Butter014, es cierto que tengo a Damon muy idealizado después de haber leído tantos fanfics y demás y he hecho que pierda su esencia. Por suerte, creo que he conseguido sacar algo de ese Damon alocado e impulsivo a partir del capítulo 14, donde extraigo escenas de la serie e intento acercarme más a su personalidad. Lamento haber apartado demasiado al personaje de su verdadero "yo". Y, no, no me he sentido molesta por tu comentario, todo lo contrario. De hecho, te doy toda la razón. Además, viene bien recibir críticas constructivas como la tuya, no todo ha de ser de color de rosas y halagos ;)

Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios. Es una enorme alegría saber que leéis y que os gusta lo que escribo. Gracias.


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Una vez se hubo ido Damon, Jeremy fue a hablar con su hermana, quien se sentó en el sofá, donde había estado sentado su novio momentos antes.

-¿Va a pasarse más veces por aquí Damon? -preguntó Jeremy.
-Puede -respondió Elena-, ¿por qué lo preguntas?
-Tengo un par de juegos más que me gustaría enseñarle.
-Te cae bien, ¿eh? –le dijo ella sonriente.
-Te hace sonreír, tiene agallas y puedo ganarle a la Xbox. Sí, creo que me cae bastante bien. Pero nada de traerme sobrinito hasta haber terminado la universidad -le advirtió señalándola con un dedo simulando amenaza.
-¿Tú también vas a darme la charla? -preguntó ella avergonzada.

Damon no era el primer novio que tenía, ¿por qué todos se empeñaban en explicarle la importancia de un sexo seguro? Algo de lo que no tenía que preocuparse al estar saliendo con un vampiro...

-No, solo quería ver cómo te sonrojas.
-¡Serás idiota! -le riñó ella divertida tirándole un cojín a la cara.

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Por la tarde, Damon se excusó con Elena porque, según él, "tenía que encargarse de algo". Ella esperaba que se lo contase por la noche, pero intuía que esa breva no caería todavía. Elena sabía que Damon ocultaba cosas, pero no quería agobiarle. Sabía que hablaría con ella en cuanto estuviese preparado. Lo que Elena no podía quitarse de la cabeza era: ¿qué podía ser tan importante, grave o peligroso como para que no se lo contase? Teniendo en cuenta que ya estaba al tanto de que su novio era un vampiro, no podía ni imaginar la magnitud de aquel asunto.

"Puede que no sea nada", se dijo a sí misma, "tal vez solo se trate de un asunto menor sin relevancia".

-¿Dónde está tu novio? –preguntó Caroline sacándola de sus pensamientos-. Se me hace raro verte por aquí sin él, sois como siameses.

Y era cierto, desde que él accedió a salir a la calle con ella, Damon y Elena eran inseparables. Esta era la primera vez desde que hicieron público su noviazgo que la chica estaba en el Grill sin él.

-Tenía algo que hacer –respondió Elena no muy contenta por el tono de voz que utilizó su amiga para hablar de Damon.

-Claro, lleva días sin separarse de ti. Supongo que tendrá asuntos que atender –volvió a hablar Caroline con el mismo tono de voz de falso interés de antes-. Por cierto, ¿cómo se gana la vida? Porque de algo tendrá que comer.

"Sí, de sangre de rubitas como tú", pensó Elena para sí misma, sonriendo interiormente.

-Continúa con el negocio familiar –respondió ella sin saber muy bien qué decir.

-¿Y qué trabajo es ese? –insistió Caroline.

-Madera. Venden madera de robles para la construcción, un aserradero –dijo ella recordando que Damon le habló de cómo su familia se hizo con una de sus fortunas vendiendo madera.

-Interesante –dijo la rubia fingiendo entusiasmo.

-Últimamente está insoportable –dijo Elena cuando al fin Caroline las dejó a Bonnie y a ella solas para atender una llamada.

-¿Por qué nos mentiste diciendo que Damon y tú no os habíais acostado? –preguntó su amiga, quien llevaba tiempo queriendo hacer esa pregunta pero no había tenido ocasión.

-No mentí –se defendió ella sin comprender el cambio de rumbo de la conversación.

-Te conozco Elena, a mí no me puedes mentir.

-Está bien, tienes razón. No quería que me riñeseis por ir demasiado rápido.

-¿Él te incitó para que así fuera? –preguntó Bonnie intentando ocultar su preocupación-. ¿Ir más rápido?

-Lo cierto es que fui yo la que insistió –confesó Elena algo avergonzada-. Él intentó frenarme un par de veces hasta que no le dejé otra opción.

