Capítulo 11

¿Qué será?

Poco a poco se separó de ella, rompiendo tanto el beso como el pequeño hilo de saliva que los unió durante unos instantes.

Era innegable lo que pasaba entre ellos, aun así no era nada que se pudiera describir. Los humanos y hasta los demonios buscaban algo a futuro, no importaba que se enamoraran profundamente, querían un futuro ¿Pero… y ellos? Había un futuro o era una de esas historias bobas y románticas que se les contaban a los niños, en las que los protagonistas al final no consiguen estar juntos ni siquiera al final.

Después, con el paso de las horas Byakuya se encontraba paseando en el bosque, en un parte muy frondosa, alejado de la vista y del olfato de cualquier cosa viviente.

La verdad era que no le importaba morir sirviendo a Naraku, no porque le fuera fiel a hasta la muerte, pero no era estaba al tope de su lista de preocupaciones; por no decir que ni siquiera figuraba ahí.

Pero había algo que lo molestaba, no sabía exactamente que propósito tenía Kanna, pues había cerrado la boca, pero se dio cuenta cuando ella trató de aliarse con Akago y Moryomaru. La pequeña no era tan inocente después de todo. Sin embargo, después de la muerte de estos, se quedó sin hacer nada. Esperaba…

Bien, había tomado una decisión: si Kanna quería que Naraku muriera, era su problema, pero si le pedía ayuda a él, sería problema de los dos.

Si… ahora era oficial que las peores locuras (y las más divertidas) del mundo, se hacían por amor.

No tenía idea de en qué terminaría todo, pero el futuro y el destino eran cosas que los humanos habían creado para satisfacer su necesidad de saber que pasaría el día de mañana. Pero ese supuesto mañana, era una ilusión en el presente.

Decidió marcharse a ver a Kanna un rato, le hacía falta verla no hacer nada, cosa que no le tomó más de dos pasos, pues la pequeña que no se sacaba de la cabeza, lo había seguido.

Por ello, el resto del día, hasta el rojo atardecer se quedaron juntos a las orillas de un río cercano que corría sin mucha prisa.

Pero a Byakuya, el tiro le había salido por la culata. Ver a Kanna cerca del frío le provocaba ganas de lanzarla al agua.

Un minuto. Tenía ganas ¿Por qué entonces no lo hacía?

Se puso de pie, aprovechándose de que Kanna parecía querer contar las gotas de agua que corrían por río serpenteante.

-Kanna- la llamó –, no te vayas a caer- selló su frase poniendo su pie en su espalda, empujándola directo a la corriente que lucía roja por el reflejo del sol.

De inmediato Kanna se encontró con algo que jamás había visto, el fondo del agua lucía rojo, y varios peces nadaban en dirección a la corriente, junto con varias algas que bailaban en el suelo terroso.

Era hermoso, y aun así ella no podía apreciarlo como era debido, y sabía que al final ella no vería nada de eso nunca más.

Hasta que vio al agua turbarse y sintió como era llevada a la superficie, encontrándose en medio del rojizo atardecer con Byakuya.

-Si tardé tanto es porque no sabía si tú podías ahogarte o no- le dijo soplando su fleco lejos de sus ojos –, pero parece que no- dijo sonriéndole como él acostumbraba -¿Tú respiras?- inquirió tapándole la nariz a Kanna, hasta que luego de unos segundos ella apartó su cara, respondiendo a la interrogante.

Cuando una brisa frías los sopló a ambos, abrazándose para no sentirla.

La verdad, era que ya se había divertido bastante juntos, y querían estar juntos lo que la vida que estaba en manos de su creador, se los permitiera, la cual veían muy corta.

A él no le importaba demasiado morir, pero si Kanna había querido traicionar a Naraku ¿Eso significaba que quería vivir?

-Kanna- la llamó sacándolos a ambos del agua, sentándose a secarse con lo poco de sol que les quedaba –, dime algo ¿Tú quieres ser libre?

¿Libre? No lo sabía, había hecho cosas que iban en contra de su naturaleza traicionando a Naraku y enamorándose de Byakuya. ¿Eso tenía un significado? La verdad era que sí, ¿cuál? No sabía. Pero si debía elegir entre seguir sirviendo a Naraku y ser libre, había una elección.

-Si- respondió mirando sus pies descalzos manchados de césped y tierra por estar mojada.

Byakuya sólo la miraba sin sobresaltarse, no era una gran sorpresa al final de día.

Bajó la mirada hacía el césped, pensando en que de algún modo lo estaba cambiando lo que sentía por ella. No le interesaba traicionar a Naraku, ni morir en medio de eso, pero algo dentro de él quería complacer el deseo de Kanna, por más absurdo que le pareciera.

Pero el caso era, que los dos no podían ser libres a no ser que Naraku fura destruido, algo que ahora veía difícil; no imposible, pero difícil.

Ahora el caso era, si Naraku no era destruido, no iban a salvarse de seguirle perteneciendo; pero d nuevo, a Bykuya no le molestaba. Así que… Eso significaba que si ella lograba ser libre, tenía que dejarla ir.

-Lo serás- le dijo sonriendo de modo despreocupado –, si prometes no olvidarme- le dijo hablando en el caso de que hubiera que tomar medidas difíciles.

-¿Olvidar?- le preguntó Kanna cortando un pequeño geranio rosa del suelo.

-Por si no puedo ir contigo- le dijo dejándose caer de espaldas.

Kanna observó la flor en su mano, y se veía tan frágil, era tan fácil aplastarla y deshacer su belleza en un instante. Tal vez era así como Naraku veía sus corazones.

-Quédate conmigo- pidió Kanna aplastando la flor en su mano, dejando caer sus pétalos al suelo –. Libres los dos, o ninguno.

Eso no podía haber salido de la boca de Kanna.