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La mañana era brillante cuando Teela se despertó finalmente. Era tan raro que se quedara dormida. Adam estaba durmiendo al lado de ella con un brazo sobre su cintura.
Ella intentó levantarse de la cama tan silenciosamente como pudo, pero Adam se despertó cuando la sintió escapar de su abrazo.
-¿A dónde vas? –refunfuñó él, medio dormido.
Ella se llevó una mano a la frente, al recordar una cita que tenía con tres de sus comandantes.
-Tengo que llegar al puesto de la entrada ¡rápido!
Teela reunía sus pertenencias frenéticamente, pensando en una excusa por llegar tarde. No podía dejar que los guardias supieran o sospecharan siquiera quién era responsable de su retraso.
-Déjame ayudarte. Sólo dame un par de minutos -dijo Adam frotándose la cara. Ella no respondió-. Estoy seguro que ningún trabajo es tan importante como cuidar del príncipe -bromeó, intentando convencerla de quedarse un poco más.
Ella sonrió.
-¿Sabes?, algunos de nosotros tenemos que ganarnos la vida.
Y ahí estaba eso. Lo había dicho medio en broma y ese era el problema. Porque también lo había dicho mitad en serio. Adam deseaba poder decirle que no era un inútil adorno monárquico, odiaba que ella lo viera así. Era cierto que él no tenía que ganarse la vida, pero defender Eternia mientras aprendía a gobernarla era trabajo duro. Sin mencionar los malabares que implicaba mantener una identidad secreta.
Sería bueno aparecer en batalla como Adam, ¡por lo menos una vez! Eso apaciguaría los rumores crecientes de su falta de valor. La gente era más indulgente cuando era más joven, pero últimamente tenía que lidiar con comentarios mal intencionados, alabando la valentía y el ingenio que el rey Randor mostraba en el campo de batalla años atrás, en franco contraste con Adam. Él sabía que era demasiado arriesgado tomar el lugar de He-Man solo por el bien de su propia vanidad; aún así, eso no impedía que deseara una imagen pública más digna.
Teela confundió el aspecto pensativo de Adam con cansancio.
-¡Oh, anímate, dormilón! –dijo ella, luego le dio un beso rápido en los labios y le guiñó un ojo- Te veré aquí mañana por la noche.
Esta promesa fue suficiente para regresarlo a la vida.
-Apenas puedo esperar –contestó él y la besó una vez más.
Al final, Teela decidió que no iba a dar ninguna excusa. Era capitana por todas las razones correctas y podía permitirse llegar tarde alguna vez.
Después de la larga reunión, un guardia le dijo había un mensajero esperándola con noticias importantes, que se negaba a revelarlas a cualquiera que no fuera Teela. Ella dio la orden para que dejaran al mensajero entrar en su oficina y no podía haber previsto lo que sucedió después.
-¡Lunas de Eternia! ¡¿Qué haces aquí, Mallek?!
-No es la reacción que hubiera deseado, pero estoy muy contento de verte por fin.
Después de los saludos acostumbrados, ella aceptó ir con Mallek a una taberna cerca del mercado de río. Lo que quisiera decir, era mejor escucharlo lejos de soldados entrometidos.
Todo el camino hasta la taberna, hablaron sobre los tiempos de la Academia y los amigos que tenían en común. Ella no podía sacudirse la sensación de que Mallek quería que todo el mundo viera que se encontraba en compañía de la capitana Teela. Su uniforme de alto rango y su flamígero cabello rojizo la hacían muy reconocible.
Incluso durante el día, la taberna era oscura y ruidosa. Eligieron una mesa junto a una pequeña ventana y se sentaron en las toscas sillas de madera.
No mucho después de que les sirvieran las bebidas, Mallek respiró profundamente y dijo:
-Estoy aquí para renovar el ofrecimiento de mis afectos. Todo lo que pido es una oportunidad. No puedes ser ajena al aprecio que te tengo.
Teela Miró brevemente sus manos sobre la mesa, pensando en cómo hacer las cosas más fáciles para Mallek y finalmente se decidió por una respuesta directa.
-Me apena que estés sufriendo, pero nunca he jugado con tu corazón. No puedo darte lo que quieres de mí, ni ahora, ni nunca...
-Él no es quien dice ser -dijo Mallek en un tono amargo.
Teela dio Mallek una mirada inquisitiva.
-Sé que hay alguien en tu vida. Lancé los cristales para preguntar por ti.
