Queria agradecer de nuevo a Rumiko y a Isela a una por tan maravillosos personajes y a la otra por tan maravillosa historia... Hoy estoy de ánimos asi que voy a consentirlas un poco con otro capitulo, no se me dio por darles otro capitulo asi que aprovechen que esto no sucede todos los dias... Y si sucediera yo ya habría terminado el primer libro la verdad, pero vamos paso a paso que apenas vamos por el capitulo 10.
— Historia Normal —
— Diálogos —
— Pensamientos —
— No lo sé. — Respondo hundiendo la llave en la cerradura y haciéndola girar. Sango sonríe y niega. Sabe que miento.
— Lo que creo, es que tienes miedo.
— No lo tengo. — Debato débilmente.
— Kagome, si no se alejo de ti cuando huiste de su mansión, de su oficina o cuando lo dejaste con los calzones a medias nachas y tambien te fuiste, o incluso cuando le dijiste lo de Inuyasha, no creo que lo haga ahora. Sí el tío lo que quería era un buen polvo, ya lo tuvo y aun así sigue detrás de ti. ¿No lo crees?
— Quizás. — Concedo mientras entramos al departamento. No he pensado, bueno quizás un poquito, en el hecho de que Sesshomaru no haya perdido el interés en mí. A pesar de que soy todo un caso.
— ¡Ay mujer! Eres demasiado complicada. Pero supongo que mientras son peras o son manzanas, solo deberías disfrutarlo y ya. Total, todo está muy bien. — Pongo los ojos en blanco.
— ¿Gracias? — Digo con ironía. Ella se echa a reír al ver mi expresión. — Esta debería ser la parte en la que me dices que lo deje porque me romperá el corazón o porque es el hermano de Inuyasha. Antes dijiste que eso no podía ser.
— Si lo digo. ¿Lo harías? ¿Lo dejarías? — Me muerdo el labio incapaz de contestar, y eso provoca que su sonrisa se amplié más. — Lo sabía. — Dice mirándome divertida. — Kagome Higurashi, te hemos perdido. — Canturrea con gesto teatral mientras se dirige a la cocina, dejándome plantada a mitad de la sala, meditando en sus palabras.
¿Perdida?
Creo que ha dado en el clavo, estoy perdida, completamente perdida por Sesshomaru. Y definitivamente aunque lo quisiera, no podría escapar y desde luego eso es malo. Aunque también tiene razón en cuanto a que no es igual a Inuyasha.
Dejo de lado mis pensamientos y entro a mi habitación. Arrojo mis cosas sobre la cama y rápido me dirijo al armario. Me cambio de ropa y empaco una muda limpia. Me emociona pensar en cual podría ser su "Castigo". ¿Estoy loca? Sí, creo que también he perdido la cabeza. Aunque espero que no me salga con rollos sadomasoquistas o extraños, porque esas cosas no me van, menos después de lo que vi con Inuyasha.
— Me voy. — Digo al salir de mi cuarto. Sango me mira mientras se mete a la boca una cucharada de cereal.
— Diviértete. — Balbucea con la boca llena. — Y comételo entero. — Dice simulando tener algo en la boca.
— ¡Cochina! — Le grito mientras abro la puerta. Escucho como se ríe y me llama "Puritana". Ruedo los ojos mientras me dirijo al elevador.
Subo al auto con una enorme sonrisa en el rostro y me dedico a jugar con mi móvil ansiosa por llegar. Su chofer me indica el piso y me acompaña hasta el elevador cuando llegamos al edificio. Veo los números avanzar con nerviosismo y cuando las puertas se abren se me corta la respiración. Sesshomaru sigue teniendo ese efecto en mí, acelera mi corazón y hace que mis piernas se vuelvan disfuncionales, lo mismo que mi cerebro.
— Bienvenida. — Dice con un gesto caballeroso, ofreciéndome su mano.
¡Está guapísimo!
