Capitulo 11: Nervios
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La mujer se echo hacia atrás en su silla y luego de un hondo suspiro apoyo los codos en el escritorio nuevamente. A la Hyuuga le dieron ganas de gritarle que se apurase pero sabia que si lo hacia podía llegar a arruinarlo todo. Bueno, o algo así. Simplemente quería salir de aquella habitación y tomarse una buena siesta. Mientras no volviese a ser el centro de atención, cualquier cosa estaba bien. Por fin la mujer hablo.
-Anotaste todo Shizune?-pregunto la naturalidad de quien pregunta "me preparaste el café?".
-S-si señora.-dijo la joven alcanzadote el cuaderno donde antes había estado moviendo los dedos frenéticamente, tratando de copiar textualmente lo que había dicho la oji-blanco.
Tsunade lo tomo con sus fuertes manos y lo observo detenidamente. Hinata sentía las gotas de nerviosismo bajar por su cuello y algunas caer entre sus pechos. De repente, a la altura de la cintura, sintió un suave y discreto golpe que la obligo a mirar. Bajo la mirada y la seña para que se tranquilizase de una mano amiga la sorprendió. Y más aun viniendo de Sasuke. Quiso mirarlo al rostro pero sabia que si lo hacia podía echarlo todo a perder. Al igual que si seguía sudando como loca. Debía calmarse. Entonces las palabras de la Godaime la sobresaltaron.
-Bien.-suspiro y se bajo los lentes.-creo que no hay nada mas que hacer. El testimonio de Hinata es suficiente.
-Que quiere decir con eso?-pregunto uno de los jounnin.
-Quiero decir que Sasuke Uchiha queda oficialmente libre de todo cargo por lo que se lo inculpaba.-decía la mujer a la vez que escribía.-El juicio ha terminado, pueden retirarse.
Un alboroto surgió de repente en la sala. La puerta se abría de par en par dándole la salida a ciertos jounnin y demás personas que se habían reunido allí pero a la vez otros indignados se acercaban donde la Hokage reclamándole a los gritos y sin pudor sobre la decisión, a lo que en ocasiones la mujer contestaba y otras solo se quedaba callada. Los muebles moviéndose, los gritos exasperados y las puertas abriéndose y cerrándose eran el perfecto caos para que dos jóvenes se retirasen del lugar sin ser percatados por nadie.
Salir de aquel desorden y dejar de ser el centro de todas las miradas había resultado un alivio inmenso. Se apoyo en la pared del pasillo cuando un empujón casi la tira al suelo, importándole poco y nada. Solo quería salir de allí. Siguió un camino alternativo y comenzó a caminar por el casi desierto pasillo que había elegido. Suspiro cansadamente una vez que sentía que nadie la veía. Era hora de regresar a casa.
Sin embargo, de la nada, un brazo tomo su hombro y la giro sobre si, obligándola a mirar al dueño de aquella mano. Al principio sintió un temor profundo del resultado de imaginar que alguien pudiese haber descubierto su mentira. Cerro los ojos algo asustada, no se atrevía mirar a su agresor. Pasaron los minutos y nada. No había sonido más que lo pasos alejándose de las personas unos metros más allá de donde estaba. Abrió los ojos lentamente y se encontró con la cara de superioridad del Uchiha.
El chico había salido a los empujones de la atiborrada sala de la Hokage, respirando por primera vez desde que le habían dado la noticia de que había sido enjuiciado. Había colocado las manos en los bolsillos dispuesto a largarse de aquel lugar lleno de tan malos recuerdos, cuando la había visto. Ella estaba allí apoyando un brazo en la pared y el cabello cayéndole por la espalda. La vio alejarse por el camino largo y decidió alcanzarle. Habían cosas que debía decirle.
-Sasuke-kun!-dijo sorprendida.
El morocho se le quedo viéndole embobado. Era como si su voz estuviese hipnotizándolo. La maldijo por el hecho de volverlo así pero no importaba porque el seguía perdiéndose en su mirada… y en las endemoniadas gotas que caían desde su cien, recorriendo sus mejillas sonrojadas, sus labios carnosos y nariz pequeña, bajando por el cuello. Trago saliva. Madito cuello tentador. Blanco y suave. Se le hacia simplemente… dulce. Volviendo a la realidad le soltó el hombro y la miro fríamente.
-Por que me salvaste?-pregunto duramente.
