Lo prometido es un pacto para mí, son las 10 de la noche donde vivo. Agradezcan al café y que no hay escuela! Disfruten el capi que va para el concurso de atrocidades convocado por sion allegra! (ella es la de la idea, no me miren así hehehe) Se valen las porras!
o-o-o-o
-Un enemigo común de todos nosotros…- suspiró y dirigió específicamente su vista a la orden del pasado -…Ustedes no son los únicos que vienen de 1981-
-¡¿Qué?- reaccionó de inmediato Snape, desde la punta de la mesa, sin quererlo. Pero…no podía ser que lo que creyera, eso, fuera cierto.
-Así es- confirmó el viejo director de Hogwarts –De algún modo, la maldad ha parado en este tiempo, para reforzar su lado…-
Ese silencio incómodo que se hace cada vez que se va a dar una mala noticia, se hizo presente como de costumbre en todo el día, antes de poder decir la peor parte del asunto.
-El Voldemort de 1981 se encuentra en este tiempo-
o-o-o-o-o-o-o
…Debilidad…
El pensamiento de "Denme un galeón por cada vez que hemos guardado un expectante silencio y me haré rico" cruzó la cabeza de Sirius. Al igual que pensaba en tomar cursos para mantenerse sereno después de noticias tan desagradables, pues ese día, no le habían dejado de llover. Creyó que no podía haber nada peor que lo que ya estaba pasando, y también se equivocó.
Serenamente, se llevó una mano a la cabeza y se masajeó la sien sin mucha delicadeza, antes de que su calmada voz transportara las palabras desde el cerebro hasta su boca:
-¡¿DOS VOLEMORT?-
Nadie se molestó por calmar a hombre o pedirle que bajara la voz, se encontraban shockeados por las últimas palabras y reconocían la entereza de Sirius. Sentían envidia de que él sí hubiera encontrado su voz para expresar lo que sentía. Pero después del alarido sorprendido y aterrado del viejo merodeador, nadie dijo nada, todavía luchando por coordinar sus ideas.
-¿Está…seguro? cómo, qué…yo, él…nosotros, maldito…entonces…¡Merlín!- la segunda voz que se pudo escuchar pertenecía a la misma persona con unos cuantos años menos, pero no por eso fue más clara.
Los Black eran excelentes a la hora de expresarse.
Ya nadie hizo un solo comentario, por unos momentos. Esperaban a que las palabras llegaran solas y que la barrera que impedía su libre flujo cayera. Pero de la manera en que se vino…
Al mismo tiempo, todos brincaron de sus asientos, parados alrededor de la mesa y dejando a sus bocas decir todo lo que tenían que decir, a sus mentes agotarse hasta que no pudieran más. El estruendo de las sillas empujadas hacia atrás por la acción fue impactante, los más jóvenes guardaron silencio mientras los mayores decían y discutían como si la vida les dependiera de eso.
Las dos orden del Fénix hablaban al mismo tiempo, con sus diferentes voces, todos al máximo volumen porque querían ser escuchados por el viejo Dumbledore. Mientras el hombre solo dio un paso atrás, verdaderamente intimidado. Todos ellos agitaban las manos con furia y gritaban pidiendo explicaciones por tal desastre ¿Debía haber culpables no? En ese momento no les importaba averiguar, todo lo que querían eran respuestas y el hombre que las tenía era Albus, siempre era él.
Así que dejaron de lado la supuesta calma que debía prevalecer, al ser de épocas distintas, y comenzaron a maldecir y pedir a gritos la información que hacía falta, o rogando que todo fuera una vil broma de mal gusto. Aquellos del pasado se encontraban bastante estresados por el puro hecho de que estaban en un futuro donde Voldemort seguía vivo, ¡15 años más de torturas! Y ahora…dos juntos.
El presente se encontraba casi arriba de la mesa pidiendo a Merlín que todo fuera un gran error, pedían que todo fuera falso y algunos llegaron a prometer que no harían comentarios sobre los calzones del viejo mago de barba blanca y túnica azul. Pero la iluminación no venía y con cada milésima de segundo más, perdían la esperanza. Gritaban a todo pulmón por la explicación completa, sabían que debían ser ordenados para escuchar y que los escucharan, pero…todos querían hablar al mismo tiempo.
Se llegó al terrible punto donde a nadie le importó el bando, el tiempo o la edad. Cada quien buscaba por su tranquilidad, el acabar con la intriga que los invadía, y comenzaron a callarse unos a otros de maneras poco civilizadas. Unos cuantos tenían en alto sus varitas para lograr lo que querían, eran como animales tratando de despedazarse unos a los otros.
Ambos directores de Hogwarts levantaron sus voces para tratar de calmarlos, pero, no sirvió de nada. La situación por increíble que pareciera los estaba superando, y a través de esos cansados ojos azules, vieron como su orden se perdía en una lucha inútil.
o-o-o-o-o
Harry esperaba que muchos trataran de negar lo que Dumbledore tenía que decir en cuanto se enteraran, pero el silencio que había seguido después de su declaración no lo esperaba. Silencio que pocos minutos después fue roto por su padrino y luego por la misma versión de Sirius pero joven. Creyó que eso era un gran avance, no había visto a nadie desmayarse o azotarse contra la mesa por la incredulidad, que tonto había sido al creer que todo seguiría bien, en calma.
De algún modo, supo qué venía antes de que pasara. La mano cálida de su padrino que estaba posada sobre la suya, de repente se heló, como si el calor del cuerpo del animago se hubiera esfumado. Eso era una mala seña, además del más pesado de los silencios que precede a la desgracia y lo malo. Miró de cara en cara, los mismos rostros incapaces de hablar, abriendo y cerrando la boca como peces en el agua. Cuando pararon de hacer eso, era que habían encontrado su capacidad de hablar.
Sintió que la mano de Sirius se apretó sobre la suya con una fuerza descomunal, que le hizo dar un pequeño grito de dolor. Pero nadie los escuchó porque al mismo momento todos se levantaron de sus asientos, haciendo a las sillas chirriar contra el piso del comedor. Seguidos por sus fuertes voces demandantes de atención y respuestas.
Se alejó, levantándose de su silla el también, pero no para pedir respuestas como todos trataban. No quería estar en el centro de todos esos gritos que parecían multiplicados por el espacio en el lugar, haciendo eco de un lado a otro e incrementado el sonido cientos de veces peor. Dio tres pasos hacia atrás, tomando su mano lastimada con la otra, no…comprendía. No sabía, cómo Sirius…podría ¿Dañarlo? No, no se había dado cuenta de lo que estaba haciendo, y ahora tampoco. Su cara no era visible, pero su voz y sus movimientos feroces y rápidos solo le hicieron recordar al hombre de los carteles de "Se busca" al convicto de Azkaban que intentaba asesinarlo. Su voz era igual de ronca, e imaginaba su cara de un color rojo oscuro hasta uno púrpura, porque no veía el momento en el que tomara aire y dejara de gritar.
