.. Título: Deshonra ..
.. Capítulo 11: Aceptación ..
.. Autora: Annie-chan Diethel ..
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Al día siguiente, me levanté enfermo. Era normal, siendo pleno invierno y haberle cedido todas las sábanas y las mantas a Al mientras lo abrazaba para calmar sus pesadillas. Pude haberme ido a mi cama, hubiese sido lo lógico, pero quise dormir junto a mi hermano aquella noche. Mamá había llamado al médico, quien dijo, en su jerga médica, que tenía algo de gripe y que debía descansar y guardar cama. Le dio algún medicamento a mi madre para que me lo diese, pero yo ya me había negado mentalmente a tomarlo. Cuando el médico se fue, mamá lo acompañó hasta la puerta, y Alphonse se quedó conmigo, con cara de culpabilidad.

- Gomen, niichan. Es mi culpa...- se disculpó, muy bajito.

- Baka, tú no tienes la culpa.- dije con voz ronca- Esto no es nada, Al, dentro de muy poco estaré curado.

Él se acercó a mí y me abrazó dulcemente, y me cubrió la mejilla de besos mientras me deseaba que me recuperase pronto. Alternaba besos con fuertes abrazos, y yo fingía protestar.

- ¡Suelta, Al! ¡No puedo respirar!

- ¡No seas quejica, niichan!- y continuaba haciéndolo, sólo para molestarme.

Cuando al fin se detuvo, se sentó junto a mí en la cama.

- Luego iré a avisar a Winry de que estás enfermo. Quizá venga a visitarte con la abuela Pinako y te traigan caldo de ese que sabe hacer Winry.

- Al, ¿quieres que me recupere o que muera envenenado? Sabes que el caldo de Winry sabe a rayos...

- No sabe a rayos...

- Siempre acompaña el caldo con leche...- puse cara de asco al pronunciar el producto.

- Ah, pero es que debes tomar mucha leche si quieres crecer.

Mágicamente, la garganta no me dolía tanto.

- ¿¡ESTÁS DICIENDO QUE SOY TAN ENANO COMO LOS VIRUS Y QUE POR ESO ME PONGO TAN ENFERMO Y QUE SI NO TENGO CUIDADO LOS VIRUS DE LA GRIPE ME COMERÁN VIVO!?

Alphonse comenzó a reír ante mi reacción, lo que hizo que me enfadase más. Le grité que no se riese y un montón de incongruencias más, pero me sentí feliz de estar pasando un rato tan sumamente agradable con él, de saber que era capaz de ser completamente normal con él, y que el sentimiento oculto permanecía callado en un rincón sin dar señales de existencia.

- Admitámoslo,-decía él- soy y seré el más alto de los dos, a pesar de ser el más pequeño. Y nos confundirán y dirán que tú eres el más pequeño por tu estatura.

Retahíla de gritos por mi parte. Alphonse estaba de un gracioso que era demasiado, y curiosamente tenía ganas de bajarle la gracia. Quizá asfixiándolo un poco... Me enfadé, o hice verlo así, y le di la espalda, cubriéndome con la sábana.

- No quiero estar con alguien que me llama enano, Al.- dije molesto. Pero él estaba allí para no dejarme caer en el aburrimiento de mi enfermedad, así que se subió sobre mí en la cama y me acorraló bajo su cuerpo, sujetándome los brazos junto a mi cabeza y apresando mis piernas entre las suyas.

- Soy el más alto y el más fuerte.- anunció él, inmovilizándome.

- ¡Tramposo! ¡Suéltame!

- No quiero.- esbozó una amplia sonrisa divertida, pero se borró enseguida, cuando comencé a toser fuertemente- Niichan, ¿estás bien?

- Sí, no te preocupes.- afirmé en cuanto dejé de toser.

Al me liberó y bajó de la cama, recordando que yo seguía enfermo y que no era bueno que me hiciese gritar tanto. De hecho, me sentía la garganta peor, porque los gritos que pretendía haber lanzado no eran más que murmullos roncos de volumen ligeramente elevado. Me sentía raro hablando así. Volví a toser.

- Mejor ve a jugar con Winry hoy, no vaya a ser que enfermes tú también de estar tanto tiempo conmigo. Diviértete con ella y salúdala de mi parte.

- Está bien, pero me voy porque necesitas descansar. No te levantes de la cama ni te pongas a leer ni a hacer alquimia, que te conozco. Duerme mucho para que te cures pronto. Y si mamá te trae leche, te la tomas. .¡Y los medicamentos también!

- Al...

- ¿Qué?

- Pareces mamá...

Al se rió y salió de la habitación, dejándome en lo que de pronto se había convertido en una soledad y una tranquilidad agobiante y aburrida. Traté de dormir, pero no pude. Di mil vueltas a la cama, hasta que tuve que levantarme y poner las sábanas bien porque las había sacado todas de su lugar. Me volví a tumbar y volví a intentar conciliar el sueño. Me molestaba la luz del sol que se filtraba por la ventana. Me levanté y cerré la cortina. Me volví a meter en la cama, esta vez boca abajo. Estaba incómodo, y me puse de lado. No encontré la postura, así que me giré hacia el otro lado. Y así, mirando hacia la nada, fui buscando algo con lo que entretenerme. Me quedé mirando al techo.

"- Quizá me duerma si cuento ovejitas...- pensé- "Una ovejita, dos ovejitas, tres ovejitas, cuatro ovejitas, cinco ovejitas..."

