Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Es un Aiolia/Máscara de Muerte.

Capítulo 11. Por las puertas del Infierno, hacia el Cielo.


Aiming for heaven

through serving in hell...

("Primo Victoria", de Sabaton)


Aiolia despertó en la compañía de Máscara. Ambos se habían dormido abrazados y ahora Máscara respiraba sonoramente, profundamente dormido, había pasado un brazo sobre la cintura de Aiolia posesivamente. Cuando el caballero de Leo había hecho ademán de alejarse aquel brazo se había aferrado tercamente a él.

Era agradable estar así, juntos, sobre todo ahora que Aiolia había aceptado plenamente lo que sentía. Ahora tenía un nombre para lo que sentía, y eso daba cierto orden a todo. Le molestaba que Máscara no aceptase sus sentimientos, pero de momento lo consentiría, aunque no por mucho tiempo. Si Máscara pensaba que iba a escaquearse tan fácilmente era que no conocía a su pareja en absoluto.

- Máscara...

- Mmmmh.- El otro se removió y se movió contra él, amoldando sus cuerpos.

- Ya es de día.- Insistió Aiolia.

- ¿Y qué?.- Refunfuñó.

- Pues que hay que levantarse.

- ¿Quién lo dice?.- Máscara apoyó la cabeza en el pecho de Aiolia, manteniéndole de forma efectiva contra el colchón, además de pasarle una pierna sobre las suyas.

Aiolia iba a responder que era la rutina de los caballeros de oro, pero se mordió la lengua con una risilla, era verdad¿quién iba a decirles cuando debían levantarse?. Podían pasarse el día en la cama y nadie tendría derecho a reprenderles por ello. Y a decir verdad la idea de pasar todo el día en la cama tampoco sonaba mal, sobre todo teniendo compañía.

Máscara inspiró, llenándose del olor de Aiolia, era agradable, conocido. Se sentía seguro en el templo de Leo, en aquella casa llena de calidez, llena de vida. No quería salir de aquella cálida cama, ni apartarse de aquel, aun más cálido cuerpo.

El sol y había abandonado su cuna en el mar... Máscara no quería verlo recorrer el cielo hasta su regreso a las aguas.

Aiolia besó los labios de Máscara y acarició su musculoso torso, poco a poco el cariño se tornó más apremiante y concedió atención a zonas más erógenas del otro hombre. Máscara gimió sonoramente y devolvió el favor.

- Eres insaciable.- Acusó, o más bien, felicitó al caballero de Leo.

- No menos que tú.

Ambos hombres remolonearon entre las mantas, en parte con juvenil diversión en parte con adulta lascivia en una sana unión de humor y deseo. Solo el hambre consiguió convencerles de abandonar aquel dormitorio.

Aiolia mordisqueó su empanadilla sin dejar de mirar a Máscara de forma inquisitiva. El otro hombre le respondía mirándole con la misma intensidad pero con una sonrisilla. De alguna forma se comunicaban sin palabras.

"Sé que me ocultas algo, y no creas que lo dejaré pasar."

"No diré nada, me encanta hacerte rabiar."

Máscara prácticamente devoró la comida, extendiendo el plato en una silenciosa petición que Aiolia se apresuró a responder volviendo a llenarle el plato, él mismo era un pozo sin fondo y su nevera solía quedarse temblando tras su paso por la cocina.

- ¿Cómo está tu aprendiz? Era el caballero de bronce de Berenice¿verdad?

- ¿Mei?.- Máscara se encogió de hombros.- Bien, está en esa época en que se cree que es mas listo que nadie y cualquiera mayor de dieciséis años es un carca.

- Suena insoportable.- Rió Aiolia.

- Lo es.- Alzó las manos con desesperación.- Él tiene razón y el resto del mundo está equivocado... y esa manía de llamarme "su viejales"...

Ante eso Aiolia no pudo contener la risa y se le salió el agua que estaba bebiendo por la nariz, por lo cual acabó prorrumpiendo en una mezcla de toses y carcajadas.

- ¿Su viejales?. Pero si no eres...

- Por el pelo.- Máscara lo acentuó pasándose la mano por la espesa pelambrera gris cana.

Aiolia rió un rato antes de compartir sus propias anécdotas sobre Ikki y cómo no conseguía hacer que el joven se relajara, el joven parecía pensar que absolutamente todo lo que acometía debía realizarse con el mismo ardor con que se debía luchar contra un demonio.