Podía sentir lo enojados que estaban todos, no había que ser muy sensitivo para saberlo. Bastaba con las fuertes palabras lanzadas al director, o los cortantes comentarios que hacían sobre la situación ¿Había sido su culpa todo aquello?
Giró temeroso la cabeza a su derecha y divisó a sus amigos todos juntos. Fred y George al ser los mayores –en ese momento- pasaron de forma protectora sus brazos alrededor de Ginny y la acercaron hacia a ellos, tratando de protegerla del miedo que la embargaba al ver a sus padres así. También estaba Ron quien le tomaba la mano a Hermione con fuerza, y aunque no pudiera ver tampoco sus caras, sabía cómo se veían. Neville al igual que él se encontraba alejado, lo más que podía, porque su abuela discutía con una fuerza casi inaudita para una mujer de su edad. Su voz había dejado de ser seca y ahora parecía tener los pulmones de un niño de 5 años.
Todos ellos se encontraban a un lado, viendo como los seres que los protegían y lo que más querían en el mundo, estaban enfrascados en una acalorada lucha por obtener respuestas. En esas facetas, que quizás todos ellos desconocían y ahora empezaban a temer de ello.
El movimiento de otra silla que fue empujada un poco más atrás hizo que todos los jóvenes dieran un pequeño brinco. Después, el concentrar su mirada en el punto donde había empezado todo fue lo peor.
-¡ESPERA!- el Sr. Weasley trató de silenciar a su esposa de una manera brusca, levantando su voz por encima de la de ella, tratando de conseguir la información. Pero Molly no hizo caso en lo más mínimo y siguió con sus propias dudas, superando –si acaso era posible- la voz de su esposo.
Los muchachos Weasley se quedaron inmóviles por esa pequeña escena, pero lo mismo se comenzó a repetir en todos. La abuela de Neville incluso había sacado un bastón que traía para apoyarse y lo comenzó a golpear sobre la mesa para conseguir más atención. Ambos Moody trataron lo mismo que el director, tratar de aplacar a todos los presentes, pero no podían por más que los amenazaran con maldecirlos. Eso quizás empeoraba las cosas, porque muchos optaron por tener sus varitas en alto.
Y si el caos no se podía poner mejor a los ojos de los jóvenes, todo terminó por salirse del poco control que quedaba. Harry observaba como su padrino y Remus discutían fuertemente, llegando a pensar que quizás se atreverían a levantar sus varitas uno en contra del otro. Se decían palabras tan fuertes que, su cuerpo mejor decidió bloquear cualquier sonido del exterior, solo el latido de su corazón zumbando en sus oídos, y causando que su piel se enchinara a cada pocos segundos. Agradecía no poder verlos de frente.
Poco a poco pasó por su mirada por cada uno de los de la sala. Lo viejo que se veía Dumbledore, cómo Snape había perdido la cordura. El Moody que todos habían temido en su cuarto año, los Sres. Weasley de una manera nunca antes vista. Pasando a la joven y emprendedora orden del fénix… Los Longbottom alzando sus voces como nunca para ser atendidos con urgencia, algo inusual para todos. Y el director más joven perdido entre los gritos de su orden.
Pero quizás lo más cruel, o que Harry pensó que nunca vería –por obvias razones- era la escena que formaban los merodeadores.
Los jóvenes Sirius y James discutían entre sí, con voces potentes y movimientos furiosos, tratando de aplacar uno al otro.
-¡YO-SOY-EL-PADRE-DE-HARRY! ¡ESPERA, SIRIUS!-
-¡NO TE ATREVAS A DECIRME QUÉ HACER JAMES! ¡TAMBIÉN ES MI FUTURO! ¡¿QUIÉN DICE QUE ACASO NO TENGO HIJOS?-
El joven Remus tratando de intervenir, metiéndose entre los dos que ya se daban pequeños empujones que pronto terminarían en pelea.
-¡OH, POR MERLÍN! ¡CÁLMENSE LOS DOS!-
La rata traidora –que Harry apenas había notado- tratando de darle su apoyo a alguno de los merodeadores.
-Eh…Si, por lo de Harry…buen punto Sirius…chicos eeh mejor…escuchen a Remus-
Tan minúsculo, atreviéndose a meterse en eso. Pero, eso no era lo peor. No era la gota que derramó el vaso y que hizo a Harry sentirse la peor persona en el mundo por motivos que no lograba aclarar.
Su madre, tirando del brazo de su padre para calmarlo, y James la ignoraba completamente para seguir su riña contra Sirius y Remus, callando a Peter también.
-¡JAMES! ¡POR FAVOR!-
Algo se encendió dentro de la cabeza del ojiverde, un recuerdo. Luego, su madre decidió dar esa pelea por perdida y con lágrimas en los ojos se apartó de los merodeadores, escondiendo su cara roja y húmeda entre las manos, sollozando entre los gritos de la orden.
Se desconectó completamente de la escena y de su alrededor pensando en si él había sido el culpable. Pensando en si debió decirle a Dumbledore lo de los dos Voldemort, porque él era débil como para no enfrentarlo. ¿Débil? La profecía, la maldita profecía que lo había marcado decía que debía ser él quien debía derrotar a Lord Voldemort, no Dumbledore, no Sirius, ni sus padres. Él, solo él. Sin la ayuda de nadie con un poder que el señor Tenebroso desconocía… ¿Qué poder? Era tan ordinario como los magos que estaban presentes, incluso ellos tendrían más oportunidad contra Voldemort que él. Era un muchacho de casi 16 años que estaba atrapado contra la pared y por eso le había pedido su ayuda a Dumbledore, le había contado que tenían otro enemigo. No contaba con que el viejo director lo divulgara para la orden. Era entonces, desde el principio, su culpa por haber metido a más personas en esto ¿Verdad? Era su culpa que la orden se peleara como si fueran de distintos bandos, era su culpa que los Longbottom dejaran de ser tan pacíficos como siempre lo imaginó Neville. Su culpa que la abuela de su amigo actuara como una colegiala… su culpa que los Weasley le tuvieran miedo a sus propios padres y tuvieran que presenciar cada segundo de la escena. Su culpa que desde un principio, Molly y Arthur pelearan… que los merodeadores parecieran un grupo de Slytherin, que su padrino estuviera discutiendo con el único amigo que le quedaba...
Que su madre llorara.
