Disclaimer: Digimon no me pertenece.

Aclaraciones: Esta no es una continuación del capítulo anterior. Esta es más bien la versión de Yamato de los hechos sucedidos en el primer capítulo de Evermore: "Mister Evermore".


Evermore

Capítulo especial: Punto de vista de Yamato I

Esa chica


Había comenzado el día de mal humor, y todo gracias a una llamada que, aunque ya estaba esperando, no quería recibir. ¿A quién se le ocurre llamar a las cinco de la madrugada? Claro, a los franceses, maldita diferencia de horarios. Joder. Ni siquiera había completado mi rutina de ejercicio en el gimnasio, pero eso había sido a causa de otra cosa. Si por cosa podía referirme a mi pequeño hermano, Takeru, que justo en este momento se encontraba a mi lado, a bordo del Bentley. Ryo nos estaba llevando a ambos a Evermore.

—¿Entonces no vas a ir a Francia esta semana? —me preguntó.

—No —contesté en seco.

—Matt, sabes que de todos modos tendrás que hacer ese viaje pronto. Además, no es de buena educación hacer esperar a Catherine, ella no tiene la culpa de que su padre sea un lunático.

Por favor…

—Esa palabra se queda corta con Alexei Belcourt —respondí —. Pero no quiero hablar de eso.

—Nunca quieres hablar de nada.

—Y si ya lo sabes, ¿por qué insistes?

—Te guardas todo para ti mismo y eso, además de ponerte de pésimo humor, te hace mal. Necesitas a alguien con quien compartir tus…

Y aquí iba el mismo discurso de siempre. De no ser porque era mi hermano, ya lo habría lanzado fuera del auto en movimiento. De verdad apreciaba que T.K. se preocupara por mí, pero simple y sencillamente no tenía ganas de escuchar sus pláticas llenas de cursilerías sensibles de niña. Pasar tanto tiempo con Kari le estaba afectando.

—... ¿Lo entiendes? —continuó él —. No es posible que todos tus problemas se resuelvan con sexo.

Y dale con lo mismo.

—T.K., no empieces. Deja de meterte en mi vida, ¿está bien? —espeté, aún más malhumorado.

Pude escucharlo bufar.

—Lo hago por tu bien, hasta parece que yo soy el mayor, Matt —respondió —. No puedes estar toda la vida pasando de mujer en mujer como si fueran…

—Sólo cállate —lo interrumpí.

En eso, el auto se detuvo, y vi por la ventana que habíamos llegado a Evermore. Takeru resopló, rindiéndose.

—Como sea, te veo en un rato en tu oficina para hablar sobre el manuscrito —exclamó, abriendo la puerta del Bentley —. ¿Tienes libre la hora de la comida?

—No, Nicole acaba de llegar a la ciudad.

—Oh Dios, gracias por avisar. Me mantendré alejado —contestó, ya afuera del auto —. ¿Se quedará mucho tiempo?

Me encogí de hombros.

—Ni idea, no le pregunté, pero ya sabes que por lo general sólo se queda una o dos semanas.

—Pues suerte, hermano. Y nos vemos de rato.

Dicho esto, cerró la puerta del Bentley y entró con prisa al edificio, yo me recargué en mi asiento y cerré los ojos. Estaba demasiado fastidiado, tal vez debería pedirle a Megumi que cancelara todas mis reuniones de hoy…

—Señor, ¿quiere que lo lleve al acceso privado del edificio? —preguntó Ryo, haciendo que volviera a abrir los ojos.

—No, bajaré aquí.

Abrí la puerta del auto y me dispuse a salir de éste con auténtico desgano. Llevaba ya bastante tiempo así, con el ánimo gris y un humor muy volátil, y sinceramente, me daba igual. Últimamente todo me daba igual. Bajé del auto, pero no me moví de ahí. Observé la fachada del edificio y después de unos segundos con la mente en blanco, decidí que era hora de entrar. Pero antes de siquiera hacer ademán de cerrar la puerta, una corriente de aire frío me pegó directo en el rostro, ocasionando que cerrara los ojos al instante, había muchas hojas de árbol sueltas por el otoño. Cuando la brisa dejó de soplar los abrí, y lo primero que vi fue algo, más bien alguien, que podría jurar hace unos segundos no estaba allí.

Una mujer.

Una mujer había aparecido, como traída por el viento. Se había detenido frente al edificio, mirándolo anonada, como si estuviera viendo una de las maravillas del mundo. Se encontraba a unos cuantos metros delante de mí, y a pesar de que me estaba dando la espalda, podía ver su perfil. El viento volvió a soplar, ocasionando que su cabello castaño revoloteara con éste, pero la chica estaba tan ensimismada admirando la fachada de Evermore, que estaba seguro de que ni siquiera había sentido la corriente de aire.

Corriente que había causado que su rostro quedara despejado, permitiéndome así apreciarlo un poco más. Podía ver que tenía unos ojos grandes y una cara delicada, pero ya que estaba de espaldas, no podía divisar mucho más. Aunque ciertamente, no entendía porqué no le había quitado ya los ojos de encima. Y peor aún, no entendía porqué de pronto sentía la urgencia de acercarme.

Pero al no moverme, me di cuenta de que estaba de pie, a medio salir del auto, sujetando el marco de la puerta como si mi vida dependiera de ello. Y aun percatándome de esto, no podía dejar de mirar a esa chica, ¿por qué carajos? No tenía idea. Pero era un hecho, algo tenía.

Procedí a contemplarla más a detalle, paseando mis ojos por su cuerpo.

Sin duda era una mujer hermosa. De altura promedio, con una figura exquisita. Era delgada, y su falda ceñida hacía hincapié en sus bien definidas piernas y en las curvas de su trasero. Joder, su trasero. Esas faldas no mentían. Sus piernas eran largas y contorneadas, y esos tacones hacían maravillas con éstas.

Hmm, ¿cómo se vería ese cuerpo sin toda esa ropa cubriéndolo?

De sólo imaginarlo sentí una chispa dentro de mí encenderse.

Entonces la vi entrar al edificio. ¿Trabajaba en Evermore? No lo creía, pues jamás la había visto por los pasillos, y me atrevía a decir que conocía a la mayoría del personal, pues yo mismo hacía revisiones constantes en cada departamento. Ella no trabajaba en Evermore. Seguramente sólo había venido a una reunión de negocios con alguno de mis empleados.

La perdí de vista y al instante salí de mi trance. Mi cuerpo comenzó a moverse por sí solo. Cerré la puerta del auto, caminando hacia el edificio a un paso un poco más rápido que de costumbre. No se me iba a escapar. Hacía mucho que una mujer no causaba ninguna clase de efecto en mí, pero esa chica, sin siquiera hablarme, había logrado algo que ninguna otra. Había logrado llamar mi atención. Y no sólo eso, podría sentir esa chispa en mi interior, llameando y expandiéndose. Conocía esa sensación, pero jamás pensé que volvería a experimentarla. Era deseo en su estado más carnal.

Acostarme con distintas mujeres era ya tan normal en mi vida cotidiana, que ahora simplemente tenía sexo por costumbre, porque me gustaba tenerlo y punto. Pero no recordaba cuándo fue la última vez que realmente me acosté con una mujer por deseo.

Y eso tan sólo me hizo llegar a una conclusión, iba a tirarme a esa chica esta misma noche.

Al entrar al edificio mis ojos ya la estaban buscando, y no tardaron en dar con ella. Ahí estaba, preguntándole algo a la recepcionista. Ésta le respondió y ella enseñó su ID, y después se dirigió a los elevadores.

Yo me dirigí a la recepción.

—Buenos días, señor Ishida —saludó la rubia al instante, poniéndose de pie.

—Buenos días, Olivia —respondí —. Esa chica, ¿a qué piso se dirigía?

—Al diecinueve, señor.

Eso era lo bueno de ser el dueño de Evermore. Todos contestaban a mis preguntas sin demora y al instante.

—Gracias.

