Lady Escándalo
Capítulo 11
Lo sabías
Kagome empezó a cambiarse de ropa utilizando la que había dejado Saito en la habitación; temía que de no hacerlo provocaría aún más a su padre y no tenía la menor intención de meterse en más problemas.
La ropa era de buena calidad sin embargo los colores no combinaban en lo absoluto, la camisola que va abajo del vestido era blanca, pero el corpiño era color vino con rayas azules y la falda roja. Se cambió, pero se sentía extremadamente incomoda, el corpiño apenas le cubría los pezones por más que ella tratara de acomodarlo hacia arriba, con el menor movimiento nuevamente estaban a la vista. Entendió la intención de su padre… pretendía vestirla como una ramera. Se puso el saco que traía encima y fue cuando sintió el broche que le había dado Seshomaru, si lo descubrían iban a darse cuenta de que la familia Taisho estaba inmiscuida en éste asunto, lo desprendió y lo colocó en la falda, por dentro donde sería muy difícil que lo descubrieran. Al no tener zapatos se quedó con las botas puestas.
A su mente llegó la imagen de Inuyasha, deseaba con todas sus fuerzas que él se hubiera dado cuenta de su desaparición y en ésos momentos estuviera buscándola, pero inmediatamente desecho esa idea; ella misma se lo había dicho. Lo importante era hacer que Sango y Miroku se reunieran.
El temor volvió a hacerse presente, estaba anocheciendo, estaba sola vestida de manera indecente y Kouga, a quien había considerado aliado de su padre ahora era su tabla de salvación, sin embargo estaba segura que haría lo posible por librarse de su hijo y en ese momento entraría nuevamente a la habitación para interrogarla.
La noche avanzaba, durante el rato que estuvo sola escuchó cómo alguien se acercaba a la habitación pero no habían entrado. Sin embargo pasado un rato escuchó como la puerta era abierta.
"Tu hermano ha salido a ver a ese oficial, el tal Miroku, regresará en un rato" – dijo con toda tranquilidad el padre de Kagome quien había entrado en la habitación seguido por su sirviente Saito. – "Ese saco no te va, quítatelo. Muy bien Saito, encontraste la ropa adecuada para mi hija, llévate esa por favor" – continuó señalando la ropa de hombre con la que Kagome había llegado, una vez que el sirviente obedeció y volvía a entrar continuó – "Sabes que nadie me reta Kagome"
"Pues yo lo he hecho, he logrado interferir en tus planes papá" – contestó Kagome tratando de mantener la voz firme y la frente en alto.
El Conde Higurashi levantó su bastón haciendo ver que el comentario de Kagome lo había sacado de sus casillas, pero volvió a bajarlo.
"Veo que tu cabello ha crecido… creo que tendremos que poner un remedio mayor cuando esto termine"
Kagome tembló ante la idea de que nuevamente cortara su cabello como lo había hecho anteriormente.
"Saito, por favor…" – dijo el padre de Kagome.
Saito colocó un espejo de cuerpo completo en la habitación. El Conde agarró fuertemente de los brazos a Kagome obligándola a que se observara en el espejo y con la cabeza hizo una seña a su sirviente quien se colocó delante de ella. Con los movimientos toscos el Conde provocó que el corpiño se bajara y fue entonces cuando Saito colocó sobre sus pezones colorete rojo intenso, como lo hacían las prostitutas. A pesar de sus esfuerzos, Kagome no pudo evitar que le pintaran el cuerpo sintiendo como su padre hacía que levantara la cabeza para que se observara lastimándole los brazos.
"¡¡Como puedes hacerme esto!! ¡¡¿Cómo puedes permitir que ese animal me toque?!!" – dijo sintiendo como su padre la soltaba.
"Hija, tu lo provocaste, yo traté de asegurar tu futuro y con que me pagas… poniendo en entre dicho el buen nombre de tu familia, por cierto, ése colorete no se borra… pero bueno, probablemente lo encontrarás útil para la vida que tendrás en el futuro. Son las ocho con quince minutos" – dijo observando su reloj de oro – "dime donde se encuentra tu hermana y yo te dejaré ir, si no lo haces voy a entregarte a un burdel que se encuentra en el muelle, ya no me sirves para nada"
"No puedes hacerme eso" – contestó Kagome.