Sintió como un frío comenzó a invadirlo desde dentro, y una presencia intrusa en su mente hizo su aparición, dejando en blanco sus pensamientos, pero sintiendo y escuchando cada cosa que el intruso deseaba que escuchara.
Sintió deleite. Voldemort gozaba lo que veía a través de los ojos de Harry.
Sintió alegría. Como si el mago tenebroso ya diera por ganada su campaña.
Sintió poder. De nuevo, la criatura de los tentáculos trataba de usarlo…
Y una sonrisa se formó en su oculto rostro, la sonrisa de Lord Voldemort.
-¿Vez el poder, de la tan famosa, Orden del Fénix, muchacho? No tienen oportunidad contra mi-
Después de lo que estaba viendo, Harry no encontraba las palabras para contraatacar ese punto. ¿Quién le aseguraba que no se iban a matar entre ellos en ese mismo momento? ¿Qué seguirían igual? ¿Qué la orden no se desharía? Y todo por su estúpida debilidad, solo su debilidad.
¡TODO ESTABA PASANDO POR ÉL! Y no había nadie para negarlo… el había acabado con la orden, había terminado lo que empezó el 31 de Octubre.
Voldemort asintió malvadamente dentro de él.
Una solitaria lágrima que no fue llamada recorrió su mejilla lentamente y se detuvo en su barbilla. Fue ahí donde la presencia se retiró de inmediato, como aquel día del ministerio. Harry de inmediato sintió que la mitad de la fuerza que tenía lo abandonaba –lo cual no era mucho- y se tambaleó hasta una silla cercana, tomándose fuertemente para no caer. Le costaba mucho respirar y el ambiente se empezaba a poner caliente, literal y figurativamente.
La lucha de la orden sin duda no cesaría pronto y él de la nada sentía su cuerpo arder, los ojos le pesaban y el aire se le cerraba alrededor. Cerró los ojos tratando de tomar un respiro, pero se puso peor. Una ola de vértigo lo atravesó fuertemente y se obligó a mantenerse de pie, aunque sus rodillas temblaran y cada parte de su cuerpo se sintiera adolorida.
-No mostrar debilidad- se repitió a sí mismo mientras amoldaba sus manos para tener mejor soporte de la silla.
Pero los gritos de la orden se volvieron a encender con toda potencia en su cabeza.
-¡ES DEMASIADO!-
-¡DEBE DE HABER ALGÚN MODO DE ARREGLARLO!-
-¡NO LUCHAREMOS ASÍ, MORIREMOS TODOS!-
-¡MALDITA GUERRA…MALDITO VOLDEMORT!-
Su respiración se hacía lenta e invisible, y no era algo que quisiera. No alcanzaba a tomar aire como debía.
-¡MANDEMOS TODO AL DIABLO! ¡DÍGANOS SOBRE EL FUTURO!-
-¡EL FUTURO NO DEBE SER ALTERADO! ¡NO ARRIESGARÉ LO QUE TENGO!-
-¡PODRÍA SER MEJOR!-
-¡PODRÍA SER MUCHO PEOR!-
La cabeza le punzaba dolorosamente, la presencia de Voldemort había sido mucho más que una linda visita. Las figuras comenzaban a verse dobles y triples.
-¡TENGO UN HIJO DE UN AÑO!- gritó James -¡TODO POR UNA MALDITA PROFECÍA!-
-¡Y YO TENGO UNA FAMILIA, SR. POTTER!-
Esa, había sido la voz de su padrino. No del pasado, su padrino… quien pasó 12 años en Azkaban esperando…Sirius. ¿Su padre y Sirius peleando, acaso el deseo más grande de su padrino no era convivir con su padre, de nuevo?
Ahora sintió frío y comenzó a temblar violentamente.
-Harry…- el sollozo de Lily, desde el otro lado del comedor, se abrió pasos hasta los oídos del joven. James la abrazó con lágrimas en los ojos, pero seguía discutiendo.
-¡ESPERO QUE LUEGO NO SE ARREPIENTAN DE DEJAR UNA OPORTUNIDAD COMO ÉSTA IR, Y NO CAMBIAR NADA DEL PASADO!-
-Basta…- susurró Harry apenas audible, seguro de que nadie lo había escuchado. Y después, todo se volvió negro.
o-o-o-o-o
Cada minuto la discusión subía de nivel de una manera increíble. Habían pasado del tema de los dos Voldemort al tema de aprovechar el viaje al futuro, para cambiar el pasado. Ahora, Sirius parecía increíble el hecho de estar discutiendo a muerte con James, su hermano merodeador muerto hacía 14 años, el hombre que pensó que jamás volvería a ver hasta que estuviera en el otro mundo.
Pero es que el Potter no entendía. Eran nobles sus intenciones, pero Sirius había aprendido a dejar atrás lo que había pasado, lo que significaba enterrar a James y a Lily por el bien de todos, y a pensar en el futuro, en lo que tenía hoy. Como el maravilloso ahijado que… se congeló por una fracción de segundo, separando su mente de todo lo que estaba pasando a su alrededor.
Como si todo fuera en cámara lenta, recorrió cada uno de los rostros furiosos que discutían en la mesa. ¿Los Weasley? Eran irreconocibles al igual que Remus. El profesor Dumbledore miraba tristemente a sus miembros; Regulus estaba sentado en su lugar, con la cabeza entre las manos.
Y los jóvenes pelirrojos y Hermione, en una esquina…
-Basta…- el susurro se abrió paso hasta su filoso sentido auditivo y no pensó dos veces las cosas.
Con tremenda rapidez se giró y corrió lo que le parecieron millas hasta un cuerpo inerte en el suelo. Lo levantó y lo recargó contra su pecho delicadamente y empezó a zarandear a su ahijado un poco, sin obtener más respuesta que la mano inerte del muchacho que se deslizó hasta el suelo.
Con su mano derecha levantó la encapuchada cabeza del muchacho, empujándolo por la frente y tratando de pensar racionalmente para hacer algo porque se encontraba congelado, solo Merlín sabía qué había pasado. Palideció al despegar su mano de la húmeda frente de su ahijado y notar que ésta estaba impregnada de sangre.
-Oh Merlín…oh Merlín- susurró apenas audible al no encontrar la fuerza necesaria para hacerlo más fuerte, mirando su mano temblorosa color rojo.
Nadie parecía darse cuenta de lo que pasaba, y Sirius trataba de llamar la atención de alguien porque sintió que su fuerza había sido drenada como la sangre en la frente de Harry, sangre que debido a como estaba inclinada la cabeza del muchacho, comenzaba a humedecer la capucha y la ropa de su padrino.
-Re…Re…- trató de llamar el animago, no debía decir nombres así que se detuvo. Pero, no encontraba manera de llamar la atención de cualquier otro sin…sin…el nombre.