Incluso desde sus años en la Ciudad de la Sabiduría, Mallek era muy versado en artes adivinatorias y la lectura de cristales era una de sus fortalezas.
-¿Lanzaste los cristales? –la voz de Teela revelaba su indignación -¿Sin mi permiso? ¡¿Sin que yo lo supiera?! Te has sobrepasado, Mallek.
-Confieso que lo hago a veces, sólo para cerciorarme de que tienes buena salud y eres feliz. Eso es todo. Pero esta vez vi que estás en riesgo y ahí es donde marco el límite.
Teela apretó su mandíbula, lanzando furia por los ojos. Mallek sabía que no podía mentir para salir del paso, por lo que tomó el camino de la honestidad brutal.
-Estoy celoso y herido porque sé que tu interés en él es genuino, pero no es por eso qué vine aquí. Este hombre es peligroso, Teela, no sabes nada acerca de él.
-No podrías estar más equivocado sobre eso -se mofó Teela. No estaba segura de qué la molestaba más, las dudas que Mallek tenía acerca de su juicio, o que cuestionara el honor de Adam.
-Sé que es un hombre de gran poder y tengo mis teorías sobre quién es. Está rodeado de un misterio impenetrable. No importa cuánto lo intenté, no pude esclarecer su enigma.
Mallek se volvió tenso mientras hablaba. Esto desconcertó a Teela, que pasó de la ira a la curiosidad conforme Mallek continuaba.
-Este hombre tiene poderes más allá de mi comprensión, pero no retrocederé. Daría cualquier cosa, incluso mi vida, para mantenerte a salvo.
Claramente, Mallek pensaba que ella estaba con He-Man. Porque Adam era ciertamente poderoso, era príncipe heredero de la corona después de todo, pero la manera en que Mallek hablaba sobre el hombre misterioso era más adecuada para un tirano o un hechicero invencible, y Adam no era ninguna de esas cosas. Dado que ella estaba en la milicia y era una afamada guerrera por mérito propio, no era sorprendente que Mallek hubiera pensado que He-Man era el hombre para ella. De hecho, habría sido una elección más razonable, hasta ella podía verlo.
-Hay mucho que él no te está diciendo. Su poder proviene de un nebuloso secreto y auguro que este secreto te hará daño; eso no lo puedo permitir.
-Ahora estoy un poco asustada, pero eres tú quien me hace temer. Esto tiene que acabar, lo digo en serio, Mallek.
Ella decidió que no le contaría a Adam acerca de esto o Mallek podría meterse en serios problemas. Adam sabía de la obsesión que se había apoderado de Mallek cuando Teela terminó la relación.
En una breve visita a casa, Teela se sinceró con Adam acerca de su confusión. Le gustaba mucho Mallek, pero sabía que no estaba enamorada de él. Sus amigas continuaban diciéndole que estaba reaccionando de forma exagerada, por lo que necesitaba de una perspectiva masculina. Adam había sido realmente de ayuda y le dijo que debía seguir con la relación mientras la hiciera feliz. Esto la hizo darse cuenta de que no estaba contenta en absoluto y le dio el coraje que necesitaba para ser honesta con Mallek.
Las cosas fueron bien durante un tiempo, pero luego Mallek se había vuelto como un cazador con ella, siguiendo cada uno de sus movimientos. Fue entonces cuando Adam casi perdía la razón. Una vez, Adam le mostró un edicto real, ordenando la expulsión de Mallek de la Facultad de Hechicería. "Sólo pídeme que lo firme, Teela, y está hecho", había dicho Adam, con una actitud autoritaria que nunca había visto antes. Por suerte, su tiempo en la Ciudad de la Sabiduría terminó antes de que la situación se pusiera peor.
Teela se puso de pie y reunió fuerzas para asegurarse de que sus palabras fueran claras para Mallek.
-Debes dejar la ciudad mañana antes de la puesta del sol. Y mientras yo sea Capitana de la Guardia Real, no tienes permitido entrar en el Palacio Real.
Mallek estaba en zozobra total, al borde de las lágrimas.
-Haré lo que tú quieras. Pero por favor, Teela, te lo ruego, piensa en lo que he dicho.
Teela dio la espalda a Mallek y se alejó de él, sintiéndose ansiosa, ya que esta era la primera vez temía que él podría hacer algo demencial. Y se sintió también perturbada por el hecho de que Mallek nunca le había mentido.