Se ha quitado el saco y la corbata, lleva un par de botones desabrochados de la parte superior de la camisa, dejando entrever sus pectorales. Se nota relajado y cómodo, cosa que me gusta y me transmite seguridad.
— Gracias. — Respondo tomando su mano. — Aunque dime algo... — Me mira curioso.
— ¿Que?
— ¿Debería preocuparme por el castigo? — Inquiero mirándolo acusadoramente. Me rodea por la espalda y pega su entrepierna en mi trasero, haciéndome dar un salto.
— Quizás. — Ronronea en mi oído y yo me fundo. ¡Dios! Este hombre me vuelve loca. Me quita la bolsa y la coloca sobre el sofá. — ¿Te ofrezco algo de tomar?
— Lo que sea, menos alcohol. — Me muestra una sonrisa socarrona y se encoje de hombros.
— ¿Por que? — Pongo los ojos en blanco
— Estoy intentando recuperar mis memorias perdidas de aquella noche.
— Lo harás. — Afirma tomándome de la mano, me conduce a su cocina. Todo es impresionante, no recuerdo nada de la otra noche y en la mañana estaba demasiado inquieta para prestar atención. Pero todo esta pulcro y ordenado, no pueden faltar los cuadros y algunas esculturas adornando el lugar.
Me sienta en uno de los banquillos junto a la mesa y me observa pensativo.
— ¿Que quieres de cenar? — Pregunta inclinándose ligeramente sobre mí. ¿Comer? No tengo mucha hambre, pero no quiero desairarlo.
— ¿Pedirás comida? — Ha dicho que la comida no le va y aunque no tengo sazón tipo "abuelita" o "Chef profesional", creo que no está mal mi comida o al menos Sango nunca se ha quejado.
— Si. — Responde despreocupado.
— ¿Siempre ordenas comida? — No dudo que sea de la mejor calidad, pero ¿no se enfada? A veces comer en casa, no es tan malo.
— Mmm... sí.
— ¿Quieres que te cocine algo? — Pregunto animada. Niega apoyando sus manos en mis muslos y hundiendo su rostro en mi cuello.
— Eres mi invitada, no puedo permitirlo.
— No se me caerán las manos si lo hago.
— ¿Sabes? Yo quiero comerte a ti. — Murmura con tono jocoso.
— Estás loco. — Rió divertida.
— Sí, muy loco. — Su mano mueve mi cabello dejando despejado mi cuello y entonces siento como su boca se mueve despacio, marcando un trayecto delicioso que despierta mis ganas. — ¿Tienes mucha hambre?
Sonrió al adivinar a donde quiere llegar. Creo sin duda, cenar Sesshomaru suena mas apetitoso que cualquier otro platillo.
— Mmm... — Finjo pensármelo. Pero entonces sus manos separan mis muslos y suben aproximándose a mi centro.
— Kagome. — Susurra con voz sensual. ¡Al carajo la cena!
— No tengo hambre. — Aseguro.
— Perfecto. — Me toma entre brazos y sale de la cocina. Aprovecho juguetear con su pelo mientras entramos a la recamara. Se detiene frente a la cama y me mira pensativo. — ¿Con baño o sin baño? — Me encantaría un baño primero, aunque perdernos de inmediato entre las sabanas tampoco suena tan mal.
— Tú eres quien impondrá el castigo. — Sonríe con malicia y me besa la nariz.
— Creo que no debiste cederme el control, princesa. — Dice amenazante. ¡Madre mía! Da vuelta y se encamina al baño.
Mi corazón golpea con fuerza. Este hombre me mata y no saber que cruza por su mente aun más. Me coloca debajo de la regadera y entro en pánico al pensar que abrirá la llave y que mis zapatos terminaran mojados. Pues no he traído otros conmigo.