Sintió algo húmedo contra su pecho, algo que pasaba la ropa y ahora llegó a su piel con velocidad sorprendente.
-¡REMUS!- gritó a todo pulmón como nunca lo había hecho, y las consecuencias fueron instantáneas.
Todos cayeron en un profundo silencio de inmediato por aquél aterrador grito. Ambos licántropos de inmediato giraron en busca de la fuente, pero solo uno de ellos corrió a toda velocidad a hincarse a un lado de quien lo había llamado.
Se escucharon varios gritos ahogados y el viejo Dumbledore de inmediato se abrió paso a la aterradora escena, donde Sirius sostenía un cuerpo inerte con la mano manchada de sangre.
-¡Llamen a la Señora Pomfrey!- ordenó Remus con voz autoritaria pero titubeante.
No se lo había dicho a nadie en especial, pero todos comenzaron a correr.
o-o-o-o-o
La señora Pomfrey había dicho que no encontraba nada raro, además de lo exhausto que estaba el adolescente. La sangre de su frente provenía de la cicatriz y eventualmente paró por si sola. Eso hacía enfurecer a Sirius más, porque sabía que solo una persona tenía la culpa y deseaba asesinarlo con sus propias manos. Pero…
¿No se podía asesinar a sí mismo, verdad?
Si, culpaba en parte a Voldemort. Pero esta vez, en la gran mayoría, él era el culpable de las cosas por las que estaba pasando su ahijado. Juraba por Merlín que por más que trataba, no podía concentrarse en lo que era el bienestar de su ahijado. Y lo deseaba con toda su alma, más que a nada en el mundo, pero algo le impedía ese pensamiento.
Al principio, creyó que había sido la reaparición de Lily y James lo que nubló sus sentidos, pero una voz dentro de su cabeza le decía que todo lo que estaba pasando era desde tiempo atrás, no solo hacía unas horas.
Madame Pomfrey lo confirmó, su ahijado tenía tanta energía como un muerto. Sin notarlo, había estado parado frente a un adolescente perfecto en las apariencias, pero que cada segundo más, de seguir así, no por ser melodramático pero hubiera sido fatal. No se puede aguantar así por mucho tiempo, las personas tarde o temprano ceden y les toma unos días en recuperarse. Pero Harry siempre supera esas expectativas, el límite de lo normal, para su desgracia.
¿Cómo un muchacho de casi 16 puede hacer eso? La respuesta llegaba sola, pero no la quería creer. Así sea Merlín, Dumbledore o Voldemort, todo mago u hombre en la tierra necesita un descanso, y su ahijado no se había dado el tiempo necesario. Debía tener tantas cosas en la cabeza…tantas cosas que Sirius gustoso le quitaría, llevaría la pena por él. Aunque parecía que el orgullo de su ahijado podía más.
Y ahí estaba, sentado en la esquina superior de la cama, revolviendo el cabello de su ahijado de manera reconfortante, por lo menos para él, porque necesitaba saber que era útil por lo menos una vez.
Remus lo observaba a corta distancia, recargado en la pared y de brazos cruzados, como lo había hecho más temprano. Sin duda no era la misma situación. Pero se mantenía en silencio, observando los mecánicos movimientos del preocupado animago que rara vez parpadeaba.
-Sirius…-intentó para reconfortarlo, pero el otro negó con la cabeza para que no le dijera nada –Sirius, tienes que escucharme- insistió el licántropo
-No, Remus. Tenías razón, siempre la tuviste…- bajó la voz hasta llegar al final –No soy un buen padrino- sonaba completamente avergonzado
-Eres un gran padrino, Sirius. El mejor que le pudo haber tocado a Harry…-
-Harry estaría mejor sin…-
-Ni siquiera te atrevas a decir eso- siseó peligrosamente Remus avanzando hasta quedar frente al animago –No sabes cuánto te extrañó Harry durante este año, lo miserable que se veía después de ese día en el ministerio- terminó seriamente, omitiendo claro, cosas que en ese momento no ayudarían al otro merodeador, como el hecho de que su ahijado se culpaba por su muerte.
-Eso solo prueba que solo sé como hacerle daño- susurró Sirius por lo bajo, ante la mirada cortante de Remus.
Con un movimiento rápido, Lupin tomó por los hombros a su amigo y lo levantó de su lugar. El animago sorprendido solo miró a los ojos al otro, que pocas veces en su vida perdía el control de su mente, y en ese día, bueno… había hecho de todo.
-Harry necesita a alguien a su lado desde hace tiempo y él te eligió a ti. ¿Crees que se acercó a mí o a los Weasley después de tu muerte? Ese joven…- señaló a la cama –Estaba devastado con tu desaparición y nos preocupamos en serio, Sirius, muy en serio. Ron y Hermione casi no recibían cartas de su parte y les preocupaba que algo le hubiera pasado en lapsos tan largos de tiempo- tomó un respiro e inclinó la cabeza hacia adelante con cansancio –Harry no confía fácilmente en las personas y en cambio a ti te ha contado cosas que a los demás no. Con todo lo que está pasando en el mundo, necesita de alguien que lo cuide cuando él no lo hace. ¿Vas a ser tú?-
El animago se quedó en silencio, pensando en todo lo que su amigo le había dicho. Si, quería ser esa persona en la vida de su ahijado…pero ¿Y si fallaba? La pregunta se plasmó en sus ojos claramente.
-Vas a cometer errores- comenzó Remus al entenderlo –Es parte de ser humano. Pero tendrás más éxito que fallos- le sonrió sinceramente demostrando que confiaba en él –Cuando te lo propones, no hay nada que te detenga. Esa es la ventaja de que seas Sirius Black-
-¿El padrino más apuesto del mundo?- sonrió inocentemente el hombre, ganándose un golpe en la cabeza por parte de Remus
-Sigue soñando- y pensó que ese era el momento de retirarse, pero la voz insegura de Sirius lo detuvo de nuevo.
-¿Me ayudarás?- el licántropo sonrió
-Con ustedes dos juntos, debe haber una conciencia-
-¿Acaso tienes?- rió el animago
-Cállate, Sirius- le devolvió el otro antes de salir, y dejar a los dos solos. Él ya había hecho su parte, que era sacar la duda de la mente del hombre. Solo faltaba que Harry confiara en su padrino, para que lo pudiera ayudar.
El animago se quedó viendo la puerta hasta que se cerró y quedó solo. Pensando en si Remus tenía la razón, si él podría ayudar a Harry. Volvió a su lugar, sentado en la esquina superior de la cama, revolviendo el cabello rebelde se su ahijado.
o-o-o-o-o
La noche llegó demasiado lento para algunos, pues el día entero se les había hecho un completo martirio. Las noticias no dejaban de empeorar con los segundos y esperaban que mañana se rompiera esa cadena y que no les dijeran nada peor de lo que ya pasaba. Hubo una cena general, donde las dos ordenes comieron juntas, pero los del presente llevando sus capuchas siempre.