"Oh, claro que puedo hija… ahora…" – hizo una pausa viendo directamente a su sirviente – "¿se me olvida algo más Saito?... Claro… tu castigo querida hija, por haberme desobedecido" – dijo volteando a observarla – "veamos, te escapaste de tu encierro, vistes con ropa de hombre, has estado vagando por quién sabe dónde, has puesto a tu hermana en mi contra y la has puesto en peligro al igual que a mi nieto, has sido grosera conmigo y además no te arrepientes…. Vaya hija. Arrodíllate"
"No" – contestó Kagome, quien no sabía qué hacer, cómo defenderse.
"Saito, por favor" – le dio la orden a su sirviente.
Saito se dirigió a Kagome, quien iba a defenderse; ésta vez no sería como en aquella ocasión que la habían tomado desprevenida. Forcejeó durante unos minutos contra su oponente, incluso lo mordió pero su resistencia no fue suficiente. Sin ningún miramiento le torció los brazos a ella colocándolos por la espalda lastimándola, aunque en ningún momento dejó de tratar de patear a su captor. El sirviente colocó a Kagome dándole la espalda a su padre y le levantó la falda.
No podía ser, otra vez… otra vez iba a golpearla. Forcejeó nuevamente con todas las fuerzas que le quedaban pero lo único que consiguió fue que el sirviente apretara nuevamente su agarre lastimándola todavía más. Y entonces sucedió… los muslos le empezaron a doler como en aquel entonces… Náraku la estaba golpeando con el bastón.
"¡Para que aprendas Kagome, a mí nadie me reta!" – dijo dándole un quinto golpe.
Kagome sólo lloraba, su voz se había perdido durante los primeros golpes recibidos.
"¡Papá… pero… ¿qué estás haciendo?!" – dijo Kouga, quien en ese momento entraba en la habitación.
"Disciplinando a tu hermana"
Kouga estaba pálido viendo el castigo que le propinaban a su hermana.
"Pero papá… la manera no me parece la apropiada"
El Conde estuvo a punto de perder el control, sin embargo se contuvo. Kagome deseaba que por fin Kouga viera al monstruo que era su padre. Saito la soltó cayendo al suelo sin tener fuerza suficiente en las piernas para sostenerse.
"Tienes razón hijo, pero mi paciencia llegó a su límite y tu hermana continua sin ayudarnos a encontrar a tu hermana"
Kouga se acercó a Kagome y la levantó tratando de no lastimarla.
"Por favor Kagome, debas decirnos… en el cuartel me dijeron que Miroku había pedido permiso para ausentarse por un asunto familiar, dime ¿qué está pasando?" – dijo Kouga observando la ropa que llevaba puesta.
"Todo está bien Kouga, esta por reunirse con Sango, ella estará bien" - respondió Kagome, apenas se escuchaba su voz.
"Papá… puede que Kagome tenga razón. Miroku protegerá a Sango…" – dijo Kouga volteando a ver a su padre.
"!¿Tú también te has vuelto loco?! ¿Qué pecado he cometido para que mi familia se comporta así? ¿Crees que me voy a quedar cruzado de brazos mientras mi hija mayor se va Dios sabe donde con un extraño? Y todo porque esta ramera" - dijo golpeando a Kagome en el pecho con el bastón, provocando un grito de dolor – "la volvió en mi contra"
Kouga trató de proteger a su hermana abrazándola pero esa era la oportunidad que Kagome buscaba, era el momento de que su padre se quitara la máscara delante de su hermano. Se deshizo de su abrazo y dio un paso adelante.
"¡Eres un hipócrita! Ya arruinaste mi vida… no permitiré que destruyas también la de Sango"
El Conde trató de golpearla en el rostro con el bastón pero ahora ella lo interceptó con el brazo derecho, apareciendo inmediatamente en su piel el rastro del golpe recibido.
"¡¡Ya basta!!" – dijo Kouga quitándole el bastón a su padre y rompiéndolo en dos partes con su pierna.