Decidí tomar mi ascensor privado, que se encontraba un poco alejado de los públicos. Llegué al piso diecinueve por la parte de atrás, y los pocos empleados que estaban allí de inmediato se tensaron y me saludaron haciendo reverencias. Yo pasé de ellos, no sin antes responderles el saludo, y comencé a buscar a esa chica.

Este piso era uno de los que más pasillos tenía, pero los conocía a la perfección, así que tarde o temprano daría con ella.

Y entonces sonó mi celular, el privado. Carajo, ¿quién demonios estaba despierto a esta hora? Miré la pantalla y suspiré. No podía creerlo, ¿qué quería ese imbécil tan temprano? Sin más remedio, tomé la llamada, pero seguí caminando. Buscándola con la mirada.

—¿Te caíste de la cama? —fue mi saludo.

Vaya, qué manera de desearme buenos días…

Giré los ojos.

—¿Qué quieres, Tai? Estoy trabajando.

Uy sí, el ocupado Mister Evermore no tiene tiempo para nada.

Por eso era que a veces ignoraba sus llamadas. Taichi Yagami hablaba puras estupideces.

—Dos minutos —siseé.

Me tardaré uno —exclamó.

—Cincuenta y nueve segundos, entonces.

¿Sabes? Por personas como tú, no me levanto temprano nunca.

—El tiempo corre…

¿Se puede saber por qué andas en tu modo cretino hoy? —y, sabiendo que le iba a contestar con palabras no precisamente amigables, decidió continuar —. En dos días salgo para Australia y me quedaré allá poco más de un mes, pero tengo algo importante que decirte, esta noche iré a tu casa para…

Escuché el sonido de unos tacones resonando cerca de ahí, seguí caminando sin darle mucha importancia a Tai mientras hablaba sin parar sobre no-sé-qué. Me suponía que no se trataba de nada muy serio, pues cuando realmente tenía algo urgente que decirme, no se andaba con sus bromas y estupideces. Doblé en la esquina del corredor, contando mentalmente los segundos que faltaban para poder cortar la llamada. Tai podría ser mi mejor amigo, pero hoy no tenía cabeza para escucharlo. Y vamos, a estas alturas, él ya debería saber que sólo estaba escuchando una de cada cinco palabras que decía.

Y conociéndolo, seguro lo sabía, mas no le importaba.

Exasperado, giré mi rostro y de inmediato mi mirada se posó en unos enormes ojos color miel, que me observaban de pies a cabeza. No, más bien, me estaban devorando por completo. Vaya, vaya, vaya. Pero si era ella. Esa chica.

—Tai, tengo que dejarte, hablamos luego.

Y sin dejar que mi amigo contestara, colgué la llamada y guardé mi celular en el bolsillo de mi saco. No dejé de observarla ni un segundo, haciendo lo mismo que ella había estado haciendo conmigo hace unos segundos. La estaba devorando de pies a cabeza.

Y mierda, estaba mejor de lo que recordaba. Y eso que acababa de verla si acaso hace diez minutos.

Tenerla así de cerca tan sólo me hacía desearla más. Su cuerpo era tentación pura y su rostro era pura inocencia. ¿Cómo podía tener la cara de un ángel con ese cuerpo que te incitaba a pecar? Era la contradicción personificada. Y pareciera tener una especie de imán, pues no podía dejar de verla, de contemplar cada curva de su cuerpo, y por más extraño que fuera en mí, cada facción de su rostro.

Y el posar mis ojos sobre los suyos fue la perdición. Eran más grandes de lo que imaginé. Enormes, expresivos, y de un color de lo más extraordinario, como miel, pero con un toque acaramelado que los hacía únicos y… extrañamente familiares. La chica no apartó su mirada de la mía ni un solo segundo, y por un momento sentí como si sus ojos pudieran ver a través de mí. Qué desconcertante.

Pasé a admirar su rostro por completo. Otro rasgo fascinante de esos singulares ojos eran sus pestañas extremadamente largas y pobladas. Su nariz era pequeña y respingada. Llevaba poco maquillaje y, sin embargo, su piel lucía como si fuera de porcelana, blanca y sin imperfecciones. Cabello castaño y largo, bien cuidado. Cara redondeada y con rasgos delicados. Y esos labios. Tenía unos labios sumamente rosas y… provocadores.

Todo esto pude apreciarlo en cosa de segundos, pues la chica entonces desvió la mirada y se veía tan abrumada, que pensé que saldría corriendo, pero en vez de eso, tropezó torpemente con sus tacones y cayó de sentón al suelo, apoyándose en el mármol con sus codos y dejando sus piernas ligeramente abiertas y completamente de frente a mi campo de visión.

Carajo. Definitivamente tenía que acostarme con ella.

No tardé mucho en acercarme para tenderle mi mano, ofreciéndole así mi ayuda para levantarse del suelo. La chica me miró con esos enormes ojos y sus mejillas se tiñeron de rosa al instante. Oh, esto iba a ser más sencillo de lo que pensé. No había hecho nada y ella ya había caído ante mí por completo. Claro que, todas las mujeres eran iguales. Tan sólo veían una cara bonita y ya estaban babeando. Me pasaba tanto, que ya no me importaba que nunca intentaran ver más allá de mi físico.

Era mejor así. Por dentro estaba vacío, y ni siquiera yo mismo me reconocía desde hace tiempo.

—¿Está bien? —le pregunté.

Ella pareció aturdirse más con el sonido de mi voz.

—E-estoy bien.

Dijo torpemente, tomando mi mano con suavidad. Un escalofrío recorrió mi espalda al tacto con su piel, lo cual hizo que casi la soltara, pero mantuve mi compostura e ignoré la sensación. Ella me seguía mirando con sus grandes y expresivos ojos y mejillas sonrojadas, y yo tan sólo quería estamparla contra la pared y arrancarle la ropa.

Pero no era el momento, ni mucho menos el lugar.

De pronto dejé sentir el calor de su piel y me di cuenta de que la chica había retirado su mano de la mía y se había cruzado de brazos. Parecía aún más inquieta que antes. Ni hablar, hora del espectáculo. Iba a divertirme un poco.

—¿Segura? —insistí —. Parece nerviosa.

—Sí, estoy bien. Perdí el equilibrio, eso es todo —me contestó, ya más compuesta —. Uhm, busco a Kouji Minamoto. Es mi primer día de trabajo y digamos que… me perdí. Es un edificio enorme y los pasillos parecen laberintos, ¿no lo cree? ¿En qué estarían pensando al construirlo? Estos magnates de hoy en día no saben en qué gastar su dinero...

La dejé de escuchar a las pocas oraciones, ¿de dónde le salían tantas palabras? A ver, ¿entonces buscaba a Minamoto? ¿Y acababa de decir que era su primer día de trabajo? Mierda, mierda, mierda. No me acostaba con el personal, por más irresistible que fuera. Aunque ciertamente nunca me había sentido mínimamente atraído por alguna mujer que trabajara para mí, así que suponía que entonces podría hacer una excepción...

Además sólo sería una aventura de una noche…

Pero después ella podría usar ese acostón como chantaje, y ni qué decir del chisme. Ya podía escucharla parlotear en la oficina sobre su noche con Mister Evermore. Claro. Era por eso que nunca me acostaba con el personal. Era el CEO de una de las empresas más importantes de Japón, y no podía arriesgarme a arruinar la imagen de Evermore sólo por un deseo carnal que seguramente pasaría pronto.

Pero joder, el saber que en definitiva no iba a poder acostarme con ella había hecho que mi mal humor de la mañana regresara. Además me estaba aturdiendo con su vocecita con acento americano. ¿Por qué todavía no se callaba? Su voz era sumamente irritante, y estaba seguro de que me recordaba a alguien, pero no podía identificar a quién. ¿Dónde la había escuchado antes?

—¿También trabaja en el piso diecinueve? De hecho iba a preguntarle si sabía dónde estaba la ofi...

De pronto volvió a posar sus ojos en mí y eso pareció dejarla muda. Gracias al cielo. El silencio se apoderó del ambiente y pude sentir como la castaña se ponía más y más nerviosa. Yo no iba a dejar de mirarla, no cuando lo único que quería hacer era desvestirla —literalmente— ahora mismo. Por más extraño que fuera, su fastidiosa vocecita me hacía desearla más, lo cual amplificaba mi molestia, dadas las circunstancias.