No platicaron para nada, solo entre ellos mismos y simples palabras como:
-¿Me pasas un poco de jugo de calabaza?-
Nada fuera de lo usual, prácticamente como si nadie estuviera acompañado. Después de lo que pasó temprano, era muy comprensible. Se sentía todavía cierta tensión en el aire que era difícil disipar.
Remus por su parte, tenía una pequeña sonrisa en el rostro al saber que había logrado ocuparse de las dudas de su amigo, pero en cuanto entró al comedor y vio a la antigua orden sentada, su sonrisa se esfumó por una mueca de completo desprecio a Peter. Platicando con todos como si nada pasara, como si en ese momento no fuera un espía de Voldemort, como si no fuera a entregar a sus dos mejores amigos a Voldemort en cuanto pudiera.
Mientras comía, no le quitó la vista de encima y estaba seguro de que la pequeña rata traidora lo sabía, porque se removía nervioso en su asiento, hasta que se paró y se fue a su habitación. Seguramente, Remus no era el único que tenía su mente en él porque todos parecían mirarlo en mortal silencio, a sabiendas de con qué clase de persona compartían la mesa.
El joven Sirius pareció notar todo ese odio tangible en el ambiente, que no sabía de donde venía, así que hizo una pregunta ocasional que de ocasional no tenía nada.
-¿Cómo está el muchacho?-
Todos dejaron de comer intrigados por la respuesta, más los amigos de Harry que no habían tenido tiempo de preguntar, mirando de inmediato a la única persona que sabía. Remus había sido tomado por sorpresa. Tomaba un poco de agua para poder explicarles, pero la voz de Sirius de nuevo interrumpió el ambiente.
-Vamos Remus, ¿Acaso con la edad se te cayó la lengua?- el licántropo se ahogó con el agua y bajó el vaso de inmediato.
-¡¿Disculpa?- dijo sorprendido de que el joven merodeador lo hubiera llamado por su nombre ¿Cuándo habían cometido ese error, cuándo lo había visto? Todos en la mesa guardaron expectante silencio a la reacción de Remus.
-Si, cuando pasó lo del…joven, la otra persona…- las miradas se concentraron en el Black –quien todavía no se quién es… gritó, Remus-
Lily sonrió mientras bebía algo de café, no habían querido tocar ese tema por la tensión que había entre ambos tiempos, pero querer callar a Sirius Black era como pedirle a un dragón que se parase en una pata. Por el silencio que se formó, todos los merodeadores sabían que era cierto.
-Vamos- animó Sirius –Hay que celebrar que ahora sabemos que por lo menos uno de nosotros sigue vivo 15 años en futuro- los 4 merodeadores y Lily rieron ante las ocurrencias del animago –Quizás casado, con una mascota e hijos…-
-¡Sirius!- gritaron ambos Remus indignados
-E igual de amargados- sentenció con alegría mientras se echaba a reír con James y la pelirroja trataba de esconder su sonrisa muy mal detrás de su taza.
Comenzaron a expandirse las risas por toda la mesa para desgracia de ambos hombres hasta que una voz sarcástica irrumpió todo.
-Que encantador. El Sr. Black es capaz de pensar aún habiendo salido de la escuela-
Hermione calmó a Ron que estaba a punto de soltar otro comentario en contra de su tan odiado profesor de pociones, mientras que Molly solo negaba con la cabeza. Y era obvio que un merodeador no se quedaría callado con un comentario así.
-Oye, no se quién seas ni quién te creas pero a mis amigos no les hablas así- salió a la defensiva James, con el apoyo de su amigo a un lado. El otro hombre se quedó callado sabiendo que cualquier pelea con aquél hombre era inútil si no sabía quién era.
Todos trataron de volver de nuevo a su cena cuando un comentario de los merodeadores se escuchó perfectamente claro para todos y solo Remus pudo entenderlo:
-Me recuerda a Quejicus-
El licántropo mayor se quedó congelado y los demás no prestaron atención, era obvio que no entendían. Pero cuando Snape estuvo a punto de irse sobre James, vio como Lily se levantaba de su asiento con un brillo de decepción en los ojos…
-¿Lily?- llamó James sin entender lo que pasaba. Ella se detuvo de inmediato sin girarse.
-James, espero que madures un día de estos. ¡Eres padre, por Merlín! Y sigues con esos sobrenombres de la escuela-
-Pero…pelirroja- trató Sirius –Solo lo mencionamos, nos acordamos-
-Pues no-lo-vuelvan-a-hacer- sentenció ella antes de retirarse.
Y vino el tradicional silencio después o antes de algo malo.
De nuevo comenzaron a comer no dándole mucha importancia al asunto, pero Severus Snape se fue del comedor sin terminar su comida. En dirección contraria que la de la pelirroja de ojos verdes.
o-o-o-o-
Sirius, por muy extraño que sonara, leía un libro sentado cerca de la cama de su ahijado. Había terminado la comida que le habían llevado los elfos y se puso a buscar una manera productiva en la cual gastar el tiempo. Cuando cuidadosamente, entró Remus de nuevo.
-¿Cómo estuvo la cena?- preguntó el animago solo por compromiso, sin siquiera levantar la vista del libro. No vino una respuesta, lo que hizo al hombre dejar de lado lo que leía y escanear de arriba abajo a su amigo. -¿Qué?- preguntó de nuevo.
-Mañana, desayunaré, comeré y cenará contigo y con Harry ¿Te parece?- contestó con algo de nerviosismo el licántropo mientras aparecía una silla y se sentaba frente a Sirius.
-No creo que haya estado tan mal- le restó importancia, pero por la cara de Remus… -¿Qué pasó?- venció la curiosidad sobre él
-Primero, todos están más tensos que la cuerda de un violín- Sirius sonrió ante la imagen que se le vino a la cabeza –Segundo, tu yo más joven me llamó por mi nombre…-
-¡¿Qué? ¿Cómo?...-
-Recuerda que gritaste a los cuatro vientos mi nombre en la reunión- el animago sonrió nervioso sabiendo que había metido la pata. –No te preocupes, eso no fue lo peor. Pero cuando me empezaste a imaginar con esposa, mascota e hijos…-
-¿YO?-
-Él-
-¿Quién él?-
-Sirius-
-¿Yo?
-¡El Sirius joven!-
-Entonces yo-
-Tú no estás jov…-
-¡Me conservo como de 15!-
-El OTRO Sirius-
-¿El del pasado?-
-¡SI, ESE!-
Ambos rieron por el intercambio de palabras, negando lentamente con la cabeza.