Me di cuenta de que lo de las ovejitas no funcionaba cuando llegué a tener nueve rebaños completos, con su pastorcito, su perro, el prado, las florecitas... Hasta las ovejas estaban aburridas, pero ninguna tenía sueño.

"- ¡Estúpidas ovejas! ¡Os voy a esquilar a todas!"

Me quedé mirando hacia la puerta, esperando que pasase algo. Debió pasar al menos un cuarto de hora hasta que al fin mamá llegó con una bandeja de comida. Esbocé una sonrisa y me incorporé, triunfante. Al menos, si comía no me aburría y, tal vez, después de comer me entrase algo de sueño. Mamá se acercó hasta a mí, y se sentó en una silla a mi lado. Dejó la bandeja sobre mis piernas y pude ver que había hecho guisado. Le di las gracias en una exclamación alegre, aunque ronca, cuando me explicó que me lo había preparado especialmente para mí, porque estaba enfermito. Puso su mano sobre mi frente, tomándome la temperatura, corroborando que aún seguía con fiebre.

- Cuando te termines la comida, te tomas el medicamento.

Quise protestar, pero mamá no me dejó. No tardé en comerme toda la comida, y pronto tuve que tragarme una pastilla que sabía a perros muertos. Le pedí a mamá que no se fuese, que se quedase conmigo un rato, y así lo hizo.

- ¿Cómo te encuentras?- preguntó, a pesar de ser evidente.

- Me duele la garganta, la cabeza, estoy algo mareado y ahora la boca me sabe fatal por culpa de la medicina.- protesté.

- Bueno, ten en cuenta que así te sentirás mejor pronto.- y sonrió. ¿Quién protestaba cuando ella sonreía?

- Me aburro estando todo el día en la cama... Ojalá pudiese salir a jugar con Al y con Win...

- A propósito... ¿Dejaste de... sentirte extraño?

Mamá no se refería a la enfermedad, estaba más que claro. Sólo que no quería ser brusca al iniciar el tema. Desvié mi mirada lo más abajo que podía mirar, y meneé la cabeza de un lado a otro, en señal de negación. Apreté los puños sobre las sábanas.

- Pero no pienso decirle nada, no te preocupes. Estoy haciendo lo que puedo por olvidarlo. Te lo juro, mamá.

Entonces sentí la mano de mamá posarse sobre las mías, que se destensaron un poco. Me miraba con los ojos llenos de dulzura y una sonrisa en los labios. Me apretó las manos entre las suyas, intentando transmitirme fuerzas.

- No tienes por qué hacerlo, Edward.

Me sorprendí y la miré con los ojos abiertos como platos, con el pensamiento relampagueante de que aquello era una broma, pero mamá no lo transmitía así. Intenté decir algo, pero me di cuenta de que no sabía qué.

- Lo digo en serio. Te he visto varias veces tragarte ese sentimiento, aunque te quemase la garganta. Sé que te comportas como el mejor de los hermanos sin pretender ir más allá, para que al menos Alphonse te quiera como tal. Sé que lloras por las noches para que nadie lo sepa. Sé que sufres muchísimo, aunque nunca lo muestres, para que nadie se de cuenta.

- ¿Cómo... cómo lo sabes?

- Soy tu madre, lo sé todo sobre ti.- sonrió, divertida.

Me acarició el pelo con la mano que tenía libre, haciendo como que me colocaba los cabellos que tenía revueltos, sólo para inspirarme más confianza de la que me estaba dando, para hacerme saber que estaba hablando en serio y que no me despreciaba por ser así. Aunque estuviese deshonrándola a ella y a todo lo que suponía el apellido Elric.

- Así que,- continuó- he pensado que quizá no estés tan confundido. Es más, sé que eres consciente de lo que hay dentro de ti, y que estás siendo debidamente cauteloso respecto a ello. Sabes que es un sentimiento dulce a la par que peligroso, que puede darte toda la felicidad del mundo o puede quitártela. Por eso quiero que sepas, mi amor, que yo no voy a reprocharte nada, aunque admito que ni acabo de hacerme a la idea ni lo entiendo bien.

Y volvió a sonreír. Prácticamente, me lancé hacia ella y la abracé, llorando. No sabía por qué, pero aquellas lágrimas habían decidido salir de mis ojos a pesar de que dentro de mí experimentaba la mayor de las felicidades. Estar seguro de que una madre no te rechaza es la mejor sensación del mundo. Ahora soy consciente de ello. Ella también me abrazó con fuerza, y permanecimos así largo rato.

- ¡Te quiero, mamá!

Me separé de ella levemente, momento que ella aprovechó para depositar un fuerte beso en mi mejilla. Luego, su rostro experimentó una mezcla de preocupación y seriedad que indicaba que iba a proseguir, y que lo que diría a continuación no sería tan bueno.

- Aún así, Edward, debes entender que es un tipo de sentimiento muy delicado. Si estás dispuesto a amar de verdad, tienes que estar dispuesto a encajar un rechazo, o incluso un desprecio. No siempre uno resulta vencedor. Y además, aunque diciéndotelo me contradiga, sigue estando mal amar a tu hermano.

Un escalofrío recorrió mi columna vertebral al imaginar siquiera una mueca de asco en el rostro de Alphonse dedicada a mí. Me negaba en rotundo a aceptarlo aún. Conservé la decisión de callar. Mamá lo leyó en los ojos, y cambió de tema para calmar el ambiente.

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Nos leemos en el siguiente capi!

Annie-chan Diethel