Mientras tanto
El invierno se ha asentado bien con una ola de penetrante frío la primera semana de Diciembre, los desnudos arboles largos y negros contra los infinitos cielos grises. No hay nieve, solo lluvia helada y aguanieve, hielo sucio en las carreteras y gruesas capas de escarcha en cada parabrisas. La única cosa buena acerca del mierdoso tiempo es que es una excusa para quedarse acurrucados. De las tres vigilancias que Dean y Cas habían tenido esa semana, dos de ellas habían acabado con el par conduciendo a casa intentando mantener el calor y quedándose dormidos juntos en el sofá. La tercera habría acabado del mismo modo pero por alguna razón ninguno de los dos conseguía quedarse dormido, así que después de unas cuantas horas de encogerse bajo una manta y hacer maratón de NCIS volvieron de forma reluctante a sus respectivas camas.
Así que, considerándolo todo, el frío no era tan malo.
El sábado por la tarde se encuentra en una situación un poco pegajosa. Normalmente simplemente llamaría a Sam y le haría echarle una mano; desafortunadamente, Sam no contesta el maldito teléfono, y ahora tiene que recurrir a medidas extremas.
—¿Hola?
—Hey. Amelia. Soy Dean. ¿Sabes dónde está Sam?
—Sigue en la oficina, creo…
—Mierda. Vale. Ha apagado el teléfono.
—Puedes llamar a su oficina.
—Nah, no es… tan importante. Mierda. Me pregunto si Bobby estará en casa…
—… ¿Es algo con lo que te pueda ayudar yo?
—…
—Y si no, estoy segura de que Sam estará en casa…
—¿Sabes algo de cocinar? ¿Cómo cocinar dulces?
—Um. Sé un poco. Depende. ¿Cuál es el problema?
—Cas va a volver de la biblioteca en cualquier minuto y yo he hecho estos malditos caramelos y… mierda. Vale, déjame empezar por el principio.
—Vale…
—Nunca antes he hecho caramelos. Miré la lista de ingredientes y pensé que sería simple. Crema, azúcar, jarabe de maíz y bum, caramelos. Y al principio todo iba bien, hasta que decidí verter el caramelo fundido en una olla cubierta con papel encerado, porque eso es lo más lógico y racional a hacer y lo puse en la nevera. Solo resulta que cuando echas caramelo caliente en papel encerado…
—La cera se derrite.
—El caramelo está totalmente enganchado al papel. He intentado cortarlo y despegarlo del papel, pero es peor que rascar etiquetas del precio atascadas.
—Hmmm… Wow, uh… Déjame pensar en ello. Ermmm… Estoy solo haciendo una suposición pero, ¿Y si usas un secador del pelo?
—¿Un secador del pelo?
—Sí, úsalo para calentar el caramelo y derretir el papel.
—… Eso podría funcionar.
—Inténtalo y me cuentas.
—Espera… Amelia.
—¿Sí?
—No tengo un secador de pelo.
—…
—…
—Voy enseguida.
…
Normalmente, Dean simplemente se comería el caramelo con papel enganchado o lo tiraría todo. Pero todo el motivo por el que está pasando por tantos problemas es para sorprender a su platónico compañero de piso y arrancar la temporada de vacaciones para un hombre que ha pasado las navidades tras barras durante los últimos seis años y si no son absoluta y jodidamente perfectas no son lo suficiente buenas para Cas. Así que ahora está dejando a la novia de su hermano echarle un vistazo incluso aunque estuvo hablando con su novio la semana pasada sobre el hecho de que ella probablemente se deshaga de él, todo con la insana esperanza de que pueda de algún modo salvar este maldito caramelo.
Sí.
Amelia mira el bloque de caramelo y enchufa su secador del pelo. Su encrespado cabello negro está recogido y está claramente vestida en ropas cómodas, una vieja y raída camiseta gris, vaqueros con un agujero a la altura del bolsillo y deportivas sucias. Alza el secador y se encoje de hombros. —¡Vamos allá!
Dean mira ansiosamente mientras echa aire caliente al bloque de caramelo, lentamente pero sin duda calentando el dulce. Mientras Amelia lo calienta, él estira cuidadosamente de una esquina del papel encerado.
Empieza a despegarse.
—¡Está funcionando! —exclama Dean—. ¡Oh sí!
—Soy un genio —se regodea Amelia—. Debería conseguir un premio por este nivel de MacGuyverear.
En solo unos pocos minutos tienen una olla entera de caramelo sin papel y Cas sigue sin estar en ningún lugar a la vista. Ellos dos chocan los cinco, cogen cuchillos y empiezan a cortar el caramelo en cuadrados, y se quedan en silencio.