No supe cuánto tiempo llevábamos mirándonos en silencio, pero decidí hablar para acabar con esto de una buena vez. Si no iba a pasar la noche con ella, no quería tenerla en mi campo de visión durante un segundo más.

—La oficina de Minamoto está en el ala oeste del piso. Pudo habérselo preguntado a la recepcionista, no debería estar deambulando sin rumbo en horas de trabajo.

Ella frunció el ceño, y no pude evitar pensar que el gesto, en ella, lucía adorable, aunque ese no solía ser un adjetivo con el que calificara a una mujer.

—La recepcionista no estaba.

—Hay un botón en el escritorio para localizarla dónde sea que esté.

—¿Sí? Pues no lo vi, entré con prisa y…

Basta, ya no hables.

—Resulta evidente que no lo vio —la interrumpí —. De haberlo hecho, no estaría perdida en los pasillos, o debería decir, en los laberintos.

Vaya, al parecer sí había escuchado algo de lo que me dijo.

El cambio en la expresión de su rostro fue drástico. En un principio lucía confundida, pero luego pasó a abrir la boca, ofendida, y a los segundos parecía completamente molesta. Molesta conmigo, y eso tan sólo lo empeoraba todo. ¿Quién diría que una mujer enojada podría verse tan sexy?

—Bien, y si son horas de trabajo, ¿qué hace usted deambulando por los pasillos? —me preguntó, retándome.

Estaba a punto de decirle que era el dueño de la empresa y que, por lo tanto, podía hacer lo que se me viniera en gana, pero viendo sus intenciones de continuar hablando, me quedé callado. Esto pintaba para ponerse interesante.

—Y como le decía antes de que me interrumpiera, si no vi el botón fue por qué entré a prisa. No quería llegar tarde.

—Lamento decirle que ya va tarde —dije, señalando lo obvio —. Eso deja una muy mala impresión de cualquier persona, y más en su primer día.

—Usted no es nadie para recriminarme eso —me respondió, situando ambas manos en sus caderas —. Y llevo prisa, así que si me disculpa, tengo que buscar a mi jefe.

Sí, definitivamente interesante. Hacía mucho, mucho tiempo que nadie me hablaba con ese tono de voz. Por lo general todos me tenían demasiado respeto como para siquiera atreverse a levantarme la voz, y ella ya me estaba mandando a volar.

—Está bien, como diga —respondí divertido, metiendo mis manos a los bolsillos de mi pantalón.

Listo, era hora de volver a mi lugar. No estaba a dispuesto a perder mi tiempo con ella. Y antes de irme, le dediqué una última mirada. Ella aún tenía sus manos situadas en sus caderas y me miraba con el ceño fruncido. Joder. ¿Era normal que la deseara tanto? Cada vez que la veía sentía un nuevo impulso de ponerle mis manos encima y tenerla desnuda debajo de mí. No sólo era su cuerpo. Había algo en toda ella que me hacía querer romper las reglas.

Y entonces, las siguientes palabras salieron de mi boca...

—Pero le advierto, si la vuelvo a ver merodeando por los pasillos...

Voy a arrancarte la ropa, quería decir, pero por suerte, era un hombre que pensaba antes de hablar, y sabía que no podía decirle eso.

Ella me miró con desdén, al parecer, estaba colmando su paciencia.

—¿Si me vuelve a ver, qué? —preguntó, incitándome a continuar.

Su voz de amenaza me hizo reír. ¿De verdad pensaba que su tono amedrentador me iba a afectar? Si supiera lo que quería hacerle en estos momentos, seguro no estaría tan molesta. Pero no iba a decírselo. No podía decírselo.

—Ya se enterará... —fue mi única respuesta.

Tardó unos segundos en contestar.

—No, no creo que me vaya a enterar de nada. Por mi cuenta corre que no me vuelva a ver merodeando por los pasillos.

—¿Ah sí? Eso sería una auténtica lástima...

Sabía que lo más sano para mí era cortar la conversación, mas sin embargo, las palabras salían solas de mi boca. Esa chica… hace mucho que no me topaba con una persona que tuviera tanta expresión en el rostro y que transmitiera tanto con sus gestos. La forma en que sus ojos amielados me miraban me intrigaba. Y qué decir de sus contestaciones...

—¿Eso es lo mejor que tiene? —exclamó entonces, cruzándome de brazos.

—¿Lo mejor que tengo? —arqueé una ceja. Ahora no tenía idea de a qué se estaba refiriendo.

—Si esa es su forma de coquetear, déjeme le informo que no está funcionando.

Tuve que contener en mi garganta una risotada mordaz. ¿Coquetear? Oh, por favor, como si yo necesitara coquetear para conseguir una mujer.

—¿Piensa que estoy coqueteando con usted?

—Uhm… eh…

Mi expresión en el rostro pareció ponerla nerviosa. Podía verlo en sus mejillas sonrojadas, ella también me deseaba. Conocía a la perfección a las mujeres, y eso nadie podía negarlo, menos cuando me había tirado a más de las que podía contar.

Pero ella actuaba distinto a cualquier mujer que hubiera conocido. Me contestaba, me retaba, y no parecía una puta en busca de apareamiento, como todas las demás. Es más, pensaba que yo estaba coqueteando con ella. Era absurdo. El coqueteo solamente llevaba a malos entendidos, las mujeres siempre malinterpretaban todo. Y ella hablaba estupideces. Mas sin embargo, no podía evitar que me pareciera una chica bastante...

—Interesante… —completé mis pensamientos en voz alta.

—¿Q-qué es interesante?

Pero ignoré su pregunta. Iba a dejarle claro que yo no era la clase de hombre que se anduviera con rodeos e insinuaciones románticas.

—Yo no coqueteo con nadie. Nunca.

Se quedó completamente callada. Tal vez me había pasado con mi tono de voz, pero esa no era mi culpa. Ahora lucía como si quisiera escapar de mí y estuviera buscando una excusa para irse. Se veía tan pequeña y frágil frente a mí, que simplemente quería tirármela ya mismo para después dejarla ir y que esto acabara. Pero eso no iba a ocurrir.

Maldición, no podía creer que realmente no fuera a acostarme con ella.

—Vaya a trabajar —dije, para darle su coartada —. Le recuerdo que ya va tarde.

Al parecer mi comentario funcionó, pues después de lucir desconcertada unos segundos, me sonrió de una manera muy forzada y formal.

—Claro, gracias por recordarme lo obvio —respondió —. Y yo le hago la misma sugerencia, vaya a trabajar, que no soy la única perdiendo el tiempo aquí.

Arqueé una ceja. Esta niña de verdad no tenía idea de con quién estaba hablando. Pronto se iba a enterar de quién era yo, y no quería perderme su cara en ese momento. El pensamiento me hizo sonreír burlonamente. Iba a ser muy, muy divertido.

—Eso haré —exclamé, siguiéndole la corriente —. Espero verla de nuevo merodeando por los pasillos.

Oh, y de verdad lo esperaba.

—No tiene tanta suerte.

Y sin darme tiempo de decir algo más, se giró sobre sus talones y se alejó de mí con rapidez. ¿Estaba meneando su trasero a propósito? Mierda, mierda, mierda. Mientras más se alejaba, más estaba seguro de que no iba a hacer caso a todas las advertencias que yo mismo me había dado. Esto era más que desconcertante. Yo no era un hombre indeciso, y esa chica estaba causando estragos en mi determinación sin siquiera proponérselo. Sabía que no debía tirarme al personal, pero también sabía que no iba a poder sacarme a esa chica de la cabeza si no lo hacía. Estaba en un dilema.

Aunque no realmente. En el fondo, ya lo tenía decidido.

No era idiota y antes iba a llegar a un acuerdo con ella, no quería que después anduviera esparciendo el chisme. Además, tenía que aclararle cuales eran mis condiciones. No debería haber problema alguno, sólo sería un acostón de una noche, como siempre.

Tomé mi celular y, caminando hacia mi ascensor privado, esperé a que me contestaran la llamada.

