Capítulo 10.

Para buena suerte de todos, Coulson dejó que Svetlana se encaminara a Rusia, pero no iba sola; Thor, el doctor Banner y Tony Stark, mejor conocido como Iron Man, iban ahora en un quinjet para ayudar al equipo de Rogers. Mientras que los tres vengadores hablaban entre ellos, la agente supervisaba siempre su móvil para no perder rastro del equipo en Moscú. En el camino, Thor ya se había disculpado con ella por haberle causado el desmayo, ya que si no fuera por eso, Svetlana hubiese llegado con los demás al país europeo y probablemente ya estarían sacando al equipo de María de ahí.

Mientras tanto, ella aún no podía dejar de mirar el pequeño aparato, estando siempre atenta a las señales y rastreos de los agentes de SHIELD en el radar. No podían darse el lujo de fallar en eso, pensó. La vida del director corría peligro en ese momento y Svetlana se tensó en su asiento. Suspiró y recordó todos los encuentros que había tenido con Steve. Había sido todo tan extraño; de repente él parecía odiarla. De nuevo, se dijo mentalmente. Aunque, en el momento en el que Thor había entrado, él la había acompañado, bueno, más bien la había seguido hasta esconderse con el doctor Banner. Por supuesto que pensó en salvarlo a él antes que a ella. Se avisó que ya habían llegado a tierra. En Rusia ya era de noche, la una de la mañana para ser exactos, pero eso no les impediría nada. Los tres héroes y la agente salieron del quinjet luego de que Svetlana diera órdenes para que el piloto esperara ahí, y tocaron la nieve. Estaba muy oscuro el lugar, pero lograron iluminarlo gracias a la armadura de Tony y comenzaron a caminar.

—¿Y bien, cuál es el plan? —preguntó Stark.

—Estamos cerca de la base, no tardaremos más de unos minutos en llegar—respondió la agente, pero a Thor se le ocurrió otra idea.

—¿Por qué no volamos? —de pronto se detuvo el dios. Todos le vieron expectante. Tony sólo se encogió de hombros.

—Yo quiero a la chica—habló y tomó a Svetlana y voló con ella, mientras daba indicaciones de cómo llegar muy molesta. Thor tomó a Bruce y en unos segundos, estarían fuera de la base para ayudar a rescatar a la agente Hill.


Dentro de la base, el Capitán América, la Viuda Negra y Ojo de Halcón ahora estaban batallando por encontrar entre los escombros de ese lugar a la agente Hill con su equipo. No tenían la menor idea de dónde demonios habían dejado los quinjets en donde habían llegado. Lo único que encontraron fuera eran unas motocicletas y dos camiones de guerra.

—¡Siempre vienen demasiados y son muy resistentes! —gritó el agente Barton lanzando una de sus flechas a los soldados de HYDRA que llegaban a interponerse en su camino. Steve se encontraba lanzando su escudo y pateando a los agentes, mientras que Natasha ponía a prueba sus habilidades en artes marciales con ellos. La pelirroja se deshizo de dos de ellos y corrió al fondo del pasillo libre de agentes y sacó su móvil.

—Estamos muy cerca—informó, con los hombres tras ella. Un objeto metálico se deslizó por el suelo y cayó justo a la par de Natasha.

—Granada—dijo Steve rápidamente. —¡Corran! —y así lo hicieron, siguiendo el camino contrario. La explosión había sido muy fuerte, que causó que la pared del pasillo en donde se encontraban se viniera abajo, provocando un incendio. —Debemos encontrarlos, rápido—ordenó y caminaron un poco más.

—Pero estamos yendo en la dirección contraria—comentó Natasha cansada.

—Debe haber una forma de llegar a ellos—intervino Clint, y justo después escucharon un rugido que parecía muy familiar junto con balazos y martillazos que venían cada vez más próximos a ellos.

—¿No creen que sean ellos, verdad? —inquirió la pelirroja a sus compañeros. Los tres ahora estaban muy confundidos y sus miradas lo decían todo.

Algo derribó otra pared que quedaba ahí debido al fuego, y Steve trató de proteger a los dos agentes con su escudo. Salió mucho humo por todos lados y cuando se esfumó, se sorprendieron de quiénes estaban ahí para ayudarles.

—¿Están todos aquí? —preguntó Clint confundido. Hulk respondió con gruñido a eso.

—Svetlana, ¿estás bien? —se acercó rápidamente la pelirroja a la chica. —Te desmayaste, ¿cómo es que estás aquí?

—No fue nada, enserio—respondió con honestidad. —Y quería ayudar, no te preocupes por mí.

—¿Y nadie me extrañó? —interfirió Stark, como siempre. Clint se rió y negó con la cabeza.

—Como pasó aquella vez, creo que no es nuevo para ninguno de nosotros—contestó Natasha, recordando el día en el que atraparon a Loki y Tony se coló con su música de AC/DC en la misión.

—Bien—intervino de buena gana el capitán. —Ahora que estamos todos aquí, quiero a Hulk y a Thor defendiendo el camino, al frente; Stark desde arriba; Svetlana y Natasha en el centro, así podrán guiarnos hasta donde se encuentra presa la agente Hill y Fury; Clint y yo defenderemos atrás—ordenó y todos acataron las instrucciones. Los agentes de HYDRA empezaron a llegar en pocos segundos.

Hulk comenzó a aplastar las paredes del lugar y Thor se deshacía de todos los soldados de HYDRA que podía, así como Svetlana y Natasha que ahora hacían un buen equipo pateándoles el trasero, Tony eliminaba a todos los que podía con su reactor, Clint y Steve hacían un gran trabajo defendiéndolos a todos desde atrás. Después de unos minutos de batalla, ya habían eliminado a la mayoría de los agentes de la organización, sin embargo, otra cosa explotó y los llevó a todos a rincones diferentes, propinándoles fuertes golpes. No sabían de donde venía tanto explosivo.