"Saito, encárgate de éste traidor"- ordenó el Conde.
Saito se adelantó y agarró a Kouga de los brazos. De pronto nadie observaba a Kagome, ella sabía que no podía hacer nada por ayudar a su hermano además lo conocía muy bien, era un hueso rudo de roer. Aprovechó la oportunidad para escapar. Levantó su falda y corrió tan rápido como pudo, sólo alcanzó a escuchar como su padre apresuraba a su sirviente a atraparla.
Salió a la calle y continuó corriendo, tenía que alejarse… después de unos minutos entró en una calle oscura, no podía observar bien el camino y se cayó lastimando sus rodillas. Se levantó lo más pronto que pudo y continuó. En su camino hubo varias viviendas a las que no se atrevió a acercarse para pedir ayuda por la manera en la que estaba vestida, nadie lo haría. En varias ocasiones se acomodaba los senos en el corpiño para evitar que se vieran los pezones pero era inútil, al menor movimiento estaban nuevamente a la vista. Estaba muy cansada, recordó a Inuyasha y los maravillosos días que pasó con él… ojalá estuviera ahí y le dijera que todo iba a salir bien, que confiara en él.
En su huida había tomado las calles más oscuras, se cayó en un par de ocasiones más. No sabía qué hacer… con suerte Inuyasha estaría lejos con Miroku y Sango. Tal vez encontrara un lugar donde esconderse hasta que amaneciera, pero unas voces llamaron su atención. Eran dos hombres que se acercaban y aunque estuvieran lejos por su forma de caminar se veía que estaban ebrios.
Kagome trató de pasar desapercibida se detuvo en una puerta para aparentar que se encontraba fuera de su casa pero de nada sirvió. Los hombres se detuvieron.
"Hola preciosa" – dijo uno de los hombres.
Ante la falta de respuesta de ella la tomó fuertemente de la barbilla.
"¡¿Qué diablos te pasa?! – dijo el otro hombre.
"¡Por favor señores… no soy lo que ustedes piensan… por favor ayúdenme fui secuestrada para ser vendida en un burdel, pero me he escapado!"
Los dos hombres la recorrieron con la mirada.
"Pues pareces una puta en toda ley" – dijo el otro hombre – "dinos ¿cuánto nos va a costar que nos des tus favores? Vamos a echar una moneda al aire para ver quién de los dos va primero…" – contestó tomándola fuertemente de los brazos.
"Bien, tú has ganado… mejor, así la dejas preparada para mí"
Kagome forcejeó todo lo que pudo pero el hombre que la tenía era muy fuerte. Trató de besarla y al ser mordido, la aventó al suelo haciendo que se golpeara la cabeza. Después de estar aturdida unos instantes se levantó aprovechando que los dos hombres habían tenido la idea de agarrarla y habían chocado.
Apenas pudo ponerse de pié y al mirar a sus agresores sintió que unas manos la detenían por la espalda. Ella lanzó un codazo para tratar de librarse de su nuevo agresor.
"Tranquila, no te voy a lastimar"
Esa voz…
Kagome volteó.
"Inuyasha" – apenas pudo decir Kagome.
El no la había reconocido, pero al escuchar su voz y su nombre en sus labios, abrió los ojos para encontrarse con los de su "Shaoran". Kagome sólo pudo abrazarlo e Inuyasha hizo lo mismo, no quería dejarla escapar… tenía miedo de que se desvaneciera.
¿Qué demonios estaba pasando? ¿Ésa mujer era su damisela? Llevaba horas buscándola.
"Oye tú… fórmate… la mujerzuela es nuestra" – dijo uno de los hombres que habían agredido a Kagome.
Kagome se escondió más en los brazos de Inuyasha y él tuvo ganas de matar al hombre que se atrevía a hablar de esa forma.
"Que pena… temo que debo llevarme a la señorita. Vamos amor"
Se dieron la vuelta para irse pero Inuyasha escuchó como una espada era sacada por lo que no tuvo más remedio que poner a Kagome a salvo detrás suyo y sacar su propia arma.