—Sí, ¿Wallace? —hablé en cuanto me respondieron —. Necesito que reúnas todos los datos de la nueva empleada de Kouji Minamoto.


.

Me encontraba sentado en el largo sillón de escuadra de mi suite privada en el hotel The Peninsula Tokyo, a dónde solía ir siempre que tenía compañía femenina conmigo. Sin embargo, en estos momentos ni la compañía, ni el lugar importaban. Yo no podía despegar la vista de la pantalla de mi celular. Había leído la información una y otra vez, y a pesar de eso, no podía salir de mi asombro.

Wallace me acababa de enviar los datos de la nueva empleada de Minamoto hace unos diez minutos y yo todavía no los podía procesar. En un principio pensé que tenía que ser un error, pero luego recordé esos ojos. Sus ojos. Y todo cuadró. Claro que era ella.

Esa chica era Mimi Tachikawa.

Venían un montón de datos más. Datos sin mucha importancia, como su nacionalidad, fecha de nacimiento, el nombre de sus padres, y las típicas cosas que ciertamente no me importaban ni un comino. También venía que estuvo viviendo en Odaiba hasta los once años, cosa que ya sabía, y que después se mudó a Nueva York, en donde vivió hasta sus veintitrés años. Se acababa de trasladar a Tokio este fin de semana, según los informes de Wallace.

Y era Mimi. Mimi Tachikawa.

Su nombre no dejaba de resonar en mi cabeza. Mierda.

No podía creer que esa molesta niñita berrinchuda se hubiera convertido en una mujer en todo el sentido de la palabra. Es decir, siempre había sido linda, si me ponía a pensar. Cuando era un crío no me fijaba mucho en eso, y conforme fuimos creciendo se me hacía difícil reconocerla, pues cada vez que venía de visita traía un look sumamente distinto. Nunca olvidaría ese cabello rosa chicle y el rubio afro. Joder, el rubio afro.

Aunque era obvio que esa Mimi adolescente había quedado atrás para dar paso a una mujer bella y con un culo digno de admirarse. Tenía grabada en mi mente cada línea… cada curva de su cuerpo. Y sólo podía pensar en sexo. Sexo con ella.

Pero todo se había complicado. Al parecer no era suficiente que fuera mi empleada. No, ¡también era mi puñetera amiga de la infancia!

Eso sí, estaba seguro de que ella no me había reconocido, o si lo había hecho, no había dicho nada. Apostaba más por lo primero. Al igual que yo, lo más probable era que ella no tuviera idea de que la persona con la que había hablado en la mañana era un conocido, y más que eso, un amigo —relativamente cercano— de la infancia. Entonces yo llevaba la ventaja. Aunque ni siquiera sabía, ¿la ventaja sobre qué?

—Yamato…

La voz de mi acompañante me hizo despegar la vista de mi celular.

—¿Qué quieres, Nicole? —exclamé, dejando el aparato sobre la mesa que estaba frente a mí.

Entonces salió de la habitación para acercarse a mí, dando pasos lentos y seductores. La muy condenada se había quitado la ropa, y ahora sólo llevaba su diminuto conjunto de lencería roja. La miré de pies a cabeza. Nicole era una mujer muy sexy, y en cualquier otra ocasión seguramente ya estaría encima de ella. Pero hoy no podía sacarme unos ojos color miel de la cabeza.

—Lo siento, mujer, esta noche no…

Pero antes de poder decir algo, ella se sentó encima de mí, me rodeó por el cuello y me besó. Al carajo con Mimi, no iba a desperdiciar una noche de buen sexo por un imposible. La tomé de las caderas y respondí a su beso de forma mecánica, tratando de dejarme llevar. Sus manos descendieron por mi cuerpo y comenzaron a desfajar mi camisa.

Sí, un buen acostón me haría dejar de pensar en Mimi Tachikawa.

Pero mientras sus manos me despojaban de mi camisa, en mi cabeza sólo podía pensar en lo que se sentiría estar en esta misma posición con la castaña. ¿Su piel sería tan suave como lucía? ¿Cómo se sentirían sus pechos entre mis manos?

—Oh, baby… —susurró Nicole, separándose de mí —. Todo el día has estado muy raro. Pensé que esto te relajaría, pero sigues tan tenso como una cuerda —frunció el ceño.

Yo me recargué en el sillón, cerrando los ojos. No me molesté en quitármela de encima.

—Fue un día pesado, eso es todo.

—Hmmm… —usó su vocecita de niña consentida —. Vengo a verte si acaso tres veces al año y cada vez tenemos menos sexo. Si hacemos cuentas, hace poco más de un año que no nos acostamos. ¡Me gustabas más cuando no eras un empresario amargado!

Abrí los ojos y me removí un poco. Ella lo entendió y se quitó de mis piernas, sentándose a mi lado, sin dejar de verme.

—Me importa muy poco si te gustaba más antes que ahora, Nicole —respondí, serio —. Sabes perfectamente que sólo somos amigos, el sexo no es una constante entre nosotros.

—¿Y qué me dices de nuestros años en Harvard?

Para cínicas sinvergüenzas, Nicole. Esta mujer no tenía una pizca de respeto por nada. A veces me preguntaba por qué la seguía teniendo en mi vida.

—Ah claro, esos años. El sexo era maravilloso, ¿no? No sólo yo puedo dar constancia de ello, podemos preguntarle a medio campus —siseé.

Ella giró los ojos.

—Uy, no empieces con tus cosas, baby —respondió, sin ofenderse —. Es sólo que me pone chiflada que prefieras acostarte con miles de mujeres antes que conmigo, ¿es que acaso ya no soy sexy? —finalizó, sonriendo y guiñándome un ojo.

Esa era una de las cosas que me agradaban de Nicole Lewis. Podía comportarme como un bastardo con ella, y ni siquiera se inmutaba.

—Eres jodidamente sexy —pero no me inspiras deseo sexual. Mimi Tachikawa me inspira deseo sexual —. Pero, además de que prefiero que nos mantengamos sólo como amigos, hoy no quiero tener sexo.

—Pues esa sí que es una novedad. Es decir, cuando te dije que quería cenar en el hotel no sólo me refería a la comida —exclamó, levantándose del sillón para sentarse en el que estaba en frente —. Pero ya que. Platiquemos. Cuéntame, ¿cómo está tu papá?

Esta mujer no daba tregua. Sabía perfectamente que el tema de mi padre no era uno del que me gustara hablar. Mas sin embargo, ella era una de las pocas personas que más o menos sabían de su problema. Y ciertamente sabía muy poco. Sólo yo conocía a profundidad la gravedad del asunto. Ni siquiera Takeru…

—No lo he visto en semanas —respondí —. Pero T.K. lo fue a visitar hace poco, dice que está igual —solté una risotada irónica —. No es como si esperara otra cosa de él.

—Debes ser un poco más comprensivo, el pobre ha sufrido mucho.

—¿Y yo no? —espeté —. Lo que pasó nos afectó a todos, Nicole. Y ahora yo debo dar la cara porque el pobre de Hiroaki Ishida es un mártir. Él tiene la culpa de…

Pero el sonido de un mensaje entrante en mi celular me cortó en seco. Apenas me iba a inclinar para tomarlo de la mesa, cuando Nicole saltó por él y lo agarró con ambas manos. Definitivamente iba a matarla.

—Oooh, ¡mensaje de tu súper investigador privado! —saltó, divertida y aún en ropa interior —. Al parecer te mandó fotos…

—Nicole, dame eso. Ahora —me levanté, extendiendo mi mano hacia ella.

—Ya, obviamente no voy a mirarlo, pero la foto apareció por sí sola —dijo, devolviéndome el teléfono —. ¿Quién es esa chica? Es bastante bonita.

Miré el teléfono. Era una foto de Mimi Tachikawa con su atuendo de hoy. Estaba a punto de subir a un coche, y lucía tan deseable como esta mañana. Joder.

—Oh, oh, quieres tirártela, ¿cierto? —habló Nicole, juguetona —. Tu mirada cambió por completo al ver la foto. ¿Es tu nueva presa? Pensé que las preferías rubias.