Svetlana cayó a la par de Steve. ¿Por qué siempre era él?, se preguntó cansada en el suelo. Unas balas trataron de darles a ambos, y logró divisar a la persona con el arma, mientras veía a los Vengadores retorcerse del dolor en la superficie, y la sombra se acercaba más y más hacía ella. Vio un destello en su brazo izquierdo y una estrella roja. Al instante lo reconoció. El Soldado de Invierno. Quizás olió el miedo de la agente porque empezó a dispararle de nuevo.

Rápidamente, Svetlana tomó el escudo de Steve en el suelo y lo usó para cubrirlos a ambos, hasta que escuchó que algo había derribado al hombre. Había sido Thor el que lo había enviado a volar a otro lado. El golpe que le dio el dios había sido tan fuerte que había creado un agujero en una de las paredes. Todos comenzaron a levantarse y entraron en el agujero para seguir al hombre que los había atacado.

—Por aquí hay un atajo, podemos llegar hasta el lugar en donde Hill y Fury están cautivos—avisó Svetlana, sin embargo solo Steve le escuchó.

—Vamos ahora—dijo y ella lo guió por una serie más de pasillos, vamos que el lugar parecía laberinto. Tenían muy bien escondidos a los dos agentes. Mientras tanto, los demás vengadores seguían luchando contra el Soldado.

Cuando llegaron frente a la puerta, esta tenía un código de acceso. Steve botó el panel con su escudo y la puerta se abrió, los encontraron a ambos en el suelo. Fury estaba inconsciente y la agente Hill sentada en el suelo un poco herida. Svetlana ayudó a la agente Hill y Steve se ocupó de Fury, y salieron de ahí lo más pronto. Al salir, Steve le dio la orden a Hulk de llevar el cuerpo del director a un lugar seguro y la agente Hill le acompañó fuera de la base.

Se reunieron con el equipo rápidamente, aparentemente todo se había calmado y ya habían logrado deshacerse del Soldado de Invierno. Los únicos que le reconocieron fueron Svetlana, Clint y Natasha, aunque ninguno dijo nada, menos Svetlana; los otros hombres no sabían nada, aunque Hill y Fury quizás sí ya habían coincidido con él.

—Creo que ya es hora de irnos—comentó Steve agotado. Todos asintieron y se dirigieron a la salida, o al menos a buscar la que Hulk había hecho, pero de pronto comenzaron a disparar de nuevo y Natasha fue la primera en recibir uno. Clint corrió hacía ella y la ayudó a ponerse de pié mientras el hombre de HYDRA aún les seguía el paso.

El capitán se quedó de último para defenderlos y cuando salieron, se hicieron un presuroso camino hacía el quinjet, sin embargo, el Soldado lo alcanzó y comenzó a luchar contra él. Dentro del quinjet, el doctor Banner ya no era Hulk y trataba de ayudar a Fury y a la agente Hill. Luego ayudaría a Natasha. Svetlana por dentro se sentía muy preocupada por toda la situación, si bien pudo tener sus rabietas con Steve, ella no quería perder a alguien. Menos a él.

Entre tanto, Steve pudo derribar con su escudo al hombre, pero antes de que él se fuera, sacó otra arma y le disparó por detrás. Sorprendentemente, no le hizo nada, llegó después. Cayó a la rampa de la nave, sollozando de dolor y Svetlana salió detrás suyo para socorrerle.

—¡STEVE! —exclamó, mientras el hombre sentía punzadas de dolor en su interior. Svetlana lo ayudó a entrar a la nave y lo acostó en el centro de todo. Todos veían como el capitán se retorcía de dolor y no tenían la más mínima idea de qué hacer en ese momento. Ella se desesperó y vio que su rostro se tornaba rojo, sabía que no podía respirar, así que le sacó la máscara. Luego pudo ver que sangre brotaba de su boca y su abdomen, y comenzó a toser. Svetlana hizo todo lo que pudo en ese instante y el doctor Banner le dio instrucciones a Tony, quien ya se había quitado su armadura, para que ayudase a María a socorrer al director. Clint ayudaba a Natasha con su herida de bala en la espalda y Thor solo se quedó ahí parado sin saber qué hacer exactamente.

Bruce trató de reanimar al capitán usando un desfibrilador y la reanimación cardiopulmonar usando todas las técnicas que sabía. Al final, comprobó su pulso con sus manos y acercó su oído a su pecho.

—Parece que se ha ido por ahora—habló en voz baja. Steve ya tenía sus ojos cerrados.

—¿Qué? No, él no puede morir—musitó Svetlana, y pocas lágrimas surcaban ya su rostro. Negó una y otra vez, no debía permitirse creer eso. Ella reposó su cabeza en su pecho y lloró como nunca lo había hecho. Todo lo que le había dicho ahora quedaba en su conciencia, se había arrepentido de haberle ocultado lo que sabía.

Y lo peor de todo es que él no sabría que murió a causa de su mejor amigo.


Un tiempo pasó en la nave y aún no aterrizaban. Los vengadores se dedicaron a encontrar cada uno su espacio en el pequeño quinjet para poder descansar, sin embargo Svetlana se negó a abandonar el cuerpo del capitán y permaneció ahí en el suelo abrazándolo y llorando hasta quedarse dormida; no obstante, si ella hubiese permanecido despierta solo un poco más, hubiese escuchado el aliento del héroe americano.