11- Encubriendo el secreto
-Lily… joder. ¡Lily!
Unas voces confusas llegan a sus oídos, pronunciando palabras que le cuesta entender. Le duele todo el cuerpo, y lo único que quiere es que cese el dolor, quedarse dormida y no despertar.
-Déjame a mí. ¡EVANS!
Una fuerte voz, distinta de la anterior, le retumba en los oídos mientras unos fuertes brazos la zarandean. "¿Qué está pasando?", se pregunta.
-¡Canuto! –la voz que grita ahora le suena. Y el nombre que pronuncia también. -¡No seas bestia!
Los zarandeos cesan al instante, precedidos por un sonoro golpe y un gemido ahogado, seguido de una serie de improperios. Abre los ojos lentamente, sintiendo un palpitante dolor en las sienes.
-¿Lily?
Reconoce esa voz. Y el pelo indomable que enmarca una cara oculta parcialmente bajo unos ojos que la miran preocupado.
-¿James?- Lily se intenta incorporar. El dolor se clava en ella como si de punzones ardientes se tratara, haciéndola gemir.
- Quieta –la voz de James destila dulzura. –Ahora te llevamos a la enfermería.
-Siempre con propina, ¿eh, Evans? Que no se te olvide. Yo no hago nada gratis.
Black… debía haberlo imaginado. ¿Quién si no iba a ser tan bruto?
-Qué gracioso, Black… yo también me alegro de verte.
Con la ayuda de los fuertes brazos de James, Lily se incorpora lentamente. Ahoga gemidos de un dolor que sacude cada rincón de su cuerpo. No sabía que le podían doler tantas cosas a la vez. Por fin consigue ponerse en pie, aferrada a James. Se suelta, avergonzada de su debilidad. Pero nada más perder su apoyo, se le nubla la vista y se precipita al suelo, siendo recogida a tiempo por los brazos de Black.
-Joder, Evans… mejor que ni vuelvas a intentar levantarte. Cornamenta se pondría insoportable si nos ponen para cenar puré de Evans. No dudo que estaría bueno, pero…
Lily apenas puede esbozar una sonrisa, que es coreada por una carcajada de Black y una sonora colleja por parte de Potter. La verdad es que la situación es un tanto inusual. Y de pronto… recuerda. Los tres tipos que le han acorralado. Los tres que le han insultado, humillado y torturado. Se incorpora de pronto, siendo sostenida a tiempo por cuatro fuertes brazos.
-¿D… dónde están? ¿Dónde están esos tipos? –pregunta con la voz llena de temor.
-Tranquila, Evans, ya nos hemos hecho cargo. –responde Sirius, tranquilo.
-Han escapado, Lily. Pero no se han ido ilesos. –una expresión de regocijo adorna las atractivas facciones de Sirius, mientras que las de Potter siguen inundadas por la preocupación.
-Pe… pero… -trata de protestar Lily.
- Esos hijos de…
-Digamos que no van a dormir muy cómodos. –sonríe Sirius, interrumpiendo la sarta de maldiciones de su amigo.
-Bueno, y ahora, vamos a llevarte a la enfermería.- dice Potter, con una autoridad que hace reír entre dientes a Black.
-Nada de levantarte, señorita. –le dice Black al ver como la chica intenta incorporarse nuevamente.
-Eso, no queremos que te vuelvas a caer. –secunda Potter, rozando la ansiedad mientras impide que Lily se levante.
Pese a las protestas de la chica, la levantan entre los dos, ocasionándole un gran dolor. Lily acaba sentada en los brazos de los chicos. Es muy ridículo. Y extrañamente parecido al juego infantil al que Lily jugaba de pequeña. La sillita de la reina, se llamaba.
-Cuidado con las manos, Cornamenta. No te aproveches de que Evans está medio muerta. –ríe Black.
-Me preocupan más tus manos largas, Canuto. Contigo nunca se sabe.