— Primero un baño. — Dice mientras levanta mi blusa. Suspiro aliviada y dejo que me desnude. Sesshomaru no dice nada parece concentrado en su labor y yo me dejo. — Eres hermosa, princesa. — Susurra pasando su dedo por el borde de mi pezón. Jadeo y cierro los ojos. Me resulta increíble como el mínimo contacto de sus manos me enloquece. — Kagome. — Abro los ojos y lo miro. — ¿Debería castigarte o complacerte? — Me muerdo el labio inferior y deslizo las manos por su pecho que aun esta cubierto por su camisa.
— ¿Que te gusta más? — Pregunta con descaro. El sonríe haciéndome sonreír también.
— ¿Quieres que me la quite? — Dice tomando mis manos.
— Sí. — Coloca mis manos sobre uno de los botones.
— Por favor. — Pide. Con rapidez desabrochó todos los botones y la empujo por sus hombros hasta que la sacó. El la toma y la arroja al piso. Suspiro mientras mis manos se deleitan palpando su piel. — Creo que sin duda le daré placer a mi princesa. — Se quita los pantalones, seguidos por el bóxer.
Me encanta cada parte de su anatomía. Y sonrió al recodar las palabras de Sango sobre comérmelo. Si contemplará lo que justo tengo frente a mi, seguro se iba de espaldas.
— ¿Que estará cruzando por esa mente? — Inquiere mirándome fijamente. Me encoge de hombros.
— Pienso que me cenaré. — Bromeo y su sonrisa se amplía.
— ¿De verdad? — Me levanta de las caderas, trabo mis piernas en su cadera y su mano gira la llave haciendo que las gotas de agua nos cubran.
Sus arden de deseo. Se apoya en la pared y mueve su miembro hasta colocarlo en mi entrada. Me levanto ligeramente y entonces siento como me penetra.
Me aferro con ambas manos de sus hombros, mientras el me sujeta de las caderas haciéndome subir y bajar sobre su pene. Cada descenso sabe a gloria. Me inclino hasta que capturo su boca, hundo mi lengua en su interior y escucho como gime. El agua y su sabor se mezclan. Me gusta, podría convertirse en mi favorito.
Siento como sus dientes mordisquean mi oído y como su erección matutina golpea mi trasero. Gruño y me giro para verlo. Incluso una versión despeinada y somnolienta de Sesshomaru Taisho es increíble. Paso mis dedos por los mechones de su pelo.
— Buenos días, princesa. — Dice al ver que no digo nada. Me acerco y deposito un beso en sus labios.
— Buenos días, príncipe encantador. — Pone los ojos en blanco y encuentro un nuevo método para hacerle desistir de ese apodo tan raro.
— ¿Crees que me parezco a esa caricatura?
— ¿Haz visto la película? — Se encoje de hombros. — ¿Que hora es?
— Temprano. — Asegura tomándome de la cintura. Miro por la ventana, la claridad que muestra me inquieta. Intento girarme para alcanzar mi móvil, que descansa sobre el mueble junto a la cama, pero Sesshomaru me retiene.
— Espera... — Protesto hasta que por fin lo alcanzo. — ¡Mierda! Son las 8:30. — Me libero de sus manos y salgo de la cama.
— Es temprano. — Repite y en respuesta, lo fulmino con la mirada.
— No lo es. — Salgo corriendo a la sala. Tomo mi bolsa y regreso a la recamara. Sesshomaru no se ha movido. — ¿No tienes que trabajar? — Pregunto mientras tomo el sostén y comienzo a ponérmelo.
— Más tarde. — Comenta como si nada. — Aunque estaba pensando... — Dice mientras se incorpora un poco para verme ponerme las pantis. Es un descarado. — ¿Y si nos quedamos en la cama todo el día? — Quisiera.
— No puedo. — Aseguro metiendo las piernas en el pantalón. — Tengo que trabajar.
— ¿Quieres que hable con tu jefe?
— ¡No!
— No creo que tenga problemas con que me ayudes...
— Sesshomaru. — Lo miro muy seria. — Dijiste que lo harías el viernes. No puedes hacerlo hoy, comenzará a sospechar.
