Trucos de Salón

Cap. 11

Yue llevó a Sokka hasta uno de los edificios más antiguos en el centro de la destilería. Era pequeño e insignificante en comparación con las bodegas que lo rodeaban, pero había una antigua torre vigía que se levantaba del centro y que se elevaba sobre la destilería.

-¿Qué es este lugar?- Sokka le preguntó mientras cerraba la puerta detrás de ellos.

Adentro estaba más bien oscuro, la única luz que entraba lo hacía por la abertura en el techo de la torre de vigilancia. Pero lo que Sokka podía ver no tenía mucho sentido… no había suelo. La hierba continuaba desde el exterior. Se arrastraba por las paredes de ladrillo viejo en todos lados, la habitación estaba caliente y el aire se sentía un poco húmedo, pero había algo fresco al respecto, no era lo habitual en el norte, donde por lo general hacía frío.

El centro de la habitación estaba ocupado por los andamios de madera de un reloj que daba a una escalera de caracol, misma que se alzaba hasta el techo y salía a la tarde gris. Pero lo que llamó la atención de Sokka fue que al otro lado de la habitación, una formación rocosa se ajustaba contra la pared del fondo, estaba rodeada de hierbas y pequeñas flores silvestres, el agua goteaba desde algún lugar dentro de la piedra, alimentando la gran piscina que parecía formada naturalmente, su forma era perfectamente redonda y montada con piedras de río.

Había espadañas brotado en los bordes y neufrates flotando en el agua maravillosamente clara. En el centro del estanque, había una pequeña isla de hierba, lo suficientemente grande para tres o cuatro personas, en cuyo centro había un árbol de buenas dimensiones. La única manera de llegar a la isla era a través de una línea de escalones de aspecto resbaladizo, una especie de puente.

-Es un manantial natural- dijo Yue mientras se situaban en la orilla, mirando el agua profunda -Se alimenta del hielo de la montaña, al igual que el río, a través de una corriente subterránea. Ha sido aquí desde siempre. Este fue uno de los primeros edificios de la destilería, para mantener la fuente segura.

-¿Por qué?, es apenas un estanque- comentó Sokka, saltando un poco cuando una rana con voz ronca se descubrió a sus espaldas.

-No es sólo un estanque- lo corrigió -Esto solía ser un lugar sagrado.

-¿Sagrado?

-Sí... era un puente al mundo de los espíritus- Sokka rodó sus ojos.

-Otra vez con estas cosas de espíritus- suspiró -Mi hermana cree en espíritus, el Avatar cree en los espíritus...

-Él es un espíritu.

-Eso no viene al caso- Yue rodó sus ojos.

-Vamos- suspiró ella, volviéndose hacia el centro de la habitación -Tenemos unos cuantos escalones que subir -Eso fue un eufemismo.

Sokka estaba sin aliento en el momento que alcanzó, en la cima de la torre de vigilancia. Era una plataforma de madera con una barandilla y un techo, dejando los lados abiertos para ver con libertad los alrededores.

-Oh... la lucha ya comenzó- dijo Yue en voz baja.

Sokka se unió a su lado en la barandilla que daba al río. El gran número de embarcaciones era suficiente para que Yue jadeara pero a Sokka no le sorprendió, ya lo había visto antes. Incluso desde esta distancia era evidente que los Maestros Agua estaban teniendo problemas con el aceite. No les llevó mucho tiempo localizar a Aang y Katara. Él usaba el Aire Control y ella estaba haciendo más daño que cualquier otra persona en el río. Tenía experiencia, después de todo. Como los dos pudieron ver, Aang saltó desde la orilla del río y se posó en uno de los barcos. Sokka realmente no podía ver lo que estaba pasando, pero unos minutos más tarde el barco se hundía y Aang saltaba a la siguiente.

-Al menos esos dos está haciendo algún daño- suspiró Sokka, agarrando la barandilla y no precisamente porque la necesitara. Yue lo miró.

-De verdad quieres estar ahí abajo, ¿no?- le preguntó con dulzura, Sokka no dijo nada -Lo siento, Sokka. Mi padre estaba en lo correcto... yo no soy una guerrera como tu hermana- Sokka rió suavemente.

-Mi hermana es única- dijo con franqueza.

Abajo, varias explosiones sonaron mientras Katara enviaba una ola para estrellarla en el barco más cercano. Fue girando hasta el próximo barco y los dos se estrellaron en la orilla opuesta. Aang aterrizó junto a ella justo a tiempo para bloquear el ataque de un maestro fuego que la chica no había visto y Sokka se echó a reír cuando vio que ambos chocaban las manos.