Inuyasha esperó el ataque de su oponente, sin embargo se dio cuenta que aún estando en sus cinco sentidos ese hombre no era rival para él. El otro hombre se dirigía a Kagome, al percatarse de ello, Kagome sacó la antorcha que iluminaba la calle y con eso lo amenazó.
"No vayas a prenderle fuego, todo saldrá bien; confía en mí" – le dijo Inuyasha a Kagome, quien en ningún momento había dejado de observarla.
Kagome lo vio una sonrisa aparecía en los labios del hombre que amaba… una sonrisa que la había mostrado cuando estaba vestido de "Shaoran", él lo sabía… sabía quién era ella.
Después de unos minutos Inuyasha demostró que no era un rival a su altura por lo que lo golpeó y lo tiró al suelo y con la ayuda de su amigo, los hombres se apresuraron a irse del lugar.
Kagome e Inuyasha se habían quedado solos.
"Lo sabías…" – dijo Kagome.
"Este no es el lugar para hablar… vámonos" – respondió Inuyasha acariciando levemente su mejilla, le puso su chaqueta encima y la tomó de la cintura para irse.
¿Acaso que era Kagome Higurashi? ¿Desde cuándo sabía que Shaoran era una mujer? ¿Desde que estuvieron juntos? Tenía muchas preguntas pero estaba al límite de sus fuerzas… sus piernas no le respondían, sólo continuó avanzando por el abrazo de Inuyasha.
Llegaron a un establo, Inuyasha colocó a Kagome sobre un montón de paja. Sólo un pequeño faro iluminaba el lugar.
"Traje los caballos aquí, por si la posada estaba vigilada" – dijo arrodillándose a su lado, observándola por fin – "Dios… ¿Qué te ha pasado?"
Kagome temblaba… no tenía el valor de mirar directamente a Inuyasha, trató de esconder los pezones pero era imposible. Empezó a llorar, Inuyasha la abrazó.
"Tranquila… tranquila amor, todo está bien. No permitiré que te hagan daño" – fue todo lo que pudo decirle.
Después de un rato sus lágrimas cesaron. Inuyasha limpió sus mejillas tiernamente. Ella estaba segura que ahora la bombardearía con preguntas pero eso no ocurrió.
"Debemos irnos, ¿crees poder cabalgar?"
Kagome estaba muy cansada, pensaba que no podía cabalgar a causa de los golpes recibidos pero tenía que hacerlo. No permitiría que su padre la atrapara y menos en compañía de Inuyasha.
"Creo que si" – contestó pero vio su ropa.
"No te preocupes, te pondrás mi ropa, aunque te quedará grande"
Con ayuda de Inuyasha Kagome se levantó y detrás de uno de los establos se cambió, volviendo a ponerse ropa de hombre y se cubrió la cabellera con el pañuelo de Inuyasha. Quería quemar la ropa que le había dado su padre pero no quiso dejar ningún rastro que permitiera saber que habían estado ahí, por lo que la guardó en la bolsa y salió.
"Bienvenido "Shaoran" – dijo Inuyasha cuando la vio.
Kagome suspiró rindiéndose a la encantadora sonrisa de su acompañante. Inuyasha se acercó a ella.
"Llevo mucho tiempo queriendo hacer esto" – dijo acariciando suavemente su mejilla – "y esto" – dijo besándola tiernamente.
Éste era su primer beso, el primero sin máscaras de por medio. Él no podía contenerse, despacio pasó su brazo por la cintura de ella y la atrajo más cerca de su cuerpo lo que llevó a hacer más profundo su beso. Kagome estaba fascinada percibiendo su delicioso sabor, la delicadeza con la que la trataba.
"Ojalá éste fuera el lugar apropiado… no te preocupes todo saldrá bien, confía en mí" – dijo Inuyasha mientras continuaba acariciando su mejilla.
"Soy Kagome Higurashi, nada puede salir bien"
"Soy Inuyasha Taisho… confía en mí"
"Por favor Inuyasha…" – dijo Kagome apartándose de su abrazo – "ni siquiera un Taisho puede cambiar a la sociedad"
Inuyasha sonrió.