—Cállate, Nicole —respondí, guardando mi celular en el bolsillo de mi pantalón —. Y sí, sí quiero tirármela, pero eso no es de tu incumbencia.

—Oye, no me puedes dejar así, ¿qué tiene esa chica de especial?

Bufé.

—No tiene nada de especial, Mimi sólo es una mujer con la que me quiero acostar, como cualquier otra.

—Espera, espera, espera —me paró Nicole —. ¡Hasta sabes su nombre! ¿Desde cuándo llamas por su nombre a tus acostones de una noche? Y para que le hayas pedido fotos a Wallace…

—Basta, no te pongas a sacar conclusiones. Las cosas son como te digo que son —sentencié, repentinamente molesto —. Y no voy a hablar más al respecto.

Ella achicó los ojos, mirándome con algo de sospecha y reproche.

—Bien, bien —me concedió —. Hoy andas demasiado cascarrabias, así que creo que me iré de una vez, ¿vale? Me dejaste con ganas, así que visitaré a mi otro buen amigo —sonrió —. Pero estaré en la ciudad unos cuantos días más, !así que nos seguiremos viendo!

Caminó hacia mí y, dándome un beso en la mejilla, se encaminó a la habitación para ponerse su ropa. Yo suspiré, aliviado de que se fuera. Realmente apreciaba a Nicole, pero era sumamente fastidiosa y no podía aguantarla durante más de un par de horas.

Comencé a arreglar mi camisa, ya era hora de volver a mi apartamento.

No me agradaba estar solo en este lugar.


.

Hoy había optado por conducir el Bugatti. Sabía perfectamente cómo era Nicole, y no pensaba obligar a Ryo a soportarla. Después de dejarla en casa de su supuesto amiguito, conduje hacia Sky Dome y me estacioné en mi lugar. No había dejado de pensar en Mimi Tachikawa en todo el día y ya me estaba preocupando. Esto no era normal en mí y estaba actuando como un obseso total. Tenía que relajarme.

Subí por el ascensor y, al llegar a mi piso, encontré la puerta del recibidor abierta. Eso era extraño. Dorothea y Ryo solían mantenerse en su área y no subían a menos que yo estuviera presente. Dejé las llaves del auto en la mesa de la estancia y al entrar a la sala, vi una familiar maraña de alborotado cabello castaño.

—¡Al fin llegas! —exclamó el intruso —. ¿Dónde estabas?

No tenía ni las ganas ni la paciencia para lidiar con el imbécil de Taichi.

—¿Cómo carajos entraste? —pregunté.

—Llamé a Dorothea y ella me abrió la puerta. Ya sabes que me adora.

Puse los ojos en blanco. Si Dorothea no fuera Dorothea, la despediría por esto.

—¿Qué quieres, Tai?

Me dirigí hacia el sillón, me dejé caer en éste y cerré los ojos. Estaba más exhausto de lo que imaginé.

—Te dije que vendría hoy, en dos días parto para Australia y quería informarte sobre algo importante —dijo, sentándose en el sillón, a un metro de distancia de mí.

—¿Y no podías decírmelo por teléfono?

—Es sobre DeQuincey.

Ese nombre me hizo abrir los ojos de golpe. Me enderecé al instante.

—¿Tus contactos encontraron algo?

Hace meses que no escuchaba nada sobre ese maldito bastardo. Tenía a Wallace y a gran parte del equipo de investigación de Evermore tras su paradero. Pero mientras DeQuincey no hiciera nuevos movimientos, sería casi imposible encontrarlo. El caso estaba en calidad de pausado por ahora y, sinceramente, algo olvidado.

Pero eso no significaba que fuera a rendirme. Eso jamás.

—No exactamente mis contactos, sino más bien un compañero mío de la embajada —contestó —. Hace una semana fue a un viaje de negocios a Sapporo y mientras esperaba por un taxi, escuchó a un hombre hablando por celular con un tal DeQuincey. No pudo oír mucho, sólo que iban a verse esa misma noche. En un principio no lo ubicó, pero después recordó que yo tenía unos papeles en mi oficina con ese mismo nombre escrito. No hay garantía de que sea el mismo DeQuincey, pero vamos, no es mote muy común en Japón.

—En Sapporo, ¿dices? ¿Y no escuchó nada más?

—No, le llamó la atención porque parece un apellido extranjero, pero para cuando relacionó el sobrenombre con los papeles de mi oficina, el sujeto ya se había ido —continuó —. Quise decírtelo porque ahora tienes por lo menos un lugar en donde buscar.

Yo ya había comenzado a mandarle un texto a Wallace. Quería a todo el personal de la división investigando en Sapporo. Hace años, cuando todo ocurrió, mi padre había investigado en todo el país, pero siendo que DeQuincey era un seudónimo y que no hubo testigos, ni pistas, ni evidencia, no lo encontraron. La investigación nunca se había detenido en su totalidad. Pero tampoco la habíamos retomado al cien. Eso sucedería cuando tuviéramos una pista certera. Lo de Sapporo era un indicio, si Wallace encontraba algo de importancia, las cosas cambiarían.

—¿Le escribes a Wallace? —preguntó Tai.

Y justo terminé de escribir y envié el mensaje.

—Sí, gracias por la información —respondí, colocando mi celular a la mesa de en frente.

—Supongo que si encuentran algo, las cosas comenzarán a movilizarse, y si no, pues a seguir buscando.

—Sabes que ahora no estoy enfocando mi energía en eso. Tengo gente que se encarga de ello.

Él asintió.

—Pero también sé que te importa más de lo que dejas ver.

Resoplé.

—Cómo sea, dejemos morir el tema por hoy, ¿está bien? —exclamé —. Y si era todo lo que querías decirme, te agradecería que te fueras, quiero dormir.

—Sí, se nota, te ves del asco. ¿Tuviste un mal día?

—No, es sólo que Nicole…

—Oh, no tienes que decirme más, Nicole es capaz de poner a todo el país de mal humor con su sola presencia.

—Serás idiota. Te recuerdo que si no fuera por ella, ni siquiera te dirigiría la palabra.

Ahora él fue quien puso los ojos en blanco.

—No estoy tan seguro de eso, Ishida —respondió —. Pero ya, si no fue tu amiguita, ¿qué te tiene con cara de perro?

El sólo recordarlo me hizo enojar. Y no es como si pudiera decirle a Taichi: Es sólo que quiero tirarme a Mimi Tachikawa, nuestra amiga de la infancia. ¿La recuerdas?

—Ya te lo dije, quiero dormir. Llegué a mi casa con ese propósito y te encontré a ti —dije en lugar de eso —. Así que lárgate, Tai.

—Y una mierda, ¿así agradeces que me preocupe por ti?

—Oh, por favor, déjate de estupideces.

—Sólo bromeo, idiota.

—Lo sé.

Mi amigo se levantó del sillón y tomó sus llaves, que estaban en la mesa. Luego me miró.

—De todos modos, sé que algo no me estás diciendo, te conozco bien —dijo —. Y por lo mismo, sé que cuando no quieres contarme algo, ni a golpes podré sacártelo.

—Siempre tienes que acudir a los golpes, ¿verdad?

—Sabes que entre nosotros, es costumbre —respondió —. Y también sabes que puedes contarme lo que sea.

Ah, este imbécil sí que era insistente. Simplemente podía soltarle que me topé a Mimi Tachikawa en Evermore y que ahora, además de que había vuelto a Japón, trabajaba para mí. Taichi y Mimi siempre fueron cercanos, y estaba seguro que le alegraría saber que la chica estaba de vuelta. Y más seguro estaba de que correría a contárselo a Sora y a Hikari. Luego comenzarían a planear un reencuentro y bla, bla, bla…

Podría decírselo. Pero no lo haría.

Quería guardarme a Mimi Tachikawa sólo para mí mientras pudiera.

—Suerte en Australia —me limité a decir.

—Hasta luego, Ishida.

Dicho esto, el moreno se encaminó hacia las puertas del recibidor y después pude oír el sonido del ascensor. Al paso de unos minutos, estaba seguro de que, al fin, me encontraba completamente solo.