-Bueno, si yo fuera como ella no te quedarías atascado aquí- señaló.

Sokka apretó las manos en la barandilla de nuevo cuando Katara se vio obligado a formar una pared de hielo frente a ella, Aang y tres Riversiders más para bloquear una andada de balas y explosiones de fuego. Luego, Aang estaba saltando de nuevo frente a ella, enviando por los aires a los culpables y justo después lo vio volverse a hundir entre los barcos.

-Me alegro que ambos estamos aquí- dijo Sokka abruptamente -De esa manera tu no saldrás lastimada- Yue sonrió suavemente.

-¿Qué pasa con Aang y Katara?, ¿No estás preocupado por ellos?

-Por supuesto que sí- suspiró Sokka -Pero sé lo que ambos son capaces de hacer. Katara es la mejor maestra agua que he visto nunca y Aang es el Avatar, además...- se detuvo, dejando la frase colgada.

-¿Además qué?- solicitó Yue. Sokka desvió la mirada, suspirando.

-Aang nunca permitiría que algo le pasara a ella- dijo en voz baja. Yue sonrió.

-Él la ama- dijo simplemente, Sokka le dirigió una mirada penetrante.

-¿Qué?, ¿De qué estás hablando?- preguntó, con voz chirriante hacia el final -Ellos sólo conocen desde hace un mes, no es posible- Yue se rió, divertida por su reacción.

-A juzgar por la forma en que la mira, él la ha amado por más de ese mes- continuó con calma. Él frunció el ceño y ella le lanzó una mirada airada -¿No me crees?

Sokka abrió la boca para responder, pero luego, un grito más estalló desde abajo. Ambos miraron con sorpresa. Varios de los barcos habían llegado a la orilla. Cada uno llevaba dos vehículos que parecían ser coches blindados.

-¿Blindados?- se quejó Sokka -¿Es en serio?, Sólo los dragones...

Pero no fue capaz de continuar pues muchos Riversiders estaban cayendo a la izquierda y derecha de las explosiones y el fuego, además de las balas que salían de las ventanas de los camiones. Maestros Agua huían de los bancos para buscar refugio. Aang todavía estaba saltando de barco en barco.

-¿Dónde está Katara?- dijo de pronto, inclinándose sobre la barandilla para ver mejor -¿La ves por alguna parte?

-Estoy justo aquí- dijo Katara, jadeando cuando llegó a la cima de la escalera.

Yue y Sokka se volvieron sorprendidos. Ella cayó en el suelo, contra la barandilla al lado de ellos, el aceite le cubría los brazos y las piernas.

-Ese tonto de Sparky me ha dejado fuera, pero hay tantos de ellos...

-Eres un desastre- puntualizó Sokka al cabo de un segundo, estaba de rodillas frente a la chica y ella le frunció el ceño -¿Estás bien?

-Yo estoy bien- suspiró ella, secándose las manos en sus pantalones -Pero estoy preocupada por Aang... ese mentiroso dijo que saldría de ahí si yo también lo hacía, es un…

Algo golpeó contra el techo de la torre y todos saltaron. Aang apareció entonces por el borde, dejándose caer en la torre con los demás y se sentó junto a Katara.

-No lo soy- suspiró, ella sonrió y llegó hasta él, quitando un poco del aceite de su mejilla.

Él suspiró de nuevo y le devolvió la sonrisa, aunque un poco miserable.

-¿Qué vamos a hacer?, Quiero decir... demonios, sólo soy un chico...

-Aang, te lo dije- dijo Katara en voz baja -Nadie espera que seas algo más hoy. Nos ayudaste todo lo que podías manejar.

-Ustedes hicieron un gran daño allí- acordó Sokka -Si no hubieran llegado a tierra, podrían haber acabado con toda la flota.

Aang suspiró de nuevo e inclinó la cabeza sobre el hombro de Katara, agotado. La piel de la joven se tornó ligeramente rosada y se notaba incluso bajo el petróleo de sus mejillas.

-Aun así, lo siento- murmuró.

-Pues deja de hacerlo- respondió ella cansinamente, con la cabeza cayendo sobre él.

Yue y Sokka miraron hacia la destilería de nuevo. Los dragones avanzaban lentamente. Yue miró hacia arriba, el cielo estaba cada vez más oscuro y la luna de plata comenzaba a aparecer.

-Buenas noticias- dijo en voz baja -Está saliendo la luna… y es luna llena. Los Maestros Agua serán capaces de superar a sus maestros fuego, incluso con el aceite.