-Oye chicos. –musita Lily. –Lamento interrumpiros, pero ¿y si vienen?
-¿Quiénes? ¿Los gilipollas esos? – James apenas puede disimular su ira. –Créeme, se lo pensarán dos veces.
-Cornamenta, ella tiene razón. Creo que con esta charla ya les habrá dado tiempo a pensárselo dos veces, o más. Y a curarse los forúnculos de paso.
Se ponen en marcha. Lily siente que el dolor se apodera de ella paulatinamente, sumiéndola en un estado de semiinconsciencia. Oye los insultos e improperios de Potter, y le conmueve su preocupación por ella. Apoya su cabeza en el hombro del chico, que acalla súbitamente sus protestas y se pone rígido. Lily apenas tiene tiempo de sonreír antes de perder de nuevo el conocimiento.
Despierta al llegar a la enfermería. La señora Pomfrey está gritando, y Potter y Black la están tumbando con cuidado en una cama.
-Pero, ¿qué ha pasado? ¡Por Merlín! ¿Qué diablos le han hecho? ¡Hay que llamar a Dumbledore! –grita la señora Pomfrey, histérica.
Lily ahoga un gemido de dolor. A juzgar por su procedencia, tiene un par de costillas rotas, consecuencia de su choque contra la pared. James le susurra al oído palabras reconfortantes, y la señora Pomfrey le administra una medicina que sabe a rayos. Se duerme al instante con la última visión de James mirándola con preocupación. Se siente extrañamente protegida.
Se despierta con los primeros rayos de sol que entran por el gran ventanal de la enfermería. Es temprano, y no se oye un solo ruido. Mira a su alrededor, confusa. Todas las camas están vacías salvo la suya propia. Pero junto a ella, en una silla, Potter está dormido. "Se ha quedado…"
Lily no puede contener una sonrisa. El chico puede ser muy tierno cuando se lo propone. Recuerda su conversación en la biblioteca del día anterior. Y sonríe, sin poder evitarlo. Pero pronto los recuerdos de la noche anterior comienzan a aflorar. Ella andando sola por el pasillo, la risa, los ruidos… Ella corriendo, tratando de escapar de quien le está persiguiendo, metiéndose en un aula vacía. Ellos descubriéndole. Torturándole, haciéndole daño. Y de pronto, cuando pensaba que ya no podría soportarlo más, Potter y Black. Les debe mucho a esos dos. Si no hubieran aparecido… Lily no quiere pensar en lo que podría haber pasado.
Y una pregunta acude a su mente, rauda y simple, tan evidente que Lily se pregunta por qué no se la ha planteado antes. ¿Cómo sabían que ella estaba ahí, siendo torturada por tres locos sádicos? Desde luego, no podrían haberla seguido, habrían actuado antes. Y ella se habría dado cuenta. Piensa en despertar a James para resolver sus dudas, pero se contiene. Debe dejarle dormir… le ha salvado la vida. Porque Lily no duda que si no hubieran llegado a tiempo, tendría más que un par de costillas rotas que lamentar.
No tiene reloj, no sabe qué hora es. Pero en seguida llega la señora Pomfrey para despertar a James e informarle de que las clases empiezan en diez minutos, y que debe prepararse. Y le mete prisa, y Lily sabe que no va a poder hacerle la deseada pregunta. Así que se despide:
-¿Luego vuelves? Necesito hablar contigo.
-Claro, Lily. –le sonríe y se va corriendo, seguido de la señora Pomfrey, que le acompaña hasta la puerta.
La mañana pasa lenta y aburrida, ya que tiene que guardar cama. Alice pasa a visitarla dos minutos después de la primera clase, musitando un "Me lo ha dicho Potter." Le pide todos los detalles. Lily sabe que no se lo puede contar así sin más, con la enfermera acechando para que se tome sus medicinas, así que le promete que hablará con ella al día siguiente, cuando pueda reincorporarse a las clases.