— No me importa. — Suspiro al ver que no comprende mis palabras.
— No debo involucrarme con mis clientes. — Explico con agotamiento. — Ya deberías de saberlo, es poco profesional y sería mal visto. — Claro que es mentira, Shinki estaría encantado de saberlo. Pero no deseo que comience a manipular las cosas, más de lo que lo ha hecho.
No dice nada, me mira pensativo. Tomo mi blusa y ahora solo me faltan los zapatos. Entro al baño, pero solo encuentro uno de ellos junto al tocador.
— ¿Y mi zapato? — Pregunto realmente apurada regresando a la habitación.
— Creo que Cenicienta lo perdió de nuevo anoche. — Dice divertido. Cosa que me enerva aun mas.
— ¿Que? Hablo en serio. — Recorro con la mirada el piso del lugar, pero no está. Es tardísimo, no llegaré a tiempo, sino me voy ahora mismo. — Sesshomaru, mi zapato. — ¡Mierda! Voy a llegar tarde. Se que no los deje en la sala, ni en la cocina, porque fue Sesshomaru quien me los quito en el baño, pero entonces ¿Donde carajos está? Miro el zapato que encontré y entro de nuevo al baño. Reviso cada sitio, pero no está. — ¡Mierda, Sesshomaru!
PAUSA DE OPINIÓN DE LA ESCRITORA
Este es mi tiempo así que puedo hacer lo que a mi mejor me venga en gana, estoy aqui para decirles que este capitulo es cortesía mía por dos razones:
1. Estoy de muy buen humor y no la quiere dejar tres días esperando por otra actualización.
2. Estoy de cumpleaños asi que aja.
Yo quiero un hombre así MIERDAAAAAAAA! Porque la vida es injusta con las que si sabemos querer, madre mía hablo en serio yo muero por un hombre como Sesshomaru y no se si ustedes igual... Pero esta pareja es muy explosiva como hubiera sido si en el anime en lugar de Kagome conocer a Inuyasha hubiese conocido a su sensual hermano. AAAAAAAAAA yo muero si eso hubiese sucedido.
FIN PAUSA DE OPINIÓN DE LA ESCRITORA
— No lo sé. — Responde con indiferencia, haciendo que mi desesperación se convierta en irritación. — ¿Donde los dejaste? — Pregunta con una sonrisa. Será cabrón.
— Tu me los quitaste. — Le recuerdo. Sale de la cama, mostrando su impresionante cuerpo desnudo, pero ahora estoy que me da algo que no puedo pensar en eso.
— Tranquila. — Susurra con una sonrisa. Entonces caigo en cuenta.
— ¡Fuiste tú! — Lo acusó. Su expresión responde, abro la boca y la cierro. — Dame mi zapato, Sesshomaru. — Exijo, perdiendo la calma.
— Quédate conmigo. — Suplica intentando abrazarme.
— Sesshomaru. — Me quejo apartándolo.
— Podemos decir que estás enferma.
— No puedo.
— Kagome...
— No, entregamelo. — Se cruza de brazos y niega. — Sesshomaru.
— No. — Dice muy seguro. Mierda son casi las 9. Kikyo me matara.
— Sesshomaru, por favor.
— Quédate conmigo. — Repite ahora con menos exigencia.
— Mi zapato. — No puedo, aunque quisiera.
— Ese es tu castigo. — Abro y cierro la boca.
— ¿Que? — No puede hablar en serio, pero parece decirlo en verdad. Lo fulmino con la mirada. Tomo la bolsa y salgo hecha una furia.
— ¡Kagome!
— ¡Vete a la mierda! — Grito mientras me dirijo a la puerta. Antes de que logre abrirla me toma de la cintura y me hace girar.
— Kagome.
— Si no vas a darme mi zapato, suéltame. — Espeto molesta. Sonríe y me pega contra la pared.
— No. — Niega sin arrepentimiento. Intenta besarme pero le volteo el rostro. Entonces me besa el cuello, estrujando al mismo tiempo mis glúteos.