- Aprendices.- Suspiró Máscara.

- Ahora comprendo cuantos problemas debimos dar nosotros mismos a Saga y Aiolos.

Máscara asintió de un modo ausente, pero Aiolia percibió sin dificultad la incomodidad, o más bien la irritación que la mención de aquellos tiempos, y de aquellos dos hombres, había causado al caballero de Cáncer. Lo que recordaba a Aiolia cuanto deseaba saber la causa de aquel odio acérrimo. Aquel odio hacia Saga, que siempre le protegía, y Aiolos, que siempre había sido amable, y el por qué de aquella extraña y perturbadora conversación que había espiado siendo niño.

- Odiabas a mi hermano... desde niño. Es algo que nunca he comprendido.

Máscara sintió el impulso de decir algo cruel, de atacar a Aiolia, es lo que hubiera hecho días antes. Pero no le salía, y no quería hacerlo, en realidad se sentía tan cómodo en su compañía, tan seguro, que no deseaba por nada del mundo cambiar aquello.

- Aiolos no era perfecto.- Gruñó escuetamente.

- Lo sé.- Aiolia bajó la vista con amargura.- O quizá era demasiado perfecto... a menudo le he odiado por ello.- Confesó.

- ¿Tú?.

Aiolia asintió, si quería sacar algo de Máscara tendría que dar él también. Era lo justo, tenían que confiar el uno en el otro. Ambos parecían aprender sobre si mismos siempre que hablaban, sacando el veneno de las heridas.

- Era demasiado perfecto, vivir a su sombra era... agotador, desesperante... tanto en vida como en muerte se convirtió en esa sombra que me cubría o esa luz con la que no podía competir.

- Eres mejor que él.- Replicó Máscara, haciendo que Aiolia le mirara con sorpresa.- No lo digo por decir.

- Tu nunca dirías algo agradable solo para quedar bien.- No era una crítica, Aiolia lo dijo con una sonrisa sinceramente agradecida.

Máscara se ruborizó levemente y se rascó la nariz. Aiolia sonrió aun más ampliamente ante aquel gesto tan escaso y encantador.

- Ya... bueno...

- Pero... ¿por qué le odiabas?

El otro hombre miró a un punto perdido en la habitación, con un gesto pétreo que hablaba de la necesidad de ocultar sentimientos más amargos de lo que quería admitir ante cualquiera.

- Me falló.- Musitó.- Pensaba que él era... no sé. Me falló.

Aiolia volvía a ver en sus recuerdos a aquel jovencísimo Máscara de Muerte suplicándole a Aiolos, y a este insistiendo en cierto deber. Era aquello, tenía que ser aquello, de algún modo Máscara había pedido a Aiolos que le apartara de algún deber y el otro se había negado. Pero aquello solo avivaba más preguntas.

- No lo entiendo.

Máscara sacudió la cabeza, no quería hablar de aquello, no con Aiolia. Y desde luego no hoy. Era el día de la ocultación total de la luna, era la noche fatal, ese día siempre se sentía más melancólico, angustiado... recordar todo aquello solo le carcomería.

- No quiero hablar de eso.

- ¿En otro momento quizá?

No había un momento bueno para hablar de ello, Máscara lo sabía, pero aun así asintió. De momento ganaría tiempo, no hablarían de ello nunca, no lo permitiría.


Aiolia despidió a Máscara con cierta reticencia cuando este abandonó su casa para regresar al templo de Cáncer. Hubiera querido retenerle a su lado más tiempo, intentar sonsacarle más cosas. Pero Máscara había estado casi ansioso por evitar mas preguntas, insistiendo en que tenía cosas que hacer en su templo. Cosa que dudaba.
Máscara limpió meticulosamente la sala de las máscaras. Siempre procuraba que estuviera limpia, pero la noche sin luna se aseguraba de dejarla inmaculada. Examinó todos los rostros, pasó por cada uno de ellos y tras horas de reparar la zona se aseguró de que no hubiera fisura alguna en las paredes o el techo. Nunca las había, pero aun así sentía la obligación de hacerlo.