Después de un minuto, Dean decide hacer algo estúpido. —Oye, Amelia.
Amelia está concentrada en lo que corta, haciendo incluso, rectángulos rectos. —¿Sí, Dean?
Dean baja su cuchillo. —¿Has hablado ya con Sam?
Amelia hace una breve pausa, su mano apretada en el cuchillo.
Continúa cortando, mirando fijamente hacia abajo al caramelo. —No —admite—. He estado aplazándolo, en realidad.
Dean suspira. —Mira, sé que no es asunto mío…
—Realmente no lo es —Amelia está de acuerdo.
—Pero necesitas hablar con él. Necesita una explicación.
Amelia para, y deja el cuchillo. Mira a Dean a los ojos. —¿Y si ya sé que la explicación que le dé no va a convencerle?
—Eso no puedes saberlo —argumenta Dean—. No hasta que se lo digas.
—Lo sé —murmura ella, una lejana oscuridad en sus ojos—. Ya lo sé.
Un nudo está ya formándose en el pecho de Dean, y se obliga a decir. —Amelia, si no quieres a Sam, necesitas decírselo.
Amelia posa una mano sobre sus ojos y sacude la cabeza. Toma un profundo aliento y se aclara la garganta, recomponiéndose. Entonces mira hacia arriba al techo y deja escapar una corta y amarga risa. —Es exactamente lo opuesto, en realidad.
Dean frunce el ceño. —¿Qué quieres decir?
—Quiero decir… —Amelia junta las manos y parpadea rápidamente, sus palabras salen bajas y entrecortadas—. Si le quisiera menos, no sería capaz de dejarle ir.
Dean se acerca a ella y baja la voz. —Amelia…
—Por favor —coge el secador—. No quiero hablar más de ello.
Envuelve el cable alrededor del secador y se va, cogiendo su bolso de camino hacia fuera, conduciendo su seguro Subaru mientras Dean la observa desde la ventana de la cocina.
…
Dean está espachurrado en el sofá viendo videos de cámaras de seguridad en su portátil cuando Cas finalmente llega a casa. Oye cómo se abre la puerta principal y grita sobre su hombro. —Hey, ¿qué tal ha ido en la biblioteca?
Una pausa silenciosa.
—Bien —dice Cas finalmente.
—Deberías haberme llamado cuando quisieras volver —dice Dean, estirando la cabeza para mirarle—. Podría haberte recogido…
Cas luce como una autentica mierda. Sus ojos están demacrados y su rostro ojeroso y sus hombros están decaídos como si estuviera muerto en el sitio.
Dean salta del sofá. —Tío. ¿Qué ha pasado?
—Nada —contesta Cas inexpresivamente—. No he encontrado los libros que quería.
—Mierda, hombre, no te lo tomes tan a pecho —dice Dean—. Solo ponlos en espera o algo.
Cas asiente, sin siquiera notar el abeto en la esquina, y camina cansadamente hacia la cocina.
Dean corre tras él y se pone entre Cas y la entrada, y recuperando el aliento intenta aparentar normalidad. —Hey, así que, mientras no estabas, he tenido algo de tiempo libre y eh. He hecho algo. Para ti.
Cas parpadea.
Dean camina hacia dentro de la cocina y coge el bote a rayas rojas de la encimera. Intenta no sonrojarse avergonzado y fracasa mientras se lo tiende incómodamente a Cas y tartamudea. —Quiero decir, he imaginado que ya que es Diciembre, como se acercan las vacaciones, la gente normal hace estás mierdas y de todos modos si no te gusta no tienes que comértelo y de todos modos seguramente está asqueroso así que lo siento mucho…
Castiel abre el bote y mira hacia abajo con sorpresa. —Caramelos.
—Sip —Dean clava sus pulgares en los bolsillos y se mece sobre sus talones—. Asi queee. Ahí tienes.
Cas deja el bote en la mesa de la cocina y se mete uno de los cuadraditos en la boca. Mientras lo mastica vuelve a mirar a Dean. —¿Has hecho caramelos?
Dean se encoje de hombros. —Hay una primera vez para todo.
Castiel asiente. —Está bueno —se limpia ausentemente la mano en el pantalón.
Dean sonríe. —Me alegro de oír eso.
Cas recoge la tapa del bote, y por un momento para y lo mira. Cuidadosamente lo cierra sobre los caramelos y sin alzar la vista, dice suavemente. —Eso ha sido muy considerado de tu parte.