Ella susurro algo así como un "te explico en el camino" y ambos comenzaron a caminar. La miro por sobre el hombro y se percato de que en verdad ella quería salir del lugar. Se preguntaba por que y dos respuestas le vinieron a la cabeza. ¿Seria por que no quería que alguien se diese cuenta de su mentira¿O era por que temía soltar una risotada que relatase todo? Sabía que ella no era tan santa como aparentaba por lo que la segunda idea se le hizo más factible. Sin embargo, todo se borro de su mente cuando una vez fuera del edificio, ella comenzó a hablar.
-Te salve porque debía hacerlo.-fue su simple respuesta mientras seguían caminando.
-No era tu obligación.-dijo mientras miraba hacia otro lado. Una sensación extraña lo tomaba por completo cuando la observaba demasiado.
-Oh si que lo era.-sus palabras sonaban verdaderas.-después de todo, te quedaste conmigo por la noche y la mañana. No estabas haciendo nada con Orochimaru ni nada así, era injusto que te fueras y más aun solo por estar conmigo.
-Subestimas las consecuencias.-su voz era extrañamente fría.-sabes que tendrás problemas por salvarme, no?-pregunto ahora con tono diferente.
La Hyuuga bajo la cabeza pero no hizo nada mas que asentir. Se callo unos momentos mientras seguían caminando, juntos pero en silencio. Ella pensaba lo que tenia que decir y el estaba esperándola. La miro por sobre el hombro nuevamente. La volvía linda y fea al mismo tiempo tanta tristeza en los ojos. Era algo difícil de explicar pero unos ojos tan puros con tanta melancolía encima eran así de confusos. Dejo de pensar aquello cuando hablo.
-Si lo se…-dejo la frase colgada en el aire.
-Entonces, por que te arriesgaste?
-Me arriesgue porque…-se detuvo con la voz apagada.
-Por que?-pregunto el pero se dio cuenta de que debía darle tiempo. Aunque debía admitir que ese tipo de esperas lo exasperaban.
La vio subir su blanca mirada y dirigirla hacia el horizonte. En un horizonte que estaba cambiando de colores tan lentamente como los minutos en que ella no decía nada. No debían de ser más de las cinco de la tarde pero el atardecer se acercaba sin detenerse. Como el tiempo. El sol se ponía detrás de los edificios de la Aldea y cubrían todo con un manto de rojo y anaranjado fuerte. Los árboles sucumbían a la luz y parecían poco a poco partes de una pintura jamás pintada.
En un segundo todo quedo bajo el encanto del atardecer y ambos jóvenes lo observaban con atención. Aunque sin saberlo ni proponérselo ambos, allí parados uno junto al otro, parecían la pareja del cuadro de algún pintor melancólico a quien le apetecía grabar en un lienzo un típico atardecer de comienzos de inverno, con dos enamorados en el medio. Ella con la cabeza levemente inclinada hacia el y el mirándola con curiosidad y sin disimulo, provocándole un leve sonrojo.
El buscaba una respuesta. Y esa respuesta sentía que debía ser especial. El quería que fuese especial. No esperaba más de ella cuando cada momento que pasaba con ella era singular en todo sentido. Sus emociones jamás habían aflorado tanto. Nunca había pensado sentirse así. La oji-blanco bajaba y subía la mirada nerviosa mientras apretaba su bufanda. Entonces abrió la boca dispuesta a hablar.
-…porque me importas Sasuke-kun.-dijo por fin.
El Uchiha no podía estar más emocionado. Se sentía extrañamente reconfortado y una oleada de felicidad lo estaba invadiendo. Le hubiese gustado saltar, bailar, gritar, darle la vuelta al mundo! Tal cual hubiese hecho el tonto de Naruto y sin embargo solo se conformo con dedicarle una de sus sonrisas.
El no era Naruto. Jamás haría ese tipo de cosas¿entonces por que esperaba más de ella? Ella solo se había limitado a sonreírle también. Esperaba que saltase, lo abrazase e intentase besarlo, como cualquier de sus fans. Pero no. Ella estaba parada junto a el con una mezcla de alegría y tristeza en sus ojos que la hacían única. Única además de su forma de ser. Se preguntaba como nadie se daba cuenta. Aunque no le importaba mucho en esos momentos. Ella era única para el y creía que esa era la razón por la que le gustaba tanto.
-Tu… tu también me…-estaba a punto de decirle algo cuando una voz lo interrumpió.
Los dos miraron hacia la calle por donde habían venido y se encontraron con un Naruto corriendo eufórico hacia ellos, y detrás de el sus demás compañeros de equipo y sensei. Sasuke se había enojado con el rubio por haber interrumpido "su" momento cuando voltea verla nuevamente. Ella sonreía con nerviosismo mientras miraba a sus amigos llegar a ellos. Se maldijo cuando creyó darse cuenta de todo. ¿Cómo se le había pasado por la cabeza decirle aquello?