Terminada la inspección de la sala entró en sus habitaciones interiores y procedió a examinar su armadura de oro, la recorrió centímetro a centímetro uniendo su cosmos con el poder de la armadura, a fin de estar completamente sincronizados, unidos. Se la puso pieza a pieza y después cerró con firmeza la puerta que dividía la zona interior de la sala de los rostros pétreos.

La luna de nácar incrustada en la puerta estaba completamente opaca. Era la noche.

- Pondré el sello.

Máscara no se molestó en mirar al recién llegado Saga, que atravesó la sala de rostros y procedió a sellar con su cosmos la puerta interior. Cosa que también realizaría en la puerta exterior, pero con mayor poder.

Ambos salieron al exterior, apenas quedaba un cuarto de hora escaso para que el sol se ocultara por completo, apenas su medio disco luminoso se apagaba en estallidos de naranja y púrpura mientras se hundía en el mar.

Saga y Máscara permanecían de pie dando la espalda a las puertas abiertas del templo de Cáncer, donde dentro de unos minutos se internaría uno de ellos, para pasar una larga noche de oscuridad total. Como hacía desde hacía años.

- Has pasado la noche en el templo de Aiolia.- Saga rompió el silencio.

Máscara no se molestó en confirmarlo, era evidente que no era una pregunta. Saga siempre estaba metiéndose en su vida, siempre estaba allí, arruinando sus intentos de olvidar la oscuridad. Arruinándolo todo.

- ¿Le estas utilizando?

- No.- Máscara fulminó a Saga con la mirada.- Eres tú y este Santuario quienes me utilizan a mí.

La expresión de sorpresa e incredulidad era cómica, pero Máscara no tenía ganar de reírse, diría esto antes de entrar ahí dentro, antes de que se pusiera el sol, aunque solo fuera para que Saga se torturara el resto de la noche.

- Tú y Aiolos, el Santuario... los caballeros de Cáncer no hemos sido sino herramientas, todos los caballeros somos armas, armas descerebradas en manos de los caprichos de la diosa.

- Máscara...

- Déjame terminar, maldita sea, mi tiempo es limitado.

Eso acalló efectivamente a Saga, que miró el sol poniente con preocupación. Máscara de Muerte continuó, extrayendo el veneno de su alma con rabia creciente.

- Vine a este Santuario con otros niños, yo mismo era solo un mocoso, e inmediatamente descubrí cuan diferente iba a ser mi vida. Para qué me habíais traído aquí, no era solo para ser un caballero de oro, no era para servir a la justicia. El templo de Cáncer llevaba demasiado tiempo sin su Guardián, vuestro tiempo se acababa y un nuevo caballero debía ocupar ese puesto. Solo queríais un Cancerbero, un sacrificio humano.

Saga cerró los ojos, pero no podía cubrir sus oídos de las acusadoras palabras.

- No estaba preparado, pero no podíais esperar¿verdad?. ¿Cuántos años tenía la primera vez que entré en este templo durante la luna nueva?. ¿Ocho¿Nueve?

- No había opción.- Musitó Saga con un hilo de voz.

- ¡Nunca he tenido opción!.- Máscara apretó los puños.- Me utilizasteis, vinisteis a Sicilia, buscasteis al pobre desgraciado elegido por las estrellas y le trajisteis aquí sin advertirle de las consecuencias. Yo creía en vosotros, confiaba en vosotros... y un buen día me decís que hay un deber extra para mí.

- Por favor...

- ¿Pensasteis en ello cuando me recogisteis de aquel orfanato?. Supongo que solo pensabais en el deber, en el destino... Me engañasteis, me engañasteis con vuestra amabilidad, con vuestra supuesta preocupación por mí, con vuestro "afecto". - Máscara escupió al suelo como si la palabra le hubiera dejado mal sabor de boca.

- Odié a Aiolos con toda mi alma, incluso más de lo que te odio a ti, y créeme que te odio profundamente.

- Siempre ha de haber un guardián.- Saga se tapó el rostro con las manos, avergonzado y dolido.- No queríamos que fuese así, deseábamos tener mas tiempo para prepararte... pero hacía años que el templo no tenía a su caballero y no había más tiempo...

- ¡No me importa el motivo!. No me importa en absoluto tu excusa, ni la de Aiolos... no me importa el destino. Cumplo con él. Eso es todo. Y te odio por mirarme con compasión. Te odio por eso mas que por ninguna otra cosa.