— ¡Sesshomaru! — Protesto gimoteando.
— Quédate conmigo. — Repite. Jadeo cuando acaricia entre mis piernas y su boca acaricia mis pezones sobre la tela. ¡Mierda! ¡Mierda!
— Sesshomaru... — Eso se me va de las manos. Quiero matarlo y al mismo tiempo me encanta. Su boca encuentra la mía y me ataca con frenesí. Enrosco las piernas en su cintura y disfruto al instante. Posiblemente me despidan por su culpa y ahora sí me quedare peor que la cenicienta. ¡Mierda!
— Quédate conmigo todo el día. — Susurra. — ¿Sí? — Trampa, esto es trampa, más que trampa me esta manipulando. ¡Mierda! — ¿Kagome?
— ¡Sí! — Respondo. Relaja su agarre y me baja, sonrío acariciando su mejilla y bajando mi mano hasta tomar su miembro, el cual acaricio poniéndolo duro. Sí sufriré yo, también sufrirá el. — Vayamos a la cama. — Murmuro. Él sonríe y asiente. Pero en lugar de seguirlo, tiro de la perilla de la puerta y salgo de la casa.
— ¡Kagome! — Está en cueros y desde luego que no saldría así.
— Tengo que trabajar. — Digo entrando al ascensor, haciendo caso omiso de la mirada furiosa que me dedica.
— ¿Y tu zapato? — Si cree que con eso me detendrá esta como una cabra.
— Vete al carajo. — Las puertas se cierran ante su mirada atonita.
¡Ash! ¿Y ahora?
Abordo un taxi, puesto que por si fuera poco con mi estúpido zapato, también tiene mi auto. Pero me las pagara.
— ¿Sango? — Hablo agitada.
— Kagome ¿Que paso? — Gracias a Dios, aun no se ha ido al trabajo.
— Necesito que me hagas un enorme favor.
Desde luego no puedo llegar descalza a la oficina, eso sería vergonzoso.
— ¿Como fue que terminaste sin un zapato? — Pregunta mientras me ve ponerme los zapatos que me trajo.
— El señor manipulador quería retenerme. — Digo entre dientes. Ella sonríe. — No es gracioso.
— Creo que es lindo.
— No lo es. — Suspiro y miro la puerta de la oficina. Son más de las 10 ¡Mierda!
— Tranquila. Nunca has llegado tarde, por un día que lo hagas no pasa nada. — El problema es que presiento que sera el primero de muchos.
— Te juro que me las pagará. — Declaro con determinación. Ella ríe de nuevo.
— Seguro, pero ahora ve.
— Lo sé.
PAUSA OPINIÓN DE LA ESCRITORA
Lo seguiré diciendo es mi espacio y mientras puedo hacer con el lo que me de en gana, estoy aqui para decirles que mi plan era subirles el capitulo el viernes 01 de marzo ya que era mi cumpleaños... Pero por problemas de electricidad no se pudo... MADURO COÑO E TU MADRE... La cosa va en que aqui estoy tratando de cumplirles lo mas que se pueda... Lo siento... Pero ya en serio lamento haberme atrasado tanto con este capitulo pero valdrá la pena porque se que les va a encantar yo se que si.
FIN PAUSA OPINIÓN DE LA ESCRITORA
¡La odio! ¡Maldita Bruja!
Toda clase de pensamientos llenan mi cabeza mientras miro a mi jefa. Me ha puesto como lazo de cochino y me ha advertido que tendré que quedarme una hora extra. ¡Que se vaya a la mierda también! A la hora de la comida me escabullo para ir al medico, lo hemos hecho de nuevo sin protección y eso es malo. Me da una receta para comprar unos anticonceptivos, así como la pastilla del dia siguiente.
— ¿Y ahora que te paso? — Pregunta Shinki mientras termino de ordenar archivos.