-¿Por qué?- le preguntó Aang, ahogando un bostezo.

-La luna hace nuestro Agua Control más potente- respondió Katara -Los Maestros Agua aprendieron la forma en que la luna y el océano empujaban y tiraban del otro, así adquirieron la capacidad de doblar el agua, y cuando hay luna llena, nuestro poder está al máximo.

-Le debo mi vida al espíritu de la luna- comentó Yue en voz baja.

Sokka y Katara había oído esta historia cuando niños, pero Aang estaba interesado.

-¿Cómo es eso?- preguntó, mirándola.

-Hay una leyenda que habla del estanque en la base de esta torre, dice que es una ruta de acceso al mundo de los espíritus, porque el espíritu de la luna y del océano viven en su origen a gran profundidad- explicó Yue -Cuando yo nací, estaba muy enferma, los sanadores no creían que lo lograría. Así que mi padre me llevó al estanque y me puso en el agua. Mi cabello se volvió blanco y cuando abrí los ojos al fin comencé a respirar.

-Una entrada hacia el mundo de los espíritus- dijo Aang en voz baja -¿No se supone que el Avatar es capaz de ir al mundo de los espíritus?

-Eso es lo que dicen todas las historias- suspiró Katara -eres el puente entre su mundo y el nuestro.

-Tal vez pueda entrar en el mundo de los espíritus y conseguir que nos ayuden- dijo, poniéndose de pie y sorprendiendo a Katara.

-¿Sabes cómo llegar hasta allí?- preguntó dubitativa.

-Soy el Avatar- se encogió de hombros -Es posible que simplemente lo descubra, cuando lo intente- Los cuatro descendieron de la torre y se acercaron al estanque. Aang cruzó los peldaños hasta el centro de la isla y se sentó bajo el árbol.

-Y... ¿qué pasará ahora?- preguntó Yue en voz baja.

-No sé- admitió Aang, mirando a su alrededor.

-Tal vez deberías meditar- sugirió Katara.

-Esto suena aburrido, voy a ver lo que está pasando afuera- dijo Sokka, saliendo del edificio. Yue suspiró.

-Probablemente debería ir con él- murmuró girando y siguiéndolo.

Katara se sentó frente a Aang. Él había cerrado los ojos y se instaló en una pose de meditación. Ella sabía que los maestros Aire eran entrenados para eso, por lo que esto debía ser fácil para él. Sin embargo él seguía abriendo los ojos y mirándola de vez en cuando.

-¿Algo está mal?- preguntó.

-Eh... no- dijo Aang a toda prisa.

Iba a decirle que lo estaba distrayendo pero ella no estaba haciendo nada. Su sola presencia era una distracción, pero eso no podía decírselo. Suspiró y trató de concentrarse, pero no podía evitarlo, siempre terminaba abriendo los ojos para mirarla. Estaba cansada, mojada y cubierta de aceite, en resumen ambos eran un completo desastre. Pero ella seguía siendo tan condenadamente hermosa como siempre...

-Aang- ella se echó a reír y él hizo una mueca, dándose cuenta de que había sido pillado mirándola abiertamente -¿Qué estás mirando?

-Lo siento, estoy teniendo problemas de concentración- murmuró.

-¿Quieres que me vaya?

-No- dijo bruscamente. Ella sonrió y él suspiró profundamente -Sólo déjame intentarlo de nuevo.

Ella no respondió, pero tampoco se movió. Aang cerró los ojos con fuerza y se centró únicamente en el estanque. Si él realmente era el Avatar, lo cual era evidente ahora que podía hacer agua control, entonces sería capaz de hacer esto. Katara observó en silencio, pacientemente. No podía dejar de sentirse más satisfecha de sí misma, sólo estaba sentada allí y él se distraía por causa suya. Por otra parte, no era el mejor momento para pensar en eso. Sus ojos se abrieron cuando sus reflexiones fueron interrumpidas.

Aang había tomado una respiración lenta y sus tatuajes comenzaron a brillar bajo el sombrero y el aceite de sus manos. Él había cruzado al mundo de los espíritus. Katara se puso de pie y cayó de rodillas delante de él.

-¿Aang?- susurró, no hubo respuesta.

Ella inclinó la cabeza, viéndose completamente libre para estudiarlo sin interrupción. Era extraño... él estaba aquí y sin embargo no era así. Se mordió el labio y miró a su alrededor, asegurándose de que nadie más estaba en la habitación. Sonriendo en un impulso infantil, retiró el sombrero de la cabeza y le pasó los dedos por el pelo. Ella había querido hacer eso desde que se conocieron, aunque no podía imaginar por qué. Era probable que él la dejara hacerlo de todos modos si se lo pidiera, pero esto era mucho más fácil.