"Ponme a prueba…" – contestó guiñándole el ojo – "vámonos"
Kagome decidió dejar ésta conversación para otro momento, estaba segura de que pronto se cansaría de ésta aventura, sobre todo si no se enteraba que ella era "Tsubaki".
Inuyasha la ayudó a montar y se dio cuenta de que eso le provocaría un gran dolor, afortunadamente Kouga había llegado a tiempo para evitar que su padre la golpeara en las nalgas, pero sus muslos le estaban doliendo mucho. No sabía hasta donde iba a poder soportar ésa tortura. Pero no tenía otra opción, si le decía a Inuyasha como se encontraba seguramente no iba a permitir que siguieran y corrían el riesgo de que su padre los atrapara. Además esta su mano, le dolía mucho y era la derecha, iba a tener que guiar al caballo con la izquierda esperando que Inuyasha no se diera cuenta.
"Vamos a ir por este camino" – dijo Inuyasha – "esta bordeado por setos por lo que no será difícil seguirlo aún en la oscuridad, aunque no podremos ir a galope"
Kagome dio las gracias por saber que tendrían que ir lentamente, no estaba en condiciones de hacerlo rápido.
"¿Qué pasó Inuyasha?" – preguntó Kagome, no podía continuar sin saber que había pasado.
"Creo que yo podría preguntarte lo mismo" – hizo un pausa – "De acuerdo, encontré a Miroku, ya está en camino para encontrar a Sango, parece que tampoco tiene en buena estima a tu padre, pensaba viajar toda la noche, por lo que mañana a medio día estará con ella. Se la llevará a un pueblo donde su hermano es el párroco y ahí se casarán, aunque por ser una boda rápida será necesaria una licencia"
"¿Y cómo se consigue eso?" – preguntó Kagome.
"Sólo la puede darla un obispo, yo la conseguiré mientras Miroku lleva a Sango a la parroquia; es complicado hacer ese trámite pero espero que al ser el obispo hermano de mi madre y por ende mi tío no haya ningún problema"
"Vaya los Taisho y sus influencias… pero eso significa que en estos momentos debes dirigirte a Londres ¿No es así?"
"Primero debo ponerte a salvo"
"Pero Inuyasha, el tiempo es muy valioso… papá está muy cerca y corremos muchos riesgos mientras Sango no se case… te dije que lo más importante eran ellos dos, debiste olvidarte de mí…"
"Tú nunca sigues instrucciones… ¿por qué iba a hacerlo yo?" – dijo Inuyasha con una sonrisa en los labios.
"Esto no es una broma…"
"Ya lo sé… dime ¿por qué te fuiste de la posada?"
"Alguien me vio en la ventana, no quería que me atraparan y me relacionaran contigo"
"¿Qué más?"
"Mi hermano me encontró, me llevó con mi padre, pero también gracias a él pude escapar"
"¿De dónde escapaste?
Kagome sabía que no iba a dejar pasar la explicación… estaba frente profesional en ése sentido, era un oficial del ejército en pleno interrogatorio.
"De una casa que había alquilado, trate de hablar con Kouga, convencerlo que quien es en realidad mi padre pero fue inútil, él llegó e hizo que me cambiara de ropa, me amenazó con llevarme a un burdel si no le decía la verdad"
Inuyasha paró en seco a su caballo y trató de observarla a pesar de la oscuridad.
"¿Qué hizo qué?"
"¡No lo hizo…" – respondió rápidamente – "sabía que yo le diría la verdad antes de eso" – Kagome trató de que Inuyasha se enojara lo menos posible con su padre, corría el riesgo de que fuera a buscarlo para pedirle cuentas y estaría en peligro, su padre era un excelente tirador.
"¿Cómo pudiste escapar?"
"Kouga me ayudo"
"Vaya…"
"Kouga no conoce verdaderamente a papá… bueno, el caso es que pelearon y yo aproveche para huir, pero no sabía a dónde"
"Por suerte te encontré"
"Si, pero… pienso que debiste viajar inmediatamente a Londres, es ahí donde nos dirigimos ¿no es así?"