Era obvio que si lo hacia no solo que seria un desperdicio sino que además la perturbaría mucho a ella y por lo tanto no volvería a hablarle. Y no podía soportar aquello. No sabia como ni por que pero el estar con ella era bastante para calmarlo y quería seguir así. Coloco las manos en los bolsillos y cambio su semblante volviéndose el indiferente de siempre.
Hinata sonrió nerviosa al ver a sus amigos acercarse. Quería matarlos a todos. No tenía idea de que era lo que Sasuke había estado a punto de decirle pero debía de haber sido importante para que balbucease así. Miro disimuladamente al chico y se dio cuenta de cómo había cambiado repentinamente todo en el. Sonrió con sorna sin que lo notase. Era divertido ver como los demás lo ponían nervioso a el también. El que parecía no tener emociones y sin embargo era mas sensible de lo que muchos creían o llegarían a pensar nunca.
-Sasuke! Hinata-san! Al fin los encontramos! Los hemos estado buscando por todos lados!-grito el Uzumaki cuando llego a ellos apoyándose sobre sus rodillas con la respiración agitada.
-Eso es cierto.-dijo Kiba cuando llego a la vez que Akamaru saltaba sobre Hinata y la lamía alegremente.-Donde estaban?
-Pero de que hablas Kiba-kun?- pregunto Hinata sorprendida.-nosotros solo salimos de donde la Godaime y caminamos un poco, nada mas.
-Entonces debieron de haber camino lentísimo porque ya son casi las ocho.-menciono el chico perro luego de fijarse la hora.
-Que?!-dijeron la Hyuuga y el Uchiha al mismo tiempo. "El tiempo pasa cuando te diviertes" pensaron ambos.
-Es tarde y debería estar en casa!-dijo Hinata mientras se llevaba las manos a la cabeza preocupada.
"Vete… vete con tu Kiba-kun ahora mismo" quiso decirle pero no pudo. Tenía demasiada rabia en sus emociones como para decirlo sin que sonase como otra cosa. No quería dar ideas de nada. Pero si alguien lo hubiese visto mientras miraba irse a la chica riendo con su compañero de equipo no le hubiesen quedado dudas del deseo asesino del chico. Y mientras se separaban comenzó a nevar. Como si el cielo se hubiese puesto a llorar al ver su momento interrumpido.
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La morocha se detuvo con las palmas de sus manos extendidas delante de ella. Le fascinaba ver aquel fenómeno de la naturaleza y como sus creaciones, los copos de nieve, podían ser tocados por cualquier persona. Incluso alguien como ella. Se dejo invadir por el aire helado del invierno otra vez y sintió como la nieve caía en su negro cabello, contrastando. El frió no importaba mucho por esos momentos y era como si la relajasen. La relajasen de pensar que debía volver a su "hogar".
Hogar… le daba risa la palabra. Pero no quería pensar en eso aun. Ya vería la forma de sobrevivir al mismo horror de todos los días y noches. Verle le cara a su padre era algo que improvisaba siempre. Mientras siguiese caminando con sus compañeros de equipo no iba a importarle aquello. Se dejo llevar por la felicidad de jugar con Kiba, de charlar con Shino y ser entendida como mujer por Kurenai-sensei.
-Oye Hinata, por que salvaste al Uchiha ese?-pregunto de repente Kiba, sin darle tiempo a tratar de evitar sonrojarse.
-En verdad me gustaría saber.-dijo Kurenai mientras la miraba curiosa.-no estaba en el juicio pero Asuma y Kakashi si y me dijeron que entraste de una forma bastante escandalosa y que...
-Creo que eso ya lo sabemos sensei.-intervino Shino antes de que la mujer de los ojos rojos contase una historia innecesaria.-Ahora bien, lo que no lo sabemos es por que lo hizo.-entonces dirigió su mirada, escondida por los anteojos, a su amiga.
-Esto yo… yo…-balbuceaba como tonta. ¡Vamos Hinata contrólate! Intentaba e intentaba. Era tan difícil no fingir que lo había hecho por algo mas allá de lo justo, que sentía como si sus amigos lo estuviesen sabiendo con tan solo observarla.-yo… yo lo hice porque… porque era lo justo.-dijo finalmente.
Unas risas y un bufido provenientes de sus amigos la hicieron abrir los ojos y sobresaltarla. Alzo una ceja. No le encontraba la gracia.