Sin siquiera pensarlo, tomé mi celular y abrí los archivos de las fotos de Mimi. Era increíble que no pudiera dejar de pensar en esa niña malcriada tan insoportable. Claro que ya no era una niña, es decir, sólo mirar su cuerpo bastaba para corroborarlo, pero por la corta conversación que habíamos tenido esta mañana, podía deducir que seguía siendo igual de terca y claro, que le gustaba hacerse la difícil.

Por otro lado, si la Mimi que conocía no había cambiado, estaba seguro de que, si teníamos sexo, no lo divulgaría en la empresa como el chisme del año. Ella no era así.

Ese era un punto a mi favor.

Y, para ser honesto, me importaba un bledo que fuera mi amiga de la infancia. Mientras más pensaba en ella, más se intensificaba el deseo que sentía de desnudarla y follarla. De tenerla húmeda y a mi merced, debajo de mí, gimiendo mi nombre. El sólo pensarlo me excitaba.

No sólo eran sus piernas, o su perfecto trasero, o sus pechos. Era también su cara que aún destilaba la inocencia que siempre la había caracterizado. Seguramente estaba más jodido de lo que pensaba, pues quería que esa inocencia fuera mía. Quería arrancársela y despojarla de ella. Quería que en su cara sólo quedaran rastros de deseo carnal en su estado más puro.

Y me iba a encargar de ello.


.

Esa noche no había podido dormir. Estaba más que claro que tenía un problema y éste se llamaba Mimi Tachikawa. En la mañana había despertado incluso más seguro que ayer, tenía que acostarme con ella, o no iba a poder dejar morir el asunto. No lograba entender como era que, con un solo encuentro, esa chica había logrado despertar una llama que creía extinta en mí. Sí, me acostaba con mujeres hermosas por costumbre, ¿pero sentir algo más que un leve interés por ellas? Jamás. Y en cambio, no podía quitarme de la cabeza esos enormes ojos miel. No podía dejar de preguntarme, ¿cómo se verían nublados por placer, con mi reflejo en estos?

Obviamente, me había duchado con agua helada.

Y ahora me encontraba en mi oficina, acababa de colgar con Wallace. Hasta ahora no había noticias relevantes sobre DeQuincey y eso hacía que mi atención estuviera completamente centrada en Tachikawa. Estaba viendo una de las pantallas de mi oficina, la que tenía la cámara en la entrada principal. Esperando.

Me sentía como un completo acosador. Estaba fuera de mí, pero no podía evitarlo.

Tenía que acorralarla hoy para dejarle las cosas en claro. Sólo era cuestión de ir al grano y decirle que quería acostarme con ella. Ya podía verla perdiendo la cabeza y lanzándose encima de mí. Así eran todas. Sólo bastaba con regalarles una sonrisa torcida, mirarlas a los ojos, y ellas caían. Esta noche era seguro, me iba a tirar a esa chica.

Aproximadamente al cuarto para las nueve, un Mustang negro se estacionó en la entrada del edificio. De la puerta del piloto bajó un sujeto de cabellera oscura, que a paso apresurado, caminó hacia la puerta del pasajero y la abrió.

De ahí bajo Mimi Tachikawa.

—Mierda, debe ser una broma… —maldije en voz baja.

No podía explicarme ni a mí mismo todo lo que sentí al ver dicha escena, pero ahora simplemente estaba molesto. El idiota que la acompañaba la esperó hasta que ella entró al edificio y después se marchó, y yo sólo atiné a pasar ambas manos por mi cabello. Si Mimi estaba saliendo con ese hombre, no había posibilidad de que accediera a acostarse conmigo. Tachikawa nunca tiraría por la borda una relación sólida por un acostón de una sola noche. Además, yo no me metía en las relaciones ajenas. Si había algo que respetaba, era eso.

Y sin embargo, sabía que tenía que acostarme con ella.

Carajo, esto era demasiado estresante.

Señor Ishida, le recuerdo que tiene una junta con el personal en unos cuantos minutos —la voz de Megumi sonó por el transmisor.

Bien, una junta. Eso me distraería por ahora.

—Ya mismo salgo a la sala de juntas, cuando lleguen los empleados mándalos directo ahí.

Entendido, señor.

Ya en la sala, con todo listo para la junta, yo me encontraba sentado en la cabecera de la mesa, completamente ansioso y fuera de mí mismo. Sabía que en el exterior lucía igual que siempre, mi especialidad era mantener un semblante frío y sereno ante todo. Pero en mi interior todo era caos. Esta junta no iba a poder distraerme. Si no veía a Mimi Tachikawa pronto, mi poca paciencia iba a explotar y eso a nadie iba a gustarle.

Me levanté de la silla. Iba a decirle ya mismo a Megumi que hablara con Minamoto para que trajera a su asistente a la junta. Muchos jefes de piso solían traer a sus asistentes, pero dado a que Kouji nunca había tenido una, tal vez no pensaba traerla.

Y yo no podía permitir eso.

Caminé hacia las puertas de la sala y, sin dudar un solo segundo, las abrí de golpe. Una ráfaga de viento fue lo que sentí cuando lo primero que vi fueron esos inmensos ojos color miel mirándome.

Allí estaba ella. Mimi Tachikawa.

La suerte estaba de mi lado.

—Vaya, vaya, miren a quién tenemos aquí —exclamé, sin poder ocultar el deje de sorpresa en mi voz. Pero supe camuflajearlo con un tono de burla que ella pareció notar.

—Buenos días, señor —saludó Kouji, mas yo no le dirigí la mirada —. Uhm, ¿se conocen?

Aguardé unos segundos, tal vez Mimi diría algo. No lo sé, podría contarle a su jefe que ayer se topó conmigo en el piso diecinueve y que no dudó en mandarme de paseo en cuanto pudo. Eso sería divertido de escuchar.

Pero al ver que ella no decía nada, me dispuse a hablar.

Era hora de comenzar con el juego.

—No. Minamoto, ¿y si nos haces los honores? —dije, sonriendo de medio lado.

La expresión en el rostro de Tachikawa era una delicia.

—Por supuesto. Ella es mi asistente, Mimi Tachikawa —anunció Kouji, mirándola —. Y él es nuestro jefe, el señor Yamato Ishida.

Podría jurar que, si ya estaba pálida, con esa revelación terminó completamente blanca. Lucía como si fuera a desmayarse. Mis suposiciones eran correctas, ella tampoco me había reconocido ayer. Estaba perpleja y había abierto la boca como para decir algo, pero parecía que se había quedado muda. No sabía por qué, pero su reacción me tenía completamente encantado. Y claro que no pasé la oportunidad de mirarla a detalle. Hoy traía otro conjunto elegante, ajustado y bastante favorecedor. Si no hubiera nadie a nuestro alrededor, ya se lo habría arrancado.

—Mimi, ¿todo bien? Estás muy pálida…

—Eh… yo… sí… es decir…

Realmente no podía hablar. Y eso me divertía.

Oh, a veces era demasiado cruel.

—Minamoto, tu asistente parece nerviosa —hablé, dispuesto a seguir molestándola —. ¿Crees que pueda estar en la junta?

—Mimi, si te sientes mal… —comenzó a decir Kouji.

—¡No! —gritó ella, sin dejar de mirarme.

Vaya, esto se estaba poniendo cada vez mejor. ¿Levantando la voz enfrente del CEO de Evermore? Arqueé una ceja, mostrándome sorprendido por semejante atrevimiento.

—¡Yamato! ¡Soy yo, Mimi Tachikawa!

Las ganas de soltar una carcajada eran bastantes, la cara de Kouji era un poema. Pero como siempre, pude controlarme y me mantuve serio.

—O-oye, Mimi, un poco de respeto para el señor Ishida…

—¿No me reconoces? ¡Llevábamos años sin vernos y…! —lo volvió a interrumpir.

Esta chica no se guardaba nada. Y yo, dispuesto a seguir con mi juego, respondí, cortante y educado.

—Lo siento, pero no sé de que está hablando, señorita Tachikawa. Y le agradecería que me llamara señor Ishida. Cuestiones de jerarquía, ya sabe.

