Esta es una historia alterna escrita sólo para entretenimiento, basada en el anime de Kyoto Misuki. Las situaciones y actitudes de los personajes son producto de mi imaginación y autoría.
Un Compromiso
Capítulo 11
Por Sofía Morrison
Chicago
-Albert, ¿no recuerdas nada más?- preguntó Candy emocionada.
Después del shock inicial, ambos se habían sentado abrazados y sonrientes en la sala. Sin embargo, Candy tenía curiosidad por su príncipe.
Albert se puso un poco serio. ¿Le diría que ya recordaba a Terry?
-Pues… de hecho sí. Te recuerdo, en Inglaterra. Tú estabas de uniforme.- dijo Albert, mirándola a la cara. Candy sonrió y volvió a abrazarlo.
-Oh Albert. No puedes imaginar lo feliz que estoy.- dijo recargando su cabeza en el pecho de él. Albert la estrechó. Ya habría tiempo después para volver a la realidad.
-Y yo princesa. Ahora sé que siempre me has cuidado, ¿eh?- Candy rio.
-Pues aún no recuerdas todo porque ha sido al revés. Tú siempre me has salvado.- dijo con una sonrisa.
-No podré estar seguro hasta que recuerde.
-Y lo harás, estoy más segura que nunca. Tendrás que explicarme por qué usabas falda.- Albert rio.
-Serás la primera en saberlo.- dijo con un guiño.
"Si tan solo pudiéramos quedarnos así para siempre…" pensaba Albert con melancolía, mientras se preguntaba cuánto tiempo más podrían estar así.
Nueva York
-Bueno, y ¿cómo va la obra?- preguntó Terry mientras comían. Susana se quedó callada y tragó despacio. No quería hacer sentir mal a Terry, pero tampoco preocuparlo.
-Bien. Ya conoces a Henry.- dijo Susana tomando otro bocado.
-¿Te ha dado problemas?- preguntó Terry más por charlar sobre algo que por verdadera curiosidad.
-Durante la obra no. No es mal actor. Solo que…
-¿Qué?
-No es tú.- Terry sonrió con un poco de amargura.
-Eso es obvio.- Susana sonrió.
-Parece que son igual de modestos.
-¿Me llamas vanidoso, acaso?- dijo Terry, subiendo un pedazo de gelatina a su cuchara y amenazando a Susana con arrojársela.
-No te atreverías.- lo retó ella con una sonrisa. Terry no planeaba hacerlo, hasta ese último comentario de Susana. A él nadie lo retaba. Le lanzó un pequeño pedazo de gelatina en la mano.
-Habéis profanado mi mano.- exclamó Susana exagerando sus gestos. Ella removió la gelatina y Terry tomó esa mano entre las suyas.
-Si mi indigna gelatina profana con su contacto esta divina mano, he aquí la dulce expiación: ruborosos peregrinos, mis labios se hallan prontos a borrar con un tierno beso la ruda impresión causada.- dijo Terry, recitando el primer diálogo entre Romeo y Julieta, con unas ligeras modificaciones.
Susana se sonrojó y sonrió sin poder contenerse.
- Buen peregrino, sois harto injusto con vuestra gelatina, que en lo hecho muestra respetuosa devoción; pues las santas tienen manos que tocan las del piadoso viajero y esta unión de palma con palma constituye un palmario y sacrosanto beso.
-¿No tienen labios las santas y los peregrinos también?- Terry sonreía feliz de que Susana le siguiera el juego.
-Sí, peregrino, labios que deben consagrar a la oración.
-¡Oh! Entonces, santa querida, permite que los labios hagan lo que las manos. Pues ruegan, otórgales gracia para que la fe no se trueque en desesperación.
-Las santas permanecen inmóviles cuando otorgan su merced.
-Pues no os mováis mientras recojo el fruto de mi oración. Por la intercesión de vuestros labios, así, se ha borrado el pecado de los míos.
En la obra, Romeo besa a Julieta. Susana, en parte deseando el beso, en parte siendo realista, se quedó quieta, temblando. Terry sonrió. Le divirtió la incertidumbre de Susana. Le gustaba saber lo que podía provocar en la joven. Tomó la mano de Susana en la que depositó un suave beso. Ella enrojeció al momento.
-Mis manos, en este caso, tienen el pecado que os quitaron.- dijo Susana sonriendo. Terry sonrió.
-Bravo. Espero así lo hagas en el teatro con Henry.
-Lo hago mejor contigo.- dijo ella con timidez.
-Eso es obvio.
-Eres un vanidoso.- ambos sonrieron.
-Terry, ¿no será bueno que te deje dormir un rato para que descanses?- preguntó Susana. Si bien quería seguir con él, no quería hartarlo.
-¿Descanse de qué? No hago nada. Oye… ¿quieres verme caminar en muletas?- dijo Terry con orgullo.
-¡Claro!
Terry caminó con las muletas sin caer ni tropezar. Susana pensó que él lo hacía realmente bien. Al recordar lo independiente que era Terry, se sintió muy contenta.
Chicago
Entre risas, abrazos y momentos de alegría, Albert preparó la comida, pues Candy moría de hambre. Ella se ofreció a ayudar, pero Albert se sentía con demasiadas energías, por lo que ella solo arregló la mesa.