-¿Y cómo se porta? –volvió a preguntar su amiga, dejando a un lado la preocupación para tomar un tono pícaro.

Elena se mordió el labio inferior sonrojada.

-Ya veo –indicó Bonnie con una sonrisa-. Así que, ¿le damos el aprobado?

-Más bien diría yo la matrícula de honor –corrigió Elena.

-No existe el hombre perfecto.

-Existe, y es mío –alardeó Elena, haciendo que ambas riesen.

-No sabes cuánto te envidio –reconoció Bonnie.

La chica quiso seguir hablando pero Caroline, que había terminado de hablar por teléfono, se les unió en la mesa.

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Aquella noche, Damon decidió tomarle la palabra a Elena con eso de "cambiar de ambientes" y se la llevó al tejado de la casa, donde estaban sentados observando las estrellas.

-Hoy Jeremy me ha dicho que no quiere que le de sobrinos tan pronto -le contó ella con voz apagada.
-Es tu hermano, se preocupa por ti -se limitó a decir él.
-No es eso lo que quería decir -replicó ella-. Es solo que... Yo siempre había pensado que algún día me casaría y tendría hijos.
-¿Y cual es el problema?
-El problema es que los vampiros no podéis tener hijos.
-Aún eres joven para plantearte todo esto -la intentó tranquilizar él-. No sabes si lo nuestro va a funcionar. Puede que algún día conozcas a un humano con el que acabes formando una familia.

Aunque Damon quiso ocultarlo, Elena pudo notar la tristeza en sus palabras.

-No creo que eso vaya a suceder -dijo ella.
-¿Por qué no?
-Porque te quiero -confesó Elena-. Y cada vez que pienso en el futuro, sé que quiero tenerte en él.
-Los vampiros no tenemos futuro, solo un eterno presente.
-Tal vez quiera compartir ese presente contigo -indicó ella.
-Puede que ahora sientas que es lo que quieres, pero tú misma lo has dicho: quieres tener hijos. Yo no podré dártelos aunque quisiera -respondió él sabiendo que si eso era lo que más deseaba Elena en el mundo, su relación tenía los días contados; porque ella quería esa vida y él estaba dispuesto a dársela, aunque eso significase que él no perteneciese a ella.

-¿Qué tal si dejamos esta conversación para dentro de algunos años? -propuso la chica después de un silencio, por primera vez entre ellos, incómodo.

Apenas llevaban unas semanas saliendo y ya estaban pensando en el futuro, eso no podía ser bueno. "Y menos si tu novio es un vampiro", se dijo Elena a modo de reproche. No tenía que haber sacado ese tema. "¿En qué estaría pensando?".

-Claro -accedió Damon, para luego volver a hablar con una voz muy animada, como si nada hubiese ocurrido-. ¿Me has dicho "te quiero"?

Elena se ruborizó por un momento.

-Sí.
-¿Por qué?
-Porque es verdad -respondió ella tímidamente-. Te quiero.
-Yo también te quiero -confesó él agachando la cabeza con cierta timidez.

Elena pudo apreciar el tono de cautela de sus palabras, como si revelar esa clase de sentimientos fuese como una bomba de relojería, como si se estuviese enfrentando a una encrucijada, luchando consigo mismo.

Pero ella no podía detenerse a pensar en el por qué de su lucha, porque en ese momento solo podía pensar en la confesión de amor que Damon acabada de hacerle, la cual la hizo sentir como en una nube de incredulidad. No podía creer lo que acababa de oír.

-¿Qué has dicho? -preguntó ella incrédula, pues necesitaba volver a oírselo decir.
-Te quiero -repitió él dejando esta vez a un lado la cautela y el miedo a decir esas palabras.

Elena, sin pensárselo dos veces, se lanzó a sus brazos, obligando a Damon a sujetar con fuerza su cintura por miedo a que pudiese tropezar y caer.

-Cuidado, nena -le aconsejó él-. No quiero que te hagas daño.
-No tengo miedo a caer -aseguró ella-, porque sé que tú estarás ahí para impedir que llegue al suelo.
-Tienes mucha fe en mí -dijo él en casi un reproche.
-Confío en ti -afirmó ella antes de besarle-. Siempre.

Permanecieron así un rato más, hasta que el sueño empezaba a hacer mella en ellos. En un movimiento veloz y a la vez delicado, Damon cargó a Elena hacia el interior de la casa, hasta depositarla en la cama, donde se tumbó con ella y la rodeó con sus brazos hasta caer ambos dormidos.