-¿Entonces, eso fue lo peor?- se atrevió a preguntar el animago
-No, créeme que no. Lo peor fue cuando a Snape le dio por hacer un comentario sobre ti, tu versión más joven, y James salió en tu defensa-
-¿Empezaron un duelo?- preguntó emocionado el Black, olvidando por completo el libro que leía y mirando con ojos grandes a Remus para que contara detalles de cuántos hechizos le habían tocado a cada uno.
-No, ¿Cómo crees?- le regañó Remus –Dejaron el tema en paz, hasta que James mencionó que le recordaba a Quejicus- terminó un tanto pensativo mientras Sirius Black se echó a reír en la silla, tapándose la boca fuertemente para no hacer más escándalo y despertar a Harry.
-¡Fuimos y seguimos siendo inteligentes! ¡No puedo creer que James haya dicho eso! Y yo que decía que…-
-Lily se fue inmediatamente del comedor- las carcajadas de Sirius cesaron y su expresión pasó a sombría.
-Entonces eres bienvenido a comer aquí cuando quieras-
o-o-o-o
Era media noche en la mansión de Dumbledore y todos dormían en sus respectivas habitaciones, encantadas especialmente para que nadie indeseado pudiera entrar, mejor llamados "merodeadores" con intenciones nada buenas "Descubrir identidades del futuro" para desgracia de los 4. Solo había un habitante despierto, que caminaba con su capa de viaje doblada en el brazo y mientras avanzaba apagaba las luces de todos lados.
Llegó a la sala para usar la chimenea y salir, cuando se topó con alguien que no esperaba.
-Regulus- saludó Dumbledore algo sorprendido -¿Problemas para dormir?-
-Quizás…- contestó tentativamente el hombre sin darle mucha importancia, pero al notar la capa de viaje en el director, no pudo evitar preguntar lo que pensó -¿Va a salir?-
-Espero volver mañana en la mañana, no muy temprano, pero antes de la comida- sonrió el hombre despreocupado. Pero a Regulus Black no lo iban a engañar con ese cuento.
-¿Va tras los horrcruxes, cierto?- no esperó respuesta –Sabe que sería mejor con el apoyo de su orden, Voldemort seguro los tiene más vigilados ahora y…-
-Y por eso es necesario conseguirlos lo más rápido posible. Antes de que las protecciones se vuelvan impenetrables en poco tiempo- observó por encima de sus anteojos de media luna a Regulus
-¿Ya sabe del paradero de otro de esos objetos?- tanteó el Black
-Espero poder descubrirlo, solo tengo…vagas pistas y conjeturas- el otro hombre sonrió
-Está bien, pero no debería intentar ir tras otro usted solo-
Dumbledore se despidió con un simple asentimiento de cabeza antes de desaparecer en las llamas verdes de su chimenea, dejando al Black un tanto pensativo.
o-o-o-o
Severus Snape maldecía por lo bajo al haber sido llamado a tales horas de la madrugada. Con trabajo, eran las 2 de la mañana y no podía reprimir sus bostezos al caminar por el bosque que rodeaba la mansión de Voldemort. Sabía que tenía que ser importante para que lo llamaran con tanta urgencia, pero, otra cosa que lo incitaba a seguir era la situación en la que estaban metidos, en la que recién había sido informada por parte de Dumbledore, pero los planes de Voldemort los desconocía. El mago oscuro era un psicópata, y si las matemáticas no le fallaban, multiplicado por dos… mejor no quería saber el resultado.
Logró llegar sin ser comido por algunas de las bestias que rondaban el perímetro y suprimió bostezos venideros que le pudieran causar problemas con el señor oscuro. Entró a una gran y oscura sala donde no estaban todos los mortífagos reunidos pero ya varios. Su mirada solo se pudo clavar en uno de ellos como lo había hecho cuando regresó al servicio de Voldemort. Peter Pettigrew, sentado tan insignificante en su silla, temiendo hasta de su misma sombra.
Era una vergüenza que alguien como él se considerara un mortífago, no asustaba ni a una mosca. Pero, hacía mucho tiempo que no lo veía como el traidor que era, como el motivo de que perdiera a Lily, en cambio, esta noche, los recuerdos parecían tan frescos como el amargo 1ro de Noviembre, cuando las buenas y malas noticias tocaron a su puerta.
Deseaba irse en contra de la pequeña rata, atravesarle la garganta con la varita. Gracias a Merlín logró controlarse y tomó asiento justo a su lado sin siquiera mirarlo.
Fue cuestión de pocos minutos más cuando todos los mortífagos se encontraban reunidos y de inmediato apareció Voldemort. Sinceramente esperaba ver al otro, al que Dumbledore había declarado que venía del pasado, pero no…esta noche no tendría la dicha de volver a verlo.
El mago oscuro se sentó en su gran sillón, con la serpiente siguiéndolo de cerca y luego subiendo hasta el respaldo. Entrelazó las manos frente a si, con una maléfica sonrisa.
-Otro glorioso día para nosotros, señores- siseó el mago con una mueca triunfal en su cara de serpiente –Hoy puede ver, un gran espectáculo- se hizo un silencio, donde Voldemort esperaba que alguno de sus mortífagos preguntara por qué. Y la primera en hablar fue la más fiel de sus seguidores.
-¿Mi señor?- hizo una reverencia -¿Cuáles son las buenas noticias?-
-Creo…- hizo otra pausa para acariciar la cabeza de Nagini –Que Severus podría contarnos todo con mayor detalle-
Las miradas rápidamente volaron al maestro de pociones que se mantuvo imperturbable, pensando en qué se refería Voldemort. ¿Algo bueno, para los mortífagos?
-No seas modesto- le incitó el mago oscuro clavando su mirada viperina en el maestro de pociones y usando la legilimencia en él.
Las escenas de la pelea en el comedor volaron entre los recuerdos del profesor, ocultando los detalles de vital importancia.
-…si, a eso me refiero-
-Un espectáculo digno de ver, mi señor. La orden peleando entre sí es algo que no creí que vería nunca- las caras de los mortífagos se mostraron sorprendidas ante tal declaración. Además de algunos susurros que se escucharon con eco en la sala.
-Este solo es el inicio- anunció Voldemort fuertemente, levantándose de su silla, de inmediato los demás lo imitaron –La orden será destruída por dentro, antes de que podamos volver a atacarlos-
Las risas macabras de satisfacción de los mortífagos no se hicieron esperar.
-¿Tenemos un plan, mi señor?- se atrevió a preguntar uno
-Más que eso, Lucius. Tenemos ayuda extra- las puertas de la oscura sala se abrieron por sí solas, revelando poco a poco, lo que Snape temía y que ahora confirmaba con miedo.