-Está delicioso Albert.- dijo Candy entre bocados.
-Me alegra que te guste.- dijo él satisfecho con comentario de ella.
-Es que es cierto. No entiendo cómo tienes tan buen sazón.
-En cuanto lo sepa, te lo diré.- dijo con una sonrisa. –Candy, ¿se te antoja salir por un postre?- ella sonrió asintiendo hasta que su rostro cambió.
-Albert, el doctor dice que debes descansar.
-El doctor solo dijo que debo tomar mi medicina. Estoy bien, lo prometo. Quiero salir a despejarme.
Candy lo pensó un momento. No podía decirle que no a Albert y menos a un postre.
-Ya que insistes…-dijo con una sonrisa.
Tomaron sus abrigos y salieron al frío de Chicago. El sol aún no se ocultaba pero faltaba poco. Caminaron hasta la pastelería más cercana.
-Muy bien. Escoge.- dijo Albert. Candy sonrió ante todos los pasteles. Escogió uno de chocolate.
Al salir Albert, con Candy en un brazo y el pastel en la otra mano, el rostro de un hombre le pareció familiar. ¿De dónde lo conocía? ¿Dónde lo había visto antes? El señor miró a lo lejos y sus miradas se cruzaron. La tez blanca del señor se volvió pálida y parecía apunto de desmayarse. Albert, aun con Candy, caminó hacia él. Cuando Candy vio hacia dónde se dirigían, reconoció al señor sentado en el suelo.
-¡George!- gritó, corriendo a ayudarlo.
Albert cruzó la calle con ella y ella se agachó a revisarlo.
-¡George! ¿Te sientes bien?- le preguntó. –El señor necesita aire, aléjense un poco.- pidió Candy a la multitud chismosa que se había arremolinado. -¿Cómo te sientes?
George se sentía abrumado. ¡Ahí estaba Albert! ¡Frente a sus narices! ¡Paseando como si nada, mientras la pobre tía abuela sufría!
Albert, por otro lado, empezó a sufrir una jaqueca. ¿Quién era ese hombre? ¿Por qué no podía recordarlo? ¿Por qué parecía tan afectado al haberlo visto? Comenzó a marearse.
-Candy…-dijo en voz baja antes de desvanecerse. Candy giró y al ver a Albert en el suelo, se acercó desesperada, olvidando a George casi por completo.
-¡Albert!- dijo Candy, tomándolo por los hombros, pero él ya había perdido la consciencia.
George, queriendo a Albert casi como a un hijo, se preocupó y se acercó a verlo.
-Albert. ¿Estará bien?- preguntó a Candy, sonando desesperado.
-Sí. Seguro está recordando algo pero… ¿Cómo supo su nombre? ¿Se conocen?- preguntó ella confundida.
George dudó. ¿Cómo que Albert estaba "recordando"? Y, si Candy no sabía que George y Albert se conocían, entonces no sabría nada de la vida de Albert. ¿Le diría la verdad?
Nueva York
Después de que Terry caminara un rato en muletas, le pidió a Susana que le leyera un poco.
-¿Otelo otra vez?- preguntó Susana, buscando los libros en su bolsa.
-¿Traes más?
-Claro. Otelo, El Rey Lear, Hamlet, Antonio y Cleopatra, y Don Juan Tenorio.
-Quien te viera, tan estudiosa.
-Bueno, creí que querrías que te leyera, por eso los traje.
-Seguro eres de esa gente que se la pasa encerrada leyendo libros todo el día.
-Si así fuera, no tendría nada de malo.- dijo Susana enseñando la lengua en señal de disgusto.
-¿Cuál es tu obra favorita?- preguntó Terry, curioso.
-Tengo dos. Romeo y Julieta fue la primera obra que leí y desde entonces me enamoré del teatro. La segunda es el Rey Lear.
-¿Por qué el Rey Lear? Creo que es una buena obra pero me gusta mucho más Romeo y Julieta.
Susana sonrió con timidez y sonrojada.
-Pues… verás… Oh Terry, ya lo sabes. No me hagas avergonzarme más.- pidió Susana. Terry sonrió. Claro que él ya sabía.
-No tengo idea de lo que estás hablando. Dime.
-Terry.- le dijo Susana en tono de reproche.- Pues… porque actuamos juntos. Ya. Ya lo dije.- Susana, tratando de ocultar su rubor, giró su rostro para que Terry no la viera. Terry le tocó el hombro.
-Eres muy linda, Susy. Y divertida.- dijo con una sonrisa. El corazón de Susana latía rápidamente. "No podré olvidarlo nunca." Pensó ella.
Continuará…
Perdón por la demora y por hacer el cap taaan chiquito, pero ya saben, tiene que continuar la emoción. ¿Sugerencias, comentarios? REVIEWS! Muchas gracias a todas las que me escriben. Gracias por sus reviews en el capítulo pasado a Soadora, Kitten Andrew, Paolau2, Josie (mil gracias por tu review tan linda), NaThouDeLiDouX, Blackcat2010, Merlia y Laila. Besos y nos leemos pronto en el siguiente cap.
