— ¡Tenemos que salir de aquí!
— ¡No podemos dejarlos!
— ¡Dean!
La situación era prácticamente imposible, había tantos demonios y tantos crotes saliendo en cada esquina que intentaban doblar, cerrándoles cada camino que quería tomar. Y se habían separado; poco menos de la mitad del grupo no había podido seguirlos, esa parte perdida del grupo llevaba a Cas con ellos. En otros tiempos que Castiel, el ángel del Señor, estuviera con esas personas habría tranquilizado al desesperado líder, pero justo ahora que Castiel, el inútil y drogado humano, estuviera con esas personas no hacía más que hacerle imposible pensar.
— ¡Dean! ¿Nos vamos?
— No jodan, ¡necesitamos ir por ellos! —respondió el líder casi sin aliento mientras bajaban corriendo las escaleras.
Era un edificio muy alto, en medio de la ciudad. Habían ido por Crowley, por la Colt, pero una gran cantidad de infectados había aparecido en cuanto entraron al edificio. La huida, pues intentar pelear con tantos era una tontería, los había llevado varios pisos arriba, pero eso era estúpido así que en cuanto quisieron bajar de nuevo, Cas y otros dos habían desaparecido.
El plan fue entonces hacer tanto ruido como fuera posible intentando conducir a la mayoría de los enemigos fuera del edificio, quizá así los otros pudieran lograr salir. En efecto obtuvieron mucha atención, y lograron llegar al estacionamiento en la planta baja del lugar.
Disparos, sal y agua bendita. Correr, esquivar y golpear. Si seguían vivos probablemente era porque tantos cuerpos no cabían a la vez en el mismo espacio.
— ¡Dean! —por sobre gritos y disparos alguien gritaba su nombre, se oía desesperado— ¡DEAN!
— ¡¿Son ellos?!
— ¡Cas! —¡el hijo de perra estaba vivo!— ¡NECESITAMOS UNA SALIDA!
— ¡Son demasiados!
— ¡NO HAY SALIDA!
Ahora necesitaba pensar. Cas estaba vivo, quizá los otros también, estaban al nivel del suelo así que si encontraban una abertura y lograban ir lo suficientemente rápido y llegar a los autos…entonces un ruido muy fuerte seguido de un pitido en su oído izquierdo. Ruidos ahogados de gritos. Algo había explotado muy cerca. Una infectada le abrió la cabeza a Ted con una roca justo enfrente suyo y Dean apenas pudo moverse a tiempo para volarle la cabeza a la mujer. Había mucho polvo y los sonidos ahogados de voces que no entendía seguían incesantes. Una mano sujeto su antebrazo y jalo de él hacia atrás. Al girarse con su arma en la mano se topo con los ojos azules de Cas debajo de unos chorros de sangre que venían de entre su cabello negro.
Habían forzado una abertura. Habían volado algunos autos y la pared sur del lugar. El equipo, originalmente de ocho personas y ahora de seis bastante maltratadas, corría ahora en dirección a los vehículos a la vez que se encargaban de aquellos que los seguían. Castiel arrastraba a Dean consigo, pues la explosión le había tocado muy de cerca y aún estaba algo mareado y descolocado.
Casi estaban ahí, pero un grupo de infectados les cerró el camino por la derecha. Con el brusco cambio de dirección de la retirada, el fuerte golpe en la cabeza y jalar a Dean consigo, el antiguo ángel trastabillo y termino en el suelo. Un montonal de manos quisieron retenerlos, no había muchas balas ya, pero aún llevaban cuchillos, Risa alcanzó a volarle los sesos a un infectado que iba por Cas. El joven líder se apresuró a levantar a su amigo aunque él mismo aún estaba algo mareado, sin embargo el enviado del cielo no podía mantenerse en pie. Con ayuda de Elliot y Rick todos pudieron llegar por poco a los autos, encendieron motores y arrancaron llevando consigo a algunos crotes durante un par de kilómetros.
— Así que ahora no puedes caminar —se quejaba Dean, unas cuarenta horas más tarde en la cabaña de Castiel, quien descansaba en su cama— ¿Quieres que te traiga unas revistas?
