Capitulo 10: El retorno del Chelo

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El tercer elegido estaba feliz. Su chelo había vuelto. Toco un par de piezas y se dio cuenta que no solo se encontraba en perfectas condiciones, sino que estaba mejor afinado de lo que nunca había estado.

Una pelirroja lo observaba de reojo a cierta distancia. Veía al niño más feliz que nunca, mientras ella se sumergía más y más en su mente.

El chico decidió llamar a sus amigos. Quería tocar y ufanarse de lo bien que sonaría su música. Quería expresar su alegría contenida y si bien sabía que sus amigos ni siquiera considerarían la opción de ir a escucharlo valía la pena intentarlo.

Para su sorpresa sus amigos aceptaron. Se le ocurrió llamar a Rei… ¿y por qué no a Hikari?

Al final en lugar de dos llamo a trece personas. Seis aceptaron. Más de los esperados.

Sería incomodo tocar en el departamento, así que pidiendo los permisos adecuados Shinji consiguió el auditorio de música.

Se preparó rápidamente para salir, pero cuando vio que la alemana no había movido ni un pelo freno en seco.

- Asuka ¿no vienes?

- ¿Qué? ¿Estoy invitada?

- Por supuesto. – por dentro Shinji se preguntaba cómo había sido tan tonto de ni siquiera haber invitado a su compañera de piso… Solo había asumido que ella lo acompañaría.

- Paso. Tengo mejores cosas que hacer.

- Vamos, será divertido.

- ¿Qué hay de divertido en ir a escucharte a tocar chelo?

- Si quieres también tocare el bajo… o la guitarra (ayudando a Touji Shinji había terminado por aprender) ¿quieres cantar?

La segunda hizo caso omiso. El tercero uso su última carta.

- Hikari irá también. Y estoy seguro que piensa que iras.

- ¿Sabes el significado de no?

El chico se quedo callado unos segundos. Cuando iba a decir algo Asuka lo despidió diciendo:

- ¡Lárgate! ¡No quiero ver tu estúpida cara!

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El castaño se retiró, yendo a su pseudo-concierto un poco triste y un poco preocupado. Ya era alrededor de una semana que la chica se comportaba así. Haciendo un recuento mental se dio cuenta que a lo largo de ese tiempo ella no había sonreído una sola vez.

Shinji subió a un taxi. No llegaría lejos caminando con el pesado instrumento a cuestas.

En el departamento Asuka seguía sentada a la mesa, cabizbaja. Tensa por aquella discusión.

Estaba triste. Quería llorar, pero las lágrimas no salían.

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El recital de Shinji resulto un éxito. A la audiencia se sumó el profesor de música que por casualidad se encontraba ahí y otro par de chicos, invitados por los invitados.

Si bien empezó con música tranquila, las canciones de a poco se tornaron más enérgicas y alegres. Cuando el chico dejo de tocar hubo aplausos y murmullos. Solo eran nueve, pero para Shinji, que se sentía eufórico, era un teatro repleto.

El público se levanto de sus asientos. Empezaron a hablar de música, pero Shinji no había terminado.

Aparto a Touji y lo subió al escenario y le dio la guitarra. También invito a subir a otro compañero de la clase de música, a la batería.

- Shinji… ¿estás seguro? – pregunto Touji dubitativo.

- ¿De qué hablas? ¿No eres tu el que siempre habla de ser un rockstar? – respondió el aludido con confianza. De inmediato decidió corregirse. – Touji ¡eres un rockstar! ¡Toquemos!

Suzuhara no tuvo tiempo de replicar.

El bajo sonaba. De inmediato lo siguió la batería. La guitarra los alcanzó un poco después.

La audiencia, ahora de siete estaba atónita. No habían visto a los chicos subir tomar los instrumentos. Era una sorpresa agradable.

Todos se divertían. Comenzó a parecerse a una fiesta. Rei era la que más emoción demostraba. Cuando una compañera comenzó a saltar y bailar, ella la siguió. Aun sin haber bailado nunca.

Fueron seis canciones. Todas conocidas. Todas ya interpretadas en el aula de música. Eran fáciles, rítmicas e interpretadas con entusiasmo.

Kensuke Aida registró todo lo ocurrido con su cámara. Se alegraba de haberla llevado, pues antes de salir de la casa se había preguntado ¿y para qué? Solo va a ser Shinji tocando el chelo, como siempre…

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Suzuhara y Aida caminaban mientras conversaban animadamente. A lo lejos una castaña los observaba interesada, a uno más que al otro. Suspiró. No tenía la confianza necesaria para enfrentar sus sentimientos. Cada día estaba más distraída y confundida. Simplemente ya no sabía qué hacer. Finalmente se armó de valor y se acerco a los chicos.

- Fue un buen concierto. – comentó, en forma de saludo.

El chico de lentes se detuvo en ese momento, sus compañeros de clase lo miraron curiosos.

- ¡Mi cámara! ¡La olvide! – dijo, comenzando a correr de vuelta al colegio.

Sus compañeros quedaron estupefactos un momento. Luego se miraron mutuamente.

La chica no pudo evitar sonrojarse levemente. El muchacho no lo notó.

- ¿Vas a casa? – pregunto, tratando de comenzar una conversación.

- Sí. – respondió la representante de la clase. – 'No tengo nada interesante que hacer.' – pensó para sí, triste. Sentía que su forma de ser era tan predecible que nadie podría encontrarla interesante, pensamiento que había sido reprochado por su amiga alemana. - ¡nunca vuelvas a decir algo así! ¿Acaso no somos amigas? – fueron las palabras que cerraron esa conversación. A pesar de todo, esa inseguridad volvía a su mente. Ni siquiera sabía cómo se habían hecho amigas. La voz de Touji la saco de sus pensamientos.