-Oh vamos Hinata! Todos sabemos que a ti no te interesa para nada el Uchiha por lo que no lo harías por amor.-dijo Kiba al terminar de reír.-pero por justicia? Ja, sabias que esto te traería problemas en casa por lo que no creo que lo hayas hecho por "justicia".-término haciendo énfasis en lo sarcástico de la última palabra.
-No, no… yo si lo hice por justicia.
-No querrás decir que lo hiciste por Naruto?-pregunto su sensei y ahí es cuando vio todo mas claro. Por un lado le gusto que las cosas se fuesen por esos lados y a la vez se preguntaba por que todo lo que hacia ellos lo asociaban con el Uzumaki. Estaba bien que le gustaba pero ya no era la razón de su existencia.
-Esto yo…-tartamudeo fingiendo que la habían atrapado.
-Lo hiciste porque sabias que para Naruto, Sasuke es un gran amigo y no podías soportar verlo triste.-dedujo (erróneamente) Shino.-Por lo que fuiste al juicio e inventaste toda aquella historia. Lo realizaste todo confiada en que tu inocencia y tus buenas acciones te aceitarían credibilidad, no es así?
La chica miro a sus compañeros y sensei fingiendo que la habían descubierto. Últimamente fingía mucho. Rió con malicia en su interior. Siempre la tomaban como la tonta, como la ingenua, como la buena. Era cierto que casi todo el tiempo lo era y no le importaba. Pero ella sabia que tenía un lado malo. Y ese lado estaba saliendo a flote muchas mas veces que antes. Se preguntaba si Sasuke Uchiha tendría que ver en eso. Dejo esas dudas para después y abriendo la puerta del portón de su mansión, les sonrió y dijo.
-Si, lo hice por Naruto.
Se metió por el camino que llevaba a la entrada principal y una vez que llego a la puerta de la mansión, la abrió con cuidado, se saco los zapatos a la entrada y se coloco las mismas pantuflas de siempre. Se las quedo observando unos minutos. Eran negras con lunares blancos. Raras y poco fáciles de conseguir. Volvió a reír. Se le hacían parecidas a sus mentiras ya que raramente mentía y para que las llevase a cabo debía de ser un asunto muy importante.
Ahora bien, debía dejar de pensar esas cosas y recordar que su día aun no terminaba. Subió las escaleras velozmente y dejo su abrigo y bufanda en su cuarto. Salio de él pero no sin antes detenerse en la puerta y observar como la bufanda caía por el borde de la cama. Esa bufanda… le gustaba demasiado y todo a partir de hoy. Bajo las escaleras al trote, entre alegre y rara. Se sentía extrañamente ligera. Como si ese día se hubiese sacado uno de sus tantos pesos de encima.
Se sentía cambiada.
Observo su reflejo en uno de los espejos del pasillo que daba antes del comedor y dio una sonrisa. Peino un poco su cabello con sus dedos y se acomodo el flequillo. Era molesto tener el pelo tan fino que no aguantaba dos minutos de movimiento sin que se terminase enredándolo. Aun así, todos le decían que tenía el cabello hermoso. Volvió a sonreír y dejo salir un suspiro de si.
Oía los ruidos de los cubiertos del otro lado de la puerta. Algunas palabras, una risa o dos. Sentía como una melancolía horrenda lo tomaba desde las piernas y la iba arrastrando hacia el interior de la tierra. Pero no se notaba aquella tristeza. Podía que si pero no iba a volver al espejo para ver su debilidad. Estaba dispuesta a ser fuerte. Así que abriendo con determinación las puertas del comedor, se metió dentro.
Su presencia se hacia notar de inmediato. Le gustase o no. Y esa vez no sería la excepción. Todos, inclusive los sirvientes, se voltearon a verla. No pudo evitar sonrojarse. No esperaba encontrarse a tantas personas allí. Nunca cenaban con otros miembros del clan. Siempre eran Neji, Hanabi, ella y su padre. Pero estaba vez las cosas habían cambiado y nadie le había avisado.
Ahí, sentados junto a su hermana, se hallaba la pareja de parientes lejanos que Vivian en uno de los países vecinos, no recordaba cual en aquellos momentos. Saludo en un susurro e hizo una pequeña reverencia antes de tomar asiento junto a su primo. Este la miraba con nerviosismo y duda de por que había tenido que llegar tarde a cenar justo esa noche. Una de las sirvientas le trajo en seguía un plato con la cena y ella prosiguió a comer en silencio. Miro a su padre y este solo se limito a ignorarla y seguir hablando. Pero ese no pareció ser el plan de sus invitados.