Nick, se había encargado de los heridos cuando llegaron en la madrugada. Heridas de cuchillo y varios golpes y moretones. La cabeza de Cas había sangrado mucho porque durante la explosión se acercó demasiado y alguna roca o algo lo había golpeado, a Dean en realidad le sorprendió mucho la manera en que había podido seguir en movimiento en semejante estado y además cargar con él. El ángel a veces era de lo más torpe y a veces era sorprendente. Pero ahora se había lastimado el tobillo y no podría caminar y mucho menos correr o brincar por ahí durante algunas semanas. Al líder le hacía algo de gracia la situación; un tobillo lastimado en estos días.
— Te dije que podría ser una trampa —comento Cas con media sonrisa.
— Si, si…felicidades por eso. Te juro que hice de mis mejores trabajos con los tipos que me dieron la dirección —respondió el joven mientras se sentaba en el borde la cama— En su lugar yo no habría mentido…
— No sé si debo estar orgulloso o decepcionado de los resultados de su trabajo, señor —continúo burlonamente el ángel.
Había pasado alrededor de un año desde que Castiel no era más un ángel. A Dean le molestaba el verlo a veces, ya que en algún punto su consumo de drogas había sobrepasado lo relajante o recreativo. Estaba drogado a cualquier hora con más de una sustancia a la vez. Utilizaba una gran variedad de porquerías. Fumaba, tragaba pastillas como dulces y tenía los antebrazos llenos de marcas de agujas. Estando drogado parecía haber tenido a más de la mitad del campamento en su cama, y no es que Dean fuera muy distinto a eso, pero ciertamente se ponía furioso cada vez que entraba a la cabaña del antiguo ángel y lo encontraba semidesnudo con una o varias personas, o cuando llegaba a cualquier hora del día y el ojiazul estaba en el suelo o en su cama, tan perdido en su viaje que no se percataba de que Dean estaba ahí. El castaño juraría que su amigo aún era alguna especie del ser divino pues no creía que cualquier mortal pudiera beber tanto alcohol, ingerir tan poca comida y utilizar tantas drogas a la vez y en esas cantidades sin morir de una sobredosis.
Aún recordaba la primera vez que entro a la cabaña y se encontró con Castiel tendido boca arriba en la cama con la mirada perdida y una mueca en la boca. "¡CAS!" había gritado una y otra vez, mientras sostenía su rostro entre las manos. Creyó que Castiel se había suicidado o que al menos se habría arruinado el cerebro. Pero no, después de una revisión médica y algunas horas, su amigo había estado tan consciente y desafiante como siempre. Le exigió varias veces que dejará de drogarse, y le ordenó muchísimas veces a Chuck y al resto del campamento que no le dieran nada, pero nunca tuvo ningún efecto.
Sin embargo cuando un día discutieron al respecto, Castiel le había dicho "no es necesario hablar de esto ¿no? No hay nada que decir…" Y luego le había soltado el hecho de que él mismo pasaba casi todo el tiempo alcoholizado y que parecía haber tenido algo que ver con casi toda la población femenina del campamento. Y nunca dejaba de mencionar el hecho de que torturaba muy seguido en esos tiempos. No habían dejado de discutir por eso, en realidad discutían muy seguido, pero ambos parecían entender que eso no iba a cambiar nada.
Y a menudo, como ahora mismo, sin decir nada, Dean se acercaba demasiado al antiguo ángel, y alguno de los dos empezaba a tocar o besar al otro y terminaban teniendo sexo a menos que alguien o algo les interrumpiera. Y muchas otras veces, en el calor de la discusión hacían lo mismo pero de una forma agresiva, como si siguieran peleando. Pero nunca decían nada, que no fuera el nombre del otro, y ya terminado el asunto, sólo se vestían y continuaban hablando o discutiendo como si nada hubiera ocurrido.
Era el fin del mundo, todo era peor cada vez y los gobiernos soltaban bombas en las ciudades y la gente hacía cosas horribles aún si no estaban infectados, aún si no estaban poseídos. Así que a ninguno le parecía que necesitaran cambiar nada, el mundo estaba jodido, el cielo estaba vacío, y ambos se sentían culpables. Drogas, sexo y decadencia. Alcohol, tortura y asesinatos. Las cosas estaban bien de ese modo, no era necesario hablar de nada.
