiendo un gesto de enfado- ahora tendré que seguir dando vueltas para encontrarlo

-¿Qué quieres encontrar?- la voz gélida de Christian hace que de un respingo, Mía sonríe al verlo

-¿Dónde andabas metido?- pregunta- ya va a empezar la cena

Christian hace un gesto con el celular que trae en la mano, y añade:

-Trabajo- luego fija su mirada fría en mí- tuve que resolver un asunto, alguien quería poner sus manos en lo que es mío

Algo en mi interior se remueve, sé que se refiere a mí, y me siento enojada, no solo porque está jugando con fuego y Mía puede notarlo, sino porque no tiene el derecho de prohibirme nada, porque técnicamente él solo es mi jefe, y aunque fuera algo más, soy una persona dueña de sus actos, y por lo tanto, libre de elegir sus amistades

Mía pone los ojos en blanco

-¡Por Dios Christian! En navidad no se trabaja… perder unos dólares por compartir el rato con tu familia no te iba a arruinar

-No se trata del dinero- nuevamente fija su mirada en mi- se trata de dejar claro que nadie se mete con lo que me pertenece

Ahora es mi turno de poner los ojos en blanco… decido que ya he escuchado lo suficiente, así que apresuro el paso

-Los encuentro en la cena- digo en forma apresurada antes de dejarlos atrás

Siento que me agarran por el brazo, me volteo y me consigo con la mirada oscura de Christian Grey, sé que está furioso, pero no me importa, no estoy dispuesta a dejarme vencer

-Señorita Steele- dice remarcando las palabras con exasperante lentitud- vamos en la misma dirección, le ruego que nos acompañe

-Quisiera darle espacio para que pueda hablar con Mía con tranquilidad- digo fulminándolo con la mirada

-Nada de eso Ana, no seas boba- dice Mía

Christian me ofrece su brazo, instándome a entrelazar el mío con el suyo, pero yo volteo el rostro, rechazándolo abiertamente. Estoy enojada con él por ser tan controlador. Sin embargo, decirle que no a Christian Grey no es un asunto tan sencillo, siento como toma mi brazo con delicadeza pero a la vez con firmeza

-Permíteme acompañarte en la cena- dice con una sonrisa encantadora, que si no hubiera estado tan enojada de seguro me habría derretido por completo.

Lo fulmino con la mirada, tratando de hacerle ver que las cosas no se quedarán así, y que él no tiene la última palabra en el asunto. Llegamos al salón donde las mesas ya han sido ocupadas por los ansiosos comensales, los Grey siempre se han caracterizado por servir los mejores platillos en sus fiestas, entramos y Christian sostiene con fuerza mi brazo contra el suyo, yo intento soltarme, pero él con firmeza lo impide. Mía me lanza una mirada pícara de soslayo señalando con la vista nuestros brazos entrelazados, y sé que tendré que enfrentarme a un exhaustivo interrogatorio más temprano que tarde.

Varias miradas extrañadas se posan en nosotros, yo quiero asesinar a Christian… trato de buscar su mirada, pero el continúa caminando en forma impasible, ignorando mis intentos de liberarme de su agarre. En una mesa del fondo me encuentro con la mirada extrañada de John, una joven rubia nos señala disimuladamente con la cabeza y cuchichea algo con su vecina de tez morena.

-¡Christian, Mía! Grace los va a matar por perderse justo antes del banquete- dice Elena quien salió no sé de donde a nuestro encuentro

-Ya estamos aquí Elena no es para tanto- le responde Christian en tono seco, y eso diluye un poco mi enojo… no soporto a esa bruja

-Siéntense con nosotros- pide Elena señalando hacia una mesa cercana, yo hago un intento por liberarme, pero Christian lo impide sin inmutarse

-Lo siento Elena, mi madre me mataría si me siento en otra mesa que no sea la de ella- dice en forma cortes

-Que disfrutes el banquete Elena- concluye Mía, haciendo un gesto con la cabeza indicándonos que la sigamos

Y así le damos la espalda a la bruja, yo alzo la barbilla sintiéndome victoriosa y ya no intento desprenderme del brazo de Christian, con mis dedos le hago una pequeña caricia en su antebrazo, lo veo esbozar una sonrisa de lado para luego tomar mi mano libre y depositar un casto beso que despertó en mi las más oscuras sensaciones… Mi diosa interior baila de la alegría, y mi subconsciente tiene que admitir que aunque en apariencia no me ofrezca nada, y aunque el término "sumisa" aún chirrea en mí cabeza, lo que acaba de hacer le ha dado un par de puntos a favor.

continuará…