"No estoy seguro de que estés en condiciones de hacer ese viaje"
La conversación terminó de momento, continuaron cabalgando durante un rato, pero la resistencia de Kagome estaba en su límite. No sabía si podría lograrlo. Pero tampoco podía expresar la mínima queja, si Inuyasha se daba cuenta no continuarían el viaje.
"¿Cansada?" – preguntó de repente Inuyasha.
"Un poco" – se atrevió a contestar Kagome.
"Pienso que debería dejarte en un lugar seguro… pero me temo que te las arreglarías para meterte en algún problema"
Kagome tenía sus dudas en relación a si sabía que se trataba de Tsubaky.
"Yo no busco los problemas"
"Tal vez sea cosa del destino…"
Inuyasha sólo veía la silueta de Kagome en la oscuridad, se preguntaba si en verdad se había librado de que su padre la metiera en el burdel, tenía la sensación de que lloraba aprovechando la falta de luz. Deseaba con todas sus fuerzas hacer que cabalgara con él para abrasarla, llevársela lejos donde pudiera curar todas sus heridas.
"¿Estás bien?" – volvió a preguntarle.
"Si"
"El camino está en muy malas condiciones, iré a pie durante un rato" – Inuyasha se bajó del caballo.
Kagome aprovechó esto para hacer lo mismo, si bien caminando el dolor no se iba por lo menos si era considerablemente menor.
"No es necesario que tu lo hagas" – le dijo Inuyasha cuando se dio cuenta de lo que hacía.
"Prefiero hacerlo"
Caminaron durante un buen rato, al pasar a un lado de un pequeño pueblo Kagome estuvo a punto de pedirle que se detuvieran a descansar un rato pero logró continuar. Era lo último… pronto Sango y su sobrino estarían a salvo.
Caminaron durante unos minutos más, Inuyasha iba al lado de Kagome y los caballos a sus costados.
Kagome se tropezó y estuvo a punto de caer pero él alcanzó a tomarla de la mano derecha escuchando el grito de dolor que ella emitió ante su agarre.
"¿Estás lastimada?"
"No es nada… me lastime la mano cuando me caí al escapar" – dijo retirando rápidamente la mano, lágrimas causadas por el dolor caían por sus mejillas, suplicaba para que Inuyasha no la hiciera hablar.
Inuyasha se detuvo.
"Parece que a un lado del camino he visto una especie de establo, vamos a ver tal vez podamos descansar un rato"
"Yo estoy bien… podemos seguir" – contestó Kagome insegura se poder ponerse en pie nuevamente si se acostaba.
"Necesitamos descansar al igual que los caballos, para poder seguir mañana a una mayor velocidad. Además, ya hemos recorrido una distancia considerable"
El establo estaba parcialmente caído, seguramente abandonado desde hace algún tiempo. Pero afortunadamente había algo de paja. Inuyasha tomó los dos caballos y los ató a un extremo del lugar. Se dirigió a donde estaba la paja y trató de acomodarla para después cubrirla con su capa.
"Listo, su cama señorita" – le dijo a Kagome.
Kagome se acostó, estaba completamente exhausta y el cuerpo le dolía aunque no se comparaba con el que sentía al ir cabalgando. Inuyasha se recostó a su lado.
"Apóyate en mí" – le propuso Inuyasha.
"Pero tú…"
"No puedo imaginar estar más cómodo"
Kagome tenía miedo de que Inuyasha quisiera tener relaciones, no quería que se diera cuenta de los golpes que había recibido, no quería involucrarlo más en sus problemas. Como si le leyera el pensamiento Inuyasha trató de convencerla.
"No pienso seducirte, ambos necesitamos descansar"
Kagome no pudo seguir resistiendo, apoyó su cabeza en el hombro de Inuyasha y él la abrazó. Su cuerpo era muy cálido, se sentía extremadamente cómoda en ésa posición.
"No sería prudente que ambos durmamos"
"No te preocupes… para que tu padre nos encontrara aquí necesitaría una adivina, duérmete Kagome" – era la primera vez que la llamaba por su verdadero nombre.
"¿No te molesta?, ¿Que sea Kagome Higurashi?