Ahora lucía completamente indignada. Y ni hablar de Kouji, parecía que iba a darle un ataque. Muy mal, Minamoto, ¿no puedes controlar a tu asistente?

—Eh… discúlpela, señor, seguramente lo confundió. Fue un malentendido… —intervino él.

Yo me encogí de hombros, restándole importancia.

—Sólo asegúrate de que no vuelva a ocurrir, Minamoto —ordené, usando mi tono autoritario habitual.

La miré. Ella no me estaba mirando, tenía los ojos clavados en otro lado y parecía que quería ahorcarme. ¿Tan molesta estaba? Al parecer sí. Tal vez se me había pasado la mano, pero ni yo mismo había podido controlar mis palabras. En cuanto la vi frente a mí, todo salió de forma natural.

Los demás empleados comenzaron a llegar y supe en ese momento que nuestro pequeño intercambio había finalizado. Pero esta no iba a ser la última conversación que tendría con Mimi Tachikawa. Por supuesto que no.

Sabía que esa chica era lo que menos necesitaba en estos momentos, mas sin embargo, era lo único que quería.

Sólo una noche...

Y lo iba a conseguir.


.

Notas de la autora:

¿Qué? ¿Esperaban amor a primera vista? ¡Pues no! Aunque bueno, pueden interpretarlo como quieran, obviamente Mimi no causó reacciones demasiado normales (ni saludables) en Yamato. Pero a ver, me iré por orden. Primero, vuelvo a aclarar que este fue el POV de Yamato del primer capítulo. Muchas de ustedes me comentaron muy entusiasmadas en sus reviews que querían conocer los sentimientos de Yamato, querían saber si ya estaba enamorándose de Mimi. Y créanme, si les hubiera traído el POV de Yamato del capítulo diez (Directo al desastre), vaya que habría sido un capítulo mucho más emotivo y cargado de sentimientos fuertes y no sólo de deseo, como este. Pero pues no, mis niñas, aún no quiero que conozcan cómo se siente Yamato con Mimi. Solamente podrán ver lo que él deje ver, y sí, algún día les traeré otro POV de Yamato, pero éstos siempre irán atrasados, ¿entienden? Nunca van a ir a la par con la historia de Mimi. No voy a dejar que el personaje pierda todo su misterio tan pronto XD.

Tal vez luego haga una votación de qué otro POV de Yamato quieren que les traiga, por ahora, tendrán que conformarse con este, pero vean el lado bueno, con esta perspectiva ya pueden darse una idea de cómo los sentimientos del rubio han ido cambiando. Él sólo quería acostarse con Mimi una vez y pensaba que cuando eso ocurriera, dejaría de pensar en ella, pero no. Además, conociendo los pensamientos del rubio en este capítulo, ¿qué esperanzas había de que él soltara frases como las que dijo en la guerra de agua que tuvo con Mimi?

Con esto, creo que ustedes se pueden dar una mejor idea de cómo ha ido evolucionando el personaje.

OH, ¿y se esperaban que Yamato haya sido quién la vio primero? Y no sólo, eso, la siguió. Hahaha, son detallitos que no se sabrían a menos que él mismo se los confesara a Mimi, cosa que, por lo menos por ahora, no ocurrirá XD. Y otro detalle es que el pobre juró que esa misma noche se iba a acostar con ella, no se imaginó que la castaña realmente se la pondría difícil XD. Sí, claro, Yamato, ¡sólo una noche!

Y además fui buena y les traje todo un bonus. ¡Más bien bastantes! Primero está la mención de Catherine Belcourt. También estuvo la plática de hermanos entre Yamato y Takeru. ¿Y qué me dicen de Nicole? Creo que fue con quién dejé ver más. Ya conocieron un poco sobre la relación que tiene Yamato con ella, y supongo que ya habrán sacado sus propias conclusiones. Jo, también dejé salir un nombre misterioso "DeQuincey", y si lo mencioné, créanme que es por algo. Obviamente en la versión de la historia de Mimi nunca hemos oído hablar de él, pero una vez que ella comience a involucrarse más con Yamato, volveremos a escucharlo. Oh, y casi me olvido de Hiroaki Ishida, también tuvo su mención.

Pero obviamente el ganador es Taichi Yagami XD, hahaha, ¿se imaginaron que aparecería en el POV de Yamato :9? A Mimi no le ha tocado, pero como pueden ver, las cosas del lado de Yamato son muy diferentes. Creo que este POV ayudó mucho a complementar la historia, aunque vaya diez capítulos retrasado.

Y uff, my sunshines, ahora sí que ya escribí mucho, así que me voy yendo. El capítulo que viene será la continuación de la historia de Mimi, justo en donde la dejé. Espero que no haya mucho pierde XD. Y claro que no me voy sin antes agradecerles sus reviews, ya los contesté y bueno, está de más decirles que amé cada una de sus palabras. Que me escriban y me den su apoyo me llena de una dicha que no se imaginan, ¡los quiero un montón!

Espero sus comentarios sobre este capítulo, ¿era Yamato como lo esperaban :9?
Haha, ¡les juro que ha cambiado XD!
En fin, un beso.
Rolling Girl
Aka: Gravi ~


RR's sin cuenta:

Sakurarika: ¡Hola! No sé si tengas cerrada tu mensajería privada, pero no me dejó mandarte respuesta, así que te contesto por aquí. Primero: WOW, amé tu manera de expresarte XD, ¡vivan las palabrotas! Me alegra que te guste la forma en que narro los sucesos y las emociones :'D. Sip, Matt es complicado, pero ya Mimi lo irá suavizando en muchísimos aspectos. ¡Y OW! Me alegra que te hayas declarado fiel lectora, eres amor. ¡Muchas gracias por tu review!

Tity: MUJER. Aish, ¡qué bueno que te gustó el capítulo! Hahahaha. Uff, ¿te gusta la lluvia más que el chocolate? Aquí dos datos sobre mí: Odio el chocolate. Y el otro: Odio que llueva. Pero verás, antes AMABA la lluvia, sólo que desde que soy conductora, la lluvia no hace más que arruinarme el día XD. Las calles están resbalosas, no puedo ir rápido, hay muchos accidentes y por ende, tráfico y llego tarde a todas partes. EJEM. Sí, creo que me entiendes (?). Y hahaha. ¿en serio te reíste tanto con lo del neumático XD? Ay no, que pena con tu papá. Y bleh, mi vida amorosa tampoco es buena, es decir, sí me he enamorado, pero ahorita no tengo novio y no es que ande buscando, pero que uno sexy y rico (?) como Matt cayera del cielo no me vendría mal ;9. Y OMG, ¿verdad que OUAT es lo mejor? Amo a Belle y a Rumple juntos. OISH. Yo me aventé las dos temporadas en Netflix, en una semana. Hahaha, en fin, te mando un besote, linda.

Vivi: OMG, ¿te leíste todo en dos días :'D? Y vaya que los capítulos son largos, hehe, ¡qué bueno que te guste la historia! Y mil gracias por tus lindas palabras. Te mando un abrazo.

Yukiko17: Ow, ow, ow, ¡yo también hago mucho uso de esa palabra! Es correcta para muchas ocasiones (?). Haha, que bueno que te guste el fic :'D, me da mucho gusto que te animaras a escribirme. Además, aprecio mucho tu retroalimentación, ¡gracias, en serio! Y uhm, sobre tu petición del resumen de los capítulos en el POV de Yama, hay dos cuestiones, la primera es que soy malísima resumiendo XD, por eso los capis me quedan tan largos. La segunda es que soy malvada y NO, no quiero que sepan lo que piensa Yamato en cada capítulo, ¡el personaje perdería todo el misterio, haha! Tendrán que conformarse con los pocos POVs que algún día les traeré XD. Y OMG, soy mujer, que no hayan dudas XD. ¡Mil gracias por escribirme! Créeme que leer tus palabras tan bonitas me alegró el día. Un beso.