Pero no es hasta mediodía que James Potter hace acto de presencia.
-¿Estás bien? –el chico se acerca con una sonrisa.
-Claro.
Ambos se sumen en un silencio incómodo, que Lily rompe rápidamente.
-Po… James. ¿Cómo supisteis que yo… que esos tres…?
James palidece y la mira fijamente. Las palabras tardan en salir de sus labios, y lo hacen con un enorme esfuerzo, propio del que no quiere pronunciarlas. Cuando llegan a los oídos de Lily, resultan tan sorprendentes y poco creíbles que le cuesta creerlas.
-Quejicus nos avisó. Eran sus amigos –pronuncia estas últimas palabras con repugnancia-. Y le entró miedo. Esos gilipollas. Son unos malditos cobardes. Y entonces fuimos Sirius y yo, y te oímos…
La voz de James está inundada por la furia. Lily apenas puede creerlo.
-Sev… ¿Severus? ¿Cómo…? Pero si ya no hablo con él…
-Es un maldito cobarde. En vez de ir y detenerlos él mismo… Nos lo dijo a nosotros. Si tuviera un mínimo de valentía… Pero es un asqueroso Slytherin. Nunca haría algo así.
-Severus… -Lily está en estado de shock.
"¿Severus? Pero él… él ya no me habla. No quiere saber nada de mí. Y sin embargo… hoy me ha salvado la vida. ¿Por qué?"
-Debo darle las gracias.
Él la mira, confuso. Sus labios parecen querer pronunciar algo, pero no logran articular las palabras. Un chispazo de dolor surca sus ojos marrones.
-Él es un cobarde. No ha hecho nada. –dice con súbita frialdad.
-No digas eso. Gracias a él estoy aquí, y no bajo tierra.
-Claro, y yo… y Sirius y yo no hicimos nada, ¿no?
-Os estoy muy agradecida, en serio. Pero de no haber sido por Severus, vosotros no…
-Vale, lo reconozco. Severus siempre estará por encima de mí –el chico sonríe forzadamente, fingiendo una alegría que se nota a la legua que no siente–, pero algo me tendrás que agradecer, ¿no?
Ella sonríe.
-Por supuesto. Gracias por salvarme la vida.
James sonríe como un bobo. Aparece la señora Pomfrey con claras intenciones de echarle.
-Adiós, Lily. Descansa.
Le guiña un ojo y sale de la estancia, pero a Lily no se le escapa la expresión de dolor que surca sus rasgos.
A la hora de cenar, la enfermera le dice a Lily que puede irse. Le recomienda mil veces que tenga cuidado, que no se olvide de su cita con el director que se ha planificado para el día siguiente. Ella le dice que sí a todo, contenta por poder irse. Y finalmente, sale al pasillo y se dirige al Gran Comedor para saciar su hambre.
Al entrar le recibe un coro de murmullos y decenas de miradas curiosas. Se apresura a llegar a su mesa, tratando de ignorar los murmullos que despierta su paso por la estancia, y se sienta junto a Alice, informándole en pocos minutos de lo ocurrido la noche anterior. Nota la mirada de Potter fija en ella. Alice se escandaliza.
-Nunca más vas a ir sola por un pasillo. ¡Lo juro! Qué gentuza hay por el mundo…
Lily escucha agradecida la sarta de maldiciones de Alice. Sabe que es poco probable que cumpla su promesa, ya que Frank absorbe casi todo su tiempo. Pero en esos momentos es lo que menos le importa, sentir que alguien le escucha y se preocupa por ella es lo mejor que le puede pasar en esas circunstancias.
Durante y después de la cena, Lily es el objetivo de todas las miradas, algunas especialmente maliciosas desde la mesa de las serpientes. Y sólo de pensarlo, desea con más fuerzas que llegue la entrevista de mañana con el director. Dumbledore es un hombre que le da fuerzas, y Lily ha aprendido a confíar ciegamente en él y en su buen juicio, ya que sus decisiones casi siempre son las mejores.