-¿Interrumpo el momento?- Katara saltó y dejó caer el sombrero, poniéndose de pie y dando la vuelta, esperaba ver a Sokka tomándole el pelo, pero se llevó un chasco.

-¿Zuko?- jadeó sorprendida.

-Bueno, ya sabes mi nombre- dijo el maestro fuego con petulancia -Espero que no te sientas ofendida de que no tenga ni idea de quién eres.

-¿Ofendida?, difícilmente- respondió Katara oscura, colocándose cuidadosamente entre Aang y Zuko –Y no me importa si me llamas basura de río una y mil veces pero no vas a ponerle una mano encima.

-Y... ¿porque tú si puedes?- contestó sonriendo.

Ella sabía que estaba tratando de distraerla y se negó a darle la satisfacción. En su lugar, miró hacia abajo y sacudió la mano por el pelo de Aang otra vez.

-Porque sí. Puedo y ya- dijo sin darle importancia, fijando en el ex dragón una mirada fría.

Zuko rodó los ojos.

-El tío me dijo que no debía meterme con la novia del Avatar, pero si no sales de mi camino…

Katara abrió la boca para informarle de que no era la novia del Avatar, pero se detuvo. Tal vez fuera ventajoso hacerle pensar que lo era.

-No voy a quitarme de en medio- señaló con sencillez. Ella miró a su alrededor -¿Dónde está tu habitual banda de vándalos mediocres?

-Sólo estoy yo- dijo encogiéndose de hombros -Y no me iré sin tu novio.

-Bueno, no te irás con él tampoco, así que parece que no tienes salida.

-Respuesta incorrecta- gruñó él, finalmente enojándose.

Katara sonrió en señal de triunfo. Esto parecía enfurecerlo más y saltó hacia adelante, enviando una bola de fuego directamente a ella. Katara tiró una pared de agua del estanque sin pensar, extinguiendo el incendio, giró el agua detrás de ella y luego de vuelta lanzándola a Zuko. Él fue arrojado a sus pies y se deslizó hacia atrás sobre la hierba. Katara saltó sobre el estanque, enviando una ola tras otra contra él antes de que pudiera ponerse en pie.

-Eres una pequeña plaga- gruñó él -¿Una maestra?

-¿No crees que te tomó mucho tiempo darte cuenta?- bufó ella.

Pero eso ocasionó que se lanzará corriendo hacia ella, tirando golpes y patadas de fuego lo más rápido que pudo. Katara dio un paso atrás, esquivando y usando el agua para apagar cualquier rama a la que se acercara demasiado. Ella finalmente se sintió al borde del estanque y atacó. Él perdió el equilibrio y lo empujó enviándolo de cabeza al agua profunda. Con un movimiento casi impulsivo de sus muñecas, se levantó una columna de agua por debajo de él, lanzándolo al otro lado de la habitación y congelándolo a la pared. Luchó por un momento antes de perder la conciencia. Katara suspiró con una sonrisa de satisfacción, había querido hacer eso desde hace un tiempo. Saltó de nuevo al centro de la isla y se sentó frente a Aang de nuevo.

-No te preocupes- suspiró ella, inclinando un poco la cabeza mientras lo observaba.

Se veía muy diferente sin su sombrero. Joven. Ella sonrió y volvió a ponerse de pie para mantener un ojo en Zuko.

-Te cubriré la espalda.

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Aang abrió los ojos, confuso. Él había cerrado los ojos en un lugar y ahora estaba en otro... No más Katara para distraerlo. No había nadie más

-¿Hola?- llamó, mirando a su alrededor.

-Este lugar es extraño- se puso de pie y se estiró.

Todo parecía un poco... marrón. El cielo estaba lleno de nubes grises y ámbar, que parecían estar colgadas a baja altura sobre el suelo, pero al mismo tiempo parecían kilómetros de distancia. Él estaba en un pantano de algún tipo. El agua era turbia y reflejaba el cielo. Gigantescos y retorcidos árboles estaban a su alrededor, esparciendo raíces anudadas en el pantano. De un espesor ridículo colgaban algunas serpientes en las ramas. Todo el lugar estaba muy tranquilo y muy viejo. Los únicos lugares con los que pudiera relacionarlo, era con el sur… los pantanos que había visitado en una o dos ocasiones de su infancia.

-Hola- llamó de nuevo.