Ley: Hahaha ow, es que creo que los comentarios sí se mandan, pero la página se tarda un rato en procesarlos (?). Igual aprecio mucho que lo volvieras a mandar hasta asegurarte de que llegara :'D, que amor eres. Y yay, ¡qué bueno que te haya gustado el capítulo! Haha, ¿quieres que Matt suplique el perdón de Mimi? PUES déjame decirte que eso sí va a ocurrir, algún día lejano XD, pero seguro. Y ow, ya quisiera poder regalarte continuación en una semana, pero el tiempo no me da para eso ;v;. ASDF, ¡mil gracias por siempre escribirme! Yo también te mando besitos de colores.

Mag: Hahaha, pues para saber qué tanto sufre nuestro querido rubio tendrás que esperar XD. Como ya viste, este es el POV del capítulo uno. Pero ya veré si luego subo otro de un capítulo más avanzado. ¡Gracias por escribirme!

Gaby1919: Ow, tú. LA QUE TUVO LA PRIMICIA. En serio, gracias por darme tu opinión sobre el POV, la aprecio mucho :'D. Y duah, no era mi intención hacerte llorar, mujer, lo siento mucho, pero me alegra que mi fic te cause tantos sentimientos XD. Y sí, lo sé, las palabras bonitas de Matt confundieron a todo el mundo, haha, es tierno el condenado aunque no quiera. Y haha, no te enojes con Mimi, es bruta por naturaleza XD, y sí, gracias a eso tuvimos la escena linda de la manguera. Pero bueno, ya sabes que te amo, loca. Un abrazo.

Mel: OMG, llamaste a todos los dioses XD, hahahaha. ¡Yo estoy bien! Espero que tú también lo estés. Y no, no me agradezcas por actualizar, ¡gracias a ti por escribirme! Ya sabes que adoro leerte, mi estimada Mel. Haha, ¿en serio te saqué carcajadas XD? Es que ese capítulo no lo escribí intentando hacer comedia, y me haces sentir que me sale natural (?), cosa que no creo, pero me alegra haberte hecho reír XD. Sobre el wattpad, creo que sí la he escuchado, pero aw, son fiel a fanfiction, aquí crecí y conocí a mis ídolos y a muchos amigos. Aunque no soy cerrada y veré qué onda con wattpad XD. AHORA, LO IMPORTANTE (?). YES, WINTER IS COMING. MAI GOD. Adoro a los Stark, pero no te miento, ¡amo a los Lannister! Hasta al idiota de Joffrey, ay no, que no me lo maten, ¿luego quién me va a hacer reír XD? Hahaha, ya terminé las tres temporadas y ando debatiéndome en leer los libros o no, ¿de verdad son buenos? Y bueno, de personajes favoritos, ya te digo los míos: Jon Snow, Deanerys, Jaime Lannister, Tyrion Lannister y Arya Stark. Aunque debo aceptar que Robb es guapísimo y aw, que adoro a Podrick XD. Lo sé, Renly no debía morir, dejó a su guapo novio Loras solito. Y bleh, yo ya estoy enamorada hasta las trancas de Jon Snow XD, ojalá no me maten a mi bebé. EN FIN, ¡te mando un beso!

Bertha Jovel: ¡Hola hola! Bienvenida al rincón de los reviews :'D. ¡Qué bueno que te hayas animado a escribirme! No sabes lo feliz que me hizo. Y wah, me alegra que te guste el fic y que el capítulo te haya causado tantas emociones. Muchas gracias por tus lindas palabras y por decirme que soy de tus favoritas. Aiss, lloro de amor. ¡Gracias, en serio! Te mando un abrazo.

Faby Hola: ¡Sí, el POV de Yamato es un buen hincapié para la fiesta! Y bueno, también para que lo conozcan un poco más. Tanto Mimi como Yamato son dos personajes con un pasado del que no les gusta hablar y por ende, lo ocultan, pero prometo que lo iré revelando poco a poco. El de ambos. En fin, mil gracias por tu review, ¡espero seguirte viendo por acá! Besos.

Valeeee: ¡Gracias por tu lindo comentario! Hehe, sé que a veces tardo en actualizar, pero más vale tarde que nunca, ¿cierto? Sí, sí, Matt cada vez se vuelve más tierno y hermoso, aunque no quiera e intente ocultarlo XD. Claro que ya le gusta Mimi, es más, te aseguro que ya se está enamorando de ella, sino es que ya lo está ;9. ¡Te mando un abrazo!

Hivari: ¡Mil gracias por tu comentario! Me alegra mucho que te guste como se va desarrollando el fic, y aw, también me alegra que leas mis notitas de autora XD, haha, digo puras tonterías (?). Y no te preocupes, no haré demasiados POVs de Yamato, si acaso unos tres o cuatro, y siempre será a votación. Hoho, sobre los celos no te preocupes, ya llegarán y créeme, Yamato es MUY celoso XD. En fin, ¡besos para ti!

Sweetdoll: ¡Gracias por tu comentario! Qué bueno que te animaras a dejar tu opinión (y me alegra que también leas mis notitas de autora :'D). Hehe, me encanta ver caras nuevas por aquí, aunque bueno, no literalmente, pues no nos vemos XD, pero se entiende. De nuevo, gracias por escribirme, te mando un besote.

Rach: ¡Mujer! Hoho, pues me va bien, y espero que a ti también te esté yendo de maravilla. Puff, lo sé, pobre Mimi, ya está asimilando sus sentimientos y no le está gustando nada. Sip, va a ser doloroso, ¡pero para ambos! Como siempre, ya sabes que me encanta leerte, hermosa. ¡Yo también te quiero!

NN: OH, hahaha, no te preocupes, yo también soy muy indecisa XD, perdóname por haberte puesto en esta disyuntiva, ¡pero no te preocupes! Igual iba a escribir los dos, sólo era cuestión de saber cuál querían primero. Y sí, yo también creo que ya es tiempo de que conozcan un poco a Yamato, aunque por ahora sólo sea el POV del primer capítulo. Y wah, me hiciste llorar con tus palabras tan bonitas, ¿es tu fic favorito? Puff, no me la creo :'D, es todo un halago, en serio, ¡gracias por tomarte tu tiempo para leerme! Oh, y hablando sobre los celos de Ishida, pues aún no se alcanzan a ver, pero créeme que es más celoso de lo que aparenta, y pronto ocurrirá un evento que lo hará explotar. Y sí, soy malvada y me gusta dejar cliffhangers, PERO también me gusta dejar los capítulos con esa sensación de "concluso-inconcluso", como que SABES que ya acabó, pero te quedas con las ganas de saber qué pasará después XD, ¿me explico? Haha, y uff, qué bueno que no olvidaste firmar con tu nombre, ¡me gusta tener identificados a los lectores :'D! Así se platica más en confianza, ¿no lo crees :)? Y woa, me alegra mucho que leer mi fic te esté ayudando a la hora de progresar y superar los problemitas que tienes, en serio espero que todo vaya mejor para ti y que logres recuperarte. No importa si el proceso es lento, lo que importa es llegar al fin y por supuesto, ¡que seas feliz! Siempre la felicidad ante todo. ¡Muchas gracias por escribirme NN! Te mando un abrazo del tamaño del mundo.

Kokoro Kokuo: ¡Hola de nuevo! Hahaha, toda tu injundia (?) al votar por el POV XD, pues lo conseguiste, ¡bien! Y haha, sé que lo prometí hace mucho, ¡pero no era el momento! Y ahora sí lo es XD. Ohh, ¿quieres que le demos una sacudida a Matt? ¡Anotado! Pronto tendrá su sacudida el muy bruto. Y jo, no dudes que Mimi y Catherine tendrán su encuentro, eso también se viene pronto. Y haha, sólo es un POV por boleto, pero luego abriré otra encuesta y ya ustedes elegirán el que quieran XD. ¡Mil gracias por escribirme! ¡Te quiero!

Macka: ¡Qué bueno que te gustara el capítulo! Y me alegra mucho que te animaras a escribirme. Y hehe, no te preocupes, pronto aparecerá un chico en la vida de Mimi que hará explotar a Yamato en celos XD, ya se acerca el momento. ¡Gracias por el review! Un beso.