No dijo más, ni dejó que Saga dijera más. El sol moría. Máscara entró en el templo de Cáncer dejando atrás al caballero de Géminis.

Las puertas se cerraron. La barrera de cosmos de Saga selló efectivamente la entrada. Nadie podría entrar. Ni salir.

Saga apoyaba las manos sobre las puertas, el sello era perfecto, no era eso lo que le hacía permanecer allí, sino la culpa, la terrible culpa que le asfixiaba. Lloraba amargamente las acusaciones de Máscara.

- ¿Qué significa?

Sorprendido, Saga dio un salto al oír la voz de Aiolia. Tartamudeó torpemente antes de frotarse con torpeza la cara para limpiarse las lágrimas, avergonzado. Cuando por fin se tranquilizó sintió un nudo en la garganta, Aiolia les había escuchado... La sorpresa se tornó rabia.

- ¿Has estado espiando?

Aiolia no se dejó intimidar. No había querido espiar, había querido ver a Máscara antes de la noche, de hecho había planeado invitarle a bajar al pueblo a tomar unas copas, charlar de forma distendida. Pero al llegar había visto a los dos caballeros de oro en pie ante el templo, y cuando Máscara había empezado a hablar...

- ¿¡Qué es eso de un sacrificio?!

Aiolia corrió hasta la puerta y miró alternativamente a Saga y las puertas firmemente cerradas, igual que hacía un mes, cuando las había encontrado igualmente selladas. Por Saga. Aquello le había extrañado en su momento, ahora le perturbaba notablemente.

- ¿Has encerrado a Máscara en su templo?. ¿Por qué?. ¡¿Qué significa esto?!

- Basta ya, Aiolia, márchate.

Aiolia se encaró con Saga, igual que en su discusión en las escaleras de aquel mismo templo. Incendió su cosmos como una antorcha de rabia e indignación.

- Abre esa puerta.- Gruñó, autoritario como el león, un líder.

- No puedo hacer eso.- Saga se cruzó de brazos.- Márchate.

- El hombre que amo está ahí dentro. Y no me iré sin asegurarme de que está bien.

Saga no pudo contener la expresión de asombro por la declaración de Aiolia y la seguridad con que lo había dicho. Realmente el caballero de Leo estaba seguro de sí mismo, y determinado. Pero Saga no podía... no debía abrir aquellas puertas.

- No deben abrirse hasta el amanecer.- Mantuvo.- No hay nada que debas hacer aquí.

- Máscara carga con un peso, un peso que le hiere día a día, y ahora veo que parece estar aquí, ahora. Abre esa puerta.

- No puedo.

- ¡Si que puedes!.- Aiolia era rabia y determinación en estado puro.- ¡Ábrelas¡Sé que Máscara está tras esta puerta y no me iré sin verle!

- Lo que hay dentro de este templo no debe salir, Aiolia. Es la noche de luna nueva y el templo está cerrado, conténtate con eso.

No. No iba a contentarse. Retrajo el puño, invocó su cosmos, y ante el horror de Saga, golpeó la puerta.

- ¡¡¿Qué estas haciendo?!.- Saga no daba crédito.

- Sea cual sea el destino de Máscara voy a ayudarle.

- ¡No!. ¡Está prohibido!. ¡Solo el caballero de Cáncer tiene la capacidad de enfrentar...!

Saga se acalló pero lo que había dejado pasar bastaba para que Aiolia redoblase sus esfuerzos por franquear la barrera. ¿Enfrentarse a algo?. No le dejaría solo, al infierno con lo que pensara Saga o el Santuario, si Máscara estaba luchando le ayudaría. Arremetió contra las puertas, golpeando sin descanso, desgastando poco a poco la barrera de Saga, destruyendo su cosmos con el propio. Impertérrito ante las protestas del caballero de Géminis.

Cuando la barrera cayó lo hizo con un siseo estremecedor, el aire se volvió frío, gélido y seco, de una sequedad que hacía que la piel se volviese tirante y los ojos escocieran, el frío parecía colarse por los poros hasta congelar la sangre y estremecer el tuétano de los huesos.

Era el frío del abismo. La antesala del infierno.