-Discúlpanos Hiashi pero no nos presentaras a esta adorable muchachita?-dijo la mujer.
Esta era hermosa aunque nada del otro mundo. Preciosos brazaletes tintineaban en sus brazos y unos pendientes de diamante colgaban de sus orejas. Su cabello estaba atado en una media cola que dejaba su cabello sobre sus hombros pero no rodeando el cuello por lo que se podía ver su blanca piel. Sus ojos eran blancos como todos los Hyuuga.
Pero el hombre era otra historia. Podía no ser un adonis pero su porte y su mirada penetrante lo hacían muy elegante y atractivo. Tenía los cabellos de un castaño avellana, engominado todo hacia atrás. Sus ojos eran de color verde… un verde intenso que le daba a su mirada una profundidad poco común. Pero además de esos ojos llamaba la atención su nariz prominente y su expresión de sensual rudeza, parecidos que encontraba con su esposa.
-Ella es mi primera hija, Hinata.-dijo su padre con desgano muy bien disimulado.
-Debo decir que tienes unas hijas preciosas Hiashi.-volvió a repetir la mujer y siguió con tema, algo así de cómo los hijos se parecían a sus padres y cosas así.
Quiso reír, y cuando soltó una tos para disimularlo pudo notar como la mujer tenia la mirada fija en ella, a si mismo también la había observado algo el hombre. Había algo en ellos dos que la intrigaba sobremanera. Pero bueno, ni modo, no le importaba tanto. Miro su plato y estaba a punto de tomar los cubiertos para comer cuando una sirvienta llego y le dijo.
-Hinata-sama, tiene una llamada.
La muchacha abrió los ojos muy sorprendida pero aun así se levanto de la mesa excusándose y salió del comedor. Aunque no sin antes echarle una mirada a su padre. Este estaba enfadado. Sonrió con tristeza mientras atravesaba la puerta. Era la primera vez que sentía que su padre sentía algo más por ella que apatía y asco. Se saco esos pensamientos de la cabeza y se sentó en la silla que estaba junto a la mesita que sostenía el teléfono. Tomo el auricular preguntándose quien seria.
-Te veo mañana a las seis en la cascada.-le dijo la voz del otro lado del auricular.
-Esta bien.-apenas pudo decir. Esta anonadada.
-Adiós.
-A-dios.-colgó el teléfono mientras se llevaba un dedo a la boca y se lo mordía nerviosa.
Del otro lado de la línea telefónica, un joven de ojos negros bajaba la mirada al suelo. ¿Qué estaba haciendo? Bien cierto era el hecho de que no lo comprendía del todo pero daba igual. Ya lo había hecho, no? Salio de la cabina de teléfono y volvió al restaurante donde lo esperaban sus amigos. Era raro pero aquella noche habían elegido un lugar diferente a Ichiraku para celebrar que se quedaría en la Aldea.
Habían elegido un restaurante del centro que se llenaba mucho, era conocido y muy ruidoso. Había salido para tomar un poco de aire fresco cuando había visto la cabina de teléfono y se había acordado de que alguien debía cambiar su vendaje. Era cierto que podría haber ido al hospital ahora que todo estaba aclarado pero prefería que ella lo hiciese. Dibujo una sonrisa malvada en sus labios. Si que quería que ella los cambiase.
Retorno al restaurante para ver una escena deplorable. Todos, inclusive su sensei, estaban tan borrachos que ya no podían sostener sus cabezas en alto, en cualquier momento caerían sobre los platos vacíos. Decidió que ya era hora de irse antes de que le siguiesen causando más vergüenza. Con mucho esfuerzo el y Sakura, quien tampoco estaba muy bien que digamos pero era la que mas se rescataba, tomaron a Kakashi y a Naruto en sus hombros y salieron del lugar después de pagar.
Luego de dejarlo a todos, inclusive a la Haruno que después de casi besar a Naruto se había desmayado en el medio de la calle, el Uchiha entro cansado a su apartamento. Se dejo caer en la cama y estuvo a punto de quedarse dormido con ropa y todo cuando una piedra rompió su vidrio estrepitosamente. Se asomó a la ventana queriendo ver al vándalo pero no había ya nadie ahí. Tomo la roca con cuidado y se dio cuenta de que traía una nota. Era extraño… demasiado extraño.
"Falta poco"
¿Qué significaba eso? Algo le decía que le acabarían los días tranquilos.
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Besos ciao!
...Luz Malfoy...