Lord Voldemort, de 1981, entró con paso firme, seguido de un pequeño séquito desenmascarado. Donde pudo reconocer a Bellatrix, y a muchos otros de los presentes. A Peter… ¿No se suponía que el merodeador se encontraba en la mansión? ¿Cómo había salido? Eso no era bueno, no era para nada bueno. Tenía que decirle a Dumbledore en cuanto pudiera.
Pero otra figura que le llamó la atención, fue su reflejo con 15 años menos. De la misma edad que la de los merodeadores que habían parado en este tiempo. Su cara tan pálida como siempre, pero…con una sola diferencia. Los mismo ideales del pasado.
Un joven equivocado que había terminado siguiendo malos pasos y perdiendo todo lo que tenía por eso. Un joven que pronto se arrepentiría de lo que estaba siendo.
Sus miradas se conectaron cuando el otro levantó la cabeza, ambos se mostraban sorprendidos y un poco aturdidos, para deleite del Voldemort del pasado.
-Vaya, vaya…si es mi joven mortífago. Me alegra verte todavía entre nosotros, Severus- siseó, examinando de arriba abajo a su seguidor. –Espero que siga siendo de utilidad- comentó Voldemort a su yo más viejo.
-Un valioso espía en la orden del fénix- asintió el otro con descaro –Que nos ha traído mucha información valiosa-
El joven Snape no evitó sentirse…confundido. ¿Seguía siendo mortífago? ¿Espiaba a la orden del fénix?
-Ah, claro…claro. Desde la salida de Peter, necesitábamos a un reemplazo- continuó el mago oscuro del pasado
-¿Re…reem…reemplazo?- tartamudeó Peter
Claro pensó Snape Él tampoco ha tenido la oportunidad de salir de la mansión.
-Así es Colagusano- comenzó su líder –Desde la muerte de los Potter, tú has tenido que vivir en tu forma animaga con una familia pobre…- sonrió maléficamente –Claro, hasta que Sirius Black escapó de Azkaban para intentar asesinarte…-
-¿Lily…James, muertos…familia, animago?- tartamudeó el hombre sin poder procesar la información que se le había soltado de golpe.
-Después aclararé tus dudas, Colagusano- continuó Voldemort –Ya que queremos algo de ti-
Ambos magos oscuros sonrieron idénticamente, con la misma mueca malvada.
-Los demás pueden irse- anunció Lord Voldemort –Les avisaremos de los nuevos planes, después…-
o-o-o-o-o
Sirius apenas caía en su segundo sueño cuando el alboroto en la cama que dormía lo despertó. Para él era mejor dormir como Padfoot, ya que no ocupaba mucho espacio y se mantenía alerta, así que había decidido acostarse a los pies de la cama de su ahijado. De inmediato supo qué andaba mal.
Brincó de la cama y volvió a su forma humana rápidamente, se acercó preocupado a su ahijado que se retorcía en sueños y daba pequeños gritos de dolor que estaban haciendo hasta a Sirius sufrir.
-¿Harry?- intentó el animago moviendo a su ahijado un poco por los hombros en un intento por despertarlo pero no obtuvo respuesta –Harry…- intentó un poco más fuerte mientras la desesperación subía –Harry…Harry-
Sabía que el pobre muchacho no tenía pesadillas normales, que ni en eso podía estar en pasas. Conocía los sueños con Voldemort, las visiones, pero admitía que nunca lo había visto mientras estas pasaban y comenzaba a darle miedo ¿Qué debía hacer?
La respuesta vino de inmediato, mantener la cabeza fría y no caer en pánico. Un poco tarde quizás. Pero luchó por calmarse y al fin lo logró, se acercó más a su ahijado, tenía que despertarlo de lo que sea que estuviera viendo, si seguía así no descansaría y se podría hacer daño.
Pensó que lo mejor sería llamar a Remus, quizás él sabría que hacer, pero cuando hizo el mínimo intento de alejarse, notó lo roja que estaba la cicatriz de Harry, de una manera amenazante indicando que podría ponerse a sangrar como en la tarde. De inmediato tomó un paño que se encontraba dentro de un tazón con agua a lado de la cama y lo apretó contra su frente.
De inmediato los movimientos bruscos cesaron, pero Harry no despertaba y seguía quejándose.
-Harry…- decidió intentar por quinta vez, tampoco hubo respuesta. ¿Tendría que esperara a que pasara? Pero estaba seguro de que no dejaría a su ahijado solo mientras pasaba por esa maldita pesadilla.
Mientras los minutos pasaban, hubo momentos en que las cosas empeoraron al punto de que Sirius comenzó a rogar que todo pasara, desesperado por el sufrimiento de su ahijado. Aunque poco después, el dolor comenzó a ceder y desaparecer, Harry comenzó a abrir los ojos.
-Harry…soy Sirius, Harry ¿Puedes escucharme?- llamó algo desesperado el hombre para asegurarse de que no había daños mayores en su ahijado que un pañuelo lleno de sangre.
-¿Si…Sirius?- susurró débilmente el muchacho, tratando de enfocar a su padrino. Sentía todo el cuerpo adolorido y no recordaba lo que había pasado, tenía la mente nublada.
-Si, aquí estoy Harry, no te preocupes, todo está bien- aseguró el hombre con alegría mientras tomaba la mano de su ahijado y le daba un apretón reconfortante –Buscaré a la señora Pomfrey- susurró el animago en el oído de Harry y quiso soltar su mano para poder ir pero el joven no lo dejó, se aferró más a la extremidad.
-No… por favor- suplicó –Estoy bien-
Sirius suspiró resignado a que no podía moverse sin dejar a Harry y a esas horas tampoco estaba seguro de poder localizar a la enfermera. Optó por quedarse a lado de su ahijado y tratar de tenerlo lo más cómodo posible. Pero cuando el muchacho hizo intentos de sentarse, respingó de inmediato.
-Oh no, Harry…necesitas descanso- con una mano en el pecho trató de forzarlo a que se quedara con la cabeza en la almohada…
-Estoy cansado de estar así- suspiró
-Necesitas dormir, Harry. No sabes el susto que me llevé hoy-
-Lo siento- murmuró el joven sin darse por vencido y dejarse acostar de nuevo
-No tienes nada de que disculparte, debería ser yo. Pero eso lo hablaremos cuando estés mejor, necesitas…-
-No puedo volver a dormir- afirmó Harry conectando por primera vez su mirada con la de Sirius. El animago pudo ver todo el miedo que llenaba sus ojos, dejando en claro el hecho de que el sueño había sido espantado. Tampoco él quería dormir. Pero…
-Está bien- se dio por vencido Sirius, ayudando a Harry a sentarse bien y recargarse contra unas almohadas apiladas detrás de él. Sirius se acercó y quitó los zapatos para subirse a la cama y sentarse de la misma forma que Harry, a un lado de él.