De camino a la Sala Común, Alice le acompaña y se muestra interesada por lo que va a hacer a continuación.
-De momento, mañana tengo entrevista con el director. No sé que voy a hacer, Alice… Tengo miedo.
-Pero… ¿qué te hicieron exactamente? –la chica mira a Lily preocupada-. Es decir… sé que te…
Alice se interrumpe bruscamente al ver lo que Lily le está mostrando. Una quemadura en su cuello, grande y roja.
-Me ataron y me golpearon. Me hicieron… -Lily baja la voz-. Me hicieron… la maldición Cruciatus.
Alice la mira, horrorizada. Apenas puede articular:
-¿Y se lo has contado a alguien? ¡Una maldición imperdonable! Lily, esto es muy grave. Si los cogen…
-De momento sólo lo saben Potter y Black, que fueron los que me sacaron de ahí, y tú. No se lo digas a nadie.
-Pero… -protesta Alice, débilmente.
-Pero nada. Si se corre el rumor, la próxima vez será peor. Se vengarán de mí, Alice. No te quepa la menor duda. Esos tres…
La voz de Lily se quiebra en un quedo sollozo, y su amiga la refugia entre sus brazos, susurrando en su oído palabras de consuelo. Ambas están asustadas.
Lily sabe que hay seguidores de ese mago tenebroso por todas partes. Pero en Hogwarts… nunca lo habría imaginado. Y si esas absurdas y elitistas teorías se extienden por el colegio, Hogwarts no volverá a ser el lugar seguro que siempre ha sido. No si el peligro está dentro.
Alice la levanta y le seca las lágrimas.
-Vamos, olvídate de eso. Ahora de lo que tenemos que preocuparnos es de tener una buena mentira para explicar tu ausencia. –le dice, sonriendo.
Cuando llegan a la Sala Común, todas las conversaciones cesan, haciendo evidente el hecho de que estaban hablando de ella. Lily se queda paralizada en la puerta, pero como siempre, es Black quien rompe el hielo.
- ¡Evans! ¿Qué tal todo? –dice, acercándose a ella y pasándole un brazo por el hombro, arrancando miradas de envidia del sector femenino de la sala.
Lily se deshace de su brazo y le mira alarmada. "¿De verdad ha sido capaz de contar todo? Nadie debería saberlo…"
-Eres imbécil, Black. –responde, desdeñosa, alejándose de él.
Black ignora el desprecio de su voz y vuelve a acercarse a ella.
-Ya les he dicho lo de tu viaje a casa. Ya sabes, la urgencia que te surgió. –le guiña un ojo descaradamente, a espaldas del público, que sigue en silencio-. Pero algunos no me creen.
-Esto… -a Lily le ha pillado por sorpresa la mentira de Black. –Sí, me surgió una urgencia –su voz suena desafiante conforme se enfrenta a la gente y gana seguridad-. Y tuve que irme. Problemas en casa.
Se oye la risa desdeñosa de Rachel Looper, pero en seguida la multitud recupera el habla y se pone a hablar de cualquier cosa: las clases, los cotilleos más recientes… En medio del caos, Sirius acerca la boca a su oreja, y por un instante, Lily tiene la absurda sensación de que le va a dar un beso en la mejilla. Pero las palabras de Sirius suenan duras y frías:
-Lo menos que podrías hacer es agradecérmelo.
Y se marcha, dejando a una Lily sola y patidifusa con un cargo de conciencia pendiente.
Aquí estoy otra vez. No he podido evitar poner un poco por las nubes a Sirius, es mi amor platónico. ^^ Espero que os haya gustado. Aunque es un poco más aburridillo que los anteriores, pero necesario. Ya lo siento. Y como siempre, todo tipo de críticas serán bien recibidas. Un beso, y ¡gracias!