— Tuve un accidente de trafico. — Miento, aunque la ausencia de mi auto ayuda. — No fue mi culpa. — Eso es mentira, la culpa es de Sesshomaru. ¡Pero me las pagará.
— Pudiste avisar. — Pongo los ojos en blanco.
— Creo que es lo último en lo que piensas, cuando estás en apuros.
— Quizás. Por cierto, necesito que el viernes ayudes al señor Taisho. — Miro a mi jefe y siento el impulso de negarme solo para arruinar los planes de Sesshomaru. Pero necesito saber que dije aquella noche, aunque quizás dije de todo y tal vez Sesshomaru no me diga la verdad. — Por favor, lindura. Sabes que es un cliente muy importante. — Suplica.
— ¿Para que me necesita? — Me finjo interesada.
— Tendrá un importante evento en unas semanas y quiere ayuda con la decoración.
— ¿Qué? — ¿Eso le ha dicho? ¿No pudo inventar algo mejor? — No soy decoradora.
— Hablo de los cuadros que compro. Le encanta presumir sus adquisiciones.
— Me lo puedo imaginar. — Mascullo con ironía y el me fulmina con la mirada.
— Ya sé que no te agrada. — Cuando se porta como un cretino, no, nada. — Pero por favor.
— No creo que Kikyo me deje ir. — Me castigara al menos el resto del mes. ¡La odio!
— Yo me encargo de ella. Además recuerda que le tiene cierto "cariño" a él. — Mierda. Eso me enferma, imaginar a la bruja con Sesshomaru, no me gusta.
— ¿Como te fue? — Pregunta Sango al verme llegar.
— Pésimo. — Contesto dejándome caer sobre el sillón. Sonríe mirando hacia mi habitación. — ¿Qué? — Se pone de pie y se encoje de hombros.
— Tienes visita. — Me informa despreocupada. Me giro y lo veo de pie junto a la puerta de mi habitación. — Yo voy a comprar algo de cenar. — Dice encaminándose hacia la puerta.
Sesshomaru no dice nada, ni yo tampoco. Estoy furiosa y supongo que mi cara lo dice, pues me mira con cautela.
— Hola. — Susurra acercándose despacio. Me pongo de pie y rodeo el sillón. — Kagome...
— ¿Qué haces aqui? — Pregunto cortante.
— Vine hacer las paces.
— ¿En serio? — Cuestiono con sarcasmo.
— Y a devolverte esto. — Dice mostrándome mi zapato. Lo que acrecienta m odio. ¡Él lo tenia!
— ¿Debo darte las gracias? — Retrocedo hacia la puerta. Sesshomaru arroja el zapato y me pega contra la pared.
— No puedes escapar. — Me asegura aprisionándome contra el muro.
— Sesshomaru. — Me besa intentando calentarme y nublarme las ideas, pero no tiene idea de mi resentimiento por hacerme pasar las de Cain. Le sigo el juego, tocando su pecho y bajando hasta llegar a su entrepierna, la cual esta completamente dura. ¡Perfecto!
— Perdóname. — Pide con poca sinceridad. Desde luego que no se arrepiente de su fechoría.
— Sí. — Asiento y cuando intenta quitarme la ropa, lo empujo.
— ¿Kagome? — Me mira sorprendido, sin comprender nada. Aprovecho su desconcierto para empujarlo hacia la puerta, la abro y lo hago salir.
— ¿Querías tu perdón? Ese es tu perdón, vete. Buenas noches. — Digo dando un portazo.
— ¡Kagome! — Sí piensa que vendrá y lo recibiré con los brazos abiertos, después de lo que hizo, se equivoca. "Ese es tu castigo, Sesshomaru Taisho".
Después de tantas pausas y tantos descansos, por fin he terminado espero que les guste... Porque me esfuerzo mucho por tenerle los capitulos al día... Estoy corta de tiempo bueno creo que eso ustedes ya lo saben pero aja... Quiero que sepan que yo si cumplo y que aqui esta... Las quiero
LAS ADORO
PandicornioAzul