No hubo eco, todo el sonido se hundía en el pantano, suspiró y miró hacia abajo en el agua otra vez. Saltó. Alguien más lo observaba a él.

-Hola- dijo el viejo en el agua.

Aang casi se cayó. El hombre se elevó hasta quedar frente suyo, era como un reflejo materializado en el aire. También era muy viejo, tenía una barba blanca, larga y la túnica roja de una talla que Aang nunca había visto.

-¿Quién eres?- Aang le preguntó, no sin amabilidad.

-Yo soy tú- respondió el hombre de edad con una pequeña sonrisa. Aang lo miró escéptico.

-Podría eh... ¿ser un poco más específico?- el hombre se echó a reír por un momento.

-Mi nombre es Roku, y yo soy uno de tus vidas pasadas- respondió con vehemencia.

-Oh, bien- murmuró Aang -Uh... hola.

Miró a Roku de arriba abajo.

-Nunca he visto ropas así antes.

-Eso es porque yo soy tu vida pasada de hace 400 años- Aang se encontró mirándolo otra vez.

-Y 400 años no son muchos, ¿por qué...?

-El espíritu de avatar se perdió Aang- dijo Roku con calma -Durante los últimos 400 años, ha habido Avatares inconscientes de su verdadero poder y potencial. Usted es el primero en ser encontrado por nosotros, con vida.

-Wow- Roku rió otra vez.

-Debido a que yo soy el último avatar pleno en la línea… y estoy en el mundo de los espíritus, he sido enviado a enseñarte.

-¿Enséñame qué?- Roku sonrió de una manera que le recordaba fuertemente a Gyatso.

-Todo.

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Katara suspiró mientras tejía unas cuantas hojas de hierba. Ella se aburría, estaba en medio de un sitio enorme y se aburría. Zuko estaba todavía inconsciente, Aang en el mundo de los Espíritus, Sokka y Yue se quién sabe dónde y ella se había quedado sola con una carga de hierba. Sin pensarlo, comenzó a tararear, pero luego de unos instantes oyó suspirar a Aang y saltó detrás de él, mirándolo con curiosidad.

Se encontró con lo que parecía el rastro de una sonrisa en sus labios. Tal vez estaba conectado con el mundo real después de todo, su canción de amor siempre lo hacía sonreír. La mañana se aproximaba. Ella levantó la vista hacia la torre de vigilancia. La luz del sol entraba a raudales por detrás de ella, y Zuko comenzó a moverse.

Antes de que supiera que estaba despierto, él ya estaba cayendo su prisión de hielo y corriendo hacia ella con un puño de fuego. Ella se puso de pie y trató de usar una pantalla de agua como un escudo, pero el fuego pasó a través de ese debido a la escasa agua que había conseguido llamar en tan poco tiempo y ella fue lanzada de nuevo al suelo. Su cabeza golpeó dolorosamente con algo duro. Ella levantó la vista y vio a Zuko sujetando a Aang por el cuello de la camisa.

-Tú creces con la luna- dijo -Yo crezco con el sol.

Ella trató de levantarse, trató de moverse. Tenía que detenerlo... estaba tomando a Aang. Pero no podía luchar contra esa oscuridad arrastrándose hasta vencer su visión.

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-Debe retirar el ataque ahora. Hay luna llena esta noche.

Zhao sonrió beligerante en dirección a Iroh.

-No se preocupe, general- dijo con calma.

Los dos se quedaron en la cubierta de un barco más grande, anclado aguas arriba de la destilería.

-Si no hacemos algo, van a batirnos de nuevo esta noche- continúo Iroh -los Riversiders son conocidos por su defensa de hierro. Y si usted no puede terminar el golpe antes de la luna llena, será todo.

-Por favor, le repito que no tiene de que preocuparse- suspiró Zhao sonando aburrido -Tengo la intención de eliminar la Luna como un factor.

-¿Eliminar la luna?- repitió Iroh perplejo.

-He encontrado un poco de folclor en la antigua biblioteca de la Quinta y Main hace varios años- explicó sonando tremendamente satisfecho -Aparentemente, el Espíritu Luna vive en el mundo físico, justo aquí, en esta destilería.

-¿Qué piensas hacer, Zhao?- preguntó Iroh oscuro -Con los espíritus no se juega.

-Sí, sé que es un hombre temeroso de los espíritus- suspiró Zhao -He oído hablar de su viaje al mundo espiritual, pero le aseguro… no hay nada de qué preocuparse.

Iroh suspiró y guardó silencio, esperando con fuerza que su sobrino estuviera teniendo más suerte.

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