- Se suponía que acompañaría a Kensuke a comprar algo, pero supongo que será otro día.

- ¿desde cuándo tocas la guitarra?

- Eeeeh… No mucho.

- Tocas bien.

La sonrisa de Hikari puso nervioso a Touji.

- N-no es cierto... Shinji ya está tocando mejor que yo y empezó con la guitarra después.

- ¿de verdad? – pregunto la delegada incrédula.

El muchacho no contestó. Eso la dejo un poco triste.

'No soy interesante.' – pensó.

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Shinji se quedo atendiendo sus instrumentos, por lo que fue el último en irse.

Grande fue su sorpresa al encontrar una chica esperándolo con una sonrisa.

- Hola Rei. ¿Pasa algo?

- No, solo quise quedarme a hablar un poco.

El tercero se admiró. La peliazul había cambiado bastante. Para bien. Ahora parecía ser más feliz. ¿Era gracias al psicólogo? Dudó de él al principio, pero había resultado ser un buen tipo.

Bueno, la terapia estaba funcionando con Rei. En cambio él no se sentía distinto y Asuka parecía estar de peor humor.

Hablaron bastante. Primero sobre la escuela, luego sobre los Evas y ya no supieron de que hablar.

Hubo un silencio incomodo, pero ambos estaban felices. Cada uno disfrutaba de la presencia del otro.

- Shinji. – dijo Rei abruptamente.

El muchacho la miró.

- Gracias.

El cerebro del chico dejo de funcionar. ¿De qué hablaba Rei? Definitivamente faltaba contexto. Pero después de un breve silencio la primera prosiguió.

- Pilotar era solitario. Pero después llegaste y Nerv cambio. – la chica sonrió.

Shinji se alegró, aunque no estaba seguro de a qué se refería la chica. ¿Realmente todo cambió con su llegada? Lo dudaba. De lo que estaba seguro era de la sinceridad de la primera. Rei era la persona más franca que había conocido jamás.

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El techo. El mismo techo de siempre. Estaba un poco deteriorado. La humedad había causado estragos los últimos años en toda la casa. Sin embargo había sido imposible hallar tiempo para arreglarlo. Últimamente habían pasado tantas cosas.

Su hermana seguía siendo su prioridad. Ya había pasado tiempo desde el accidente y aun no se recuperaba. Había pedido, rogado, implorado de rodillas que la dieran de alta, jurado y vuelto a jurar que él la cuidaría tiempo completo en casa, solo necesitaba algunas instrucciones, saber qué hacer en caso de emergencia. El NO fue rotundo. Los doctores no darían el alta hasta que realmente mejorará. Sus padres le rogaron que dejara de insistir. No serviría de nada.

Tenían razón. A pesar de que ella no había sido dada de alta por infecciones intrahospitalarias allí la cuidaban mejor. Lo mejor que podían, pues el hospital… todos los hospitales de Tokio-3 estaban a tope… y es que las circunstancias no permitían otra cosa.

No era culpa de nadie. Sus padres, su hermana, su mejor amigo tenían razón. Los accidentes pasan y la vida sigue.

No podía creer que ahora también era amigo del chico que había lastimado a su hermana. Siempre supo que no había sido su culpa, pero le irritaba que ese accidente casi fatal fuera una victoria. Todos idolatraban al héroe. El salvador.

- Shinji es nuestro héroe…

Tan solo pensarlo lo hizo reír. El pobre chico era inocente, débil, tímido, depresivo… tenía serios problemas familiares. Aun así salía adelante. Era un sobreviviente, al igual que él. Al igual que todo el mundo.

Shinji solo podía ser descrito como un buen chico.

Le alegro que el odio y la paliza que le propinó al conocerse fueran aguas pasadas. En el momento en que se disculpó, 'el héroe' lo considero su amigo. Shinji lo comenzó a buscar, a platicar… y de no hacerlo, Kensuke y él lo buscaban, gastaban un par de bromas y 'el héroe del triste semblante' sonreía.

Se preguntó si Shinji había tenido amigos antes. Verdaderos amigos. No lo creía, pero al mismo tiempo le era imposible aceptarlo. ¿Cómo podía crecer un niño sin amigos? Touji se sentía afortunado. Contaba con Kensuke desde hace años. Nunca habían tenido una pelea seria. Se alegraba. Al mismo tiempo sabía que de no ser por la madurez de Aida aquella amistad no hubiese durado una sola hora.

Eran incontables las veces que Touji se había enfurecido. Muchas veces había llegado a golpearlo (no tan fuerte ni con la misma ira que a Ikari). Kensuke solía caer al suelo. Luego Se paraba lentamente y en silencio y lo miraba fijamente a los ojos. Se sorprendía de ser el único que conocía esa faceta del chico con lentes. Cada vez que Touji lo había golpeado él recibía el golpe sin siquiera expresar dolor. Se paraba en silencio y con una mirada desafiante 'ponía la otra mejilla'. Y no volvía a hablar hasta que Touji se hubiese disculpado o hubiese mostrado signos de remordimiento. Entonces eran tan amigos como siempre.

- Diablos. Haría falta que me golpease otras cien veces. – pensó. Tal vez eran más.

A pesar de las niñerías que hacían juntos Kensuke siempre sabia interpretar a las personas, las situaciones y sabía cuando detenerse. Touji admiraba a Kensuke pues sabía que su punto de vista era más amplio que el de los demás. Pocas eran las veces que se encasillaba en una sola opinión.

Deseó crecer… ser pronto tan maduró como su amigo. Era imposible.

Su nivel de madurez era muy inferior…

Tal vez era más maduro que Shinji, tal vez no, pues al final del día ambos seguían siendo niños, así que agradecía que Kensuke se pusiera al mismo nivel que ellos y jugaran, como los niños que eran.