Aiolia no dudó. Empujó las puertas y se lanzó contra la oscuridad sin escuchar el grito horrizado de Saga exigiéndole que se detuviese, advirtiéndole contra su acción. Poco le importaba. No miró atrás siquiera cuando Saga cerró las puertas a su espalda, restableciendo el sello. No miraría atrás.

La oscuridad le rodeaba. No era simple falta de luz, era una oscuridad física. Como un manto húmedo y desagradable que se le pegaba a la piel, como si su armadura ni siquiera estuviese allí. Era una presencia que le invadía, Aiolia tenía la impresión de que podía entrar por sus ojos, por su nariz o sus oídos, como una criatura viva que quisiera invadirle. Era terrorífico.

Pero aun más terrorífica eran las escasas luces. Aiolia solo había visto algo parecido en su lucha contra los espectros de Hades, cuando había sido fácilmente derrotado por los jueces del inframundo y condenado al infierno en vida. Eran como almas humanas, pero había una malignidad distinguible en aquellos espíritus, eran fuegos fatuos, criaturas malignas cuyo parecido con un alma era solo eso, un parecido.

¿Dónde estaba Máscara? Aquel lugar de pronto parecía inmenso, no conseguía orientarse, si ya era difícil en circunstancias normales ahora resultaba una tarea imposible. Y los sonidos... gemidos escalofriantes, aullidos, llantos que angustiaban lo indecible... Era como si un pedazo del infierno hubiera tomado el control del templo de Cáncer.

- ¡Máaaascara!

Inmediatamente oyó un eco... no, no era el eco... los demonios se burlaban, repitiendo su grito a coro con múltiples voces diferentes, confundiendo y torturando con sus horribles voces.

Y súbitamente, una presencia. Aiolia sintió una presencia maligna, no tenía un cosmos poderoso, no era como sentir el cosmos de un juez del Hades... no era poder físico, era un poder diferente, era un horror sin nombre, espiritual, interno... no tenía un cuerpo, era como un fantasma... podía sentirlo a unos metros de él, no podía verlo en la horrible oscuridad, pero daba gracias por ello, no creía que ver algo así pudiese dejar su mente intacta...

- ¡Ondas del hades!

Sintió la rabia del ente, la maldad que en su último desafío antes del destierro buscaba herir indiscriminadamente, era un ataque salvaje, agónico. Aiolia se llevó las manos a la cabeza, se sintió sacudido, la desesperanza se adueñó de su ser. Un solemne esfuerzo le permitió no caer de rodillas y rendirse. Si hacía eso sería solo carnaza para aquella oscuridad.

Y Máscara tenía que estar cerca, ese había sido su ataque, aquella había sido su voz. Tenía que encontrarle, tenía que estar allí, en alguna parte de aquel infierno de desesperanza y mentiras.

- ¡Máscaraaaa!

Nuevamente su grito fue confundido y manipulado por la oscuridad, miles de voces se fundieron en gritos similares, distorsionadores. Aiolia maldijo y su maldición fue burlonamente secundada por las sombras y los fuegos fatuos, que incluso tuvieron la crueldad de imitarle con otras voces conocidas, varias habían imitado la voz de su fallecido hermano, hiriéndole con su burla.

- ¿Aiolia?.- Era un susurro con eco, cuya procedencia se perdió en el previsible coro de voces crueles.

Pensar que Máscara estaba allí, quizá tan perdido como él, en aquella horrible oscuridad le helaba la sangre. Aiolia gritó y encendió su cosmos con todo su poder, iluminaría el negro corazón del infierno con tal de encontrar a Máscara.

La oscuridad prácticamente gritó, los fuegos fatuos huyeron, el dolor de la maldad allí reunida tenía sonido era como una cuchilla cortando tela de un solo tajo.

Ante los ojos de Aiolia apareció un sorprendido Máscara de Muerte.

El caballero de Cáncer tenía un aspecto terrible, más pálido aun de lo habitual, no, ceniciento, gris como un cadáver, su expresión era la de un ciervo sorprendido por los focos de un coche, sus pupilas estaban contraídas de forma casi dolorosa ante la repentina luz, parecía un animal acorralado que dudaba entre atacar o esconderse.

- Máscara...- Aiolia sintió que se le rompía el corazón al verle así.

- A... ¿Aiolia?.- Su voz sonaba suspicaz.

- Soy yo.

- No...- Máscara retrocedió dos pasos.- Es otra ilusión, eres otro espejismo para quebrarme. No me tendréis.