Dean sabe que está totalmente colorado, y deja de intentar combatirlo. —Solo intento ponerme… festivo —gesticula con una mano hacia la sala de estar—. He conseguido un abeto, he pensado que mañana podríamos poner algunas luces…
Los dedos de Cas se entretienen con el metal, su pulgar patinando sobre la lisa superficie. Cuando vuelve a hablar, todavía mira al bote, su voz baja y tenue. —Dean. Necesito preguntarte algo.
Hay algo ahí, algo receloso tras su voz. Dean se acomoda contra la encimera y le mira. —Dispara.
—¿Cuánto hace que… —la mano de Cas se posa sobre el bote, y los lados de sus mejillas se hunden mientras toma aire—. ¿Cuánto hace que sabes acerca de mí?
Dean frunce el ceño. —¿Sé el qué sobre ti?
Un matiz rosa se alza por el cuello de Cas, y sigue estudiando cuidadosamente el bote. —Acerca de mi sexualidad.
Dean abre la boca para formar una pregunta, y no puede encontrar las palabras.
—Sé que debe haber sido después del juicio cuando lo descubriste —continúa Cas, todavía sin encontrarse con sus ojos—. Lo habría oído si hubieran intentado meterlo como evidencia.
—Cas —consigue decir Dean—. No sé de qué estás hablando.
El matiz rosado sube hasta las mejillas de Cas. —¿Cuándo descubriste que soy bisexual?
Ahhhhhhh.
Dean se siente aliviado y aterrorizado a la vez, mareado y pegado al suelo. De repente el accidentado y desconocido terreno de la imposibilidad reduciéndose y el mundo conocido se convierte en extraño y salvaje, y las sospechas sin forma atrapadas en su corazón tienen una identidad, un nombre, un color que brilla con fuerza y calor y peligrosidad.
—No lo hice —dice—. No lo sabía.
La cabeza de Cas se alza rápidamente hacia la dirección de Dean, sus cejas frunciéndose con fuerza.
—Pensé… —la piel de Dean arde, caliente con vergüenza—. Pensé que eras hetero, e-excepto por lo que sea. Por lo que sea que tenemos. Pensé que eso era parte de… la razón de que tú… no quisieras. Aquello.
Cas solo frunce el ceño con más intensidad. —Pero si no lo sabías —dice— ¿por qué me besaste?
Dean traga y hunde sus manos al fondo de sus bolsillos. —Cas, estuve bebiendo. No estaba pensando. Estaba solo… tomando lo que quería. No pensé en que querrías tú. Quiero decir, después de eso, pensé, de algún modo pensé que podrías querer eso pero en ese momento… no tenía ni idea, y ni siquiera me importó.
Cas sigue mirándole fijamente, aun con el ceño fruncido con confusión, todavía dividido entre lo que él creía y lo que está oyendo.
Dean se lame los labios y admite, —Fue básicamente lo más egoísta que pude haber hecho.
Cas aparta la mirada, su boca tensándose y sus ojos bajando hacia el suelo.
Entonces camina hacia delante y pone su mano en el hombro de Dean, y dice, —Te sientes… culpable, ¿verdad?
Dean se ríe tímidamente. —Ah, me conoces demasiado bien.
—Y si yo hiciera algo egoísta… —los ojos de Cas están fijados en los suyos, enfocados y cautelosos—. ¿Eso igualaría el marcador?
El corazón de Dean golpea con fuerza contra el interior de sus costillas y el lugar donde está la mano de Cas se siente pesado y caliente y cada centímetro de su piel es consciente de cada centímetro de Cas y responde. —Sí. Supongo que lo haría.
Despacio, deliberadamente, Cas se inclina y presiona su boca contra la de Dean, besándole con suavidad y firmeza y refrenándose. Dean cierra los ojos y se presiona contra él, sus manos recorriendo la cintura de Cas, ladeando la cabeza para conseguir un mejor ángulo, moviendo sus labios contra los de Cas y respirando en la piel de Cas y lamiendo su boca y apenas rozándolo con la punta de sus dientes y hundiéndose en la espiral de placer en sus entrañas que surge creciendo y creciendo y creciendo.
Entonces de repente sus labios están fríos.
Cas se ha apartado, mira fijamente a su cara, algo agridulce persistiendo en sus ojos. —Ahí está —murmura—. Estamos en paces.
—¿Eso es todo? —susurra Dean, una ligera sonrisa desesperada tirando de la comisura de su boca—. ¿Eso es todo lo que consigo?
Cas toma un largo respiro, y desliza sus brazos alrededor de Dean. Deja descansar su cabeza sobre el hombro de Dean y suspira. —Sí. Lo siento.
Y los brazos de Dean se envuelven alrededor de Cas y se sostienen ahí contra la encimera, sosteniéndose el uno al otro, en silencio e incompletos y sin querer dejarlo ir.