"No… lo que me importa es tu bienestar, cariño"
"No debes sentir ninguna clase de afecto por mi Inuyasha"
"No me digas lo que puedo o no puedo sentir… duérmete Kagome"
La luz de la mañana empezaba a filtrarse por las rendijas del establo. Lo siguiente que sintió Kagome fue una mano acariciando tiernamente su mejilla. Lentamente abrió sus ojos encontrándose con unos de color dorado, los ojos que ella amaba.
"Ese hijo de puta te golpeó" – le dijo acariciando la parte lastimada del golpe que Kouga le había dado – "debí haberlo matado"
"No fue el hombre del que me rescataste. Y mejor no empecemos a hacer cuentas, porque tendrías que acabar por defenderme de todo el mundo"
"Lo haría con todo gusto" – dijo descendiendo a la boca de Kagome, dándole un tierno beso en los labios – "¿Sabes? Ésta es la primera vez que te beso en la mañana. La primera de muchas más"
"No lo creo" – apenas pudo decir Kagome – "en cuanto tengamos la licencia para el matrimonio de Sango, tú podrás retomar tu vida"
"Por un, momento olvida todo eso" – dijo Inuyasha tomando la cara de Kagome con su mano, levantándole el rostro para que lo viera directamente – "eres una dama que en éste momento se encuentra en brazos de un rufián que está a punto de besarte, no te preocupes, te dije que no te seduciría y no lo haré, es sólo que no puedo esperar más, tengo que hacerlo.
Kagome lo recibió gustosa, él la besó con mucha delicadeza. Deslizaba sus labios saboreando lentamente su dulce aliento; poco a poco y gracias a su destreza el beso se fue intensificando llevándolos a ambos a un deleite mayor.
Inuyasha se separó recibiendo de su compañera una sonrisa de complicidad.
"Besa a sí a muchas mujeres mi Lord y pronto acabarás casado" – le dijo tímidamente Kagome.
"Tal vez eso es lo que quiero" – respondió Inuyasha tomando la mano derecha de Kagome para besarle la palma dándose cuenta de las heridas que tenía.
"¡¿Pero qué…?! esta no es una herida provocada por una caída"
Kagome trató de retirar la mano, al no conseguirlo trató de levantarse pero el cuerpo de Inuyasha tampoco se lo permitió.
"¿Quién te golpeó? ¿Tu padre?" – dijo examinando también la otra mano, al no encontrarla herida la soltó - "¿Por qué lo hizo?"
Kagome nunca lo había visto así, parecía que hubiera fuego en sus ojos. Estaba realmente enojado.
"Es que le falté al respeto" – contestó tratando de controlar el enojo de Inuyasha – "le dije hipócrita, entre otras cosas…"
Inuyasha trató de controlarse, le dio un beso ligero en las heridas.
"Tu padre es… muy estricto" – no dijo realmente lo que pensaba – "porque maltrata así a un tesoro tan maravilloso como tú, por Dios eres su hija"
"Para él un tesoro sería tener una hija dócil que obedeciera sin preguntar nada en lo absoluto, como lo hizo Sango" – hizo una pausa – "Debemos continuar Inuyasha, debemos seguir nuestro camino para terminar de ayudarla" – dijo esto obligada por las circunstancias, si por ella fuera se quedaría en los brazos del hombre que ama.
Inuyasha tampoco quería separarse de ella, se levantó a regañadientes y la ayudó a hacer lo mismo. Kagome no pudo evitar que sus piernas flaquearan durante un segundo, pero fue suficiente para que él se diera cuenta de que pasaba algo más.
"¿Qué tienes?"
"Nada, sólo estoy un poco adolorida por lo duro de la paja. Además no he comido nada"
"De acuerdo, primero nos ocuparemos de que comas algo"
Continuará
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Adelanto del siguiente capítulo:
… ¿Compartirías mi vida?...
… "Somos amantes en plena fuga"…
… "Lo mataré"…
… "Hazme el amor, por favor"…
… "Amor, olvidas que soy un Taisho"…
… "Estoy loco por ti"…
…"Iremos a Shikon"…