Se quedaron por unos minutos en silencio, observando la oscura habitación que no tenía nada de entretenida.
-¿Quieres hablar de tu pesadilla?- preguntó inseguro el animago, Harry de inmediato negó con la cabeza y se mordió el labio inferior con dolor. Su padrino lo notó –Tranquilo, está bien- tomó un nuevo paño húmedo y lo apretó contra la frente de Harry. El muchacho suspiró agradecido por la acción y dejó caer su cabeza de lado hasta tocar el hombro de su padrino.
Cada pocos minutos, Sirius volvía a mojar el paño en agua helada. No pasaba por alto que la cicatriz de nuevo estaba sangrando, en menor medida pero sangre al fin. Preocupado miró el rostro de su ahijado, estaba exhausto, no había podido descansar mucho.
-Harry, deberías…-
-Por favor, no-
-Pero…- se detuvo el mismo rascándose la cabeza con frustración y mirando alrededor de la habitación en busca de algo que le pudiera dar una respuesta, pero el lugar estaba tan vacío como la clase de Adivinación.
A su mente se vino una idea.
-Me voy a arrepentir de esto- susurró por lo bajo, captando la mirada de su ahijado –Harry, ¿Quisieras bajar a la sala? No es que sea más cómodo que aquí pero, podemos pedir a la elfina de Dumbledore un té o…-
-Sería grandioso- aceptó el muchacho que estaba cansado de la oscuridad que lo rodeaba. Era tan… bizarro.
o-o-o-o
-Sirius…- bostezó Harry –Esto no es lo que tenía en mente-
-¿A qué te refieres?- preguntó inocentemente el animago.
Claro, la idea había sido de Sirius así que las condiciones también las ponía él. Le dio a Harry la oportunidad de levantarse, pero tuvo que atraparlo antes de que se fuera de bruces contra el suelo. Entonces, si quería bajar a la sala, había una sola forma.
-Eres mi ahijado, mi responsabilidad y créeme que te estoy dando demasiada libertad al permitirte bajar a la sala, cuando creo que lo más conveniente sería estar descansando en tu cama. Así que no me vengas con "tengo casi 17 años como para que me carguen"-
El joven se sonrojó un poco y sonrió, Sirius lo tomó como una victoria.
-Pero…-
-Harry…- advirtió peligrosamente el merodeador –Mantén ese paño en tu cabeza, yo me encargo del resto. Y si dejamos de discutir, por lo menos mientras pasamos frente a la habitación de Remus…- con la cabeza señaló la puerta que seguro era la del licántropo y ambos guardaron un silencio cómplice.
La pasaron.
-Como decía, si Remus nos hubiera escuchado, te manda noqueado a la cama mientras a mi me tortura lenta y dolorosamente con fotos de la profesora McGonagall en el baño-
-¡¿Eso existe?- preguntó escandalizado el joven de ojos esmeralda.
-Remus dice que sí, y créeme que no lo quiero averiguar. Según yo, ese día no llevábamos cámara…- terminó pensativo
-¡Sirius!- reclamó Harry semi-divertido, cuando el repentino movimiento trajo una ola de mareo que lo obligó a cerrar los ojos.
-Tranquilo, trata de calmarte- aconsejó el merodeador –Ya casi llegamos-
Como lo prometió, la sala ya estaba prácticamente a la vuelta del pasillo. Se adentraron en el lugar vacío, sumido en una infinita paz y silencio. Ambos hombres suspiraron aliviados.
Sirius procedió a dejar a Harry en uno de los sillones largos, colocando cuidadosamente su cabeza bajo dos cojines. Alejó algunos mechones de cabello de la frente de su ahijado y volvió a acomodar el paño moteado de rojo, contento de que solo fueran pequeñas gotas las que salían ahora. Después se encargaría de buscar la forma de detener eso.
Harry cerró los ojos al contacto de las tibias y suaves manos de su padrino, relajándose en el sillón. Sirius estaba razonablemente calmado para todo lo que imaginaba tenía en mente.
Su padrino se separó por uno segundos para acercar un sofá individual, muy cómodo a su parecer y se sentó a lado de Harry.
-¿Mejor?- preguntó
-Mucho, gracias-
-No tienes porque agradecer-
o-o-o-o
James no podía dormir, no después de todo lo que se había enterado. No después de no tener a su pequeño de un año cerca y que Lily le hablara más a una pared que a él. Pensó que sería buena una copita de Whisky de Fuego, no le quitaría las penas pero se le olvidarían por algunos minutos.
Se puso la bata de el pijama que les había convocado el director y se dirigió a la cocina, no creía que nadie estuviera despierto a las… 3 de la mañana. Pero escuchó unos susurros provenientes de la sala y no pudo evitar pegarse a la puerta. Las voces apenas eran audibles.
-Sobre lo de esta tarde…-
-Si te piensas disculpar, olvídalo- sentenció seriamente el hombre –No es tu culpa, se que no he sentido ni visto la mitad de las cosas por las que has pasado y ahora con lo de Vol…-
-No es, por eso- cortó el muchacho, inseguro de continuar
-¿Entonces?...- hubo una pequeña pausa incómoda –Vamos, te podré ayudar si lo se. Quiero ayudarte-
Se escuchó un suspiro resignado
-Yo le dije a Dumbledore lo de ambos Voldemort… la orden peleó por mi culp…-
-No te atrevas a decirlo, no es para-nada-tu-culpa-
-Estaban a punto de atacarse entre ustedes- reclamó la voz joven
-Pero era por motivos que nos importaban, todos queríamos lo mejor para los nuestros-
-¿Peleando con tus amigos?-
-Harry, lamento que hayas tenido que ver eso. Pero créeme que aunque me duela, tus padres quedaron en el pasado y te tengo a ti, ahora. No te puedo cambiar por nada, no puedo perderte por algo que no es exacto. Sabes que nadie asegura que las cosas salgan mejor, nadie me asegura que en lugar de que sean tus padres los que mueran, seas tú-
-Sirius…yo-
-Eres mi ahijado Harry, y tus padres querían que te protegiera. Murieron por ti y yo haré lo mismo. Pero si tengo que pelear contra sus versiones más jóvenes para mantenerte a salvo, así será-
o-o-o-o-o
¿Yo, Más malvada? Jajaja. Lo acepto, quiero ver a los trece reviews que me pidieron que actualizara rápido =D y a los que no dejaron review también. Miren que esto se llama milagro o capítulo hehehe. Deje review el que quiere en una semana el próximo capi!
Anypotter
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