- Soy yo de veras.- Insistió el caballero de Leo.

- No, no me tendréis.- Máscara frunció el ceño y gruñó con ferocidad.- No me vencisteis siendo niño y no lo haréis ahora.

Aiolia inflamó su cosmos con mas intensidad y la furia de Máscara se esfumó para tornarse asombro... no tardaron en salir lágrimas silenciosas de sus ojos rojos.

- ¿Calor?

Un instante después Máscara se lanzó hacia Aiolia, abrazándose desesperadamente a él, aferrándole como si temiera que fuese a desvanecerse entre sus brazos.

- Eres real... eres real...

Aiolia respondió al abrazo, aliviado de haber encontrado a Máscara, aliviado de haber apartado la oscuridad. No obstante pronto volvió a sentir que su cosmos era atacado... las sombras volvían a cernirse sobre ellos... hambrientas, enfurecidas por la luz que había hoyado aquel útero de infecta maldad.

Una presencia cobraba forma, una forma casi física... Aiolia apretó la espalda de Máscara protectoramente.

- ¿Qué ocurre?.- Susurró a su oído.- ¿Cómo puedo...?

- Ahora no.- Respondió Máscara, ya recompuesto.- Yo lucharé... solo mi poder puede desterrarlos.

- No. Estoy aquí para ayudarte.

Se miraron a los ojos, y tras un instante que pareció eterno Máscara asintió.

- Sé mi sol.

Aiolia no necesitó que dijera más. Cerró los ojos y se concentró en mantener su cosmos activo, para alejar la oscuridad, para ser la luz... para ser el sol de Máscara mientras este expulsaba a las sombras. La oscuridad reptaba hacia ellos, les rodeaba con ansiedad, sentían su hambrienta mirada.

Tenían que aguantar la acometida.

Hasta el amanecer.


Saga estaba histérico, no había abandonado las puertas del templo de Cáncer en toda la noche. Nunca. Jamás alguien ajeno a la Casa de Cáncer había entrado en noche de luna a este templo cuando el caballero del templo luchaba contra la oscuridad.

Aiolia iba a morir. Y quien sabía lo que podía pasarle a Máscara¿y si las sombras se volvían más fuertes¿Y si Aiolia resultaba una presencia perniciosa en la batalla?...

Saga temblaba de nervios y estrés, no podía soportar aquella interminable espera. Siempre le resultaba difícil, siempre era duro saber que Máscara estaba dentro de aquel templo haciendo frente a "aquello", pero ahora estaba realmente aterrorizado. Temía por ambos caballeros, y temía con razón.

El sol salió finalmente, tras una noche que había parecido eterna. Los rayos surgieron como haces de salvación desde el mar. Saga no tardó ni un segundo en despejar su barrera y empujar el portón con toda su fuerza, haciendo que las puertas resonaran contra la pared.

Los rostros silenciosos le recibieron con su inmutable gesto, Saga corrió buscando a sus caballeros de oro... aquellos dos locos... ¡Tenían que estar vivos!.

- ¡Aiolia¡Máscara!

Oh diosa, no permitas que Aiolia haya muerto, no permitas que Máscara haya caído, maldita seas por siempre si encuentro el cadáver de esos muchachos!


Nota de la autora: Buff, por fin actualizo. He tenido todos los trabajos de la universidad y no he tenido tiempo de nada, y encima la musa seguía viviendo su vida sin hacerme caso, menos mal que la idea ya estaba formada, que si no la parada hubiese sido mayor.

Bueno, un malvado fin de capítulo de estos que hacen esperar el siguiente. Pero esta vez no esperareis mucho, porque ya estoy en ello y siendo el último no tardaré en darle forma. Explicaré mejor él por qué del templo de Cáncer, la luna y esta oscuridad, pero en realidad lo que realmente me importaba de esta historia era la relación entre Máscara y Aiolia.

Me alegra mucho que me hayais hecho saber que el capítulo anterior, pese a mis temores, resultó efectivo y encima de vuestro agrado. Sois lo mas maravilloso de escribir fanfics, de veras, me animais mucho y me entusiasma seguir subiendo mis fanfics sabiendo que hay alguien ahí que disfruta leyéndolos. No os tendré en ascuas mucho mas tiempo.